HAVANA CLIMA

fundamentalismos religiosos en Cuba

La Biblia y la política

El Código de las Familias es un momento político de significación. Entre los datos más destacables que lo circundan está la emergencia política pública de determinados grupos religiosos. Este hecho invita a indagar en las condiciones, alcances, argumentos y sentidos que los describen como actores políticos.En días recientes se hizo pública una declaración de la Convención Bautista Occidental, referida al Código de las Familias. La declaración manifiesta la “discordancia con algunos puntos del proyecto del Código de las Familias, que consideramos irreconciliables con nuestra fe, a la luz de las Sagradas Escrituras”.  Esta Convención alberga más de 500 iglesias y anuncia una feligresía de 70 mil personas, una cifra a considerar en el mapa eclesial cubano.Más allá de la relevancia de este número, es importante analizar la postura bíblico teológica fundamentalista que esgrime, haciendo una lectura literalista de la Biblia, lo cual cobra mayor significado cuando interpela el orden moral social, más allá del mundo de la fe, y cuando, en consecuencia, entra de manera abierta en el campo del Derecho y la política.¿Dónde se juega la política?Converso en esta ocasión con Amós López Rubio, Pastor bautista y teólogo, decano del seminario Evangélico de Teología de Matanzas.¿Qué lugar ocupa, según su consideración, esta tendencia fundamentalista dentro del campo eclesial cubano?Entiendo que es una tendencia mayoritaria, considerando en ese campo eclesial a las iglesias católicas y a las iglesias evangélicas que sostienen estas posturas, las cuales poseen un elevado número de miembros. Tanto la jerarquía de la Iglesia Católica como el liderazgo de las evangélicas han emitido declaraciones oficiales donde exponen claramente sus posicionamientos y preocupaciones en relación al Código de las Familias.Aún así, tampoco debe entenderse que el cien por ciento de sus miembros compartan estos criterios. Al interior de las congregaciones puede existir una diversidad de opiniones que no serán recogidas en estas declaraciones oficiales. Las declaraciones nos pueden asegurar el posicionamiento del liderazgo, incluso de la mayoría de los miembros de sus iglesias, pero nunca de la totalidad de estos.Respecto a otras iglesias que se sitúan de un modo más favorable al Código, no se conocen declaraciones oficiales que sean explícitas en relación a los contenidos del proyecto de ley en discusión. A mi juicio, la principal razón de esto es justamente la imposibilidad de poder emitir posicionamientos que intenten representar el criterio de la mayoría y el respeto por el ejercicio de la libertad de conciencia, un principio transversal a las iglesias de tradición protestante.Por otro lado, la falta de estos pronunciamientos oficiales tiene la desventaja de no ofrecer a la consideración pública otros posicionamientos éticos y teológicos sobre las propuestas del Código, lo cual limita las posibilidades de discernimiento desde esa amplia franja poblacional que está por fuera de los ámbitos religiosos y eclesiales, pero que sí lee y comenta los textos que se comparten en las redes. Esta realidad opera a favor de una mayor influencia de las iglesias que se pronuncian en la formación de la opinión pública.En su declaración, la Convención Bautista Occidental refiere pasajes bíblicos para afirman criterios excluyentes respecto al matrimonio, la relación entre los hombres y la mujeres, el lugar del padre en la educación de hijas e hijos, la homosexualidad, la gestación entre parejas homoparentales, por sólo anotar algunos puntos. ¿Es la Biblia un texto de exclusión sobre el orden moral y la vida en comunidad?Tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento encontramos proyectos de nación (o de comunidad cristiana) que contienen elementos de exclusión desde una determinada moralidad que sintoniza con una pretendida “pureza religiosa”. La noción de “pueblo elegido” en torno a Israel es excluyente en relación a otros pueblos y culturas. Esta postura fue marcadamente exclusivista durante el proyecto de nación construido alrededor del segundo templo de Jerusalén, a la vuelta de los exiliados en Babilonia donde el peso de las discriminaciones cayó enfáticamente sobre mujeres y extranjeros.Las primeras comunidades cristianas también experimentaron el conflicto de las exclusiones ante el desafío de ser comunidades de iguales en obediencia a la enseñanza y práctica de Jesús, quien coloca al ser humano en el centro de su proyecto liberador más allá de los condicionamientos culturales, políticos, económicos y religiosos que acentuaban divisiones y privilegios. La crítica a una moralidad decadente y discriminatoria es evidente en el ministerio de Jesús toda vez que su proyecto de comunidad del reino abrazaba a quienes eran despreciados por las normas de pureza ritual, religiosa y cultural vigentes.El apóstol Pablo, en su carta a la iglesia en Galacia, se hace eco también de esta confrontación que vivió la iglesia primitiva en aras de articular un nuevo orden de vida y de relaciones humanas, cuando afirma que en Cristo no hay ni judío ni griego, ni hombre ni mujer, ni esclavo ni amo. Se trataba de una propuesta contracultural, entiéndase antipatriarcal, que establecía un nuevo marco referencial ético para los cristianos y las cristianas.    ¿Qué diferencias implican las lecturas literalistas de la Biblia y las lecturas contextualizadas?Una lectura literalista implica una comprensión y aplicación irresponsables del texto bíblico, en tanto no lo contempla como una producción y un testimonio cultural, históricamente situado y por tanto orientado hacia una realidad social determinada. A su vez, todo texto también tiene una reserva de sentido que puede trascender su marco histórico y transmitir un mensaje válido para otras generaciones en otras circunstancias históricas. La lectura contextual intenta justamente desentrañar esos sentidos nuevos, facilitar ese salto hermenéutico de una realidad a otra pero a partir de una consideración rigurosa tanto de la finalidad original de los textos como de la realidad actual a la cual se quieren aplicar.Leer la Biblia de manera literal es desconocer el pasado y desconocer el presente, es querer aplicar normas, sentidos y prácticas de un tiempo que ya no es el nuestro. Descubrir y asumir aquellos mensajes bíblicos que tienen un valor permanente es un ejercicio que requiere de fidelidad al pasado y al presente, no con el propósito de imponer comportamientos o juicios condenatorios sino de promover la emancipación de toda forma de opresión, el pensamiento crítico, la dignificación y plenitud de la vida sobre la base del amor, la solidaridad y el respeto.  ¿Se advierte en el contexto cubano un uso político de las interpretaciones bíblicas?La aplicación de textos sagrados a la realidad política buscando hacer funcional esa realidad a intereses hegemónicos ha sido una práctica habitual en las religiones. En el caso del cristianismo, basta recordar toda una tradición teológica que por siglos ha sustentado la articulación del poder eclesiástico con el poder político, incluso supeditando el segundo al primero.Estas posturas comenzaron a perder influencia en la sociedad occidental desde los inicios de la modernidad. Sin embargo, hoy día asistimos a una “vuelta de lo religioso” que se expresa de múltiples maneras. Una de ellas tiene que ver con el fortalecimiento de los fundamentalismos religiosos que encuentran espacios de incidencia cada vez mayores en la opinión pública; para desde ahí intentar contener las dinámicas sociales de cambio que se abren al reconocimiento de nuevas diversidades y nuevos derechos, apelando a valores y principios tradicionales de cuño religioso, en este caso cristiano, y reafirmando la moralidad patriarcal dominante.En el caso cubano, estas posturas entran en conflicto con el hecho de ser Cuba un Estado laico, donde los procesos legales no se rigen por principios religiosos y buscan responder más bien a necesidades humanas sobre el principio de la inclusión, la justicia social y el reconocimiento de derechos.

