HAVANA CLIMA

GAESA

Inversiones 1991-2021: aperturas y apreturas

En un post anterior analicé sucintamente el devenir de las inversiones en Cuba hasta 1990 para comprender por qué durante dos siglos (1790-1990) su economía estuvo entre las principales de la región caribeña y a la cabeza del mundo en algunas ramas, fundamentalmente la azucarera.
De las preguntas iniciales de aquel texto, dos quedaron pendientes: ¿Por qué ahora Cuba consume, ahorra e invierte proporcionalmente cada vez menos? ¿Existen posibilidades actuales de ejecutar un proceso inversionista más eficaz que permita retomar la ruta del crecimiento y desarrollo y elevar el consumo social e individual?
Las responderé ahora, analizando el tratamiento de las inversiones en los ciclos de apertura−apretura ocurridos en estas tres décadas.
1991-1998: Apertura
Para comprender mejor las particularidades del proceso inversionista insular es preciso recordar tres aspectos desarrollados en el anterior artículo: la eliminación violenta de la pequeña producción durante la Ofensiva Revolucionaria de 1968 convirtió a Cuba en el país más estatizado del mundo; tras la zafra de los Diez Millones y el ingreso al Consejo de Ayuda Mutua Económica (CAME), las inversiones se orientaban fundamentalmente hacia el sector azucarero y la creación de grandes industrias basadas en tecnología e importaciones del campo socialista; el voluminoso fondo de acumulación del período 1970-1990 apenas trajo beneficios sustentables para la economía, con la honrosa excepción de la industria médico-farmacéutica.
A estos se añadiría, en 1990, la precaria situación en que quedó Cuba tras la desaparición del socialismo europeo. La debacle económica demandaba reajustar todo el modelo de socialismo estatizado y burocrático —ya en crisis desde mediados de los ochenta— y sustituirlo por uno mixto, donde el Estado, aunque conservara los medios de producción fundamentales, renunciara a sus ineficaces monopolios en todas las ramas económicas, flexibilizara la planificación centralizada y abriera espacios al sector privado, cooperativo y a la inversión extranjera.
Desde 1993-1994, especialistas cubanos y extranjeros fundamentaron esta propuesta, pero casi todas sus ideas fueron rechazadas y/o ignoradas. No obstante, ante la necesidad apremiante de inversiones, en 1992 se aprobó una nueva Ley de la inversión extranjera que priorizaba aquellas que incrementaran la exportación de bienes y servicios y la sustitución efectiva de importaciones.
Al unísono, se ejecutó una reestructuración económica que incluía el fomento del turismo, despenalización del uso del USD, descentralización del comercio exterior, creación de las Unidades Básicas de Producción Cooperativa (UBPC), e inauguración de zonas francas. Igualmente ocurrió una relativa liberalización de la actividad económica interna, con la apertura de mercados agropecuarios y de productos industriales que auspiciaban la inversión directa del ahorro privado y parte de las remesas familiares.
En 1997, coincidiendo con la celebración del V Congreso del PCC, era evidente que la economía se recuperaba y se confiaba en crecer por nuestros propios medios, descentralización económica mediante. Sin embargo, no se avanzó más en el campo de las reformas; por el contrario, se volvió a la planificación centralizada a través de balances materiales y comenzó a retrocederse en los principales aspectos en que se había innovado y avanzado.
Intervención de Fidel Castro en el V Congreso del Partido. (Foto: Granma)
1999-2008: Apretura
Dos acontecimientos concomitantes determinarían sobremanera en la centralización estatal de la política inversionista a partir de 1999: la instauración del gobierno de Chávez en Venezuela y el inicio de la Batalla de ideas. Ante la nueva fuente de ingresos que se abría para el Estado, las asociaciones mixtas fueron reducidas, eliminados los negocios inmobiliarios extranjeros y comprimido el número de empresas cubanas autorizadas a operaciones directas de comercio exterior.
En las relaciones comerciales externas, el intercambio diversificado alcanzado con países de diferentes zonas geográficas se concentró en Venezuela y China. A pesar de ello, las inversiones de esos países nunca llegaron a ser trascendentes para la economía cubana ni el consumo popular.
Con el primero se estableció un importante programa estratégico de complementación/integración económica dentro de la Alternativa Bolivariana para las Américas (ALBA). Su núcleo era la exportación de servicios profesionales de alto valor agregado, sobre todo en salud y educación, a cambio de petróleo. En 2006 representaban el 28% de las exportaciones totales de la Isla, mayor que la exportación de níquel y el turismo. Venezuela invirtió fuertemente en la ampliación de un complejo petroquímico conjunto en Cienfuegos, pero la crisis petrolera y otras dificultades económicas hicieron casi inoperante la gigantesca instalación.
Por su parte, China emprendió negocios conjuntos en agricultura, telecomunicaciones, biotecnología, turismo e industria ligera; pero muchos cerraron sin terminar y su aporte al PIB fue escaso. En la industria electrónica se trabajó para producir en Cuba equipos de aire acondicionado, lavadoras, refrigeradores y equipos de computación, con el objetivo de sustituir importaciones y, a su vez, exportar hacia el mercado latinoamericano y caribeño;  a pesar de ello, su contribución al consumo nacional y la exportación fue casi nula.
En 2005, la debacle del obsoleto sistema eléctrico nacional provocó la llamada revolución energética, dotada de un ambicioso fondo de inversiones a partir de los ingresos del momento. Contemplaba la modernización de los sistemas de transmisión, instalación de nuevos equipos, y ahorro del consumo energético de la población por dos vías: sustitución de equipos de tecnología derrochadora, y elevación sustancial de las tarifas, penalizando a los mayores consumidores.
