HAVANA CLIMA

Gorbachov

Gorbachov: el hombre que detestaba la violencia

MIAMI, Estados Unidos.- Mijaíl Gorbachov murió a los 91 años. No está mal. La esperanza de vida de los rusos, para el 2019, justo antes de la pandemia, era ocho años menos que el promedio de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). Si usted decide ser coreano, país miembro de la institución, le aconsejo que nazca en el sur, rabiosamente capitalista, y no en el norte, gloriosamente socialista. Como promedio vivirá 12 años más (80.5 frente a 68.8) y tendrá más de tres centímetros de estatura (168.6 frente a 165.6). Pero quiero escribir sobre Gorbachov, “Gorby” para sus amigos, que no tenía demasiados en Rusia.
Visité Moscú tres o cuatro veces durante el último periodo de Gorbachov y la primera etapa de Boris Yeltsin. En esa época viajaba como vicepresidente de la Internacional Liberal -en el sentido que le daban al término en Europa-, y como presidente de la Unión Liberal Cubana. No conocí a Gorbachov, aunque tuve amigos que sí trabajaron cierta amistad con él. En cambio, sí conocí a Aleksander Yakovlev, la conciencia antitotalitaria del hombre que acaba de morir y la persona que más influyó en él. De manera que puedo asegurar que los cambios sucedidos en aquella torturada región del planeta fueron debidos al consejo de Yakovlev.
Yakovlev fue un héroe de la URSS. Perdió una pierna durante la Segunda Guerra mundial en la batalla de Leningrado, el mayor asedio de la historia (900 días). Apenas tenía 20 años. Nació en 1923 de padres semianalfabetos, aunque comunistas, en el pueblucho de Korolyovo. Se inscribió en el Partido Comunista a los 21 y ahí ascendió hasta convertirse en el jefe de Propaganda Nacional del Comité Central. Conoció el marxismo hasta el último detalle y comenzó a sospechar del Partido. El Partido conducía a la creación de estructuras parásitas que sólo servían para sostener a la dirigencia, y para darles vida a actitudes ridículas como el chauvinismo y el nacionalismo. Publicó un artículo en 1972 en Literatunaya Gazeta denunciándolas. Como Brezhnev, que era quien mandaba, se sintió aludido, lo sacó por la chimenea: lo mandó de Embajador a Canadá. Ahí no haría “daño” a los comunistas “verdaderos”, que eran los de su ralea.
Sólo que Gorbachov en 1983 lo visitó y se quedó deslumbrado. Estaba en Canadá. Se trataba de un abogado que era un técnico agrícola. ‘Era el teórico que necesitaba’, pensó Gorbachov, pero no se lo dijo en esa oportunidad. Fueron varios días de maratónicas conversaciones permitidas por la sempiterna rotura de Aeroflot.
Articulaba como nadie la defensa de la glasnost, la transparencia, porque ya se habían intentado todas las reformas económicas, con pocos resultados reales, salvo los iniciales, debidos al ímpetu de salida (luego los agarraban el Partido, con sus adocenados incompetentes, y los sofocaban): la Nueva Política Económica (la NEP por sus siglas en inglés), en la era de Lenin hasta 1924, y Stalin hasta 1929. Las “tierras vírgenes” se habían puesto a producir en la década que había mandado Jruschov. Más de 300 000 kilómetros cuadrados (1954-1964). Había que suprimirles el terror a la discusión pública y a las consecuencias del debate popular. En Canadá las cosas funcionaban de otra forma. Era un territorio enorme y helado, similar a la URSS. Realmente, ¡la diferencia radicaba en la glasnost!
Eran dos comunistas idealistas. Ambos querían reformar el sistema sin destruirlo. Yuri Kariakin, un filósofo y pensador, el marido de Irina Zorina, una economista experta en Cuba, me había contado que existía un tipo de comunista, refractario a la violencia, entre los que se encontraban Mijaíl Gorbachov y, ciertamente, Aleksander Yakovlev. Querían convencer a sus adversarios, no vencerlos. La historia de Rusia estaba llena de hombres y mujeres encharcados en sangre que habían creado el mito de la incapacidad de los rusos para no ser obedientes a otra cosa que al palo y tentetieso.
¿Sería cierta la historia de Kariakin? La creo a pie juntillas. Todos los pueblos tenían un sexto sentido para la libertad. Es cuestión de tiempo. Hay un primer momento de ensoñación con el “hombre fuerte”, pero muy pronto se observan las ventajas de la democracia. La primera de ellas es la humilde posibilidad de la rectificación. La segunda, es la selección de un grupo con ideas diferentes. Ya he escrito que Gorbachov ha muerto sin el aprecio de la mayoría de los rusos. Lo aman en el extranjero. Al mismo tiempo, la sociedad rusa no está dispuesta a volver al colectivismo y al partido único.
