HAVANA CLIMA

FRENTE NORTE DE LAS VILLAS

La segunda vida del caballo de Camilo (+fotos)

Desde Yaguajay partió Camilo con la caballeriza campesina para asistir a la celebración del 26 de Julio de 1959.

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Recoge la historia que cuando Camilo Cienfuegos llegó a Yaguajay aquel 10 de julio de 1959 y supo del interés de los campesinos de la zona de participar con una caballeriza en la celebración del primer 26 de julio después del triunfo revolucionario, mostró entusiasmo por tan sui géneris iniciativa, tanto que pactó su presencia en la travesía que se inscribiría, por singular y patriótica, en la historia cubana.

A través del relato de Gerónimo Besánguiz Legarreta, director del Complejo Histórico Comandante Camilo Cienfuegos, en Yaguajay, Escambray cabalga sobre los trazos del exponente que más interés despierta desde su arribo al museo.

RECORRIDO A CABALLO

Describe el historiador que cuando Camilo se estableció en la zona de Yaguajay utilizó un caballo moro, propiedad de Troadio Camacho, líder campesino de la zona de Meneses y una persona conocedora de cuanto atajo existía en esa geografía rural, por lo cual se convirtió, de hecho, en un colaborador muy útil para la guerrilla.

“El 10 de julio de 1959 llega Camilo a casa de Troadio Camacho y empiezan a conversar; él le expone la intención de participar en ese acto con una caballería y a Camilo le gustó la idea. Enseguida le habló de preparativos y de mandar los caballos por el ferrocarril…, pero Troadio le dijo que no, que la idea era ir a La Habana a caballo.

“Camilo le dio a eso mucha más fuerza, se percató del carácter de unidad que encerraba aquella iniciativa; no era lo mismo llegar a la capital en tren y desmontar aquellos caballos que hacer el recorrido, porque la caballeriza salió de Yaguajay con alrededor de 250 campesinos de toda la zona, pero sobre la marcha fue creciendo constantemente.

“Allí mismo Camilo ve en la cuadra un caballo de condiciones, y hasta lo prueba. Incluso, la mujer de Troadio me contó que le dijo: ‘¿Cómo tú vas a dejar a Camilo montar ese caballo?, mira que es muy brioso’; en eso llega Camilo sobre al caballo y le dice a la señora que estuviera tranquila, que él era buen jinete. Entonces se comprometió a participar en la marcha usando ese caballo”, narra el historiador.

La caballeriza se concentró el día 15 de julio en La Ceiba, un punto a la salida de Yaguajay para Mayajigua; subió por la calle Real; de ese instante es la foto de Camilo pasando por frente a la tienda La Moderna; luego se organiza para salir en la zona alta de la calle, y se desplaza en un recorrido rural que los llevó a Placetas, para coger allí la Carretera Central.

Recoge la historia que al segundo día de marcha la caballeriza decide moverse por la noche y descansar por el día, buscando que el recorrido fuera menos agotador. A la altura de Matanzas se unen integrantes de la Columna de Camilo. Para esa fecha ocurren los sucesos de la traición del presidente Urrutia, y Camilo sale y vuelve a la caballeriza utilizando un helicóptero; es por eso que cuando los campesinos llegan el día 25 de julio a La Habana él no participa en ese momento. Ya el 26 de Julio los campesinos desfilan en el acto que se hace frente al Capitolio con Camilo al frente.

Detalla Besánguiz Legarreta que en uno de los días finales de la cabalgata, Troadio Camacho le regala oficialmente el caballo a Camilo, y una vez terminada la peculiar travesía el jefe guerrillero lo deja en una recría ubicada por el Cotorro. En octubre, cuando desaparece, Celia Sánchez queda a cargo del caballo de Camilo.

Hoy se conoce que transitó por diferentes estancias, hasta que se organiza el Parque Lenin, y mueven el caballo para allí, en función expositiva y de cuidado. En ese lugar también tuvieron el mulo que había utilizado el Che en el Escambray.

A través de la taxidermia se conservó el animal, exhibido antes en el Museo de la Revolución, hasta ser trasladado a Yaguajay.

CONSERVAR LA PIEL

“Siempre prevaleció la intención de que ambos animales se pudieran mantener, exhibir; ya los dos tenían una edad avanzada y lo importante para conservar exponentes de ese tipo así es cuidar la piel. Pero, había un obstáculo, en Cuba en esa fecha no se aplicaba la taxidermia, lo que se hacía era disecar, una técnica que se utiliza para animales pequeños. Entonces Celia Sánchez manda a los hermanos Naranjo, de la Academia de Ciencias, a adiestrarse en el extranjero.

“Luego se conservaron en condiciones de congelación las pieles de los dos animales, limpias, sin restos de grasa ni de tejidos, hasta que regresaran los especialistas capacitados en la técnica de la taxidermia. En vida al caballo y al mulo les cogieron las medidas anatómicas, y se hace como una escultura, que en la taxidermia se llama el maniquí, luego se le pone el cuero, se viste”, cuenta el historiador.

Subraya que el caballo actual —en lo que puede considerarse una segunda vida— tiene la piel, la crin, la cola y los cascos con las herraduras que portaba al momento de morir; “los únicos restos óseos que conserva son los de la cabeza, sin tejido ni grasa. Los ojos, como se hace con todas las especies que se conservan, son de acrílico, y se les realiza un trabajo en los párpados que quedan prácticamente iguales”, añade.

Una vez que se concluye la labor de conservación mediante la taxidermia, se traslada —al igual que el mulo— a la Oficina de Asuntos Históricos del Consejo de Estado, y posteriormente al Museo de la Revolución, en el segundo piso.

REGRESO A YAGUAJAY

Como parte del proyecto para el Museo de Camilo en Yaguajay, persistía la idea de que el caballo se exhibiera definitivamente en la localidad; por demás la zona nativa del animal, que sirvió de punto de partida de la marcha y ligada a toda la historia de Camilo en el Frente Norte de Las Villas.

“Veíamos con lógica que un exponente de ese tipo se incorporara a nuestro museo, inaugurado en octubre de 1989; igual pasaba con el mulo del Che, que su historia se remonta al Escambray. Aquella petición pasó por un proceso de aprobación, hasta que el caballo y el mulo vinieron para Yaguajay y Fomento, respectivamente; los dos escenarios donde están los vínculos de Camilo y Che con esos animales,” detalla Besánguiz Legarreta.

Según describe la propia fuente, el momento de sacar ambos animales del Museo de la Revolución fue un paso complicado; resultó una operación totalmente manual a través de una ventana del segundo piso, utilizando una bamba del puerto de La Habana y un camión cerrado de la Salud, de Sancti Spíritus, que se usaba entonces para buscar medicamentos.

“Hasta el chofer —Luis Mujica— se asombró, no se creía aquello cuando le planteamos el encargo; llegó a decirme: ‘Tú me estás hablando de meter un caballo y un mulo en el camión’. Lo cierto es que se organizó el traslado, se calzaron bien los dos animales y se regresaron a sus escenarios originales”, describe el historiador.

Se conoce que por el camino ocurre un incidente curioso, porque al camión lo paran en un Punto de Control de la Autopista Nacional y, ante la insistencia del policía, el chofer no tuvo más remedio que abrir el contenedor; ¡vaya sorpresa la de aquel agente que le costaba creer el origen de los exponentes que se trasladaban dentro! Tanto en Fomento, como en  Yaguajay, la llegada de ambos animales se convirtió en un suceso popular.

El caballo de Camilo fue restaurado recientemente por especialistas de taxidermia del zoológico Nacional. (Foto: Cortesía del Museo)

ATRACTIVO EXPONENTE

Corrían los primeros años de la década del 90 del siglo pasado y el caballo es exhibido en un primer momento en el interior del museo. Al surgir el proyecto del Mausoleo a los Mártires del Frente Norte de Las Villas, se decide construir un estand y trasladarlo en el 2009 al exterior, atendiendo a que ese local reunía mejores condiciones de conservación.

El equino es un ejemplar cubano, de raza árabe cruzado con criollo, de alzada grande, siete cuartas, voluminoso y blanco con lunares, lo que en los campos cubanos se le llama moro mosqueado.

Destaca el historiador que el ejemplar se exhibe en un estand climatizado, donde se logra mantener la temperatura y la humedad en parámetros estables, premisas principales para una conservación de ese tipo. En Yaguajay ha tenido dos restauraciones, la más reciente en diciembre pasado, trabajo acometido por un especialista de taxidermia del Zoológico Nacional. Además de la historia que atesora el animal y todos los esfuerzos que se hicieron por conservarlo, no existen referencias de que en otro lugar de Cuba se exponga un caballo con estas características.

“Es un exponente muy llamativo —subraya Besánguiz Legarreta—, el más visitado del museo, todos los que llegan preguntan por el caballo; además, el estand de cristal garantiza mucha visibilidad, junto a una foto de Camilo montándolo en el centro de la calle principal de Yaguajay; eso le da una autenticidad total al exponente”.

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Presidente Díaz-Canel evoca a Camilo Cienfuegos por aniversario 90 de su matalicio

La fidelidad y cubanía de Camilo quedaron en el pueblo, escribió el mandatario en la red social Twitter
El ejemplo del Héroe de Yaguajay vive en cada cubano.

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El presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, evocó este 6 de febrero al líder guerrillero Camilo Cienfuegos, cuyo aniversario 90 de su natalicio se conmemora hoy en toda Cuba.

Hoy estaría cumpliendo 90 años Camilo Cienfuegos y Cuba lo siente, joven y jovial, como desapareció en el mar a los 27. Su fidelidad y su cubanía quedaron en el pueblo, escribió el mandatario en la red social Twitter.

Hoy estaría cumpliendo 90 años #CamiloCienfuegos y #Cuba lo siente, joven y jovial, como desapareció en el mar a los 27. Su fidelidad y su cubanía quedaron en el pueblo. #CamiloVive pic.twitter.com/7hAhJoGUIN— Miguel Díaz-Canel Bermúdez (@DiazCanelB) February 6, 2022

Manuel Marrero, Primer Ministro de Cuba, dijo también en las redes sociales que la mayor de las Antillas le rinde homenaje al legendario guerrillero conocido como Héroe de Yaguajay y que su ejemplo vive en cada cubano.

Con disímiles actividades culturales y políticas en la nación caribeña se recuerda hoy a Camilo Cienfuegos, especialmente en la comunidad de Yaguajay, en el centro del país, donde libró uno de los más importantes combates del Ejército Rebelde en el preludio del triunfo de la Revolución Cubana.

Cienfuegos fue expedicionario del yate Granma en 1956 que constituiría el núcleo del Ejército Rebelde, en el que llegó a ostentar los grados de Comandante y dirigiría una de las columnas que llevaría la guerra insurreccional de Oriente a Occidente.

Su figura se hizo muy cercana al pueblo cubano por su jovialidad y gracejo y la valentía demostrada en situaciones definitorias de la lucha revolucionaria.

Su desaparición física se produjo el 28 de octubre de 1959, cuando la avioneta en la que viajaba rumbo a La Habana jamás llegó a su destino y al igual que su cuerpo, pese a las múltiples búsquedas que se hicieron, nunca fue encontrado. Cada año en esa fecha miles de personas, fundamentalmente niños lanzan flores a ríos y al mar para homenajearlo.

