HAVANA CLIMA

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Donativo de emigrados cubanos permitirá reactivar programa de transplantes hepáticos en niños

Un donativo de emigrados cubanos permitirá reactivar el programa de trasplantes hepáticos pediátricos en Cuba, de acuerdo con fuentes oficiales.La donación, llegada a la Isla través del proyecto Puentes de Amor que dirige el maestro cubanoamericano Carlos Lazo, consiste en «una parte del compuesto químico imprescindible para realizar este tipo de proceder quirúrgico», reseña la agencia Prensa Latina (PL).Se trata de un compuesto «de difícil acceso para la Isla porque en su producción está vinculado a patentes estadounidenses», refiere el medio, según el cual, debido a la carencia de este producto, el programa de trasplantes hepáticos lleva dos años detenido en Cuba.Ahora, directivos del Ministerio de Salud Pública cubano (Minsap) confirmaron que dicho programa podrá reanudarse «como resultado de este gesto solidario». Cuba: Recibió Hospital Pediátrico William Soler donación para el program… https://t.co/9BNpbxOO1c via @YouTube #PuentesDeAmor #UnblockCuba #EliminaElBloqueo @POTUS @EMendrala— Puentes de amor (@Puentesdeamor1) May 23, 2022El reporte de prensa no precisa el nombre y la marca del compuesto ni la cantidad donada a la Isla. Tampoco, la forma en que los emigrados obtuvieron el valioso producto.  Representantes de Puentes de Amor, entre ellos el propio Carlos Lazo, entregaron oficialmente la donación a las autoridades sanitarias cubanas este domingo en el hospital William Soler, en La Habana. «No se trata de política, se trata de humanidad y de decencia», dijo Lazo al respecto en Facebook, donde añadió que su proyecto seguirá «luchando para que se levanten todas las sanciones que castigan al pueblo cubano».«Este es el primer paso. Haremos llegar todo el material médico necesario para salvar la vida de todos los niños», confirmó el activista.El donativo también fue agradecido por el gobierno de la Isla. Tanto el presidente Miguel Díaz-Canel como el canciller Bruno Rodríguez se refirieron al hecho en sus perfiles en Twitter.«Carlos Lazo y sus Puentes de Amor en Cuba, con medicamentos para niños que esperan trasplantes, confirman que el amor vence al odio», escribió el mandatario cubano, mientras que el titular de Exteriores calificó la donación como un «gesto que devuelve sueños a familias» de Cuba y dijo que la misma trae «esperanza a niños cubanos víctimas de la sinrazón de un bloqueo criminal e inhumano».Carlos Lazo y sus @Puentesdeamor1 en #Cuba, con medicamentos para niños que esperan trasplantes, confirman que el amor vence al odio. La solidaridad es el más bello acto de amor a la humanidad. #AmoElAmor#EliminaElBloqueo https://t.co/QbVjrcrSuO— Miguel Díaz-Canel Bermúdez (@DiazCanelB) May 23, 2022Puentes de Amor ha desarrollado diversas iniciativas para promover el levantamiento de las sanciones de Washington a Cuba y el acercamiento bilateral. Caravanas, caminatas, cartas al presidente Joe Biden y el envío de alimentos y medicinas a la Isla se cuentan entre las acciones de este proyecto, de conjunto con otras organizaciones de emigrados y de solidaridad en Estados Unidos.

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Migrantes: entre éxitos y fracasos, el amor y la familia

Hace varios meses no sé nada de la vida de mi tío P en San Francisco, por más que intento contactarlo por messenger, no obtengo respuesta. Insistí especialmente en diciembre, mes de su cumpleaños, de Navidad, de Fin de Año. Insisto también cuando mi abuela me bombardea a preguntas sobre su hijo, como si yo viviese en su mismo barrio. A veces creo que a mi abuelita le alienta pensar, que por alguna razón esotérico-diaspórica, su nieto y su hijo están lejos de ella pero en algún lugar lo suficientemente cerca como para protegerse mutuamente, mientras ella, la matriarca de la familia, no pueda cuidarnos.Mi tío fue el primero de la familia que salió de Cuba, en rigor inicialmente no salió de Cuba, porque llegó a la base naval de Guantánamo en una maltrecha balsa y allí estuvo por varios meses. Luego supimos que estaba en una base militar en Panamá, hasta que siguió camino y un día mandó fotos ya en la Yuma. La familia recibió con tristeza y preocupación la noticia de que se había tirado al mar, al mismo tiempo sé que un hálito de esperanza nos animó el alma en aquel cálido verano de 1994.La primera vez que escuché hablar de la Yuma fue por mi tío A, que tenía delirios con vivir en La Habana y de allí con suerte dar el salto a Estados Unidos. Desde pequeño me inquietaba ese término de “yuma”, luego descubrí por las mismas historias de familia, que la inspiración llegaba de unos primos de Oriente que habían salido como “escorias” en los años 80.  Sabía de todo aquello porque pasaba buena parte de mis vacaciones acompañando a mis tíos a buscar aguacates, guayabas y anoncillos para vender en el barrio; haciendo cremita de leche en el patio de la casa de mi abuela, o cambiando desde un jabón palmolive hasta una batería de carro por arroz en Santi Spíritus.Mi abuela lloró mucho y desconsoladamente cuando supo que su hijo se había marchado, hasta hoy no lo supera, no importa cuántas veces le hicimos creer que era para el bien de la familia. Incluso cuando con dinero enviado por su hijo le compramos su primer televisor Panda, la tristeza y la decepción no la abandonaron, era como si hubiese perdido una parte de su propio cuerpo. Un día, nos dimos cita toda la familia en la casa de un vecino que tenía un video cassettera, algo raro en aquella época, y con alborozo vimos por primera vez una grabación de mi tío en su rutina diaria, en su nuevo hogar, en su nueva tierra, la tierra de los sueños. Feliz, sonriente, bien comido, bien vestido, y bailando eufórico “Ya viene llegando” de Willy Chirino, lo cual nos dio una inmensa tranquilidad, y al propio tiempo la sensación de que por fin alguien de la familia estaría en un estatus económico diferente al que varias generaciones ya reproducían.Rápidamente comenzó a llegar dinero, regalos, ayudas, que eran administrados rigurosamente por mi tío P, para que todos sus hermanos, hermanas, sobrinos, amigos, familiares se sintieran protegidos, amparados, en medio de las múltiples escaseces que se vivía en la Cuba del periodo especial. Mi tío A estaba especialmente feliz, de continuar teniendo éxito su hermano, vendría la residencia, quizás la ciudadanía americana y en poco tiempo podría reclamarlo. Yo tuve mi primer reloj de salir, y el primer perfume para hacerme sentir menos tímido al encarar una muchachita. Pero, como dice el refrán cubano, la felicidad en casa del pobre dura poco.Un año después de mi tío salir de Cuba, su hermano A de 26 años enfermó de cáncer, un linfoma de Hodgkin hizo trizas su juventud, sus sueños, y finalmente su vida. La relación entre ellos era profunda, y recuerdo que en medio de la enfermedad se hizo más presente, era como si quisieran acortar la distancia y el dolor de tener que renunciar quizás a la idea de no verse más. Mi tío en el Oncológico vestía sin prejuicios y con orgullo el juego deportivo con la bandera estadounidense, y en los horarios de visita escuchábamos juntos el cassette de Salsa en la Calle 8 en la grabadora Sony, ambas cosas presentes llegados de la Yuma, enviados con afecto por su querido hermano.Mi tío P casi desesperado intentó venir por vía humanitaria a ver a su hermano que se agravaba, comenzaron las pujas políticas entre gobiernos y todo se dilató. Mi tío A murió clamando en su agonía ver por última vez a su hermano…su hermano allá en la Yuma, creo que nunca más fue el mismo luego de aquella pérdida irreparable. Las distancias irreparables, los sueños cercenados como flor en tallo, la vida que continúa impetuosa, intensa, conflictiva y no atiende a excusas, ni a un alma en luto.Poco tiempo después comenzaron las sucesivas desapariciones de mi tío, comenzó a distanciarse de todo y de todos. Según las leyendas urbanas podía estar en una cárcel, en proceso de ser repatriado por alguna infracción grave o viviendo la dulce vida y tomando la Coca Cola del olvido. Han sido 27 años y mi tío no regresó a Cuba, tampoco logró convertirse en el Mesías salvador de la pobreza de la familia. La penúltima vez que no supimos nada de él fue por casi diez años, en los cuales se especulaban las más disímiles historias, para mi abuela es convicción que su hijo algún día va a aparecer y nos dará la sorpresa.PublicidadLa cruda verdad es que mi tío, por muchos motivos, no logró el sueño dorado americano. Durante largo tiempo estuvo preso, está impedido de obtener la ciudadanía estadounidense y salir del territorio, se ha tenido que rehabilitar varias veces por dependencia química y vive en las calles de San Francisco en una modesta carpa, aunque por etapas el servicio social lo apoya con alojamiento y comida. Un día que hablamos me dijo: ¡Niño, cuídate mucho, si vas a salir de Cuba, las cosas en ocasiones no son como uno se las imagina! Pensé mucho en él, y también comprendí mejor sus palabras, cuando asistí el conmovedor documental Lead me home, estrenado por la plataforma Netflix en noviembre del 2021.No me complace especialmente hablar de mi tío homelessness, tampoco me disgusta ni voy a evadir su realidad que también es la mía, la de nuestra familia y la de muchas otras familias en EE. UU, en Brasil, en Cuba, en el mundo. Cuando escribo estas líneas pienso en la impiedad, en las distancias, en los desafíos, en las pesadas cargas que son colocadas en las espaldas de las personas que emigran. Nadie espera el fracaso, y menos las propias personas emigrantes, todos esperamos el éxito, en especial el económico, como resultado tangible de que tu vida cambió y fuiste parte del cambio de otras y de otros.En este inicio del año 2022 cientos de miles de cubanas y cubanos estarán desafiando culturas, barreras idiomáticas, padecimientos, pandemias, tristezas, por intentar contribuir con el bienestar familiar de los que dejan atrás. Es un imperativo que tanto unos como otros, los de adentro y los de afuera, los que están en la Isla y los que están en las disímiles diásporas, no pierdan el amor, la compasión, el apoyo afectivo, la fe, y la lealtad al ser humano por encima de cualquier bien material posible y necesario.Estas líneas, que desdibujan múltiples y cotidianos dramas humanos, no son un llamado a tristezas, más bien a la comprensión, a la alteridad y la capacidad de ponernos en el lugar del otro, reflexionar acerca de las complejidades y los decursos que puede tomar la vida. Este texto es un mensaje de esperanza a la diáspora cubana y sus familias en este 2022, una vía para desear con todas las fuerzas de mi corazón que mi tío esté con salud, y que en cualquier lugar donde se encuentre, sienta que más allá de las ambiguas percepciones de éxitos o fracasos, estará siempre el amor infinito de su vieja, de sus hermanos, el mío…y ese amor lo estará acompañando por las frías calles de San Francisco o en el lujoso y cálido Hotel St. Regis de California.   

