HAVANA CLIMA

cine cubano independiente

Miradas, mirones y mirares que perturban

En Quiero hacer una película (QHUP) vuelve a percibirse la obsesión de Yimit Ramírez con la mirada.
Foto: Cortesía de Yimit Ramírez

Ahora que QHUP, el polémico y censurado largometraje de Yimit Ramírez, recorre el mundo, ordeno mis memorias sobre cuándo empecé a interesarme por su trabajo. Fue después de ver Koala, corto de ficción que codirige junto a Claudia Claremi en 2013.
Verdadero culto al simulacro, Koala presume de ingenio para trenzar diferentes estadios perceptivos de un destinatario manipulado, forzado a las dicotomías de querer y no poder, y ser, en definitiva, condenado a la perplejidad.
Por un lado, se renuncia a contar una historia a cambio de mostrar los mecanismos involucrados en la producción y la recepción del corto, incluyendo efectos propios del marketing. Por el otro, se vende como falso gancho a un elenco de actores popularizados
por la habitual maquinaria que opera con los principios del star-system.
Súmese la irónica puntuación que, desde los créditos, marca los supuestos premios alcanzados en el ámbito internacional. Una justificada burla a quienes otorgan mérito artístico a producciones movilizadas muchas veces a partir de lauros impugnables.
El koala, la loba marina y el voyeur
Koala es una tomadura de pelo, cuya trayectoria se completa con el simulacro de reseña aparecida en el número 3 del periódico Bisiesto donde, entre otras boutades, dos “periodistas” interrogan al actor Luis Alberto García, acerca de la complejidad interpretativa de su rol protagónico. Ante tanta irreverencia, solo añado que, en lo personal, me encantó que el koala fuera adoptado y amamantado por una loba marina que se roba el espectáculo.
Mírame mirón (Yimit Ramírez y Claudia Claremi, 2013) nos rebota la angustia de “estar en el lugar de los hechos”.
Otras cosas vi de Yimit Ramírez: Mataperros (2016), Gloria eterna (2018), Fin (2019), pero nada que me impactara tanto como Mírame mirón (2013, codirigido con Claudia Claremi), paráfrasis burlona de Mírame mi amor (Marilyn Solaya, 2001), un documental sobre el exhibicionismo, sus víctimas y la impunidad que rodea esa práctica en el contexto cubano.
Mírame mirón impresiona por la manera tan cruel de convertir al espectador en un voyeur, al mismo tiempo que le reclama, desde la autoconciencia del discurso artístico, un debate que expone a la luz cierta zona carroñera de las masculinidades tóxicas, oculta por el triunfalismo heteropatriarcal y patriotero de la isla.
Los autores se (nos) meten en una locación semiderruida próxima a una playa, utilizada por un sujeto que gusta rascabuchear mujeres (en especial de tez blanca). A partir de ahí, se impone el recorrido visual por todo aquel vetusto espacio, atestado de grafitis, que son la expresión de los más enfebrecidos momentos del mirón.
Nos acompañan en este periplo, las voces anónimas de otros testigos que, en su momento, fueron también convocados a opinar sobre el asunto. No aparece un solo ser humano en el set. Pero la sustracción física es reemplazada por la presencia sonora, a través de los criterios diversos, contradictorios incluso, que se vierten desde el principio en absoluta voice-over.
Hay una intención de saturar desde la preeminencia de toda aquella iconografía porno, desde el regodeo incesante sobre las imágenes y la precariedad física del lugar. Igual de agobiante es la suciedad del espacio, toda la mugre captada, “enjuagada” a veces con imágenes de un mar cuyas olas rompen con cierta indiferencia sobre una costa baldía y áspera, de roñosa soledad.
Entre masturbadores y fisgones
No es la primera vez que el audiovisual cubano aborda prácticas sexuales patológicas. Recuerdo ejemplos vistos en la Muestra Joven ICAIC: Despertar (Lázaro Lemus), que se refiere al onanismo que practica un joven esquizoide; La mano (Daniel Santoyo Hernández), donde mediante la ficción se ventilan la masturbación femenina, el voyerismo y la necrofilia.
Más cercano a la propuesta de Yimit se ubica El mundo de Raúl (Jessica Rodríguez y Zoe Miranda, 2010), donde el provocativo recurso de mezclar ficción y no ficción remueve el incómodo tema y el propio fisgón narra su dichosa desventura y nos convierte en cómplices sentimentales de su drama.