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Camilo Cienfuegos: Un niño con alma guerrillera (+fotos)

Con el tiempo, Camilo se convirtió en uno de los más brillantes guerrilleros del Ejército Rebelde.

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Noventa años han transcurrido desde aquel 6 de febrero cuando por azares de la vida vino al mundo en la morada más que modesta de dos emigrados españoles, en el barrio habanero de Lawton, el niño Camilo Cienfuegos Gorriarán, signado por el destino para llegar a ser uno de los hombres más queridos y con mayor influjo en la historia de Cuba.

El alborozo por el alumbramiento que cada nuevo ser produce en un hogar bien constituido no lo fue tanto por el hecho de que Ramón Cienfuegos Flores, de Pravia, Asturias, y Emilia Gorriarán Zavalla, de Urdiales, Cantabria, ya tenían dos hijos varones: Humberto y Osmani, y estaban esperando una hembrita.

De ese día queda la anécdota de que, cuando al amanecer la comadrona se asoma a la puerta de la habitación con la criatura en brazos y le grita a Ramón: “¡Otro macho!”, este exclamó: “¡Qué pena!, Emilia quería una hembra”. Entonces hizo una pausa y con una franca sonrisa agregó: “Bueno, de tres, tres… Por lo visto los Cienfuegos no se rajan, como decía mi padre, y por eso llevará su nombre: ¡Camilo!”.

Nadie se lamentó en la humilde casa de Pocitos No. 71 y la vida siguió su curso sin que nadie vislumbrara entonces la trascendencia futura de aquel niño. Eso sí, para una familia pobre como aquella, una nueva boca obligaba a llevar los gastos a punta de lápiz y Ramón, empleado de una sastrería con trabajo intermitente, tuvo que hacer malabares para sostenerla.

Durante algún tiempo el núcleo familiar escapó como pudo, pero la situación económica se agudizó y, apenas el pequeño Camilo inició estudios en la Escuela Pública No. 96 San Francisco de Paula, empezó el peregrinar de los Cienfuegos Gorriarán en busca de casas de alquiler más bajo, lo que los llevó a cambiar varias veces de morada para al final regresar a Lawton, donde el niño finalizó sus estudios primarios en la Pública No. 105 Félix E. Alpízar.

Entre sus padres, Ramón Cienfuegos y Emilia Gorriarán.

No resulta obvio decir que fue una de las etapas más duras en la historia de Cuba, pues Camilo nace en el último año del régimen de Gerardo Machado, cuando el mundo enfrentaba una dura crisis capitalista que exacerbó en la isla las convulsiones sociales, proceso que culmina con la Revolución del 33 que derribó al tirano y que al cabo quedaría frustrada. 

UN NIÑO DE ANJÁ

De Camilo dicen sus biógrafos que era un muchacho amante de los deportes, sobre todo del béisbol, apasionado lector, amigo de hacer maldades, amable y risueño, pero muy respetuoso y serio ante sus tareas, solidario y humano. Ya hecho un joven devino bailador de primera a quien le encantaba la ciudad de La Habana y entre los lugares que más le cautivaban estaban la Acera del Louvre y San Francisco de Paula.

Quizá la primera travesura de aquel niño inquieto y rubio fue la alerta que dio una vecina a Emilia ya viviendo ellos en la Habana Vieja cuando le advirtió acerca de que gitanos se estaban robando a los niños bonitos, que tuviera cuidado.  

Ocurrió que una noche Camilo no apareció a la hora de acostarse y sus padres examinaron toda la casa, preocupados, y mientras Ramón se vestía para salir a la calle a buscarlo, Emilia fue a una puertecita en un rincón de la vivienda, la abrió, y allí estaba el muy ladino agachado, calladito, muerto de risa. Era quizá, la primera broma de alguien que tuvo siempre un excelente sentido del humor.

Un humor ajeno a las penurias económicas como las que atravesó la familia en 1937 y que la hizo mudarse para una casa prácticamente en ruinas, pero de mínimo alquiler situada en San Francisco de Paula, frente a la familia Rabaza, con la que surge una profunda amistad. Con cinco años cumplidos, Camilo empieza a asistir al kindergarten, donde continuó vivaz y bromista. De esta etapa, recordaba su padre: “Camilo fue un niño alegre, jaranero, sociable. No creo que existiera en el barrio un muchacho que no fuera amigo de él. Pero cuando te digo esto, también quiero que sepas que, cuando el momento lo requería, era muy serio”.

De esos días evocaba su amigo de la infancia José Antonio Tato Rabaza que Camilo fue distinto a sus hermanos: “Sin dudas, Camilo tuvo un carácter más travieso que los otros; y no solamente más travieso, sino más rebelde. De pequeño, el que más se fajaba era Camilo. No obstante, solo acudía a los puños cuando él o alguno de sus íntimos eran objeto de grave ofensa o ultraje”.

ATISBOS DE FUTURO

De acuerdo con su padre, mientras Camilo cursaba estudios en la Escuela Pública 105 Félix Ernesto Alpízar, de la calle Dolores, en Lawton, se aficionó a la Historia, que pronto pasó a ser su asignatura preferida; se interesaba especialmente por conocer la vida de  Martí, Maceo, Máximo Gómez y otros grandes patriotas, cuyos ejemplos calaron profundamente en él.

Es la etapa, reflejada en una foto, donde el muchacho aparece con un Winchester de juguete en posición de tendido apuntando hacia un supuesto objetivo. Rosario Rabaza, Charo, recordaba siempre a Camilo tirando con una escopetica de pellets con su hermano Tato, a ver cuál de los dos rompía más botellas o pomos, y también haciendo ejercicios o levantando pesas. Desde muy pequeño —evocó— le gustaba montar bicicleta y con el tiempo se aficionó a la natación, la pesca y las grandes caminatas por el campo.

Estas aficiones están en consonancia con su futuro guerrillero, pues con todo ello Camilo ganó en resistencia y flexibilidad, lo que, unido a su temperamento, lo hizo dinámico y arriesgado, aunque su constitución física no era fornida. Delgado y tenso como alambre acerado, se iban dando en él las condiciones para el combatiente formidable que luego llegaría a ser.

Quienes lo conocieron más íntimamente coinciden en que la atracción por las muchachas era innata en Camilo. Su hermano Humberto expresó haberle conocido varias noviecitas, “pero la que siempre le gustó fue Paquita Rabaza, la hermana de Tato; por eso casi siempre estaba en la casa de ellos, en San Francisco de Paula”.

Junto a Fidel y el Che.

SENTIMIENTO INTERNACIONALISTA

Las señales de la excepcionalidad del carácter e inclinaciones de Camilo se venían manifestando desde antes, pero la Guerra Civil Española que tanto influyó en los cubanos, pondría de manifiesto otra faceta suya, máxime cuando sus padres, Emilia y Ramón, provenían de familias pobres de la Península Ibérica.

Su padre recordaba que durante aquel conflicto (1936-1939), Camilo, contando solo con seis o siete años de edad, los acompañaba a él y a Emilia para hacer colectas de dinero que luego enviaban a su patria de origen y que, por las noches, en casa de los Rabaza, el niño ayudaba en las costuras de prendas de ropa destinadas a la Barcelona asediada por los fascistas.

Por si fuera poco, el niño decidió guardar los centavos que le daban para la merienda y cuando tenía algo ahorrado se los entregaba a sus padres, quienes contribuían económicamente con el Hogar de Niños Españoles, el cual acogía a 75 huérfanos de guerra.

Era la de Camilo una vocación innata de servir al prójimo sin importar dónde estuviese ni cuál era su origen, sentimiento que está en la raíz de una conocida frase suya: “Esos que luchan, no importa dónde, son nuestros hermanos”. Su maestro Rodolfo Fernández contó que, como era habitual en todas las escuelas, cada 20 de mayo era obligatorio realizar una fiesta cívica en cada plantel. En el acto organizado en la suya, varios alumnos declamaron poesías, entre ellos Camilo, quien recitó su poema preferido: Mi Bandera, de Bonifacio Byrne.

Luego aquel educador se emocionaba profundadamente cuando recordaba que, precisamente, con esos emotivos versos, aquel pequeño, delgado, vivaz y enérgico niño ya hecho comandante legendario, potenciaría su postrer discurso que llenó de emoción incontenible a cientos de miles de cubanos el 26 de octubre de 1959 desde un balcón del antiguo Palacio Presidencial, cuando arengó al pueblo en defensa de la patria amenazada, a 48 escasas horas de su desaparición física.

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Una batalla más allá de Yaguajay

Camilo y un grupo de rebeldes en las cercanías del cuartel de Yaguajay. (Foto: perfecto Romero)

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La batalla de Yaguajay sentó pautas en varios aspectos en nuestra guerra de liberación por resultar, con sus casi 11 días de duración, la más prolongada en el país, en tanto constituyó el cierre magistral a la campaña guerrillera del Comandante Camilo Cienfuegos al mando de las tropas del Frente Norte de Las Villas, pero no se limitó a esa localidad y sus alrededores, sino que el Señor de la Vanguardia y sus hombres proyectaron su poder en otras direcciones, antes y durante ese enfrentamiento.

Como se conoce, Camilo debió renunciar al plan inicial concebido para su Columna Invasora No. 2 Antonio Maceo de marchar hasta los confines occidentales de Cuba para llevar allá la guerra revolucionaria —tal como hizo el Titán de Bronce a finales de 1895—, pues la actitud sediciosa y hostil de un grupo armado escindido del Directorio Revolucionario 13 de Marzo en el Escambray puso allí al Che en una situación difícil.

Una vez tomada esa decisión por el Comandante en Jefe Fidel Castro, Camilo y el Che se apoyaron uno a otro por medio de constantes acciones combativas que contribuían a ganar fuerza y prestigio a la Revolución en el centro de Cuba y, al mismo tiempo, se imbricaban con los esfuerzos en pos de la unidad ineludible para el éxito de la campaña liberadora que, como objetivo intermedio, tenía el de cortar la isla en dos e impedir la llegada por tierra de refuerzos militares a la antigua provincia de Oriente.

ACCIONES PRECURSORAS DE CAMILO

Quince días después de su azarosa llegada al norte espirituano, justamente el 22 de octubre de 1958, las fuerzas combinadas de Camilo Cienfuegos y del destacamento Máximo Gómez del Partido Socialista Popular (PSP) ejecutan la primera emboscada en el Circuito Norte, con saldo de cinco soldados muertos, cuatro heridos y varios prisioneros. El 27 se repite la acción en la propia carretera y esta vez los soldados sufren siete muertos, cinco heridos y 14 prisioneros. Además, los rebeldes obtienen 22 fusiles Springfield, 4 carabinas San Cristóbal, armas cortas, granadas y municiones.

El 30 de octubre los hombres de Camilo atacan el cuartel de Venegas. Entre el 28 y el 31 de octubre, fuerzas de la Columna Mixta y de los destacamentos Máximo Gómez y Marcelo Salado, del PSP y el Movimiento 26 de Julio, respectivamente, atacaron carros ferroviarios, ocuparon bateyes, sabotearon líneas telefónicas y eléctricas, quemaron puentes, así como la estación de ferrocarril, la oficina de correos y la alcaldía de Perea.

Del primero al 3 de noviembre se actuó contra los preparativos de las elecciones fraudulentas que organizó el régimen con el propósito de perpetuarse bajo un viso de falsa legitimidad. Pero las tropas del Señor de la Vanguardia no se limitan al entorno yaguajayense, sino que el 24 toman el cuartel de Zulueta, pueblo situado en la carretera Placetas-Caibarién, con balance de cuatro heridos y siete prisioneros y la captura de 13 armas largas, municiones y pertrechos.