No obstante, al priorizar las soluciones urgentes —compra de costosos grupos electrógenos, generalización de bombillos ahorradores de vida limitada— y no las fundamentales —construcción de modernas centrales energéticas y cambio del paradigma de generación hacia fuentes renovables—, su efecto no fue sostenible en el tiempo y ahora se vuelve a padecer roturas, detenciones y falta de capacidad generadora, incluso en medio de la parálisis económica por la pandemia.
Fidel Castro en el Palacio de Convenciones, en la implementación de los programas energéticos. (Foto: Ismael Francisco/Cubadebate)
2009−2010: Apertura
La falta de crecimiento suficiente y el estallido de la crisis económica mundial en 2008, obligó al gobierno cubano a reducir drásticamente su presupuesto e importaciones y anunciar planes para aligerar gastos con la eliminación de servicios gratuitos y subsidios. Para compensar al consumo, se emitieron licencias a vendedores de alimentos y se transfirieron pequeños servicios y producciones al régimen cooperativo. No obstante, la mayoría de estas medidas solo legalizaban actividades que ya se efectuaban en la economía sumergida y pesaban poco en el crecimiento real del PIB.
En 2010 se tomó la decisión de ampliar el trabajo por cuenta propia en el país y parecía que se aceleraban las reformas. Los gobiernos municipales recibieron instrucciones de trazar planes de desarrollo económico que incluyeran cooperativas y pequeños negocios. Al tiempo, se suavizaban regulaciones para la construcción y mejora de viviendas, abrían mercados municipales donde los agricultores adquirirían insumos hasta ahora asignados por el Estado, se liberó la venta de materiales de construcción y la creación de pequeñas industrias en cooperativas agrícolas. Con el objetivo de atraer inversiones extranjeras en futuros campos de golf y marinas de lujo, se aumentó de cincuenta a noventa y nueve años el plazo de derechos de usufructo de tierras para proyectos turísticos.
El Gobierno anunció que eliminaría más de 500.000 empleos públicos y autorizaría unos 250.000 pequeños negocios en el plazo de seis meses; además de crear 200.000 empleos no estatales y autorizar a pequeños empresarios a contratar mano de obra y alquilar locales estatales. En diciembre,  Raúl proclamaba un ultimátum ante la Asamblea Nacional: «O rectificamos o nos hundimos». Sin embargo, la energía reformista duró poco.
2011−2020: Apretura
La Primavera Árabe de 2011, cuando la ira popular —bajo el lema «Sí se puede»— provocó la caída de los gobiernos pro-occidentales de Túnez y Egipto,  Khadafi en Libia y el inicio de la guerra civil/agresión yihadista contra Siria; repercutió en Cuba. El grupo de poder hegemónico sintió temor a ceder demasiado en sus posiciones de privilegio ante los emprendedores protoburgueses cubanos. En consecuencia, la marcha de las reformas se ralentizó; el crecimiento del ahorro y la inversión internas tendrían que esperar tiempos mejores.
Aunque ese año se celebró el VI Congreso del PCC («Actualización»), se adoptaron los Lineamientos y comenzó a entrar al país, a través de las remesas, una cantidad inmedible de fondos para invertir en negocios privados; el Gobierno/Partido/Estado cerró las puertas al ahorro interno y apostó a un caballo perdedor: la inversión extranjera directa (IED).
Según el periódico Granma, en 2020 la Zona Especial de Desarrollo Mariel atrajo inversión extranjera directa por un monto superior a 730 566 millones de dólares. (Foto: Ricardo López Hevia)
Desde entonces, la inversión nacional en las esferas de la industria y la agricultura descendería proporcionalmente. A la par, creció sin cesar la inversión en el sector inmobiliario, sobre todo en la creación de nuevas capacidades hoteleras, marinas y campos de golf gestionados por el holding militar GAESA.
Con las trabas burocráticas, las leyes sui generis de Cuba para la contratación de trabajadores y las presiones estadounidenses, la IED no ha alcanzado jamás el nivel necesario para impulsar el crecimiento económico, estimado en unos 2200 millones anualmente. Ni parece que lo hará en breve plazo.
Ni siquiera mejoró el panorama con la inauguración de la Zona Especial de Desarrollo de Mariel (ZEDM), la más importante inversión extranjera efectuada desde el triunfo de la Revolución. Construida por el conocido grupo brasileño Odebrecht, con la inversión de unos 900 MUSD, se pretendió convertirla en uno de los complejos portuarios más importantes de Cuba y el Caribe.
Sin embargo, los resultados del proceso inversionista en el sector productivo eran a todas luces insuficiente en aquel período de relativa bonanza. Así, entre 2010-2013, la producción nacional de leche apenas sobrepasaba algo las 600,000 toneladas —solo 12% de origen estatal—, la mitad de lo producido en 1989; de ahí que se importaran 500,000 anualmente.
En 2014 se aprobó una nueva ley, que daba mayores garantías jurídicas y facilidades a los inversores extranjeros y les permitió actuar en todas las áreas de la economía, salvo las instituciones armadas, salud, educación, y medios de comunicación. Además, les redujo el impuesto al 15% de sus ganancias, con la posibilidad de repatriar todo el excedente.
Ese año, no solo Raúl Castro y Barack Obama re-establecieron relaciones tras medio siglo de Guerra Fría; también Putin visitó Cuba, firmó acuerdos comerciales y Rusia condonó el 90% de la deuda, principalmente de la época soviética, unos 35,000 millones de rublos. El 10% restante sería invertido en proyectos conjuntos en la Isla. Asimismo lo hicieron Japón, que eximió el 80% de unos 1400 MUSD, y México, que exoneró el 70% de su deuda de 478 MUSD.
A finales de 2015, Cuba renegoció su deuda con el Club de París, congelada desde hacía más de treinta años, cuando era de 7,000 MUSD. Se logró un acuerdo favorable: condonación de 8.500 MUSD y el compromiso del gobierno cubano de desembolsar 2.600 MUSD en un plazo de dieciocho años para acceder a créditos.
