HAVANA CLIMA

Éxodo

Ulises Toirac lamenta salida de su hermano de Cuba: “Es una herida que nadie me va a curar”

MIAMI, Estados Unidos. — El humorista Ulises Toirac lamentó la salida de Cuba de su hermano, Julio Toirac, y lamentó que “la falta de esperanza” esté empujando a los cubanos a buscar nuevos destinos en el mundo.
En una publicación colgada este domingo en su perfil de Facebook, el comediante dejó claro su dolor por la partida de su familiar, con quien compartió por casi seis décadas.
“Llevo días rumiando en silencio y lamiéndome la herida, y aunque me ha pasado antes, ahora es con mi hermano y hemos vivido casi 60 años juntos. Y ahora sabe Dios”, escribió Toirac.
Aunque el humorista reconoció que ver partir de la Isla a seres queridos es algo a lo que los cubanos ya están acostumbrados, Toirac señaló que nunca se está preparado para la separación familiar.
“Le ha pasado a millones. A mí mismo me ha pasado anteriormente. Pero éste es mi hermano y se ha tenido que ir pa´l carajo, y es una herida que nadie me va a curar. Nadie nos la va curar jamás”, apuntó.
El humorista aseguró que lo que empuja a los cubanos al exilio es “la falta de perspectiva, de vida” que padecen en su país de origen.
“Lo que los empuja es la falta de perspectiva, de vida. Se prefiere el desarraigo antes que el eterno sin sentido, el comentario tonto y a todas luces sin pies en la tierra. La falta de sentido común, el ver que no se camina a ningún lugar, o lo que es peor: que cada paso pone más nuestras vidas en la miseria y la falta de esperanzas, que cada paso acentúa la disparidad social y hace más pobre a la gente, y cada vez a más gente”.
Toirac añadió que lo que empuja a la gente a abandonar Cuba “es tener la certeza de que no se puede hacer nada ni por tu futuro ni por el del país, porque no, porque no quieren”, expresó el comediante en alusión a la clase gobernante.
En la actualidad, Cuba experimenta el éxodo masivo más grande registrado en su historia. La mayoría de los cubanos intentan arribar de forma irregular y por diferentes vías a Estados Unidos, país que en el último año ha registrado la entrada de más de 177 000 nacionales de la isla caribeña.
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Cubanos denuncian obstáculos para regularizar estatus migratorio en EE. UU.

MIAMI, Estados Unidos. — Desde octubre de 2021 hasta la fecha, más de 177 000 cubanos han arribado de forma irregular a Estados Unidos. Sin embargo, el cruce de la frontera ya no garantiza privilegio alguno, sino el inicio de un largo camino hacia la regularización de su estatus migratorio.
Un reportaje de El Nuevo Herald advierte que miles migrantes cubanos están enfrentado problemas para encontrar la forma de legalizarse en el país norteño. Quienes son liberados con parole en la frontera tienen la opción de acogerse a la Ley de Ajuste Cubano (vigente desde 1966), mientras que otros apenas reciben el Formulario I-220ª, una “Orden de liberación bajo reconocimiento” que es emitida por el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos cuando los inmigrantes son sometidos a un procedimiento de deportación.
Tanto el parole como la I-220ª deben contener el número de identificación de la persona para cuestiones de inmigración, conocido como número A (alien number) o número de extranjero, pero existen casos en que los migrantes ni siquiera reciben un documento y solo son llamados a presentarse ante un oficial de inmigración.
“Me liberaron con un documento que dice que he sido liberado bajo la condición de que me presente en una oficina de ICE en mi destino final dentro de los 60 días, y ni siquiera me dieron un número de alien ni nada. Y ese ha sido mi mayor problema aquí en este país”, declaró al diario miamense un ingeniero de telecomunicaciones cubano de 36 años, quien arribó de forma irregular a EE. UU. en junio del pasado año.
Señala El Nuevo Herald que él y su familia se entregaron a los agentes de la patrulla fronteriza en el puente internacional de Del Río, Texas.
“Él creyó que habían tenido suerte porque fueron procesados y liberados en solo dos horas. Pero luego se dio cuenta de que el documento de liberación no contenía información crucial: el llamado ´número de extranjero´”, precisa el rotativo.
Después de atravesar un calvario de obstáculos, el migrante supo que su entrevista con un oficial de ICE había sido reprogramada para el año 2024. Gracias a la asesoría de abogados, él y sus familiares lograron procesar su solicitud de asilo político, aunque todavía esperan por un permiso de trabajo.
Uno de los problemas que enfrentan los migrantes cubanos es que los oficiales de inmigración en la frontera poseen “amplia discreción para tomar decisiones”, tal y como asegurara a ese medio un portavoz de ICE.
El funcionario declaró que los inmigrantes cubanos pueden ser “procesados” bajo diferentes programas, lo que puede resultar en “muchos resultados diferentes”.
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Lo que no dice el castrismo sobre el éxodo de cubanos hacia EE. UU. (I)

HARRISONBURG, Estados Unidos. —  El pasado lunes 5 de septiembre el portal digital Cubadebate publicó el primer capítulo de una serie audiovisual producida por ese sitio, en la cual se analizan las causas, matices y efectos del fenómeno migratorio en Cuba según el castrismo.
Algunos de los realizadores del material son representativos de esa joven intelectualidad cubana vinculada a la más rancia y cínica defensa de la dictadura. Tales son los casos de Edilberto Carmona Tamayo, jefe del Departamento de Producción Multimedia e Innovación de Cubadebate y la Mesa Redonda (¡vaya redundancia!) y Ana Álvarez Guerrero, una de las presentadoras del programa Con filo.
Aunque la serie ha sido calificada como “nueva”, reitera un tópico que todos conocemos: que la emigración irregular cubana hacia Estados Unidos a partir de 1959 es responsabilidad de las sucesivas administraciones de ese país.
En este primer capítulo fue entrevistado el Dr. José Ramón Cabañas, diplomático con más de 37 años de experiencia y actual Director del Centro de Investigaciones de Política Internacional.
Según el diplomático, el tema migratorio se usa como herramienta de presión sobre Cuba y recibe un tratamiento tergiversado para crear crisis en el país y quizás —aseguró— para favorecer a los traficantes de personas. Cabañas destaca que eso es lo que explica la ausencia de voluntad política estadounidense para regresar al contexto político creado después de la reanudación de las relaciones diplomáticas durante la fase final del mandato de Barack Obama.
El funcionario apunta, además, que en la década de los sesenta muchos de los cubanos que emigraron eran miembros de la alta burguesía o tenían vínculos con la dictadura batistiana, pero eso cambió y hoy la emigración ocurre por razones económicas y políticas.
Aunque al menos tuvo la decencia de reconocer que los cubanos también emigran por razones políticas, Cabañas le restó importancia a ello al expresar que, una vez asentados en su destino, esos cubanos no se mezclan en planes de agresión política ni militan en partidos ni se unen a plataformas políticas contrarias a Cuba —léase al régimen—, sino que tratan de instalarse. Sostuvo que la mayoría mantiene sus vínculos familiares y regresa de visita, por lo que es muy difícil sostener la tesis de que estas personas son perseguidos políticos.
Este aspecto del análisis hecho por el experto me parece uno de los más controversiales y lanza otra señal sobre la necesidad de actualizar los instrumentos jurídicos estadounidenses que permiten calificar como refugiados políticos a farsantes que, una vez obtenida la residencia, se convierten en furibundos defensores de la dictadura.
Cabañas afirma —y es cierto— que el envío de remesas, paquetería y las visitas de los emigrados a su país natal no es un fenómeno exclusivo de la emigración cubana, pero elude mencionar que esta es la única del continente que procede de un sistema político antidemocrático y que a muchos cubanos se les impide ejercer ese derecho de viaje por razones políticas.
Transitando la misma senda elusiva, afirmó que después del 2013, cuando se produjo la reforma de la legislación migratoria cubana, la mayor parte de las personas que salieron del país regresaron, aunque no ofreció cifras para poder evaluar objetivamente esa afirmación, mucho menos para constatar el fenómeno en el último trienio.
Tratando de restar importancia al evidente aumento del flujo migratorio cubano por Centroamérica hacia Estados Unidos, Cabañas también aseguró que la cifra es similar a la de los cubanos que habrían emigrado legalmente de haberse cumplido con el acuerdo de entregar 20 000 visas anuales. A todas luces eso es falso, pues solo entre julio de 2021 y este mes se calcula que han entrado a territorio estadounidense más de 150 000 cubanos.
Otro desliz del diplomático fue comparar este flujo migratorio con el existente en Cuba antes de 1959. Cabañas aseguró que al triunfar la Revolución había 125 000 cubanos viviendo en EE. UU. Si tenemos en cuenta que la Isla tenía entonces 5 000 000 de habitantes, esa cifra representaba el 2,5% de la población. Actualmente se calcula que hay más de 3 000 000 de cubanos viviendo fuera del país. Si tomamos como referencia que la población cubana actual es de poco más de 11 000 000 personas, los residentes en el extranjero representan el 26,50% de la población, lo que demuestra el significativo aumento que ha tenido la emigración a partir de 1959.
Pretender achacar las causas de este fenómeno a la política estadounidense resulta —como cuando analizan otros problemas sociales y políticos— es un vicio acendrado del castrismo y un pretexto para continuar justificando la demostrada incapacidad de los castristas para gobernar.
Los comunistas nos embaucaron con la ilusión de la viabilidad de un paraíso terrenal cuya edificación exigió desmontar promesas plasmadas en documentos históricos, así como niveles de vida, beneficios y derechos que habían sido alcanzado por el pueblo a costa de grandes sacrificios. Todo era transitorio —así nos decían olvidando la fugacidad de nuestra existencia—, pero la transitoriedad se estandarizó e hizo que muchos aceptaran como natural lo que sin dudas es una vida indigna, para poder legar a sus descendientes un sueño ubicado en la incertidumbre. Reducido al mínimo el rédito económico, este se repartió sólo entre los encumbrados dirigentes del Partido. Convertida la vida en mero ejercicio de subsistencia y anuladas todas las libertades civiles y políticas, el sistema implantado en Cuba queda como el único y verdadero responsable de la desenfrenada emigración.
Como escribió Dagoberto Valdés en su artículo El dolor del destierro, publicado el pasado lunes, “lo que más duele es que esto haya estado ocurriendo durante más de sesenta años y aún siga. Duele más que todavía el mundo mire con compasión unos migrantes de otras zonas del mundo y voltee la cabeza ante el éxodo masivo, injusto y provocado por un régimen totalitario por más de medio siglo”.
Continuaremos atentos a la publicación del resto de los capítulos de la serie para seguir desmontando los eslabones de este nuevo libelo del castrismo.
ARTÍCULO DE OPINIÓNLas opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de quien las emite y no necesariamente representan la opinión de CubaNet.
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Gobierno cubano niega su responsabilidad ante la actual crisis migratoria

MADRID, España.- Cubadebate TV inauguró este lunes la serie audiovisual “¿Por qué emigran los cubanos?” donde, según el medio oficialista, se abordarán temas como: ¿Cuáles son las principales motivaciones que impulsan a los cubanos a emigrar? y ¿Qué efectos trae el fenómeno migratorio?
En la primera entrega del programa, en el que intervino José Ramón Cabañas, director del Centro de Investigaciones de Política Internacional, se responsabilizó al gobierno de Estados Unidos de la actual crisis migratoria. 
Según Cabañas, las cifras de migrantes cubanos “encajan perfectamente con las visas que no se han dado en La Habana”; e insistió en la reducción de la presencia consular estadounidense en la Isla y la limitación de vuelos Cuba-Estados Unidos como algunas de las causas para este aumento migratorio. 
El exdirector de Asuntos Consulares y de Cubanos Residentes en el Exterior reconoció la búsqueda de mejoras económicas entre las razones por las que los cubanos dejan la Isla, pero consideró que los efectos de la pandemia y el embargo norteamericano han llevado la precaria situación económica que atraviesa el país, y no la mala gestión gubernamental.
Por otro lado, Cabañas negó que muchos cubanos emigren por motivos políticos, sino que “la emigración cubana es circular y muy pocos salen para romper los vínculos definitivos con Cuba”.
“Incluso aquellos que a la hora de partir consideran que su principal razón es que no comparten el modelo político cubano, cuando llegan al destino hacen una vida de emigrante económico y no se mezclan con ningún plan de agresión a Cuba, no militan en ningún partido político ni redactan una plataforma política para construir otro tipo de sociedad en Cuba”, dijo al respecto. 
Al comparar la emigración de los años 90 con la actual, el titular consideró que la mayoría de los cubanos emigran de manera legal, saliendo con un pasaporte hacia otro destino. 
Con estas consideraciones, José Ramón Cabañas, que solo mencionó solapadamente las salidas ilegales por mar, minimizó el éxodo masivo de balseros cubanos hacia Estados Unidos.
En lo que va de año fiscal (octubre de 2021 hasta septiembre de 2022) la Guardia Costera de los Estados Unidos ha repatriado a más de 5 000 cubanos; cifra que constituye récord en la emigración hacia el país norteño; superando a la crisis del Mariel, en 1980, y a la de los balseros de 1994.
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Pasaje de ida