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Iglesia, Estado y proyecto político

Comprender el fenómeno fundamentalista en Cuba, y el lugar de la fe religiosa en el orden social y las pautas culturales, se hace imprescindible dentro del mapa ideopolítico nacional.El pasado 1 de abril, representantes de dos denominaciones religiosas polemizaron en la televisión pública sobre el Código de las Familias. Entre ellas conocimos algunos postulados de la Iglesia Presbiteriana Reformada.¿Dónde se juega la política?En esta ocasión, converso con Ary Fernández Albán, pastor de la Iglesia Presbiteriana-Reformada en Cuba (IPRC) y profesor de Teología en el Seminario Evangélico de Teología, Matanzas, quien nos ayudará a entender un poco más el entramado religioso cubano y la relación entre Estado, Iglesia y proyecto político.¿Qué es la Iglesia Presbiteriana-Reformada? ¿Cuál es su doctrina bíblico-teológica?La Iglesia Presbiteriana-Reformada en Cuba (IPRC) es una denominación cristiana protestante cuyo inicio se remonta a 1890. Forma parte de la tradición o familia confesional Reformada, que es como se conoce a las iglesias que se nuclean en torno al pensamiento teológico de Juan Calvino, una de las principales figuras de la Reforma Protestante del siglo XVI en Europa, y a su proyecto eclesial en Ginebra, Suiza. El término Presbiteriana designa su forma de organización y gobierno democrático-representativa, en la que presbíteros (término griego presente en el Nuevo Testamento para referirse a los “ancianos gobernantes”) son elegidos para dirigir la Iglesia en las diferentes judicaturas u órganos de gobiernos: a nivel local (Consistorios), regional (Presbiterios) y nacional (Sínodo).Teológicamente hablando, esta Iglesia confiesa su fe en Dios, a quien concibe como Trinidad (Padre, Hijo, y Espíritu Santo), una comunión divina y eterna de amor y vida que continuamente crea, redime, renueva, reintegra y reconcilia consigo todas las cosas, incluyendo a los humanos. Cree que Jesucristo, el Hijo eterno de Dios encarnado, es la Palabra más clara de Dios a la humanidad en su propósito liberador y reconciliador. Por eso le confiesa no sólo como Señor, sino como Hermano Mayor, en quien somos perdonados, aceptados y abrazados por el Padre como hijos e hijas de Dios, y por cuyo ejemplo, enseñanza y Espíritu somos llamados a participar como comunidad de discípulos y miembros del cuerpo de Cristo (Iglesia) en la realización histórica en el mundo de su reinado de paz, libertad, amor y justicia hacia toda su creación. La Iglesia se siente llamada por Dios a colaborar con este propósito o misión a través de su testimonio profético evangelizador de servicio al mundo, pues al servir incondicionalmente a la sociedad ofrece su adoración a Dios, confiesa su fe en la acción salvífica de este y proclama que otro mundo diferente, más humano —y por tanto divino— es posible. La Iglesia confiesa esto basada en el testimonio bíblico acerca de la revelación de Dios en su Creación y en la historia, particularmente en la del pueblo de Israel y de las primeras comunidades cristianas.   ¿Qué distingue a la Iglesia Presbiteriana-Reformada del resto de las iglesias cristianas?Yo hablaría más en términos de caracterización que de distinción. Referirse a un aspecto que distinga a la IPRC del resto de las Iglesias cristianas, como si se tratase de algo único en ella, es algo difícil de sostener, sobre todo en la actualidad cuando los diálogos ecuménicos e interconfesionales y las influencias mutuas de todo tipo (teológico, eclesiástico, litúrgico y misiológico) entre las diversas denominaciones hacen que esas marcas o aspectos distintivos o únicos, fácilmente reconocibles en el pasado, sean hoy prácticamente indemostrables. A mi juicio se trata más bien de  énfasis que cada denominación o Iglesia pone en doctrinas específicas, en determinadas interpretaciones de estas, en la manera de concebir y desarrollar la misión de las iglesias, en determinados estilos de organización eclesiástica y de formas de adoración, etc. Por ejemplo, la IPRC comparte con las demás Iglesias protestantes los principios fundamentales de la Reforma: la salvación por la gracia de Dios a través de la fe, Jesucristo como mediador entre Dios y la humanidad, la Biblia como referente normativo para guiar la fe y conducta de los cristianos y cristianas, y el sacerdocio universal de los creyentes, por mencionar algunos de ellos. Sin embargo hay tres énfasis teológicos que caracterizan a la tradición reformada: la soberanía de Dios, la santidad de la vida común y el trabajo (no hay distinciones dualistas ni jerárquicas entre lo “sagrado” y lo “profano,” sino que toda actividad humana y cualquier dimensión de la vida es una oportunidad para servir y adorar a Dios), y el principio de que la Iglesia reformada tiene que vivir en una permanente reforma o revolución.               ¿Qué relación tendrían los postulados de la IPRC con la afirmación de un Estado laico?Que el Estado sea laico implica la separación del Estado de las Iglesias o instituciones religiosas en el sentido de que estas dispongan de libertad para operar internamente sin la intervención de aquel y que a su vez no puedan influir en las políticas estatales y acciones legislativas para avanzar agendas propias de acuerdo a sus preceptos teológicos en detrimento de los derechos de otros grupos sociales. Entre los fundamentos bíblico-teológicos que nos llevan a enfatizar el necesario carácter laico del Estado se encuentra la ya mencionada soberanía de Dios. Se pudiera pensar que dicho principio lo que hace es justamente negar tal afirmación. Si Dios es el soberano de todo, entonces lo más lógico es suponer que las Iglesias aboguen por la existencia de un Estado confesional (en nuestro caso, cristiano) que intente legislar y regir la vida de la sociedad de acuerdo a su divina y soberana voluntad, un tema, por demás, extremadamente controversial. Muchas iglesias abogan por ello, otras como la IPRC piensan de forma diferente.  Fundamentalismos, política y EstadoAfirmar la soberanía de Dios implica confesar que Dios es el centro de nuestras vidas y que nuestra fidelidad y obediencia a su voluntad salvífica están por encima de cualquier otro reclamo de carácter ideológico, político, económico, cultural e incluso religioso, especialmente si se oponen a ella. Pero también significa que Dios, en su soberana libertad, se revela y actúa de múltiples e inéditas maneras a través de estructuras, movimientos e instituciones sociales, y de personas, religiosas o no, para llevar adelante sus propósitos creadores, emancipadores y renovadores. Esta acción divina libremente soberana no puede ser restringida o controlada por los seres humanos ni por las instituciones creadas por estos, aun por las que actúan explícitamente en su nombre. De ahí el necesario discernimiento que los cristianos y cristianas, y las personas creyentes en general, estamos llamados a hacer humildemente y con espíritu ecuménico, identificando en la sociedad la presencia actuante de Dios, así como de sus demandas de prácticas y relaciones amorosas, respetuosas, armónicas y solidarias, intentando construir consensos sociales cada vez más justos e inclusivos, sabiendo que Dios, al final, por mucho que lo intentemos, no cabe en nuestras doctrinas y particulares formas de objetivarlo en imágenes y conceptos. ¿Qué vínculo existe, en su criterio, entre fe y política?Aunque esta pregunta merece una respuesta mucho más completa, por razones de espacio trataré de ser muy breve. La fe judeo-cristiana es una fe eminentemente política, es decir, no es la fe en un Dios que vive de espaldas a los problemas, vicisitudes y conflictos de sus creaturas, particularmente de las humanas. Todo lo contrario, es la fe en un Dios que toma tan en serio la vida de estas, sus sufrimientos y sus luchas por tratar de construir relaciones cada vez más justas, armónicas y equitativas entre ellas y con el resto de la creación que se hizo carne de historia humana en Jesús de Nazaret, un judío del siglo I en Palestina, quien en su afán de mostrar a sus coterráneos en qué consistía ese orden de cosas distinto —el reino de Dios— tuvo que enfrentarse a los fundamentalismos político-religiosos de su tiempo y pagar el precio con su vida. De la indisoluble relación entre fe y política dan testimonio amplio las Escrituras judeo-cristianas, desde el Génesis hasta el Apocalipsis, pasando por los profetas y los evangelios.¿Qué advertencias debemos tomar en consideración frente al incremento del fundamentalismo político con planteos religiosos?Considero que todos los fundamentalismos, sean políticos, culturales o religiosos, son nocivos por sus efectos tremendamente tóxicos, en tanto contribuyen a envenenar el alma (véanse las redes sociales), a excluir a quienes no comparten un mismo pensamiento o comportamiento, y a simplificar en grado extremo la rica diversidad y complejidad del mundo en que vivimos, de la representación que nos hacemos de ese mundo, así como del lugar y el rol que desempeñamos como parte de él.  