Leo que Vladimir Putin no asistirá a los funerales de Gorbachov. Es un kagebista sin redención posible. Es un “hombre fuerte”.
Prefiere transmitir una imagen de un tipo feroz capaz de no respetar los puntos de vista de sus adversarios y envenenarlos. Es todo lo que detestaban Gorbachov y Yakovlev. Como conocían la historia del país, prefirieron sacrificarse en una ceremonia democrática. A ésos sí la historia los absolverá.
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La polémica visita de Gorbachov a La Habana

En abril de 1989, siete meses antes de la caída del Muro de Berlín, quien sería el último líder de la Unión Soviética, Mijaíl Gorbachov, aterrizaba en La Habana como parte de su primera y única visita oficial a Cuba.
Presenciado por más de medio millón de cubanos, según estimaciones del diario Granma, el acontecimiento reunió también a centenares de periodistas de todo el mundo, interesados en el desarrollo de los encuentros entre el secretario general del Comité Central del Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS) y su homólogo cubano, Fidel Castro.
La perestroika, que a la postre no evitaría la caída de la URSS, carecía del apoyo de líder cubano, quien meses después de la visita calificaría los cambios como «cosas muy tristes». A diferencia de su par soviético, Fidel consideraba que un proceso de esa naturaleza no era práctico o posible en un país tan cercano a Estados Unidos, y con una población veinte veces menor que la del gigante euroasiático.
«¿Y cómo se puede suponer que las medidas aplicables en la URSS sean exactamente las medidas aplicables en Cuba o viceversa? ¿Cómo se puede suponer que dos países que tienen una enorme diferencia en extensión, en población; dos países que tienen historias muy distintas, culturas distintas; dos países que han tenido problemas distintos, tengan que aplicar exactamente las mismas fórmulas para la solución de los problemas, para la solución de diferentes problemas?», declaró en en la Sesión Extraordinaria y Solemne de la Asamblea Nacional, con motivo de la visita..
Mientras, desde las páginas del diario El País, el periodista Antonio Caño escribía: «Gorbachov sabe probablemente que no puede torcerle el brazo a un personaje como Fidel Castro sin poner en peligro su credibilidad en el Tercer Mundo, y Castro sabe que no puede agotar la paciencia de Gorbachov sin tener una alternativa muy clara sobre la que sustentar la economía del país. Esto no va a evitar, sin embargo, que el líder del Kremlin anime a sus aliados cubanos a poner en práctica métodos de producción y de comercio que aumenten la eficacia del sistema y, sobre todo, alivien la pesada carga de la ayuda soviética a este país».
Fidel Castro y el líder soviético Mijaíl Gorbachov se abrazan durante un acto en abril de 1989 en La Habana. (Foto: Gary Hershorn / Archivo Reuters)
La polémica en torno a la visita, no obstante, fue más allá de las visiones contrapuestas de los mandatarios y los intereses de ambos países. Grupos opositores al gobierno cubano entregaron a Gorbachov una carta que pedía el fin del apoyo soviético a Fidel. La misiva se basaba en el presupuesto de que «la inmensa mayoría del pueblo cubano también desea cambios democráticos», y terminaba calificando al líder ruso como «uno de los grandes reformadores sociales de nuestro tiempo».
Como era de esperar, las demandas fueron desatendidas por el secretario general del PCUS, que había dado el visto bueno a un nuevo protocolo de intercambio comercial con montos superiores a 10 mil millones de dólares.
Dos décadas y media después, mientras se desarrollaban las reformas del gobierno de Raúl Castro y el acercamiento a Estados Unidos, Gorbachov opinaría: «Si alguien quiere dictar a Cuba cómo tiene que proceder o hacerle demandas injustas, no funcionará. Cuba es respetada en la comunidad internacional, así que veamos lo que sucederá y cómo gestionará esto».
Finalmente, consideraría que el gran peso de la negociación se inclinaba sobre la potencia norteamericana y que muchos de los problemas relacionados con Cuba «son consecuencias de errores cometidos durante la Guerra Fría».

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Mijaíl Gorbachov: el hombre y su tiempo

Ha fallecido Mijaíl Sergueyevich Gorbachov (1931-2022), último secretario general del Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS) y primer y último presidente de la URSS. Desde que asumió el liderazgo, después de los funerales consecutivos de Brezhnev, Andrópov y Chernenko, entre noviembre de 1982 y marzo de 1985, se enfrascó en la inmensa tarea de sacar al país del estancamiento resultante del agotamiento del modelo de planificación centralizada, lastrado por el peso de una tupida burocracia y una inmensa corrupción que corroían los diversos estamentos de la compleja organización política y administrativa.