En Texas abundan los negocios de comida mexicana, nicaragüense y guatemalteca, existen enormes granjas dedicadas al cultivo de cereales y algodón, y al igual que en Miami o Hialeah, puedes pedir un café en español porque cerca del cuarenta por ciento de su gente es de origen latino. El ambiente rural tejano recuerda a las películas del oeste y a las casas de campo de las familias sureñas más tradicionales, aquellas que cenan fuera los sábados y van a la iglesia los domingos.
También está el otro lado de Texas: su área metropolitana y cosmopolita, donde las personas siempre parecen tener prisa —prisa mientras caminan, prisa por el trabajo, prisa por ganar dinero. En la parte citadina, la vida nocturna se extiende hasta el almuerzo y es posible encontrar un stripper a plena luz del día invitándote a pagar la entrada a un rimbombante local pintado de negro y amarillo.
En el mes y medio que lleva en Estados Unidos, Lisette García* ha conocido ambas caras del segundo estado con mayor población de ese país: ha visitado los campos tejanos, donde residen los parientes que la acogieron hace más de cinco meses; ha subido dos rascacielos del downtown y ha contemplado Austin, la capital, desde un edificio a más de 200 metros de altura.
Al pisar territorio estadounidense el 16 de marzo de 2022, la joven cubana de 28 años se convirtió en una más de los 28 millones de personas que allí viven y una más de los casi 180 mil compatriotas suyos que han cruzado la frontera de México con Estados Unidos desde septiembre de 2021 hasta mediados de agosto de 2022, de acuerdo con la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de la nación norteña.
A su salida del centro de detención migratorio de Piedras Negras, luego de permanecer recluida allí durante cuatro días y tres noches, Lisette no llevaba ninguna otra pertenencia que no fuese la ropa con que iba vestida y su celular. Por el camino había quedado la mochila con la que emprendiera el viaje desde el Aeropuerto Internacional José Martí en La Habana, cuyo interior albergaba tres licras y dos abrigos, cuatro pullovers, mascarillas, el monedero y «una corte celestial: siete estampillas para pedirle a sus santos por el camino».
Austin (Texas)
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Las líneas siguientes corresponden al testimonio ofrecido por Lisette García* a La Joven Cuba, en el que narra su travesía desde La Habana hasta la frontera sur de los Estados Unidos. La fuente decidió mantener el anonimato para no comprometer el proceso judicial que tiene pendiente, así como proteger la seguridad de quienes actualmente realizan la misma ruta hacia territorio estadounidense. El texto fue construido con mensajes y llamadas sostenidas durante cuatro semanas.
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Cuando recibí la confirmación de que me iba de Cuba llevaba la cuenta exacta de los días que no dormía tranquila: 304, equivalente a 43 semanas y tres días, el mismo tiempo que esperaba que los contagios por Covid-19 fueran en picada, el gobierno abriera fronteras aéreas y pudiera tomar el vuelo rumbo a Managua para emprender la ruta latinoamericana hacia Estados Unidos.
Tomé la decisión de irme en diciembre de 2020, un día en que necesité comprar una pasta de dientes y no encontré en ningún lugar. Pensé en mi juventud, en los hijos que quiero tener y en la posibilidad de una vida diferente a la que llevaba en Cuba.
Para ese entonces un amigo me facilitó el contacto de un hombre que conseguía pasajes a México, Nicaragua o Surinam, donde viajaban los cubanos para comprar ropa y revender luego. Yo no sabía cómo esa persona adquiría los boletos, pero la recomendación venía de cerca y lo consideré confiable. Lo llamé y me dijo que había un pasaje para finales de enero del 2021 por Aruba Airlines.
Con la ayuda de mi hermano que vive en Estados Unidos, pagué 1000 CUC por el boleto y 30 USD por una prueba de PCR que jamás vi. Fui a casa del señor, le llevé el dinero y él me pasó el boucher de la reserva a mi teléfono. Pero al parecer no era mi momento… Volvieron a cerrar el país, cancelaron todos los vuelos y el mío quedó postergado.
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El año de espera coincidió con el reordenamiento monetario y la crisis económica más grande que he vivido, porque nací en 1995, durante el llamado Período Especial. En 2021 me tocó sentir en carne propia la imparable subida de los precios y un desabastecimiento que me recordaba que con poco más de dos mil pesos —el salario que ganaba en aquel momento como gastronómica— era imposible vivir con dignidad.
Durante ese tiempo intentaba no enfermarme, seguí trabajando, seguí sobreviviendo… Tenía mucho miedo de perder el pasaje y la oportunidad de irme. Viví el pico pandémico del verano y el 11 de julio. Mientras pasaban los meses, más segura estaba de irme de Cuba.  
En esos meses aprendí que hay grupos de Whatsapp donde la gente compra los pasajes. Existe una red de negocios dedicados a mover a los cubanos que desean viajar por Latinoamérica hacia Estados Unidos. Los dueños de estos «emprendimientos» se hacen llamar «gestores».
Tuve suerte que la aerolínea por la que volé no hizo ningún «teje y maneje» con mi boleto. Muchas personas que conocí en este trayecto fueron estafados o les cancelaron la fecha de vuelo el mismo día de su salida.
En ese período logré sentirme acompañada porque tenía dos amigos que también emprenderían camino desde Nicaragua, uno de ellos con pasaje para el mismo día que yo, aunque por otra aerolínea y con escala en países diferentes. La otra persona volaría al día siguiente, así que pactamos esperarnos en Nicaragua.
Aeropuerto de Managua. (Foto: Houston Castillo/ VOA)
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Mi vuelo salía el 3 de febrero a las 9:30 de la mañana y tenía que estar en el aeropuerto a las 6:00 a.m. a más tardar. Todavía recuerdo la imagen de la terminal. Las personas se empujaban para entrar a hacer el chek in, no muy diferente de las colas de los últimos años para comprar comida o cualquier artículo de primera necesidad.
Yo era primeriza volando. No había montado nunca un avión, así que me guié por unos muchachos que venían delante de mí y repetí cada uno de sus movimientos, para donde ellos iban, me movía yo. Pasé el check in, emigración, y quedé par de horas en la sala de espera porque el vuelo saldría con retraso.
Una vez en el «ave» sentí escalofríos, evitaba mirar fijamente a alguien, pero aquel avión iba repleto de cubanos. Estoy segura de que la mayoría, para no ser absoluta, iba para no regresar. Se les notaba la ilusión y los nervios en los rostros. Yo tenía mi mochilita y algunas pertenencias, pero había quien iba solamente con sus papeles en la mano. No llevaban nada más.
***
Todo fue muy rápido en el aeropuerto de Nicaragua, que es bien chiquito. Allí me compré una tarjeta prepagada de 20 USD que servía para llamar desde cualquier punto de Centroamérica. Enseguida hice contacto con mis familiares. Les dije que ya había llegado y estaba bien.
En el hostal me recibieron muy amablemente y me dieron una habitación que debía compartir con una pareja joven de cubanos y su bebé, quienes se encontraban de visita. Ellos eran la excepción, porque todo el que estaba en aquel lugar tenía el objetivo de llegar a Estados Unidos.
La travesía comenzó luego de tres días en la capital nicaragüense. Aquella tarde pagué 600 USD y emprendimos camino rumbo a Honduras. Cerca de la 1:00 p.m. abordamos una guagüita con aproximadamente 20 o 25 personas, incluidos niños y ancianos, y juntos atravesamos Nicaragua. Por el camino nos dimos cuenta de que había más guagüitas. Sumábamos más de 70 personas.
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Cerca de la frontera con Honduras hicimos un segundo pago de 130 USD. Entonces nos montaron en unas diez camionetas, algunas con techo y otras descubiertas. Íbamos unos encima de los otros, apretados, como malamente podíamos. Fue así como tocamos territorio hondureño pocos minutos después de las 10:00 de la noche.
Una vez más cambiamos de vehículo. En ese tramo íbamos en un par de buses tipo escolares. Era de noche y estaba muy oscuro, apenas veía las luces de un pueblo que parecía estar rodeado por lomas y barrancos espantosos. No sabía en qué lugar del mundo estaba, solo que podría ser cualquier rincón de Honduras.
En la madrugada nos bajaron y nos montaron en otros buses que nos llevaban rumbo a Tegucigalpa, la capital. Ya en ese bus íbamos los 70 y pico juntos; tres, cuatro y hasta cinco personas en un par de asientos, de pie o acomodados en el piso.
Cerca de las tres de la madrugada la policía hondureña paró el bus. Dos hombres uniformados subieron y nos dijeron que estábamos ilegales en ese país y que su deber era conducirnos hasta Emigración, pero si colaborábamos nos podían ayudar. Pidieron 20 USD por persona y nosotros les dijimos que no teníamos para darles esa cantidad porque ya habíamos hecho muchos gastos.
No era cierto, pero teníamos que regatear. Allí viajaban familias enteras y muchos llevaban el dinero contado. Al final pagamos 10 USD cada uno, así que se embolsaron más de 700 USD. A cambio, nos custodiaron hasta el centro de Tegucigalpa en dos motos que viajaban justo detrás de nuestra guagua.
Cuando llegamos a la capital, nos montaron en un bus en el centro de la ciudad a pleno día y nos llevaron para un pueblo que parecía tener mucha vida turística. Debíamos pasar la noche allí. Todo estaba bien organizado y no tuvimos que esperar el salvoconducto que usualmente consiguen los migrantes para transitar sin problemas por Honduras.
Antes del amanecer, emprendimos camino rumbo a la frontera con Guatemala, llegamos a una casa y permanecimos allí hasta la mitad de la madrugada. Así comenzó la quinta jornada de mi travesía.
(Foto: Vatican News)
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En las horas que llevaba con los coyotes o «guías», como los llamábamos, me parecieron gente buena, que habían hecho del cruce ilegal la manera de llevar el pan a sus casas. Siempre nos trataron con amabilidad y respeto. Funcionaban todos como un gran equipo, de manera que cambiábamos de guía en cada país o en cada región, en dependencia de cómo ellos hubieran pactado la ruta. Mantenían absoluta discreción sobre los lugares a los que nos movíamos, evitaban dar detalles de por dónde seguiríamos o los lugares de cada parada.
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Llegamos a la frontera con Guatemala a las 6 a.m. Atravesamos el límite fronterizo a bordo de unas camionetas de las que atrás no tienen techo, sino unos tubos de hierros.
Tras una breve estadía en una casa pequeña durante un par de horas, continuamos la travesía por la ciudad de Guatemala o Asunción, como también se le conoce, hasta un punto localizado a solo veinte minutos de la frontera con México. Allí vivimos la primera parada larga de todo el trayecto. Nos explicaron que la situación migratoria en México estaba muy difícil, con muchos cubanos que iban a deportar. Permanecimos siete días en ese lugar, donde podíamos comer, bañarnos y ver la televisión.
Transcurrida esa semana, echamos a andar nuevamente hacia un pueblo desde donde resultaba más fácil acceder a México, pero en ese lugar tardamos tres días más. En total estuve diez días en Guatemala y desde que saliera de Nicaragua, ya había pagado mil dólares por el viaje.
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México fue la parte más tensa del trayecto porque el peligro de deportación era constante y nos acechaba el miedo de caer en manos de los cárteles de la droga. Se nos pedía mantener el más absoluto silencio y no llamar la atención.
Permanecimos albergados en un pueblo que fue una de las peores experiencias de mi vida. El grupo había crecido en número y éramos alrededor de doscientos cubanos, más una cantidad similar de nicaragüenses, hondureños, guatemaltecos y personas de diversos países de América Latina.
Corría el mes de febrero y hacía mucho frío. El agua de la pila estaba helada y solo había tres baños para alrededor de cuatrocientas almas. Durante las cuatro noches que nos quedamos en aquella casa nadie pudo asearse ni comunicarse con la familia porque no teníamos cobertura. Las condiciones físicas del grupo no eran las mismas de las primeras semanas.
Nos sentíamos mal alimentados, mal bañados y el cuerpo no respondía igual. Las personas vomitaban con más facilidad a bordo de los autobuses o las camionetas, algunos habían enfermado con padecimientos estomacales… los niños lloraban, se quejaban.
Dicen que son los jóvenes quienes emigran y, por ende, si tienes un hijo lo llevas contigo; pero me emocionó mucho ver a tantas personas de la tercera edad ponerse en riesgo para salir de Cuba y empezar una nueva vida, cuando ya no quedan las mismas fuerzas y los sueños de juventud parecen cosa del pasado.
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El siguiente movimiento rumbo al centro de México lo hicimos a bordo de unas furgonetas en grupos más pequeños. Nos tuvieron en medio del campo en unas casas de palo hasta por la noche. Cuando retomamos la carretera, subidos encima de unos camiones como si fuéramos ganado. Ya empezaban a sentirse los nervios a flor de piel.
La policía de emigración parecía respirarnos en la nuca todo el tiempo, llevábamos casi treinta días de viaje y estábamos desesperados por llegar. Teníamos miedo de que nos encontraran y nos regresaran a Cuba después de tanto esfuerzo.
Una noche los guías nos dejaron solos en la casa, porque tenían noticias de que muy pronto caerían las autoridades en el refugio donde nos encontrábamos. Ellos no iban a arriesgarse a ser atrapados, así que designaron como encargado a una persona del grupo, un migrante como nosotros, a quien le dieron indicaciones por el teléfono de que saliéramos del lugar.
Casi sufrí un ataque de asma porque eran como las dos de la madrugada. Al principio íbamos medio agachados y luego tuvimos que empezar a correr por un terreno desértico. La arena pesa mucho al correr e impide el avance, pero no podíamos detenernos. Había que correr.
No sabíamos hacia dónde nos dirigíamos, sino que teníamos que estar atentos a las indicaciones del muchacho. Él era quien decía: «agáchense, caminen por aquí, brinquen por allá, sigan recto…». No recuerdo cuanto tiempo estuvimos perdidos en estampida hasta que llegamos a la ubicación correcta donde nos esperaban unos carros.
En ese momento nos pidieron que los hombres fueran para un lugar y las mujeres para otro. Yo no me dejé convencer. Si íbamos juntos teníamos que permanecer así porque no sabíamos los riesgos a los que podríamos exponernos. Al final la gente permaneció unida, con sus compañeros más cercanos o sus familiares.
Policía Federal en México
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Después de esa experiencia nos sentíamos en peligro. El grupo de migrantes había crecido mucho. La bulla de tantos cubanos juntos era otro riesgo al que nos exponíamos. Nos preocupaba nuestra seguridad y los tres decidimos cambiar de guía.
Nuestros familiares, quienes pagaban cada tramo mediante transferencias bancarias, contactaron con otro coyote. Tuvimos que liquidar dos mil dólares por cada uno para que nos trasladaran hasta un punto donde nos esperaba el nuevo guía, que cobraría mil quinientos restantes, porque el cruce por México tenía un valor de 3 mil quinientos dólares.
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Había trascurrido un mes y cinco días de la travesía cuando empezamos a trasladarnos rumbo a Piedras Negras, localidad fronteriza del estado de Coahuila, que colinda con Texas. Avanzábamos en una calma aparente. Acercarse al río o al desierto aumenta el peligro de ser capturado por la policía a la caza de migrantes ilegales. Formaba parte ahora de un grupo de diecinueve personas, lo que adormecía mis nervios y los malos augurios.
Crucé el Río Bravo al mes y ocho días después de salí de La Habana. Pasamos primero diez y después nueve. El muchacho más alto entró de primero para marcar el paso y medir la profundidad. Nos juntamos en la orilla y formamos una cadena, cada uno sostenía la mano de su compañero. Con nosotros iba una niña pequeña que era la prioridad de todos.
Un hombre alto y fuerte la cargó sobre sus hombros y así nos adentramos en el agua. Corrimos con suerte al no ver ningún policía. El paso por el río fue muy peligroso, de verdadero pánico. La presión del agua en el primer tramo nos tambaleaba, pero permanecimos con paso firme y supimos acomodarnos.
Al otro lado nos recibió la migra americana. Les dijimos que éramos cubanos y nos pidieron algún documento que permitiera identificarnos. Yo entregué mi carné porque no llevaba pasaporte. También les facilité la dirección de mi familia en Texas. Nos quitaron los teléfonos, todas nuestras pertenencias y las prendas mojadas que guardaron en una bolsa. Fuimos en un camión hasta el centro de detención migratoria de Piedras Negras.
***
En el centro me tomaron las huellas y me dejaron bañarme. Luego me ubicaron en unas carpas hechas de unas lonas blancas y transparentes, dispuestas de forma tal que que en el primer cubículo puedes ver a las personas de cuatro cubículos más atrás. Cada carpa cuenta con un televisor y un reproductor de DVD, con el que proyectan películas de muñequito. Ahí teníamos agua, manzanas, barritas energéticas, papitas, galletas.. para disponer a nuestro antojo. También nos daban desayuno, almuerzo y sándwich por la noche.
Durante los días que permanecí en Piedras Negras conviví con personas de muchos países de América Latina: haitianos, argentinos, nicaragüenses, mexicanos, venezolanos… Andábamos todos con unos nylons plateados y una colchoneta para dormir. Así es como sobrevives en ese lugar. A medida que la gente se marcha, reúnes más nylons para hacerte almohadas y dormir mejor, porque ahí lo único que se puede hacer es dormir y comer.
Para mí fue la etapa más desesperante de toda la travesía porque nadie me llamaba ni para preguntar mi nombre. En cambio, veía cómo pasaban a buscar a otras personas para interrogarlos o rellenar formularios. Luego supe que de las personas que entraron conmigo algunos estuvieron menos tiempo detenidos y otros hasta un mes.
Temprano en la mañana del cuarto día, mientras tejía trenzas en el cabello de una muchacha que había conocido en el último trayecto, vinieron los oficiales y dijeron nuestros nombres. Me entregaron mi antiguo teléfono y otro para estar localizable.
Llegué a una iglesia del sur de Texas donde me recogería mi hermano cuatro horas después. Lo vi, nos fundimos en un abrazo que supe eterno y le dije: «Este es el día en que, por fin, he llegado a Estados Unidos».