A pesar de estas dispensas, entre 2009 y 2017 la normalización de la deuda externa del país tuvo un elevado costo, ya que su servicio alcanzó una cifra cercana a los 23,000 MUSD, que limitó objetivamente la posibilidad de elevar el monto de las inversiones y el consumo con recursos públicos.
Con la llegada de la Covid-19 en 2020, todos los ingresos del país se redujeron a la vez que crecían los gastos del enfrentamiento a la pandemia. No obstante, el incremento de inversiones en la creación de nuevas capacidades para el turismo continuó su tendencia ascendente.
(Gráfico: Pedro Monreal)
2021…: ¿Apertura o apretura?
Para lograr un proceso de desarrollo sostenible, Cuba requiere elevar su ritmo de crecimiento económico entre 5 y 7% anualmente, lo cual exige tasas de inversión de entre 20 y 25% del PIB. Al estar contraído el ahorro empresarial y limitada la inversión privada, cooperativa y extranjera, los montos continúan siendo insuficientes.
La crisis pandémica y los efectos adversos sobre el consumo que ha originado la «Tarea Ordenamiento», serán superados en la medida en que la economía vuelva a normalizarse; pero los factores que han limitado el ahorro y la inversión requieren de cambios estructurales, entre ellos: la adopción definitiva del peso cubano como moneda nacional; creación de bancos de inversiones para industria, agricultura y sectores emergentes; incremento de las tasas de intereses de los bancos cubanos para favorecer el ahorro; facilidades a la inversión de cubanos de la Isla y residentes en el exterior; contratación directa de trabajadores nacionales por empresarios extranjeros; autorización a las empresas de todo tipo a importar y exportar libremente.
Fundamentalmente, es preciso reorientar la inversión pública hacia los sectores productivos nacionales deprimidos y lograr restablecer la proporcionalidad, en detrimento del exagerado monto destinado a la construcción de hoteles e inversiones inmobiliarias. No hay cabida para nuevas apreturas, es hora de abrir sendas al ahorro y la inversión de todas las fuentes posibles.
Solo así, la política inversionista podrá concretar posibilidades efectivas a la reanimación económica nacional en el plazo de nuestras vidas y atraerá capitales, nacionales y extranjeros, en aras de incrementar la producción, el consumo interno y las exportaciones en todas las ramas de la economía.
Para contactar al autor: mariojuanvaldes@gmail.com 

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Interrupto el servicio de extracción de efectivo con tarjetas VISA, AIS y BFI en cajeros automáticos

LA HABANA, Cuba. – La empresa financiera cubana FINCIMEX, una de las dependencias del conglomerado militar GAESA, informó este miércoles a través de sus redes sociales que “por dificultades tecnológicas” se encontraba “interrupto el servicio de extracción de efectivo con tarjetas VISA, AIS y BFI en cajeros automáticos”.
Según una nota publicada en el perfil de Facebook de la empresa, “especialistas de varias instituciones del país trabajan para el restablecimiento del servicio”.
(Captura de pantalla)
La institución, que es controlada por las Fuerzas Armadas de Cuba pidió disculpa por las molestias ocasionadas y aclaró que “los titulares de estas tarjetas interesados en la extracción de efectivo tendrán disponible la opción en ventanillas bancarias y Casas de Cambio”.
Por otra parte, algunos usuarios de las tiendas en MLC se quejaron de la demora a la hora de realizar los pagos con las tarjetas, así como de “la mala conexión y la inestabilidad de la red que procesa los datos”, lo que “hace que las colas demoren aún más”.
FINCIMEX es parte del sistema económico de las Fuerzas Armadas. Aunque sus mecanismos de intermediación financiera están articulados con el Banco Central de Cuba, la empresa se rige por disposiciones internas propias del Grupo de Administración Empresarial de las FAR (GAESA) y no por las leyes y regulaciones emitidas por otra institución del Gobierno.
Tanto GAESA como FINCIMEX aparecen en varias “listas negras” del Departamento de Estado de Estados Unidos, por ser empresas bajo el control de las Fuerzas Armadas de Cuba y los servicios de Seguridad del régimen cubano.
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Remesas en Cuba: pasado y presente

El angustioso día a día del cubano de a pie no solo está determinado por la crisis pandémica, la inflación galopante y los apagones imprevistos, sino también por las dificultades para la recepción de las generosas remesas enviadas por sus familiares del exterior, una de las fuentes principales de ingresos de los hogares desde hace tres décadas. De ellas depende, en lo fundamental, que exista fondo de consumo para respaldar la realización de mercancías en los mercados en MLC (antes en CUC), y en los predios de la economía informal.
Al unísono, las remesas resultan primordiales para el fondo de acumulación del sector privado-cooperativo, incapaz aún de generar su propio ahorro interno en MLC, y de parte importante del sector estatal. De hecho, el incremento del mercado dolarizado de bienes de producción y consumo intenta forzar a los emisores y receptores de remesas a ingeniárselas para hacerlas llegar al país burlando las restricciones de las administraciones Trump y Biden, que en este campo también han sido continuidad.
En Cuba, las remesas permanecen cubiertas por el secretismo que acompaña los datos económicos cruciales del Gobierno/Partido/Estado, sobre todo si se relacionan con las andanzas de su hijo pródigo: GAESA. No obstante, desde antes de surgir la nación ya las remesas y otros flujos financieros provenientes del exterior eran vitales para la economía y contribuyeron a consolidar una cultura de su explotación y acaparamiento por grupos de poder.