Se equivoca quien piense que estas aproximaciones a asuntos tan escabrosos persiguen una dispensa o una justificación. Si tienes una llaga y no te la atiendes, terminará siendo un cáncer que acabará con tu vida. Ese es el fundamento tras el interés de jóvenes cineastas por acoger temas tan subversivos, auténticas salivaciones del patriarcado sistémico, estructural y global que padece el mundo.
La sustracción de todo sujeto en el discurso que controla el argumento de Mírame mirón, impide una maniobra identificadora con la situación planteada. El documental molesta directamente al ojo varón que mira desde su tribuna opresora. Siempre es más cómodo denunciar el acoso sexual —y otras variantes de la violencia de género— entrevistando y exponiendo a las víctimas, que representar el acoso desde el sitio del victimario.
Como la pantalla de cine es incapaz de devolver la imagen del sujeto que la mira, la sustracción de los personajes parlantes produce un efecto aún más perturbador: se convierte en un espejo vampírico que nos rebota la angustia de “estar en el lugar de los hechos”.
El empleo de la cámara en mano es otro recurso que nos sitúa en un estado mental autoconsciente y entra en rápida contradicción con la experiencia placentera de ver cine desde la comodidad de la butaca y la trasparencia del discurso convencional.
Al quebrar todo intento de identificación del público y llamar la atención sobre lo que ocurre fuera de campo, el documental destruye ese “estado de regresión narcisista del espectador” (según describe Jacques Aumont, en Estética del cine), y lo condena a autoimplicarse en el fenómeno debatido.
Emplazamientos de cámara, desplazamiento de voces
El corto responde a un estado de ubicuidad en términos de focalización respecto a la relación entre lo que la cámara ilustra y lo que se oye comentar. Diversas voces reproducen los textos, incluso hay una especie de dramatización sobre las huellas verbales del masturbador.
En principio suponemos que quienes filman son aquellos cuyas palabras escuchamos, por lo que la ilusión de un documental que se cuenta solo, como cualquier otro relato fílmico, cede pronto lugar a la incertidumbre de que hay una presencia escrutadora que rebasa la mera participación de sujetos eventuales. Incluso se fractura la certeza de que sea un documental, una ficción o una especie de mockumentary.
Toda aquella pornografía tatuada en las paredes ha sido trasferida a la imagen audiovisual, pero su registro no muestra a los hablantes. Pueden haber estado allí o en otro lugar, pueden haber visto esas u otras imágenes similares. Nuestros narradores no son confiables. Podemos hacernos cargo o no de sus criterios, o inventarnos otros personajes conviviendo también en un fuera de campo visual y sonoro.
No sabemos cuál será el recorrido de la cámara en su misión escrutadora a través de aquel espacio escenográfico sórdido, pero nada evitará que hagamos nuestro propio montaje mental, selectivo y motivado. En eso se basaba el montaje intelectual eisensteniano.
Quítate tú pa ponerme yo
El efecto de Mírame mirón sobre cierto espectador masculino es interesante: rechazo, repudio, pero, sobre todo, negativa a compartir la experiencia escopofílica que suscita el dispositivo cinematográfico. Cuando se presentó en competencia al Festival Imago del Instituto Superior de Arte (ISA), fui parte de un jurado de tres miembros, dos de ellos varones que se negaron a discutir sobre el video.
Yo lo hubiera premiado, consciente de que abre un camino hacia el debate psicoanalítico junguiano sobre todas las miserias que, convertidas en sombras, arrojan cada vez más sexópatas sobre la trama de una ciudad, de un país patriarcalmente de rodillas.
Acabo de ver Quiero hacer una película (QHUP) y me encantó. Todavía bajo su influjo, no me atrevo a escribir sobre ella, pero es obvio que allí también hay una obsesión con la mirada: lo que se mira, por qué se mira y desde dónde se mira. Sin el ejercicio reflexivo que se planteó Mírame mirón, sin haber probado el vértigo de mirar desde un emplazamiento de poder, tal vez QHUP sería un debut, un estreno, literalmente un show.
Por el contrario, para mí tiene algo de original déjà vu. Ella (Neisy) toma la cámara para hacer lo suyo y convierte al artista-pajuzo en rehén. La decisión de dejarla ocupar el lugar del vidente y hacerla saborear ese privilegio es una declaración de coraje, que solo cobra sentido en los ojos de una mujer (2021).