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EEUU ha detenido a 150 balseros cubanos en menos de una semana

MIAMI, Estados Unidos.- Con las cifras más altas de los últimos siete años, el éxodo de migrantes cubanos parece seguir aumentando día tras día. Según agentes de la Patrulla Fronteriza asignados a los Cayos de Florida, solo desde el miércoles pasado han sido detenidos 150 personas procedentes de la isla.
En un comunicado emitido este martes por Walter Slosar, agente jefe de la Patrulla Fronteriza para el sur de Florida, desde el 1 de octubre de 2021, fecha en la que inicia el actual año fiscal, la Patrulla Fronteriza ha respondido a más de 216 desembarcos en los Cayos y se ha encontrado con más de 3 000 migrantes tanto de Cuba como de Haití.
Captura de pantalla
Este lunes, poco después de que la Guardia Costera anunciara en un comunicado que había devuelto 30 cubanos a la isla, la misma agencia federal informó que, también desde el 1ro de octubre, 4 822 cubanos que intentaban llegar a Estados Unidos habían sido detenidos a lo largo del Estrecho de Florida.
Los 30 cubanos detenidos y devueltos a La Habana fueron interceptados en varias interdicciones el viernes y durante el fin de semana.
Según la Guardia Costera estadounidense, los 4 822 cubanos detenidos desde octubre 1ro constituyen la mayor cifra de personas atrapadas procedentes de Cuba, desde 2017, intentando llegar en barco al sur de la Florida.
Durante el año fiscal 2017, 5 396 inmigrantes cubanos fueron atrapados tratando de llegar a costas estadounidenses. La cifra se redujo considerablemente para 2020, con solo 50 personas interceptadas.
La situación, sin embargo, solo ha empeorado, principalmente desde las protestas antigubernamentales del 11 de julio de 2021. La crisis económica política y social en la isla tiene a sus ciudadanos huyendo por tierra, mar y aire.
Según la Patrulla Fronteriza 24 inmigrantes cubanos llegaron a Cayo Hueso el martes. El día anterior, 33 migrantes, divididos en dos grupos, llegaron a diferentes áreas de los Cayos. Entre el sábado y el domingo, 27 cubanos tocaron tierra también en los Cayos. El viernes 26 de agosto 42 cubanos fueron detenidos luego de tocar tierra en un grupo de islas al oeste de Cayo Hueso, en un bote pesquero de madera.
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Patrulla Fronteriza detiene a 16 balseros cubanos que arribaron a Cayo Hueso

MIAMI, Estados Unidos. — La Patrulla Fronteriza de Estados Unidos (USBP, por sus siglas en inglés) detuvo a 16 balseros cubanos que desembarcaron en la mañana de hoy por una zona de Cayo Hueso.
El agente jefe de Patrulla Walter N . Slosar informó en Twitter que los cubanos arribaron a territorio estadounidense a bordo de una embarcación artesanal y que, tras ser puestos bajo custodia de las autoridades, recibieron asistencia médica de rigor.
“16 inmigrantes cubanos fueron puestos bajo custodia de la Patrulla Fronteriza de EE. UU. esta mañana después de tocar tierra cerca de Cayo Hueso en una embarcación rústica. Los Servicios Médicos de Urgencias están en escena evaluando a las personas”, indicó la publicación.
(Foto: Screenshot/Twitter)
Este martes agentes de la propia Patrulla Fronteriza de los Estados Unidos (USBP, por sus siglas en inglés) interceptaron a otros siete migrantes de la Isla que desembarcaron en Cayo Boca Grande, una isla deshabitada al oeste de Cayo Hueso.
Como viene ocurriendo en los últimos meses, los balseros (cinco hombres y dos mujeres) desembarcaron en Cayo Boca Grande en una embarcación casera.
Aunque más de 3 000 de migrantes cubanos han logrado arribar a territorio estadounidense desde octubre de 2021, la mayoría han sido devueltos a la Isla.
Las autoridades de EE. UU. han alertado en varias ocasiones sobre los peligros que implica la travesía marítima a través del estrecho de Florida. También han advertido que pisar suelo norteamericano no es una garantía de que los migrantes puedan quedarse.
A inicios de junio, la Guardia Costera de Estados Unidos (USCG, por sus siglas en inglés) confirmó la muerte de al menos 39 personas que han intentado llegar por mar a EE. UU. en embarcaciones “inseguras, sobrecargadas y precarias”.
La propia Guardia Costera indica que desde el 1 de octubre de 2021 —inicio del año fiscal en EE. UU. — solo las tripulaciones de ese organismo han interceptado a más de 3 400 inmigrantes cubanos.
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Régimen cubano y sus medios ocultan las cifras del éxodo

LA HABANA, Cuba. — Mientras miles de cubanas y cubanos buscan salir del país por la crítica situación económica y política que se vive en la Isla, el régimen cubano y sus medios de prensa oficiales intentan ocultar la dimensión de la crisis.
En una revisión de las publicaciones en redes sociales realizadas —desde inicios de mayo— por el presidente Miguel Díaz Canel y el canciller Bruno Rodríguez Parrilla, se detectaron solo tres publicaciones sobre el tema, todas emitidas por el canciller cubano.
En los posteos, Rodríguez omite hablar de “crisis” y nunca menciona cifras que dimensionen el tamaño del éxodo que vive la Isla. Por el contrario, se limita a culpar al gobierno de los Estados Unidos por, según él, promover la migración irregular de cubanos.
Por ejemplo, el 2 de julio publicó: “La política de EE. UU. vs Cuba en materia migratoria continúa estimulando la emigración irregular, el tráfico de personas con operaciones en aquel país. Las consecuencias de esta actividad criminal incluyen la pérdida de vidas y el sufrimiento de las familias cubanas”.
El ocultismo que muestran las autoridades cubanas también se observa en los medios oficialistas. Normalmente, Granma y Cubadebate solo informan sobre la cantidad de migrantes que son devueltos por las autoridades de otros países.
Por ejemplo, el pasado 18 de junio, Cubadebate publicó el titular Devueltos más de 3.200 migrantes irregulares a Cuba en 77 operaciones en 2022. El 25 de mayo, el diario Granma informó: Más de 2.500 cubanos migrantes irregulares han sido devueltos.
Las notas de Granma y Cubadebate no hacen mención a cuántas personas están huyendo de la Isla o a las causas de la masiva salida. Sin embargo, los medios castristas sí publican artículos en que se plantea que la crisis migratoria es “fabricada” por los Estados Unidos.
Un ejemplo de ese tipo de publicaciones fue el artículo de Granma, del 22 abril, titulado A quién le interesa fabricar ‘una crisis migratoria’ entre Cuba y los EE. UU., en que se plantea, sin pruebas, que todo es un plan de los Estados Unidos para generar caos en Cuba.
“Ante el fracaso del 11 de julio el plan yanki que busca generalizar el caos y vender al mundo la imagen de una isla ingobernable, ensangrentada y tiránica, para justificar ‘la intervención’ humanitaria, tratan de generar esa imagen usando el viejo expediente de las crisis migratorias”, dice el artículo.
¿Qué sabemos sobre la dimensión de la crisis?
El pasado 17 de junio, CubaNet publicó que desde el 11 de octubre del 2021 hasta el 31 de mayo del 2022 habían arribado a los Estados Unidos 140 602 cubanos. Los datos fueron revelados por el Departamento de Aduanas y Protección de Fronteras de los Estados Unidos. La misma nota informaba que solo durante el mes de mayo arribaron a ese país 25 692 cubanos, según un documento de la misma entidad.
Esas cifras son superiores a las del éxodo del Mariel en 1980, cuando emigraron a Estados Unidos unos 125 000 cubanos, lo cual convertiría a la crisis actual en la mayor de la historia de la Isla.
(Infografía: IWPR)
Nota: Este trabajo fue realizado en colaboración con el Institute for War & Peace Reporting (IWPR).
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Director de teatro sobre el éxodo de cubanos: “Se nos va Cuba, despacio pero constante”

VILLA CLARA, Cuba. — Freddys Núñez Estenoz, director del popular grupo camagüeyano Teatro del Viento, ha dedicado una publicación en su cuenta personal de Facebook para referirse a la emigración constante de cubanos, a raíz de que la campeona mundial y bronce olímpico en Tokio 2020, Yaimé Pérez, decidiera quedarse en Estados Unidos tras abandonar la delegación de la Isla que asistió al Campeonato Mundial de Atletismo de Eugene, en Oregón.
Núñez comenzó diciendo que una de las actrices del grupo también se despidió la noche anterior “del público, del teatro y de Cuba”. “Se nos va Cuba, despacio pero constante, pronto, muy pronto seremos nada, y tendremos que adorar las glorias pasadas, que, con el tiempo serán tan distantes, que puede que muchos duden si fueron verdaderas”.
El dramaturgo aseguró que siente rabia e impotencia y que, a nivel oficial, parece que no ocurre nada. “Si hacen alguna referencia es para culpar a los atletas, para cuestionar a los hijos de esta tierra que escogen partir, a esos confundidos que se van tras cantos de sirenas. He llegado a creer que esto es un plan macabro, donde no cabe la casualidad”.
Indicó, además, que cada cubano que se marcha se lleva consigo un trozo de “nuestra gloria”, de “nuestra vergüenza isleña” y que son considerados como “material desechable” o “sustancia radioactiva”.
“No más discursos de culpables, no más discursos de justificaciones, no más discursos de resistir, resistir y resistir, no más trincheras, no más extremos, creo que aún no somos conscientes de la catástrofe, o acaso lo somos, y mirar al lado y hacer como que nada ocurre se ha convertido en la norma”, dijo más adelante.
“Es improcedente intentar sostener un presente que se hace añicos contra el pavimento, y todos los sabemos, incluso lo saben esos de puestos importantes que antes las cámaras y en público, exhiben su compromiso y a solas, o en círculos reducidos, reconocen que algo se está muriendo, que algo ha muerto y huele, huele mal”, apuntó al artista.
Al mismo tiempo refirió que urge reconstruir el entramado social del país, otorgar valor a lo imprescindible, que es la familia, el amor, el perdón, la reconciliación y la tolerancia y dejar a un lado “el maldito negocio del odio”.
En estos momentos, Teatro del Viento se encuentra estrenando la obra “Huevos”, del dramaturgo Ulises Rodríguez Febles, en el Teatro Avellaneda de esta ciudad, una nueva versión que transmite dolor, furia y desolación, según ha indicado el propio director. El argumento está basado en los actos de repudio que tuvieron lugar en la década del ochenta en Cuba a raíz del éxodo del Mariel y que convida “a no olvidar”. “Las paredes aún están manchadas, aunque las pinten siguen manchadas”, reza uno de los parlamentos del espectáculo.
En solo una mañana se vendieron más de 1 700 entradas según reseñan los medios locales, un ejemplo claro de la amplia popularidad de la que goza la agrupación por su discurso abierto, atrevido y por momentos satírico.
Teatro del viento fue fundado en Camagüey el 2 de junio de 1999 y ha estrenado obras bastante polémicas con evidente crítica hacia el interior de la sociedad cubana. En varias oportunidades, Núñez ha indicado que sus puestas en escena están encaminadas a mejorar su país, a transformar su realidad.
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De los éxodos a las directas en Facebook: Desde hace 62 años las protestas en Cuba no han cesado

