HAVANA CLIMA

Carilda Oliver Labra

Carilda Oliver, la novia de Matanzas, a cuatro años de su muerte

MADRID, España.- Al hablar de Carilda Oliver Labra, enseguida vienen a la mente sus versos “Me desordeno, amor, me desordeno / cuando voy en tu boca, demorada;/ y casi sin por qué, casi por nada, /te toco con la punta de mi seno”. Pero la irreverente poeta no solo dejó este poema a la literatura cubana, sino una numerosa producción literaria en la que sobresalen Al sur de mi garganta (1949) y Memoria de la fiebre (1958).
Su poesía lírica, épica y erótica ha sido antologada, además de en Cuba, en México, Colombia, España, Estados Unidos y Alemania, entre otros. 
Considerada una de las poetas contemporáneas más importantes de Hispanoamérica, sobre el reconocimiento a su poesía, estrechamente relacionada con sus relaciones amorosas, la propia autora expresó: “Yo no creo que fuera una pionera. Yo creo que uno supo amar y parece que después supo contarlo”.
La matancera, de quien hoy se cumplen cuatro años de su fallecimiento, también impartió cursos de dibujo, pintura y escultura.  
Carilda Oliver Labra nació el 6 de julio de 1922 en Matanzas, y allí vivió siempre. A su ciudad natal también le dedicó poemas como “Canto a Matanzas”. 
En 1940 se graduó de bachiller en Letras y Ciencias en el Instituto de Segunda Enseñanza de Matanzas. Posteriormente se graduó de Derecho. A los 23 años se unió a la peña literaria de Matanzas, de la que llegó a ser su presidenta.
En esta provincia se constituyó la cátedra de estudios lingüísticos y literarios especializados Carilda Oliver Labra en la Universidad Pedagógica Juan Marinello. 
Entre los premios merecidos por su obra literaria se encuentran el Premio Nacional de Literatura en 1998,  y la Orden Félix Varela de Primer Grado, recibido a los 95 años, uno antes de su muerte. 
Como recuerda la también poeta Tania Díaz Castro en un artículo para este medio, “a partir de 1960 y hasta 1978, Carilda fue marginada por orden del alto mando político del gobierno castrista. Se le reprochaba que no hubiera querido vestir el uniforme de miliciana, no asistir a las reuniones del Comité de Defensa de la Revolución de su cuadra, no hacer trabajo voluntario en el campo los fines de semana y, sobre todo, haber puesto como excusa sus espejuelos rotos para no asistir al Primer Congreso de Escritores y Artistas de Cuba, celebrado en agosto de 1961 e invitada por el propio poeta Nicolás Guillén”.
Sin embargo, posteriormente, Oliver Labra comenzó a mostrar una postura afín al régimen. Según apunta Díaz Castro, quien fuera su amiga, a juicio de quienes la conocían Carilda tenía miedo. 
“Y yo me pregunto: ¿miedo a qué? ¿Miedo a ser marginada nuevamente? ¿Miedo a perder los cien dólares mensuales que recibe del gobierno como ayuda económica luego de habérsele asignado el Premio Nacional de Literatura? ¿Miedo a herir a un régimen político que la despreció durante casi veinte años? ¿Miedo a la actual imagen que pudiera reflejar su espejo? ¿Miedo a denunciar al mundo las violaciones a sus derechos como escritora y ciudadana de Cuba?”, cuestionó Díaz Castro en su texto “Carilda: la mujer prohibida”. 
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¿Cuál es tu poema favorito de Carilda Oliver Labra? (+ Video)

La poetisa cubana Carilda Oliver Labra.El 6 de julio de 1922 nace en Matanzas la poetisa cubana Carilda Oliver Labra, quien se graduara de la carrera de Derecho en la Universidad de La Habana (que combinara con su amplia vocación poética) y fuera autora de logradas obras como “Preludio lírico”, “Al sur de mi garganta”, “Canto a la bandera”, “La Modelo”, “Memoria de la fiebre”, “Milín”, “Deida”, “Canto a Matanzas”, “Canto a Fidel”, y otros.
Uno de sus poemas más populares lo fue “Me desordeno, amor, me desordeno”, de profundo carácter erótico. Fue Premio Nacional de Poesía 1950, Premio Nacional de Literatura 1998 y Premio Excelencias 2018. Fue llamada “La Novia de Matanzas”. Falleció en su ciudad natal el 29 de agosto del 2018.
Cubadebate te trae algunos fragmentos de sus poemas más reconocidos y te propone que digas cuál es tu preferido.

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Me desordeno, amor, me desordeno
 (…) Me desordeno, amor, me desordeno
cuando voy en tu boca, demorada;
y casi sin por qué, casi por nada,
te toco con la punta de mi seno.
Te toco con la punta de mi seno
y con mi soledad desamparada;
y acaso sin estar enamorada;
me desordeno, amor, me desordeno.
Muchacho loco: cuando me miras
 Muchacho loco: cuando me miras
con disimulo de arriba a abajo
siento que arrancas tiras y tiras de mi refajo…
Muchacho cuerdo: cuando me tocas
como al descuido la mano, a veces,
siento que creces y que en la carne te sobran bocas.
Anoche
Anoche me acosté con un hombre y su sombra.
Las constelaciones nada saben del caso.
Sus besos eran balas que yo enseñé a volar.
Hubo un paro cardíaco.
El joven
nadaba como las olas.
Era tétrico,
suave,
me dio con un martillito en las articulaciones.
Vivimos ese rato de selva,
esa salud colérica
con que nos mata el hambre de otro cuerpo.
Discurso de Eva
(…) Te extraño,
¿sabes?
como a mí misma
o a los milagros que no pasan.
Te extraño,
¿sabes?
Quisiera persuadirte no sé de qué alegría,
de qué cosa imprudente.
¿Cuándo vas a venir?
Tengo una prisa por jugar a nada,
por decirte: «mi vida»
y que los truenos nos humillen
y las naranjas palidezcan en tu mano.
Tengo unas ganas locas de mirarte al fondo
y hallar velos
y humo,
que, al fin, parece en llama.
Te mando ahora a que lo olvides todo
Te mando ahora a que lo olvides todo:
aquel seno de nata y de ternura,
aquel seno empinándose de un modo
que te pudo servir de tierra dura;
aquel muslo obediente pero fiero
que venía de sierpes milenarias,
aquel muslo de carne y de me muero
convocado en las tardes solitarias; (…)
Amor, ¿cómo es que vienes?
Amor, ¿cómo es que vienes
a darle al pensamiento tu estocada
si estoy entre las sienes
-débil mujer a golpes decorada-
y apenas tengo trato con la aurora
por no mirar la luz que eres ahora’?
Amor, ¿cómo es que usas
el mismo corazón en que naufrago
y arrimas tus confusas
palabras al silencio este tan vago
y en brote que es de gloria me enajenas
mientras ardiendo estoy entre las penas’?
Canto a Fidel
No voy a nombrar a Oriente,
no voy a nombrar la Sierra,
no voy a nombrar la guerra
—penosa luz diferente—,
no voy a nombrar la frente,
la frente sin un cordel,
la frente para el laurel,
la frente de plomo y uvas,
voy a nombrar toda Cuba,
voy a nombrar a Fidel.
(…)
Gracias por tu dignidad,
gracias por tu rifle fiel,
por tu pluma y tu papel,
por tu ingle de varón.
Gracias por tu corazón.
¡Gracias por todo, Fidel!
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Archivo CD- Carilda Oliver: “He sido muy feliz siendo poeta”