Leer más »

Las películas de Ana

El cine cubano de hoy cuenta con mujeres directoras como la joven Ana Alejandra Alpízar.
Foto: Enciclopedia Digital del Audiovisual Cubano.

Hablar de las miradas femeninas en el cine cubano contemporáneo implica entender que se trata, en primer lugar, de conquistar un terreno por mucho tiempo restringido a los hombres. Por otro, de un proceso gradual matizado por condicionantes históricas, sociales y culturales.
Resulta revelador que en Cuba, tras el triunfo del 59, la historia enfatiza el acceso de las mujeres al espacio público, como una revolución dentro de la Revolución. Mientras, en el mundo cinematográfico se reprodujo la distribución de roles que las enmarcaban en las especialidades que tradicionalmente habían ejercido: maquillaje, vestuario, actuación y edición.
En contraste, un grupo de féminas se inscriben en la producción cinematográfica cubana más reciente transgrediendo esas fronteras profesionales. Colocándose en los roles de directoras, guionistas y productoras de sus propias obras, eso les permite decidir los géneros, temáticas, recursos, estéticas y, en general, las narrativas que les interesa visibilizar.
Identidades femeninas en el cine cubano
Temas como la violencia de género en sus múltiples manifestaciones, incluyendo la violencia simbólica, el erotismo femenino, las representaciones del cuerpo mujer y la sexualidad, la dinámica espacio público-espacio privado, las relaciones familiares, la maternidad y rol femenino en la sociedad han sido redimensionados desde la mirada de las realizadoras.
Otras obras, por su parte, exploran las identidades femeninas. Es decir, ellas en sus espacios, con sus miedos, angustias, alegrías, contradicciones, desilusiones y sueños. Para el crítico Ángel Pérez: “Las cineastas cubanas están reconfigurando las lógicas de producción de sentido, las relaciones entre saber y poder, están explosionando los cimientos de las hegemonías masculinas”.
Ganador en la Muestra Joven de 2017, El pescador permitió a Ana Alpízar participar en el Festival de Sundance.

Nunca antes como hoy, se percibe un grupo tan amplio y diverso de realizadoras que forman parte de ese mapa cinematográfico. Desde Sara Gómez (De cierta manera, 1973), e incluso antes de ella, hasta Heidi Hassan y Ana Alejandra Alpízar, las mujeres tienen, cada vez, una mayor presencia y protagonismo en el cine cubano contemporáneo.
Apuntes para una biografía
Un acercamiento al quehacer de esta última directora y guionista permitirá, por un lado, visibilizar un cine poco difundido en Cuba y por otro, validar temáticas, géneros y narrativas frecuentes en su obra.
Ana Alejandra Alpízar (La Habana, 1990) se formó en la Facultad de Comunicación Audiovisual del Instituto Superior de Arte (FAMCA) y en la especialidad de Guión en la Escuela Internacional de Cine y Televisión (EICTV) de San Antonio de los Baños, aunque hace unos cuatro años se radicó fuera de Cuba.
Títulos como Tiempo de partir, Alumbrones, Sin metro y El estreno, que fue su ejercicio de graduación de la EICTV, forman parte de su filmografía. En El estreno (2014), Ana Alejandra cuenta la relación complicada y hermosa de una madre con su hija.
Encarnada por la actriz Yasmín Gómez, Tania tiene una cafetería en la casa que le permite sobrevivir y con la que mantiene a su hija Laura (Alicia Hechavarría) para que pueda ser actriz. Mientras Tania trabaja, Laura ensaya la obra de teatro que será su estreno como protagonista. A partir de mínimos conflictos y utilizando los silencios y las atmósferas como recursos cinematográficos, el cortometraje muestra la cotidianidad de estos personajes donde la narración va de la mano de sensaciones, más que de puntos de giro espectaculares.
Con El estreno, su directora retoma lo que se conoce como “baja narratividad”. Este recurso dimensionado en el cine latinoamericano por Lucrecia Martel, con su película La ciénaga (2000) insiste en lo intenso y dramático de un acto cotidiano e invisible.
En el recorrido profesional posterior de Alpízar se inscribe el cortometraje El pescador (2017), donde se narran los sacrificios de un padre para cumplir los sueños de su hija. Al igual que en El estreno, este resulta un material autorreferencial.
Es una historia en la que la mayoría de los personajes están interpretados por no actores, se grabó cámara en mano y se explotan al máximo las potencialidades visuales de los entornos pobres. En el corto, de 15 minutos de duración, se pondera el carácter global de la historia y su realismo descarnado, por sobre los aspectos formales y técnicos.
Emigración y conflictos íntimos de Yusimí
Ya en 2020, Alpízar vuelve a sorprender con Hapi Berdey Yusimi in yur dey, el cual se pudo disfrutar en la edición 42 del Festival Internacional de Cine de la Habana. El trabajo capta la vida social e íntima de una cubana que vive en Miami, y que en el día de su treinta cumpleaños pasa la mayor parte del tiempo conversando con sus amigas íntimas –quienes, como ella, son entrevistadas en pantalla– sobre sus problemas maritales con Gerardo.
El cortometraje utiliza la estética kitsch de los videos de quinceañeras en Cuba. Mezcla los códigos de la ficción y el documental para teatralizar-manipular las circunstancias a las que se encuentra atada la protagonista: una mujer que se subordina en el plano material a la autoridad económica del hombre.
Según la crítica, Hapi Berdey Yusimi in yur dey es la obra más apreciable de Ana Alejandra Alpízar hasta la fecha. No sólo por la atención prestada a ciertos condicionamientos y coordenadas en que se inscribe lo femenino, sino por su intento de cartografiar un perfil de la geografía sociocultural de la emigración cubana en Miami. El entrelazamiento que logra el filme entre la expresión corporal del sujeto mujer, los senderos de su psicología y el dibujo de su identidad cívica en el exilio norteamericano, resulta en una densa acumulación discursiva.
El citado Ángel Pérez plantea: “Ana A. Alpízar mira con ironía la realidad de su personaje, sometida a una construcción de lo femenino que asume la subordinación y el cumplimiento de las expectativas del hombre en la materialidad del cuerpo, como una salida de éxito”.
A lo anterior, se añade el riesgo estético que asume Alpízar desde el punto de vista de la realización audiovisual, al optar por un horizonte formal híbrido capaz de ajustarse a la ideología y el entorno social en que se mueven las protagonistas.
Entenderse a sí misma en una compleja realidad social
Un diseño minucioso de sus personajes, que se enfrentan a una compleja realidad social y buscan cumplir sus aspiraciones de vida, las relaciones afectivas filiales (madre-hija; padre-hija), unido a la soledad, frustración, los vínculos familiares y esa necesidad por entenderse a sí misma son líneas que cruzan transversalmente la obra de Ana A. Alpízar.
La universalidad de las historias, su formación en la escritura de guiones (alma de todo proyecto audiovisual) y el dominio de diversos géneros cinematográficos le han permitido alcanzar no pocos éxitos. El estreno fue merecedor del Premio al Mejor Cortometraje en el China Women´s Film Festival; y El pescador formó parte de la Selección Oficial de Sundance, del Miami International Film Festival, y en LASA obtuvo una Mención Especial del Jurado.
Además, es cofundadora del colectivo FILA20Filmes, compañía cubanoamericana creada en 2011, e integrada por los jóvenes realizadores Alex Medina, Juan Pablo Daranas y Reinel García en el rol de productor. La iniciativa agrupa más de veinte proyectos audiovisuales que han sido exhibidos y/o galardonados en distintos festivales alrededor del mundo en países como Cuba, Italia, Polonia, China, Canadá, Estados Unidos, Australia, España, Guadalupe, Martinica y otros.
Sin pretender abarcar todas las películas de Ana, esta biografía escueta permite distinguir un hilo implícito/explícito que unifica su obra en cuanto a temáticas, preocupaciones, intereses y auterreferencialidad. Elementos que, al mismo tiempo, diferencian y ponen a dialogar su trabajo cinematográfico con el de las otras realizadoras del cine cubano contemporáneo (2021).