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Fundamentalismos, política y Estado

El fenómeno del fundamentalismo religioso adquiere cada vez más presencia en el escenario cubano. Este asunto es de interés eclesial, político y académico. Las lecturas sobre él son disímiles, como las comprensiones sobre su carácter y alcance.Desde esa perspectiva integradora, converso con el Dr.C. Maximiliano Francisco Trujillo Lemes, profesor titular de la facultad de Filosofía e Historia de la Universidad de La Habana, quien ha estudiado durante algún tiempo el fenómeno religioso en Cuba.¿Qué caracteriza al fundamentalismo religioso en Cuba?El fundamentalismo religioso en Cuba ha tenido crecimiento significativo, sobre todo a partir de 2018, tras la discusión del proyecto constitucional, aprobado definitivamente en 2019 como Constitución de la República; por cierto, con variaciones en ciertos postulados de orden civil, como el concepto de matrimonio, aunque ese fundamentalismo no dejó de tener manifestaciones visibles previas. Es una actitud que reúne los rasgos esenciales que esta tendencia manifiesta en casi cualquier lugar del mundo.Pandemonium: a propósito del programa religioso antiderechos cubanoEl fundamentalismo se genera, básicamente, en aquellos sistemas religiosos que cuentan con un libro sagrado y donde suelen hacerse lecturas literales de ellos, en este caso, lo más común en Cuba son las manifestaciones de fundamentalismo en ciertas iglesias evangélicas y protestantes, donde son comunes lecturas literales de la Biblia y se pretende que el mundo se constituya, se explique, se manifieste, exista y además se gobierne y estructure según esos principios.En Cuba, es obvio, el leit motiv básico de manifestación del fundamentalismo, pero no el único, está vinculado a asuntos de orden moral. Es un fundamentalismo que se expresa, por el momento, contra aquellas prácticas, aquellas actitudes que procuran defender las maneras de amarse de grupos humanos que no encuadran dentro del canon heteronormativo de la moral religiosa cristiana, presuntamente vindicada por los textos sagrados.El fundamentalismo religioso tiene diversas formas de expresarse: dentro de las estructuras estatales, de forma semi estatal, o extra estatal, esta última forma se consuma donde los poderes fácticos de estas iglesias pueden tener cierta influencia sobre las instituciones y la funcionalidad del Estado, pero no forman parte de él. También puede expresarse a nivel comunitario. Si bien en Cuba la primera forma no es evidente, sí hay sujetos dentro de la sociedad que empiezan a sentir que pueden tener alguna influencia en la toma de decisiones, en ciertas políticas del Estado cubano. Esa idea lo empieza a develar como un actor político cauto, tenue, pero con alguna influencia en ciertas tomas de decisiones en políticas públicas, sobre todo en asunto de derechos civiles de las minorías sexuales y pretendiendo a más.Las iglesias, los derechos y el EstadoLo más común en Cuba es que ese fundamentalismo se exprese esencialmente en el ámbito comunitario. De hecho, en ese ámbito sí está teniendo un éxito relativamente significativo, porque hay muchas denominaciones inscritas en estas posturas que han creado verdaderas redes de ordenamiento de la vida social en sus comunidades, muchas de ellas caracterizadas por ser vulnerables en el acceso a bienes y mostrar síntomas de pobreza. El relativo éxito de su gestión lo han conseguido, sobre todo, porque asisten a esos grupos humanos no solo con ayuda material, sino también con cierta asistencia espiritual. Eso es importante tenerlo en cuenta. Eso contribuye a que muchas de esas iglesias, de esas denominaciones insistan en cambiar las dinámicas de la aprensión de lo religioso en la comunidad, y tiendan a dirigir esa aprensión hacia formas tradicionales identitarias nacionales, que juzgan como enajenantes o demoniacas. Van creando poco a poco quintas columnas que tienden a la intolerancia, a la violencia contra aquellos grupos y estructuras sociales que dentro de la nación no se corresponden a sus credos o posturas éticas, filosóficas, teologales, e incluso de carácter estético.Por ejemplo, los ataques de estos fundamentalistas están direccionados, básicamente, en tanto parte del cuadro religioso cubano, a las religiones de origen africano, a las que demonizan constantemente en sus discursos. Eso está teniendo incidencia en ciertos sectores sociales. Además, estos fundamentalistas en la Isla están aspirando a participar en la educación espiritual y real de los ciudadanos, lo hacen ahora, sobre todo, en las estructuras de acompañamiento comunitario que han creado. Pero aspiran a más, pueden aspirar a entrar en los sistemas educativos formales y ahí transmitir su palabra. Es importante no perderlo de vista.Neoconservadurismos religiosos en CubaHay investigadores que hablan de la posible conformación en el futuro de verdaderos barrios evangélicos, donde, con la movilidad de ciertos recursos, con la existencia de liderazgos carismáticos en algunas de estas iglesias, estos grupos puedan fortalecer su poder de convocatoria en las comunidades, a nivel barrial, incluso más allá del nivel barrial. Se constata que están teniendo éxito en eso, para refutar las posturas de otros, o procurar demostrar que sus propias posturas son las válidas.Estamos frente a un fundamentalismo que por el momento ha tenido no poca notoriedad en el ámbito comunitario, primero en las zonas rulares y en la zona oriental del país, donde eclosionó en la década de los 90, extendiéndose hoy a toda la nación, ante todo en barrios y zonas desfavorecidas. Sin alarmismos, pero con preocupación, pueden considerarse y son un actor social, espiritual y hasta político, a no dejar de tener en cuenta.¿Podemos hablar, también, de otros fundamentalismos, no solo religiosos?Además del fundamentalismo religioso, existen otras expresiones de este fenómeno: el económico, el político, incluso el estético. Existen ahí donde un grupo humano o ciertos líderes procuren demostrarle a los demás que sus verdades o sus códigos son los únicos adecuados, los únicos correctos y los únicos que todos deberían seguir o respetar.Vivimos en un mundo donde esta tendencia tiene éxito en ámbitos no solo religiosos, lo cual es peligroso porque cuando entran a la esfera de la política y empiezan a tener múltiples seguidores, crean actitudes de intolerancia a otras posturas o actitudes políticas que pueden condicionar una desregularización de la democracia, ahí donde la hay, o fortalecer posturas autoritarias o dictatoriales, donde existen regímenes con ese carácter, que casi siempre se basan en presupuestos políticos fundamentalistas.Es decir, si en la religión ese fundamentalismo lo puede representar un pastor, un ayatolá, un rabino, un obispo, un sacerdote, en la economía puede ser un líder de opinión, un investigador de temas económicos que se haya convertido en adalid, o en la política lo puede ser un líder político carismático. Hay de todo tipo de fundamentalismos y todos ellos son peligrosos porque son intolerantes, porque exigen una lectura literal de ciertos textos que consideran sagrados o casi sagrados, y que habría que respetar a todas luces y sin ninguna objeción para cumplir con su presupuesto de verdad.