-I-
Aunque actualmente proliferan las críticas —a veces extremistas y arrogantes— en torno al papel de las remesas familiares en la economía, lo cierto es que Cuba tiene una larga tradición en tal sentido, rasgo acompañante de su economía abierta. Según su estatus económico, en diferentes épocas ha sido más o menos exportador (remesante), o importador (remesista), pero siempre el dinero entró y salió profusamente de la Isla para beneficio de familias cubanas o sus parientes allende los mares.
A diferencia de lo que creen muchos, durante los tres primeros siglos coloniales (XVI-XVIII) Cuba no fue capaz de autofinanciarse. Aunque su posición geoestratégica convirtiera a La Habana en la más importante factoría comercial y militar del imperio español, su valor no era tanto por las riquezas producidas acá como por las que pasaban rumbo a la Península a través del Sistema de Flotas.
A diferencia de lo que creen muchos, durante los tres primeros siglos coloniales (XVI-XVIII) Cuba no fue capaz de autofinanciarse.
Tan temprano como en 1540, la Corona obligó a la Capitanía General de Nueva España a remitir cuantiosas sumas anuales —los situados de México— a la Isla para financiar la construcción del sistema de fortificaciones y mantener la guarnición de la plaza. En 1584, las autoridades insulares recibieron de la Metrópoli el derecho a repartir tales fondos. La Habana y Santiago de Cuba fueron las ciudades más beneficiadas por los situados, a razón de dos terceras partes para la primera y el resto para la segunda.
Con altibajos, la remisión de los situados de México dotó a la Isla de ingresos adicionales no producidos de forma endógena, lo que se mantuvo por casi tres centurias, hasta 1811, cuando estalló la guerra independentista en el país azteca.
Gran parte de esos fondos para inversión inmobiliaria de carácter militar (fortificaciones, astilleros), fue desviada en la práctica hacia fortunas particulares, lo que dio lugar a un modo de actuación corrupto que llegaría a entronizarse como hábito de las altas autoridades político-militares y otros grupos de poder: lucrar a expensas de financiamientos externos originalmente destinados al desarrollo del país.
No obstante, en lo tocante a remesas familiares Cuba colonial fue un país netamente exportador. La figura del indiano —ricos emigrantes que volvían a España con las bolsas repletas— y sus envíos fueron determinantes en el desarrollo y prosperidad de familias, pueblos y regiones enteras de la Madre Patria. Si bien la mayoría de los inmigrantes españoles eran pobres que ahorraban para remesar contadas pesetas a sus depauperadas familias y ayudarlas a subsistir.
Con el fin de la colonia, la migración española lejos de disminuir se amplificó, al convertirse en ciudadanos cubanos —o residentes extranjeros— la mayor parte de los peninsulares que vivían en la Isla y buena parte de los ex-soldados del ejército colonial.
A ellos se sumó, entre 1901 y 1930, una exorbitante inmigración que trajo a Cuba a uno de cada tres españoles llegados a América, e hizo crecer la población 2,4 veces entre 1899 y 1931. Otra oleada sería la de exiliados izquierdistas del bando perdedor republicano en la Guerra Civil Española (1936-1939). Aquellos inmigrantes fueron padres y abuelos de los actuales ciudadanos cubano-españoles.
Por su parte, en época de la república la población cubana no tenía tendencia a emigrar, salvo en períodos de crisis y hacia Estados Unidos. Los trámites legales para que un cubano emigrara al vecino país eran tediosos y rigurosos, y mínimas las visas que otorgaba la embajada. Los trabajadores humildes que lo intentaban hallaban pocas posibilidades de establecerse en el Norte. Todo cambió con el triunfo de la Revolución en enero de 1959.
En época de la república la población cubana no tenía tendencia a emigrar, salvo en períodos de crisis y hacia Estados Unidos.
Desde entonces, EE.UU. se volvió refugio seguro para cualquiera que saliera de Cuba, legal o ilegalmente. La visa dejó de ser un trámite necesario y la categoría de inmigrante desapareció para los cubanos, que pasaron a ser tratados sin excepción como exiliados de un país comunista, según los cánones de la Guerra Fría.
Ni remesante ni remesista durante tres décadas, Cuba no dejó por ello de ser receptora de fondos provenientes del exterior y no vinculados a su actividad económica interna. Entre ellos se contaron los subsidios concedidos mediante la política de precios resbalantes y compensatorios que aplicaron la URSS y el CAME a lo largo de veinte años, y los provenientes de la venta por la URSS a Occidente de los excedentes de petróleo «ahorrados» por Cuba. Ambos se estimaron en 60,000 millones de rublos y 8,000 millones de USD, respectivamente.
Respecto a las remesas familiares, la penalización legal de la circulación del dólar  dentro de Cuba condicionó que por tres décadas los contactos económicos entre los que se fueron y los que se quedaron se limitaran a paquetería, medicinas y alimentos. En consecuencia, el precio del dólar en el perseguido mercado informal cubano de divisas, se mantuvo entre los 4-7 pesos hasta inicios de los noventa, cuando la crisis del Período Especial lo cambiaría todo.
-II-
Como parte de las medidas adoptadas desde 1993 para paliar la profunda crisis y paralización de nuestra economía, se decretó la circulación legal del dólar y la consiguiente recepción de remesas en esa moneda. Desde el inicio, el negocio de las remesas se entregó a la corporación CIMEX SA —creada en 1978 por la inteligencia cubana en Panamá— y sus filiales FINANCIERA CIMEX SA (1984) y American Internacional Services SA (1988).
A su vez, el mercado dolarizado también estaría en manos de CIMEX, que tendría así el control absoluto del negocio remesas/viajes/tiendas MLC. Ese mercado cautivo generaría anualmente una suma que, aunque desconocida e imposible de conocer, asciende con seguridad a varios miles de millones de USD anuales. Ya en 1995, las remesas se estimaron en 537 millones de dólares (MD).