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Son los emigrados cubanos quienes pueden decapitar a la bestia

LA HABANA, Cuba.- El año está cerrando con estertores de ahogado. Para la mayoría de los cubanos este ha sido el peor diciembre en décadas, con un arrastre de muertos que ha enlutado a miles de hogares y una guerra sin cuartel para encontrar alimentos. Parece increíble, pero Cuba empeora cada día pese a los pronósticos de un ministro de Economía que junto a Marino Murillo y su Tarea Ordenamiento ha realizado un trabajo encomiable desmantelando lo que quedaba.
Cuba es una tragedia que consume en tiempo récord las energías y la cordura de sus ciudadanos. La gente sigue en pie porque la otra opción es morirse, y lo cierto es que nadie quiere morirse; aunque algunos, de tanto en tanto, lo consideren.
Los cubanos se alistan para viajar a Nicaragua y no precisamente como mulas, pues a las malas entendieron que con este régimen no habrá prosperidad jamás, y el negocio de comprar para revender ofrece cada vez menos resultados entre una población empobrecida.
Mientras esta Isla desdichada sigue perdiendo masa laboral y personal altamente calificado, Alejandro Gil (ministro de Economía) presenta una tesis doctoral cuyo tutor es nada menos que Miguel Díaz-Canel; el enajenado de Yusuam Palacios dice que quiere hacer “comunismo con flow”; el coordinador de Programas del Gobierno Provincial de Cienfuegos advierte, en el colmo del descaro, que para fin de año no habrá carne de cerdo porque sencillamente no existe. Y lo dice con su estampa de alimaña alcoholizada, para que los cubanos sintamos aún más vergüenza de nosotros mismos por tener esa clase de dirigentes: brutos, torpes, inhumanos; tan cutres de aspecto y pensamiento.
Ese mismo tipo que desluce con su facha la imagen de una de las provincias más bellas y orgullosas de Cuba, ha anunciado, como si de un logro se tratara, que se le venderá una libra de carne de res a cada embarazada y niño de hasta seis años, porque la infancia termina pronto en el paraíso de la izquierda mundial. De esa miseria que los dirigentes cubanos consideran una dádiva, solo se beneficiará la ciudad cabecera. El resto de los cienfuegueros que coman lo que encuentren o se mueran de hambre; igual sería un alivio para este régimen que presume de racionar hasta las salchichas y no cesa de construir hoteles donde los turistas consumen todo lo que falta en la mesa de los cubanos.
El propio Díaz-Canel ha exhortado a comenzar el 2022 con alegría y esperanzas como si la crisis fuera a desaparecer en víspera de año nuevo, y los cubanos fueran capaces de sacudirse en un pestañazo el malestar causado por tantas muertes, las penurias, la represión y el aplastamiento irremisible de sus ilusiones.
El desprecio de la dictadura hacia el pueblo no tiene límites, y es compresible. Lo hemos soportado todo. Ahí están las madres de los presos del 11 de julio dando cuenta de los juicios amañados, de la intimidación que sufren por parte de la Seguridad del Estado, de testigos mintiendo descaradamente ante jueces corrompidos por el poder o el miedo.
Ellas se atreven a denunciar mientras el gobierno francés le regala casi 40 millones de euros a la dictadura destinados a supuestos programas de sanidad y saneamiento; pero probablemente acaben financiando alguna obra megalómana para que el fantasma de la Revolución siga dando batalla en el campo simbólico. Ahí está el Centro Fidel Castro Ruz para demostrarlo: un imperdonable despilfarro de dinero foráneo en medio de un escenario socioeconómico signado por la indigencia y la crisis sanitaria.
Europa sigue prodigando favores y Estados Unidos insiste en sanciones que hacen cosquillas a los generales cubanos. Entre esas dos aguas se ahoga el pueblo cubano, que solo tiene una verdadera carta a su favor: la diáspora. Los emigrados pueden poner fin al desastre reduciendo al mínimo la entrada de dinero a la dictadura, porque es evidente que el pueblo se ha llevado la peor parte en esta guerra de desgaste, y ya no puede más.
Su rendición es, de cierta manera, una sentencia de muerte. Los que tienen recursos para escapar, no lo piensan dos veces. Dentro de la Isla mayorea la ancianidad y una creciente “metralla” juvenil, sendas amenazas para un futuro saludable y decoroso. Cuando emigren o mueran esos sectores de población que hoy representan un flujo estable de remesas, el fantasma de la Revolución se quedará solo con sus delincuentes, menesterosos y tracatanes.
Tal será el porvenir de Cuba, y ya que no hay modo de revertirlo, deberíamos acelerarlo para acabar de una vez con la tortura de ver en cámara lenta la degradación nacional. Sería un crimen pedirles a los emigrados que dejen de ayudar a sus familias, especialmente si han dejado atrás ancianos, niños pequeños o seres queridos que padecen alguna discapacidad. Pero es razonable sugerirles que hagan sus cálculos con austeridad y envíen lo justo, de ser posible a través de otros viajeros, para que la dictadura no reciba ni un centavo de más.
Con este mismo espíritu, sería consecuente no exigir el levantamiento de ninguna de las sanciones impuestas por Donald Trump, específicamente la liberación de las remesas, porque 300 dólares mensuales son suficientes para comprar las minucias y tarecos que el castrismo vende, carísimos, a un pueblo desposeído.
Europa seguirá haciendo el papel de tonta, y la Casa Blanca se mantendrá en el juego de no hacer nada que produzca un impacto real. Toca pues, a los emigrados, decapitar a la bestia y no dejarse enredar en el lazo de la inversión extranjera; en primer lugar, porque no es una propuesta nacida del reconocimiento sincero a los derechos de la emigración cubana; en segundo lugar, porque los negocios con un gobierno supraconstitucional son una trampa segura.
Si esos millones de cubanos desperdigados por el mundo se ajustan al plan, dentro de cinco años el castrismo no podrá con el peso muerto de la nación. Hasta los trabajadores del turismo, que vivían un poquito mejor, están abandonando la Isla, con gran perjuicio para el sector.
Al paso que vamos, las huestes verde olivo deberán ser movilizadas a toda prisa, pero esta vez para preparar mojitos y cubalibres, tocar el güiro y regar el césped de la Casa Dupont, en Varadero. Sería la ruina de la industria y del país, la salida pacífica que tanto hemos evocado.
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Son los emigrados cubanos quienes pueden decapitar a la bestia