¿Hablar de conservadurismo es un sinónimo de fundamentalismo, o son cuestiones distintas?No se puede confundir conservadurismo religioso con fundamentalismo religioso. Sin embargo, hay una línea delgadísima que los separa. No son necesariamente iguales, aunque en algunos órdenes ellas pueden coincidir y se confunden. El conservadurismo permite interpretaciones contextuales de sus textos sagrados, en ciertos órdenes de la reflexión teológica. Es decir, hay posturas conservadoras en la religión que pueden tener interpretaciones bien estructuradas sobre un asunto tan complicado, desde el punto de vista teológico y conceptual, como puede ser el problema de la trinidad. Es decir, no hacen una lectura literal de la biblia para entender la trinidad, sino que le procuran una explicación, una interpretación, en relación a su tradición teologal o denominacional.Puede manifestarse, por ejemplo, en torno a la presunta santidad de María, la madre de Jesús (en el mundo del cristianismo, y católico en particular, ahí donde María tiene seguidores). Son tradicionales lecturas diversas sobre la naturaleza sagrada de la Madre de Jesús, en ese orden permiten interpretaciones de textos o tradiciones orales o escritas. Pero, cuando se trata de principios de la fe, o cuando se trata de postulados de orden moral, por ejemplo, pueden ser muy conservadoras, muy defensoras de la llamada tradición. Esos tipos de presupuesto, que no son necesariamente de carácter teológico, sino de representación funcional, de la existencia de la comunidad religiosa, son defensores de las actitudes que presuntamente vindican los textos sagrados o, por el contrario, en el caso del catolicismo, donde es muy común el conservadurismo, no así el fundamentalismo (aunque tiene presencia), el respeto a la palabra de las figuras más significativas de esta Iglesia, como pueden ser el Papa, los obispos, etc.Es decir, el conservadurismo se da allí donde se procura conservar ciertas normas o tradiciones que la institución religiosa considera que no son cuestionables. Esto se dirige en lo fundamental al mantenimiento de conductas morales, a la conservación de ciertas estructuras sociales o políticas con las que estas instituciones religiosas conservadoras se pueden sentir identificadas, o a la preservación de principios que consideren inviolables. Estas posturas del conservadurismo siempre están en el fundamentalismo, de una manera u otra. Lo que distingue al fundamentalismo es que, además, no permitir ninguna interpretación de los textos sagrados. Siempre exigen una lectura literal de los textos sagrados como ya se refirió previamente, y dicen que la comunidad religiosa debe actuar, debe operar desde esa lectura.¿Qué relación podemos notar, en el contexto cubano, entre fe y política?Hablar de esta relación hace inexorable ir a la historia. Hay que empezar por recordar que, durante cuatrocientos años, entre 1510 que comienza la colonización de Cuba y 1898 con su fin, el Estado español que operó en Isla fue confesional, por tanto, con una religión oficial: la católica. Los españoles la consideraban garantía de la unicidad del espíritu hispano, y por eso los acompañó hasta su entrada en la modernidad como el ente espiritual que calzaba las estructuras políticas de la monarquía. Esto, con altos y bajos, se entronizó en el sistema político colonial para Cuba.Luego llegó la ocupación estadounidense, tras la intervención de 1898. Durante los años de ocupación el Estado que se instituyó en Cuba, por primera vez, fue de carácter laico, es decir, que separa la religión del Estado, como era en la nación dominante. Con la nueva ocupación se sistematiza un proceso interesante de evangelización protestante de la nación, sobre todo con misioneros estadounidenses. Concibieron que la aceptación del protestantismo en Cuba podía ser un elemento de aculturación de la influencia estadounidense en el país. Ese proceso tuvo éxitos y contravenciones. Había sectores dentro de la sociedad cubana, sobre todo sectores políticos, que descubrieron el peligro que la expansión protestante podría tener en la Isla.La llegada de la República en 1902, con la Constitución de 1901, volvió a declarar el carácter laico del Estado y formalmente, tanto en esta Constitución como en la de 1940, la religión se consideró un ente separado del Estado, pero con precisiones. Ambos modelos constitucionales exigían a la ciudadanía el cumplimiento de la moral cristiana como presupuesto de su comportamiento cívico. Ahí hubo una cierta subordinación de la actitud cívica, por tanto, hasta cierto punto de la actitud política, a ciertas normas de la tradición católica presente en el país, lo que generó una y otra vez inquietudes en otros sectores del mundo religioso en la Isla. Esto evidenció que, aunque el Estado iba a operar de manera independiente a la religión en la toma de decisiones, no iba a desentenderse de la influencia que esta podía tener en el control del comportamiento de los ciudadanos.Tras la Revolución de 1959, sobre todo a partir de la década de los 60s, la cohabitación religión-Estado fue denostada tremendamente. Se empezó a operar un proceso muy atípico en la historia de las construcciones políticas en Cuba, y es que dentro de las construcciones de identidad política y de filiación política al nuevo gobierno, se exigía casi como condición, la ruptura o la negación de toda fe religiosa. Por tanto, la religión empezó a operar no como estructura que acompaña al Estado, sino como estructura que es negada por el Estado. Actitud que se hizo política en la nación a partir de 1975, con el Primer Congreso del PCC, y en 1976, con la nueva Constitución, considerada la primera de carácter socialista de nuestra historia. Su lectura detenida descubre su raigambre profundamente atea.A partir de los 90s, primero la reforma constitucional de 1992 y luego la aprobación de la nueva Ley de leyes en 2019, se relanza una nueva relación del Estado con las religiones, asumiendo el laicismo y no el ateísmo como actitud en el ordenamiento político de la nación. Pero como en el país no se ha aprobado aún ninguna ley complementaria que garantice esa laicidad del Estado, esta puede ser venal, es decir, que puede estar a merced del criterio de ciertos funcionarios. Aunque sin lugar a dudas, en los años recientes ha habido avances significativos en cuanto a libertad religiosa y en cuanto al respeto a las prácticas, a las instituciones y a la fe religiosa de los ciudadanos. Pero como no hay marco legal regulatorio se corre el riesgo que lo religioso empiece a entrar en el ámbito de lo público, no solo de lo privado, como está previsto constitucionalmente, y esto hace muy confusa la propia laicidad del Estado, otro fenómeno que habría que tener en cuenta. Ahí vuelve a haber una cierta mezcla de la política con la fe, muy discreta, pero pude percibirse en algunos órdenes.Lo que ha ocurrido en los últimos tiempos, con los grupos fundamentalistas de los que hablé anteriormente, pero también con grupos conservadores religiosos, es que están procurando influir en la política a partir de ciertas “verdades o presupuestos de la fe”. Y puede darse y discretamente se ha dado un enrevesamiento de la relación fe y política en Cuba ¡a no descuidar!, lo que habrá que observar con detenimiento y atender en los próximos años.