A partir de entonces, las remesas familiares han constituido un factor importante en el enfrentamiento Cuba-EE.UU. y uno de los pocos mecanismos financieros empleados por el gobierno cubano para incidir en la vida económica del país, aunque con decisiones teñidas de un soberbio autoritarismo. Entre ellas, la que se adoptó en 2004 cuando, para desestimular la entrada de remesas ante las sanciones de la administración Bush, se impuso a la moneda del enemigo un gravamen del 10% para su cambio en CUC.
Desde 2011, en que se aprobó la liberalización y ampliación del llamado TCP, comenzó a entrar al país a través de las remesas una cantidad inmedible de fondos de inversión para buena parte de los negocios privados. Ante la falta de estadísticas oficiales, se suele atribuir este destino al 50% de las remesas.
En 2004 se impuso a la moneda del enemigo un gravamen del 10% para su cambio en CUC. (Foto: Yamil Lage/AFP)
El incremento del papel de las remesas en el siglo XXI, sin embargo, no es exclusivo de Cuba. En la región latinoamericana, México es el mayor receptor: 23,645 MD en 2014, más de la tercera parte del total regional y superior a sus exportaciones de petróleo, pero el impacto en su economía es de solo un 2% del PIB. Por el contrario para Guatemala, segundo país receptor a nivel regional, las remesas representan el 15% de su PIB, la mitad de sus exportaciones y el monto total de sus reservas financieras.
A tenor con la tendencia mundial y regional, en Cuba también ha crecido el rol de las remesas en la economía de los hogares. Solo que el estado crítico de nuestra economía, su falta de fuentes de acumulación internas y la agudización de las sanciones de los EE.UU., provocó que en el último decenio la influencia de las remesas aumentara de manera galopante y desigual.
En 2011 ascendían a 1,500 MD; en 2016, en pleno deshielo de la era Obama, a 2500 MD; en 2019, a pesar de las sanciones de Trump que eliminaron las transferencias por Western Union y el transporte por viajeros (mulas), se estimaron en 2055 MD (1,721 provenientes de EE.UU.), que llegaron a 1, 042,451 hogares, el 26% del total.
Para contrarrestar las sanciones norteamericanas a las empresas militares, en 2019 el Banco Central de Cuba (BCC) dispuso el uso del dólar en operaciones de ventas minoristas en divisas, importación, venta de mercancías en consignación y régimen de depósito de aduana entre entidades importadoras y personas naturales residentes en el país. De este modo, se inició el restablecimiento del reinado del dólar en el mercado cubano, en sustitución del ya inoperante CUC. Nuevamente al peso cubano quedaba en la estacada.
A fines del 2020, el BCC fue más allá y autorizó a Servicios de Pago Red S.A. (REDSA) —institución financiera no bancaria que atiende la red de cajeros automáticos—, para tramitar los envíos de remesas en lugar de a FINCIMEX, de GAESA. No obstante, hasta ahora no se ha informado de contacto alguno de dicha empresa con aquel país para cumplir con el mandato en cuestión.
Actualmente se extiende rápidamente una tercera modalidad de comercio dolarizado en tiendas por toda la Isla, mediante el empleo de tarjetas VISA o Mastercard, al que no tienen acceso los consumidores internos con tarjetas MLC de bancos cubanos. Al comprar alimentos y productos industriales nacionales en los portales de venta Envíos Cuba y Bazar Regalo, las remesas adoptan la forma de compras directas desde el extranjero, y ese dinero fresco se deposita en cuentas foráneas que no se sabe si pertenecen al sistema bancario cubano.
Tras las protestas del 11-J, Biden orientó reanalizar la política de remesas a Cuba a fin de flexibilizarla, pero ningún resultado se ha constatado aún. Aunque la disminución de la pandemia, el fin de la vacunación y la reapertura del turismo en la etapa invernal auguran el inicio de la reanimación económica, la flexibilización de las remesas familiares ayudaría notablemente a paliar los efectos de la pandemia y promover la inversión en el sector privado (mpymes, campesinos, TCP) y cooperativo.
Tras las protestas del 11-J, Biden orientó reanalizar la política de remesas a Cuba a fin de flexibilizarla, pero ningún resultado se ha constatado aún.
Mayores remesas favorecerían no solo el incremento del consumo familiar, sino la disminución del exorbitante precio del dólar en el mercado informal (75 pesos en tarjeta y 62 en físicos) y beneficiarían, por derrame, a toda la sociedad. Es preciso reducir el protagonismo del gobierno estadounidense en las decisiones sobre las remesas a Cuba.
Con ese fin, las autoridades cubanas han de hacer todo lo posible para quitarle pretextos a los halcones cubano/americanos y lograr la reapertura de los envíos, aunque para ello se tenga que sustraer a las empresas de GAESA y devolver a las instituciones financieras civiles el manejo de este sector tan importante, y cada vez más creciente, de los ingresos nacionales. 

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Fincimex culpa al embargo por problemas para recibir remesas en Euros

MIAMI, Estados Unidos. – La empresa financiera cubana Fincimex, dependencia del conglomerado militar GAESA, volvió a culpar al embargo impuesto por Estados Unidos de las dificultades para realizar operaciones bancarias internacionales.
La compañía estatal informó en su cuenta de Facebook que su inclusión en la lista de entidades restringidas de la Oficina de Control de Bienes Extranjeros (OFAC) en junio del 2020 “sigue generando en el sector bancario internacional temores a aceptar operaciones dirigidas a la entidad y tendencias a limitar el alcance de las mismas”.
La medida, según Fincimex, genera “afectaciones directas contra el servicio de remesas familiares a Cuba, por parte del gobierno estadounidense”.