A mediados de los años ochenta del siglo XX, la Unión Soviética era una potencia espacial, nuclear y militar. Sin embargo, su agricultura colectivizada estaba en crisis y era incapaz de producir los alimentos que demandaba la población; la industria de bienes de consumo era subdesarrollada y la pesada y de construcción de maquinarias, no resultaba competitiva de acuerdo a estándares internacionales.
Solo la industria energética —y especialmente la producción de petróleo y gas— podía asegurar la inserción internacional de la economía soviética más allá de las fronteras del Consejo de Ayuda Mutua Económica (CAME). Mientras tanto, la elevación del nivel de vida de la población dependía de las importaciones y de los sucesivos créditos a los que acudió el país para cubrir sus sistemáticos desbalances comerciales con los países capitalistas desarrollados, los cuales debía pagar con divisas convertibles o con exportaciones de oro.
Adicionalmente, desde fines de los años setenta el ejército soviético se encontraba empantanado en una guerra de desgaste en Afganistán de la que difícilmente podía salir victorioso, además de pagar un alto costo en vidas humanas y en recursos económicos.
Por otra parte, el despliegue de la llamada Iniciativa de Defensa Estratégica, de Ronald Reagan, llevó a la URSS a elevar notablemente el gasto militar para mantener la paridad estratégica con Estados Unidos, lo que impedía destinar recursos suficientes para invertir en la industria de bienes de consumo y en la agricultura, con el objetivo de mejorar el nivel de vida de la población.
La gestión de Gorbachov al frente de la Unión Soviética entre 1985 y 1991 en materia de política doméstica podría resumirse en tres elementos principales: 1) la reestructuración económica (perestroika), 2) apertura informativa y eliminación de la censura ideológica y cultural (glasnost), y 3) democratización y cambios institucionales.
Gorbachov y Ronald Reagan. (Foto: RT)
Perestroika
Para impulsar el crecimiento económico y específicamente la producción industrial y agrícola, resultaba imprescindible una profunda reforma de los mecanismos de funcionamiento de la economía.
En los primeros tiempos el alcance de esa reforma no fue más allá de una mayor autonomía económica y operativa de las empresas estatales, la descentralización de los mecanismos de planificación, el reforzamiento del papel de los colectivos obreros en las decisiones de las empresas y la vinculación de los salarios a los resultados de la producción de bienes y servicios.
En consecuencia, esto significaba el debilitamiento de la planificación centralizada a nivel microeconómico, pero la conservación de los resortes centralizados en la asignación de los principales recursos de inversión.
Entre las principales medidas económicas adoptadas al amparo de la perestroika se pueden mencionar las siguientes: las empresas estatales serían responsables de sus decisiones de producción en función de la demanda tanto de los consumidores como de otras empresas, debían cubrir sus costos con sus ingresos y obtener beneficios, podrían competir entre sí en los mercados y desarrollar actividades directas de comercio exterior.
Asimismo, se autorizó la creación de empresas mixtas con capital nacional y extranjero, siempre que este no superara el 49% de participación (que después se modificó para autorizar la participación foránea con carácter mayoritario); se permitió el establecimiento de empresas cooperativas y posteriormente privadas a pequeña escala en la producción manufacturera y ciertos servicios.
A pesar de no ser especialmente radicales, estas medidas motivaron la resistencia de los grupos conservadores dentro de la dirección del Partido y el gobierno en distintos niveles, toda vez que amenazaban sus distintas parcelas de poder.
Glasnost
La apertura informativa y la eliminación de la censura debían permitir el debate abierto de los problemas económicos del país para ejercer presión sobre los sectores conservadores del Partido que obstaculizaban las reformas.
Entre las medidas más importantes asociadas a la glasnost vale mencionar: la autorización a medios de prensa para investigar y divulgar los casos de corrupción en los distintos niveles de la jerarquía política o administrativa; la publicación de cientos de libros y exhibición de obras de teatro y filmes que habían sido prohibidos por los censores del departamento ideológico del partido; el cierre de los campos de prisioneros y la excarcelación de los principales disidentes políticos.

Igualmente, estableció el reconocimiento de las libertades de expresión, reunión, asociación y movimiento dentro y fuera de las fronteras del país; la rehabilitación de las personas injustamente condenadas por razones políticas y la apertura de los archivos secretos para corregir las distorsiones de la realidad histórica.
Gracias a la glasnost fue posible conocer los detalles y la magnitud de los crímenes cometidos por órdenes de Stalin contra la población soviética e incluso contra miles de bolcheviques en las purgas masivas que se desencadenaron en los años treinta con el objetivo de asegurar su poder autocrático.