“Yo creo que sería presumir mucho por parte mía si digo que yo fui escogida por la poesía. Es presumir mucho. Lo que pasa que de ella no me he podido escapar. He sido muy feliz siendo poeta. No hubiera querido ser nada más.”, así le confesaba hace 11 años Carilda Oliver Labra a Amaury Pérez en una memorable entrevista televisiva cuya transcripción republicamos hoy en homenaje al centenario de la gran poeta cubana y matancera.
Amaury. Muy buenas noches, estamos en Con 2 que se quieran, ahora aquí en 5ta. Avenida y calle 32, en el barrio de Miramar, en los maravillosos Estudios Abdala.
Una noche verdaderamente especial. Durante todos estos programas que han transcurrido hasta este momento, ustedes la pidieron, ustedes la solicitaron mediante sus correos, mediante sus cartas. Es la persona que más han solicitado. Yo lo he ido apuntando y así es y aquí está. Los ojos más bellos de la literatura cubana: una mujer extraordinariamente hermosa, una escritora de excelencia. Para cualquiera es emotivo presentarla, tenerla delante. Una mujer que irradia dulzura y ternura, la eminente poetisa cubana, matancera Carilda Oliver Labra.
Señora, un beso, otro beso. Muchas gracias, yo estoy abrumado por su presencia, usted ha venido de Matanzas a estar aquí con nosotros y yo no puedo menos que rendirme a sus pies y agradecérselo. Y empezaremos nuestra conversación, más que una entrevista. Usted es Premio Nacional de Literatura. La pregunta sería. ¿Llegó a tiempo el Premio Nacional de Literatura?
Carilda. Claro que te voy contestar y te voy a tratar de tú. Aunque no hemos tenido mucha oportunidad de vernos personalmente, pero te he visto en escena, en televisión, y en sueños…
Amaury. Ay, Dios mío…
Carilda. Primero, tengo que agradecerte la invitación.
Amaury. Gracias, muchas gracias.
Carilda. Después, todas esas cosas lindísimas que has dicho y en el transcurso del programa creo que se podrá ir haciendo presente esa admiración que es mutua.
Amaury. Ah, muchas gracias.
Carilda. Y que hoy para que no parezca esto una asociación de bombos recíprocos no te puedo hablar de tu música ni de tus interpretaciones. Yo creo que tú eres un poeta, lo de músico, ¡figúrate!, pero bueno, vamos a pasar a responder tu pregunta. Que si llegó, si tomó mucho tiempo… eso, en cierto modo, pues no es descorazonador, diríamos, no, no me angustió. Fui candidata 9 veces, o sea, 9 años seguidos, al Premio Nacional de Literatura que es, como todo el mundo sabe, el premio más importante en la carrera de un escritor. Fueron escogiendo los mejores escritores de Cuba, no puedo decir otra cosa, pero bueno, mi turno no llegaba y yo pensaba: bueno, es que yo no soy tan buena, yo no soy tan buena.
Además, yo había tenido mis problemas, había estado fuera de las editoriales mucho tiempo, y decía: esto puede ser que influencie, era un tribunal, parece que compasivo, digo yo, también, a lo mejor no era tan justo, pero dirían: esta pobre mujer lleva 9 años esperando seguramente. No, yo ya no esperaba.
Amaury. ¿No esperaba nada?
Carilda. Cuando me lo dieron, que me llamaron por teléfono para decírmelo. Dije: Esto es una broma, esto es una broma. ¡Pero era verdad!
Amaury. ¡Pero era verdad!, ¿y lo disfrutó?
Carilda. ¡Ay, cómo no! Lo disfruté muchísimo, lo estoy disfrutando todavía. Sí, sí, porque eso, claro, es un compromiso, es un compromiso histórico y algo que nos obliga a tratar de ser mejores y ya va siendo imposible porque la vida…, con sus añitos… es posible que nos esté haciendo daño. Desde luego, nosotros no nos damos cuenta. Esto es una coquetería, esto es una coquetería.
Amaury. Téngala conmigo porque la está teniendo con los televidentes nada más. La veo que mira para la cámara y para la cámara, tiene que hablarme a mí, porque me estoy poniendo celoso.
Carilda. Yo coqueteo con los televidentes… (risas)
Amaury. (risas) Yo estoy celoso, me estoy poniendo celoso de la cámara.
Carilda. No esté celoso, porque más celoso estará mi marido. (risas)
Amaury. Ah, sí, seguramente. (risas)
Carilda. Y ten cuidado no se cele de ti porque es karateca. (risas)
Amaury. ¡No. no, no! Además él sabe que usted es un amor antiguo mío, pero somos amigos, usted lo sabe, Raydel y yo somos amigos, así que no se va a poner celoso conmigo.
Ahora, ¿Usted escogió el camino de la poesía, Carilda, o la poesía la escogió a usted?
Carilda. Bueno, yo creo que sería presumir mucho por parte mía si digo que yo fui escogida por la poesía. Es presumir mucho. Lo que pasa que de ella no me he podido escapar. He sido muy feliz siendo poeta. No hubiera querido ser nada más.
Amo mucho la música, la plástica. He intentado y hasta me he graduado de pintura, pero realmente… el ballet, bueno, el teatro, todas las artes, pero, sinceramente, nací poeta.
Y quiero decirlo, porque cuando yo tenía tres o cuatro años, que mi mamá me cantaba canciones, ella me contó mucho tiempo después, que yo le modificaba las canciones.
Amaury. ¿Ah, sí?
Carilda. La letra.
Amaury. La letra, claro.
Carilda. Entonces ella dijo: esta niña va a ser poeta y parece que resultó. Claro, la poesía es muy difícil y me parece a mí, que aparte del don que se pueda traer, hay que estudiar y tiene mucho que ver con la técnica y con la inspiración.
Amaury. Ahí vamos, porque hay gente que dice que no hace falta… que la inspiración no existe.
Carilda. ¡Pero imagínate!, si no existiera la inspiración, si fuera una cosa de aprender lo que es un endecasílabo, lo que es una cesura, lo que es un hemistiquio, lo que es un soneto, lo que es un verso libre, pues sería, vaya, un objetivo de cualquier persona.
Amaury.  Cualquier persona se aprende la técnica y ya es poeta.
Carilda. Claro y yo creo que…, claro, se pueden hacer versos, pero una cosa es un verso y otra cosa es la poesía, ¿eh?. El verso es la línea, el fondo, la forma, diría, la forma. Pero tú puedes aprender…, bueno, vamos a hacer octosílabos. Me voy a leer a Martí, que era magnífico poeta y que además en los octosílabos, sí, era un príncipe y ya, voy cogiendo esa música, que la rima y el ritmo, pero si se te fue la chispa, que es el fuego, es más que el fuego, la luz del verso, no puedes hacer poesía. Bueno, no es una lección, es una idea muy humilde.
Amaury. Bueno, es humilde pero está viniendo de Carilda Oliver. No me lo está diciendo cualquiera.
Carilda. Además, no creo que sea una idea mía, yo creo que todos los que escribimos sabemos. Hay veces que uno hace cosas que rompen. Que las miras después y en todo…, uno puede escribir un poema breve de cinco o seis o siete versos y tener un solo verso, y si merece la pena lo dejamos porque es imposible que, por ejemplo, en un soneto, los catorce versos sean buenos.
Ahora, me preguntaba Gabriela Mistral. ¡Ay, bueno, es una anécdota…! Perdóname que te la haga.
Amaury. No, ¡pero qué bueno que me la hace! Por favor.
Carilda. Bueno, el día que tuve la dicha de conocerla, porque fue tan generosa Dulce María Loynaz, nuestra enorme, inmensa, inolvidable Dulce María, que me invitó a su casa, la primera vez que fui, porque estaba allí Gabriela. Y entonces Gabriela, después que leyó unos sonetos míos, me dice: con una modestia, que es digna de mencionar. No por lo que entraña el elogio que me hizo, sino por la forma en que ella asumió el conocimiento de una muchacha, como ella llamaba “del campo”, una niña del campo, porque yo era matancera y Dulce María era capitalina y además una mujer que había viajado y yo no había salido de Tirry 81 (calle y número de la casa de Carilda en Matanzas).
Amaury. De Calzada de Tirry 81.
Carilda. Fue después que he viajado y he tenido otras oportunidades, pero bueno, Tirry 81, para mí, es el planeta.
Entonces, ¿qué pasa?, que ella me dice: ¿Y cómo cierra tan bien los sonetos? porque en el último verso a mí siempre se me va la fuerza, palabra textuales de Gabriela, y luego paso mucho trabajo y a fin de cuentas lo dejo así, ¿pero cómo tú lo cierras tan bien? y entonces yo le dije: A mí, casi siempre, los sonetos me suceden en los momentos menos oportunos. Estoy sentada en el cine viendo una película, y me viene un solo verso y me levanto y voy para mi casa a escribir, porque después se me olvida. Es así, eso va en aumento, porque la inspiración es como que se consolida en determinado momento, ya es como una efervescencia, como una llama que crece, que crece y que luego no se vuelve humo, sino se vuelve luz. Y ese verso de la luz, a veces, aparece en el segundo terceto, en el último, o aparece en el primer cuarteto, en cualquier parte, pero uno tiene que darse cuenta y dice: este es el final y lo pone al final y después empieza la rima de abajo para arriba.
Amaury. Nunca había oído que nadie empezara un soneto de abajo para arriba.
Carilda. Sí, pero eso es una técnica, que yo no sé si yo la descubrí, yo creo que no, pero es un recurso, es un apoyo, y ahí está el soneto a mi madre. Búscalo.
Amaury. ¡A claro, claro! Aquí, este soneto, por ejemplo. (Amaury le acerca el soneto Madre mía que estás en una carta, escrito por Carilda)
Carilda. No lo vamos a leer todo completo.
Amaury. ¡Léalo completo!.
Carilda. Ah, ¿completo?
Amaury.  Completo.
Carilda. Y entonces ustedes verán que el último verso, que no lo voy a decir ahora, es realmente el cierre, pero es que ese fue el primero que yo escribí y no lo puse arriba porque echaba a perder el soneto.
Amaury. ¡Qué bárbaro!
Carilda. ¿Comprende? él se llama: “Madre mía que estás en una carta”.
Madre mía que estás en una carta
Y en un regaño antiguo que no encuentro.
Quédate para siempre aquí en el centro
de la rosa total que no se aparta.
Madre mía que estás tan lejos
Harta de la nieve y la bruma,
Espera que entro a ponerte a vivir con el sol dentro
Madre mía que estás en una carta.
Puedes darle al misterio alguna cita,
Convenir con las sombras hechiceras.
Puede ser una piedra que se quita
O secarte ahora mismo las ojeras,
pero acuérdate madre de tu hijita,
¡No te atrevas a todo, no te mueras!