Entretanto, el 15 de diciembre se efectúa el segundo ataque al cuartel de Iguará, y del 16 al 20 se prepara el nuevo asalto al de Zulueta, que se realiza el 21. El 18 de diciembre, fuerzas rebeldes entran en el poblado de Meneses, que los soldados abandonan, pero caen en una emboscada en El Manguito y tienen nueve muertos y 17 prisioneros. Al día siguiente atacan Mayajigua y aniquilan una escuadra enemiga que había salido del cuartel hacia el aeropuerto.

El 21 de ese mes, las fuerzas militares comandadas por Abón Lee se ven obligadas por la presión rebelde a evacuar Mayajigua y refugiarse en el cuartel de Yaguajay, por lo que todo el norte espirituano, con la única excepción de Yaguajay, pasa a ser Territorio Libre de Cuba.

EL SEÑOR DE LA VANGUARDIA EN EL PEDRERO

Previo a estos últimos acontecimientos, a finales de noviembre de 1958 Camilo es convocado por el Che, quien se encuentra en la zona de Gavilanes, ante la inminente Ofensiva de El Pedrero —según la llamó el Ejército—, para ayudarlo en el rechazo, mientras él se ocupa de diversos asuntos, entre ellos los preparativos para la firma del histórico pacto con el Directorio Revolucionario 13 de Marzo, fijada para el primero de diciembre en ese poblado intramontano.  

En el encuentro con el Che, este informa a Camilo del avance enemigo y él asume transitoriamente el mando conjunto del contingente de la Columna No. 2 que llevó consigo y el de la Columna No. 8 Ciro Redondo del argentino-cubano, especialmente de los pelotones de Joel Iglesias, Ángel Frías y Manuel Hernández, que operan las zonas de El Corujo, Carpintero y Sipiabo, en ese orden, donde enfrentaron emboscadas, escaramuzas y combates.

Cuatro días después el Ejército se retira vencido desde El Pedrero, hacia Fomento, y de Mota y la zona de Santa Lucía, hacia Cabaiguán, con numerosas bajas, dejando en manos rebeldes un valioso armamento. Derrotada la ofensiva enemiga, Camilo se entrevista con el Che y retorna al Frente Norte.

La colaboración estrecha de Camilo y Che no se detuvo un momento a lo largo de la ofensiva final contra el régimen de Fulgencio Batista, contactos que tienen lugar de manera personal con visitas mutuas a sus respectivos frentes de combate, pero también por vía telefónica, por medio de mensajeros y a través de las radioemisoras rebeldes de onda corta. De esos contactos radiales incluso el régimen, que los grababa, obtuvo versiones que hoy se conservan.

En distintos textos sobre el tema y artículos de prensa aparecen testimonios que confirman la participación de guerrilleros de Camilo en los combates por la liberación de Placetas y otras acciones más allá de Yaguajay. El ya fallecido Luis Manuel González Castro, a quien Camilo bautizó como Manolo Matojo, informó hace algunos años a este redactor acerca de la misión que le dio el jefe al pelotón donde servía, de ir a tumbar el puente de hierro de Camajuaní para prevenir la llegada de refuerzos enemigos por ese lado.

Camilo, quien se apareció de forma sorpresiva en el lugar a verificar cómo se cumplía su orden por aquello de: “Confía, pero comprueba”, se enfrentó con un jeep de guardias a los cuales tiroteó y causó la muerte a un temido esbirro llamado El Látigo y varios heridos. “De ahí —recordaba Manolo—, por orden de Camilo nos vamos a Placetas a reforzar al Che, que estaba atacando esa población. Al frente de nuestra fuerza de más de 60 hombres iba el capitán Antonio Sánchez Díaz, Pinares. El Che inició los preparativos para marchar sobre Santa Clara y nosotros mantuvimos el cerco al cuartel, que se rindió a las cuatro o las cuatro y pico de la tarde del 24 de diciembre de 1958”.

A POR YAGUAJAY

La noche del 21 para el 22 de diciembre de 1958, unos 250 rebeldes bajo el mando del Señor de la Vanguardia comenzaron la batalla final del Frente Norte de Las Villas contra unos 350 militares del Ejército de la tiranía apostados en distintos lugares de Yaguajay, con el cuartel, situado en las afueras por la carretera al central Vitoria, como punto vital de su resistencia.

A partir del día 23, los hombres de Camilo atacan los distintos objetivos militares dentro de la localidad y el 24 se arrecia el fuego hasta lograr la rendición del Hotel Plaza, la Estación de Policía, el Ayuntamiento, la Colonia Española y la Planta Eléctrica, cuyos defensores huyen hacia el recinto militar a campo traviesa, pero sufren 18 bajas entre muertos, heridos y prisioneros.

El entonces capitán Pinares entró en el reducto enemigo para hablar con Alfredo Abón Lee, jefe de la tropa sitiada, con el objetivo de conminarlo a la rendición. Este maniobra y pide más tiempo, por lo que viene personalmente Camilo a hablar con él, pero tampoco acepta rendirse.

Por esa razón, el 24 de diciembre Camilo ordenó la construcción de una especie de tanque rudimentario sobre la base de un buldócer en el central Narcisa, luego Obdulio Morales. En la noche del 25 de diciembre, en medio de la oscuridad nocturna, el pesado vehículo se acercó traqueteando sus esteras a la parte frontal del cuartel, causando fuerte impresión en los guardias allí confinados, pero el equipo tuvo desperfectos técnicos y no pudo cumplir la misión asignada.

Debido a ello retrocedió aquel armatoste y, después de serle reparados algunos desperfectos, volvió a acercarse al cubil enemigo donde, repuestos de la sorpresa inicial, los soldados empezaron a lanzarle granadas y a hacerle fuego con una bazuca hasta lograr averiarlo, luego de lo cual el llamado Dragón I se retiró a duras penas, preservando la vida de sus tres tripulantes.

También se intentó obtener la rendición de los sitiados tratando de incendiar la instalación y, luego, lanzando contra su parte trasera un vagón de ferrocarril cargado de explosivos, que permitió derribar en parte el muro exterior de la edificación, pero sin resultados decisivos. No obstante, todo esto fue minando la moral de los cercados, agobiados por la falta de agua y alimentos, el hedor de los muertos —enterrados a flor de tierra en el patio— y los lamentos de los heridos, a los que resultaba imperativo evacuar con urgencia para tratar de salvarles la vida.

El 31 de diciembre empiezan a disparar contra el cuartel un mortero y una bazuca enviados a Camilo por el Che, quien lo visitó varias veces en los días que duraron los combates para conocer la marcha de la acción y le aconsejó prudencia a fin de preservar a sus hombres de una inmolación inútil y evitar que los cercados escaparan por mar con la ayuda de unidades navales del régimen.

Finalmente, ante el incremento de la presión rebelde, el paulatino derrumbe del muro frontal por la bazuca y el aumento del número de heridos a causa de los morterazos que estallaban dentro del recinto, Abón Lee acepta la capitulación, próximas las seis de la tarde del 31 de diciembre.

Yaguajay se incorporaba así al territorio libre de Cuba. Un arsenal de cerca de 400 armas caía en manos rebeldes. Estas armas y las que el Che reunía en Santa Clara eran suficientes para emprender la marcha a la capital del país, la cual debían iniciar ambos jefes invasores para darle el golpe final a la dictadura de Fulgencio Batista. Pero el dictador no aceptó el reto y escapó a República Dominicana en la madrugada del primero de enero 1959.

Con total simbolismo, la Revolución cubana llegaba al poder el primer día del primer mes de ese año, para iniciar con ello un cambio de época en este continente. 

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La ofensiva incontenible de Las Villas (+fotos)

El genial guerrillero fue cumpliendo uno a uno los objetivos intermedios de la campaña liberadora en suelo villareño. (Foto: Archivo)

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Mucho se ha escrito acerca de aquellos días de diciembre de 1958, específicamente sobre la liberación de pueblos y ciudades en la región central cubana, pero nunca quedó claro si la toma de Santa Clara era un fin en sí mismo derivado de la orden expresa del Comandante Fidel Castro al Che Guevara de batir incesantemente al enemigo en el territorio central de Cuba e interceptar hasta su total paralización los movimientos de tropas enemigas por tierra desde occidente a oriente.  

Lo cierto es que fueron los avances constantes y progresivos del Frente de Las Villas y del Frente Norte, bajo el mando respectivo de los Comandantes Ernesto Che Guevara y Camilo Cienfuegos, los que permitieron ir logrando los objetivos tácticos que se fijó el mando rebelde, ejercido por el Che, y que, una vez desatada la ofensiva final contra el régimen pusieron a Santa Clara en la mira guevariana, como factor que podía acercar la victoria en 1958 ante el peligro de intervención de Estados Unidos en la guerra de liberación.

Por tanto, la batalla de Santa Clara fue la culminación lógica de la victoriosa campaña insurgente en esta parte del país, llevada a conciencia por el Che, quien devino en el curso de nuestra guerra de liberación un maestro de la táctica y la estrategia guerrilleras.

Así, desde la llegada de las columnas invasoras al norte espirituano y a las montañas de Guamuhaya en la primera mitad de octubre de 1958, el Che puso todo su énfasis en la unidad de las fuerzas revolucionarias, pero al no lograrla ante la actitud sectaria del II Frente Nacional del Escambray de Gutiérrez Menoyo, optó por aislar a ese grupo escindido del Directorio Revolucionario 13 de Marzo y llevar adelante la lucha en estrecha coordinación con ese movimiento y con las fuerzas del Partido Socialista Popular en la antigua provincia de Las Villas.

Camilo fue una especie de brazo derecho del Comandante Guevara en Las Villas, con sus aptitudes excepcionales de jefe guerrillero.

LA OFENSIVA FINAL

Una vez consolidado el Frente Norte al mando del Comandante Camilo Cienfuegos con el control de una extensa región que se extendía desde los límites con la actual provincia de Ciego de Ávila hasta las inmediaciones de Caibarién, que tenía a Yaguajay como centro, el Che, quien ya dominaba la mayor parte del macizo escambraico, movió sus fuerzas hasta Manaca Ranzola y El Pedrero, en el municipio de Fomento, lugares desde donde dirigió el rechazo de la última gran ofensiva del Ejército batistiano contra las zonas liberadas en el territorio central de Cuba.

Tras ese éxito obtenido entre el primero y el 5 de diciembre de 1958, el Che y Camilo se dedicaron febrilmente a preparar nuevas acciones que desembocarían en la ofensiva final contra el régimen, iniciada el 12 de diciembre con la ocupación del central Escambray y el derribo del puente sobre el río Calabazas, acciones seguidas el 15 con la destrucción del puente de Falcón, en la carretera Central y el inicio al día siguiente del asalto a Fomento y la toma de Báez, en tanto Camilo estrechaba el cerco a Yaguajay. 

Como parte de estas acciones enmarcadas en la ofensiva final, el propio 15 de diciembre, tropas bajo el mando de Camilo Cienfuegos toman el poblado de Iguará y el 16 es liberada Tunas de Zaza por un comando del Directorio Revolucionario 13 de Marzo y ocupado Mapos por milicianos del capitán Erasmo Rodríguez, nombre de guerra del luchador proletario Armando Acosta Cordero.