CIUDAD DE MÉXICO, México.- Sobre las diez de la mañana del 11 de julio de 2021 residentes de San Antonio de los Baños, Artemisa, a 35 kilómetros de La Habana, comenzaron a transmitir en sus redes sociales, en vivo, un hecho inesperado. Cientos de vecinos del municipio protestaban en las calles. Los videos que se tomaban eran inmediatamente compartidos por usuarios de redes de toda la Isla y replicados por los medios independientes.
Hartos de los cortes de electricidad, la falta de medicinas y la escasez de alimentos, los pobladores salieron bajo gritos de “libertad” y “patria y vida”. 
Como un dominó colocado de pie, la ficha que cayó en San Antonio movió el resto de la estructura. Esa chispa viajó por el ciberespacio y encendió el país entero. Para el 12 de julio ya se habían sumado más de 60 comunidades. En esos dos días y en los que siguieron, serían detenidas casi 1.500 personas por su participación en las protestas, según el recuento del grupo de la sociedad civil, Justicia 11J.
Era la primera vez que todo el país se manifestaba, en lo que ha sido la protesta más grande acontecida en la Isla desde la toma del poder por parte de Fidel Castro en enero de 1959.
Al igual que en San Antonio, en el resto del territorio los gritos reclamaron mejores condiciones de vida, pero también el fin de la dictadura o el comunismo, más libertad e incluso se escucharon insultos al gobernante Miguel Díaz-Canel, como puede verse en los videos transmitidos.
El 11J ocupó titulares por todo el mundo en los que se recalcaba lo inaudito de los hechos. En medio de una profunda crisis socioeconómica, agravada por la pandemia de la COVID-19, había ocurrido lo que parecía imposible: el país que nunca protesta se había volcado contra su gobierno. 
Esas mismas notas, al tratar de buscar un antecedente similar al 11J, solo encontraban uno: el llamado Maleconazo, una protesta multitudinaria registrada en agosto de 1994, en el Malecón de La Habana, principalmente. 
Como sucedió con el 11J, el Maleconazo ocurrió en medio de una profunda crisis económica: la que provocó en Cuba la caída de la Unión Soviética. Y como ha sucedido también tras el 11J, que ha desembocado en una crisis migratoria histórica de cubanos en la frontera terrestre entre Estados Unidos y México, el Maleconazo también desencadenó una salida masiva de personas, en aquella ocasión, en balsas, cruzando el mar hacia Florida. 
Pero ambos eventos tienen una diferencia sustancial. El Maleconazo no trascendió de la capital. Incluso en la misma ciudad, una parte de la población no se enteró hasta horas o días después. 
En 1994 no había Internet, teléfonos celulares o medios de prensa al alcance de los cubanos que dieran cobertura inmediata a protestas. Los hechos fueron reportados por la prensa extranjera hacia afuera, pero la gran mayoría de la población no se enteró a tiempo y las manifestaciones apenas se extendieron. 
Si las protestas de San Antonio de los Baños hubiesen ocurrido en las mismas circunstancias, quizá hubiesen quedado como un fenómeno local, un movimiento que el régimen hubiese podido presentar con facilidad como una protesta contra los apagones.
El 11J, por tanto, sí fue un evento extraordinario en la historia del país. Pero lo que lo desencadenó no fue necesariamente un malestar contra el gobierno mayor al existente en otros momentos históricos, como el Maleconazo. Lo que había cambiado en 2021 eran las condiciones en las que ocurrió la protesta.  
La Cuba de 2021 ya no era la de 1994. Las protestas en San Antonio de los Baños ocurrieron en un país con acceso a Internet en teléfonos celulares; un país en el que el Departamento Ideológico del Partido Comunista de Cuba ya no posee un monopolio de la información a la que tiene acceso la población.
A pesar de que el Estado respondió rápido y propició un apagón de Internet que duró días, no pudo evitar que las protestas escalaran hasta un punto que, para aplacarlas, fue necesario detener a cientos de personas y sacar a las calles a miles de policías, militares y contramanifestantes armados con palos. 
Esta vez, el Departamento Ideológico no pudo decidir qué contar y cómo, qué hechos omitir o manipular, como había sucedido con anteriores manifestaciones de disidencia de la sociedad civil. Cubanos de todo el país vieron lo sucedido con sus propios ojos.
Esta fue otra de las grandes diferencias entre el 11J y el Maleconazo o protestas anteriores: fue demasiado grande como para ser omitida. Esto rompió la narrativa oficial y la percepción dominante desde fuera, de que Cuba es un país en el que no se protesta nunca. 
Efectivamente, en las últimas seis décadas en Cuba se ha vivido lo que en cualquier otro país de la región sería una anomalía: apenas han existido manifestaciones públicas antigubernamentales. El propio Estado se ha encargado de que así sea, hostigando a quien podía organizarlas, asfixiando cualquier forma de organización al margen del partido único.
Pero eso no significa que no hayan existido acciones de la sociedad civil contra el gobierno, primero en el mundo físico y ahora en el virtual. 
A pesar del silencio en los libros de historia oficial o los periódicos, en la Isla, antes del 11J, hubo levantamientos armados; grupos de oposición pacífica, miles de presos políticos y prensa independiente que criticaba los abusos o el mal desempeño del gobierno. 
En los últimos años un grupo de artistas, el Movimiento San Isidro, hizo fisuras al totalitarismo y desencadenó una movilización sin precedentes en el mundo del arte para reclamar más libertad. Por otro lado, decenas de miles de madres, desesperadas por la falta de alimentos, se han organizado en grupos de Facebook para prestarse entre ellas el apoyo que no reciben del Estado.  
Las razones para el malestar, en realidad, nunca dejaron de existir. 
Irse es también protestar
Los primeros años posteriores a la Revolución fueron convulsos. Hubo intentos de derrocar al gobierno por las armas, como la invasión de Playa Girón de 1961. Existieron grupos guerrilleros, como los de la Sierra del Escambray que pervivieron hasta finales de la década de 1960. Decenas de miles de personas abandonaron el país en éxodos, como el de Camarioca de 1965, y se establecieron en Miami. Y las manifestaciones de descontento contra la implantación de un estricto modelo soviético en el país no fueron extrañas. 
Pero tras este periodo inicial, para la década de 1970, las formas de confrontación al poder se habían vuelto casi inexistentes.  
La imagen que difundía el régimen entonces era que todos estaban felices en la Isla. No había nada que reclamar. La “escoria” ya se había marchado. 
Pero en abril de 1980 se puso en evidencia que el descontento no había desaparecido. Una ola de protestas terminó desencadenando el llamado éxodo del Mariel, en el que unas 125 mil personas abandonaron el país en seis meses.
Escapar ha sido probablemente uno de los mayores síntomas de hartazgo en Cuba y la manera más recurrente de protestar. La frase “si no puedes cambiar tu país, cambia entonces de país” ha emergido como una especie de filosofía nacional para una Isla de la que salir no es sencillo, ni durante décadas fue fácil hacerlo legalmente, pero que cuenta con una de las diásporas más numerosas de América. 
Solo en Estados Unidos, la comunidad cubanoamericana sumaba 2.3 millones de miembros, en 2020, según los datos del último censo de población de ese país. Mientras, la población de la Isla lleva estancada en los 11 millones desde 1997, el número de residentes en el exterior no deja de crecer. Solo entre octubre de 2021 y mayo de este año, unos 140 mil cubanos fueron interceptados tratando de ingresar a Estados Unidos por sus fronteras terrestres, más del 1 por ciento de la población.
Que la migración cubana tiene un componente político resultaba más evidente en la década de 1980, cuando las penurias económicas eran menores y sin embargo miles de personas decidían irse. 
“Entonces no había la miseria de hoy o el déficit habitacional. En esos años la mayoría no quisimos irnos por cuestiones tan básicas como acceso a alimentos”, explica Hugo Landa, director de CubaNet, quien estuvo entre los 10.000 cubanos que se refugiaron en la embajada de Perú en abril de 1980, lo que luego desencadenó la crisis del Mariel.
“En 1980 salir de Cuba era casi imposible y eso generaba una sensación de asfixia porque no te podías mover y tampoco había esperanzas de cambio. Se sufría discriminación ideológica, religiosa, por orientación sexual. Te acosaban o te sacaban de las universidades. La vigilancia era constante. Es cierto que no había el hambre de hoy pero la represión era la misma. Además, aún no había antecedente de algún régimen comunista que hubiese colapsado. Aquello parecía eterno”.
A ese sentimiento de frustración Landa agrega como las posibles causas del éxodo del 80, que justo un año antes comenzaron los vuelos de la comunidad cubana en el exilio hacia la Isla. Los “gusanos” que previamente habían sido descalificados por decidir marcharse eran ahora recibidos por primera vez con hoteles y tiendas exclusivas para ellos y sus divisas. 
Por primera vez, la población comenzaba a entender cómo se vivía en el exterior y, en especial, en el malvado enemigo histórico: los Estados Unidos. Hasta entonces, los cubanos estaban aislados y desbordados de la propaganda, que solía recalcar los peligros del mundo exterior y lo afortunados que eran por estar a salvo en Cuba. Las llamadas telefónicas internacionales eran muy escasas, apenas se permitían tres minutos antes de que se cortara la comunicación. La población recurría a las cartas, escritas con sigilo, para salir de la burbuja. 
Hasta que en 1979 comenzó a permitirse el retorno de los emigrados. Y estos, poco a poco, empezaron a dejar de verse como “escoria”, sino como una fuente de ingresos para el país y una evidencia de que quizá el mundo exterior no era tan terrible como sostenía la propaganda. A lo largo de 1979, cerca de 100.000 visitantes temporales llegaron a Cuba. 
“Eso fue un golpe psicológico fuerte para todo lo que nos habían dicho. Esos exiliados llegaron, mejor vestidos y oliendo a perfume, a contar cómo era la vida afuera y muchos queríamos experimentar lo mismo”, explica Landa. 
Un año después, en enero de 1980, pequeños grupos de cubanos comenzaron a tratar de ingresar por la fuerza en sedes diplomáticas de otros países para solicitar asilo. El objetivo principal fue la embajada de Perú, en la que primero ingresó un grupo atravesando la puerta con un autobús y en la que se llegaron a acumular unas 10.000 personas en un espacio del tamaño de un campo de fútbol.
Fidel Castro respondió a la crisis abriendo las puertas del país. Unas 125.000  personas fueron distribuidas en embarcaciones que llegaron desde Estados Unidos al puerto de Mariel. El régimen permitió la salida de quienes habían buscado refugio en las embajadas, de personas que vieron en el incidente su deseada oportunidad para emigrar y también de grupos considerados indeseables, como presos, pacientes con enfermedades mentales o personas LGTBIQ+.
La crisis del Mariel, al igual que la de los balseros posterior al Maleconazo o el actual éxodo, facilitado por la eliminación de las visas para ingresar a Nicaragua y desde allí tratar de llegar a Estados Unidos, han sido para los cubanos un modo de mostrar su descontento, de protestar.
Iniciativas cívicas que también son protesta
“Los cubanos no han necesitado crisis (económicas) para estar en contra de la dictadura. Lo han hecho en momentos complejos, como en 1994 y 2021, pero también sin ellos. Pensemos en el Mariel, los alzados, los campesinos que luego movieron a los pueblos cautivos”, responde el historiador Arsenio Rodríguez Quintana. 
En los años posteriores a los hechos del Mariel y el Maleconazo, aunque no todas muy conocidas, sí hubo acciones cívicas contra la dictadura, algunas con más impacto que otras. Eso sí, fueron generalmente aisladas y con baja convocatoria. 
Los grupos de oposición organizada que existían dentro del país fueron en esta época, entre el final del siglo XX y el comienzo del XXI, los principales actores que pedían cambios. Los integrantes de estos grupos y sus familiares pagaron con sus cuerpos tal afrenta al sistema. 
Entre los movimientos de este tipo más importantes se encuentra el Proyecto Varela, promovido por el Movimiento Cristiano de Liberación, del activista Oswaldo Payá. Esta iniciativa, que funcionó entre 1998 y 2004, recogió más de 10.000 firmas para pedir, por cauces oficiales, la convocatoria de un referéndum que condujera a una transición hacia un sistema democrático.
El gobierno no solo ignoró el Proyecto Varela, sino que, en 2003, encarceló a un grupo de 75 personas militantes de los principales grupos de oposición. Esto, la llamada Primavera Negra, desencadenó un movimiento de mujeres familiares de presos: las Damas de Blanco, que lucharon por la liberación de sus esposos, hermanos o hijos y que ha estado activo desde entonces, denunciando la situación de los presos políticos. 
El Proyecto Varela y las Damas de Blanco figuran entre las manifestaciones de disenso más reconocidas de este siglo. Pero el hecho de que el gobierno satanizara estos movimientos y persiguiera a sus promotores, sumado a las dificultades de la población para encontrar información independiente –el acceso a Internet prácticamente no existía en Cuba entonces– contribuyó a apagar cualquier llama, antes de que fuese replicada.
En la actualidad, según explica Juan Antonio Blanco, director del Observatorio Cubano de Conflictos, en el monitoreo que realizan han encontrado que las protestas o manifestaciones de descontento son “en su inmensa mayoría iniciadas por ciudadanos sin vínculos con los grupos de opositores políticos”. Tienen como eje demandas económicas, sociales o culturales.
A la par, asegura Blanco, han constatado que cuando arrecia la represión como respuesta a estas protestas, se da la paradoja de que las manifestaciones se incrementan aún más, para denunciar la situación de los presos o los abusos policiales. 
Estos ciclos de protesta, limitados pero constantes, sin embargo, no inducen a la población a mayores niveles de organización. “El actual movimiento de protestas, a diferencia de la resistencia armada y la no violenta de décadas anteriores, no está estructurado. No hay secretarios generales, presidentes, ni juntas de coordinación. Por lo que los supuestos ‘cabecillas’ que siempre trata de identificar la Seguridad (del Estado) no existen”, sostiene Blanco.
Internet es un peligro y lo saben
En julio de 2021 ya el país no era el del Maleconazo o el de la Primavera Negra. La mayoría de la población estaba conectada a Internet y redes sociales como Facebook contaban con varios millones de usuarios. Las directas y las publicaciones que salieron de San Antonio de los Baños el 11J llegaron a miles de otros cubanos en otras provincias que decidieron seguir el ejemplo. 
El doctor Wilber Álvarez, por ejemplo, que vive en Contramaestre, Santiago de Cuba, relató a CubaNet que él decidió protestar en su localidad al ver en las redes los videos de San Antonio de los Baños y la vecina Palma Soriano. “Facebook y Telegram estaban llenos de videos. Un amigo me avisó que se tiraron para la calle. Él me animó a hacer algo”, explica el doctor en estomatología. 
Antes de diciembre de 2018, cuando comenzó el servicio de datos móviles para teléfonos celulares en la Isla, Wilber y su amigo Ibrahim hubiesen tenido muchas dificultades para enterarse de la protesta y ponerse de acuerdo entre ellos para manifestarse. 
Con el acceso a Internet solo restringido a lugares públicos muy puntuales, como sucedía hasta 2018, los habitantes de San Antonio de los Baños no hubiesen podido retransmitir en directo su protesta. En el resto del país, los usuarios de la red habrían necesitado horas para enterarse. 
Disponer de Internet en todas partes y privacidad para usarlo fue clave para que el 11J sucediera. Y esto es algo que el gobierno conocía, tenía previsto y había tratado de evitar, extendiendo el control que ejercen en el mundo off line a la red. 
En 1996, antes de permitir las líneas celulares privadas o que los cubanos accedieran a la web, Cuba reguló Internet por primera vez. El Decreto-Ley 209 estableció que el acceso a las redes de información tendría un “carácter selectivo” y que tendría que estar “en correspondencia con nuestros principios éticos”. 
A esta primera norma le siguieron toda una serie de regulaciones cada vez más restrictivas de la libertad de expresión. A medida que el país estaba más conectado, los usuarios de las redes estaban cada vez más amordazados, como puede verse en la siguiente línea del tiempo.