Amaury. ¡Madre santa, es que eso es un poema! ¿Cuán duro fue, ya que me leyó esto, el exilio de sus padres, para usted, que decidió quedarse?
Carilda. Bueno, imagínate si fue duro el exilio, que yo los acompañé al aeropuerto y en el momento que el avión despegó, yo me quedé sin habla y sin oír. Y recuperé el habla a las pocas horas y todavía me falta por recuperar, que ya es imposible, de eso hace muchos años, el oído derecho. Yo oigo solo de este oído, del izquierdo, que lo recuperé después, de la impresión. Eso fue muy duro, pero la decisión la tomé sin dame cuenta.
Desde que empezaron con el asunto de los pasaportes y tengo que significar que ninguno de los dos era desafecto a la Revolución. Pero se iban en pos de hijos y en pos de nietos.
Amaury. Claro.
Carilda. Mi papá era abogado y quería sacarme el pasaporte como para embullarme, pero sin decírmelo, siempre me respetaron mucho mi opinión, ni siquiera hicieron presión. Y, era muy triste, porque imagínese, ellos se iban…, aparte del amor, de la compañía, yo estaba en aquel momento sola, no tenía a nadie. Pero yo soy una palma que nací aquí y aquí tengo la raíz y no me podía, de ningún modo cortar las raíces, me quedé, eso fue todo.
Amaury. Bueno, ya no sé ni cómo hacer las preguntas. La gente tiene una imagen, la imagen que se quiere crear de Carilda.  Pero evidentemente hay una Carilda imaginada y hay una Carilda real. Hay una oculta, la que habita en Tirry 81, la que tiene una familia, la que tiene hace veinte años un compañero, un matrimonio, su esposo. Y hay una que es la que la gente quiere fantasear, que es la que acusan de… los términos son feos, pero la Carilda que dicen que es libertina (Carilda ríe), que cuando uno se pone a buscar los sinónimos de libertina… Y yo, yo puedo dar fe en televisión de que usted es una dama, de que usted es una señora.
Carilda. Gracias, gracias. Bueno, eso es hasta simpático, no me ha traumatizado, aunque desde luego, en cierto modo ha tergiversado la personalidad literaria de uno.
A mí no me afecta desde el punto de vista personal. A mí…, Carilda, es así, es asao… generalmente los artistas arrastramos una serie de comentarios, que son muy convenientes porque así hablan de nosotros, buscan las poesías, y se venden los libros y entonces uno puede hacer una carrera, pudiéramos decir, vamos a llamarle así a esto de ser poeta, que no es ninguna carrera. Ser poeta es una cosa muy difícil, cuando uno, bueno, quiere serlo de verdad.
Entonces ¿qué pasa?, que yo, figúrate, muy jovencita escribí el tal “Me desordeno…” y la gente siguió desordenándose por su cuenta (risas), pero me han echado la culpa a mí de todo. La cantidad de hombres que me han dicho a mí y de mujeres: Ay, le agradezco su Me desordeno, porque con esa poesía yo he enamorado y he hecho, y qué sé yo. Y a mí me da risa, porque esa poesía es hasta inocente, es inocente incluso esa parte que dice: “Cuando quiero besarte arrodillada”, esa parte, la gente le da unas explicaciones… que bueno, no lo voy a decir aquí porque estamos en la televisión (risas), pero los televidentes ya saben de lo que estoy hablando. Entonces…, me van a tachar todo esto… (risas)
Amaury. (risas) No le vamos a tachar nada.
Carilda. ¿Qué dirá el ICRT? (risas)
Amaury. No, no, nada, el ICRT es muy comprensivo con este programa. (risas)
Carilda. Ay, perdónenme, pero yo, bueno, soy un poco irreverente, pero buena muchacha. (risas) Lo de muchacha es peor que lo de irreverente (risas).
Amaury. (risas) ¡Señora, señora, señora!
Carilda. Bueno, chico, pero me estoy divirtiendo un poco. (risas)
Amaury. Claro que sí, diviértase.
Carilda. En estos programas hay que reírse también.
Amaury. Claro, no se puede ser tan grave…
Carilda. A veces tenemos que llorar por cosas…, que tampoco debiéramos llorar…
Amaury. No, pero si yo lo que la quiero es ver divertida. ¿Cómo llorando? No, yo no quiero verla llorando.
Carilda. Estoy divertida, pero es culpa tuya, porque yo no sé qué vueltas me has dado, que mira dónde me has puesto (risas), porque yo no iba a venir a ningún programa. Bueno, entonces me atreví a celebrar las piernas de los  hombres, de un hombre.
Amaury. De uno, claro, no de los hombres.
Carilda. En uno están todos los demás. Entonces la boca, los ojos, vaya, decirles piropos a los hombres. Porque siempre eran a las mujeres y bueno, pues yo rompí con eso, porque yo no veo nada en eso de extraordinario, ni de cosas subversivas, irreverentes, que estoy faltando el respeto, porque piensan que estoy hablando de una cosa carnal. Y el amor es espiritual y carnal y tiene que integrarse de las dos cosas, porque si no realmente no responde a la verdadera esencia del amor. Y bueno, todas esas cosas empezaron a traerme, aparte de algunas cosas de la vida de uno, que se han ido deformando y se han exagerado cosas y pasiones. Han inventado cosas con Hemingway, que no pasó nada en lo absoluto, ese era un hombre muy caballeroso, que me dio un elogio, un piropo delante de periodistas y eso empezó a dar vueltas, es un ejemplo que pongo. Y bueno, a cada rato pues a la gente le ha parecido muy natural que yo tenga romances de acuerdo con los versos que he escrito y esos versos están escritos para mis esposos, para las personas que yo he amado y que me han amado. Mi vida ¡figúrate!, en la Ciudad de Matanzas, que es una ciudad como todo el mundo sabe, como todas las provincias de Cuba. Yo allí salía sola con mi novio, cosa que la gente no hacía, mi familia me lo permitía. Estoy hablando de los años 50. Mi primer matrimonio data del 52. Íbamos a sentarnos en el parque…, allí lo más que hacíamos era cogernos las manos. El primer noviazgo mío eran dos días a la semana por la noche, dos horas, y mi mamá sentada cerca, que uno no se podía dar ni un beso porque, ¡imagínate!, ella, cuando ya el novio se iba, se paraba a la mitad del zaguán y ya. Esas cosas de la época…, que ahora los jóvenes disfrutan de otra libertad que ¡bienvenida sea!, porque creo que todo aquello era… Mi mamá era de una educación española. Mis abuelos eran españoles, por parte de madre, pero siempre mi madre, a pesar de haberse educado en aquel sitio, me respetaba, me veía como…, ella decía que no se podía interferir en la vida de los hijos hasta el extremo de querer dirigirlos en todo, que había que dejarles que respiraran el aire de la libertad, que ella no lo había tenido de niña, que siempre estaba con la religión a cuestas. Y, fíjate que todo eso no juega con que después yo escribiera determinados versos, pero a lo mejor era aquel hálito que había en mi casa de respeto lo que me hizo soltarme como un pájaro y volar.
Amaury. Y no como un papalote donde hay una cuerda. Porque el papalote parece que está libre, pero hay una cuerda que lo ata.
Carilda. Exacto, perfecta la imagen, perfecta la imagen. No sé si te contesté.
Amaury. Sí, claro que me contestó. No, me contestó, y de más, qué maravilla.
Carilda. Me he casado tres veces. Estuve muchos años sin compañía. Luego llegó un muchacho joven a mi vida, demasiado joven. Toda la ciudad se escandalizó y yo diría que toda Cuba, cuando él empezó a visitarme. Él estuvo como dos años detrás de mí y yo me acuerdo que el primer día que lo vi, lo vi a través de la mirilla de la puerta. Esto no viene al caso, pero bueno. (risas)
Amaury. ¡No, cómo no!, sí viene al caso, claro, porque yo voy a leer ahora una cosa que él me mandó.
Carilda. ¿Ah, sí?
Amaury. Así que sí viene al caso, aquí todo viene al caso y, viniendo de usted, más al caso.
Carilda. Bueno, pues entonces yo lo veía por la mirilla de la puerta. Él tenía el pelo largo  -¡imagínese! que andaba por los veinte años y yo andaba por… vamos a no hablar de eso.
Amaury. No lo diga, no lo diga.
Carilda. Yo decía: Este es otro de esos muchachos que vienen a leer versos y a enamorarla a una, porque yo tenía una casa y vivía sola en la casa ¿comprende?, y sabe cómo son las cosas, como había tanta diferencia de edad, yo siempre pensaba… y eso es cosa de malicia también del pueblo.
Amaury. Claro.
Carilda. Que no nos perdonaron cuando empezamos el romance y cuando nos casamos. Siempre creyeron que él venía por la casa y porque ya yo tenía cierto nombre, y que él era un muchacho joven que empezaba. Pero yo me enamoré de aquel muchacho por muchas cosas. La primera porque la soledad es una cosa terrible, llevaba años viuda…, con mis gatos.
Amaury. Con sus gatos, ¡qué maravilla!
Carilda. Mis gatos que han sido mis nenés, mis niñitos, mis compañeros. Bueno, y ahí me conoció él, que yo no tenía ni un centavo y él tenía una casa magnífica donde vivir, había huido del campo porque quería estudiar y esa es la historia de ese joven.
Amaury. Claro, él me manda hoy, porque no pudo venir al programa por asuntos personales vinculados con su mamá. Él me manda una carta que no voy a leer completamente porque es una carta privada, pero hay una parte que sí quiero compartir con Carilda, que no la conoce.
Carilda. No.
Amaury. Y con ustedes. Él me dice, bueno, empieza con “Mi muy admirado Amaury”, muy cariñoso. “Lamento profundamente no asistir a este encuentro con nuestra Carilda. Pero me ha resultado imposible” (y ahí me explica por qué). Pero después dice: “Gracias Amaury por llevarte contigo, en esta feliz ocasión, a una mujer que ya no se puede amar desde un solo cuerpo, que se ha hecho menos mía para volverse propiedad de un pueblo que ha encontrado en su voz la suya propia, prohijada por un deseo interminable de amor y de vida.” Y después me señala: “Hay muchas personas que tal vez contemplen nuestra pareja como un sacrilegio porque nos hemos atrevido a unir nuestras dos juventudes en un matrimonio que ya casi cumple dos decenios.”
Y es lo que usted ahora ha estado aclarando y eso es lo que me manda a decir.
Carilda. ¡Qué casualidad!

Amaury. Ahora, él toca aquí un punto, fíjese que yo no lo tenía ni anotado… pero él toca un punto donde dice, hablando de usted y, ahora entonces vamos a hablar de este tema que él toca aquí.
“Carilda ha tenido fe en la justicia, en el amor de su gente y en el triunfo de la verdad. Por ello en mi opinión creo que durante aquellos casi veinte años de silencio en su amada Patria, no supo en la soledad ser infeliz.”
¿Por qué usted cree que hubo tanto tiempo sin que a usted la consideraran lo que siempre ha sido? Una cubana fiel, digna y amante de su Patria.
Carilda. Bueno, hay cosas que realmente ni el tiempo ha podido aclarar. Porque la verdad, sí, yo siempre creí que todo pasaría y así fue, todo pasó. Yo había escrito, inclusive, un Canto a Fidel cuando estaba en la Sierra (Maestra) porque yo había conocido a Fidel en la Universidad. Ya yo terminando en la Universidad, Derecho, él empezaba y, naturalmente, al ver que estaba en la Sierra -y esa historia no la voy a hacer porque es larga y ya se ha publicado- Me emocionó mucho aquel compañero de la adolescencia, que alentaba una Revolución que era una esperanza.
Amaury. Un símbolo.
Carilda. Y así, bueno, entonces ¿qué sucede? La Revolución realmente triunfó, pero inmediatamente, casi, a mí me dejaron cesante de mi trabajo. ¿Por qué? porque yo trabajaba en la Alcaldía de Matanzas. Porque las revoluciones son convulsas y cuando comienzan, como en este caso, hay un problema: Que hay mucha gente que se sube al carro de la Revolución sin haber estado en esa Revolución. Y a mí me parece que los intermediarios fueron, no en este caso, pero en muchos casos, fueron responsables de las injusticias y de las cosas que pasaron. Yo tuve la suerte de que no me quedé completamente cesante y esto es muy bueno decirlo, porque siempre hay alguien que esclarece, que salva, que es un abogado, que hoy es muy notable y es uno de los defensores de los Cinco Héroes, que es el doctor Rodolfo Dávalos.
Amaury. Una eminencia, el doctor Dávalos es una eminencia.
Carilda. Una eminencia, jurista y él me dijo: no, no importa, tú eres abogada y tú no has cometido delitos… Además, tú tienes ese Canto a Fidel. Él es poeta, pero de esos silenciosos, que no publican.
Amaury. Sí, que no quiere publicar.
Carilda. Tremendo escritor ¿eh?. Y entonces, bueno, entré en aquel bufete colectivo y fui muy feliz en ese bufete, porque allí se pudo hacer mucha justicia y muchas cosas y no se habló de nada. Pero el veto empezó a pesar de estar yo en el bufete.
Amaury. ¿Y no se le publicaba entonces, nada?
Carilda. Esto es bueno que se sepa, ¡qué me van a publicar! Pasaron muchas cosas.
Amaury. ¿Y cuándo termina el veto?
Carilda. Eso termina un día, un buen día, un magnífico día, estoy nombrando personas porque estoy hablando verdades.
Amaury. Claro, claro.
Carilda. No me gusta hacer anonimatos, y fulano, y que esto. Bueno y además, estoy muy agradecida al doctor Armando Hart.
Amaury. Un hombre de la cultura y un hombre justiciero.
Carilda. Se apareció en Matanzas un día, a averiguar qué pasaba conmigo, porque él no entendía nada.
Amaury. Pero usted nunca abandonó ninguna Revolución ¿qué Revolución abandonó usted?
Carilda. ¿Pero qué abandono?, ¡pero si no me exilé con toda mi familia y seguí en mi Tirry 81 pasando calamidades! Yo he comido sopas de yerbas y todas esas cosas. Yo tuve que arrancar las puertas grandes de Tirry 81, que están detrás de las ventanas, para un pobre guajiro que vino, bueno, no era pobre porque tenía más dinero que yo, y me compró las puertas y con eso comí como seis meses. ¡Ay, pero no soy ninguna víctima!
Amaury. ¡Claro que no!.
Carilda. No, no, no.
Amaury. ¡Y con esos ojos!.
Carilda. Muy dichosa. Muy dichosa, porque escribí más poesía que nunca. Escribe y escribe y escribe y feliz, feliz.
Amaury. Bueno, aquí están sobre la mesa sus libros… Carilda trajo sus libros. Yo me he quedado frío.
Carilda. Tengo 43 libros. Claro, entre ediciones, reediciones y cosas en el extranjero. En España tengo cinco libros.
Amaury. Ahora, yo quiero de todas maneras, porque cuando hablamos por teléfono el otro día…
Carilda. Sí.
Amaury. …Hablamos mucho, hablamos más por teléfono que lo que vamos a hablar en la entrevista. Y pasó una cosa bien curiosa, porque yo le dije que a mí me encantaba este soneto, de Sonetos a mi padre, el cuarto soneto.
Carilda. Ah, sí.
Amaury. Y usted de pronto me dijo: qué casualidad, era el que le gustaba a ¡Eliseo Diego!
Carilda. Sí, así mismo es.
Amaury. Léame, por favor, ese soneto.
Carilda. ¿El último?
Amaury. Ese soneto, el último, yo se lo escogí.
Carilda. Este es el Cuarto Soneto de la colección, pero cuatro son demasiado.

Tu sillón de dentista ¿dónde está?
Tu violín de estudiante, ¿cómo suena?
Enterrabas centavos en la arena
Y otros nombres ponías a mamá.
Guardo todas tus cartas y retratos
En mis sueños tu próstata se cura,
Por el fondo del patio y la ternura
Se encaminan tus últimos zapatos.
Quiero verte salir en un postigo,
¡Ven fantasma, ven ángel oportuno!
Ya no sé lo que hago, lo que digo,
Porque quiero beber el desayuno,
Con mi padre, mi sabio, mi mendigo
En Calzada de Tirry 81.