El 17, una guerrilla rebelde ocupa Taguasco cuando los soldados del régimen lo abandonan ante el avance de las fuerzas revolucionarias. Ese propio día y a consecuencia de la emboscada de El Manguito, colocada por combatientes de Camilo, Meneses pasa a ser territorio libre.

Un salto cualitativo en la campaña recién iniciada ocurre el 18 con la liberación de Fomento, primer municipio villareño en manos rebeldes en el centro de Cuba, donde se combatía desde la madrugada del 16 de diciembre. En rápida progresión, el 20 de diciembre tropas rebeldes incursionan en Banao —que había sido atacado inicialmente el 5 de ese mes—, y lo toman.

Ese propio día Mayajigua pasa a ser territorio libre cuando fuerzas combinadas de la Columna No. 2 Antonio Maceo, al mando de William Gálvez, y del Destacamento Máximo Gómez, de Félix Torres, vencen a los soldados de la tiranía, quienes se retiran a Yaguajay hostigados por el fuego insurrecto.    

Las 72 horas siguientes marcan pautas en esa ofensiva que se torna incontenible cuando son liberados sucesivamente los pueblos de Guayos y Cabaiguán los días 21 y 22 de ese mes final de 1958, y Sancti Spíritus pasa también a ser territorio libre el 23 cuando la guarnición de cerca de 400 soldados abandona la villa bajo el fuego de los barbudos del capitán Erasmo Rodríguez, del Movimiento 26 de Julio, y del Directorio Revolucionario 13 de Marzo, al mando del comandante Julio Pérez Castillo, rumbo a Jatibonico. 

Mientras el Che y Camilo arremeten y toman  Placetas, Remedios y Zulueta, contingentes del Directorio al mando del Comandante Faure Chomón atacan Trinidad el 28 de diciembre y la liberan el 30 cuando los soldados son evacuados por mar desde Casilda hacia Cienfuegos. También el 28, pelotones de la guerrilla de Erasmo Rodríguez inician el asalto a Jatibonico y liberan el 30 la población, cuyo cuartel se rinde posteriormente.

Entretanto, cerca de 350 guardias del régimen resisten en el cuartel de Yaguajay las embestidas de las tropas de Camilo, que asaltaron esa población en la noche del 21 y liberaron la localidad el 24, cuando obligaron a los soldados que defendían varios puntos fuertes en ella, a huir hacia el recinto militar que capitula finalmente el 31, luego de 10 días de asedio.

La estrategia del Che y el apoyo del pueblo hicieron impotentes a más de 3 000 soldados y 22 blindados enemigos en Santa Clara.

LA BATALLA POR SANTA CLARA

Un factor en extremo importante en la ofensiva de finales de 1958 en el centro de Cuba es que las acciones para la toma de Santa Clara comienzan el 28 de diciembre, el mismo día en que fuerzas rebeldes inician el asedio a Trinidad y Jatibonico, cuando aún combate en Yaguajay un fuerte contingente militar sitiado en su cuartel.

El Che, que desde inicios de mes —e incluso—  sentó plaza en Manaca Ranzola y El Pedrero, dejó como retaguardia de sus huestes el campamento de Caballete de Casa, como una especie de Plan B en caso de que la dictadura lograra frenar la ofensiva rebelde y hubiese que retroceder temporalmente como maniobra táctica. Pero ello era una posibilidad remota.

La agudeza singular del argentino en los planos político y militar le permitía ver en perspectiva. Por eso expresó en aquellos días acerca de las posibilidades de resistencia del adversario: “Creo que estamos al borde de un colapso. Si factores ajenos a la nación intervienen, quizás se mantenga algo. De todas maneras, las fuerzas populares son tan grandes, que el colapso es inevitable. Estimo que el factor intervencionista en este momento no debe producirse por el amplio espíritu revolucionario de todo el pueblo cubano».

No obstante, de una cosa si está absolutamente seguro el argentino y es sobre la necesidad de arreciar la ofensiva para no dar oportunidad de recuperación al enemigo ni tiempo al imperio para preparar y desatar una invasión.

Ello explica su rápido movimiento en dirección a Santa Clara, capital de la provincia de Las Villas y centro ferroviario y carretero de primera importancia. Cuando sus fuerzas llegan a las inmediaciones de la ciudad de Marta Abreu, ya cuentan con una retaguardia segura, pues dominan el territorio en general y la carretera y el Ferrocarril Central hasta Jatibonico en un trecho de más de 100 kilómetros. Para la dictadura no tenía entonces razón enviar refuerzos a Yaguajay o Trinidad, si la propia capital provincial estaba bajo asalto. 

Y esa plaza fue atacada desde la carretera de Camajuaní y la carretera Central por tropas del Movimiento 26 de Julio y también por la de Manicaragua por fuerzas del Directorio que sumaban de conjunto algo más de 300 hombres bien armados, número que se fue ampliando con otras procedentes de los reclutas de Caballete de Casa y guerrilleros de distintos sitios del territorio liberado.

Puntos álgidos de la batalla fueron el desalojo de los guardias emboscados en El Capiro, quienes huyeron a refugiarse en el tren blindado; la captura del propio tren, descarrilado al tratar de escapar de la emboscada; el bloqueo de las calles con todos tipo de obstáculos y vehículos para que no pudieran pasar los tanques y tanquetas del régimen, así como el ataque a la Estación de Policía, la Cárcel, la Audiencia y el Gran Hotel. A poco se fueron rindiendo de forma progresiva el Cuartel de los Caballitos y el Gobierno Provincial que cayeron el día 30 y el Escuadrón 31, la Cárcel y la Estación de Policía, el 31 de diciembre.

Las fuerzas enemigas que se hallaban en la Audiencia y el Gran Hotel continuaron resistiendo hasta la mañana del día primero, así como el aeropuerto, que aunque no fue atacado, se rindió también. Ya Santa Clara era territorio libre y solo quedaba el Regimiento Leoncio Vidal con una tropa de unos 2 000 hombres, desmoralizados tras la partida con rumbo indefinido de su jefe, el coronel Casillas Lumpuy, luego atrapado cerca de Santo Domingo. Aislado y asediado por los rebeldes, rearmados con el cuantioso arsenal ocupado en el tren blindado, al Regimiento no le quedó otro recurso que capitular poco después.

Con la toma de Santa Clara se obtenía el control político, administrativo y militar de la provincia de Las Villas, y todos los traslados de tropas hacia Oriente tenían que hacerse por vía aérea, para lo cual harían falta una considerable cantidad de aviones, de los cuales el régimen no disponía. Además, ¿para qué enviar tropas a 800 o 1 000 kilómetros de distancia si los rebeldes ya estaban de La Habana a menos de 300? Ello precipitó la fuga del tirano. El Comandante Guevara había cumplido con creces la orden que le dio Fidel.

El Pedrero y Caballete de Casa quedaron como retaguardia de un hipotético repliegue.

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Camilo sigue vivo en la obra de la Revolución (+fotos)

En el homenaje por el aniversario 62 de la desaparición física de Camilo Cienfuegos participó una representación de los combatientes del Frente Norte, trabajadores, estudiantes y pobladores de esta localidad liberada por el Comandante del sombrero alón
Yaguajay, en nombre de Cuba toda, rindió tributo al Comandante Camilo Cienfuegos en el aniversario 62 de su desaparición física. (Fotos: Vicente Brito/ Escambray)

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Con un acto conmemorativo el pueblo y las autoridades del municipio espirituano de Yaguajay rindieron tributo en la mañana de este jueves 28 de octubre al Comandante Camilo Cienfuegos Gorriarán en recordación del aniversario 62 de su desaparición física.

En la amplia explanada frente al Complejo Histórico dedicado a su memoria, retumbaron las palabras del héroe pronunciadas el 26 de octubre de 1959 en los días en que Cuba enfrentaba una situación comprometida por la defección de un alto jefe militar en la provincia de Camagüey.

En aquellos trajines se encontraba el Héroe cuando, al regresar en un pequeño avión desde la ciudad de los tinajones en la tarde-noche del 28 de octubre de aquel primer año de la Revolución en el poder, desapareció físicamente para alcanzar dimensión de eternidad y de leyenda.

Esas circunstancias complejas se reeditan hoy en los intentos sediciosos de ciertos grupos de individuos que, dirigidos, alentados y financiados desde el exterior, intentan hoy por todos los medios subvertir el ordenamiento sociopolítico de Cuba y su pueblo para cambiar su régimen e imponer uno sumiso al norte revuelto y brutal que nos desprecia, lo que fue destacado ante los presentes por Mileidys Milán Barnés, primera secretaria del Partido en ese norteño municipio, al pronunciar las palabras de resumen.

El tributo incluyó florales junto al nicho vacío dedicado simbólicamente a Camilo.

La dirigente partidista expresó que para la gran mayoría de los cubanos Camilo sigue vivo, no solo en este Complejo Histórico dedicado a su memoria y en el cuartel que él asaltó y tomó, hoy convertido en hospital, sino que están su historia y su ejemplo, la huella dejada en nuestros compatriotas de todas las edades, porque él dedicó su corazón y su vida a la obra de la Revolución.

En las líneas finales de su discurso, Mileidys Milán recordó las palabras de Fidel sobre el hombre del sombrero alón, pronunciadas 15 días después de su partida física: “Porque lo único que podemos pedirle a nuestro pueblo es que cada vez que la Patria se encuentre en un momento de peligro, se acuerde de Camilo; cada vez que el pueblo vea momentos difíciles, los hombres jóvenes, los campesinos, los obreros, los estudiantes, cualquier ciudadano crea un día que el camino es largo, que el camino es difícil, se acuerde de Camilo”.

La solemne ceremonia fue marco propicio para entregar a un grupo de trabajadores destacados el carné que los acredita como nuevos militantes del Partido. Asimismo, jóvenes estudiantes y trabajadores recibieron sus carnés de la UJC, pasando a formar parte del relevo de la organización política de vanguardia de la sociedad cubana actual.

Un grupo de trabajadores y jóvenes destacados recibieron el carné del Partido y la UJC, respectivamente.

Este acto, que se inició con la colocación de una ofrenda floral por estudiantes y combatientes junto a al estatua del Señor de la Vanguardia en la parte frontal del Complejo Histórico, concluyó con la ya tradicional tributación de flores en una alberca ubicada en la parte posterior del museo. 

Seguidamente, los asistentes, encabezados por dirigentes de las organizaciones políticas y de masas, pasaron luego al Mausoleo que guarda los restos de los mártires del Frente Norte y de los integrantes que han fallecido después, para rendirles tributo con nuevas ofrendas florales junto al nicho vacío dedicado simbólicamente a Camilo y el túmulo de la llama eterna, mientras estudiantes y trabajadores dejaban una flor en cada sepulcro.

Presidieron además este acto conmemorativo, Osbel Lorenzo Rodríguez, miembro del Buró Provincial del Partido en Sancti Spíritus; el General de Brigada Omar Pérez Ledo, jefe de la Región Militar; José Alexis Rodríguez, vicepresidente de la Asamblea Municipal del Poder Popular, así como otros dirigentes del Partido, el Gobierno, la UJC y las organizaciones de masas.

La ceremonia concluyó con la ya tradicional tributación de flores al Señor de la Vanguardia.