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Las iglesias, los derechos y el Estado

Los hilos del debate sobre el fundamentalismo religioso en Cuba son variados. La reciente presencia en la televisión de un líder de la Convención Bautista Occidental ha hecho reaparecer este asunto. Como parte de las reflexiones y posicionamientos generados por este hecho, converso, una vez más, con Adiel González Maimó, teólogo y activista, quien ha sido una persona de fe y su práctica ha sido bautista. Desde esta perspectiva, ayuda a mirar de manera más integral el tema del fundamentalismo religioso y algunos de los actores y postulados fundamentales en Cuba hoy.  ¿Qué es la Convención Bautista Occidental? ¿Cuál es su doctrina bíblico-teológica?La Convención Bautista de Cuba Occidental es una denominación que forma parte de la amplia familia bautista cubana, compuesta además por la Convención Bautista de Cuba Oriental, la Convención Bautista Libre de Cuba, y la Fraternidad de Iglesias Bautistas de Cuba, e incluso otros grupos menores aún no reconocidos oficialmente en el país. Los bautistas son un movimiento evangélico surgido en los Países Bajos en 1608, cuando un pastor inglés emigrado, John Smyth, funda en tierras holandesas la primera iglesia con ese nombre. Luego se extendieron a Inglaterra y de ahí a Estados Unidos, donde se convirtieron, entre los siglos XIX y XX, en la más numerosa denominación protestante. Actualmente, las iglesias bautistas trabajan en casi todos los países del mundo, y se encuentran organizadas en diferentes convenciones, uniones y asociaciones.¿Qué distingue a los bautistas del resto de las iglesias cristianas?         Además de sostener las mismas doctrinas básicas del protestantismo, como la autoridad suprema de la Biblia y el señorío de Jesucristo, se incluyen otras más específicas como el bautismo de creyentes por inmersión en agua, el gobierno congregacional y la autonomía de las iglesias locales (importante esto último, pues significa que cada congregación tiene libertad para definir qué postura asumir ante un tema en específico sin injerencia externa, de ninguna instancia superior, sobre la decisión de la iglesia local), la separación de la Iglesia y el Estado (clave en los debates que estamos teniendo hoy en Cuba) y mis dos favoritos principios distintivos: la libertad de conciencia y el sacerdocio universal de los creyentes. Ambos principios afirman la capacidad que tiene el individuo de determinar en última instancia qué creer, cómo actuar, qué postura tomar, a partir de su relación personal con Dios y con absoluto respeto a su conciencia, la cual no debe ser coaccionada por nadie.Los bautistas llegan a Cuba de la mano del predicador Alberto J. Díaz, un emigrado y patriota cubano que estuvo involucrado en la guerra independentista. Este hombre conoció en Estados Unidos la fe protestante, y en 1883 llega a Cuba como colportor1 bíblico. Más adelante adopta la doctrina bautista y en 1886 establece la primera iglesia bautista en La Habana.En 1898, con la intervención estadounidense en la guerra de independencia, llegan también a Cuba, con el fin de “evangelizarla”, las diferentes denominaciones protestantes existentes en Estados Unidos, implantando las mismas doctrinas y estructuras de gobierno que tenían allá. Las iglesias que ya estaban establecidas en Cuba y que hasta entonces eran dirigidas por cubanos, pasaron a manos de los nuevos misioneros. Parecía que para la mentalidad protestante Cuba pasaba a ser parte integral del territorio estadounidense.En el caso de los bautistas, las Convenciones del Norte y el Sur de los Estados Unidos (separadas en el siglo XIX por el tema de la esclavitud) se dividieron la isla en Oriente y Occidente respectivamente. Así, la del Sur, más conservadora que su par norteña, dio origen en 1905 a la Convención Bautista Occidental.Esta denominación preserva, al menos de manera formal, los principios distintivos del resto del movimiento bautista que mencioné con anterioridad. Al mismo tiempo, en Cuba tuvieron influencias teológicas de corrientes como el landmarkismo, el cual plantea, para decirlo de forma simple, que los bautistas son “la iglesia verdadera fundada por Jesús” y que cualquier acto eclesiástico no bautista es inválido. Por eso, en las congregaciones bautistas occidentales se practica lo que se conoce como “cena cerrada” (administran la santa cena o comunión solo a los miembros de las iglesias bautistas, excluyendo a quien no lo sea de participar), y el re-bautismo (volver a bautizar a una persona que quiera hacerse bautista, aun cuando esta ya haya sido bautizada en otra denominación cristiana). Claro que estas prácticas sectarias, propias de una denominación contraria al ecumenismo como la Convención Bautista Occidental, no se dan de igual manera en todas las congregaciones pertenecientes a ella, por aquello de la autonomía de las iglesias locales.A todo esto, solo le agregaría que la Convención Bautista Occidental es una iglesia que prohíbe a las mujeres ser ordenadas al ministerio pastoral. Eso es una distinción exclusiva para los hombres, lo que da la medida de qué concepción sobre la igualdad de género tiene esta denominación.En 2020 la Convención Bautista de Cuba Occidental tenía 538 iglesias establecidas fundamentalmente en las provincias desde Pinar del Río hasta Sancti Spíritus, y una membresía de 27620 personas.¿Qué relación tendrían sus postulados con la afirmación de un Estado Laico?Como dije con anterioridad, los bautistas defendemos la separación Iglesia-Estado. Incluso en el polémico programa “Palabra Precisa” el Rev. Bárbaro Marrero lo reconoció, aunque luego agregó que la “Iglesia” está llamada a irradiar luz, influir y regular la sociedad. Y la verdad es que en la mentalidad de este tipo de iglesias fundamentalistas, cuando se habla de “influir en la sociedad” se está pensando realmente en ejercer una injerencia ideológica que puede (y anhela) alcanzar todos los niveles de control y toma de decisión en una sociedad, incluyendo la enseñanza escolar, el poder político, y los medios de comunicación.Para un fundamentalista cristiano el principio de separación Iglesia-Estado llega solo hasta el punto en que el Estado no puede intervenir de ninguna manera en las doctrinas o decisiones a lo interno de la Iglesia, algo que yo apoyo totalmente. Pero para ellos la separación llega hasta ahí. Para un fundamentalista la Iglesia tiene un “llamado divino”: tiene el deber de presionar, influir, condicionar las políticas públicas del Estado, controlarlas incluso, para que se ajusten a su cosmovisión de la vida y la sociedad, porque sienten que “sus creencias son lo mejor para todo el mundo, para el buen funcionamiento de un país”, y deben ser aplicadas de manera absoluta, poniendo así en peligro los derechos de aquellos grupos que no se ajusten a su forma de ver la realidad.Y para mí hay un serio problema si no se reconoce que el fundamentalismo religioso es también un movimiento político que anhela tener el control de la sociedad. En la región de América Latina tenemos sobrados ejemplos de lo que pasa cuando lo logran. Entonces yo creo que debemos tener mucho cuidado a la hora de darles “demasiada ala” a estas iglesias. No todo lo que hacemos en nombre de la democracia termina siendo para su bien.En un Estado laico las iglesias todas deben estar distanciadas de las decisiones gubernamentales. No pueden ejercer influencia sobre la política de ningún gobierno, porque un gobierno legisla para toda la sociedad, la cual es plural y diversa, y va más allá de los cristianos y sus doctrinas. El cristianismo, como cualquier otro sistema religioso o ideológico-dogmático, no puede dominar la política de ningún país, porque terminaría vulnerando los derechos de aquellos que no “encajan” en su sistema de pensamiento cerrado.