Amaury. ¡Es que es algo…, es precioso ese soneto! y se ve que a usted le afecta, todavía le afecta. No sé ni para qué lo traje. Fíjese qué rápido vamos a hablar de otro tema. A ver si usted me quiere decir este secreto. En este libro (Amaury le muestra un libro) hay una carta, están sus prosas, aparte que hay una foto aquí tremenda, la foto de la portada, con el pelo corto.
Carilda. Está agotado ese libro.
Amaury. Ese libro está agotado, ah, bueno. Pero ya uno va teniendo cosas que están agotadas, uno se va quedando con ellas. Pero hay un momento, donde hay varias cartas. Usted no quiere, ya me lo dijo por teléfono, hablar de a quién le había hecho las cartas y yo, por supuesto, respeto eso, pero no puedo privar al televidente de esa Carilda irónica que aparece aquí en un momento de esta carta.
Carilda. ¡Ah!, va a leer esa, ¡vale!.
Amaury. En un momento de esta carta yo por poquito me…, yo me arrastré cuando la leí la primera vez -carta número 4 se llama-,
Te escribo por recomendación de este papel amarillo que vi sobre la mesa y para que me perdones el incumplimiento de la amenaza: El director tropieza con todos los sueños, así que dispuso sin mi permiso, que trabajara hoy de noche.
Como te encantan las sorpresas, estarás muy contento de ver a otra mujer y no a la que pronosticó el telegrama. Pues bien, deseo con todos los humores negros de mi venganza, que solo caiga en tus brazos una soprano calva de 190 libras.
No vamos a hablar de a quién se la hizo, pero vamos a hablar de esa Carilda maldita, esa Carilda, que vaya, es que no… “Lo que deseo es que caiga en tus brazos una soprano calva de 190 libras”. (risas)
Carilda. (risas) Ay, son cosas de la juventud.
Amaury. Ahora, ¿cómo fue aquello del tren que viene de Santiago, pasa por Matanzas y una persona que la amaba le ponía mensajes en el tren? ¿Qué cosa es eso, Carilda?
Carilda. Ay, pero mira lo que estás sacando hoy. Óyeme, pero ¿cuántos cuentos te han hecho? Qué cosas…
Amaury. Pero es que eso es tan bello.
Carilda. Bueno, es  verdad, es una cosa de…, y estoy hablando del año 50, porque fue el año, lo recuerdo perfectamente, en que salió Al sur de mi garganta.
Al sur… nace en el 49, pero se lleva el Premio Nacional de Poesía del 50. Y entonces él es un poeta, por cierto, un poeta muy singular, porque es que tenía muchos oficios y era matemático, era graduado de La Sorbona, de Yale, yo no sé de cuántos lugares. Era un hombre muy talentoso que apareció en Cuba. Y como él quería enamorarse, porque él quería enamorarse de algún modo de alguna cubana, y sobre todo que fuera un amor imposible, digo yo, porque hizo todo lo posible. Yo tenía mi novio, yo era novia de Hugo Ania  que era un noviazgo reciente y que después nos casamos. Y entonces, pues… No voy a contar lo que pasó en el medio, porque hubo problemas muy serios.
Amaury. No, no.
Carilda. Esa es la mitología con que el pueblo cubano me ha adornado a mí, porque ese mito es un adorno.
Amaury. Claro.
Carilda. La gente quiere que yo sea como me han inventado.
Amaury. Exactamente.
Carilda. Y realmente yo soy una señora muy respetable, ¡Ay!, ¿qué dije? (se tapa la boca)
Amaury. No, sí lo es. Sí, Carilda, sí lo es.
Carilda. No, pero es que todo el mundo se va a disgustar.
Amaury. No, nadie se va a disgustar.
Carilda. ¿Tú crees que no?
Amaury. No, nadie se va a disgustar. La gente va a seguir con la mitología que quiera crearse sobre usted. Pero es bueno que de una vez se diga, que lo importante de usted, aparte de su belleza, aparte de su talento, de su simpatía, es su gran obra poética, que es lo que la va a trascender. Y la mitología que la gente se crea sobre los artistas, esa se va a quedar en el camino y lo que va a quedar al final, son estos poemas, son estos libros, eso es lo que va…
Carilda. …Ay, Amaury. ¡Qué generoso eres!
Amaury. No, generoso no, soy justo con usted.
Carilda. Te quiero.
Amaury. Carilda ¿Y entonces lo del tren? ¿El tren salía de dónde?
Carilda. Él tren venía de Santiago y llegaba a La Habana, aquí, pero claro, pasaba por Matanzas. Y entonces, este escritor, uruguayo, me escribía, después que se fue de Matanzas, me escribía desde allá. Pero él quería que llegaran las cosas tan pronto que iba al último vagón del tren. Ya me lo había advertido por teléfono: por la mañana me decía: Carilda, ahora voy a escribirte un mensaje en la pared del vagón último del tren, bueno, yo iba por la noche cuando llegaba el tren a Matanzas a ver aquello, a leer aquello. ¡Qué lindas cosas escribía!
Amaury. Por eso ahí empiezan las historias.
Carilda. Y ahí empiezan las historias de Carilda ¿comprende?
Amaury. Claro
Carilda. Que después de todo son historias muy lindas y no hay por qué renunciar a ellas.
Amaury. Pero mire, yo le voy a decir algo. El pueblo cubano, el lector cubano y más que el lector cubano, incluso, el que no la ha leído -que se está perdiendo una de las maravillas del mundo- la quiere a usted, usted es amada. Usted es amada por todo el mundo.
Carilda. No, porque amo, porque amo al pueblo.
Amaury. Claro, porque eso va y viene, eso es un efecto de ida y vuelta.
Ahora, yo quiero, Carilda, porque ya el programa lo estamos terminando. Mire, usted me trajo hoy de regalo la última edición de Al sur de mi garganta, es esta.
Carilda. 60 años cumplió el año pasado.
Amaury. Con una dedicatoria que es para mi corazón, yo no voy a leer lo que dice, que es muy emocionante y ya yo tengo hace rato los ojos aguados. Pero es que yo traje para que Carilda me firmara…
Carilda. …¡Ay, chico!…
Amaury. …La edición Príncipe…
Carilda. …Eso me emocionó…
Amaury. …De Al sur de mi garganta…
Carilda. Porque nadie la tiene, porque se hicieron 300 ejemplares. Imagínense, en el año 49.
Amaury. Claro, del 49 y esto se lo regala a mi tío Raúl y por supuesto a mi tía María Luisa también, Pascualito, un amigo, el 11 de marzo de 1950. Y aquí está con las ilustraciones. ¿Cuántos libros se hicieron de esta edición?
Carilda. 300 nada más. Esto lo pagó mi padre. Entonces no había editoriales.
Amaury. ¡Fíjese que es propiedad del autor!.
Carilda. Y tuve la suerte de que con ese librito gané el premio.
Amaury. Entonces usted me va a hacer el favor de poner su nombre aquí. Y después, porque estamos en televisión, me pone una cosita más, porque eso es un tesoro de la biblioteca nuestra, de mi esposa y mía. Un programa bien emotivo y bien difícil. Esto no se puede creer.
Carilda. Es que tú no habías nacido cuando el libro se publicó.
Amaury. ¡Claro que no había nacido!.
Carilda. Ah, imagínate.
Amaury. Pero ya había nacido usted, había nacido su poesía y a lo mejor, quién sabe si yo nací de algún poema de estos. Entonces, ahora va a terminar el programa usted. Yo antes le voy a agradecer su gentileza, su viaje, el suyo y el de sus compañeros que la han traído. Ha sido un programa muy especial. Es además el programa con el que estamos comenzando este año 2011, es el primer programa de enero de 2011.
Todavía hay una grata temperatura afuera, hemos acabado de pasar las Navidades…, yo quiero que usted me lea este poema que es uno de los poemas que más me gusta suyo, y que de esa manera despida el programa y le agradezco señora, su poesía, su talante, su genio, su gentileza, su belleza. Su amor a Cuba, su amor a la Patria.
Carilda. Gracias, la agradecida soy yo. Gracias.

Adiós locura de mis treinta años,
Besado en julio bajo luna llena,
Al tiempo de la herida y la azucena
Adiós mi venda de taparme daños.
Adiós mi excusa, mi desorden bello,
mi alarma tierna, mi ignorante fruta
Estrella transitoria que se enluta,
Esperanza de todo por mi cuello.
Adiós muchacho de la cita corta,
Adiós pequeña ayuda de mi aorta,
Tristísimo juguete violentado
Adiós verde placer, falso delito
Adiós sin una queja, sin un grito
Adiós mi sueño nunca abandonado.

Amaury. Gracias, Carilda, muchas gracias por existir. Nos veremos pronto.
Carilda. Gracias.
Petí arregla el vestido de la poeta y Solís verifica que el micrófono permita escuchar con nitidez la voz de Carilda. El programa está por comenzar.
Carilda Oliver y Amaury Pérez en el programa “Con 2 que se quieran”. Foto: Petí
Carilda Oliver frente el espejo. Foto: Petí
Carilda Oliver en el programa “Con 2 que se quieran”. Foto: Petí
Carilda Oliver en el programa “Con 2 que se quieran”. Foto: Petí
Carilda Oliver y Amaury Pérez en el programa “Con 2 que se quieran”. Foto: Petí
Carilda Oliver en el programa “Con 2 que se quieran”. Foto: Petí
Carilda Oliver y Amaury Pérez en el programa “Con 2 que se quieran”. Foto: Petí
Carilda Oliver y Amaury Pérez en el programa “Con 2 que se quieran”. Foto: Petí
Carilda Oliver junto al colectivo de realización del programa “Con 2 que se quieran”. Foto: Petí
Amaury despide a Carilda a la entrada de los estudios Abdala. Foto: Petí

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Archivo CD- Carilda Oliver: “He sido muy feliz siendo poeta”