Leer más »

Cine al ritmo del órgano oriental

Rosa María Rodríguez es una de las más reconocidas y activas realizadoras jóvenes cubanas.
Foto: Tomada del Perfil de Facebook de la entrevistada.

Buenaventura, en el municipio Calixto García, en Holguín, es un sitio de obligado paso para quien, desde occidente y por carretera, se traslada al otro extremo de la isla. Allí persisten los ecos, como en pocas partes del país, de una tradición que amenaza con perderse: el órgano oriental.
Aunque se conoce su existencia en iglesias en el siglo XVI, no es hasta mediados del XIX que el órgano se introduce en Cuba, proveniente de Francia. La Habana, Cienfuegos y Manzanillo registran su presencia, y esta última urbe inicia una práctica musical que se popularizó hasta convertirse en la sonoridad que marcaba el ritmo en las celebraciones en la región.
“Creí necesario contar que esta tradición se está muriendo”, asegura Rosa María Rodríguez Pupo (Holguín, 1988), directora de Órgano, al ritmo del son molío (2019). Este documental obtuvo el Premio Humberto Solás de Cine en Construcción en el Festival Internacional de Cine de Gibara, 2018, y fue presentado en el 41 Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano, y en citas foráneas como Cinelatino Tuebingen, en Alemania, el pasado junio.

Hay muchas ganas, mucho talento, muchas historias poderosas, pero no tenemos el apoyo que se requiere aún. Ya hay que hablar de cuotas para el cine realizado por mujeres, hay que crear fondos y eventos que fomenten a estas creadoras con sus proyectos.