Uno de los puntos culminantes en este avance de la censura no fue la introducción de una ley, sino una práctica que se ha vuelto recurrente: los cortes selectivos de Internet a determinadas personas o en ciertas áreas. El objetivo es claro: evitar que la información se propague y que más personas se sumen a las protestas.
Así ocurrió, por ejemplo, el 26 de noviembre de 2020. Aquel día, las redes sociales y otros servicios súbitamente dejaron de funcionar en Cuba. Uno de los primeros apagones en la corta historia del Internet nacional ocurrió cuando un grupo de artistas del Movimiento San Isidro (MSI), que estaban en huelga en un edificio de la calle Damas de La Habana Vieja para exigir libertad para crear, fueron desalojados a la fuerza.   
Los cortes, sin embargo, no pudieron evitar que al día siguiente, el 27 de noviembre de 2020, un grupo de artistas y jóvenes intelectuales se sentaran frente a la sede del Ministerio de Cultura en La Habana para protestar por lo sucedido el día antes y demandar, entre otras cosas, el cese de la criminalización del arte. 
En esta protesta, de nuevo, Internet jugó un papel clave, ya que gracias a las redes sociales y sistemas de mensajería los presentes convocaron a otros y para el final de la noche cientos de personas se congregaron frente a la sede del Ministerio. El llamado 27N sería uno de los antecedentes principales del 11J y de la marcha del 15 de noviembre de 2021, el 15N.
Que el régimen aplicara cortes de Internet para tratar de silenciar la represión contra el Movimiento San Isidro era un reconocimiento a la importancia que había adquirido en las redes este colectivo. Pese a estar circunscrito a un grupo de artistas de un barrio de La Habana, muchas de las acciones del MSI se habían convertido en fenómenos de alcance nacional e internacional. 
“El manejo que hicimos en redes sociales fue determinante para trabajar y darnos a conocer”, concluye Yanelys Núñez, una de las fundadoras del Movimiento.
Este pequeño grupo de creadores, entre otras acciones, organizó en 2018 una bienal de arte alternativa cuando las autoridades decidieron cancelar la bienal oficial de La Habana sin dar mayores explicaciones. 
También protestaron activamente contra la aplicación del Decreto-Ley 349 que criminalizaba el arte independiente. El Decreto no fue derogado, pero aún no ha sido aplicado, algo que habría sido difícil de conseguir sin la presión generada por este colectivo. 
“El MSI creó un referente en el imaginario popular en un momento donde había un adormecimiento. Mostramos (al gobierno) que no podían tomar decisiones arbitrarias, de modo unilateral sin que desatasen una reacción”, explica Núñez. 
El MSI, hoy con dos de sus miembros en la cárcel y muchos de ellos en el exilio, se ha convertido en uno de los referentes de la protesta pacífica en Cuba. Uno de los integrantes destacados del movimiento, Luis Manuel Otero Alcántara, es también uno de los presos políticos más conocidos del país a nivel internacional, algo a lo que ha contribuido de manera decisiva las campañas en redes que se han organizado para visibilizar su situación. 
Activismo en la red
El activismo virtual, de hecho, pese a los esfuerzos del gobierno por evitarlo, se ha convertido en los últimos años en una de las formas de protesta más comunes. 
En un país donde hay un influencer preso por burlarse del presidente Díaz-Canel en una directa, atreverse a postear cualquier contenido crítico requiere de valor y es una forma de mostrar disenso en un país en el que las autoridades criminalizan y hostigan a cualquiera que muestre pensamiento independiente. 
Protestar no es solo salir a una de las calles más concurridas de La Habana con un cartel que diga “libertad de expresión”, tal y como hizo en 2020 Luis Robles, lo que le costó una condena de cinco años de prisión. No todo el mundo está dispuesto a un nivel tan alto de exposición.
Protestar es también lo que muchos cubanos como Amelia Calzadilla hacen todos los días en las redes. Calzadilla es una madre de tres niños que se viralizó por sus videos en Facebook, criticando la ineficiencia del estado para satisfacer las necesidades más elementales de la población. 
Tras ella, salieron decenas de madres a apoyarla y también a protestar porque sus hijos carecen de alimentos, zapatos, medicinas. Este es el origen de un chat de Telegram, Madres Cubanas Unidas, que hoy tiene más de 4 mil miembros. Aunque no han llegado a dar el paso, uno de los temas recurrente que tratan las madres es la necesidad de organizar una manifestación para que las autoridades las tengan que escuchar. ¿Qué las detiene? El miedo.
El grupo, de hecho, ha sufrido boicots y hostigamientos y, según se pudo comprobar antes de esta publicación, ya no es visible, al menos, para algunas usuarias. 
Lo que en cualquier otro país sería natural, que un grupo de mujeres se organice para exigir derechos y mejoras para sus hijos en un momento de grave crisis económica, para un sistema totalitario constituye un problema de seguridad que debe ser erradicado.
En esas condiciones, algunos observadores consideran que a la sociedad cubana no le restan otras válvulas de escape que estallidos como el del 11J.
“Creo, que el nuevo estallido ya ha comenzado a generarse”, opina el historiador Arsenio Rodríguez. “Mi temor es que las próximas protestas no sean pacíficas. A los del 11J, que fueron pacíficos, los han puesto en la cárcel. O sea, que quien salga esta vez, y muchos serán familiares de los encarcelados, saldrán sabiendo que tienen que darlo todo pues serán juzgados como criminales. Eso da mucho miedo, pero también el valor de saber que tras la protesta no te queda nada, que tienes que darlo todo”.

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Cifrad récord en crisis migratoria de Cuba: 140.602 cubanos llegan a EE. UU.

MADRID, España.- La cantidad de cubanos que llegaron a Estados Unidos desde el 1 de octubre de 2021 (inicio del presente año fiscal) hasta el 31 de mayo de 2022 alcanzó la cifra récord de 140.602. 
Este dato, revelado ayer por el Departamento de Aduanas y Protección de Fronteras (CBP), confirma que Cuba atraviesa la mayor crisis migratoria de su historia, superando los 125 000 cubanos que llegaron a EE. UU. durante el éxodo del Mariel en 1980. 
El documento indica que solo durante el mes de mayo arribaron a Estados Unidos 25, 692 personas provenientes de Cuba, con la intención de pedir asilo. De ellos 276 lo hicieron por Florida. 
En abril se había registrado la llegada de 35.080 caribeños, en marzo 32.398 y en febrero 16. 657. 
Durante los últimos ocho meses los estados de Texas y Arizona son por los que han arribado a Estados Unidos la mayor cantidad de migrantes cubanos.
En lo que va de año fiscal la Guardia Costera ha interceptado a más de 2.400 cubanos en el estrecho de la Florida.
La CBP también menciona en su informe el Título 42, a partir del cual se determinó en marzo del 2020, debido a la pandemia de la COVID-19, la prohibición de la introducción de personas desde México y Canadá, en interés de la salud pública. 
En abril pasado funcionarios de Estados Unidos y del régimen cubano se reunieron en Washington D.C. para discutir la implementación de los Acuerdos Migratorios entre la nación norteña y la Isla. 
Durante las conversaciones la delegación de EE. UU. destacó áreas de cooperación exitosa en materia de migración, al tiempo que identificó problemas que han sido obstáculos para cumplir con los objetivos de los Acuerdos.
“Permitir una migración segura, legal y ordenada entre Cuba y Estados Unidos sigue siendo un interés mutuo entre ambos países y es consistente con los intereses de Estados Unidos de fomentar la reunificación familiar y promover un mayor respeto por los derechos humanos y las libertades fundamentales en Cuba”, dijo el departamento de Estado.
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Cifra récord en crisis migratoria de Cuba: 140.602 cubanos llegan a EE. UU.

MADRID, España.- La cantidad de cubanos que llegaron a Estados Unidos desde el 1 de octubre de 2021 (inicio del presente año fiscal) hasta el 31 de mayo de 2022 alcanzó la cifra récord de 140.602. 
Este dato, revelado ayer por el Departamento de Aduanas y Protección de Fronteras (CBP), confirma que Cuba atraviesa la mayor crisis migratoria de su historia, superando los 125 000 cubanos que llegaron a EE. UU. durante el éxodo del Mariel en 1980. 
El documento indica que solo durante el mes de mayo arribaron a Estados Unidos 25, 692 personas provenientes de Cuba, con la intención de pedir asilo. De ellos 276 lo hicieron por Florida. 
En abril se había registrado la llegada de 35.080 caribeños, en marzo 32.398 y en febrero 16. 657. 
Durante los últimos ocho meses los estados de Texas y Arizona son por los que han arribado a Estados Unidos la mayor cantidad de migrantes cubanos.
En lo que va de año fiscal la Guardia Costera ha interceptado a más de 2.400 cubanos en el estrecho de la Florida.
La CBP también menciona en su informe el Título 42, a partir del cual se determinó en marzo del 2020, debido a la pandemia de la COVID-19, la prohibición de la introducción de personas desde México y Canadá, en interés de la salud pública. 
En abril pasado funcionarios de Estados Unidos y del régimen cubano se reunieron en Washington D.C. para discutir la implementación de los Acuerdos Migratorios entre la nación norteña y la Isla. 
Durante las conversaciones la delegación de EE. UU. destacó áreas de cooperación exitosa en materia de migración, al tiempo que identificó problemas que han sido obstáculos para cumplir con los objetivos de los Acuerdos.
“Permitir una migración segura, legal y ordenada entre Cuba y Estados Unidos sigue siendo un interés mutuo entre ambos países y es consistente con los intereses de Estados Unidos de fomentar la reunificación familiar y promover un mayor respeto por los derechos humanos y las libertades fundamentales en Cuba”, dijo el departamento de Estado.
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EEUU, México y Bahamas han devuelto cerca de 3 000 cubanos a la isla en 2022