“Independientemente a que las operaciones se originen en la moneda EURO y no contengan flujos de compañías estadounidenses, el sector bancario se ve presionado por parte del bloqueo norteamericano, que sigue demostrando su extraterritorialidad a 62 años de su implementación”, señala el comunicado.
(Captura de pantalla/Facebook)
Fincimex indicó que el sitio web de American International Services (AIS), plataforma encargada de recibir las remesas enviadas a la Isla, “se ha visto imposibilitado de mantener sus estándares de servicios y ha tenido que retrasar el periodo de acreditación de las remesas a 8 días, por la dificultad de encontrar instituciones financieras que autoricen el nivel de operaciones diarias para hacer frente a la creciente demanda del servicio”.
“Una vez más, las medidas coercitivas del gobierno estadounidense contra la actividad financiera de nuestro país, afecta en primer lugar, al pueblo cubano”, añade la nota.
Fincimex indicó que se realizan gestiones “para superar las trabas impuestas en aras de brindar un mejor servicio a la población, con la confianza de regresar a los estándares habituales del sitio, en cuanto a tiempos de entrega de las remesas”.
“Se reitera que toda aquella transferencia contratada hacia el país se acreditará de forma segura, en ninguno de los casos con riesgos de pérdida de la transferencia”, precisó la empresa.
Fincimex es una subdependencia de GAESA que, en tiempos de Western Union, enviaba datos de los remitentes para entregar a los clientes el equivalente en CUC del dinero recibido desde el exterior.
En el caso de American International Services, es la plataforma a través de la cual Fincimex recibía los ingresos que pagaban las cubanos por diferentes vías que incluía a agencias de viaje como Cuba Max, Caribe Express, entre otras.
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El capital invertido en la construcción de hoteles sí es cubano

LA HABANA, Cuba. – En las últimas semanas miles de cubanos y cubanas han protestado o se han mostrado indignados en redes sociales por el fuerte contraste entre lo que sucede con la construcción de hoteles en Cuba y el estado ruinoso de los hospitales y de la salud pública en general.
Si por un lado las obras para el turismo, en su mayoría a cargo del monopolio empresarial militar conocido como GAESA (nacido como una empresa off-shore creada por las Fuerzas Armadas en Panamá durante los años 80), no han sido suspendidas ni por un segundo durante este año y medio de crisis agravada por la COVID-19, y hasta mantienen inalterables sus cronogramas de entrega; por la otra se observa el deficiente e irresponsable manejo de la contingencia sanitaria por la dictadura, a lo que se suma el estado deplorable de la atención médica, en un contexto donde reinan la perpetua falta de medicinas y alimentos junto con el deterioro de la infraestructura hospitalaria y de los servicios asociados. 
Mientras las dos torres de las calles 1ra y D en el Vedado, con más de 600 habitaciones y un costo total sobre los 80 millones de dólares están casi listas para la inauguración, y se alzan sobre el terreno (ya con varios niveles terminados) los complejos hoteleros de las calles 25 y K, en el Vedado, más los de 3ra y 70 en Miramar (que albergará también una inmobiliaria y un centro comercial que sustituirá el mercado actual en la zona), los hospitales en la Isla colapsan, las poquísimas ambulancias que aún brindan servicio se caen a pedazos y, si aún se pudiera hablar de “atención médica” sería gracias al esfuerzo descomunal del personal de salud y a la ayuda internacional recibida por estos días, como resultado de las campañas e iniciativas individuales para hacer llegar donativos, puesto que el Gobierno, controlado por los militares, continúa resistiéndose a desviar un solo centavo de las inversiones hoteleras a otras cuestiones ajenas a sus planes constructivos.
Colapso del sistema de Salud: Así cae la última columna del régimen cubano

Contra las denuncias constantes en los medios de prensa independientes y en redes sociales, sobre tan escandalosas desigualdades, los defensores del régimen cubano más activos y agresivos (esos cuyo trabajo remunerado con presupuesto del gobierno no consiste en producir bienes sino en monitorear el ciberespacio, combatir la libertad de expresión y justificar lo injustificable) han esgrimido el argumento de que las inversiones hoteleras no se ejecutan con capital cubano sino con el aportado por los inversionistas extranjeros, algo que está muy lejos de la realidad.
No son pocas las personas dentro y fuera de Cuba que se adhieren a ese error ya por mala voluntad o ya por ingenuidad, y lo replican, sin investigar un mínimo en las noticias publicadas incluso por la prensa financiada por el Partido Comunista, donde fácil se puede comprobar el crimen que se está cometiendo ahora mismo en la Isla, a manos de un puñado de militares más preocupados por los turistas que llegarán en el año 2030 que por los cubanos que mueren y morirán de hambre o de COVID-19 ahora en 2021. 
Sin ir muy lejos en el tiempo, fue en mayo de 2018 que, de acuerdo con lo publicado por la Agencia Cubana de Noticias y replicado en otros medios, la directora de Desarrollo de la inmobiliaria Almest, perteneciente al Grupo de Administración Empresarial de las Fuerzas Armadas (GAESA), Daysi Malvares Moret, informó sobre tres proyectos hoteleros de capital netamente cubano.
Se refería en aquel momento a los dos inmuebles que por estos días se levantan muy próximos al Acuario Nacional de Cuba, en los terrenos al este de calle 70 entre las avenidas 1ra y 3ra. Igualmente la funcionaria se refirió a la construcción (también con capital cubano) de “un complejo inmobiliario que se extenderá desde calle 68 hacia el oeste de la calle 70”, bordeando el espacio donde se erigiría otro hotel, colindante con el Centro de Negocios de Miramar, y a unos 100 metros del que iba a ser la primera instalación administrada por una empresa estadounidense, en este caso Sheraton.