De esa forma, permitió el desarrollo de libertades cívicas y de creación artística e intelectual sin precedentes en la historia del país y que luego fueron conculcadas por las autoridades de la mayor parte de los Estados sucesores de la desaparecida unión. Al mismo tiempo, permitió que salieran a flote las profundas contradicciones económicas, políticas y nacionales del sistema soviético.
Democratización
La democratización dentro del Partido Comunista y de la sociedad soviética resultaba una condición del proceso de transformaciones que pretendió desarrollar Gorbachov. Este fue un proceso lento y cargado de contradicciones, sobre todo debido a que no hubo un cuestionamiento temprano al monopolio del poder en manos del PCUS, ni este adoptó mecanismos democráticos en su vida interna.
En 1988 se produjo una modificación a la Constitución soviética de 1988 para instituir al Congreso de Diputados Populares como máximo órgano del poder del Estado, cuyos miembros fueron elegidos en marzo de 1989. Por primera vez en la historia soviética, de los 2.250 parlamentarios, 292 fueron elegidos como independientes.
El inicio del proceso de democratización de la sociedad y el reconocimiento de las libertades cívicas pusieron de manifiesto la urgencia de abordar la cuestión de la autodeterminación real de los pueblos integrantes de la unión, debido a las tensiones nacionalistas que comenzaron a aflorar de forma cotidiana en el nuevo panorama político y que implicaba un replanteamiento de las condiciones en las que debía establecerse una nueva Unión de Estados Soberanos.
La posibilidad de que se produjera la secesión de varias repúblicas y la perspectiva de que el país avanzara a un sistema político democrático y multipartidista, llevaron a las fuerzas más conservadoras dentro de la dirección soviética a intentar el golpe de Estado que se produjo entre el 19 y el 22 agosto de 1991 y que fracasó debido a la contundente respuesta popular.
Gorbachov realizando un comercial para Pizza Hut.
Legado
La disolución de la Unión Soviética fue el colofón del fallido intento de Gorbachov por transformar el país en una sociedad libre y democrática. Las reformas no prosperaron porque sus impulsores comprendieron demasiado tarde que el sistema del socialismo burocrático no tiene capacidad para reformarse. El desmontaje del sistema de administración centralizada y su reemplazo por una economía mixta de mercado, el establecimiento de libertades cívicas y políticas y el reemplazo del sistema político totalitario por uno democrático, solo pueden causar, como efectivamente ocurrió, la implosión del sistema.
Si bien los pueblos de Rusia y de la mayor parte de las antiguas repúblicas soviéticas carecen hoy de libertades cívicas y de sistemas democráticos y poseen economías capitalistas controladas por oligarquías mafiosas, en otras repúblicas ex soviéticas y en la mayor parte de los antiguos países del llamado socialismo real de Europa Central y Oriental, se han construido sociedades modernas y con mayor desarrollo económico y social.
El fracaso de las reformas de Gorbachov deja, sin embargo, una gran lección histórica: la construcción de una opción política socialista solo puede ser posible en un sistema en el que prime la democracia política y la sociedad disfrute de libertades plenas.

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La disolución de la Unión Soviética. Razones y lecciones

El 25 de diciembre de 2021 se cumplieron treinta años de que fuera arriada la bandera roja con la hoz, el martillo y la estrella de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) para ser reemplazada por la tricolor —blanca, azul y roja— de la Federación Rusa. Habían pasado sesenta y nueve desde la constitución del Estado multinacional soviético y setenta y cuatro de la toma del poder por los bolcheviques.
Este hecho puso fin a un proceso de desintegración iniciado poco después de que en el país comenzara una etapa de cambios orientada a reestructurar el sistema, que hizo crisis durante el largo período de estancamiento que caracterizó al gobierno de Leonid Brezhnev (1964-1982).
Tras los breves interregnos de Yuri Andropov (1982-1984) y Konstantín Chernenko (1984-1985) —ambos fallecidos, al igual que su predecesor, mientras ocupaban las máximas responsabilidades del Partido y el Estado soviéticos—, Mijaíl Gorbachov, entonces el más joven en el máximo liderazgo del país, fue elegido por el Buró Político del Comité Central para dirigir el Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS), lo que lo convertía, de facto, en el principal dirigente de acuerdo a la tradición impuesta por Stalin. A partir de 1988 añadió a ese cargo, como se hizo costumbre, el de presidente.
El país que heredó Gorbachov mostraba evidentes signos de crisis. La economía soviética estaba lastrada por una serie de fenómenos que habían conducido al estancamiento y posterior empeoramiento del nivel de bienestar de la sociedad; la URSS se empantanó en una guerra de desgaste en Afganistán que pondría fin al mito de invencibilidad del ejército soviético; se había desarrollado un movimiento disidente encabezado por intelectuales y científicos que era reprimido despiadadamente; mientras, la propaganda política del Partido perdía credibilidad debido a la distancia entre las consignas y convocatorias políticas y la realidad del país.