LA HABANA, Cuba.- El año está cerrando con estertores de ahogado. Para la mayoría de los cubanos este ha sido el peor diciembre en décadas, con un arrastre de muertos que ha enlutado a miles de hogares y una guerra sin cuartel para encontrar alimentos. Parece increíble, pero Cuba empeora cada día pese a los pronósticos de un ministro de Economía que junto a Marino Murillo y su Tarea Ordenamiento ha realizado un trabajo encomiable desmantelando lo que quedaba.
Cuba es una tragedia que consume en tiempo récord las energías y la cordura de sus ciudadanos. La gente sigue en pie porque la otra opción es morirse, y lo cierto es que nadie quiere morirse; aunque algunos, de tanto en tanto, lo consideren.
Los cubanos se alistan para viajar a Nicaragua y no precisamente como mulas, pues a las malas entendieron que con este régimen no habrá prosperidad jamás, y el negocio de comprar para revender ofrece cada vez menos resultados entre una población empobrecida.
Mientras esta Isla desdichada sigue perdiendo masa laboral y personal altamente calificado, Alejandro Gil (ministro de Economía) presenta una tesis doctoral cuyo tutor es nada menos que Miguel Díaz-Canel; el enajenado de Yusuam Palacios dice que quiere hacer “comunismo con flow”; el coordinador de Programas del Gobierno Provincial de Cienfuegos advierte, en el colmo del descaro, que para fin de año no habrá carne de cerdo porque sencillamente no existe. Y lo dice con su estampa de alimaña alcoholizada, para que los cubanos sintamos aún más vergüenza de nosotros mismos por tener esa clase de dirigentes: brutos, torpes, inhumanos; tan cutres de aspecto y pensamiento.
Ese mismo tipo que desluce con su facha la imagen de una de las provincias más bellas y orgullosas de Cuba, ha anunciado, como si de un logro se tratara, que se le venderá una libra de carne de res a cada embarazada y niño de hasta seis años, porque la infancia termina pronto en el paraíso de la izquierda mundial. De esa miseria que los dirigentes cubanos consideran una dádiva, solo se beneficiará la ciudad cabecera. El resto de los cienfuegueros que coman lo que encuentren o se mueran de hambre; igual sería un alivio para este régimen que presume de racionar hasta las salchichas y no cesa de construir hoteles donde los turistas consumen todo lo que falta en la mesa de los cubanos.
El propio Díaz-Canel ha exhortado a comenzar el 2022 con alegría y esperanzas como si la crisis fuera a desaparecer en víspera de año nuevo, y los cubanos fueran capaces de sacudirse en un pestañazo el malestar causado por tantas muertes, las penurias, la represión y el aplastamiento irremisible de sus ilusiones.
El desprecio de la dictadura hacia el pueblo no tiene límites, y es compresible. Lo hemos soportado todo. Ahí están las madres de los presos del 11 de julio dando cuenta de los juicios amañados, de la intimidación que sufren por parte de la Seguridad del Estado, de testigos mintiendo descaradamente ante jueces corrompidos por el poder o el miedo.
Ellas se atreven a denunciar mientras el gobierno francés le regala casi 40 millones de euros a la dictadura destinados a supuestos programas de sanidad y saneamiento; pero probablemente acaben financiando alguna obra megalómana para que el fantasma de la Revolución siga dando batalla en el campo simbólico. Ahí está el Centro Fidel Castro Ruz para demostrarlo: un imperdonable despilfarro de dinero foráneo en medio de un escenario socioeconómico signado por la indigencia y la crisis sanitaria.
Europa sigue prodigando favores y Estados Unidos insiste en sanciones que hacen cosquillas a los generales cubanos. Entre esas dos aguas se ahoga el pueblo cubano, que solo tiene una verdadera carta a su favor: la diáspora. Los emigrados pueden poner fin al desastre reduciendo al mínimo la entrada de dinero a la dictadura, porque es evidente que el pueblo se ha llevado la peor parte en esta guerra de desgaste, y ya no puede más.
Su rendición es, de cierta manera, una sentencia de muerte. Los que tienen recursos para escapar, no lo piensan dos veces. Dentro de la Isla mayorea la ancianidad y una creciente “metralla” juvenil, sendas amenazas para un futuro saludable y decoroso. Cuando emigren o mueran esos sectores de población que hoy representan un flujo estable de remesas, el fantasma de la Revolución se quedará solo con sus delincuentes, menesterosos y tracatanes.
Tal será el porvenir de Cuba, y ya que no hay modo de revertirlo, deberíamos acelerarlo para acabar de una vez con la tortura de ver en cámara lenta la degradación nacional. Sería un crimen pedirles a los emigrados que dejen de ayudar a sus familias, especialmente si han dejado atrás ancianos, niños pequeños o seres queridos que padecen alguna discapacidad. Pero es razonable sugerirles que hagan sus cálculos con austeridad y envíen lo justo, de ser posible a través de otros viajeros, para que la dictadura no reciba ni un centavo de más.
Con este mismo espíritu, sería consecuente no exigir el levantamiento de ninguna de las sanciones impuestas por Donald Trump, específicamente la liberación de las remesas, porque 300 dólares mensuales son suficientes para comprar las minucias y tarecos que el castrismo vende, carísimos, a un pueblo desposeído.
Europa seguirá haciendo el papel de tonta, y la Casa Blanca se mantendrá en el juego de no hacer nada que produzca un impacto real. Toca pues, a los emigrados, decapitar a la bestia y no dejarse enredar en el lazo de la inversión extranjera; en primer lugar, porque no es una propuesta nacida del reconocimiento sincero a los derechos de la emigración cubana; en segundo lugar, porque los negocios con un gobierno supraconstitucional son una trampa segura.
Si esos millones de cubanos desperdigados por el mundo se ajustan al plan, dentro de cinco años el castrismo no podrá con el peso muerto de la nación. Hasta los trabajadores del turismo, que vivían un poquito mejor, están abandonando la Isla, con gran perjuicio para el sector.
Al paso que vamos, las huestes verde olivo deberán ser movilizadas a toda prisa, pero esta vez para preparar mojitos y cubalibres, tocar el güiro y regar el césped de la Casa Dupont, en Varadero. Sería la ruina de la industria y del país, la salida pacífica que tanto hemos evocado.
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Cuba mantiene prórroga automática del pasaporte para residentes en el exterior