Graduada de Actuación en la Escuela Nacional de Arte (ENA) y de Dirección en la Facultad de las Artes de los Medios de Comunicación Audiovisual (FAMCA) del Instituto Superior de Arte (ISA), Rosa María ha dirigido los cortos La casa (2013), Una cena y doce chicas (2015), La costurera (2017) y I love Papuchi (2018), en los que aborda temas como las relaciones de género y la sexualidad, con influencias, muchas veces, del cine de horror. Estudia Producción en la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños (EICTV).
De esta tradición y específicamente sobre su documental dedicado al órgano de los Hermanos Ajo —el mismo que dejó escuchar su música “molida” en escenarios europeos junto a Van Van y a las D´ Aida, tuvo actuaciones en el famoso cabaret habanero Tropicana, y participó en el 8vo Festival de Cine de La Habana, presentándose en el Hotel Nacional y en la EICTV por iniciativa del argentino Fernando Birri—, dialogamos para Altercine con Rosa María Rodríguez.
El órgano es familia, es historia, es ADN
Erian Peña Pupo (EPP): ¿Por qué escoges el órgano de los Hermanos Ajo para realizar tu primer documental? ¿Crees que este género te dio las posibilidades para concretar tus ideas?
Rosa María Rodríguez (RMR): La música de órgano me toca muy de cerca. Mis abuelos maternos son campesinos. Se conocieron con esa banda sonora y cuando había carnavales en Holguín, si querías ver por unas horas a mi abuelo, tenías que averiguar dónde estaba tocando el órgano. También en mi círculo infantil teníamos un organillo y montaron un grupo musical.
No es hasta que docTV Latinoamérica presenta la convocatoria con el tema Música que veo más perfilado hacer un documental sobre el órgano y como esa tradición está desapareciendo en Holguín. Ahí entra Yamila Marrero Montero como productora, parte fundamental de esta película.
El género me dio la posibilidad de no fabricar nada previamente. Teníamos una escaleta que salió de las investigaciones previas y cuando grabamos, tuvimos mucho más.
Cartel oficial de Órgano, al ritmo del son molío
EPP: ¿Qué te propusiste en Órgano? ¿Cuáles fueron tus principales objetivos?
RMR: Tenía claro que era necesario hablar de una tradición que está muriendo. De la falta de apoyo que tiene en Holguín el Órgano Oriental. Pero también buscaba entender cómo esas personas no desistían, y contra viento y marea seguían y siguen intentando sobrevivir. Ahí están los Ajo y Marrero dando batalla. Ese órgano es familia, es su historia, es su ADN.
EPP: El proceso de filmación en Buenaventura te ofreció la historia que desarrollas en Órgano…
RMR: Todas las personas que salen y colaboraron con el documental me abrieron sus casas, sus vidas, para regalarme un pedazo de una historia que también es la mía.
Al mismo tiempo, el dolor profundo que causa el olvido. Tanto que hicieron y hoy casi nadie los recuerda. Más de 108 años de historia se dice fácil, pero no lo es.
Cuando llegamos a grabar el órgano llevaba seis meses sin funcionar porque tenía una pieza artesanal rota. Y la historia se fue por ahí. Ronni, el director de la agrupación de los Hermanos Ajo, buscando remendar la pieza y poder hacer funcionar nuevamente el miembro más longevo de la familia.
Un mensaje de no darse por vencido 
EPP: ¿El órgano fue un entrevistado, un personaje más, quizá el principal, del documental?
RMR: Es el personaje principal junto a Ronni. Su silencio, hasta que logra emitir sonido al final del metraje, es un mensaje de no darse por vencido. De ser testarudo y terco. De luchar contra los molinos de viento de esta vida. Él es lo más cercano a la figura de Pepe Ajo y su legado. Y Ronni, el heredero de una tradición y un amor a esa caja de música gigante.
EPP: Crees que, más allá del documental como producto y obra de arte, Órgano funciona como un registro –con matiz antropológico– de una tradición que amenaza con perderse…
RMR: Sí, lo creo. El documental no solo habla de la historia de esa familia, de su agrupación y de sus vicisitudes. También del campesino y su día a día en esa parte del oriente llano atravesada por una carretera central que la conecta con el occidente. De su clima, su fauna y flora, de la vida de las mujeres, los niños, la radio comunitaria tan importante en estos lugares. La cultura como un todo. Sobre la vida y la muerte. Llegar a la vejez y ser olvidado. Y está ahí para que lo visiten, y que otros y otras se animen a contar más sobre el tema.
Órgano explora una importante tradición sonora en el oriente de Cuba y la necesidad de su protección.
EPP: ¿Cuál ha sido el itinerario de Órgano, al ritmo del son molío desde su estreno hasta hoy?
RMR: La pandemia ha golpeado fuerte el recorrido del documental. Estamos aun enviando a diferentes lugares y con mucha ilusión de que se pueda ver en más sitios. Eso es una deuda que cada día pesa más. Los tres hijos vivos de Pepe Ajo entrevistados en el documental fallecieron meses después de haber grabado. Y otros muy queridos que también aparecen o se escuchan.
Estamos con unas ganas enormes de proyectarlo en el recién remodelado cine de Buenaventura, el lugar más importante donde debe verse. La presencia en Cinelatino Tuebingen fue una grata noticia, pues es un festival querido por nosotras, y uno de sus organizadores es profesor en la EICTV.
La documentalística ha visibilizado a Cuba entre la crítica y los festivales 
EPP: ¿Crees que existe un empoderamiento o al menos un posicionamiento visible de la documentalística en el campo audiovisual cubano actual? ¿Y específicamente de la realización –tanto ficción como documental– dirigida por mujeres?
RMS: El documental en Cuba es una cosa poderosa. Siento que siempre lo ha sido, pero actualmente, al romperse la barrera de la ficción y la no ficción en varias y varios documentalistas, esto está brindando un abanico de propuestas que fortalece el cine personal y de colectivos creadores.
No me gusta mucho lo de cine de autor porque cuando veo este tipo de cine, veo el trabajo colectivo con guionistas, sonidistas, fotógrafos y fotógrafas, montajistas que trabajan casi siempre con esas y esos realizadores. Por eso siento que es muy injusto cuando leo el cine de tal autor, obviando la manera de hacer colectiva.
También es importante mencionar que en los últimos tiempos la documentalística ha puesto a Cuba en lo más alto de la crítica y de festivales de prestigio. Hay muchas ganas, mucho talento, muchas historias poderosas, pero no tenemos el apoyo que se requiere aún. Ya hay que hablar de cuotas para el cine realizado por mujeres, hay que crear fondos y eventos que fomenten a estas creadoras con sus proyectos.
Pero hay también nombres que resuenan del cine y el documental más reciente, como los de Susana Barriga, Patricia Pérez, Heidi Hassan, Ariagna Fajardo, Lisandra López, Carla Valdés, Violeta Ampudia, Daniela Muñoz, Gretel Marín, Alina Abreu y la lista continúa. Tenemos referentes importantes: Sara Gómez, Gloria Rolando, Belkis Vega y muchas otras realizadoras que no se les da la difusión que se merecen.
EPP: ¿Algún documental en camino?
RMR: Tengo proyectos de cortos y estoy inmersa en tres documentales de directores diferentes, donde soy la productora. Y tengo planes para un documental sobre una enfermedad degenerativa que afecta a las mujeres que quieren ser madres y los tabúes y retos que esto trae (2021).