Adicionalmente, y no por ello menos importante, el sistema político estaba en franca descomposición ante el inmovilismo de la burocracia en el poder, más preocupada por conservar sus beneficios y mantenerse fuera del escrutinio de la sociedad que por asumir su responsabilidad y liderazgo en la transformación social.
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El estancamiento económico
En los años ochenta se hizo evidente el agotamiento del sistema de planificación centralizada, que había funcionado con ineficiencia en condiciones de una abundancia relativa de factores de la producción, generando un modelo de crecimiento extensivo. Sin embargo, el mismo no era sostenible dado el encarecimiento de las materias primas y combustibles, unido al retraso tecnológico respecto a países capitalistas desarrollados en la mayor parte de las ramas de la industria y la agricultura, con excepción de las industrias de armamentos y aeroespacial, que les obligó a importar maquinarias y bienes intensivos en capital y tecnología, deteriorando la balanza de pagos.
Se hacía necesario transitar hacia un modelo de crecimiento intensivo, basado en la mayor productividad de los factores de producción, pero el sistema no logró hacerlo. Mientras el producto interior bruto (PIB) creció a un ritmo promedio anual de 9,6% en el período 1971-1975, y de 6,5% entre 1976-1980; entre 1981-85 fue de -0,6% y entre 1986-90 de -2,8%. En 1991 la variación del PIB fue de -2,4%.[1]
La carrera de armamentos con que la URSS competía con los Estados Unidos (EE.UU.) por el predominio estratégico global, condujo a un incremento notable del gasto militar en ambos países, pero con efectos más nocivos para el caso soviético, cuya economía era más pequeña y menos desarrollada que la norteamericana. Sostener un nivel de gasto militar para mantener la paridad nuclear con EE.UU., solo podía lograrlo la URSS al retirar recursos de la producción de bienes y servicios, especialmente de aquellos dirigidos a satisfacer necesidades de consumo.
A partir de 1983, cuando el presidente Reagan anunció la Iniciativa de Defensa Estratégica —conocida como Guerra de las galaxias—, la URSS también incrementó sus inversiones en armas nucleares de largo alcance. En consecuencia, comenzaron a escasear bienes de consumo industriales e incluso alimentos esenciales. Los precios subían y las colas para adquirir estos bienes se fueron haciendo más frecuentes, lo cual contradecía la propaganda política que definía a la URSS como un «país socialista desarrollado».
La agricultura era el talón de Aquiles de la economía. La producción agrícola se contrajo en -6,4% y -2,8% respectivamente entre 1980 y 1981, a pesar de que se incrementaban las inversiones en el sector. En los años comprendidos de 1984 a 1987, la contracción fue del -5,8% promedio anual. Luego de crecimientos irregulares entre 1988 y 1990, en 1991 se desplomó en -10,7%.[2]
El déficit de oferta de alimentos ante la demanda llevó a la necesidad de incrementar importaciones, con el consecuente deterioro de la balanza de pagos. De todas formas, a mediados de los ochenta comenzó a agudizarse la escasez de ciertos productos tradicionales en la dieta de la población rusa.
Desde principios de los ochenta tomó auge el mercado informal que tradicionalmente había existido en la economía soviética. En él, los precios crecían aceleradamente debido a la escasez en los mercados oficiales controlados por el Estado. Ello contribuyó al desarrollo de mafias organizadas que pactaban con las autoridades en un denso entramado de corrupción que, aunque afectaba a todo el país, era particularmente efectivo en algunas de las repúblicas periféricas, especialmente las de Asia Central y el Cáucaso.
En tales condiciones, la URSS entró en una crisis estructural que requería de una transformación esencial. Este fue el contexto en que Gorbachov concibió la Perestroika, que se traduce del ruso como Reestructuración.
Póster soviétivo del artista O. Ulanov, sobre la Perestroika.
La crisis de confianza
A la altura de los años ochenta, la sociedad soviética vivía una severa crisis de confianza. El modelo político burocrático había agotado sus posibilidades. La economía no satisfacía las expectativas de la población que había hecho inmensos sacrificios durante generaciones con la esperanza de alcanzar un socialismo desarrollado que se reflejara en el mayor bienestar de la sociedad.
El liderazgo político del PCUS mantenía un discurso triunfalista que poco tenía que ver con la realidad cotidiana de los ciudadanos, y ese alejamiento, unido al estancamiento económico del país, erosionaron la confianza de la sociedad en su liderazgo, convertido para la fecha en una gerontocracia.