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El más brillante de los guerrilleros y el más humano de los hombres (+fotos)

A su paso por cada rincón de Yaguajay, Camilo dejó la huella de su vocación social.

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Apenas tenía 26 años cuando partió de la Sierra Maestra al frente de la Columna No. 8 Antonio Maceo; estaba por escribirse la proeza de 48 días de marcha, hazaña que lideró a pura tenacidad y ejemplo y donde solo accedieron a comida cocinada 11 veces, incluido el día en que consumieron una yegua medio cruda y sin sal, como recoge la historia.

Ya al iniciar la Invasión en aquel agosto de 1958, Camilo Cienfuegos había demostrado lealtad, arrojo y aptitudes para la guerra irregular; tiempo antes Fidel dio una prueba inequívoca de su confianza en él cuando es el primero que baja a los llanos del río Cauto al frente de una tropa rebelde. Pero el más brillante de todos los guerrilleros, al decir del Che, además cargaba en la mochila de su alma ética, valores y sensibilidad.

Para mirar al interior del Señor de la Vanguardia, como también fuera bautizado, es casi obligado hacerlo por intermedio de Gerónimo Besánguiz Legarreta, director del Complejo Histórico Comandante Camilo Cienfuegos, no solo por esa dedicación al estudio y preservación del legado del Héroe de Yaguajay, sino porque tuvo el privilegio de haber conversado de primera mano con muchas de las personas que compartieron trincheras con el legendario guerrillero, lo acompañaron en la invasión y en los meses que vivió después del triunfo de la Revolución.

Escambray rememora pasajes humanos de Camilo, algunos poco conocidos, pero todos reveladores del líder humano, sencillo, bondadoso, alegre y formador que fue; llevaba dentro la decencia de la educación inculcada por sus padres y apego a las normas cívicas. Era un hombre dotado de singular capacidad para reaccionar con inmediatez ante los hechos o dar respuestas exactas a las más imprevistas situaciones.

LAS NARANJAS HAY QUE PEDIRLAS

En este recuento de facetas personales del Comandante Camilo, Besánguiz Legarreta hace alusión a la anécdota relacionada con una niña en Venegas, cuando las fuerzas rebeldes toman la localidad como parte de la ofensiva del Frente Norte de Las Villas a finales de 1958.

“Allí el cuartel tenía al lado una casilla del ferrocarril y pegado vivía una muchachita con su familia; se produce el ataque al poblado, la rendición y se le prende candela al cuartel. Enseguida sale la niña y se abraza a Camilo diciéndole que le iban a quemar su casa. De momento Camilo no se percata, pero cuando se da cuenta, inmediatamente convocó a todos allí a detener la candela para preservar la casa. Él subordinó la destrucción del cuartel ante aquel reclamo de una familia muy pobre”.

Relata el también Historiador de Yaguajay: “El día que va la columna para Juan Francisco, pasa por la casa de un campesino. Camilo iba delante y estaba hablando con los dueños cuando ve a algunos miembros de la tropa comiendo naranjas. Enseguida preguntó: ‘¿Y esas naranjas quién se las dio?’. La mujer de la casa trató de interferir, pero Camilo no entendió. ‘Las naranjas hay que pedirlas, ahora devuélvanlas’, dijo. Eso te da la magnitud del respeto a lo ajeno, de la disciplina que le exigía a la tropa”.

Besánguiz hace la observación de que Camilo venía de Oriente con personas que en su mayoría no sabían leer ni escribir, por eso su principal herramienta para lograr la disciplina en la tropa era el ejemplo. “Si había que caminar, él era el que más caminaba; nunca comía de primero, siempre era el último, y la intención principal era que a todos tocaran raciones iguales. Basta con pensar cómo se vivía en el campo y que a cualquier casa campesina de la época le llegaran de pronto 90 hombres a comer”.

Muchos de estos pasajes acontecieron en medio de la guerra, de ahí la espontaneidad de las situaciones que se presentaban. Llama la atención la respuesta inmediata que daba Camilo. Por ejemplo —rememora el historiador—, en una ocasión un colaborador se quejó de un miembro de la tropa que estaba utilizando una expresión racista; al instante Camilo le aclaró: “En la Columna No. 8 hay un solo color de piel”.

Describe también Besánguiz Legarreta que Camilo, al igual que Sergio del Valle, hizo mucha relación con la familia de Tomasito Álvarez, uno de los más destacados colaboradores del Frente Norte. Había una hermana de Rosalba —novia de Camilo e hija de Tomasito— que tenía problemas de audición. Después del triunfo revolucionario, Sergio del Valle llevó a la muchacha a La Habana porque Camilo insistió que la vieran los médicos. Allí Camilo la invitó a una comida.

“Imagínate, esa muchacha era de una familia muy humilde, adaptada a las costumbres de un bohío. En el restaurante sirvieron pollo, los demás en la mesa empezaron a comer, pero Camilo se da cuenta de que la muchacha no atinaba a nada; entonces le dice: ‘Vamos a comer el pollo como lo comen en tu casa’, y él fue el primero que agarró la posta con la mano, entonces enseguida ella lo imitó. Camilo se puso a la altura de aquella guajirita”.

Camilo no fue solo un gran estratega militar, sino un extraordinario ser humano.

CURA ES MÁS QUE CAPITÁN

Camilo daba respuestas con una agilidad increíble, reitera el historiador, y narra otra anécdota. “En Yaguajay había un cura y la Iglesia apoyó la lucha rebelde, incluso hay una foto en el Museo en la que aparece Camilo acostado en medio del parque, frente a la Iglesia, con una ametralladora fajado con una avioneta, y el sacerdote al lado aguantando la cinta de balas.

“En medio de aquellas jornadas de la batalla, el cura habla con el jefe del Movimiento del 26 de Julio en Yaguajay pidiéndole que interceda con Camilo para ver si le podían dar los grados de capitán. Parece que dentro de tantas ocupaciones no se hace la gestión, en uno de aquellos días el propio cura se encuentra a Camilo en el portal del Ayuntamiento y directamente lo aborda con la aspiración a los grados de capitán. Camilo le dice enseguida: ‘Mire, padre, desde que salí de la Sierra Maestra yo tengo en mi columna tres capitanes y no tengo cura; cura es más que capitán’, ahí terminó aquel asunto”, apunta Gerónimo.

Está también la anécdota de Ramón López, dueño de una tienda mixta grande situada en el central Narcisa, refiere el historiador. “Camilo encargaba las compras ahí, enviando papelitos.

Lawton (Roberto Sánchez Bartelemy), que era el tesorero de la tropa, me contó que el 30 de diciembre Camilo lo mandó a la tienda. Le dio a Ramón la lista para comprar; cuando el dueño sacó cuentas aquello pasaba de 1 000 pesos. Refirió Lawton que Ramón le dijo: ‘Óyeme, dile a Camilo que esto se ha pasado de 1 000 pesos, que no soy un hombre rico y con ese dinero es que yo reciclo para mantener la tienda surtida’.

“Entonces Lawton le respondió: ‘Bueno, Ramón, imagínese, el problema es que la guerra es muy cara’; y Ramón le contestó: ‘Dígamelo a mí, que la estoy pagando yo solo’. El mismo Lawton vino a Narcisa a finales de febrero de 1959 con una maleta con dinero a pagar allí y en otras tiendas las deudas que había. Camilo tuvo siempre mucho control de toda esa contribución y agradecía esa ayuda”, detalla el director del Complejo Histórico.

Camilo mantuvo mucho intercambio con los pobladores de la zona del Frente Norte, en los 301 días que vivió en la Revolución.

FULGENCIO ES EL PERRO

Recuerda Besánguiz Legarreta que Orestes Guerra, jefe de la vanguardia en la columna invasora, le contó una anécdota de los llanos de Oriente. Resulta que Camilo tenía una camarita en la mochila de Orestes, pero estaba rota; un día, mientras los rebeldes andaban cerca de Bayamo, se topan con unos pescadores.

“Después de intercambiar con ellos, a Camilo se le ocurre decirles: ‘Vamos a tirarnos unas fotos’, y le hizo señas a Orestes para que las tomara. Orestes sabía que la cámara, aunque tenía rollo, no servía, pero acató la indicación de Camilo. Después de las supuestas fotos, Camilo les dijo: ‘Óiganme, ustedes no pueden contarle de este encuentro a nadie porque estamos aquí en secreto; si dicen algo y nosotros dejamos esa cámara por ahí y los guardias revelan el rollo, en qué problema se meterían ustedes’. Mira qué ardid usó Camilo para evitar una delación”.

Gerónimo evoca la influencia de los padres en la formación de Camilo, en particular de Ramón, un hombre muy revolucionario para su época, subraya.

“Una de las veces que registraron la casa de la familia en La Habana —relata—, el padre podía haberse escudado en las ocurrencias de Camilo; sin embargo, no lo hizo. Resulta que por los días del golpe de Estado de Batista en 1952 llega un perrito a la casa, Camilo lo recoge y le puso Fulgencio.

“Después él se va a Estados Unidos, estando allá escribe una carta y, dentro de otras cosas, Camilo les dice a los padres: ‘Cuídenme mucho a Fulgencio, saludos para él’, y cosas así. En el registro un guardia ve la carta, la lee y le dice a Ramón: ‘Tu hijo habla bien de Fulgencio’, pero qué va, el viejo cortó por lo sano y sin reparar en los riesgos que corría le ripostó: ‘Mi hijo nada, Fulgencio es el perro”.

El carisma y la fidelidad del Señor de la Vanguardia resultaban proverbiales.

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Che y Camilo, una amistad extraordinaria

El Señor de la Vanguardia siempre estuvo consciente de la visión estratégica del Guerrillero Heroico y lo respetaba enormemente.

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Relatos disimiles acerca de los últimos preparativos de los revolucionarios cubanos en México para la proyectada expedición del Granma en octubre de 1956 hablan de la siempre destacada actitud del Che, como dieron en llamar al sagaz argentino incorporado a la empresa libertaria de Cuba liderada por Fidel Castro, en cuanto a asumir cada tarea asignada con la mayor diligencia.  

Desde los primeros momentos fueron rasgos distintivos de aquel hombre una preparación profesional y político-conceptual superior a la de la mayoría de sus compañeros, pues era médico, había ejercido su profesión en un leprosorio peruano en el corazón de América del Sur y realizado estudios de Marxismo, una teoría política que la generalidad de sus camaradas de epopeya, excepto Fidel y Raúl Castro, apenas percibían.   

Siempre útil como médico y como revolucionario latinoamericano, firme en sus convicciones, el argentino destacaba además por la profundidad de su pensamiento, más pulido a partir de sus experiencias en la Guatemala de Jacobo Árbenz, derrocada en 1954 mediante un golpe orquestado por la CIA, y los años de supervivencia en las calles de Ciudad de México, donde ejerció como médico, fotógrafo aficionado, artesano y vendedor callejero.

Una amistad profunda surgiría entre aquel hombre nacido en Rosario, Argentina, el 14 de junio de 1928, y Camilo Cienfuegos, un habanero de Lawton, último en incorporarse a los futuros expedicionarios del yate Granma, venido al mundo el 6 de febrero de 1932, al parecer destinados ambos por las circunstancias a encontrarse e influir marcadamente en la historia de Cuba.  