MIAMI, Estados Unidos.- Con un grupo de 64 migrantes, retornados a Cuba este viernes por el gobierno mexicano, la cifra de nacionales cubanos devueltos a la isla por el país azteca en lo que va de 2022 ascendió a 1 247, reportó la agencia estatal Prensa Latina.
El nuevo grupo de migrantes cubanos estaba integrado por 51 hombres y 13 mujeres, y llegó al aeropuerto internacional de La Habana este viernes. Los ciudadanos, dijo el reporte oficial, fueron trasladados a sus provincias de residencia tras ser sometidos a pruebas PCR para descartar contagios por COVID-19.
Según Prensa Latina, los migrantes no violaron leyes migratorias al salir de Cuba, lo hicieron de manera legal “y se incorporaron en México al flujo irregular”.
La repatriación de estos 64 cubanos, la operación número 21 realizada desde México este año, estuvo precedida por otra devolución, de 32 indocumentados, desde los Estados Unidos.
Los cubanos fueron devueltos por el puerto occidental de Orozco, en Mariel, en la operación número 36 de su tipo en lo que va de este año desde ese país y la tercera en la última semana.
Los gobiernos Bahamas y México han devuelto a Cuba desde enero un total de 2 980 personas en 69 operaciones de retorno, han afirmado las fuentes oficiales.
El actual éxodo de cubanos se ha visto disparado desde que en noviembre de 2021 Nicaragua estableciera el libre visado a los residentes en la Isla. El levantamiento de este requisito para viajar ha aumentado aceleradamente la cantidad de cubanos que abandonan el país por esta vía con el objetivo de llegar a Estados Unidos.
Según la agencia de Protección de Aduanas y Frontera (CBP, por sus siglas en inglés) de EEUU, desde el 1ro de octubre pasado, fecha en la que inicia el año fiscal 2022, han llegado a la frontera sur de Estados Unidos casi 115.000 cubanos, una cifra que se acerca a los números del Mariel.
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Joven lanzador de Industriales abandona Cuba

MADRID, España.- El lanzador cubano Luis Lázaro Echezábal, quien había debutado con el equipo Industriales en la actual Serie Nacional de Béisbol, salió de Cuba recientemente y ya se encuentra en República Dominicana.
Según confirmaron a la revista Cubalite dos jugadores de los Leones de la capital, en ese país Echezábal intentará conseguir una firma profesional.
Luis Lázaro Echezábal, de 19 años y natural del municipio habanero 10 de Octubre, actuó fundamentalmente como relevista en la 61 Serie Nacional. Lanzó 12 juegos con un promedio de efectividad de 5.54 y WHIP (Promedio del número de bases por bolas y hits permitidos) de 1.85.
El serpentinero cuenta con una recta alrededor de las 90 millas y buen control de sus lanzamientos.
Luis Lázaro Echezábal en el Estadio Latinoamericano. (Foto: Facebook)
Éxodo reciente de peloteros cubanos
En el pasado mes de mayo, trascendió la salida del país del jardinero Crisptohfer Pérez. El joven de 18 años, quien integró el equipo Cuba en categorías inferiores, emigró también hacia República Dominicana. El pinareño fue el jardinero derecho titular en el Mundial Sub-15 que tuvo lugar en Panamá en el 2018.
En el Campeonato Juvenil de Cuba 2022 marchaba líder en hits de su equipo Pinar del Río y bateaba para .387.
Durante el mes de marzo dejaron la Isla y llegaron a República Dominicana para continuar su carrera deportiva el líder del equipo nacional de béisbol Sub 15, Maykol Valdivia Brown; el prospecto santiaguero Yorelquis Hernández y el matancero Danell Figueroa, quien proyectaba ser un talento como receptor.
Mientras que Miguel Rolando Camacho Yanes llegó a los Estados Unidos después de hacer la ruta migratoria por Centroamérica, durante la cual perdió a su padre debido a un accidente de tránsito.
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Un largo camino a Yuma. Parte II

Tres mil ochocientos dólares por un vuelo a Managua es demasiado dinero, y éramos dos. Tuvimos que vender muchas cosas, además de la ayuda de mi hermano, que siempre estuvo al tanto de todo desde Estados Unidos. Nunca habíamos viajado y esa noche no se durmió en casa. Pasamos el tiempo recogiendo cosas para botar o dejarle a las amistades con el fin de que las vendieran y luego nos enviaran el dinero.
Un par de horas antes de la salida nos tiramos a dormir, pero fue imposible porque temíamos que el taxi fallara, o no escucharlo. La primera vez siempre asusta volar, aunque nosotros teníamos más miedo a cualquier imprevisto en inmigración, o a que el pasaje tuviera algún problema después de tantos días para conseguirlo.  Pero no había otra forma de salir del país.  
Una vez que pasamos los controles nos sentamos en el área de espera con los documentos en orden. Son tantas las historias de personas que habían tenido problema con los pasajes o con inmigración, que una vez del otro lado de las casillas sentimos gran alivio. Por ejemplo, detrás quedó una muchacha de veintiún años que viajaba sola y se nos unió en el área de chequeo de pasajes. Desafortunadamente no pasó el chequeo de inmigración por estar en la lista de «regulados».
Dimos una vuelta por todos los puntos de venta. En ninguno podíamos comprar con nuestros pesos cubanos, reservados exclusivamente para algún café o merienda, porque todo lo que se expendía era en dólares y a precios elevadísimos. Los dólares que llevábamos no debían malgastarse de ese modo.
El avión era pequeño pero el personal muy cordial. El miedo a volar reapareció cuando comenzó el ascenso y el motor fue cambiando de sonoridad; aunque poco a poco el susto fue cediendo. Irse de Cuba provoca una mezcla rara de alegría y tristeza. Duele mucho alejarse de esa pista que te dice que todos tus sueños de joven se quedan ahí, sin saber si podrás volver, incluso, sin saber si ese nuevo capítulo en tu vida va a llegar a feliz término. Sin embargo, es la única oportunidad de vivir decorosamente de tu trabajo con el mínimo de necesidades cubiertas.  
Miraba por la ventanilla y me preguntaba por mi familia, mis amigos, mi barrio, mi Habana y sus calles. ¿Retornaría alguna vez a casa? Mis ojos se humedecieron y tuve que hacer gran esfuerzo para no romper a llorar delante de tanta gente ilusionada por el incierto pero prometedor futuro al que les conducía aquel avión.  
Aeropuerto de Kingston, Jamaica.
El aterrizaje en Jamaica fue fácil, allí respiramos por primera vez «aire libre».  Teníamos cuatro horas de escala en el aeropuerto. Lo primero que me impactó  fue la cantidad de medicinas de primera necesidad que había en cualquier tiendecita: antibióticos, antipiréticos, antinflamatorios, triple antibiótico, antiácidos.
Realmente sentí un dolor grande, una furia contra los que deben proveer de esos medicamentos al pueblo. La mayoría de las personas se va de Cuba por la comida, pero a mí una de las razones que me hizo involucrarme en esta locura fue la falta de medicamentos, de reactivos para análisis. No quería pasar por lo mismo que vivieron mis padres ante la falta de esos suministros, aunque prefiero reservarme la historia.
Antes de abordar el segundo avión decidimos gastar los primeros dólares, teníamos hambre y no sabíamos qué vendría después. Por suerte, en ese momento la gente de la agencia que coordinó el viaje nos entregó un envase plástico con comida y aquello nos supo a gloria. Luego fuimos guiadas a través del aeropuerto hasta la puerta en que tomaríamos el vuelo a Managua. Ese avión era mucho más grande. Sobraban puestos y las aeromozas invitaron a escoger los asientos.
A Managua llegamos cuando atardecía. Al salir del avión tuvimos q caminar por un pasillo larguísimo hasta llegar a inmigración. Allí había cientos de cubanos. Lo supe porque la cola no estaba organizada, más bien existía una fila del ancho de tres personas, provenientes de diferentes vuelos. Además, el acento propio se hace notar rápido. Varios aviones habían coincidido, unos venían de Cancún, otros de República Dominicana. Creo poder asegurar que fue la cola más larga que he hecho en mi vida. Por suerte se movía rápido.  
Al llegar al extremo, una pareja de funcionarios le echó una ojeada a nuestros papeles e indicaron bajar las escaleras hasta el piso inferior, donde están las colas para las casetas. Ahí nos atendieron militares que preguntaron el tiempo que permaneceríamos en el país. Cobraron 10 USD por persona y nos dieron la bienvenida.
El principal temor al salir de Cuba era estar incomunicados con la familia en Estados Unidos, y esto nos llevó a cometer nuestro primer error. Al pasar los controles inmediatamente preguntamos dónde se compraba una línea telefónica. Enseguida nos mostraron un pasillo ancho y muy largo cerca de la puerta de salida, con varios puntos de venta de líneas, teléfonos y accesorios.

Dos muchachas nos atendieron allí. Compramos una línea de la compañía CLARO y ellas, con habilidad sorprendente, la colocaban después de darte a escoger entre una oferta de 15 USD por quince días y otra por treinta días, que fue a la postre la que pedimos pues tenía alcance hasta México. Nosotros pensamos de inicio que todo estaba bien coordinado y que nuestra aventura no duraría mucho, pero era mejor precaver.
Esa compra ocasionó que nos quedáramos botadas en el aeropuerto de Managua. Cuando caminamos hacia la puerta de salida más cercana no había un alma en toda el área. Nos asustamos un poco, hasta que atinamos a usar las nuevas líneas para llamar al familiar que nos estaba ayudando y a la persona que había gestionado los boletos y la reservación en el hotel.
Explicamos que ignorábamos qué hacer. Yo estaba convencida de que si teníamos que dormir sentadas en una cafetería lo haríamos con gusto, pues no nos atrevíamos a salir a la calle a tomar un taxi por nuestra cuenta. Éramos dos mujeres solas en una ciudad desconocida. Después de un rato nos enteramos que debíamos haber salido directamente a la calle, sin doblar por el pasillo donde vendían las líneas, y que la guagua se había ido pero en poco tiempo saldría otra. Fueron otras dos horas solas en aquel lugar, muertas de cansancio y sin dormir por más de dos días.
Finalmente nos indicaron salir a la calle y caminar hacia el extremo del aeropuerto. Allí nos recibió un hombre que esperaba a personas de otros vuelos. Entonces llegó una guagüita blanca y montamos junto a otros muchachos que fueron arribando. En pocos minutos estuvimos en el hostal. Ya eran las once de la noche.
Desde la calle solo se veía un muro alto, pero al entrar encontramos un lugar muy acogedor, con piscina central y un bloque de habitaciones en dos niveles. Ahí nos esperaban. Fuimos muy bien atendidos y se nos entregó la llave de una habitación. Luego indicaron que nos sentáramos a comer al borde de la piscina.  Después de bañarnos, caímos rendidas al instante.
No era nuestra primera noche fuera de Cuba, aunque sí la primera en que dormiríamos en una cama. Aún no sabíamos que ese sería nuestro mejor alojamiento y nuestra noche más tranquila en aquel largo camino que apenas comenzaba.

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“Yo soy yo y mis circunstancias”

AMSTERDAM, Holanda. — Con la frase “yo soy yo y mis circunstancias”, el filósofo español José Ortega y Gasset (1883-1955) sintetizó la creencia de que los seres humanos no pueden ser aislados de sus circunstancias. Para Ortega y Gasset individuos y sociedades no están desconectados de su pasado; para conocer una sociedad debemos conocer su historia.
Sin embargo, a menudo hacemos referencia a algo que llamamos naturaleza humana. Actualmente, cientistas sociales como el economista Thomas Sowell y el psicólogo Steven Pinker evocan a Ortega y Gasset argumentando que en nosotros hay más que simplemente lo biológico. Nuestras acciones no son resultado de una inmutable naturaleza humana, sino de la interacción de nuestra naturaleza con conductas culturalmente generadas que están sujetas al cambio.
“Una cultura no es un patrón simbólico preservada como una mariposa en ámbar. Su lugar no es el museo sino las actividades prácticas de la vida diaria, donde evoluciona bajo la influencia de objetivos competitivos y otras culturas rivales”. (Thomas Sowell).
En otras palabras, somos biológicamente iguales pero tenemos una naturaleza maleable. Somos un drama viviente que sobrevive venciendo dificultades a lo largo del camino. Cultura es el agregado de métodos que reunimos para que nos ayuden a vivir nuestras vidas. Este concepto ayuda a explicar por qué difieren las culturas, y por qué algunas son mejores que otras logrando resultados. Steven Pinker pregunta:
“¿Qué permitió a pequeños grupos de españoles cruzar el Atlántico y derrotar los grandes imperios de incas y aztecas, y no fue al revés? ¿Por qué las tribus africanas no colonizaron Europa y fue al revés?
La respuesta estándar es que los colonizadores tenían mejores tecnologías y organizaciones sociales. Pero tal respuesta esquiva la pregunta fundamental de qué causó esa mayor sofisticación de los conquistadores. Una mejor respuesta sería que la cultura se desarrolla como herramienta para vivir nuestras circunstancias.
Presento esta introducción superficial al debate científico sobre naturaleza humana versus cultura para enmarcar la discusión de la multicultural sociedad del Sur de Florida, y más ampliamente de Estados Unidos. En algunos aspectos la migración cubana a Estados Unidos durante los últimos sesenta años ofrece un buen microcosmos para estudiar la tesis sobre cómo nuestra cultura viva está vinculada a nuestras experiencias de vida.
Desde la revolución cubana en 1959 más de 1 millón 500 mil personas (aproximadamente el 20% de la población) abandonaron Cuba en varias oleadas y modalidades como el éxodo Pedro Pan y los Vuelos de la Libertad en los años sesenta; la salida masiva por Mariel en 1980; o la crisis de los balseros en 1994. Esa inmigración continúa hasta la actualidad y, desde una perspectiva de ciencias sociales, se aproxima a la difícil condición ceteris paribus, de mantener las demás condiciones constantes con excepción de la variable estudiada. La constante es que todos esos migrantes comparten una “cultura cubana” y la variable es que han vivido en diferentes entornos socioculturales.
En el contexto que estoy explorando, si existiera algo como una “cultura cubana” habría solo pequeñas diferencias culturales observables entre, digamos, exiliados de los 1960s y recientemente llegados. Pero, a menudo se escuchan evaluaciones melancólicas de generaciones anteriores de exiliados afirmando que “no son como nosotros” cuando se refieren a los llegados últimamente.
Una queja es que, esos que dejan la Isla actualmente, actúan más como migrantes económicos que como exiliados políticos. Pero esa es una dudosa distinción tratándose de personas escapando de un estado totalitario que ejerce control tanto sobre aspectos políticos como económicos. Para su honor, los exiliados históricos han abrazado siempre a los nuevos que llegan, aunque a veces con algunas reservas.
Lo que observamos es que la naturaleza humana responde a condiciones culturales y, con el tiempo, los que llegan posteriormente resultan indistinguibles de sus predecesores. En 1980 en el Sur de Florida quienes llegaban en el éxodo del Mariel eran considerados como “diferentes a nosotros” por algunos que llegaron antes. Actualmente, tal diferenciación cultural no se hace.
Cientistas sociales argumentan que “los destinos de las sociedades humanas no vienen ni del azar ni de la raza”. O, como dijo Ortega y Gasset: “El hombre no tiene naturaleza; lo que tiene es historia”.
Nota: El último libro del Dr Azel es “Libertad para novatos”
ARTÍCULO DE OPINIÓNLas opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de quien las emite y no necesariamente representan la opinión de CubaNet.
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En Venezuela el éxodo de la población es un negocio, denuncia abogada