El gobierno cubano anunció que se mantiene, hasta nuevo aviso, la prórroga automática de los pasaportes más allá de los 24 meses establecidos. La medida se relaciona con el aumento de vuelos internacionales a la Isla prevista desde este 15 de noviembre y como parte del retorno a la normalidad después del peor rebrote exprimentado por la COVID-19.Ernesto Soberón, Director General de Asuntos Consulares y Cubanos Residentes en el Exterior del Ministerio de Relaciones Exteriores (Minrex) señaló en su perfil de Twitter que “continúa vigente la prórroga automática y sin costo de estancia ininterrumpida en el exterior, más allá de los 24 meses establecidos, manteniendo la condición de residentes en el territorio nacional”.Continúa vigente la prórroga automática y sin costo de estancia ininterrumpida en el exterior, más allá de los 24 meses establecidos, manteniendo la condición de residentes en el territorio nacional.— Ernesto Soberón (@SoberonGuzman) November 12, 2021El funcionario agregó que “igualmente, los ciudadanos cubanos residentes en el territorio nacional que se han visto imposibilitado de retornar a Cuba a causa de la pandemia, pueden regresar, de manera excepcional, con su pasaporte vencido y sin prorrogar”.Soberón explicó que en el caso de los cubanos que residen en el extranjero, cuya vida la desarrollan de manera habitual en terceros países, «para viajar a Cuba requieren hacerlo con su pasaporte en regla”.Los vuelos a Cuba en la nueva normalidadApuntó además que se mantendrán “facilitando la realización de trámites consulares a distancia en los consulados y oficinas consulares cubanas”.La decisión de la prórroga del pasaporte sin costo más allá del tiempo establecido fue ratificada en octubre de 2020 y se ha mantenido en el curso de la situación sanitaria que ha vivido el mundo a causa del coronavirus. El tema de la prórroga es uno de los asuntos que genera gran debate entre la emigración cubana, que la considera, como mínimo, injusta.Publicidad

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Antología reúne a escritores latinoamericanos radicados en Miami

La antología Vacaciones sin hotel, que reúne relatos de 26 escritores latinoamericanos radicados en Miami, muestra “la diversidad cultural, temática y estilística” de la narrativa en español del sur de la Florida, según su compilador, el argentino Hernán Vera Álvarez. El libro se presenta este viernes.La antología, con más de un 90 % de relatos escritos por mujeres, reúne por primera vez la voz de los autores que participan en un taller literario conocido como “La tribu de Vera” y recoge textos cortos de autores nacidos en Argentina, Brasil, Colombia, Costa Rica, Cuba, Chile, República Dominicana, México, Perú, Uruguay y Venezuela.“El libro es un espejo de estos tiempos”, remarca Vera sobre los textos salidos del taller dictado semanalmente por él desde hace cuatro años, y que para este volumen han sido escogidos y editados bajo el sello independiente Ediciones Aguamiel, con sede en Miami.El título ironiza sobre el cliché de una ciudad eternamente en vacaciones, dijo Vera en una entrevista con la agencia EFE.“Este libro muestra otro Miami, más cercano a la realidad y más lejos de la publicidad turística. Acá nadie está todo el día en la playa bajo un limonero, tomando un gincola o un cubalibre”, asegura el escritor argentino, profesor en la Universidad Internacional de Florida (FIU).El compilador dice que lo primero que tuvo presente fue la calidad de los cuentos. “Luego, no quería un texto homogéneo en estilo y por eso fui ecualizando el índice, para que el libro tuviera luces y sombras y fuera una ruleta emocional, estética y literaria, y eso está en el libro, la amplificación de voces”, detalla.Vera, autor de varias novelas —la más reciente, Los hermosos, de Suburbano Ediciones— enmarca Vacaciones sin hotel como libro de “autoficción”. “Siempre me gusta recordar unas palabras de Mario Vargas Llosa. Él comentaba que todo texto es como un ‘streptease’ al revés: primero el autor se desnuda (…) para luego llenarlo de buenas mentiras”.PublicidadSegún el compilador, la estructura principal de volumen de 150 páginas “tiene que ver con la autoficción”, que puede ser rica en muchos géneros como la autobiografía, la crónica periodística y el género fantástico. Pero, matiza, el “nervio vivo” de este libro es algo autobiográfico.EFE / OnCuba

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Emigrados nuestros. Algunas lecciones orientales (II)