Leer más »

Cine cubano que no se ve

El documental A media voz (2019) es un viaje a través de los recuerdos de la patria perdida de dos amigas y realizadoras cinematográficas, Patricia Pérez y Heidi Hassan.
Foto: Tomada de habanafilmfestival.com

En la edición del Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano de la Habana de 2019 fue noticia el premio Coral alcanzado por el documental A media voz, dirigido por Heidi Hassan y Patricia Pérez, cubanas residentes en Europa.
El hecho de que compatriotas de la diáspora recibiesen el máximo lauro del principal certamen de la cinematografía cubana era un suceso inédito hasta entonces. Como antecedente de ello pudiera aludirse la Muestra Joven del ICAIC, donde desde hace años intervienen cineastas formados en nuestro país, pero que viven fuera de Cuba.
En un contexto caracterizado por la movilidad humana, las nociones de migración, diáspora y transnacionalismo asociadas a la cultura, en particular al cine, no hacen más que complicar y rearticular las maneras de entender la identidad, comprendida no como un elemento estático sino como un proceso, un estado en constante (re)construcción.
Cuba, país de emigración, constituye una variante peculiar de la migración transnacional. En ese contexto se inscriben un grupo de creadores audiovisuales radicados en la diáspora que generan, desde allí, una producción cinematográfica que no puede ser ajena al “cuerpo audiovisual de la nación”.
Este concepto planteado por el crítico de cine Juan Antonio García Borrero se refiere más que a una suma de películas y biografías de cineastas ubicados en el espacio y el tiempo, a un cuerpo donde se conectan de modo natural todas las prácticas cinematográficas cubanas, sin entrar en distinciones que fragmentan la producción nacional.
Esa otra historia del cine nacional
La cinematografía cubana de la diáspora tiene como paradigma el filme El súper, de León Ichaso y Orlando Jiménez Leal (1978). En esa otra historia del cine nacional, inaccesible para el que debe ser su público natural, se incluye el quehacer de nombres como Manolo Alonso, Fausto Canel, Carlos Gutiérrez, así como películas un poco más conocidas como Guaguasí (1978), de Jorge Ulla; Los gusanos (1980), de Camilo Vila; Conducta impropia (1984), de Néstor Almendros y Orlando Jiménez Leal; Amigos (1985), de Iván Acosta; o La imagen rota (1995), de Sergio Giral.