La corrupción abarcaba todos los niveles. Mientras tanto, mafias organizadas con la complicidad de los órganos del Partido, la administración, la policía y la seguridad del Estado, se enriquecían con actividades ilegales, lo que les permitió comprar gran parte de las propiedades privatizadas luego.
El Partido Comunista se había convertido en una estructura anquilosada. Preocupados por mantener el status quo a toda costa, sus dirigentes perdieron cualquier vestigio de liderazgo político basado en el ejemplo, y con ello lo que podía quedar de su pasado revolucionario desde los tiempos de Lenin. Ser miembro del PCUS era una condición para progresar en la estructura burocrática y, en consecuencia, obtener prebendas como: dietas extraordinarias, viajes al extranjero, coches privados o del Estado, y casas de campo (dachas) para las vacaciones en el caso de dirigentes de alto nivel.
Remontar tal crisis de confianza requería una profunda trasformación del sistema político, que lejos de ser una democracia socialista se había convertido —desde sus primeros tiempos cuando se erosionó el poder de los soviets— en un régimen autoritario, burocrático y profundamente conservador. Desde el comienzo de sus reformas, Gorbachov debió enfrentar la resistencia de los grupos conservadores dentro de la dirigencia.
Al principio usó los mismos métodos autoritarios para apartar a quienes eran obstáculos; sin embargo, la complejidad de las estructuras del Partido y el Gobierno hacían prácticamente imposible lograr una transformación profunda solo «desde arriba». Por esta razón, además de la reestructuración económica, Gorbachov se planteó la democratización tanto del Partido como del Estado en tanto necesidad imperiosa, asociada al proceso de reformas económicas. Este no fue un proceso inmediato, sino paulatino. Mientras se agudizaban las contradicciones políticas de la sociedad, estallaron conflictos nacionales y se deterioró la situación económica.
Gorbachov y Reagan (Foto: Reuters)
La democratización no era posible sin eliminar la censura informativa, lo cual llevó al otro pilar de las reformas: la Glasnost (Transparencia). Gorbachov trató de terminar lo que había iniciado Nikita Jruschov con la «desestalinización». Sin embargo, la pertenencia de este último al máximo liderazgo desde los tiempos de Stalin, lo hacía partícipe de muchas de las decisiones criminales que afectaron a la sociedad soviética de aquellos años.
Con la Glasnost se denunciaron los procesos injustos que condenaron a miles de ciudadanos al cadalso o a campos de trabajo forzados, conocidos como Gulags. Se produjo la rehabilitación total de miles de comunistas sacrificados en el altar del estalinismo, pero también de miles de disidentes encausados bajo la dudosa figura jurídica de «actividades antisoviéticas».
Fueron publicados cientos de libros prohibidos desde la época soviética, tanto novelas como testimonios —algunos de los cuales circulaban clandestinamente—, entre los que destacan: Doctor Zhivago (Borís Pasternak), Archipiélago Gulag (Alexander Solzhenitsin), Relatos del Kolimá (Varlám Shalamov), Contra toda esperanza (Nadezhda Mandelstam), Días malditos (Ivan Bunin), Diarios de la Revolución de 1917 (Marina Tsetáieva), Lo que no puedo olvidar (Anna Lárina), y la serie de Vitali Shentalinski sobre los archivos literarios del KGB (La palabra arrestada, Esclavos de la libertad y Crimen sin castigo).
La Glasnost y la democratización se convirtieron en instrumentos de Gorbachov para enfrentar la resistencia de las estructuras burocráticas, con fuertes intereses políticos y económicos, cuyo poder podía ser erosionado con las transformaciones.
La caja de Pandora y las limitaciones de Gorbachov
Las reformas de Gorbachov tuvieron el efecto que en la tradición mitológica griega se atribuye a la apertura de la caja de Pandora, en la que Zeus había colocado todos los males del mundo que al emerger causaban el caos. Los males no fueron creados por sus reformas, solo se hicieron evidentes con ellas.
Gorbachov aspiraba a reformar el «socialismo» soviético volviendo a la tradición leninista y al poder de los Soviets, sin tener en cuenta que bajo Lenin se destruyó la democracia y la llamada dictadura del proletariado se convirtió —como había alertado Rosa Luxemburgo— en una dictadura del partido bolchevique y más concretamente de su dirigencia. Ello impidió, en la práctica, que pudiera realizarse la supuesta propiedad social, toda vez que los miembros de la sociedad no tenían la capacidad para hacer valer su condición de propietarios colectivos.
Durante los primeros años de la Perestroika no se abordaron transformaciones estructurales profundas que apuntaran a reemplazar el agotado sistema de planificación centralizada por mecanismos de planificación a nivel macroeconómico y mecanismos de mercado en el resto de la economía, otorgando autonomía real a las empresas y permitiendo el desarrollo de actividades económicas privadas. La mentalidad de la excesiva centralización de las decisiones se mantuvo en el ejercicio de la dirección económica y política de la sociedad.