Hurgando entre documentos desclasificados estadounidenses y conversando con protagonistas y expertos vietnamitas, surgen conexiones inesperadas.Cuando Walt Rostow y otros asesores de Kennedy argumentaban que para contrarrestar “el fiasco de Bahía de Cochinos” había que jugar fuerte en Indochina, se referían a evitar que “el efecto dominó comunista se tragara al sureste asiático.” Sin esa jugada, según ellos, iban a parecer “blandos con el comunismo” y podían perder las próximas elecciones, no precisamente en Florida, sino en todo el país.Para jugar duro en América Latina, diseñaron un paquete de ayuda económica y reformas inducidas, convoyado con contrainsurgencia, que buscaba evitar “otras Cubas” en el hemisferio. Ligado a esa estrategia, concibieron un programa de refugiados cubanos descomunal, como nunca ocurrió con ningún otro país.En Indochina, esa geopolítica los llevaría a una intervención militar tan desastrosa que dejaría chiquita a Playa Girón. Finalmente, terminaron diseñando un programa de refugiados vietnamitas, solo comparable al que, entre 1961-73, había sacado casi medio millón de cubanos, y que traería a EEUU la misma cantidad de vietnamitas entre 1980 y 1997.Gracias a esas políticas, las segundas áreas urbanas con mayor concentración de cubanos y de vietnamitas fuera de La Habana y de Hanoi están en los condados de Dade en el sur de Florida y de Orange en el sur de California.Emigrados nuestros. Algunas lecciones orientales (I)La gran diferencia entre ambas políticas vino después. La que hicieron hacia Vietnam luego de la derrota tenía raíces domésticas, más que geopolíticas. Estaba dictada por el trauma de 58 mil muertos, bajas y 200 mil heridos y lisiados físicos, vivo en la mentalidad estadounidense. La búsqueda de los restos de soldados perdidos en acciones combativas y los posibles prisioneros de guerra retenidos en Vietnam empujaron a un consenso bipartidista excepcional. Dos veteranos de la guerra, convertidos en políticos, el republicano John McCaine y el demócrata John Kerry, capitalizaron ese consenso.Por su parte, los vietnamitas estuvieron dispuestos a negociar, también por razones de política interna. Las minas antipersonales no detectadas y los efectos del agente naranja habían dejado heridas abiertas en su sociedad, cuyas pérdidas humanas y materiales se contaban por millones de víctimas y de kilómetros cuadrados de tierra arrasada. Sobre esas agendas, se sentaron a negociar y a cuadrar una normalización de relaciones muy compleja y difícil.Publicidad¿En qué medida la emigración vietnamita encaja dentro de esta relación bilateral? ¿Cómo se vincula al proceso de reformas económicas y políticas conocido como DoiMoi (Renovación)?Los más de 2 millones de vietnamitas americanos son parte de los 4,5 millones de ViệtKiều (vietnamitas viajeros), también llamados “de ultramar,” residentes en EEUU, Francia, Australia, Canadá, Taiwán, Cambodia, Japón, y otros quince países. Algunos se habían ido antes de 1975. Otros, especialmente militares y funcionarios de Vietnam del Sur, partieron en 1975, con la caída del régimen de Saigón. Desde 1978, la crisis económica produjo una explosión de balseros, que condujo al Programa de Salida Ordenada, acordado por Vietnam y EEUU, con el auspicio de la Organización de Naciones Unidas (ONU). Por esta vía, más de 600 mil vietnamitas salieron hacia 40 países, especialmente vecinos, si bien la mayoría (450 mil) se enrumbaban hacia EEUU.  En su momento, hubo un fuerte lobby anti-normalización EEUU-Vietnam, formado por un bloque anticomunista de ex-funcionarios y militares saigoneses, y de políticos norteamericanos críticos de los derechos humanos en Vietnam. Todavía existente, aunque sin la visibilidad de antaño, ese lobby nunca respondió, sin embargo, a la necesidad de legitimar la política de EEUU hacia Vietnam, como ocurrió con el exilio cubano hacia la Isla. De hecho, el gobierno de Carter tuvo la intención de restablecer relaciones, lo que se vio obstaculizado por la intervención vietnamita contra el régimen represivo de los khmer rojos en Cambodia, en 1979, así como por sus demandas para compensar los enormes costos de la guerra.Los vietnamitas llegados a Estados Unidos en las últimas dos décadas han hecho crecer 78% a la comunidad vietnamita americana. Pero ni antes ni ahora esta se ha caracterizado por alcanzar posiciones o relevancia en el gobierno de EEUU. Muy pocos han desempeñado cargos designados o electivos a nivel nacional. Ahora mismo, solo Stephanie Murphy, nacida en Ciudad Ho Chi Minh, ocupa un escaño en la Cámara federal, representando a un distrito de Florida con mayoría blanca y solo 4% de asiáticos.La mayor base electoral de la comunidad, unos 200 mil, radica en el corazón del condado de Orange, California, identificado como “Little Saigon”. Su única representante en la Cámara durante diez años no se apellidaba Nguyen, sino Sánchez, una demócrata mexicano-americana, reemplazada en 2017 por otro político, también mexicano-americano. En la legislatura y los gobiernos locales de California, como Orange, San José, San Francisco, Los Angeles; así como Houston y Dallas, en Texas, cuentan como electores, aunque raramente ocupan escaños.Algunos observadores reconocen que la mayoría de esos electores —incluyendo a sus líderes religiosos budistas—, no simpatizan con el Partido Comunista de Vietnam (PCV), aunque señalan que no son hoy un factor político significativo en la relación bilateral. Esos sectores recalcitrantes, dicen ellos, “cuyo reloj se paró en 1975, continúan haciendo ruido, pero no tienen mayor capacidad de influencia en el gobierno de EEUU o en las relaciones de otros vietnamitas con Vietnam.”Otros observadores entrevistados aprecian que la minoría favorable se acrecienta, pero juzgan que el principal obstáculo en las relaciones bilaterales sigue estando entre los vietnamitas americanos que rechazan al gobierno de la RSV. Estos observadores apuntan que “Vietnam debería adoptar políticas que facilitaran la reconciliación con este grupo,” como sería, por ejemplo, lanzar un programa de búsqueda y recuperación de restos de soldados saigoneses perdidos en acciones combativas, según se ha hecho con los estadounidenses.La política de Vietnam hacia los ViệtKiềuLa mayoría de los expertos vietnamitas entrevistados respecto a la normalización de relaciones con EEUU, acordada en 1996, subraya que el diálogo con los ViệtKiều se inició antes y se ha ido desarrollando al margen de las relaciones entre los dos gobiernos, ya que se trata de un problema de política interna, más