Ese ser “cubanos nuevos” o “ser ciudadano del mundo” es ser cubanos trasnacionalizados, ser parte de un espacio global que tiene desdibujadas las fronteras y no se ciñe a espacios físicos estrictos. Así, estos filmes ayudan a replantear la noción de “cine nacional” que se ha asociado históricamente a la filmografía producida en, desde y sobre Cuba”.
 
Radicados en diferentes latitudes de la geografía internacional se encuentran representantes de generaciones más jóvenes, como Ernesto Fundora (Oblivion, 2006; Lezama Lima: soltar la lengua, 2018; Los vencedores del desierto, 2021); las citadas Patricia Pérez (Piscina municipal, 2014) y Heidi Hassan (Tierra Roja, 2007; Otra isla, 2014); Aram Vidal (Ex-generación, 2009; Bubles Beat, 2012); Alejandra Aguirre (Voces de un trayecto, 2009).
También, Rafael Ramírez (Las campañas de invierno, 2019), Ana Alpízar (Hapi Berdey Yusimi in yur dey, 2020), Adriana F. Castellanos (Dos islas, 2017); Carlos Quintela (La obra del siglo, 2015; Los lobos del Este, 2017; y la webserie El sucesor, 2019), Susana Barriga (The Illusion, 2008), Eliécer Jiménez Almeida (Entropía, 2013; Persona, 2014; Now!; Palabras a los (des)intelectuales y Elegía, 2016); Para construir otra casa, 2017).
Es importante mencionar a los realizadores Rodrigo Barriuso (For Dorian, 2012) y Sebastián Barriuso, quienes dirigieron el filme Un traductor (2018). Esta coproducción Cuba-Canadá fue candidata a los Premios Oscar 2020 por Cuba: un hecho inédito para la cinematografía nacional, teniendo en cuenta que es un largometraje independiente, dirigido por cubanos residentes en Canadá.
En relación con las investigaciones que se acercan al cine cubano de la diáspora, sorprende  la escasez de tales estudios. Cine Cubano: nación, diáspora e identidad, de Juan Antonio García Borrero, es uno de los pocos, si no el único libro publicado con el fin de examinar la producción audiovisual de los cubanos que viven fuera de la isla. Esta obra se inspira en la investigación de la profesora Ana López, primera persona que pensó desde la academia esta zona del audiovisual nacional.
Otra exégesis sobresaliente es Roots and Routes: Cuban Cinemas of the Diaspora in the 21st Century, la reciente tesis doctoral de Zaira Zarza. La migración y lo que ella representa en el plano emocional, social y cultural para los protagonistas de las películas producidas fuera de la isla, forma parte de las líneas discursivas del cine cubano de la diáspora.
Al principio, las producciones tenían un fuerte carácter adverso al proceso revolucionario y mostraban el impacto de las oleadas migratorias ocurridas en Cuba luego de 1959. En el caso de las producciones más actuales, en su mayoría son audiovisuales no enmarcados por el resentimiento ni por una concepción convencional de lo político.
El accidente de Chernobil y su repercusión en la isla inspiró a Rodrigo y Sebastián Barriuso el filme Un traductor (2018), coproducción Canadá-Cuba.
Obras como Tierra roja, Ex-generación, Voces de un trayecto, The Illusion y Dos islas exploran la condición de migrante desde una perspectiva narrativa más abierta e íntima, donde lo que se cuenta funciona como autobiografía de los propios realizadores.
En sentido contrapuesto, se ubica el cineasta Eliécer Jiménez Almeida, quien ha desarrollado el cine de montaje político, heredero de Santiago Álvarez y Nicolás Guillén Landrián, desde Miami y siempre con la perspectiva de una oposición abierta a la Revolución.
Cine de géneros populares y cine con problemática de género
Otra línea explotada por realizadores cubanos en la diáspora es el llamado “cine de género”. En esta vertiente se insertan los trabajos de Alejandro Brugués, quien al radicarse en EEUU se ha consagrado a la dirección para la televisión; y a su cargo han estado diferentes producciones de las series de horror 50 States of Fright e Into the Dark (ambas de 2020), de un segmento del filme antología Nightmare Cinema (2018) y también de episodios de From Dusk Till Dawn: The Series (2015-2016). Asimismo, ¿Eres tú, papá? (Rudy Riverón, 2018) demuestra tal aproximación.
Las problemáticas de género no quedan fuera de la mirada de los cineastas cubanos de la diáspora. Audiovisuales como Tormentas de verano (Heiddi Hassan, 2008), Buey (Carlos Quintela, 2015) y el cortometraje Hapi Berdey Yusimi in yur dey (Ana Alpízar, 2020) representan el sujeto mujer y, lo que es más relevante, deconstruyen estereotipos alrededor de lo femenino.
Todos estos títulos plantean una reformulación de las definiciones de “cubanía”, “ciudadanía cubana” y “cultura cubana”, dotándolas de un carácter transnacional.
Replantear la noción de “cine nacional”
Como dice la cantante Gema Corredera en el documental Voces de un trayecto: “No existe ningún cubano de Groenlandia, ni de Miami, ni de España, ni de Alemania, somos todos de Cuba, pero estamos metidos en todo ese universo sonoro que no nos hace ser menos cubanos, pero sí nos hace ser cubanos nuevos”.
Ese ser “cubanos nuevos” o “ser ciudadano del mundo” es ser cubanos trasnacionalizados, ser parte de un espacio global que tiene desdibujadas las fronteras y no se ciñe a espacios físicos estrictos. Así, estos filmes ayudan a replantear la noción de “cine nacional” que se ha asociado históricamente a la filmografía producida en, desde y sobre Cuba.
Desafortunadamente, el cine hecho por los cubanos transterrados tiene, si no nula, una escasa promoción en el circuito de salas de cine en Cuba, lo que provoca que, aun cuando las producciones forman parte del ecosistema cinematográfico trasnacional de nuestra cultura, se haga imposible su (re)conocimiento por parte del público cubano.
El cinéfilo nacional, ávido por descubrir estas producciones, solo accede en parte a ellas a través de eventos como la Muestra Joven y el Festival de Cine Latinoamericano de la Habana. Se pierde, de esta manera, la oportunidad de entender y asumir el cine cubano de la diáspora como parte de un país y de una cultura que pasó de ser insular a convertirse en trasnacional. (2021)