“Yo creo que sería presumir mucho por parte mía si digo que yo fui escogida por la poesía. Es presumir mucho. Lo que pasa que de ella no me he podido escapar. He sido muy feliz siendo poeta. No hubiera querido ser nada más.”, así le confesaba hace 11 años Carilda Oliver Labra a Amaury Pérez en una memorable entrevista televisiva cuya transcripción republicamos hoy en homenaje al centenario de la gran poeta cubana y matancera.
Amaury. Muy buenas noches, estamos en Con 2 que se quieran, ahora aquí en 5ta. Avenida y calle 32, en el barrio de Miramar, en los maravillosos Estudios Abdala.
Una noche verdaderamente especial. Durante todos estos programas que han transcurrido hasta este momento, ustedes la pidieron, ustedes la solicitaron mediante sus correos, mediante sus cartas. Es la persona que más han solicitado. Yo lo he ido apuntando y así es y aquí está. Los ojos más bellos de la literatura cubana: una mujer extraordinariamente hermosa, una escritora de excelencia. Para cualquiera es emotivo presentarla, tenerla delante. Una mujer que irradia dulzura y ternura, la eminente poetisa cubana, matancera Carilda Oliver Labra.
Señora, un beso, otro beso. Muchas gracias, yo estoy abrumado por su presencia, usted ha venido de Matanzas a estar aquí con nosotros y yo no puedo menos que rendirme a sus pies y agradecérselo. Y empezaremos nuestra conversación, más que una entrevista. Usted es Premio Nacional de Literatura. La pregunta sería. ¿Llegó a tiempo el Premio Nacional de Literatura?
Carilda. Claro que te voy contestar y te voy a tratar de tú. Aunque no hemos tenido mucha oportunidad de vernos personalmente, pero te he visto en escena, en televisión, y en sueños…
Amaury. Ay, Dios mío…
Carilda. Primero, tengo que agradecerte la invitación.
Amaury. Gracias, muchas gracias.
Carilda. Después, todas esas cosas lindísimas que has dicho y en el transcurso del programa creo que se podrá ir haciendo presente esa admiración que es mutua.
Amaury. Ah, muchas gracias.
Carilda. Y que hoy para que no parezca esto una asociación de bombos recíprocos no te puedo hablar de tu música ni de tus interpretaciones. Yo creo que tú eres un poeta, lo de músico, ¡figúrate!, pero bueno, vamos a pasar a responder tu pregunta. Que si llegó, si tomó mucho tiempo… eso, en cierto modo, pues no es descorazonador, diríamos, no, no me angustió. Fui candidata 9 veces, o sea, 9 años seguidos, al Premio Nacional de Literatura que es, como todo el mundo sabe, el premio más importante en la carrera de un escritor. Fueron escogiendo los mejores escritores de Cuba, no puedo decir otra cosa, pero bueno, mi turno no llegaba y yo pensaba: bueno, es que yo no soy tan buena, yo no soy tan buena.
Además, yo había tenido mis problemas, había estado fuera de las editoriales mucho tiempo, y decía: esto puede ser que influencie, era un tribunal, parece que compasivo, digo yo, también, a lo mejor no era tan justo, pero dirían: esta pobre mujer lleva 9 años esperando seguramente. No, yo ya no esperaba.
Amaury. ¿No esperaba nada?
Carilda. Cuando me lo dieron, que me llamaron por teléfono para decírmelo. Dije: Esto es una broma, esto es una broma. ¡Pero era verdad!
Amaury. ¡Pero era verdad!, ¿y lo disfrutó?
Carilda. ¡Ay, cómo no! Lo disfruté muchísimo, lo estoy disfrutando todavía. Sí, sí, porque eso, claro, es un compromiso, es un compromiso histórico y algo que nos obliga a tratar de ser mejores y ya va siendo imposible porque la vida…, con sus añitos… es posible que nos esté haciendo daño. Desde luego, nosotros no nos damos cuenta. Esto es una coquetería, esto es una coquetería.
Amaury. Téngala conmigo porque la está teniendo con los televidentes nada más. La veo que mira para la cámara y para la cámara, tiene que hablarme a mí, porque me estoy poniendo celoso.
Carilda. Yo coqueteo con los televidentes… (risas)
Amaury. (risas) Yo estoy celoso, me estoy poniendo celoso de la cámara.
Carilda. No esté celoso, porque más celoso estará mi marido. (risas)
Amaury. Ah, sí, seguramente. (risas)
Carilda. Y ten cuidado no se cele de ti porque es karateca. (risas)
Amaury. ¡No. no, no! Además él sabe que usted es un amor antiguo mío, pero somos amigos, usted lo sabe, Raydel y yo somos amigos, así que no se va a poner celoso conmigo.
Ahora, ¿Usted escogió el camino de la poesía, Carilda, o la poesía la escogió a usted?
Carilda. Bueno, yo creo que sería presumir mucho por parte mía si digo que yo fui escogida por la poesía. Es presumir mucho. Lo que pasa que de ella no me he podido escapar. He sido muy feliz siendo poeta. No hubiera querido ser nada más.
Amo mucho la música, la plástica. He intentado y hasta me he graduado de pintura, pero realmente… el ballet, bueno, el teatro, todas las artes, pero, sinceramente, nací poeta.
Y quiero decirlo, porque cuando yo tenía tres o cuatro años, que mi mamá me cantaba canciones, ella me contó mucho tiempo después, que yo le modificaba las canciones.
Amaury. ¿Ah, sí?
Carilda. La letra.
Amaury. La letra, claro.
Carilda. Entonces ella dijo: esta niña va a ser poeta y parece que resultó. Claro, la poesía es muy difícil y me parece a mí, que aparte del don que se pueda traer, hay que estudiar y tiene mucho que ver con la técnica y con la inspiración.
Amaury. Ahí vamos, porque hay gente que dice que no hace falta… que la inspiración no existe.
Carilda. ¡Pero imagínate!, si no existiera la inspiración, si fuera una cosa de aprender lo que es un endecasílabo, lo que es una cesura, lo que es un hemistiquio, lo que es un soneto, lo que es un verso libre, pues sería, vaya, un objetivo de cualquier persona.
Amaury.  Cualquier persona se aprende la técnica y ya es poeta.
Carilda. Claro y yo creo que…, claro, se pueden hacer versos, pero una cosa es un verso y otra cosa es la poesía, ¿eh?. El verso es la línea, el fondo, la forma, diría, la forma. Pero tú puedes aprender…, bueno, vamos a hacer octosílabos. Me voy a leer a Martí, que era magnífico poeta y que además en los octosílabos, sí, era un príncipe y ya, voy cogiendo esa música, que la rima y el ritmo, pero si se te fue la chispa, que es el fuego, es más que el fuego, la luz del verso, no puedes hacer poesía. Bueno, no es una lección, es una idea muy humilde.
Amaury. Bueno, es humilde pero está viniendo de Carilda Oliver. No me lo está diciendo cualquiera.
Carilda. Además, no creo que sea una idea mía, yo creo que todos los que escribimos sabemos. Hay veces que uno hace cosas que rompen. Que las miras después y en todo…, uno puede escribir un poema breve de cinco o seis o siete versos y tener un solo verso, y si merece la pena lo dejamos porque es imposible que, por ejemplo, en un soneto, los catorce versos sean buenos.
Ahora, me preguntaba Gabriela Mistral. ¡Ay, bueno, es una anécdota…! Perdóname que te la haga.
Amaury. No, ¡pero qué bueno que me la hace! Por favor.
Carilda. Bueno, el día que tuve la dicha de conocerla, porque fue tan generosa Dulce María Loynaz, nuestra enorme, inmensa, inolvidable Dulce María, que me invitó a su casa, la primera vez que fui, porque estaba allí Gabriela. Y entonces Gabriela, después que leyó unos sonetos míos, me dice: con una modestia, que es digna de mencionar. No por lo que entraña el elogio que me hizo, sino por la forma en que ella asumió el conocimiento de una muchacha, como ella llamaba “del campo”, una niña del campo, porque yo era matancera y Dulce María era capitalina y además una mujer que había viajado y yo no había salido de Tirry 81 (calle y número de la casa de Carilda en Matanzas).
Amaury. De Calzada de Tirry 81.
Carilda. Fue después que he viajado y he tenido otras oportunidades, pero bueno, Tirry 81, para mí, es el planeta.
Entonces, ¿qué pasa?, que ella me dice: ¿Y cómo cierra tan bien los sonetos? porque en el último verso a mí siempre se me va la fuerza, palabra textuales de Gabriela, y luego paso mucho trabajo y a fin de cuentas lo dejo así, ¿pero cómo tú lo cierras tan bien? y entonces yo le dije: A mí, casi siempre, los sonetos me suceden en los momentos menos oportunos. Estoy sentada en el cine viendo una película, y me viene un solo verso y me levanto y voy para mi casa a escribir, porque después se me olvida. Es así, eso va en aumento, porque la inspiración es como que se consolida en determinado momento, ya es como una efervescencia, como una llama que crece, que crece y que luego no se vuelve humo, sino se vuelve luz. Y ese verso de la luz, a veces, aparece en el segundo terceto, en el último, o aparece en el primer cuarteto, en cualquier parte, pero uno tiene que darse cuenta y dice: este es el final y lo pone al final y después empieza la rima de abajo para arriba.
Amaury. Nunca había oído que nadie empezara un soneto de abajo para arriba.
Carilda. Sí, pero eso es una técnica, que yo no sé si yo la descubrí, yo creo que no, pero es un recurso, es un apoyo, y ahí está el soneto a mi madre. Búscalo.
Amaury. ¡A claro, claro! Aquí, este soneto, por ejemplo. (Amaury le acerca el soneto Madre mía que estás en una carta, escrito por Carilda)
Carilda. No lo vamos a leer todo completo.
Amaury. ¡Léalo completo!.
Carilda. Ah, ¿completo?
Amaury.  Completo.
Carilda. Y entonces ustedes verán que el último verso, que no lo voy a decir ahora, es realmente el cierre, pero es que ese fue el primero que yo escribí y no lo puse arriba porque echaba a perder el soneto.
Amaury. ¡Qué bárbaro!
Carilda. ¿Comprende? él se llama: “Madre mía que estás en una carta”.
Madre mía que estás en una carta
Y en un regaño antiguo que no encuentro.
Quédate para siempre aquí en el centro
de la rosa total que no se aparta.
Madre mía que estás tan lejos
Harta de la nieve y la bruma,
Espera que entro a ponerte a vivir con el sol dentro
Madre mía que estás en una carta.
Puedes darle al misterio alguna cita,
Convenir con las sombras hechiceras.
Puede ser una piedra que se quita
O secarte ahora mismo las ojeras,
pero acuérdate madre de tu hijita,
¡No te atrevas a todo, no te mueras!