que de relaciones exteriores.La Constitución de 1992, por ejemplo, afirmaba que “el Estado protegerá los intereses legítimos de los vietnamitas residentes en el extranjero…para mantener estrechos vínculos con sus familias y la tierra natal, y contribuir a la construcción nacional.” (Art.75) Ese artículo constitucional, fruto de una política elaborada por el liderazgo del PCV, no se limitaba a «que los vietnamitas de ultramar inviertan en el país.» (Art. 25).Las consignas de esta política reforzaban el vínculo nacional y la armonía. “Somos una misma familia”. “El pasado debe quedar atrás”. “Todos somos vietnamitas.” “Trabajemos juntos para construir un nuevo Vietnam”. Su propósito era hacer que los ViệtKiều “conocieran al nuevo Vietnam.”A pesar de que los exiliados del régimen de Saigón no querían oír hablar de regreso, porque temían “la venganza del Vietcong,” la política vietnamita se dirigió a normalizar relaciones con todos los ViệtKiều, con independencia de sus posiciones ideológicas. La Resolución 36 del Buró Político del PCV, en 2004, reconocía sus derechos a los servicios del Estado y privilegios como ciudadanos.La institución que los ha incorporado es el Frente de la Patria, una sombrilla de organizaciones de masas, sindicatos, pioneros, jóvenes, grupos religiosos, “base política de poder popular”, que promueve “la solidaridad” y la “unidad política y espiritual”, que supervisa la actividad del gobierno, se preocupa por la reducción de la pobreza, la participación de las masas y la movilización popular, e interviene en la nominación en el proceso electoral. Este Frente, que incluye a los ViệtKiều, organiza celebraciones de las fiestas del Año Nuevo Lunar (el Têt) con la participación conjunta de viajeros y residentes; les informa sobre el curso de las reformas, el desarrollo económico, político y social, y sobre las oportunidades de inversión extranjera; y recoge sus inquietudes y opiniones.Aunque los primeros en regresar fueron los hombres de negocios y los artistas, el caso más conspicuo fue el del ex-presidente de Vietnam del Sur en 1975, Nguyen Cao Ky, quien decidió visitar la nación en 2004, y apoyar la independencia y la unificación.En cuanto a los exfuncionarios del antiguo régimen, se les ha dado la bienvenida, “siempre que vengan en paz”. Según algunos observadores entrevistados, “antiguos combatientes y sus carceleros se cruzan en las calles. Mientras respeten la ley, son ciudadanos vietnamitas, tienen hijos, familia.” Como se sabe, la ley es muy estricta en cuanto a prohibir cualquier intento de cambio del sistema político, incluyendo la existencia misma de medios de comunicación antigubernamentales.En el contexto de la política de reformas denominada DoiMoi (Renovación), iniciada en 1986, los ViệtKiều se han convertido en actores económicos que participan en los negocios y envían remesas. Estas tienen un peso en el crecimiento económico del país. En 2004, cuando se emitieron las leyes de promoción de inversión doméstica y extranjera directa, las remesas alcanzaban 3.200 millones USD.Muchos mayores de edad prefieren retirarse a su país de origen a vivir la parte final de sus vidas. Los ViệtKiều pueden comprar casas y adquirir negocios en el país. Cuando deciden invertir, eligen si lo hacen como inversionistas nacionales o extranjeros, ya que Vietnam reconoce a los que han adoptado otra ciudadanía. Los que viajan con pasaporte vietnamita no necesitan ningún trámite adicional, no requieren visa y pueden permanecer el tiempo que decidan. También reciben un tratamiento especial en los controles de aduana.Algunos expertos opinan que los hijos del grupo emigrado a partir de 1975 tienen una actitud diferente hacia la patria de sus padres. En contraste con estos, los de segunda y tercera generaciones visitan Vietnam más a menudo. En términos sociales y políticos, esas generaciones mejor educadas se mantienen interesadas en su país de origen. Algunos van a enseñar o a hacer investigaciones en Vietnam; y a menudo se casan con residentes permanentes en la RSV.Se aprecia especialmente el aporte de los jóvenes educados en el exterior. Científicos que trabajan, por ejemplo, en Silicon Valley, son invitados a compartir su conocimiento con los residentes permanentes y sus instituciones, lo mismo que los artistas y cineastas. Esta política forma parte del intercambio científico y cultural, y se integra al esquema de prioridades establecido por el DoiMoi. En general, la política hacia los ViệtKiều que son profesores y científicos les otorga un trato especial, que incluye incentivos para motivarlos a trabajar en Vietnam. Las instituciones vietnamitas estiman que su mentalidad acerca del país cambia a partir de lo que encuentran y ven con sus propios ojos.Al perfilar el papel incluyente del Frente Patriótico, la reforma constitucional de 2013 precisa el lugar de los ViệtKiều en el sistema (Art.9): “El Frente de la Patria de Vietnam es una alianza política y una unión voluntaria de organizaciones políticas, sociopolíticas, sociales, y de individuos, que representan sus clases sociales y estratos, etnias, religiones y a los vietnamitas de ultramar… Constituye la base política del gobierno del pueblo; representa y protege los derechos e intereses legales y legítimos del Pueblo; reúne y potencia una gran solidaridad nacional, practica la democracia y fomenta el consenso social; practica la supervisión y la crítica social; participa en la construcción del Partido, el Estado e involucra al pueblo en las actividades de relaciones exteriores, y contribuye a la construcción y defensa de la Patria.”Ese lugar de los ViệtKiều en el sistema no se sostiene en formulaciones jurídicas sobre la ciudadanía, utilitarismo económico, o ligadura a las relaciones con EEUU. Se trata de toda una concepción política, que en lugar de darles un trato aparte, los integra a un sistema y a un orden que le otorga un sentido específico a la unidad nacional. En vez de abstracciones jurídicas, símbolos patrios, o llamados a la reconciliación, esta concepción se expresa en una visión de largo alcance, culturalmente pensada y ejercida como política de Estado. ***Fuentes consultadas por el autor para la elaboración del texto:Entrevistas a actores y expertos en relaciones entre Vietnam y EEUU. En Rafael Hernández, Vietnam, China and Cuba Foreign Policies towards de U.S. A Comparative Analysis in Conflict/Cooperation. IDE, Japan, 2015. Constitución de la República Socialista de Vietnam (1992). Constitución de la RSV reformada en 2013. Datos sobre vietnamitas americanos en EEUU. 