Se ha dicho que no existen evidencias de la relación de Che y Camilo en los tiempos en que el segundo fue enviado al campamento de Abasolo, Tamaulipas, a recibir de forma intensiva los últimos y necesarios entrenamientos antes de la partida hacia Cuba del pequeño yate Granma con los 82 expedicionarios a bordo. Se afirma que durante la azarosa travesía de Tuxpan a tierra cubana, a donde arribaron el 2 de diciembre de 1956, apenas si se habrían cruzado unas pocas palabras entre ellos.

Lo mismo ocurrió en los tres días comprendidos entre el desembarco —naufragio casi— y el desastre de Alegría de Pío, donde fueron sorprendidos por el ejército batistiano, por lo que el contingente se dispersó en grupos pequeños y combatientes solitarios que partieron en distintas direcciones; a muchos les esperaron la tortura y la muerte.

Pero lo cierto es que Che y Camilo llegaron prácticamente juntos el 18 de diciembre del citado año a la casa de Mongo Pérez en Purial de Vicana, y que, en lo adelante, su relación no haría más que crecer y profundizarse cuando cada uno fue descubriendo en el otro cualidades dignas del mayor elogio.

De los días iníciales de la guerrilla, bajo la amenaza continua del peligro, el Che refiere una anécdota que pone en evidencia la debilidad gastronómica del futuro Señor de la Vanguardia. Escribió el argentino: “Camilo tenía hambre y quería comer; tuvimos fuertes broncas con Camilo porque quería constantemente meterse en los bohíos para pedir algo y dos veces por seguir los consejos del “bando comelón” estuvimos a punto de caer en las manos de un ejército que había asesinado allí a decenas de nuestros compañeros.

“Al noveno día la parte ‘glotona’ triunfó: fuimos a un bohío, comimos y nos enfermamos todos, pero entre los más enfermos, naturalmente, estaba Camilo, que había engullido como un león un cabrito entero”.

Pero este tipo de situaciones dejó pronto el camino expedito a otras que ya venían gestándose, como cuando, a raíz de la dispersión de Alegría de Pío, el Che sorprendió con sus compañeros a tres expedicionarios dormidos y exhaustos y los tomó prisioneros con el consiguiente y aleccionador responso. Entre ellos estaba Camilo, quien no olvidó el incidente, y tiempo después, cuando esperaban para enfrentar una tropa del coronel Ángel Sánchez Mosquera, detectaron un grupo de supuestos enemigos en una elevación cercana y arremetieron a tiros contra ellos.

Poco minutos más tarde el jefe “enemigo” se rendía enarbolando un pañuelo blanco. Era el Che, que se había percatado del peligroso choque casual entre dos grupos de la misma guerrilla. Zanjado el incidente, habían quedado en paz. Pero el Che no estaría nunca a cubierto de las bromas de Camilo que él llamaba jocosamente camiladas, y que, pese a su carácter seco y reservado, le divertían.

Si algún valor tuvieron aquellos encuentros y desencuentros fue que propiciaron el acercamiento progresivo entre esos dos caracteres distintos, y que, gracias en primer lugar al Che, el Camilo un tanto disperso e indisciplinado de los primeros momentos fue dando paso al guerrillero responsable y disciplinado que resultaría después.

El Che describe como inicio de ese proceso la conversación que tuvieron un día de intensa hambre en que él había perdido su ración de alimentos y Camilo, con total solidaridad y desprendimiento compartió con él su única lata de leche mientras platicaban de sus familias respectivas y de comida.

“Hasta ese momento, no éramos particularmente amigos; el carácter era muy diferente. Desde el primer momento salimos juntos. Desde el Granma, desde la derrota de Alegría de Pío estábamos juntos, sin embargo, éramos dos caracteres muy diferentes. Y fue meses después que llegamos a intimar, extraordinariamente”, confesó el argentino años más tarde.

Cuando sobreviene el ascenso del Che a Comandante y su consiguiente nombramiento por Fidel al frente de la recién creada Columna No. 4 del Ejército Rebelde, ya Che y Camilo son amigos y el habanero bromista y guasón deviene cada vez más un alumno ejemplar de aquel americano meridional, al que toma como ejemplo por sus cualidades como hombre y como guerrillero.

Camilo quizá aprecia como pocos que el Che, un latinoamericano nacido bajo otros cielos, hubiese decidido arriesgar su vida con total desinterés en el empeño de la libertad de Cuba. A su vez, le cupo al Che el haber descubierto en Camilo las cualidades del combatiente portentoso que llegaría ser en la última etapa guerrillera de la Revolución cubana.

Camilo nunca olvidaría que fue el Che quien le recomendó a Fidel para liderar su histórica incursión a los Llanos del Cauto, donde sentó cátedra de estratega cumpliendo con creces las instrucciones recibidas de llevar la organización y las leyes revolucionarias al territorio crucial en torno a la ciudad de Bayamo. Fue una labor magistral que solo interrumpió cuando fue llamado con urgencia a la Sierra Maestra para enfrentar la ofensiva general del ejército de la dictadura contra la Comandancia General del Ejército Rebelde en esa cordillera.

Derrotada la llamada Ofensiva de Verano, Fidel decide aprovechar ese triunfo extraordinario y su repercusión en todos los frentes para reeditar la gran hazaña de la Invasión a Occidente que Máximo Gómez y Antonio Maceo realizaron en diciembre de 1895 frente al enemigo colonialista. Para ejecutar ese plan estratégico, el Comandante en Jefe elige al Che y a Camilo. A fines de agosto de 1958 las columnas invasoras se ponen en marcha.

Ya Che y Camilo no son solo compañeros de lucha, comandantes y responsables de un golpe a fondo contra la tiranía batistiana; son también amigos en el pleno sentido de la palabra. El Che sigue siendo recto y austero, profundo y agudo, y Camilo guasón y bromista, cuyas chanzas tocan a todo el mundo, sin excluir al argentino, pero ya con un sentido de la responsabilidad ejemplar.

Así, un día durante las primeras jornadas de marcha la Columna No. 2 Antonio Maceo, que Camilo comandaba, llega casi de noche aún al campamento de la Columna No. 8 Ciro Redondo, cerca del río Salado, y derriba al Che de su hamaca, embistiéndolo con su caballo. Según relató luego Walfrido Pérez, “desde el suelo, enredado aún en su frazada, el Che reía como un niño”.

“Ya la pagarás, ya la pagarás…”, le dijo. Y Camilo, muerto de risa también, le preguntó: “¿No te da pena estar durmiendo a estas horas?”. Pero, más allá de la anécdota, lo cierto es que los dos se preocupaban al máximo por la suerte del otro y de sus hombres y que trataban de coordinar sus acciones para facilitar el éxito de la misión común, de cuya importancia estaban plenamente imbuidos.

La empresa de la Invasión a Occidente, llevada a cabo con todo éxito como la que le sirvió de modelo, fue ejemplo de audacia, patriotismo y valentía de los combatientes revolucionarios que materializaron tal hazaña.

El Señor de la Vanguardia siempre estuvo consciente de la visión estratégica del Guerrillero Heroico y lo respetaba enormemente. Visto en la perspectiva histórica, la interacción del Che en el centro-sur de la isla con Camilo, que bregaba al nordeste de Las Villas, resultó un modelo de cooperación ejemplar entre los dos comandantes y sus tropas en la consecución del plan maestro de controlar el territorio y cortar a la isla en dos para no dejar pasar por tierra refuerzos militares a la porción oriental del país, donde Fidel y Raúl se disponían a lanzar la ofensiva final contra el régimen.  

La preocupación del Che por su subordinado y amigo se puso de manifiesto una vez más durante la Batalla de Yaguajay, cuando lo visitó tres veces para darle orientaciones y ayudarlo en su enfrentamiento contra un numeroso contingente enemigo sitiado en el recinto militar, y Camilo no se cansó nunca de agradecérselo. 

A raíz del Primero de Enero de 1959 fueron el Che y Camilo los primeros comandantes de la Sierra en entrar con sus columnas invasoras en La Habana para ocupar Columbia y la Fortaleza de la Cabaña, respectivamente, con lo cual ponían fin al intento de un grupo de conjurados con la embajada yanqui, en su afán por impedir el ascenso al poder de la Revolución cubana.  

Tras el triunfo glorioso, la vorágine de los sucesos que se precipitaban no impidió que aquella amistad sólida como el granito continuara estrechándose. Camilo admiraba en grado sumo la diligencia extraordinaria del argentino-cubano en los distintos cargos que le tocó ocupar, un período agitadísimo en que se hizo notoria la perenne luz encendida en su oficina, y no cejó en emularlo desde sus responsabilidades en la jefatura del Ejército Rebelde.

Camilo siempre admiró profundamente al Che por sus amplios conocimientos y su profundidad de análisis, y si bien existen de ello pocos testimonios escritos, lo cierto es que expuso esas ideas en cada oportunidad en que fue preguntado sobre el tema.

La última vez que Che y Camilo comparecieron juntos, fue el 26 de octubre de 1959, en el gran acto de masas realizado junto al antiguo Palacio Presidencial a pocos días del ataque aéreo a La Habana por parte del traidor Pedro Luis Díaz Lanz, que causó muertos y heridos, ocasión en que ambos comandantes pronunciaron discursos y Camilo recitó los emotivos versos de Bonifacio Byrne. Apenas 48 horas después se perdería para siempre en el mar.  

Su temprana partida le impidió conocer cuánto lo admiraba el Che, quien le dedicó el prólogo de su libro Guerra de Guerrillas y nombró Camilo a su primer hijo. El Señor de la Vanguardia tampoco pudo imaginar la dimensión extraordinaria que alcanzaría el Che como paradigma de la lucha por la liberación americana, cuyo asesinato el 9 de octubre de 1967 en una escuelita de la aldehuela boliviana de La Higuera lo llevaría también a la inmortalidad con el título de Guerrillero Heroico.  

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Frente Norte de Las Villas; 63 años de una historia viva

Una ceremonia militar y guardia de honor en el mausoleo a los mártires del Frente Norte de Las Villas dieron apertura a la conmemoración del aniversario 63 de la creación de esa organización guerrilera por el Comandante Camilo Cienfuegos, tras su entrada a territorio villareño en esta fecha de octubre de 1958.Ofrenda floral a nombre del pueblo cubano y flores depositadas en los nichos de los combatientes del Frente Norte también matizaron la celebración, donde varias generaciones de yaguajayenses, como es costumbre, acuden al Complejo Histórico que lleva el nombre del Héroe de Yaguajay, para rendir homenaje a los protagonistas de la epopeya libertadora.
El Frente Norte de Las Villas se constituyó el siete de octubre de 1958, al llegar por la zona de Boquerones, municipio de Yaguajay, la Columna número Dos, Antonio Maceo, comandada por Camilo Cienfuegos, la cual venía desde la Sierra Maestra, en el oriente cubano, por orden del Comandante en Jefe, Fidel Castro, con la misión de consolidar la guerra en el occidente del país.
Esta tropa fue recibida por el Destacamento Máximo Gómez, del Partido Socialista Popular, dirigido por Félix Torres, quien de inmediato se subordinó al Señor de la Vanguardia, nombre con que ha sido bautizado Camilo por sus compañeros de armas.
Con esas dos fuerzas y el Destacamento Marcelo Salado, del Movimiento 26 de Julio, que también operaba en la zona, se fundó el mencionado frente, que se extendía desde Yaguajay por el este hasta el territorio de Chambas, Morón, y por el oeste hasta Caibarién y Remedios, teniendo como centro la sierra de Bamburanao.
Foto: Oscar Alfonso Sosa.
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Foto: Oscar Alfonso Sosa.
Foto: Oscar Alfonso Sosa.
Foto: Oscar Alfonso Sosa.
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De la Sierra Maestra al Frente Norte de Las Villas

Camilo y sus hombres resultaron un baluarte para la liberación del territorio central de la isla.