Leer más »
 

Contáctenos

 

Si desea contactar NoticiasCubanas.com, el portal de todas

las noticias cubanas, por favor contáctanos.

¡Estaremos felices de escucharlo!

 

Con gusto le informáremos acerca de nuestra oferta de publicidad

o algún otro requerimiento.

 

contacto@noticiascubanas.com

 

Oferta


Si deseas saber como tu sitio de noticias puede formar parte de nuestro sitio NoticiasCubanas.com, o si deseas publicidad con nosotros.

 

Por favor, póngase en contacto para mas detalles.

Estaremos felices de responder a todas tus dudas y preguntas sobre NoticiasCubanas.com. ¡La casa de todas las noticias cubanas!

contacto@noticiascubanas.com


Sobre nosotros

NoticiasCubanas.com es la casa de todas las noticias cubanas, somos un sitio conglomerado de noticias en Cuba. Nuestro objetivo es darle importantes, interesante, actuales noticias sobre Cuba, organizadas en categorías.

Nosotros no escribimos noticias, solo recolectamos noticias de varios sitios cubanos. Nosotros no somos parte, solo proveemos noticias de todas las fuentes de Cuba, y de otras partes del mundo.

Nosotros tenemos un objetivo simple, deseamos brindarle al usuario el mayor monto de noticias con calidad sobre Cuba, y la visión que tiene el mundo sobre Cuba. Nosotros no evaluamos las noticias que aparecen en nuestro sitio, tampoco no es nuestra tarea juzgar las noticias, o los sitios de las noticias.

Deseamos servir a los usuarios de internet en Cuba con un servicio de calidad. Este servicio es gratuito para todos los cubanos y todos aquellos que estén interesados en las noticias cubanas y noticias internacionales sobre Cuba.

 

Términos de uso

NoticiasCubanas.com es gratis para todas las personas, nosotros no cobramos ningún cargo por el uso del sitio de ninguna manera. Leer los artículos es completamente gratis, no existe ningún costo oculto en nuestro sitio.


Proveemos una colección de noticias cubanas, noticias internacionales sobre Cuba para cualquier persona interesada. Nuestros usuarios utilizan NoticiasCubanas.com bajo el acto de libre elección y bajo su propia Responsabilidad.

Nosotros no recolectamos ningún tipo de información de nuestros usuarios, no solicitamos ninguna dirección electrónica, número telefónico, o ningún otro tipo de dato personal.

 

Medimos el monto de tráfico que noticiasCubanas.com recibe, pero no esperamos compartir esta información con alguien, excepto nuestros socios de publicidad. Nos regimos bajo las normas Cubanas en cada cuestión legal, cualquier aspecto no clarificado aquí debe ser considerado sujeto bajo el sistema Legal de Cuba.