¿Cuáles consideras que sean las características de esta Convención que sugieren una postura fundamentalista?El fundamentalismo cristiano es un movimiento surgido a principios del siglo XX en Estados Unidos como reacción al modernismo y la teología liberal. Es un movimiento que abarca diversas iglesias y denominaciones, que comparten características y creencias comunes: interpretación literal de la Biblia y acentuación de la inerrancia2 bíblica; recelo y rechazo ante muchos avances científicos (como los relacionados con la bioética), los derechos sexuales y reproductivos, y los derechos de la comunidad LGBTIQ; tradicionalismo y dogmatización de la fe cristiana; cierto complejo de superioridad moral y también de persecución; victimismo y miedo a ser “aniquilados” por la secularidad; intolerancia frente a quienes piensan y viven de manera diferente; defensa de los estereotipos de género y de la familia heteropatriarcal; puritanismo y complejo de “elegidos”; etc.La Convención Bautista Occidental, así como la Convención Bautista Oriental, la Iglesia Metodista, la Iglesia Evangélica Pentecostal Asambleas de Dios, y la Liga Evangélica, por solo poner los cinco ejemplos más conocidos en Cuba, comparten todas o la gran mayoría de estas características. Por tanto, son fundamentalistas.¿Qué vínculo existe, en tu criterio, entre fe y política?La política abarca toda la vida de una sociedad. Es todo aquello que atañe al funcionamiento y organización de un pueblo. Por tanto, le compete a todo ciudadano involucrarse en política, aunque pretenda no hacerlo o lo haga de forma inconsciente. Indudablemente todas las personas nos involucramos en política, porque a todas nos interesa que nuestra vida en sociedad funcione adecuadamente.Creo, por tanto, que los cristianos también estamos llamados a participar consciente y responsablemente en la vida política de nuestro país, y a hacerlo desde nuestra fe cristiana, la cual indudablemente es y ha sido en la historia una fe militante. Es nuestro deber ciudadano participar en la política, y no hay incoherencia ninguna con nuestra fe religiosa por ejercerlo.Pero creo que este deber hay que ejercerlo a título personal y no como Iglesia (como institución). Creo que la Iglesia debe dar libertad a sus miembros para que participen en la política a partir de lo que les dicte su conciencia. Incluso la “Iglesia institución” puede tener un posicionamiento oficial sobre determinado tema (a veces es bueno que lo tenga para mayor transparencia y claridad de su membresía y de la sociedad secular), pero siempre debe dejar margen para que quien disienta de esa postura oficial lo haga libremente y ejerza su deber ciudadano sin que tenga por ello mayores consecuencias (como el ser condenado y expulsado de la Iglesia).Otro aspecto que creo necesario tener en cuenta es que los cristianos debemos participar en la vida política siempre recordando cuál es nuestro lugar en la sociedad. No estamos llamados a regularla, ni a dominarla, ni a controlarla, ni a imponer nuestra cosmovisión del mundo a todo el pueblo. Estamos llamados a acompañar, a compartir nuestra visión con humildad y sin pretensiones de superioridad. No podemos anhelar tener dominio sobre el Estado, ni pretender que este legisle en función de nuestros dogmas. Nuestro rol es mantenernos del lado de quienes sufren, de los oprimidos, de quienes son víctimas de atropellos y violación de sus derechos humanos. Nuestro deber es dar nuestra visión, nuestra opinión crítica, pero a sabiendas que no es “LA” visión, sino solo “UNA” visión, una opinión más que puede aportar luces en un debate amplio que es enriquecido con las luces de otras personas y grupos que también tienen algo importante que decir.Has sido miembro de la comunidad bautista por mucho tiempo. ¿Cómo vives tu experiencia de fe en relación a la visión crítica que acá compartes, siendo, además, un activista social?En efecto, toda mi vida he sido una persona de fe y práctica bautista: primero 20 años miembro de la Convención Bautista Occidental, y luego 12 años miembro de la Fraternidad de Iglesias Bautistas, mi denominación actual. Además, soy activista por los derechos de la comunidad LGBTIQ hace más o menos 9 años. Ese activismo lo he desarrollado siempre desde mi fe religiosa, asumiendo abierta y afirmativamente mi identidad como hombre gay cristiano. Y aunque sea una cuestión contradictoria para mucha gente, en realidad no lo es.De quien primero aprendí que el activismo es necesario fue de Jesús de Nazaret. Aparte de ser, para mí, Hijo de Dios, y Señor y Salvador de mi vida, Jesús es mi modelo a seguir por ser un revolucionario. Trastocó todo normativo injusto de la sociedad en que vivió, se opuso a los poderes religiosos y políticos de su época, y transgredió aquello establecido por la Ley judía que oprimía, discriminaba y marginaba a disímiles personas. Y todo lo hizo buscándose líos con los dirigentes de entonces. Pero no le importó. Le importaba más la vida de la gente, su bienestar integral. Esa es mi mayor inspiración para hacer activismo.Yo no tengo ni puedo conformarme con los dogmas establecidos por ninguna religión, por ninguna iglesia (ni siquiera la mía), siempre y cuando esos dogmas marginen, causen dolor, sufrimiento y culpabilidad innecesaria en la vida de la gente, creyente o no. ¿Por qué? Porque nada que cause dolor, sufrimiento y una muerte en vida (como la que experimenté yo por muchos años dentro de la Convención Occidental siendo un homosexual reprimido y culpabilizado) proviene de Dios, quien nos ofrece vida en abundancia y libertad para amar.Yo no tengo ni puedo conformarme con el status quo establecido por ningún esquema religioso, por ninguna iglesia (ni siquiera la mía). ¿Por qué? Porque el Señor Jesús, a quien sigo y en quien creo, no lo hizo, sino que luchó hasta la muerte por transformar la sociedad en un lugar mejor, por hacer realidad el Reino de Dios de paz, justicia y amor en la vida de la gente.En esto creo, y por esto vivo y actúo diariamente.***Notas:1 Alguien que vende o distribuye libros. Ellos venían a Cuba a distribuir Biblias2 La inerrancia bíblica es la doctrina de que, en su forma original, la Biblia está completamente libre de contradicciones, incluidas sus partes históricas y científicas.