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Cubanos residentes en el exterior ratificarán su respaldo a la isla

La comunidad cubana residente en el exterior participará el próximo sábado en un foro virtual llamado Poniéndole corazón a Cuba
El 9 de octubre abordarán las acciones de apoyo a la isla desde el exterior.

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Cubanos residentes en el exterior participarán el sábado en un foro virtual llamado Poniéndole corazón a Cuba para ratificar su respaldo a la isla frente a las agresiones y los intentos de desestabilizarla, precisaron este 4 de octubre los organizadores.

La convocatoria fue lanzada por la reciente iniciativa Juntos por Cuba, un canal de YouTube con emisiones semanales creado para combatir la desinformación y el olvido, que se identifica con la consigna Patria o Muerte y defiende la cubanía y el amor entre quienes viven dentro y fuera de la mayor de las Antillas.

Según adelantaron a Prensa Latina promotores del encuentro virtual, el 9 de octubre abordarán las acciones de apoyo a la isla desde el exterior, entre ellas la batalla en las redes sociales y las campañas para enviar donativos, en medio del impacto de la pandemia de la Covid-19 y del recrudecimiento del bloqueo económico, comercial y financiero estadounidense.

Juntos por Cuba invitó a participar en el evento del sábado a ‘los cubanos de buena voluntad, a los que aman y construyen’ y a ponerle corazón a un país que es faro de luz en el horizonte.

Asimismo, los instó a defender las conquistas alcanzadas por la nación caribeña desde cualquier parte del mundo en la cual se encuentren y recordó que la patria los une bajo la premisa martiana Patria es humanidad.

El foro virtual convocado por el canal saludará la semana de la cultura cubana y homenajeará a hombres y mujeres que han escrito páginas de gloria en la historia de la asediada isla rebelde.

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Emigrados nuestros. Algunas lecciones orientales (I)

Son ruidosos, se amontonan en las colas, les fascina la grasa de puerco, su peculiar cultura los identifica en todo el mundo, y están muy orgullosos de ser lo que son. Han sufrido el colonialismo y el hegemonismo de las grandes potencias; conquistaron la independencia e hicieron una revolución socialista por su propia cuenta, que adoptó al marxismo como ideología de Estado, con un líder que le imprimió un sello propio e inconfundible, y que los colocó de nuevo en el mapa mundial. Aunque ya dejaron atrás a la generación que produjo la revolución, su sistema político tiene al frente a un Partido Comunista, y dicen que caminan hacia otro socialismo. Son un país de emigrantes más que de inmigrantes.Naturalmente, hablo de los chinos.Como sabemos, la emigración china se hizo global desde el siglo XIX, incluyendo las Américas. Esos “chinos de ultramar”, como les llaman, se estiman hoy en 50 millones. Están en casi todas partes, aunque concentrados en 14 países, antípodas nuestros en su mayoría: Indonesia (más de 10 millones), Tailandia (7), Malasia (casi 7). De cada cuatro habitantes en Singapur, tres son de origen chino, uno en Malasia, más de 1/2 en Tailandia, muchísimos de ellos nacidos en esos países. Son menos en Canadá (casi 2 millones) y Australia (1,5 millones), aunque casi todos estos son “chinos de nación”, llegados en los últimos veinte años.Desde que empezaron a arribar masivamente a EEUU en el siglo XIX, para construir el ferrocarril y trabajar en las minas, han sido un grupo diferenciado, y hoy muy cambiante. Aunque la “minoría étnica” de mayor peso en términos demográficos son los latinos, la que crece más rápido es la de los asiáticos. El Pew Research Center calcula que casi han duplicado su presencia en 2000-2019; la cuarta parte, chinos, que pasaron de 2,8 a 5,5 millones.Dos terceras partes de este colectivo siguen siendo “chinos de nación”, aunque la mayoría lleva más de diez años en EEUU. Este flujo migratorio se caracteriza por su amplio abanico, compuesto por indocumentados de diversos grupos sociales (que entraron al país con visa en su mayoría), un sector de clase media y profesionales, e incluso uno con ingresos muy altos. Se estima que, en la última década, una cuarta parte de los emigrantes chinos millonarios van hacia EEUU; y casi la misma proporción, hacia Canadá. Los demás ricos se van a Europa, Australia, Singapur. Aunque constituyan el grupo étnico con menor filiación partidaria, la creciente presencia de sino-estadounidenses tiene ahora una mayor significación electoral. Su residencia se concentra en estados con mayoría demócrata, como Nueva York y California. De hecho, se estima que 81% votó por Obama en las elecciones de 2012.La mayoría de los políticos chino-americanos estaban y están en las legislaturas estatales, no en el congreso federal. Los inmigrantes chinos no han sido, históricamente, un instrumento político ni una fuente de legitimación de la hostilidad estadounidense hacia su país de origen, comparable, por ejemplo, a los cubanoamericanos. Sin embargo, al analizar las relaciones entre la República Popular China (RPCh) y los EEUU durante la Guerra Fría, era visible la influencia del llamado “lobby de Taiwán”, auspiciado por un fuerte grupo de demócratas y republicanos anticomunistas. Este grupo siguió teniendo poder y mantuvo una intensa actividad contra las relaciones, aun después de que Nixon y Kissinger iniciaran el acercamiento en 1972.La RPCh no intentó negociar ni dialogar con este lobby, ni hacerse ilusiones con una posible reconciliación ideológica. En cambio, se dedicó a aplicar una serie de acciones dictadas por un principio confuciano más próximo a la realpolitik. Acoplándose a la mecánica política norteamericana, lanzaron una campaña de relaciones públicas, cuyo punto de partida consistió en “hacerles una oferta que no pudieron rechazar” a las compañías de lobby que trabajaban para Taiwán. Por esta vía, lograron influir en una opinión pública que tenía la peor imagen acerca de “la China roja”, no marcada precisamente por el exilio chino, sino por la intervención de los EEUU en Corea, la “guerra olvidada”, donde combatieron con tropas chinas, y que les costó más de 36 mil muertos.PublicidadSigue existiendo un lobby anti-chino activo, en particular dentro del Congreso, cuyos actores externos más visibles son el gobierno de Taiwán y el Dalai Lama. Pero las iniciativas del Congreso dirigidas a venderle armas a Taiwán no son tanto el reflejo del poder de ese lobby, sino el barómetro de las relaciones entre los dos gobiernos.Este lobby suscita cíclicamente el tema de la amenaza militar china; así como los liberales agitan el de los derechos humanos. Los altibajos de esta relación no se limitan a competencias comerciales, ni “entroncan siempre con la economía”, como suponen algunos comentaristas, sino sobre todo con factores geoestratégicos de índole más compleja, y que requerirían un tratamiento por separado.Así como los sino-estadounidenses no fueron un instrumento ni una fuente de legitimación principal de la política estadounidense hacia la RPCh, la política china hacia su diáspora tampoco tuvo un papel significativo en el proceso de normalización de relaciones (1972-79). Ambos procesos, el acercamiento bilateral y la normalización de relaciones con los emigrados, transcurrieron en paralelo, sin mayor retroalimentación mutua.La política de la RPCh hacia los “chinos de ultramar”Analistas estratégicos chinos con los que he conversado consideran que los “chinos de ultramar” fueron atraídos realmente cuando la RPCh adoptó “la agenda del Kuomintang”. Caracterizan a estos emigrados chinos en el exterior como pertenecientes a la misma generación de los políticos que impulsaron las reformas en China; por lo que estaban listos para dialogar y hacer negocios con su país.Desde que se inició la política de Reforma y Apertura (III Pleno del CC del PCCh, diciembre 1978), esta se dirigió a atraer el capital foráneo (inversión, créditos, empresas mixtas). Con este fin abrió las llamadas Zonas Económicas Especiales. Esta participación incluía a Hong Kong, Macao y Taiwán.  En todos estos nuevos espacios, los “chinos de ultramar” tenían un papel protagónico, como fuente de capital y de capacidad empresarial. No se les denominaba “capital extranjero”, o “empresas mixtas”, sino “chinos patriotas”. La política de “socialismo de mercado” estrechó sus relaciones con su país de origen, y muchos de ellos, así como otros extranjeros, compraron casa en China.Se dice que algunos destacados “chinos de ultramar” (como el fundador de Singapur, Lee Ku Yen) convencieron a Deng Xiao Ping de que la RPCh no debía verlos como ciudadanos chinos. Este declaró que China los alentaba a adoptar la ciudadanía de sus países de residencia, y que los que mantuvieran la nacionalidad china de todas maneras debían cumplir con la ley de esos países, aun si China no reconocía su doble ciudadanía.El gobierno diseñó una institucionalidad expresamente dirigida a responder a las demandas e intereses legítimos de su emigración. Esta se identifica como Oficina del Consejo de Estado para los Asuntos de los Chinos de Ultramar de la RPCh. Su función incluye proteger sus derechos, con el fin de ampliar su unidad y lazos de amistad, promover los medios de difusión y las escuelas de lenguas en sus comunidades de residencia, y acelerar su cooperación e intercambios en los campos de la economía, la ciencia, la cultura y la educación.Entre los “nuevos migrantes”, posteriores a la Reforma y Apertura, están muchos oriundos de la provincia de Fujian, estratégicamente colocada frente a la isla de Taiwán, y donde Xi Jinping dirigió 17 años. Esta “nueva migración”, estimada en 15 millones, se caracteriza por incluir no solo a trabajadores simples, sino a una élite con un alto nivel de educación y riqueza.La principal prioridad china en materia de economía y seguridad, la llamada Iniciativa de la Franja y la Ruta, diseñada por Xi Jinping para desarrollar infraestructura a lo largo de corredores terrestres y sobre todo marítimos entre Asia y Europa, pasa por áreas donde estos chinos residen, como Filipinas, Singapur, Malasia, Indonesia, Tailandia.En el marco de una política china dirigida a atraer la concertación y asociación con esos países, los chinos étnicos establecidos allí, conocedores de los negocios y de la política locales, juegan un papel clave como guías, intermediarios y participantes de ese megaproyecto tricontinental. Como es obvio, para los intereses de muchos de estos chinos en el entorno geopolítico del sudeste asiático, los factores que favorecen el aislamiento de la RPCh en la región, y en particular, el deterioro de la relación con EEUU, les resultan perjudiciales. Según algunos estudiosos chinos, en los últimos años se ha ido imponiendo una visión que identifica a la diáspora china como un componente vital de la diplomacia, más allá de su papel como actor económico. Uno de los núcleos de esa política exterior que los involucra directamente es educacional y cultural. Beijing ha reconstruido relaciones con las asociaciones étnicas chinas y se ha dirigido a ellas para que contribuyan a ampliar la relación de la RPCh con el mundo.   Finalmente, la política de derechos humanos incluye una mención diferenciada de los chinos que retornan del exterior, reconociéndolos en su diversidad. Un documento como el Plan de Acción Nacional de Derechos Humanos de China lo define en los siguientes términos: “El gobierno extenderá el derecho a la participación ciudadana en asuntos políticos de modo ordenado a todos los niveles y sectores, a fin de garantizar el derecho de los ciudadanos a participar. El sistema parlamentario popular se perfeccionará. Se revisará el sistema electoral para perfeccionarlo. Se elegirá diputados al parlamento popular de acuerdo con la proporción de los distintos grupos del pueblo tanto en áreas urbanas como rurales; las proporciones de diputados entre las minorías étnicas, los chinos de ultramar regresados, mujeres, trabajadores de base, agricultores y trabajadores migrantes se incrementará adecuadamente en el número total de diputados a los parlamentos populares a todos los niveles; y se mantendrá el vínculo estrecho entre los diputados y sus bases”.Este Plan, como todos los documentos de su tipo, formula una intención política. Su sentido y viabilidad no se encierran en lógicas económicas o de seguridad nacional, discursos ideológicos o culturales sobre la nación, conveniencias de la coyuntura internacional o de las relaciones con otro país. Su eficacia política depende más bien de cómo integra los vínculos entre los emigrados y la sociedad de origen, que se viven más allá de legislaciones o pasaportes. Esos nexos profundos rebasan símbolos nacionales, gustos culinarios, tradiciones o himnos, para realizarse en modos de pensar y en conductas, es decir, en culturas políticas vivas y en relaciones sociales aquí y ahora.Lo que esa proyección política demanda, en el caso de una nación tan transnacionalizada y milenaria como China, requiere concebir su interés nacional más como una carretera de ida y vuelta, que como una trinchera. Una cultura estratégica que antes pudo imaginar, digamos, ese audaz camino entre montañas llamado la Gran Muralla.