El contexto internacional que enfrentó Gorbachov fue también complejo. Su iniciativa diplomática a favor de acuerdos para la distensión internacional fue bien recibida en el mundo, pero no en el complejo militar-industrial soviético, acostumbrado a manejar inmensos recursos del presupuesto del Estado que ahora debían desviarse hacia las industrias de bienes de consumo para mejorar el nivel de vida de la población. A esto se añade que la guerra de Afganistán consumía ingentes recursos económicos y humanos, sin horizonte visible de victoria.
Por otra parte, sus reformas fueron acogidas en apariencia por la mayor parte de los líderes del campo socialista, pero en realidad eran obstaculizadas por ellos. El liderazgo del campo socialista europeo había sido conformado en la línea política trazada por Brezhnev y, salvo en el caso de Polonia, no había cambiado significativamente. De ahí que, al igual que en la URSS, eran gerontocracias afirmadas en el poder con densas estructuras burocráticas.
En el orden interno, la eliminación de la censura permitió evidenciar profundas contradicciones internas entre las diversas nacionalidades de la Unión. Reaparecieron demandas nacionalistas de independencia, no solo en las repúblicas bálticas —anexadas por la fuerza en 1940 y nuevamente en 1944—, sino también en los territorios del Cáucaso, Ucrania y Asia Central, e incluso en algunas de las repúblicas autónomas de la propia Rusia. De hecho, tanto en Ucrania como en Georgia y Armenia, donde hubo intentos independentistas sofocados por el Ejército Rojo en los primeros años del régimen soviético, florecieron nuevamente al amparo de las nuevas libertades.
Gorbachov debía enfrentar, al mismo tiempo, las tendencias nacionalistas e independentistas dentro de la URSS; la crisis económica desatada por unas reformas que no apuntaron a la estructura misma del sistema; las fuerzas conservadoras dentro del sistema político, las fuerzas armadas y la seguridad del Estado; y también a las fuerzas reformistas radicales que buscaban una ruptura radical con el pasado. Mientras tanto, la confianza de la sociedad en él se deterioraba ante la evidencia del caos económico y político. Todo ello facilitó el intento de golpe de Estado de agosto de 1991 que, si bien fracasó, condujo a la desintegración de la Unión Soviética.
Las lecciones
La disolución de la Unión Soviética puso fin a un proyecto de país y representó la conclusión del proceso de derrumbe del «socialismo real» como sistema. Esto no fue resultado de «la traición de Gorbachov», como sostienen muchos nostálgicos y acríticos del socialismo burocrático, sino consecuencia de la agudización de sus contradicciones internas, las cuales se mantenían ocultas bajo un sistema profundamente represivo.
El sistema se mostró irreformable porque las profundas transformaciones que requería eran de tal magnitud que significaban su reemplazo por otro diferente. El modelo de planificación centralizada no funcionaba adecuadamente, resultaba imprescindible permitir que los mercados tuvieran la posibilidad de ajustar las proporciones económicas bajo un mecanismo de regulación estatal que corrigiera las desproporciones que el mismo mercado genera.
(Foto: Alain-Pierre Hovasse – Agencia AFP)
El sistema político debía ser democratizado, pero intentarlo bajo el dominio de un partido único, con larga tradición autoritaria, era una tarea que se demostró imposible. El PCUS tampoco funcionaba democráticamente en su vida interna y los debates profundos, cuando se producían, involucraban principalmente a la dirigencia.
Desde tiempos de Lenin, se habían suprimido las diversas corrientes políticas al interior del bolchevismo y se aniquilaron políticamente las socialistas no bolcheviques. Los cambios en la dirigencia se producían tras el funeral del máximo líder o mediante un golpe palaciego, nunca a través de un mecanismo auténticamente democrático. La consigna «todo el poder para los soviets» dio paso a la conformación de una estructura en la que estos organismos, que debieron ser base de la democracia soviética, cedieron ante la presión de la burocracia partidista.
Tras el fin del sistema soviético, en Rusia y las antiguas repúblicas que hacían parte de la Unión se restableció el capitalismo. En la mayor parte de ellas se han sostenido sistemas autoritarios, y en muchos casos se ha fomentado el culto a la personalidad de los antiguos líderes comunistas, devenidos nacionalistas, que erigieron estructuras de poder nepóticas y profundamente corruptas. Gran parte de los oligarcas de hoy eran delincuentes durante la época soviética y otros provienen de las estructuras del partido, el gobierno, las fuerzas armadas y la Seguridad del Estado.