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Neoconservadurismos religiosos en Cuba

El pasado primero de abril asistieron al programa de la televisión nacional Palabra Precisa dos representantes de iglesias cristianas para que compartieran sus opiniones acerca del proyecto de Código de las Familias, actualmente en consulta popular.  La pastora Dora Arce Valentín, de la Iglesia Presbiteriana Reformada manifestó un apoyo al espíritu del texto en general; mientras que el pastor Bárbaro Abel Marrero Castellanos, de la Convención Bautista de Cuba Occidental, mostró preocupaciones y contrariedades respecto a varios aspectos del proyecto de Código, entre ellos, la figura de la Patria Potestad que se sustituye por la responsabilidad parental, exaltando la necesidad de proteger a la familia tradicional en su composición monogámica y heterosexual.El pastor, además, se refirió a favor de que se mantuviera el castigo físico/corporal moderado como un derecho de los padres sobre los hijos y las hijas (aspecto que elimina el proyecto) y, a través de su convocatoria para velar por la continuidad de la familia biológica heterocentrada, se opuso al reconocimiento de algunos derechos, entre ellos, los relacionados a las parejas del mismo género y a la identidad de género.Manifestó que la categoría de la responsabilidad parental “menoscaba el derecho de los padres sobre los hijos”, que “la iglesia debe tener un rol de conciencia sobre la sociedad” y “ser un estímulo favorable para que la sociedad no se corrompa”. Reconoció que, a pesar de que todas las personas tienen dignidad, “eso no significa que nosotros aprobemos toda conducta o pensamiento”. También hizo un llamado a la sociedad a arrepentirse y a “dejar prácticas nocivas”.Para mayor énfasis y claridad, el pastor apuntó que el proyecto de Código “afecta sustancialmente a la familia biológica (…) al tratar de elevar a la categoría de familia esas relaciones”. Con las frases “esas relaciones” o “tipo de relación”, que reiteró durante su alocución, se refería a las relaciones homosexuales o toda aquella que no sea heterosexual, añadiendo que estas no eran “lo más saludable para esas personas”. Subrayó que el matrimonio biológico tradicional “es el ambiente ideal para desarrollar ciudadanos de bien”.Pero ¿por qué la opinión de representantes de estas vertientes religiosas debe ser considerada de manera particular en materia de derechos y de leyes? ¿por qué en la televisión nacional?Algo más que un asunto religiosoLos movimientos feministas y LGBTIQ han impulsado y modelado las agendas de los países en materia de derechos en general, y de derechos sexuales y reproductivos en particular; considerados a su vez derechos humanos por las Naciones Unidas.1Las demandas de estos movimientos han estado fuertemente vinculadas en las últimas décadas al derecho al aborto, a la libre anticoncepción, a la identidad de género, al respeto hacia las orientaciones sexuales diversas, al matrimonio igualitario y, también, a la educación sexual en las escuelas, a la laicidad de los programas de estudio y a la separación del Estado y de la Iglesia. La vía para garantizar el reconocimiento y la articulación de estas demandas ha sido mediante el Derecho y los derechos.En reacción, varios sectores religiosos se han nucleado, e incluso aliado con otros no religiosos, conformando un activismo conservador para oponerse y contrarrestar el avance de estos movimientos “desestabilizadores” del orden tradicional de la sociedad y en defensa de la moral cristiana. La vía para exigir a los Estados el cumplimiento de las peticiones que buscan frenar la “amenaza” feminista y de las personas LGBTIQ, ha sido la politización de lo religioso y que tenga, también, connotaciones en los derechos y las leyes.A este tipo de activismo y a sus programas se les llama neoconservadores (por el desarrollo de nuevas estrategias en un contexto de ascenso neoliberal) y antiderechos (porque precisamente es una reacción que se opone al reconocimiento de derechos humanos basados en la pluralidad).¿Dónde se juega la política?En tanto, los movimientos neoconservadores se autodenominan pro-vida y pro-familia, enfocados a una visión reproductivista del matrimonio heteronormado, y cuya punta de lanza política ha sido el término “ideología de género”. La expresión es una deformación de la perspectiva de género enarbolada por los movimientos feministas y de la propia categoría de género que conforman los estudios de las ciencias sociales.Fue el Cardenal Ratzinger, primero como prefecto de la Fe y luego como Papa, quien tuvo un papel relevante en la adopción del término “ideología de género” como sustituto de la expresión “cultura de la muerte” empleada por Juan Pablo II para referirse al aborto, a la anticoncepción y a la eutanasia. 2En efecto, la Congregación para la Educación Católica elaborada por el Vaticano en el 2019 plantea que el género como categoría “determina, en primer lugar, una revolución cultural e ideológica (…) y, en segundo lugar, una revolución jurídica, porque estos casos promueven derechos individuales y sociales específicos.”En la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe celebrada en 2007, se planteó que la “ideología de género” era uno de los presupuestos que debilitan y menoscaban la vida familiar, debido a que cada cual podía escoger su orientación sexual y esto provocaba “modificaciones legales que hieren gravemente la dignidad del matrimonio, el respeto al derecho a la vida y la identidad de la familiar”.En América Latina y el Caribe también han sido medulares los sectores evangélicos conservadores para la expansión de estas corrientes en donde la “ideología de género” representa la depravación del orden social tradicional y de las leyes naturales. Esta masificación es resultado de las grandes bases populares que nutren las congregaciones religiosas de tipo evangélicas, además de las alianzas con otros sectores religiosos (como el católico) y no religiosos, pero conservadores.En Cuba, las acciones de estos grupos se hicieron visibles con más notoriedad a partir del año 2018, a raíz del debate popular concerniente al anteproyecto de la Constitución cubana donde se explicitaba que el matrimonio sería la unión formalizada entre dos personas (eliminando la distinción de hombre y mujer).Las demandas de estos grupos superan, entonces, el terreno de lo religioso. El Derecho, los derechos y la ley se vuelven una de las arenas fundamentales de disputa contra la pluralidad. La llamada “ideología de género” constituye el marco político para revertir el avance de las peticiones de los movimientos feministas y LGBTIQ. Y, para ello, es de suma relevancia introducirse en los programas y políticas del Estado, incluyendo la educación, la televisión y el orden jurídico.Tensiones entre derechosUna de las fórmulas mediante las cuales los grupos neoconservadores articulan sus intenciones políticas es enunciando los derechos a la libertad religiosa, de conciencia y de expresión basados en el principio de laicidad. Los tres fueron expuestos en el programa de la televisión cubana. Sin embargo, el ejercicio de estos derechos encuentra límites en los derechos de las demás personas y colectivos, y es aquí donde se entroncan las tensiones.Es poco probable que el ejercicio de la libertad de expresión y religiosa se manifiesten de manera inocua cuando de derechos de personas homosexuales, transgénero, travestis y demás se trata, sobre todo proviniendo de sectores que se les oponen. Generalmente las expresiones referentes a estas poblaciones vienen aparejadas de estigmatizaciones, prejuicios o frases discriminatorias que configuran violencias simbólicas respecto a la imagen y dignidad de esas personas. Refuerzan imaginarios de rechazo acompañados, en ocasiones, de sentidos de miedo o pánico moral ya que, justamente, consideran que la conquista de derechos por parte de esas comunidades representa una amenaza para el orden social y las leyes naturales en sentidos de degradación o depravación moral.En el programa de marras se pudo escuchar frases como “relaciones no saludables”, “prácticas nocivas”, o expresiones que lanzaban una noción de peligro como la posible corrupción de la sociedad o de no formar “ciudadanos de bien” si llegara a reconocerse el matrimonio igualitario y la diversidad de las familias.Estos son de los primeros límites. El daño a la imagen y dignidad de personas que han sido históricamente estigmatizadas y rechazadas. La lesión a estos derechos conlleva sistemáticamente a la discriminación y daños concretos