Amaury. ¡Madre santa, es que eso es un poema! ¿Cuán duro fue, ya que me leyó esto, el exilio de sus padres, para usted, que decidió quedarse?
Carilda. Bueno, imagínate si fue duro el exilio, que yo los acompañé al aeropuerto y en el momento que el avión despegó, yo me quedé sin habla y sin oír. Y recuperé el habla a las pocas horas y todavía me falta por recuperar, que ya es imposible, de eso hace muchos años, el oído derecho. Yo oigo solo de este oído, del izquierdo, que lo recuperé después, de la impresión. Eso fue muy duro, pero la decisión la tomé sin dame cuenta.
Desde que empezaron con el asunto de los pasaportes y tengo que significar que ninguno de los dos era desafecto a la Revolución. Pero se iban en pos de hijos y en pos de nietos.
Amaury. Claro.
Carilda. Mi papá era abogado y quería sacarme el pasaporte como para embullarme, pero sin decírmelo, siempre me respetaron mucho mi opinión, ni siquiera hicieron presión. Y, era muy triste, porque imagínese, ellos se iban…, aparte del amor, de la compañía, yo estaba en aquel momento sola, no tenía a nadie. Pero yo soy una palma que nací aquí y aquí tengo la raíz y no me podía, de ningún modo cortar las raíces, me quedé, eso fue todo.
Amaury. Bueno, ya no sé ni cómo hacer las preguntas. La gente tiene una imagen, la imagen que se quiere crear de Carilda.  Pero evidentemente hay una Carilda imaginada y hay una Carilda real. Hay una oculta, la que habita en Tirry 81, la que tiene una familia, la que tiene hace veinte años un compañero, un matrimonio, su esposo. Y hay una que es la que la gente quiere fantasear, que es la que acusan de… los términos son feos, pero la Carilda que dicen que es libertina (Carilda ríe), que cuando uno se pone a buscar los sinónimos de libertina… Y yo, yo puedo dar fe en televisión de que usted es una dama, de que usted es una señora.
Carilda. Gracias, gracias. Bueno, eso es hasta simpático, no me ha traumatizado, aunque desde luego, en cierto modo ha tergiversado la personalidad literaria de uno.
A mí no me afecta desde el punto de vista personal. A mí…, Carilda, es así, es asao… generalmente los artistas arrastramos una serie de comentarios, que son muy convenientes porque así hablan de nosotros, buscan las poesías, y se venden los libros y entonces uno puede hacer una carrera, pudiéramos decir, vamos a llamarle así a esto de ser poeta, que no es ninguna carrera. Ser poeta es una cosa muy difícil, cuando uno, bueno, quiere serlo de verdad.
Entonces ¿qué pasa?, que yo, figúrate, muy jovencita escribí el tal “Me desordeno…” y la gente siguió desordenándose por su cuenta (risas), pero me han echado la culpa a mí de todo. La cantidad de hombres que me han dicho a mí y de mujeres: Ay, le agradezco su Me desordeno, porque con esa poesía yo he enamorado y he hecho, y qué sé yo. Y a mí me da risa, porque esa poesía es hasta inocente, es inocente incluso esa parte que dice: “Cuando quiero besarte arrodillada”, esa parte, la gente le da unas explicaciones… que bueno, no lo voy a decir aquí porque estamos en la televisión (risas), pero los televidentes ya saben de lo que estoy hablando. Entonces…, me van a tachar todo esto… (risas)
Amaury. (risas) No le vamos a tachar nada.
Carilda. ¿Qué dirá el ICRT? (risas)
Amaury. No, no, nada, el ICRT es muy comprensivo con este programa. (risas)
Carilda. Ay, perdónenme, pero yo, bueno, soy un poco irreverente, pero buena muchacha. (risas) Lo de muchacha es peor que lo de irreverente (risas).
Amaury. (risas) ¡Señora, señora, señora!
Carilda. Bueno, chico, pero me estoy divirtiendo un poco. (risas)
Amaury. Claro que sí, diviértase.
Carilda. En estos programas hay que reírse también.
Amaury. Claro, no se puede ser tan grave…
Carilda. A veces tenemos que llorar por cosas…, que tampoco debiéramos llorar…
Amaury. No, pero si yo lo que la quiero es ver divertida. ¿Cómo llorando? No, yo no quiero verla llorando.
Carilda. Estoy divertida, pero es culpa tuya, porque yo no sé qué vueltas me has dado, que mira dónde me has puesto (risas), porque yo no iba a venir a ningún programa. Bueno, entonces me atreví a celebrar las piernas de los  hombres, de un hombre.
Amaury. De uno, claro, no de los hombres.
Carilda. En uno están todos los demás. Entonces la boca, los ojos, vaya, decirles piropos a los hombres. Porque siempre eran a las mujeres y bueno, pues yo rompí con eso, porque yo no veo nada en eso de extraordinario, ni de cosas subversivas, irreverentes, que estoy faltando el respeto, porque piensan que estoy hablando de una cosa carnal. Y el amor es espiritual y carnal y tiene que integrarse de las dos cosas, porque si no realmente no responde a la verdadera esencia del amor. Y bueno, todas esas cosas empezaron a traerme, aparte de algunas cosas de la vida de uno, que se han ido deformando y se han exagerado cosas y pasiones. Han inventado cosas con Hemingway, que no pasó nada en lo absoluto, ese era un hombre muy caballeroso, que me dio un elogio, un piropo delante de periodistas y eso empezó a dar vueltas, es un ejemplo que pongo. Y bueno, a cada rato pues a la gente le ha parecido muy natural que yo tenga romances de acuerdo con los versos que he escrito y esos versos están escritos para mis esposos, para las personas que yo he amado y que me han amado. Mi vida ¡figúrate!, en la Ciudad de Matanzas, que es una ciudad como todo el mundo sabe, como todas las provincias de Cuba. Yo allí salía sola con mi novio, cosa que la gente no hacía, mi familia me lo permitía. Estoy hablando de los años 50. Mi primer matrimonio data del 52. Íbamos a sentarnos en el parque…, allí lo más que hacíamos era cogernos las manos. El primer noviazgo mío eran dos días a la semana por la noche, dos horas, y mi mamá sentada cerca, que uno no se podía dar ni un beso porque, ¡imagínate!, ella, cuando ya el novio se iba, se paraba a la mitad del zaguán y ya. Esas cosas de la época…, que ahora los jóvenes disfrutan de otra libertad que ¡bienvenida sea!, porque creo que todo aquello era… Mi mamá era de una educación española. Mis abuelos eran españoles, por parte de madre, pero siempre mi madre, a pesar de haberse educado en aquel sitio, me respetaba, me veía como…, ella decía que no se podía interferir en la vida de los hijos hasta el extremo de querer dirigirlos en todo, que había que dejarles que respiraran el aire de la libertad, que ella no lo había tenido de niña, que siempre estaba con la religión a cuestas. Y, fíjate que todo eso no juega con que después yo escribiera determinados versos, pero a lo mejor era aquel hálito que había en mi casa de respeto lo que me hizo soltarme como un pájaro y volar.
Amaury. Y no como un papalote donde hay una cuerda. Porque el papalote parece que está libre, pero hay una cuerda que lo ata.
Carilda. Exacto, perfecta la imagen, perfecta la imagen. No sé si te contesté.
Amaury. Sí, claro que me contestó. No, me contestó, y de más, qué maravilla.
Carilda. Me he casado tres veces. Estuve muchos años sin compañía. Luego llegó un muchacho joven a mi vida, demasiado joven. Toda la ciudad se escandalizó y yo diría que toda Cuba, cuando él empezó a visitarme. Él estuvo como dos años detrás de mí y yo me acuerdo que el primer día que lo vi, lo vi a través de la mirilla de la puerta. Esto no viene al caso, pero bueno. (risas)
Amaury. ¡No, cómo no!, sí viene al caso, claro, porque yo voy a leer ahora una cosa que él me mandó.
Carilda. ¿Ah, sí?
Amaury. Así que sí viene al caso, aquí todo viene al caso y, viniendo de usted, más al caso.
Carilda. Bueno, pues entonces yo lo veía por la mirilla de la puerta. Él tenía el pelo largo  -¡imagínese! que andaba por los veinte años y yo andaba por… vamos a no hablar de eso.
Amaury. No lo diga, no lo diga.
Carilda. Yo decía: Este es otro de esos muchachos que vienen a leer versos y a enamorarla a una, porque yo tenía una casa y vivía sola en la casa ¿comprende?, y sabe cómo son las cosas, como había tanta diferencia de edad, yo siempre pensaba… y eso es cosa de malicia también del pueblo.
Amaury. Claro.
Carilda. Que no nos perdonaron cuando empezamos el romance y cuando nos casamos. Siempre creyeron que él venía por la casa y porque ya yo tenía cierto nombre, y que él era un muchacho joven que empezaba. Pero yo me enamoré de aquel muchacho por muchas cosas. La primera porque la soledad es una cosa terrible, llevaba años viuda…, con mis gatos.
Amaury. Con sus gatos, ¡qué maravilla!
Carilda. Mis gatos que han sido mis nenés, mis niñitos, mis compañeros. Bueno, y ahí me conoció él, que yo no tenía ni un centavo y él tenía una casa magnífica donde vivir, había huido del campo porque quería estudiar y esa es la historia de ese joven.
Amaury. Claro, él me manda hoy, porque no pudo venir al programa por asuntos personales vinculados con su mamá. Él me manda una carta que no voy a leer completamente porque es una carta privada, pero hay una parte que sí quiero compartir con Carilda, que no la conoce.
Carilda. No.
Amaury. Y con ustedes. Él me dice, bueno, empieza con “Mi muy admirado Amaury”, muy cariñoso. “Lamento profundamente no asistir a este encuentro con nuestra Carilda. Pero me ha resultado imposible” (y ahí me explica por qué). Pero después dice: “Gracias Amaury por llevarte contigo, en esta feliz ocasión, a una mujer que ya no se puede amar desde un solo cuerpo, que se ha hecho menos mía para volverse propiedad de un pueblo que ha encontrado en su voz la suya propia, prohijada por un deseo interminable de amor y de vida.” Y después me señala: “Hay muchas personas que tal vez contemplen nuestra pareja como un sacrilegio porque nos hemos atrevido a unir nuestras dos juventudes en un matrimonio que ya casi cumple dos decenios.”
Y es lo que usted ahora ha estado aclarando y eso es lo que me manda a decir.
Carilda. ¡Qué casualidad!

Amaury. Ahora, él toca aquí un punto, fíjese que yo no lo tenía ni anotado… pero él toca un punto donde dice, hablando de usted y, ahora entonces vamos a hablar de este tema que él toca aquí.
“Carilda ha tenido fe en la justicia, en el amor de su gente y en el triunfo de la verdad. Por ello en mi opinión creo que durante aquellos casi veinte años de silencio en su amada Patria, no supo en la soledad ser infeliz.”
¿Por qué usted cree que hubo tanto tiempo sin que a usted la consideraran lo que siempre ha sido? Una cubana fiel, digna y amante de su Patria.
Carilda. Bueno, hay cosas que realmente ni el tiempo ha podido aclarar. Porque la verdad, sí, yo siempre creí que todo pasaría y así fue, todo pasó. Yo había escrito, inclusive, un Canto a Fidel cuando estaba en la Sierra (Maestra) porque yo había conocido a Fidel en la Universidad. Ya yo terminando en la Universidad, Derecho, él empezaba y, naturalmente, al ver que estaba en la Sierra -y esa historia no la voy a hacer porque es larga y ya se ha publicado- Me emocionó mucho aquel compañero de la adolescencia, que alentaba una Revolución que era una esperanza.
Amaury. Un símbolo.
Carilda. Y así, bueno, entonces ¿qué sucede? La Revolución realmente triunfó, pero inmediatamente, casi, a mí me dejaron cesante de mi trabajo. ¿Por qué? porque yo trabajaba en la Alcaldía de Matanzas. Porque las revoluciones son convulsas y cuando comienzan, como en este caso, hay un problema: Que hay mucha gente que se sube al carro de la Revolución sin haber estado en esa Revolución. Y a mí me parece que los intermediarios fueron, no en este caso, pero en muchos casos, fueron responsables de las injusticias y de las cosas que pasaron. Yo tuve la suerte de que no me quedé completamente cesante y esto es muy bueno decirlo, porque siempre hay alguien que esclarece, que salva, que es un abogado, que hoy es muy notable y es uno de los defensores de los Cinco Héroes, que es el doctor Rodolfo Dávalos.
Amaury. Una eminencia, el doctor Dávalos es una eminencia.
Carilda. Una eminencia, jurista y él me dijo: no, no importa, tú eres abogada y tú no has cometido delitos… Además, tú tienes ese Canto a Fidel. Él es poeta, pero de esos silenciosos, que no publican.
Amaury. Sí, que no quiere publicar.
Carilda. Tremendo escritor ¿eh?. Y entonces, bueno, entré en aquel bufete colectivo y fui muy feliz en ese bufete, porque allí se pudo hacer mucha justicia y muchas cosas y no se habló de nada. Pero el veto empezó a pesar de estar yo en el bufete.
Amaury. ¿Y no se le publicaba entonces, nada?
Carilda. Esto es bueno que se sepa, ¡qué me van a publicar! Pasaron muchas cosas.
Amaury. ¿Y cuándo termina el veto?
Carilda. Eso termina un día, un buen día, un magnífico día, estoy nombrando personas porque estoy hablando verdades.
Amaury. Claro, claro.
Carilda. No me gusta hacer anonimatos, y fulano, y que esto. Bueno y además, estoy muy agradecida al doctor Armando Hart.
Amaury. Un hombre de la cultura y un hombre justiciero.
Carilda. Se apareció en Matanzas un día, a averiguar qué pasaba conmigo, porque él no entendía nada.
Amaury. Pero usted nunca abandonó ninguna Revolución ¿qué Revolución abandonó usted?
Carilda. ¿Pero qué abandono?, ¡pero si no me exilé con toda mi familia y seguí en mi Tirry 81 pasando calamidades! Yo he comido sopas de yerbas y todas esas cosas. Yo tuve que arrancar las puertas grandes de Tirry 81, que están detrás de las ventanas, para un pobre guajiro que vino, bueno, no era pobre porque tenía más dinero que yo, y me compró las puertas y con eso comí como seis meses. ¡Ay, pero no soy ninguna víctima!
Amaury. ¡Claro que no!.
Carilda. No, no, no.
Amaury. ¡Y con esos ojos!.
Carilda. Muy dichosa. Muy dichosa, porque escribí más poesía que nunca. Escribe y escribe y escribe y feliz, feliz.
Amaury. Bueno, aquí están sobre la mesa sus libros… Carilda trajo sus libros. Yo me he quedado frío.
Carilda. Tengo 43 libros. Claro, entre ediciones, reediciones y cosas en el extranjero. En España tengo cinco libros.
Amaury. Ahora, yo quiero de todas maneras, porque cuando hablamos por teléfono el otro día…
Carilda. Sí.
Amaury. …Hablamos mucho, hablamos más por teléfono que lo que vamos a hablar en la entrevista. Y pasó una cosa bien curiosa, porque yo le dije que a mí me encantaba este soneto, de Sonetos a mi padre, el cuarto soneto.
Carilda. Ah, sí.
Amaury. Y usted de pronto me dijo: qué casualidad, era el que le gustaba a ¡Eliseo Diego!
Carilda. Sí, así mismo es.
Amaury. Léame, por favor, ese soneto.
Carilda. ¿El último?
Amaury. Ese soneto, el último, yo se lo escogí.
Carilda. Este es el Cuarto Soneto de la colección, pero cuatro son demasiado.