ROMA, Italia.- Recientes estadísticas de la ONU confirman que en Venezuela el éxodo ya alcanzó 6.11 millones de personas en los últimos seis años. En consecuencia, la migración se ha convertido en objeto de negocio, en cuanto a la tramitación de documentos se refiere. Así lo explicó la Dra. Ana Lisbeth Mata Aguilar, abogada y Doctora en Derecho Constitucional, quien conversó con CubaNet desde la nación sudamericana.
En la lista del calvario que sufren los venezolanos para obtener los documentos necesarios para emigrar, el primer lugar lo ocupa la obtención de los diplomas que acreditan la formación educativa a través del GTU. Se llama así al sistema de gestión de trámites universitarios y se utiliza para validar nacionalmente todos los documentos relacionados con estudios superiores. “Es completamente gratuito, no pagas absolutamente nada, el detalle está en que logres ingresar a la página para poder hacer el trámite online”, aseguró Mata Aguilar.
Según la abogada, con mucha frecuencia la página no funciona y en ese caso hay que utilizar otros mecanismos. “¿Cuál es el plan B? Buscar un funcionario que trabaje dentro de ese organismo y cobran montos desde 50 dólares hasta 150 por cada documento universitario, para poderlo legalizar, que es el primer paso”. Porque “luego viene la apostilla de ese documento para que sea válido fuera de Venezuela”. “Es uno del organismo en donde hay más corrupción ahorita, el de gestión de tramites universitario”, reiteró.
Gestores dolarizados
La legalización de los documentos civiles no escapa de este entramado de corrupción que según Mata Aguilar repite el mismo modelo de la cita inalcanzable. “Tú vas a solicitar la legalización de tu acta de nacimiento, de tu acta de matrimonio, de un acta de defunción, de una sentencia de divorcio, tienes que hacerlo ante un registro, el registro principal donde tramitaste ese documento por primera vez. Es un trámite sencillo que se hace online y se paga una tasa irrisoria, 15, 30 bolívares. El detalle es conseguir la cita, nunca hay cita; pasa lo mismo que con la legalización de documentos universitarios”, dijo.
Dra. Ana Lisbeth Mata Aguilar. Foto captura de pantalla
Al no ser posible la gestión online, resulta obligatorio dirigirse a los llamados “gestores” que agilizan el proceso a cambio de pagos en dólares: “el funcionario cobra desde 20 hasta 100 dólares por tramitarte una legalización”. La figura del gestor no es legal ni mucho menos el pago en dólares, consecuencia de la hiperinflación galopante que ha normalizado el cobro de servicios en divisas o su equivalente en dólares, utilizando como tipo de cambio el del mercado negro.
Pasaportes impagables
“El otro trámite que es indispensable para poder salir de Venezuela y cuyo arancel es bastante alto es el del pasaporte. Es conocido por todo el mundo que el trámite del pasaporte venezolano es uno de los más caro del mundo, imagínate que, por renovar el pasaporte, que es lo que acá le llamamos la prórroga, son 100 dólares lo que tiene que pagar un usuario y si vas a solicitar un pasaporte nuevo, son 200 dólares”, afirmó.
El salario mínimo vigente en Venezuela desde el pasado 3 de marzo es de medio Petro (PTR), la denominada criptomoneda del régimen de Nicolás Maduro; lo que equivale a 139.33 bolívares o 30 dólares al cambio oficial del Banco Central de Venezuela (BCV). Entonces, una persona que gane salario mínimo debe acumular 6 meses de salario para poder obtener un pasaporte.
“No todo el mundo tiene acceso a 200 dólares. Hay personas que ganan 10 dólares al mes y de repente requieren su pasaporte, entonces alguien dirá, si ganas 10 dólares para qué necesitas el pasaporte, justamente para migrar y ganar más de 10 dólares mensuales. Entonces, es un freno que le hacen a esa posibilidad de buscar ese sueño, esa mejor oportunidad”.
Además, la abogada explicó que el cobro de los pasaportes contradice la Ley Orgánica del Niño, Niña y Adolescente. ¿Por qué? “Esa ley dice que el interés principal o superior siempre es en beneficio del niño. Están cobrando emolumentos por el trámite de un niño, niña o adolescente, adicional a ello es un derecho constitucional, al derecho de tener una identificación, incluso si vas fuera de Venezuela”.
Aranceles desmedidos
La Dra. Ana Lisbeth Mata Aguilar, asimismo, explicó que “los migrantes venezolanos se han visto en la necesidad de despojarse de todos sus bienes muebles e inmuebles para tener algún tipo de capital que les permita buscar ese mejor sueño, esa mejor oportunidad fuera de Venezuela”.
El problema es que los venezolanos están obligados a registrar la venta a través del registro inmobiliario conocido como SAREN, que de acuerdo con el testimonio de la abogada fija tarifas de emolumentos impagables que pueden alcanzar incluso la mitad del valor del inmueble.
“Cuando vas al registro inmobiliario y presentas el documento para su trámite, debes pagar unos aranceles, unos emolumentos, unos tributos al rey como le digo yo. Y cuando haces ese cálculo del monto que vas a cancelar, muchas veces es casi un 50% del valor del inmueble que estás vendiendo. Si el inmueble vale 20 000 dólares, tienes que pagar 10 000 dólares de gastos de registro, para poder vender tu propiedad a un tercero y buscar ese mejor sueño fuera de Venezuela”, afirmó.
Asimismo, aseguró que la situación “es totalmente incoherente y esta tasa la calculan en base a nadie sabe cómo, porque cuando tú le preguntas a un funcionario público cómo es este cálculo… Y el funcionario te dice: ‘mira, ese es el sistema, el sistema es el que lo da’. Pero, ¿quién es ese sistema?, ¿quién es la mano peluda que está detrás de ese sistema? ¿Cómo es posible que un sistema te arroje un arancel a pagar por trámite de venta de un inmueble casi equivalente al 50% o más del inmueble que estás vendiendo o comprando. Es totalmente absurdo, sin embargo, sucede”.
Qué pasa entonces
Esta situación ha obligado a muchos venezolanos a no registrar la venta de sus inmuebles y hacerla a través de la firma de documentos privados, con los riesgos que eso implica.
Y luego aparece siempre la solución, oportuna y al alcance de todo: la corrupción. Entonces, “viene la segunda parte, la más tenebrosa y de la que nadie habla y muchas personas tratan de hacerse las locas y olvidarse de ese tema. Es que el funcionario te dice, bueno, son 10 000 dame 5 000 y yo te proceso el documento, bueno ¿y cómo es ese sistema?, ¿cómo se calcula esa tarifa? Son esas cosas incomprensibles, pero que están sucediendo Venezuela”, denunció.
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Cubano con una sola pierna cruza el río Bravo y llega a EE. UU.

MIAMI, Estados Unidos. — El éxodo de cubanos hacia EE. UU. no se detiene. Cientos de migrantes de la Isla arriban diariamente a la frontera sur del país norteño, dejando en no pocos casos páginas asombrosas.
Una de las últimas llegadas registradas en redes sociales fue la de un migrante de la Isla al que le faltaba una pierna. El hombre, acompañado por alrededor de una decena de compatriotas, se impuso a la adversidad y logró cumplir su sueño.
La hija del cubano, radicada en Estados Unidos, dio cuenta del suceso en su perfil de TikTok.
“Mi guerrero, mi ejemplo a seguir, mi campeón. Te amo tanto. Solo Dios sabe cuánto pedí por este momento. Días de dolor, sufrimiento, preocupación pero hoy una gran satisfacción. Agradecida con Dios y con todos los que hicieron posible este gran encuentro y ayudaron a mi padre a seguir adelante”, escribió la joven.
La publicación está acompañada por un video que muestra cómo los migrantes cruzaban el río Bravo con la ayuda de un cuerda.
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Casi 80 000 cubanos llegaron a la frontera desde octubre
Cifras de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de Estados Unidos​ (CBP, por sus siglas en inglés) indican que de octubre de 2021 a marzo de 2022 arribaron a la frontera sur del país 79 835 cubanos.
La estadística difundida por CBP ya supera el registro de personas que abandonaron la Isla en éxodos anteriores, con excepción de la Crisis del Mariel (1980), cuando llegaron a Estados Unidos alrededor de 125 000.
La nueva oleada migratoria —consecuencia de la crisis política, económica y social que atraviesa el país caribeño— se desató luego de que las autoridades de Nicaragua eliminaran el requisito de visado para los cubanos. Desde entonces, la cifra de ciudadanos de la Isla que llegan a la frontera sur de EE. UU. ha aumentado vertiginosamente, llegando a superar los 32 000 el pasado mes de marzo.
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Cerca de 1 000 cubanos al mes llegan desde hace meses a Kentucky

MIAMI, Estados Unidos.- La ciudad estadounidense de Louisville, en el estado de Kentucky, se ha convertido en los últimos meses en una de las ciudades del país que más inmigrantes cubanos recibe, por detrás de Miami, Tampa y Houston, según publicó este miércoles Radio Televisión Martí.
“En este éxodo a través de Nicaragua estamos recibiendo entre 800 y 1 000 cubanos al mes”, aseguró Danny Adam, funcionario de la Oficina Cubano-Haitiana del Kentucky Refugees Ministries, una agencia sin fines de lucro que presta servicios de ayuda a los inmigrantes que llegan a Louisville y opera como sucursal del Servicio Mundial de Iglesias.
Luis David Fuentes, director de El Kentubano, dijo a Radio Televisión Martí que las entrevistas en la agencia tienen un tiempo de espera de dos meses, debido a la cantidad de personas que han solicitado citas.
“El programa de nuestra oficina ofrece clases de inglés para los recién llegados por un año a partir de la fecha de entrada al país, así como una ayuda monetaria mensual de 350 dólares por persona”, señaló Fuentes.
Kentucky Refugees Ministries recibe a los cubanos que recién se asientan en Louisville con servicios orientativos, de asesoría legal, ayuda para solicitar asilo, trámites para naturalización, entre otros.
“Esto es como un túnel oscuro y nosotros somos una velita en esa oscuridad que ilumina el camino de esa persona para que se oriente”, dijo Adam.
Por su parte, Fuentes expresó: “Uno sale de aquí con un sentimiento encontrado, un sentimiento de gratitud a esta gran nación que, a través de esta agencia, brinda ayuda, incluso económica. Pero la solución del problema es en Cuba, en una patria nueva donde se respeten las opiniones, donde las personas puedan elegir democráticamente a sus líderes, donde las personas tengan libertad para llegar tan lejos como se propongan (…). No está bien que la familia se divida, ni que los jóvenes solamente piensen en emigrar. No está bien que el cubano quiera dejar lo mejor de sí en tierra ajena”.
En poco más de 10 años la cifra de cubanos en Louisville se ha multiplicado por cinco. En 2010 en esa ciudad vivían cerca de 6 000 cubanos, hoy el número esta cerca a los 30 000.
De acuerdo a la nota de Martí, Louisville, con 617 790 habitantes según el censo de 2019, es la ciudad de más rápido crecimiento de cubanos fuera de Florida en los últimos años.
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MININT advierte sobre incremento de trámites fraudulentos para salir de Cuba

MIAMI, Estados Unidos. — El Ministerio del Interior de Cuba (MININT) informó este lunes sobre el incremento de personas que intentan salir de la Isla con documentos de viaje fraudulentos.
Una nota de ese organismo difundida por medios oficiales señala que las trabas establecidas por países de la región ante el éxodo de nacionales cubanos “hacen cada vez más engorrosa la realización de trámites para la obtención de visas en sus embajadas en La Habana”.
“En las falsificaciones se incluyen visas, pasaportes, boletos aéreos, contratos de trabajo, cuños de movimientos migratorios de entrada y salida, principalmente de México o de países que permiten el arribo a este territorio”, revela el comunicado del MININT.
La publicación añade que los cubanos que son detectados con documentación fraudulenta por autoridades migratorias de otros países son retornados a la Isla.
Para el MININT, se trata de una actividad delictiva que “repercute directamente en el migrante y sus familiares, quienes se asocian a un delito de falsificación de documentos públicos para intentar lograr sus objetivos”.
La nota reitera el llamado de las autoridades migratorias cubanas a tramitar los documentos y permisos de viaje por los canales establecidos.
“Los trámites para la obtención de documentos de viaje de otro país deben realizarse en las sedes diplomáticas, por lo que sugieren desestimar cualquier diligencia que no sea realizada por los canales establecidos y por las personas legalmente autorizadas”.
En los últimos meses, miles de cubanos han abandonado la Isla con la intención de llegar a Estados Unidos. La mayoría ha aprovechado el puente aéreo La Habana-Managua para luego atravesar Centroamérica y México.
A inicios de abril, la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de Estados Unidos (CBP, por sus siglas en inglés), informó al diario The Washington Post que en los últimos seis meses han sido registrados en EE. UU. casi 80 000 cubanos en la frontera sur del país, por apenas 20 que han sido devueltos a la Isla.
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Éxodo del Mariel: 42 años después la historia se repite