El negocio finalmente no llegó a concretarse por el giro que dieron los acontecimientos respecto al deshielo de las relaciones diplomáticas entre los Estados Unidos y el régimen cubano. No obstante, el proyecto ha seguido en pie y, de acuerdo con información obtenida de funcionarios de la constructora, Almest no lo ha retirado de sus planes ni ha disminuido el ritmo de ejecución, aun cuando no se han recibido otras propuestas de administración extranjera. 
Cuba: Hoteles nuevos se pagan con problemas viejos

“Hay dinero para hacerlo y lo gastarán pero no en otra cosa que no sea el hotel”, ha comentado al respecto una fuente anónima directamente vinculada a la empresa militar. Y además señaló: “La política de Almest, como la del GAE (GAESA) en general, es no trabajar con capital extranjero. No le hace falta, no le interesa pero tampoco le conviene. Trabaja con los franceses (Bouygues Bâtiment International) porque es un mal necesario, necesitan de esa fuerza especializada que aquí no existe, pero los hoteles son ciento por ciento de Almest, y parte de ese capital proviene del arrendamiento (de hoteles) a Gaviota, y no solo de eso sino de todas las demás empresas del GAE, que son muchísimas. Todo sale y vuelve a entrar en el mismo saco”. 
También a mediados de 2018, igual en correspondencia con lo declarado por directivos de Almest a la prensa oficialista, solo en parcelas reservadas por GAESA en los municipios de Plaza de la Revolución, Playa y Habana Vieja, se autorizó un plan de construcción de unas 7 500 nuevas habitaciones hasta el año 2025, todas con capital propio.
Entre las obras de ese portafolio en particular sobresale, sin dudas, la edificación de la torre de 42 pisos y 565 habitaciones que, emplazada frente a la heladería Coppelia, será el hotel más alto de La Habana cuando se inaugure a finales de 2022. 
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Con un costo que supera los 100 millones de dólares, algunos lo han considerado innecesario, teniendo en cuenta que el nivel de ocupación hotelera, incluso antes de la llegada de la COVID-19, se mantenía por debajo del 50 por ciento, además que era un proyecto pensado para el boom turístico asociado a la normalización de relaciones con los Estados Unidos, una apuesta que jamás fue.
Bajo esos planes, desde 2016 hasta el presente, la planta hotelera en Cuba creció en cerca de 15 000 nuevas habitaciones, de las cuales tan solo unas 8 000 se terminaron entre 2018 y 2020, mientras que para el 2022, aún cuando nadie sabe cómo se comportará el llamado “turismo pospandémico”, se pretende incorporar una cantidad similar, de acuerdo con información dispersa acopiada tanto en la prensa cubana como a través de fuentes del Ministerio de Turismo de Cuba (MINTUR).
Entre finales de 2018 y mediados de 2019, atendiendo a reportes del medio oficialista Cubadebate, varios funcionarios del MINTUR, entre ellos José Daniel Alonso, director general de Desarrollo, Negocios e Inversiones del Ministerio de Turismo, se referían al plan de Desarrollo 2018-2030 del MINTUR, en el cual se busca “elevar la cifra de habitaciones en más de 83 000 plazas, mediante la puesta en funcionamiento de 216 nuevas instalaciones de alojamiento, más la ampliación y remodelación de otras 77”, un plan ambicioso que no se limita al segmento hotelero, sino que incluye también el desarrollo inmobiliario relacionado con los campos de golf, parques temáticos, de naturaleza y marinas hasta el punto de superar a todas las naciones de Latinoamérica.
En total se habla de unos 332 proyectos de alojamiento que serían ejecutados con dos tercios de capital netamente cubano y solo un tercio con capital foráneo. El Plan del MINTUR, más que ambicioso, tiene un costo que supera los 19 000 millones de dólares, una cantidad muy superior a la destinada a las actividades productivas, de ciencia e innovación tecnológica, y cultura y deportes, en los presupuestos del Estado entre los años 2012 y 2018, según los datos del Anuario Estadístico de Cuba para esos períodos.
Involucrados como inversionistas mayoritarios en los planes del MINTUR, Gaviota S.A. y la constructora e inmobiliaria Almest (única propietaria de las instalaciones que construye) están asumiendo unos 121 proyectos con un costo cercano a los 13 000 millones de dólares, elevando así su participación en más del 70 por ciento de los proyectos de inversión para el turismo en la Isla, además de, una vez concluidos los hoteles, superar las capacidades habitacionales de los mercados competidores del área, como República Dominicana y Puerto Rico.
En poco menos de 20 años, y coincidiendo con la sustitución de Fidel Castro por su hermano Raúl en 2009, el grupo militar GAESA (al que apenas en los años 90 correspondía un 10 por ciento del mercado con menos de 4 000 habitaciones) se ha transformado en líder indiscutible del sector, con cerca de 100 000 habitaciones, así como en el mayor inversionista, con tanto poder financiero que, a diferencia de las entidades del MINTUR, se permite como norma el no aceptar jamás la participación de capital foráneo en sus planes constructivos.  
De acuerdo con fuentes consultadas por CubaNet, ya que no existen datos publicados al respecto, solo entre 2018 y 2019, Almest habría destinado por lo menos unos 1 500 millones de dólares para la conclusión de poco más de una decena de proyectos en Varadero, así como en la cayería norte desde Villa Clara a Camagüey.
Según los estudiosos de la economía cubana Richard E. Feinberg y Richard  Newfarmer, apenas antes de 2016, Gaviota S.A. obtenía unos 700 millones de dólares al año, de los cuales pagaba unos 80 millones a Almest por la renta de inmuebles. En la actualidad esa cantidad se ha duplicado. Y, teniendo en cuenta el total de los hoteles que renta a otras cadenas, la cifra recibida por Almest es mucho mayor, y poco importa si los hoteles se mantienen vacíos o llenos. 