respecto, por ejemplo, al empleo, la educación, la vivienda, la integridad física y los derechos sexuales y reproductivos. La interdependencia de los derechos humanos, como principio, se pone de manifiesto con estos ejemplos.La libertad de conciencia ejercida por personas que integran estas corrientes religiosas neoconservadoras ha sido usada como estrategia para obstaculizar o impedir el acceso a la salud sexual y reproductiva. En nuestra región, es frecuente el uso de la objeción de conciencia por parte de profesionales de la salud adscriptos a estas religiones para no practicar la interrupción voluntaria del embarazo de personas que así lo requieren. La otra cara de la moneda consiste en la asistencia de personas creyentes a las clínicas o centros destinados a la realización de abortos de manera legal con el propósito de que las mujeres desistan de interrumpir sus embarazos o de que el personal médico no efectúe la interrupción.En Cuba se ha documentado en fechas muy recientes prácticas de este tipo en instalaciones públicas de salud, específicamente en la provincia de Granma, poniéndose en juego uno de los principales derechos adquiridos en beneficio de las mujeres durante los primeros años de la revolución y transgrediendo el principio de laicidad en los espacios públicos y estatales. Tolerándose, incluso, las actividades de estos grupos antiderechos en centros de salud pública. Además, investigaciones periodísticas han develado la expansión de los neoconservadurismos religiosos en la provincia de Santiago de Cuba, entorpeciendo, disuadiendo o bloqueando el derecho al aborto como un derecho sexual y reproductivo. La permisividad sin obstáculos de estas prácticas es preocupante.También lo es el aplazamiento indefinido de la Resolución 16 de 2021 del Ministerio de Educación, a partir de la cual se actualiza el programa de educación integral de la sexualidad, incluyendo un enfoque de género y abordando derechos sexuales y reproductivos en el sistema nacional de educación. El programa promueve “la igualdad de género, los derechos sexuales y reproductivos, la autonomía, la salud sexual, el bienestar psicosexual y la expresión de una sexualidad plena, segura, placentera, libre y responsable en las niñas, niños, adolescentes y jóvenes”. Hace referencia, con enfoque preventivo y transformador, al bullying escolar, al acoso escolar, a las discriminaciones expresadas como homofobia, transfobia y racismo, también a la prevención de los abusos sexuales, los embarazos adolescentes, relaciones sexuales precoces y a las violencias basadas en género.Son varias las razones que indican que el pulseo político para la implementación de la Resolución fue ganado por los grupos neoconservadores en Cuba, en detrimento de los derechos de los niños, niñas y adolescentes. Es pertinente recordar que una de las inquietudes manifestadas por el pastor Bárbaro Abel fue, precisamente, la regulación en materia de derechos de los padres sobre las hijas y los hijos y en su formación educativa. También es oportuno rememorar que, las familias adscriptas a estos sectores religiosos amenazaron con no enviar a sus niños y niñas a las escuelas si se implementaba el programa.Es evidente que la politización de la moral religiosa de estas vertientes insiste en mantener sus privilegios y en hacerlos extensivos a toda la sociedad cubana en menoscabo de los derechos—humanos—de otros. También es notorio que, aunque sus discursos, proyecciones y dinámicas vayan en contra de las políticas oficiales del Estado, sus prácticas se toleran e incluso llegan a impactar la teleaudiencia nacional.No hay que olvidar que en el debate constitucional durante el 2018, el artículo que protagonizó la discusión democrática fue el 68 referente al matrimonio igualitario. En consecuencia, se sustituyó el vocablo “personas” por “cónyuges” y el único cuerpo legal que se llevó a referéndum, de las más de cien normas jurídicas que se aprobarían en el calendario legislativo, fue el Código de las Familias.Otras preocupacionesHa sorprendido la aparición en televisión nacional de los fundamentalismos religiosos en Cuba, sobre todo porque son manifiestamente opuestos a una política estatal como el Código de Familias, pero, en un marco más amplio, son opuestos también al avance de la agenda de las mujeres respaldado en otro programa estatal como lo es el Programa Nacional de Adelanto para las Mujeres. Preocupa, además, que el pastor Bárbaro Abel, durante la transmisión del programa anunció, de forma petitoria, que las congregaciones neoconservadoras que representa tendrían dos salidas yuxtapuestas si se aprobaba el Código de las Familias tal y como se proponía: una cláusula de excepción por motivo de conciencia y que los padres tengan otras opciones para educar a sus hijos.Al día siguiente del programa, enfatizó lo dicho a través de sus redes sociales: de aprobarse el Código y de implementarse la Resolución 16/21, teniendo en cuenta el “marcado enfoque de género” de ambos instrumentos jurídicos, será significativo para los maestros cristianos que se encuentren “compelidos” a transmitir estas enseñanzas, que el estado cubano diga qué sucederá con ellos (refiriéndose a la cláusula de excepción). Por lo mismo, comunicó la posibilidad de que las familias tradicionales se vieran conflictuadas de enviar a sus hijos e hijas a las escuelas (refiriéndose a la objeción de conciencia). Todo esto con basamentos en las mencionadas libertad religiosa y libertad de conciencia.En el mismo comunicado en redes sugirió que una manera de disipar estos conflictos entre Iglesia y Estado laico es otorgándole a las familias “la opción de instruir a sus hijos en escuelas privadas o en las casas”, haciendo alusión a los países donde se ha aprobado ya el matrimonio igualitario. No obstante, acotó que, en nuestro caso eso no sería posible porque “en Cuba toda la educación es pública”. Preocupa también porque, se sabe, un largo anhelo de algunas vertientes religiosas en el país ha sido la posibilidad de rectorar un sector de la enseñanza. Y en este “juego” de presiones, poco a poco han logrado expandir y visibilizar sus agendas y demandas.Sorprende el programa también porque lograron entrar a un espacio de teledifusión masiva justo en un contexto nacional de profundos cambios socio-económicos y de alta conflictividad social y política; en donde el Estado cubano se ha mostrado impermeable con otras demandas y reclamos desde la sociedad, sin embargo, ha respondido de manera más flexible con el sector religioso fundamentalista el que a su vez cuenta con más recursos económicos y de poder, con mayor articulación organizativa nacional y trasnacional, con financiamientos no solo locales y con intereses inclinados a las derechas neoliberales y anticomunistas.Preocupa el desarrollo de sus actividades antiabortivas en localidades fundamentalmente periféricas, rurales o en provincias del oriente del país;  frente a un derecho al aborto que no se blindó en el texto constitucional, que se encontraba protegido en el antiguo Plan Nacional de la Mujer de 1997 mediante la regulación de la “atención integral psicológica y social a la mujer en los servicios de aborto” (punto 75) y que fuera lamentablemente eliminado en el nuevo Programa de Adelanto para las Mujeres de 2021. Inquieta también esta situación si tenemos en cuenta la persistencia de las altas tasas de embarazo adolescente en el país con mayor relevancia precisamente en las zonas rurales, en las provincias orientales y entre las adolescentes racializadas; territorios y poblaciones que, si no son atendidas oportunamente por políticas del Estado, lo serán cada vez más por las congregaciones cristianas y sus programas neoconservadores.***Notas: 1 La Plataforma de Acción de Beijing de 1995 es una Resolución adoptada por la ONU que constituye la agenda mundial por la igualdad de género y por los derechos de las mujeres considerados derechos humanos. Los Principios de Yogyakarta establece que los derechos relacionados a la orientación sexual y a la identidad de género son derechos humanos, aunque no es un tratado vinculante en materia jurídica internacional, se redactó con la intención de establecer principio de interpretación y aplicación en materia de Derechos humanos.2 Vaggione, J.M. (2022). “El entramado neoconservador en América Latina. La instrumentalización de la ideología de género en las democracias contemporáneas”. Las Torres de Lucca. Revista internacional de filosofía política. https://doi.org/10.5209/ltdl.79437

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