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A pesar de que en los más de 60 años transcurridos se han escrito incontables estudios, memorias y artículos sobre la Invasión del Oriente al Occidente de la isla, protagonizada por los heroicos comandantes Camilo Cienfuegos Gorriarán y Ernesto Che Guevara de la Serna entre finales de agosto e inicios de octubre de 1958, permanecen aún hechos poco conocidos relacionados con esa hazaña épica. 

Ejemplo de ello es la falta de respuesta a la siguiente interrogante: ¿por qué si Che y Camilo eran jefe y —en la práctica— segundo al mando de la Columna No. 4 del Ejército Rebelde, segunda en ser creada por iniciativa del Comandante en Jefe Fidel Castro, no se le envió completa a la Invasión?, ¿qué fue de esta fuerza guerrillera a partir de la salida de la Sierra de las dos columnas invasoras?

Una deducción basada en las decisiones adoptadas entonces permite una hipótesis preliminar que, de manera alguna, da por concluido el tema, y es que, a raíz de la derrota de la gran Ofensiva de Verano de las tropas del régimen de Fulgencio Batista contra el firme de la citada cordillera, Fidel vio llegado el momento preciso para reeditar la hazaña de Máximo Gómez y Antonio Maceo en diciembre de 1895, y decidió encargarlo a dos de sus mejores hombres, a quienes dio potestad para escoger a los miembros de sus tropas guerrilleras.

Así, como Camilo y Che encabezarían cada una de estas fuerzas de choque y sus principales oficiales procedían también de la Columna No. 4, no quedaba otra opción que sumarles combatientes de otras columnas, por cuanto los 92 hombres de Camilo y los 140 del Che sumaban 232 efectivos; es decir, muchos más que el número con que contaba ese destacamento insurrecto.

VALIOSA EXPERIENCIA DE CAMILO

A diferencia del Che, quien siempre había combatido en las montañas, Camilo tuvo las valiosas experiencias captadas durante su incursión en los Llanos del Cauto, iniciada el 31 de marzo de 1958 al frente de un comando de 14 hombres, cuando llevaba exactamente 15 meses y 28 días de vida guerrillera.

Su misión consistía en organizar a los grupos que combatían en esos territorios y agruparlos bajo un mando único. Debía también dar respaldo a la huelga general revolucionaria orientada por el Movimiento 26 de Julio para inicios de abril. Durante su permanencia en los Llanos del Cauto, Camilo logró incorporar y organizar más o menos efectivamente a siete de esos destacamentos e incrementar los 14 hombres iniciales de su guerrilla a más de 30.

Con esa pequeña tropa no dejó de hostilizar a las fuerzas enemigas y sabotear sus comunicaciones, al tiempo que por su forma de actuar y su carisma hizo una gran labor de proselitismo en una amplia zona rural, por lo que se convirtió en uno de los guerrilleros más queridos y admirados entre los campesinos de toda esa comarca.

Entre sus principales logros se incluyen su labor en la reorganización del Movimiento 26 de Julio en Holguín, Bayamo, Manzanillo y Victoria de Las Tunas, así como el osado ataque comando a Bayamo, donde se hicieron sabotajes y se le causaron bajas a las fuerzas represivas. Mas, entre todas, fue la experiencia de Camilo en el Monte de La Estrella una de las más valiosas.

En ese punto el pequeño destacamento guerrillero que comandaba fue localizado y sitiado por centenares de soldados del ejército, que intentaron exterminarlo con el apoyo de morteros y la aviación. Camilo distribuyó sus hombres en posiciones y parapetos claves para poder enfrentar los asaltos terrestres y el fuego de los aviones, consciente de que los pilotos enemigos no los suponían ubicados tan cerca de sus propias tropas, las cuales eran remisas a avanzar frente al fuego cruzado de los insurrectos.

El Señor de la Vanguardia no tardó en percatarse de que caía la tarde y decidió que se imponía resistir hasta la llegada de la noche y luego romper el cerco, pero con las tinieblas los hombres de uniforme abandonaron el campo y aquel pelotón de una treintena de valientes continuó su marcha. Luego sería llamado con urgencia de regreso a la Sierra Maestra para ayudar a enfrentar la ofensiva general de las tropas del régimen contra el baluarte liderado por Fidel.

DEDUCCIONES ALECCIONADORAS

Para una persona tan sagaz como Camilo, estas experiencias no caerían en saco roto, como tampoco las acumuladas durante el enfrentamiento a las tropas del tirano en los distintos frentes de la Sierra, a las cuales los rebeldes causaron más de 1 000 bajas en numerosos combates y escaramuzas, entre muertos, heridos y prisioneros, ocupándoles 507 armas de guerra. 

Una de esas deducciones consistía en que, como lo había demostrado la práctica combativa, para los soldados de la dictadura una cosa era combatir contra un grupo de escopeteros inexpertos y otra muy distinta contra una tropa rebelde bien fogueada, armada y amunicionada.   

Otra enseñanza no menos valiosa era la de priorizar la organización para el combate, llevar la iniciativa y no dejarse sorprender. El mejor ejemplo de un fracaso evitable para una tropa rebelde bien armada que estuvo a punto de frustrar la epopeya del Granma y la Revolución en su conjunto, fue el desastre de Alegría de Pio, donde los 82 expedicionarios dotados de armamento de infantería no inferior al de los soldados del régimen —incluidos 24 fusiles con mirilla telescópica— fueron dispersados y casi aniquilados por no saber elegir un lugar protegido para acampar, situar vigías en puntos estratégicos, ubicar los combatientes en posiciones escogidas y defender el perímetro.

De haber procedido de esa forma el Ejército hubiese tenido gran número de bajas, la mayoría causadas a distancia por los fusiles dotados de aditamentos ópticos y, con toda seguridad, la suerte del encuentro hubiese sido otra.  

Cuando crea la Columna No. 2 Antonio Maceo, Camilo incluyó en ella la casi totalidad de los hombres que lo habían acompañado en su incursión al llano más un grupo de combatientes conocidos, la mayoría veteranos bien fogueados en el enfrentamiento a la Ofensiva de Verano. Se trataba de 92 hombres, de los cuales 82 estaban armados y apertrechados.

El armamento de la Columna, que Fidel había ayudado a escoger, era no menos poderoso que el de cualquier tropa de infantería del ejército, con una diferencia sustantiva: el entrenamiento físico y combativo de aquella fuerza guerrillera y su moral de combate, frente a un enemigo con la moral mermada por su reciente debacle en la Sierra Maestra, de donde se retiró derrotado.

Otra ventaja consistía en que, precediéndoles y a veces en marcha casi paralela marchaba la Columna No. 8 Ciro Redondo, comandada por el Che, con sus 140 hombres, también una tropa de choque. En cambio, ese adversario poseía la ventaja del número, el abasto abundante de víveres, armas y pertrechos, el dominio de las vías de comunicación y apoyo aéreo y artillero.

LA INVASIÓN: 31 DÍAS INFERNALES

La ruta invasora de la Columna No. 2 Antonio Maceo, iniciada en la Sierra Maestra el 21 de agosto de 1958, discurrió sin mayores complicaciones mientras estuvieron en las lomas y los llanos de Oriente, donde el escenario geográfico y social les fueron propicios, pero cambió de manera radical a partir de la llegada al territorio camagüeyano por un lugar llamado La Federal, próximo a Guáimaro, sitio histórico donde nació la nación cubana el 10 de abril de 1869. 

El 10 de septiembre Camilo y su tropa invasora llegan a los montes del central Francisco y allí son detectados por el enemigo, que desde entonces los tiene parcialmente localizados. En lo adelante marchan bajo el peligro constante de emboscadas.   

Sobre esos instantes críticos escribió el Comandante William Gálvez: “…el camino es casi infernal, pero más seguro. El ejército no sabía bien nuestra posición o donde acampábamos pues caminábamos de noche y de día descansábamos (…). Desde ese instante comienza una cacería por parte del enemigo para tratar de exterminarnos y por parte nuestra para burlarlos (…). Otra dificultad que nos ocasionó adentrarnos en el sur fue la escasez de prácticos (…)”.Camilo aplicó entonces la táctica de dejar a un lado las vías de comunicación conocidas y marchar de noche a campo traviesa, internándose en parajes cenagosos, plagados de mosquitos y sin apenas población civil, lo que agravó ese trayecto endemoniado con los azotes adicionales del hambre y la sed.

Fue a la altura de Baraguá, cuando el ejército creyó llegado el momento de darle el golpe definitivo a la tropa guerrillera, para lo cual movilizó más de 1 000 soldados con apoyo aéreo, en un área llana y con buenas vías de comunicación, donde montó poderosas emboscadas.

LAS VILLAS: EL FRENTE NORTE

Luego de incontables vicisitudes y peligros; del hambre, la sed, los mosquitos y la tortura de marchar con los pies llagados, por fin el 7 de octubre de 1958 la Columna Invasora No. 2 Antonio Maceo llegó a su meta intermedia —que resultaría definitiva— en el nordeste de la antigua provincia de Las Villas.

Era la concreción de un sueño y de un deseo irresistible. Camilo escribió: “¡El río Jatibonico! Se puso una soga, el agua daba al pecho y la corriente era muy fuerte. Yo besé la tierra villaclareña, todos los hombres que componían la tropa estaban alborozados. Una pequeña parte de nuestra misión estaba cumplida (…)”.

Poco después la columna invasora era localizada por una escuadra rebelde durante su primera escala en los Llanos de Alunao, y desde allí conducida en una verdadera carrera de relevo a los montes de Jobo Rosado, al campamento del Destacamento Máximo Gómez del Partido Socialista Popular (PSP), al mando del comandante Félix Torres, a donde llegó en la madrugada del 8 de octubre, que ofreció a Camilo y sus hombres una acogida desbordante y fraterna. 

Sin perder un minuto y aprovechando la cálida recepción de que fueron objeto por parte de los luchadores comunistas de Félix Torres, Camilo se dedicó a unir las fuerzas del Movimiento 26 de Julio y las del PSP en la comarca, organizarlas y mejorar su armamento para redoblar las acciones contra las tropas de la tiranía.

Quince días después de su arribo a territorio villareño —hoy espirituano—  y 14 de su llegada al campamento de Félix Torres, las fuerzas combinadas del 26 de Julio y el PSP lanzaban su primera acción de guerra con una emboscada el 22 de octubre a las tropas enemigas en la carretera principal de la zona de Yaguajay. Acababa de nacer el Frente Norte de Las Villas.

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Recuerdan en Yaguajay fundación del Frente Norte de Las Villas (+fotos)

Con una ceremonia militar y guardia de honor, este 7 de octubre Yaguajay, en representación de toda Cuba, rindió homenaje a Camilo Cienfuegos y los mártires del Frente Norte de Las Villas en el aniversario 63 de la constitución de esa fuerza
Ofrendas florales a nombre del pueblo y flores en los nichos de los mártires de ese frente guerrillero matizaron la ceremonia. (Foto: Oscar Alfonso/ Escambray)

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La fundación del Frente Norte de Las Villas, hace 63 años, fue recordado este 7 de octubre en el Complejo Histórico Comandante Camilo Cienfuegos, de Yaguajay, justamente en el sitio donde se libró la heroica Batalla de Yaguajay a finales de diciembre de 1958.