El daño causado por el régimen soviético al socialismo como proyecto político y económico tiene inmensas proporciones, porque en la práctica ha reducido las posibilidades de la construcción del socialismo a la condición de utopía.
Este espacio resulta insuficiente para un análisis de tal alcance. Sin embargo, resulta imprescindible enfatizar que los intentos de sostener el sistema burocrático establecido como «socialismo real», sobre todo en condiciones de crisis económica estructural, solo conducirá a su derrumbe y a su reemplazo por un capitalismo que dejará de ser de Estado para ponerse al servicio de los intereses de las mafias aliadas a las estructuras corruptas del poder.
***
[1] Cálculos del autor con base a UNCTAD (2021) UNCTADStat.
[2] Ibídem

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Gorbachov afirma que campaña de EEUU en Afganistán estaba condenada al fracaso

El expresidente de la desaparecida Unión Soviética, Mijail Gorbachov, dijo este martes que la intervención de Estados Unidos y sus aliados de la OTAN en Afganistán estaba condenada al fracaso desde un inicio.Gorbachov, de 90 años, quien supervisó la retirada soviética de Afganistán en 1989 tras 10 años allí, consideró que la propia presencia soviética fue un error político que estaba consumiendo valiosos recursos en un momento en que su país atravesaba lo que resultó ser el ocaso de su propia existencia, y que la situación creada por Estados Unidos no iba a ser diferente.“Toda ocupación de ese país ha sido siempre un fracaso y ahora con Estados Unidos sucedió lo mismo”, dijo el exdirigente soviético a la agencia rusa de noticias TASS/RIA.Las autoridades respaldadas por los soviéticos en Afganistán sobrevivieron durante tres años después de la retirada de Moscú de sus fuerzas principales, pero nunca se recuperaron de la decisión rusa de cortarles la ayuda después del colapso soviético en enero de 1992 y cayeron ese mismo año, recordó.Gorbachov enfatizó que “la OTAN y los estadounidenses no tenían ninguna posibilidad de éxito y manejaron muy mal su propia campaña afgana”.Afganistán: talibanes declaran el fin de la guerra y proclaman su victoria“Ellos (OTAN y Estados Unidos) deberían haber admitido el fracaso antes. Lo importante ahora es sacar lecciones de lo sucedido y asegurarse de que no se repitan errores similares”, subrayó Gorbachov, quien dijo que la campaña militar de occidente “fue una empresa fallida desde el principio, aunque Rusia la apoyó durante las primeras etapas”.“Como muchos otros proyectos similares, en su corazón radica la exageración de una amenaza y las ideas geopolíticas mal definidas. A eso se agregaron los intentos poco realistas de democratizar una sociedad compuesta por muchas tribus”, puntualizó.PublicidadSigue la evacuaciónPor otro lado, las fuerzas estadounidenses siguen con la evacuación de su personal y colaboradores afganos en un ambiente más calmado que la jornada anterior, y esperan que la operación tarde un par de semanas con la ocupación de aviones civiles de países de la región.Así lo confirmó este martes el portavoz del Pentágono, John Kirby, quien a la vez exhortó a los estadounidenses, que todavía se encuentran en la capital afgana a que regresen al aeropuerto para poder abordar los aviones militares que están llevando a cabo un puente aéreo entre Kabul y la vecina Turkmenistán. Este último país sirvió de apoyo logístico durante la ocupación estadounidense en los últimos 20 años.[embedded content]En una tanda de preguntas en la televisión estadounidense, Kirby dijo que las fuerzas armadas estadounidenses, incluidas las 6.000 tropas enviadas esta semana por el presidente Joe Biden para controlar las evacuaciones, estaban centradas directamente en las operaciones y la seguridad del aeropuerto.“Seguimos comprometidos a completar esta reducción de una manera segura y ordenada, y a hacer lo que podamos para sacar a la mayor cantidad de nuestros ciudadanos estadounidenses, así como a muchos de esos intérpretes y traductores” que ayudaron a las fuerzas estadounidenses, dijo Kirby a MSNBC.“Vamos a trabajar muy duro en las próximas semanas para sacar a tantos como podamos del país”, agregó el portavoz.A su vez, Kirby reveló a la cadena CNN que cree que entre 5.000 y 10.000 ciudadanos estadounidenses permanecían en el área de Kabul, y que Estados Unidos podía sacar del país entre 5.000 y 9.000 personas por día.Tres bases militares estadounidenses se encuentran listas para aceptar afganos en las próximas semanas, agregó.En los dos primeros días de evacuaciones se logró sacar de Kabul a más de 700 personas, incluidos más de 150 ciudadanos estadounidenses, la mayoría personal diplomático, garantizó dijo Kirby por separado en “Good Morning America” ​​de ABC News.[embedded content]

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