Tu sillón de dentista ¿dónde está?
Tu violín de estudiante, ¿cómo suena?
Enterrabas centavos en la arena
Y otros nombres ponías a mamá.
Guardo todas tus cartas y retratos
En mis sueños tu próstata se cura,
Por el fondo del patio y la ternura
Se encaminan tus últimos zapatos.
Quiero verte salir en un postigo,
¡Ven fantasma, ven ángel oportuno!
Ya no sé lo que hago, lo que digo,
Porque quiero beber el desayuno,
Con mi padre, mi sabio, mi mendigo
En Calzada de Tirry 81.

Amaury. ¡Es que es algo…, es precioso ese soneto! y se ve que a usted le afecta, todavía le afecta. No sé ni para qué lo traje. Fíjese qué rápido vamos a hablar de otro tema. A ver si usted me quiere decir este secreto. En este libro (Amaury le muestra un libro) hay una carta, están sus prosas, aparte que hay una foto aquí tremenda, la foto de la portada, con el pelo corto.
Carilda. Está agotado ese libro.
Amaury. Ese libro está agotado, ah, bueno. Pero ya uno va teniendo cosas que están agotadas, uno se va quedando con ellas. Pero hay un momento, donde hay varias cartas. Usted no quiere, ya me lo dijo por teléfono, hablar de a quién le había hecho las cartas y yo, por supuesto, respeto eso, pero no puedo privar al televidente de esa Carilda irónica que aparece aquí en un momento de esta carta.
Carilda. ¡Ah!, va a leer esa, ¡vale!.
Amaury. En un momento de esta carta yo por poquito me…, yo me arrastré cuando la leí la primera vez -carta número 4 se llama-,
Te escribo por recomendación de este papel amarillo que vi sobre la mesa y para que me perdones el incumplimiento de la amenaza: El director tropieza con todos los sueños, así que dispuso sin mi permiso, que trabajara hoy de noche.
Como te encantan las sorpresas, estarás muy contento de ver a otra mujer y no a la que pronosticó el telegrama. Pues bien, deseo con todos los humores negros de mi venganza, que solo caiga en tus brazos una soprano calva de 190 libras.
No vamos a hablar de a quién se la hizo, pero vamos a hablar de esa Carilda maldita, esa Carilda, que vaya, es que no… “Lo que deseo es que caiga en tus brazos una soprano calva de 190 libras”. (risas)
Carilda. (risas) Ay, son cosas de la juventud.
Amaury. Ahora, ¿cómo fue aquello del tren que viene de Santiago, pasa por Matanzas y una persona que la amaba le ponía mensajes en el tren? ¿Qué cosa es eso, Carilda?
Carilda. Ay, pero mira lo que estás sacando hoy. Óyeme, pero ¿cuántos cuentos te han hecho? Qué cosas…
Amaury. Pero es que eso es tan bello.
Carilda. Bueno, es  verdad, es una cosa de…, y estoy hablando del año 50, porque fue el año, lo recuerdo perfectamente, en que salió Al sur de mi garganta.
Al sur… nace en el 49, pero se lleva el Premio Nacional de Poesía del 50. Y entonces él es un poeta, por cierto, un poeta muy singular, porque es que tenía muchos oficios y era matemático, era graduado de La Sorbona, de Yale, yo no sé de cuántos lugares. Era un hombre muy talentoso que apareció en Cuba. Y como él quería enamorarse, porque él quería enamorarse de algún modo de alguna cubana, y sobre todo que fuera un amor imposible, digo yo, porque hizo todo lo posible. Yo tenía mi novio, yo era novia de Hugo Ania  que era un noviazgo reciente y que después nos casamos. Y entonces, pues… No voy a contar lo que pasó en el medio, porque hubo problemas muy serios.
Amaury. No, no.
Carilda. Esa es la mitología con que el pueblo cubano me ha adornado a mí, porque ese mito es un adorno.
Amaury. Claro.
Carilda. La gente quiere que yo sea como me han inventado.
Amaury. Exactamente.
Carilda. Y realmente yo soy una señora muy respetable, ¡Ay!, ¿qué dije? (se tapa la boca)
Amaury. No, sí lo es. Sí, Carilda, sí lo es.
Carilda. No, pero es que todo el mundo se va a disgustar.
Amaury. No, nadie se va a disgustar.
Carilda. ¿Tú crees que no?
Amaury. No, nadie se va a disgustar. La gente va a seguir con la mitología que quiera crearse sobre usted. Pero es bueno que de una vez se diga, que lo importante de usted, aparte de su belleza, aparte de su talento, de su simpatía, es su gran obra poética, que es lo que la va a trascender. Y la mitología que la gente se crea sobre los artistas, esa se va a quedar en el camino y lo que va a quedar al final, son estos poemas, son estos libros, eso es lo que va…
Carilda. …Ay, Amaury. ¡Qué generoso eres!
Amaury. No, generoso no, soy justo con usted.
Carilda. Te quiero.
Amaury. Carilda ¿Y entonces lo del tren? ¿El tren salía de dónde?
Carilda. Él tren venía de Santiago y llegaba a La Habana, aquí, pero claro, pasaba por Matanzas. Y entonces, este escritor, uruguayo, me escribía, después que se fue de Matanzas, me escribía desde allá. Pero él quería que llegaran las cosas tan pronto que iba al último vagón del tren. Ya me lo había advertido por teléfono: por la mañana me decía: Carilda, ahora voy a escribirte un mensaje en la pared del vagón último del tren, bueno, yo iba por la noche cuando llegaba el tren a Matanzas a ver aquello, a leer aquello. ¡Qué lindas cosas escribía!
Amaury. Por eso ahí empiezan las historias.
Carilda. Y ahí empiezan las historias de Carilda ¿comprende?
Amaury. Claro
Carilda. Que después de todo son historias muy lindas y no hay por qué renunciar a ellas.
Amaury. Pero mire, yo le voy a decir algo. El pueblo cubano, el lector cubano y más que el lector cubano, incluso, el que no la ha leído -que se está perdiendo una de las maravillas del mundo- la quiere a usted, usted es amada. Usted es amada por todo el mundo.
Carilda. No, porque amo, porque amo al pueblo.
Amaury. Claro, porque eso va y viene, eso es un efecto de ida y vuelta.
Ahora, yo quiero, Carilda, porque ya el programa lo estamos terminando. Mire, usted me trajo hoy de regalo la última edición de Al sur de mi garganta, es esta.
Carilda. 60 años cumplió el año pasado.
Amaury. Con una dedicatoria que es para mi corazón, yo no voy a leer lo que dice, que es muy emocionante y ya yo tengo hace rato los ojos aguados. Pero es que yo traje para que Carilda me firmara…
Carilda. …¡Ay, chico!…
Amaury. …La edición Príncipe…
Carilda. …Eso me emocionó…
Amaury. …De Al sur de mi garganta…
Carilda. Porque nadie la tiene, porque se hicieron 300 ejemplares. Imagínense, en el año 49.
Amaury. Claro, del 49 y esto se lo regala a mi tío Raúl y por supuesto a mi tía María Luisa también, Pascualito, un amigo, el 11 de marzo de 1950. Y aquí está con las ilustraciones. ¿Cuántos libros se hicieron de esta edición?
Carilda. 300 nada más. Esto lo pagó mi padre. Entonces no había editoriales.
Amaury. ¡Fíjese que es propiedad del autor!.
Carilda. Y tuve la suerte de que con ese librito gané el premio.
Amaury. Entonces usted me va a hacer el favor de poner su nombre aquí. Y después, porque estamos en televisión, me pone una cosita más, porque eso es un tesoro de la biblioteca nuestra, de mi esposa y mía. Un programa bien emotivo y bien difícil. Esto no se puede creer.
Carilda. Es que tú no habías nacido cuando el libro se publicó.
Amaury. ¡Claro que no había nacido!.
Carilda. Ah, imagínate.
Amaury. Pero ya había nacido usted, había nacido su poesía y a lo mejor, quién sabe si yo nací de algún poema de estos. Entonces, ahora va a terminar el programa usted. Yo antes le voy a agradecer su gentileza, su viaje, el suyo y el de sus compañeros que la han traído. Ha sido un programa muy especial. Es además el programa con el que estamos comenzando este año 2011, es el primer programa de enero de 2011.
Todavía hay una grata temperatura afuera, hemos acabado de pasar las Navidades…, yo quiero que usted me lea este poema que es uno de los poemas que más me gusta suyo, y que de esa manera despida el programa y le agradezco señora, su poesía, su talante, su genio, su gentileza, su belleza. Su amor a Cuba, su amor a la Patria.
Carilda. Gracias, la agradecida soy yo. Gracias.

Adiós locura de mis treinta años,
Besado en julio bajo luna llena,
Al tiempo de la herida y la azucena
Adiós mi venda de taparme daños.
Adiós mi excusa, mi desorden bello,
mi alarma tierna, mi ignorante fruta
Estrella transitoria que se enluta,
Esperanza de todo por mi cuello.
Adiós muchacho de la cita corta,
Adiós pequeña ayuda de mi aorta,
Tristísimo juguete violentado
Adiós verde placer, falso delito
Adiós sin una queja, sin un grito
Adiós mi sueño nunca abandonado.