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Gustavo

Ha muerto Gustavo. No era un Gustavo cualquiera, sino un Godoy, hijo de una familia cubana “de alcurnia” o, mejor, representante directo de algo que está en vías de extinción: la aristocracia criolla cubana. Gustavo llegó a Estados Unidos en 1959, a los 17 años, después que la Revolución le intervino a su padre el banco que poseía y que quería que su hijo heredara. De hecho, estuvo a punto de desheredarlo cuando Gustavo le dijo que lo suyo era la televisión y que no tenía intenciones de reconstruir el banco del lado de acá del “charco”. Si iba a hacer algo por este mundo, sería dotar a los hispanos en Estados Unidos de sus canales de televisión. De acceso a la información y entretenimiento en su lengua materna. Luego de un tiempo trabajando en la cadena ABC, donde aprendió el oficio, creó la cadena hispana SIN, antecesora de Univision, y luego pasó a Telemundo, desde la que siguió ofreciendo mundos televisivos internacionalmente. Creó centenares de “Gustavitos” que hoy día son “monstruos” de la pequeña pantalla en Estados Unidos. Dio oportunidades a quien se le paró delante pidiendo alguna. Hace unos meses, cuando los “Gustavitos” que ahora están repartidos por el mundo vinieron a Miami a homenajearlo, no hubo uno que no se emocionara con su presencia o luchara por decirle una palabra de agradecimiento en ese homenaje personal.[embedded content]Viendo las imágenes del encuentro me vino a la mente el hecho de que, en efecto, además de pionero, innovador, creador y un periodista excelso, Gustavo Godoy, el último de los “aristrócatas buenos”, fue también el hombre de las dos orillas. Se lo recordé una de las últimas veces en que nos vimos, antes de que esta maldita pademia interrumpiera nuestros almuerzos regulares en los restaurantes cubanos de Miami.Un día le pregunté por qué su casa estaba llena —abarrotada—, de arte, libros, cuadros, esculturas, fotografías y objetos de la Cuba de antes y actual. Tenía más de esos que objetos y recuerdos de otros países por donde Gustavo viajó y atravesó conflictos peligrosos, en los que se enfrentó a guerrilleros desconfiados del periodista que venía del “Norte revuelto y brutal”, a dictadores malévolos hacia quienes Gustavo tenía siempre el adjetivo certero en la punta de la lengua, para hacer más difícil aún la pregunta inevitable que pondría en aprietos al inquirido.Lo vi en acción. En 1991 nos conocimos en Machurucutu, un pueblo en lo que era entonces la frontera entre las provincias Habana y Ciudad de La Habana. Gustavo y yo nos aparecimos en un encuentro organizado por el gobierno cubano con periodistas del exilio y del patio. Entonces, un personero barato de la radio local discurría cómodamente sobre la “libertad” de expresión existente en su emisora habanera y Gustavo lo escuchaba con atención. A cada rato su rostro se iluminaba con una sonrisa sarcástica, pero no dijo nada hasta que sobrevino el disparate.Para explicar las dificultades materiales que tenían la radio y televisión local, esgrimió el argumento de que al finalizar los juegos Panamericanos de 1989 —jamás se me olvidará—: “el embargo es tan duro que las cadenas de televisión americanas tuvieron que recoger los cables del piso porque tenían que llevárselos, el embargo no permite dejarlos aquí”. Al momento se escuchó en la sala una sonora carcajada. Era, naturalmente, la de Gustavo. Se hizo un silencio sepulcral, algunos lo interpretaron como una falta de delicadeza, pero Gustavo no era una hombre de mínimos y dijo: “No coma mierda, compadre, si algún técnico mío se me regresa sin un cable, de cualquier lado, le cobro el cable, lo boto del trabajo y, si puedo, lo mando pa la Siberia”.PublicidadAños después recordaríamos el momento: “A mí lo que más me indignó no fue el disparate, sino haber usado una mentira para combatir el embargo. El embargo no hay que combatirlo con mentiras, basta con la verdad”, fue su comentario. ¿Y la mención a la Siberia? “Creo que lo entendió mejor que si yo hubiera dicho Alaska”, me respondió.Ese viaje de Gustavo no fue el primero a Cuba. Realmente, ya había estado presente en el proceso del diálogo con la comunidad cubana de 1978. Y se involucró mucho. Tanto, que llegó a confesarme que cuando vio que la liberación de los presos políticos —que fueron 3.400— iba en serio, le costó trabajo pararse para reportar las incidencias para el canal 4 de la TV de Miami, donde entonces trabajaba.Gustavo Godoy fue un hombre muy emocional en todo lo relacionado con su patria. Durante la última década viajó regularmente a Cuba. Un vez, tuvo la audacia de participar en una sesión de el “Último Jueves”, un debate mensual organizado por la revista Temas. Toda conversación con Gustavo comenzaba por Cuba. Cuando uno volvía de la Isla era sometido a un implacable interrogatorio suyo donde afloraban sus intereses precisos, que eran la vida ordinaria del pueblo y las flexibilizaciones del gobierno.Estábamos hablando de eso en una de las últimas conversaciones lúcidas que tuvimos —porque Gustavo falleció el pasado jueves con la memoria perdida en los avatares de la vida—, cuando le dije que creía que el gobierno cubano había desperdiciado la oportunidad de lograr más de Estados Unidos con la administración Obama. Me miró a los ojos y me dijo: “Estoy cansado de que siempre le den oportunidades, oportunidades, oportunidades, pero siempre las rechazan, rechazan y rechazan. Han hecho del diálogo entre las dos partes una entelequia y la gente no entiende de entelequias. Ni yo”. Y dio un puñetazo en la mesa que hizo saltar al piso una de las cuatro croquetas que una empleada de Sergio’s nos acababa de servir.Aun así, la obsesión con Cuba —con las dos orillas— fue tan extensa que a Gustavo nunca le importaron las críticas extremistas. Lo suyo siempre fue, lo constaté, la paz entre las dos orillas, el diálogo y la comprensión.Gustavo: todavía no te hemos enterrado y ya te extrañamos. Tu muerte solo me trajo una felicidad: que no te hayas dado cuenta de que en la Casa Blanca alguien quiere mantener el “disparate” rodando. Sé que te sentirías muy triste. Y ahora, ¿con quién coño voy a almorzar el tercer jueves de cada mes?

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La tragedia de Surfside y el silencio del castrismo

LA HABANA, Cuba.- El desplome del edificio Champlain Towers South, en Miami, ha sacudido a Estados Unidos y toda América Latina. La noticia de que varios de sus inquilinos procedían de diversos países del continente ha levantado una ola de atención y solidaridad por parte de los gobiernos regionales, excepto Cuba, pese a que Antonio y Gladys Lozano, y Manuel Lafont, tres de las nueve víctimas hasta ahora identificadas, eran de origen cubano.
La dictadura castrista, que se pronuncia sobre cuanta desgracia ocurre en el mundo, guarda silencio ante tragedias que impactan directamente sobre la diáspora, esa que hoy alivia con sus remesas las penurias de un pueblo arruinado gracias al historial de ineficiencia y corrupción gubernamental engrosado a lo largo de seis décadas.
A pocos días de que el canciller del oprobio, Bruno Rodríguez Parrilla, hiciera su intervención quejumbrosa y cínica en Naciones Unidas, acusando a Estados Unidos de castigar a la familia cubana con el embargo, el régimen se desentiende del pedazo de Cuba que a noventa millas se viste de luto por una desgracia inusual en esos lares; pero que a nosotros, los que vivimos dentro de la Isla, nos toca de cerca y con frecuencia. Por toda respuesta, el medio estatal Cubadebate ha publicado un artículo sobre las posibles causas del derrumbe; una nota extensa, basada en fuentes oficiales del estado de la Florida, que contrasta con la escueta cobertura que dieron al derrumbe del balcón que mató a tres niñas en la Habana Vieja, el 27 de enero de 2020.
La prensa estatal no ha vuelto a referirse al incidente. Nada se ha sabido sobre el proceso legal que supuestamente continúa abierto. La pandemia y la contingencia económica han terminado de sepultar un asunto espinoso que ya la dictadura había silenciado con presiones y amenazas veladas a los familiares de las menores fallecidas.
Sobre lo que pasa en Miami, sin embargo, siempre hay algo que decir, aunque las condolencias por los cubanos muertos en el siniestro, y la preocupación ante la posibilidad de que algunos más sean hallados bajo los escombros, queden fuera del discurso del régimen. Del mismo modo que los inmigrantes cubanos ahogados en 2019 durante la crecida de un río en la selva del Darién no fueron incluidos en el pésame que Rodríguez Parrilla publicó a raíz del lamentable suceso, hoy el gobierno de La Habana no tiene nada que decir sobre los cubanos muertos en el derrumbe del inmueble en Surfside.
El castrismo no puede ocultar que odia a sus emigrados tanto como los necesita. No ha sido suficiente llamarlos ex cubanos y amenazarlos con procesos penales en ausencia si manifiestan abiertamente su rechazo a la ideología comunista. Para el régimen la emigración no es más que una máquina expendedora de dólares; ciudadanos de segunda que mantienen a otros seres de categorías inferiores, escalonadas según el poder adquisitivo de sus familiares residentes en el exterior.
Ningún gobierno latinoamericano, ni siquiera la Venezuela de Nicolás Maduro, trata con tanta maldad a su pueblo; especialmente a ese que hace posible, aun contra su voluntad, la prolongación de un estado de cosas que en poco tiempo destruirá al país. Cuba apenas respira bajo la loma de escombros que se ha amontonado sobre su pecho; un escenario de terror y muerte devenido en hábitat natural, porque es lo que ha creado el régimen desde su llegada al poder en 1959.
La indiferencia del gobierno de Miguel Díaz-Canel ante las víctimas cubanas del colapso del Champlain Towers South es la mejor evidencia de que el proyecto “Puentes de Amor”, promovido desde Estados Unidos por el profesor castrista Carlos Lazo, es un embuste. No puede hablarse de un acercamiento entre naciones, ni de un interés real en la seguridad y prosperidad de las familias cubanas, cuando es la propia dictadura la que dinamita el fundamento de la sociedad y en medio de una tragedia que ha conmocionado a América Latina no se permite siquiera un gesto de empatía.
El castrismo no quiere un vínculo estrecho, en igualdad de condiciones, con su emigración. Un cubano radicado en el extranjero es solo un emisor de remesas, un peón subcontratado por tiempo indefinido a otras naciones, principalmente Estados Unidos, para sostener con ingresos generados por el capitalismo un modelo socialista transformado en califato tropical.
Esa es la única relación aceptable para el régimen. Los emigrados que mueran serán reemplazados por otros; así lo garantiza la interminable crisis económica que azota a la Isla. Lo demás es demagogia, zalamería o lloriqueo para que la Casa Blanca levante las sanciones. Con respecto a la diáspora, el castrismo mantiene vigente la despectiva frase de Fidel Castro cuando los sucesos del Mariel; solo que las circunstancias actuales han echado por tierra aquella prepotente actitud de “no los necesitamos”. La primera parte, no obstante, sigue siendo hoy tan obvia como hace cuarenta años.
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