Mileidi Milián Barnes, primera secretaria del Partido Comunista de Cuba (PCC) en el norteño municipio espirituano, dijo a la ACN que alumnos de la Escuela Militar Camilo Cienfuegos, de la provincia de Sancti Spíritus, protagonizaron, como ya es tradición en esta fecha, una guardia de honor en el Mausoleo que guarda los restos de combatientes caídos durante la Guerra de Liberación o fallecidos después del triunfo de la Revolución.

Dirigentes del PCC y del Gobierno, miembros de la Asociación de Combatientes de la Revolución Cubana, estudiantes y una representación del pueblo yaguajayense participaron en el homenaje.

La primera secretaria del Partido en la provincia, Deivy Pérez Martín, presidió la ceremonia militar. (Foto: Juan Carlos Castellón/Facebook)

El Frente Norte de Las Villas se constituyó el siete de octubre de 1958, al llegar por la zona de Boquerones, municipio de Yaguajay, la Columna número Dos, Antonio Maceo, comandada por Camilo Cienfuegos, la cual venía desde la Sierra Maestra, en el oriente cubano, por orden del Comandante en Jefe, Fidel Castro, con la misión de consolidar la guerra en el occidente del país.Esta tropa fue recibida por el Destacamento Máximo Gómez, del Partido Socialista Popular, dirigido por Félix Torres, quien de inmediato se subordinó al Señor de la Vanguardia, nombre con que ha sido bautizado Camilo por sus compañeros de armas.Con esas dos fuerzas y el Destacamento Marcelo Salado, del Movimiento 26 de Julio, que también operaba en la zona, se fundó el mencionado frente, que se extendía desde Yaguajay por el este hasta el territorio de Chambas, Morón, y por el oeste hasta Caibarién y Remedios, teniendo como centro la sierra de Bamburanao.Desde el arribo de la Columna Dos se realizaron varias operaciones rebeldes, mediante las cuales se hostigó constantemente al ejército del presidente Fulgencio Batista en esos lugares.La ofensiva rebelde se llevó a cabo sobre varios poblados hasta culminar con la Batalla de Yaguajay, cuyo cuartel de la guardia rural, que sirvió también de guarida a policías del tirano Batista, se rindió al Comandante Camilo Cienfuegos el 31 de diciembre de 1958, después de 11 días de combate.El Comandante en Jefe le había dado la misión a Camilo de llegar hasta la provincia de Pinar del Río, donde se encontraba el Comandante Derminio Escalona, combatiente de la Sierra Maestra, quien organizaba las guerrillas en esa región.La compleja situación de discrepancias de las fuerzas insurrectas que enfrentó el Comandante Ernesto Che Guevara al arribar al centro del país al frente de la Columna ocho, Ciro Redondo, justificó que Camilo permaneciera, igualmente, en el centro de Cuba para apoyar a su compañero de luchas (al Che), lo que se cumplió mediante la orden dada por el Comandante Fidel Castro.

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Como si estuviéramos en la Sierra

Yaguajay, Sancti Spíritus.–Con la zona infectada de soldados enemigos, el viento y la lluvia haciendo casi imposible la marcha y el Jatibonico del Norte «de bote en bote», a los hombres de la Columna 2 Antonio Maceo no les quedó más alternativa que colocar una soga de orilla a orilla del río y, con el agua al pecho, desafiar aquella crecida soberbia y hasta simbólica que dividía las provincias de Camagüey y Las Villas.
«Yo besé la tierra villaclareña, todos los hombres que componían la tropa estaban alborotados. Unos maldecían a Camagüey y otros bendecían a Sta. Clara…», le confesó Camilo a Fidel en un extenso e ilustrativo informe, fechado el 9 de octubre de 1958 en lo que él llamó «Llanos de Santa Clara», que en realidad no eran otra cosa que los montes del norte villareño, la cobija natural que pondría a salvo a la fuerza rebelde tras la azarosa travesía desde Providencia, en la Sierra Maestra, hasta Jobo Rosado, en el municipio de Yaguajay.
Los recién llegados traían como misión continuar la marcha hasta la occidental provincia de Pinar del Río –una orden que enseguida la realidad de la guerra aconsejó modificar–, sin embargo, el arribo a territorio villareño por lo menos espantaba el fantasma del sur camagüeyano, donde a las adversas condiciones topográficas se sumaron la persecución implacable de las huestes batistianas y la falta de apoyo de la dirección del movimiento revolucionario, algo que Camilo calificó llanamente como traición.
En esa zona casi la totalidad de la caballería invasora terminó sembrada en los pantanos y tembladeras del litoral y el hambre cercó tanto a los rebeldes que según su jefe, el Comandante Camilo Cienfuegos, en 31 días de viaje comieron solo en 11 oportunidades, incluida la ocasión en que fue preciso sacrificar una de las mejores yeguas, que ante el acoso del enemigo, terminó siendo degustada, si es que cabe el término, medio cruda y sin sal.UN GIRO DE 90 GRADOS
Que Camilo y su gente de la Columna 2 hayan ido a recalar a los montes de Yaguajay y no a la cordillera del Escambray, como estaba concebido en un inicio, habrá que agradecérselo irremediablemente al cabo Juan Trujillo Medina, un militar de la dictadura apresado por una posta rebelde sobre las tres de la tarde del 21 de septiembre en las inmediaciones de Baraguá, actual provincia de Ciego de Ávila.
Una vez identificado por sus captores, al cabo no hubo que rogarle mucho para que confesara todo lo que sabía: que el ejército había situado cuatro compañías de infantería en el central Baraguá, dos en Ciego de Ávila y algunos pelotones en Jagüeyal; que tenía tres aviones en un aeropuerto muy cercano (dos del tipo b-26 y una avioneta de enlace) y otros en Camagüey; que contaba con emboscadas en cuanto camino hubiera por allí; que más de mil hombres bien armados estaban esperando por aquel contingente de hambrientos… En fin, que más fácil entraría un camello por el hueco de una aguja que los invasores a Las Villas, si seguían la ruta predeterminada.
«El enemigo pensaba que las dos columnas –la 2 y la 8– avanzaban juntas  o muy cerca; y su plan era rastrearnos, precisar la ubicación de nuestro campamento, bombardear y ametrallarnos hasta dispersarnos», escribiría tiempo después el general de división Sergio del Valle Jiménez, a la sazón capitán y médico de aquella fuerza sitiada por el mar, los pantanos, los mosquitos y un adversario inconmensurablemente más poderoso.
Fue entonces cuando Camilo comprendió que solo con un giro radical de 90 grados, que rompiera con el monótono recorrido por el borde de la costa para internarse rumbo a la Carretera Central, podría evadir aquel enjambre de soldados y poner a salvo la operación, aunque ello implicara acercarse a la ciudad de Ciego de Ávila en una maniobra sin dudas arriesgada.
Atado por una soga a la cintura del capitán William Gálvez, el propio cabo Juan Trujillo se convirtió en el mejor práctico por el complicado derrotero de 30 kilómetros, que debió cumplirse en una noche, casi conteniendo la respiración por la proximidad  de los guardias, y terminó en un cañaveral ubicado a escasos cien metros de la Carretera Central.
En el centro de la Isla, mucho más alejado que nunca de la costa, castigado sin piedad por la lluvia y a la espera de un apoyo que nunca llegó, Camilo apeló una vez más a su astucia de guerrillero fogueado en la Sierra Maestra y en los llanos del Cauto y optó por continuar viaje hacia el oeste, pero por la zona norte, donde según sus indagaciones no tardaría en encontrar las primeras montañas en Marroquí y Florencia, un movimiento aparentemente absurdo pero salvador, que confundió a sus perseguidores y llevó la columna hasta las puertas de Yaguajay.TRES FUERZAS, UN FRENTE
La primera vez que se acostó a descansar en el campamento de Jobo Rosado, en pleno monte, Silviades Cabrera creyó que se trataba de una alucinación, cuando entre dormido y despierto sintió que la gente del Destacamento Máximo Gómez, del Partido Socialista Popular (PSP), le estaban curando los pies llagados por la caminata más larga de toda su vida.
«La integración nació de forma natural, poco a poco nos involucramos en los combates; nos movíamos de campamentos para no ser sorprendidos; caminábamos por el diente de perro de noche y no nos caímos», recuerda el veterano invasor, quien se precia de figurar entre los afortunados que vivieron la epopeya de hace 60 años.
Camilo y los suyos habían sido localizados en Las Llanadas y conducidos hasta el campamento de Jobo Rosado por una de las tres avanzadas que el Comandante Félix Torres, jefe de la agrupación guerrillera del psp, envió para auxiliar a la columna rebelde en su tránsito hacia el centro del país.
Al filo de las dos de la madrugada y a la luz de unas chismosas improvisadas, se produjo el encuentro entre las dos fuerzas, un episodio que el joven Sergio del Valle plasmó en su diario de guerra de la manera más emocionada posible: «Desde que llegamos nos sentimos como entre hermanos –escribió el médico guerrillero–, como si estuviéramos en la Sierra».
Gerónimo Besánguiz, historiador y director del Complejo Histórico Comandante Camilo Cienfuegos, con sede en Yaguajay, sostiene que aunque las fuerzas de la Columna 2 y los destacamentos guerrilleros Máximo Gómez, del psp, y Marcelo Salado, del Movimiento 26 de Julio, se fundieron automáticamente a la llegada de los invasores, el 15 de octubre marca un antes y un después en la historia del Frente Norte de Las Villas.Sorprendidos por el enemigo casi dentro de un campamento rebelde, en la zona de Alicante, ese día los tres grupos combatieron unidos como si fueran uno solo, una conducta que Camilo convirtió en ley durante toda la guerra.
DÍA A DÍA EN EL FRENTE:
– 7 de octubre
Llegada de la Columna 2 a Las Villas.
– 8 de octubre
La columna invasora arriba al campamento guerrillero de Jobo Rosado, donde es acogida con hospitalidad por las fuerzas del PSP.
– 15 de octubre
Por primera vez integrantes de las tres fuerzas guerrilleras combaten juntos en Alicante.
– 31 de octubre
Liberación del poblado de Venegas.
– 28 y 29 de noviembre
Celebradas en la zona de Juan Francisco plenarias obrera y campesina.
– 15 de diciembre
Liberación del poblado de Iguará.
– 17 de diciembre
Liberación de Meneses.
– 20 de diciembre
Fuerzas rebeldes al mando del Comandante Félix Torres asaltan y toman Mayajigua.
– 21 de diciembre
Plenaria con trabajadores azucareros en el poblado de General Carrillo.
– 20 de diciembre
Se inicia el asalto a Yaguajay.
– 21 y 22 de diciembre
Zulueta es tomada por fuerzas rebeldes.
– Últimos diez días de diciembre
De manera cooperada con la Columna No. 8 Ciro Redondo, el Frente Norte también participa en la liberación de Caibarién, Remedios, Camajuaní y Placetas.
– 31 de diciembre
Tras 11 días de batalla, se rinde el Escuadrón 37, de Yaguajay, la acción armada más prolongada en la Campaña de Las Villas.
Fuente: Museo Nacional Camilo Cienfuegos

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