LA HABANA, Cuba. — En medio de una estampida de miles de cubanos desesperados que huyen por mar y por tierra buscando llegar a los Estados Unidos, y que parece competir con los éxodos de 1980 y 1994, este 15 de abril se cumple 42 años del inicio del puente marítimo de Mariel.
El 15 de abril de 1980, Fidel Castro dio autorización para que cubanos radicados en Estados Unidos pudieran venir en embarcaciones a ese puerto, ubicado al oeste de La Habana, a recoger a familiares y amigos que quisieran irse de Cuba. La condición impuesta por el mandamás a los quienes acudieron al Mariel fue que tenían que llevarse también en sus embarcaciones a elementos “antisociales”.
Estos “antisociales” serían no solo los asilados en la embajada de Perú en La Habana, que gradualmente iban regresando a sus casas con salvoconductos, sino también presos comunes, muchos de ellos criminales peligrosos y con problemas mentales.
Fue el modo que halló Fidel Castro de salir del atolladero que le significaban las casi 11 000 personas que habían irrumpido en la embajada peruana en busca de asilo político tras su decisión, motivada por la soberbia, de retirar la custodia de la sede diplomática.
Fidel Castro, en una jugada maquiavélica y sucia, trataba de reparar el daño que supuso para la imagen del régimen, que supuestamente contaba con el apoyo de la mayoría de la población, los miles de cubanos desesperados por irse del país. Entonces, vaciando las cárceles de delincuentes y enviándolos a Miami, trató de convencer al mundo de que los que se oponían al régimen e intentaban escapar del paraíso revolucionario eran malhechores, rufianes, gente de baja catadura moral y pésima conducta social… la escoria, como los bautizó.
“No los queremos, no los necesitamos, que se vayan”, bramaba el Máximo Líder, soberbio y rencoroso, en la tribuna.
También fueron embarcados por el Mariel expresidiarios con cartas de libertad y las personas que estuvieran dispuestos a aceptar la humillación de presentarse a la policía y declarar que eran putas, chulos, maleantes u homosexuales, que en aquella época, para los castristas, eran casi lo mismo.
Como si no bastara la humillación, Castro, al llamar al “pueblo revolucionario” a tomar las calles y mostrar su indignación en los llamados “mítines de repudio”, desató un carnaval de infamia y vileza contra quienes se iban.
Las turbas, alentadas por el régimen, sitiaban en sus casas, insultaban, golpeaban, apedreaban y lanzaban huevos contra las personas que esperaban la salida del país. En Mosquito, el sitio alambrado cercano a Mariel donde esperaban para abordar las embarcaciones que los conducirían a la Florida, tenían que soportar los vejámenes de los guardias y los tormentos del hambre y la sed.
Curiosamente, la “indignación de las masas revolucionarias” se aplacó de repente, tal y como había empezado, por indicación de Fidel Castro, luego de que se produjeran varias muertes durante aquellos progroms de inspiración nazi-maoísta.
El puerto de Mariel fue cerrado a las embarcaciones provenientes de Estados Unidos a finales de septiembre de 1980, luego de negociaciones entre las autoridades cubanas y la administración Carter.
Según cifras del Departamento de Inmigración y Extranjería del Ministerio del Interior (MININT), en los cinco meses que duró el puente marítimo (de abril a septiembre de 1980), más de 125 000 cubanos salieron hacia Florida, superando más de cuatro veces la cantidad de 30 000 personas que salieron quince años antes, en 1965, durante el éxodo de Camarioca.
Precedidos por la mala fama que les endilgó la propaganda castrista, los primeros tiempos en los Estados Unidos de “los marielitos” (como se les denominó) fueron difíciles. Pero, venciendo prejuicios e incomprensiones y trabajando duro, la mayoría logró abrirse paso.
En solo unos años, muchos de ellos aprovechando las oportunidades que les fueron negadas en su patria, donde los consideraban “lacras sociales”, lograron convertirse en profesionales, artistas, pintores y escritores, como los de la llamada Generación del Mariel. El más conocido de ellos es Reinaldo Arenas.
Aquellos que se fueron denigrados, apedreados y escupidos por las turbas castristas tendrían su desquite. Desde hace años y cada vez más, la economía del régimen, que proclamó despectivamente que no los necesitaba, depende desesperadamente de los viajes y las remesas que envían los exiliados a sus familiares en Cuba. Una demostración de que ellos, los que un día llamaron “escorias”, triunfaron mientras que el castrismo fracasó y sigue en su inexorable rumbo hacia el abismo.
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Guardia Costera de EEUU ha interceptado 1 257 cubanos desde octubre

MIAMI, Estados Unidos.- La Guardia Costera de Estados Unidos (USCG) ha interceptado 1 257 cubanos desde el 1ro de octubre de 2021, fecha que da inicio al año fiscal, según un comunicado del Distrito 7 de esa agencia federal.
Los datos fueron hechos públicos este fin de semana después de que la USCG informara que la nave guardacostas Charles Sexton repatrió a 70 cubanos el viernes 8 de abril, detenidos la pasada semana.
De acuerdo al comunicado, entre el viernes 1 y el miércoles 6 de abril, las autoridades estadounidenses interceptaron ocho embarcaciones procedentes de Cuba frente a los Cayos de Florida. Los cubanos fueron detectados gracias a avisos emitidos por personas naturales o avistamientos aéreos, agregó la agencia.
La crisis migratoria cubana sigue encendiendo las alarmas. El pasado jueves el diario estadounidense The Washington Post informó que solo en el mes de marzo unos 32 000 cubanos llegaron a Estados Unidos por la frontera sur.
El sábado 9 de abril el Instituto Nacional de Migración de México (INM) informó que nueve migrantes cubanos habían sido detenidos como parte de un grupo de 61 personas que se encontraban hacinadas en un tractocamión que transitaba en los límites del estado de Chiapas.
Asimismo, este domingo 10 de abril, la Unidad Departamental de Prevención de la Policía de Honduras detuvo a un hombre de 45 años que trasladaba a 30 cubanos rumbo a Estados Unidos en un camión.
De acuerdo a información de la agencia de noticias EFE, el hombre está siendo acusado de tráfico de personas, mientras que los cubanos fueron puestos a disposición del Instituto Nacional de Migración de Honduras (INM).
De acuerdo a cifras oficiales del INM hondureño, desde que inició el año y hasta lo que va del presente mes de abril, más de 16 000 personas han ingresado ilegalmente al país centroamericano, especialmente de Cuba.
De las 16 000 personas que han sido detenidas este año, el 77,2% son cubanos, el 6,3% proviene de Venezuela, el 3% de Ecuador y el 2,7% de Haití. El resto pertenece a individuos de Angola, Senegal, Nicaragua, Brasil y Bangladesh, reza en informe del diario hondureño AS.
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Cuba, de mal en peor

LA HABANA, Cuba. — Frenos y restricciones al sector privado, abusivas tiendas en MLC y un reordenamiento económico implementado en el peor momento posible y que fracasó rotundamente y provocó una inflación que ha lanzado a la indigencia a la mayoría de los cubanos… Con tantas políticas absurdas e impopulares que solo hacen aumentar el descontento y, por tanto, la animadversión hacia el régimen, uno pudiera llegar a sospechar que en las altas esferas del Estado-Partido-Gobierno hay personas interesadas en conseguir que la continuidad post-fidelista acabe de reventar de una vez y por todas.
Por su desastroso manejo de la economía, su desconexión de la realidad, el empecinamiento en mantener políticas y métodos que fracasan una y otra vez, por su torpeza y los continuos disparates y papelazos, Díaz-Canel y sus ministros incapaces son el más desastroso equipo de gobierno de la historia de Cuba. Van, siempre con el mismo discurso, de un error en otro, de disparate en disparate, de papelazo en papelazo. Es como si se esforzaran en que todo les saliera mal.
Las más recientes movidas de los mandamases para captar divisas parecen propias de una comedia de absurdos, como por ejemplo, en medio de tanta hambre, miseria y apagones, con una población que solo piensa en cómo conseguir alimentarse, la impostura de un festival ridículo y cheo, hecho en contubernio con un par de vividores italianos.
Recientemente inauguraron en La Habana una tienda que vende embarcaciones, motores y brújulas, como invitando a que más personas, luego de pagar caro, se sumen a la actual desbandada migratoria, la mayor desde la crisis del Mariel en 1980.
Los mandamases culpan a las políticas norteamericanas hacia Cuba, particularmente a la la Ley de Ajuste Cubano, de ese éxodo descontrolado que está costando la vida de muchos compatriotas. Pero lo estimulan. La cuenta que sacan, con su mentalidad de bodegueros fallidos, es que los que se marchan son menos bocas que alimentar, menos descontentos que reprimir y más remesas en solo unos años. Creen los mandamases que si le sacan vapor a la olla de presión, retrasarán un poco más el reventón.
En lo único que es eficiente este régimen es en la vigilancia y la represión. Pero eso, de tanto que se les está yendo la mano con el apretón, les resultará contraproducente.
La dictadura, que entró en pánico con las protestas de los días 11 y 12 de julio de 2021, ha castigado con crueldad a cientos de jóvenes que participaron en ellas, imponiéndoles condenas de más de 20 años de prisión (de 30 a dos de ellos). Así, se han ganado el odio de sus familiares, amigos y vecinos y la repulsa internacional.
El castrismo quiere intimidar y aherrojar más a los cubanos con un nuevo Código Penal de aliento nazi-estalinista y un aluvión de leyes prohibitivas que parecen propias de un reglamento carcelario. De momento, puede que consigan intimidar, pero no será por mucho tiempo.
Hoy lo que prima entre los cubanos de a pie, más que el temor, es la desesperanza ante un futuro que cada vez luce más incierto. También hay mucha confusión a la hora de repartir culpas por la actual situación, siempre evadiendo, para no arriesgarse, la responsabilidad personal en la solución de nuestros problemas. Es como si el arreglo de los problemas de Cuba correspondiera a escoceses o croatas para que, mientras, nosotros, los dolientes, nos dediquemos a buscarnos los pesos y ver qué cocinamos mañana.
Hace poco escuché a una mujer de mediana edad que, en una larga cola para comprar aceite y pollo, además de quejarse de los altos precios y la escasez, a propósito de las desmesuradas condenas contra “los muchachos de las protestas”, despotricaba lo mismo contra “los gordos descarados estos” (los mandamases) que contra “los americanos que te hacen ir a Guyana a ver si te dan la visa” y “la gente de Miami que empujan desde allá y no se dan golpes, como el Otaola ese”, en referencia al influencer Alex Otaola.
El régimen, a fuerza de represión, logró frustrar la Marcha Cívica por el Cambio del pasado mes de noviembre. Con ello, ha logrado infundir el desaliento y la desconfianza entre muchos de los que se oponen al castrismo.
Escucho a algunas personas, con no poco cinismo, criticar con acritud a disidentes que se han ido al exilio recientemente, no importa si sacados de la cárcel y forzados al destierro por la Seguridad del Estado. Exigen de esos activistas el sacrificio y la inmolación de la que ellos mismos no son capaces.
Te citarán el caso de Yunior García Aguilera, la desarticulación de Archipiélago, del 27N y del Movimiento San Isidro; te dirán que sus compañeros dejaron abandonados a Luis Manuel Otero y Maykel Osorbo, contra quienes la fiscalía pide seis y diez años de prisión, respectivamente; te repetirán que la oposición, enferma de egos e infiltrada por los topos de la Seguridad del Estado, no logra ponerse de acuerdo ni siquiera en puntos comunes mínimos y que “aquí, con tanto chivato, no se sabe quién es quién”.
Y concluirán, en plan de derrotados, dándole el gustazo al régimen, asegurando que no vale la pena arriesgarse, que “esto no hay quien lo tumbe ni tampoco quien lo arregle”, que “este pueblo no  sirve”, que “nos merecemos lo que tenemos”, que “esto, aunque se caiga la semana que viene, no se arregla ni en 40 años”, que “lo mejor es irse”.
Si en algo ha tenido éxito el castrismo es en envilecer y desmoralizar a la sociedad. Un pobre consuelo para sus planes. Solo les permitirá durar un poco más en el poder, pero hará, inevitablemente, que para todos, el final sea más espantoso.
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Más de 32 mil cubanos llegaron a la frontera sur de EE. UU. en marzo

MIAMI, Estados Unidos. — Más de 32 000 cubanos llegaron a la frontera sur de EE. UU. en marzo de 2022, informó este jueves el diario The Washington Post.
La cifra, aún no publicada por la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de Estados Unidos (CBP, por sus siglas en inglés), fue adelantada al rotativo por ese organismo, que todavía no ha actualizado los registros en su sitio oficial.
Los más de 32 000 migrantes de la Isla que ingresaron a territorio estadounidense por la frontera con México durante marzo representan casi el doble de los que lo hicieron en febrero y elevan a casi 80 000 el número de cubanos que han llegado a EE. UU. por esa vía desde octubre de 2021.
Señala The Washington Post que, de mantenerse la tendencia, la cifra podría elevarse a 155 000 al cierre del presente año fiscal, que inició en octubre de 2021.
Se trata del mayor éxodo masivo de cubanos hacia Estados Unidos desde la crisis migratoria del Mariel, en 1980, que terminó con 125 000 cubanos abandonando la Isla caribeña.
Aun sin la política de “Pies secos, pies mojados” —derogada en 2017 por la Administración de Barack Obama—, los cubanos continúan ocupando una posición privilegiada con respecto a migrantes de otros países debido a la grave situación política de la Isla y a la vigencia de la Ley de Ajuste Cubano (1966).
En ese sentido, The Washington Post destaca que, con la actual Administración, los cubanos, una vez que arriban a Estados Unidos, corren poco riesgo de ser deportados, un escenario refrendado por cifras del propio Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos (ICE, por sus siglas en inglés).
Según números de esa agencia federal, en los últimos cinco meses apenas han sido deportados a la Isla 20 cubanos, por solo 95 que fueron devueltos durante el año fiscal 2021.
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