Sancti Spíritus: Más hoteles pese a los graves problemas de vivienda

Pero no solo hay suficiente dinero para que GAESA construya hoteles en La Habana y en los polos turísticos tradicionales como Varadero y Cayo Coco, también hay otros proyectos altamente costosos en Santiago de Cuba, donde desde finales de 2018, de acuerdo con los reportes de la prensa oficialista, se construye el primer hotel “inteligente y sostenible” de la región oriental.
El propio Raúl Castro ha prometido estar presente en la inauguración, de modo que se apresurarán a terminarlo en breve, no importa si hay turismo o no, aunque sea solo para satisfacer los deseos del dictador nonagenario.
El hotel, pensado para un tipo de turista fanático del castrismo y por tanto, de acuerdo con su proyectista principal, “conectado de forma expedita por la Avenida Patria con el cementerio patrimonial Santa Ifigenia” (donde se encuentra el nicho funerario de Fidel Castro), ha sido asumida por la Empresa de Proyectos No.15 (Emproy-15) de Santiago de Cuba, y se anuncia como “la instalación de su tipo más moderna del país”.
Con categoría 5 estrellas plus y un costo sobre los 90 millones de dólares, el hotel estará compuesto por 452 habitaciones distribuidas en dos torres, de 15 y 17 niveles respectivamente, y su forma evocará una bandera cubana ondulante de 72 metros de altura. 
Contará, además, según Cubadebate, con un centro de convenciones, salón de fiestas, cinco restaurantes, bar, cafetería, gimnasio fisioterapéutico, piscinas y “demás elementos de una lujosa instalación” en cuyos ventanales se emplearán vidrios especiales importados que “lejos de elevar la sensación térmica impiden la penetración de rayos solares nocivos al edificio” y crean “una cámara intermedia de ruptura del puente térmico y de la transmisión de calor al interior, a la vez que contienen celdas fotovoltaicas que, a diferencia de los paneles solares tradicionales son transparentes y de la tonalidad deseada”, asegura la misma nota publicada en el citado diario oficialista.
Un derroche de “dinero propio” en medio de una tragedia sanitaria. La cruda realidad es que en este preciso instante cubanos y cubanas, abandonados a su suerte, están a diario enfermando por miles y muriendo por decenas, mientras ven frente a ellos cómo hay más de una veintena de edificios creciendo varios metros por horas y tragando toneladas de materiales en su mayoría importados, muchas veces desde Europa y Asia, dos mercados cuya lejanía geográfica ha sido, junto con el embargo de los Estados Unidos, el pretexto más usado por el régimen comunista para justificar un desastre económico y social de más de medio siglo.
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Conglomerado GAESA expulsa a estudiante de Turismo por criticar a Díaz-Canel

MIAMI, Estados Unidos. – El Grupo de Turismo Gaviota, dependencia del conglomerado militar GAESA, expulsó al joven Alejandro Perdomo García de un curso de formación Técnico Superior en Asistencia Turística que realizaba en el Hotel Memories Miramar, informó el portal digital Yucabyte.
El hecho fue denunciado en redes sociales por el propio Perdomo García, quien fue separado del curso por expresar en redes sociales “criterios negativos y de irrespeto al Presidente de la República Miguel Díaz-Canel Bermúdez”.
El joven compartió en Twitter una carta de un directivo de Gaviota donde se enumeran las supuestas causas que dieron al traste con su separación de la entidad.
La misiva, firmada por Roberto Enríquez Calzadilla, delegado territorial de Gaviota en la región occidental, señala que el proceso contra Perdomo García se inició a raíz de quejas presentadas por la Facultad de Turismo de la Universidad de La Habana.
“La conducta de Alejandro Perdomo García al divulgar, expresar o promover manifestaciones de irrespeto a la figura del presidente de la República constituye una infracción grave de la disciplina laboral”, detalla el documento en uno de sus apartados.
Las publicaciones de la discordia fueron publicadas el pasado 11 de julio. Una de ellas hacía referencia al apagón de Internet y otra mencionaba la etiqueta #SOSCuba.
“Presidente Miguel Díaz-Canel, como puede ver en la foto, en mi trabajo se me acusa de faltarle al respeto a usted, por lo tanto se me aplica la medida de separación definitiva de la entidad laboral. Pienso que tomaron esa medida por mi forma de pensar y expresarme. Estoy en completo desacuerdo con la medida aplicada por mi entidad, ya que no considero que mi comentario le falte al respeto”, escribió el joven en su perfil de Twitter.
(Captura de pantalla/Twitter)
La medida contra Alejandro Perdomo García se distancia de las declaraciones hechas recientemente por el gobernante cubano, quien aseguró recientemente que nadie sería expulsado de universidades cubanas por pensar diferente.
“Alguien el otro día estaba preocupado en las redes sociales: que si había una campaña para separar de las universidades o de las escuelas a los muchachos que habían estado en estos hechos. No hay nada de eso, al contrario: todos esos muchachos se van a incorporar a sus escuelas, a sus universidades, se está hablando con todos. Aquí la universidad nunca ha sido exclusiva para revolucionarios o no revolucionarios, lo que sí aspiramos a que la formación que demos sea una formación revolucionaria”, comentó Díaz-Canel tras ser cuestionado sobre la continuidad educativa de los universitarios involucrados en las protestas del 11J.
No es la primera vez que jóvenes vinculados al sector del turismo son separados de sus centros laborales.  En mayo de 2020, la directiva del hotel Grand Packard de La Habana expulsó de su puesto de trabajo a Jorge Félix Vázquez Acosta como consecuencia de sus expresiones “en contra del sistema socialista y de la Reforma Constitucional”.
Entre las “pruebas” presentadas contra Vázquez Acosta estuvieron las “declaraciones de trabajadores que fungen como testigos de la indisciplina” y un “informe de la comisión investigadora”.
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