Amaury. Gracias, Carilda, muchas gracias por existir. Nos veremos pronto.
Carilda. Gracias.
Petí arregla el vestido de la poeta y Solís verifica que el micrófono permita escuchar con nitidez la voz de Carilda. El programa está por comenzar.
Carilda Oliver y Amaury Pérez en el programa “Con 2 que se quieran”. Foto: Petí
Carilda Oliver frente el espejo. Foto: Petí
Carilda Oliver en el programa “Con 2 que se quieran”. Foto: Petí
Carilda Oliver en el programa “Con 2 que se quieran”. Foto: Petí
Carilda Oliver y Amaury Pérez en el programa “Con 2 que se quieran”. Foto: Petí
Carilda Oliver en el programa “Con 2 que se quieran”. Foto: Petí
Carilda Oliver y Amaury Pérez en el programa “Con 2 que se quieran”. Foto: Petí
Carilda Oliver y Amaury Pérez en el programa “Con 2 que se quieran”. Foto: Petí
Carilda Oliver junto al colectivo de realización del programa “Con 2 que se quieran”. Foto: Petí
Amaury despide a Carilda a la entrada de los estudios Abdala. Foto: Petí

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Canto a Carilda (+ Video)

  Foto: Juvenal Balán

Ella no quería para sí el destino de quienes deben llevarse un poco de tierra, como amuleto para recordar. Ella no quería guardarse ningún poco de Cuba. Anhelaba la patria toda sobre su tumba, enraizarse en su suelo, permanecer en la sustancia poética de la que era para siempre su orilla.
Y lo logró, porque Carilda Oliver Labra es –inobjetablemente, y en los primeros cien años de su nacimiento– esencia de la Isla. No solo sus letras, que la sitúan como voz imprescindible de la literatura hispanoamericana, sino también su personalidad, dicen de lo cubano como tejido espiritual y como actitud.
Carilda escribió y fue con fiereza y valentía. Sus poemas van de lo sublime a la desfachatez, siempre desde la emoción como suprema prueba de que se vive. De allá, por el sur de la garganta, le brotaba la naturalidad; por eso es una gran poeta, porque no hay mayor antagonista de la poesía que la impostura.
Con sus versos se dolió de la sangre que la tiranía batistiana derramaba sin vergüenzas, y supo demostrar cuánto alumbraban los huesos de los muertos; y también con palabras lloró cuando se le perdió un hombre, y para conjurarlo escribió un libro capital sobre el amor, la pérdida y el duelo.
En Calzada de Tirry 81 resistió todos los embates y siguió hablando por y para un país que se le colaba por las venas, y en el que fue entrelazándose suavemente, como un mito sustentado sobre las verdades del arte genuino.
Hay que adentrarse en sus libros para hallar, además de los estremecimientos del desorden, los de la identidad, la condición femenina y humana, el patriotismo… A Matanzas, porque le debía la vida, quiso y pudo deberle la muerte; y, desde entonces, quedan pendientes muchos cantos a Carilda, para pagar la infinita deuda con su maravilla.
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El siglo de sus luces (+Video)

Ella vino al mundo para escribirle al amor. Este parece ser el mejor halago a la poetisa matancera, entre otros muchos que recibió durante su larga existencia.  
Compite inclusive con aquel venido del mismísimo novelista Ernest Hemingway, al celebrar el color de sus ojos, una galantería que debió durarle para toda la vida a la joven que ya había publicado su premiado volumen Al sur de mi garganta.
Ocurrió el 15 de febrero de 1957 en una fugaz estancia del célebre novelista en la rada yumurina, ocasión en la que Carilda Oliver Labra fue designada para entregarle la llave de la ciudad al ilustre escritor.
Tras terminar su «discursito» en inglés, a modo de bienvenida, el escritor estadounidense le dijo en perfecto español: «Nena, para abrirme el corazón no necesitabas esa llavecita», frase que desató todo un rosario de insinuaciones y rumores públicos.
Al efímero encuentro le atribuyen historias increíbles, como que duró nueve horas y que Hemingway, al estilo de un galán de Hollywood, en medio de un abrazo, la levantó en peso y con ¿galantería y respeto? la metió en una lancha para realizar una vueltecita por la bahía.
Carilda siempre se las arregló para esquivar el propósito de algunos investigadores de construir los pormenores del episodio, y de ese modo, pudo defender el secreto de uno de los más novelescos incidentes de su vida.  
Hoy se cumple un siglo del nacimiento de Carilda, poetisa con una obra imperecedera, de más de 40 volúmenes, entre ellos Al Sur de mi garganta y el poema Me desordeno, amor, me desordeno, algo así como su sello de presentación, y una prueba indiscutible de su irreverencia hacia los convencionalismos sociales.
También son muy conocidas algunas de sus obras épicas, como el Canto a Fidel, y Conversación con Abel Santamaría. Otros muchos hechos patrióticos conmovieron su pluma, y ahí están para confirmarlo los sucesos del Goicuría, y los asesinatos de Julián Alemán, Frank País, Franklin Gómez, Miguel Sandarán y José Antonio Echeverría.
Como ocurre con otros grandes de la literatura universal, su obra y su larga vida tocan los bordes de la imaginación y el mito, razón por la cual no pocas personas, sobre todo jóvenes, buscaban a esta mujer cuyos «versos defienden el erotismo, la sensualidad, la feminidad y la libertad de elegir».
«Me achacan más romances de los que en verdad tuve», dijo alguna vez al referirse a las exageraciones, pero sin precisar nada para no detener la fábula. Después de todo, ella gozaba con las cosas que se decían de su existencia, las ciertas y las inventadas.
Entre otras «extravagancias», esta creadora solía trabajar en el horario de la madrugada, rodeada de decenas de gatos, y en la placidez del silencio, en su casona de la Calzada de Tirry, en la ciudad de Matanzas.
Supo sobrellevar su larga vida, sin oropeles ni presunciones («ni señorita ni doctora», sentenció alguna vez), una mujer que saltó por encima de los convencionalismos de la época, algo que quizá, inclusive en los tiempos que corren, muchos quisieran imitar.
A Carilda, fiel al Comandante en Jefe Fidel Castro, Premio Nacional de Literatura y una de las voces líricas más importantes de Hispanoamérica, se le evoca con particular elocuencia por estos días, en que llega, aunque haya partido a la eternidad, a sus primeros cien años.
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Carilda (+ Video)

Carilda. Foto: Ahmed Velázquez
Ya yo tenía la contraseña; eran tres toques, pausa, y después dos más. Si no, ella no abría el portón de Tirry 81. Los años 70 fueron duros para ella y para muchos intelectuales y artistas. Eso es pan comido, y pan agrio. Pero ante el muro inmenso de incomprensiones, la única salvación era vivir el pedazo de vida que te tocaba. Ni ella ni yo nos sumimos en la viscosa tristeza. Carilda venía de vuelta de muchos agravios, de prejuicios y desdenes por el modo transgresor en que decidió erguirse ante el mundo provinciano.
Decidimos reunirnos y visitarle. Éramos un grupo bizarro, había aventura en nosotros. El trencito de Hershey salía de La Habana en la mañana y llegaba a Matanzas en horas de la tarde. Éramos pocos, ni tan felices, ni totalmente desgraciados. Pero éramos y la amábamos porque ella era un ángel lascivo, y una gran poetisa. Su tiempo era el de nuestra juventud. Y no íbamos a dejar que nos la escamotearan.
Ella es Tirry 81 y su nombre es ya un epónimo. Ella no tuvo opulentos padrinos porque fue bautizada en el río San Juan por la Macorina y Papá Montero. Ella es Carilda porque nadie más puede llamarse Carilda. Y a ella la íbamos a visitar en tardes que se prolongaban y madrugadas con té de caña santa porque no alcanzaba el café. Yo no sé qué es la bohemia de los libros, la de Toulouse-Lautrec o Amedeo Modigliani en el Montmartre de fines del XIX. Pero la de Tirry 81 la conocí, la palpé, la abracé y no la cambio por ninguna otra. Una bohemia que ella disfrutaba con su joven marido Félix, el tenor que coleccionaba dagas, espadas y collares artesanales, que amaba como ella a las decenas de gatos de la casa y a otro tenor, el canario Caruso, de plumas amarillentas y trinos insoportables. La madre de Félix, Mariita, hacía el té y nos contaba historias alucinantes. Ella podía ver la televisión a color cuando solo existía en blanco y negro. Y conversaba con Chopin y con la Virgen María, que eran sus almas protectoras. Carilda y yo leíamos nuestros poemas, mientras Ramiro Guerra, en un patio de helechos y diefembaquia, hacía solos de zarabandas hasta el amanecer. En esos festines matanceros se disipaban los males del espíritu, y respirábamos un aire limpio que nos servía de aliento para regresar a La Habana al día siguiente en el tren de Hershey.
Carilda es la multiplicación de su propio ser porque a nada puede igualarse. Ella abrió las puertas a la poesía neorromántica cubana de la mano de Emilio Ballagas y de José Ángel Buesa. Y fue la novia de todos. Y escribió en el bufete sus poemas políticos con un lirismo devastador. Ella es un viento impúdico, aciclonado. Ella ha vivido en carne y hueso la poesía. Ella es inclasificable, pólvora y amianto, a desvergüenza y dentellada, jugando a no perder la luz en el último tute. Ella se rinde a diario a ella misma, a nadie más. Ella, ninfa del trauma, profesional del fósforo, maldita, bendita, hermosa como un tulipán, graciosa como un tomeguín, escandalosa como un petardo en medio de una sacristía, como su leyenda a la que se ha rendido con enhiesta liviandad y pudor cómplice.
Ella no es explicable ni en la exégesis, ni en el discernimiento. Ella es coloquial, surrealista, modernista y futurista, eso sí, y vanguardista. Pudieron haberla asesinado con elogios banales y adjetivos edulcorados, pero ella no se dejó vencer. Supo separar la paja del grano. Y salió invicta como Safo, como Gertrudis Gómez, como Luisa Pérez de Zambrana, como Fina García-Marruz.
Ella es la expresión desenfadada y profusa de todas las quimeras soñadas por las mujeres de su época. Es la cúspide de una radiante floración de poetisas que quedaron en el camino porque cogieron por la vereda y se vistieron a la moda. Y fueron devoradas por su propio hastío, mientras ella escribía poemas al sur de su garganta. Ella es un ángel lascivo y un teorema social. Ella es un diablillo azafranado, un ave Fénix que ha resucitado de sus cenizas.
Ella es un jirón de la tierra, la de su abuela y la de ella, que es Cuba, y es el Nirvana y el Zen, junto a Zenea y a Plácido, a Heredia y a Milanés.
Carilda, estamos aquí porque tú nos acompañas a diario en esa ficción que es el tiempo. Tú no has muerto. No nos pidas un espacio para estar junto a ti. Tú eres el espacio profundo, insondable, donde tantos quisieran estar. Tú eres el tiempo inmarcesible de nuestra juventud.
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Carilda, y el pecado de releer (+ Video)

En la vida de toda persona lectora llega, más tarde o más temprano, un dilema existencial: releer o no releer. La conciencia abrumadora de que el tiempo no alcanzará supone decidir: conquistar nuevos títulos o volver sobre aquellos que ya una vez se disfrutaron.
La decisión depende de muchos factores y cada cual la toma a su manera, en un sentido u otro, y mezclándolos. Releer, no obstante, es siempre un placer y una sorpresa, más aún si pasaron varios años de la primera conversación con el texto. Nunca somos iguales y, por tanto, las palabras no lo serán tampoco.
Quizá en ningún otro género literario como en la poesía se advierte ese modo en que un libro que leímos nos habla de diferente manera, según sean para entonces nuestros dolores, alegrías o descubrimientos existenciales.
En un reencuentro con Carilda Oliver Labra (Matanzas, 1922 -2018), a través de la antología Una mujer escribe (Ediciones Matanzas, 2012) añadí nuevos subrayados, me estremecí por poemas que habían pasado desapercibidos para mí antes, y confirmé que es ella (Premio Nacional de Literatura, 1997) una voz imprescindible de la lírica en Hispanoamérica.
Próximo está (6 de julio) el centenario del natalicio de Carilda, esa mujer que vivió con «un hambre de todo, casi fiera»; y se impone volver a su obra, para hacerle justicia, y desterrar tanta visión reduccionista que la circunscribe al erotismo como si fuese tacha.
Carilda, a quien los críticos enmarcan, por razones estilísticas, dentro de la Generación del 50, es una poeta-puente entre el neorromanticismo y el coloquialismo; sus textos, donde lo vivencial y lo íntimo son centrales, muestran un dominio de lo poético que no se puede aprender ni fingir.
«¡Qué bueno es abrazar todo el planeta / En Calzada de Tirry ochenta y uno!», escribía; y también: «Hablo con todos». Desde esa tierra que quería toda sobre su tumba, desde ese deseo de totalidad, versó sobre los dolores más hondos: el hijo que apenas abultó el vestido; el duelo por el esposo muerto; la emigración de los seres queridos…
Carilda decidió por Cuba, decía que «es más huérfano el ausente» y se declaraba maravillada por el «misterio del hombre que se quema / para volverse el pan que necesitan otros».  De su veneración por quienes saben darse, habla un poema tan rotundo como Conversación con Abel Santamaría: «Aquí convoco / tu córnea interminable / persiguiendo el mal con una lágrima, / la pupila / oráculo de tu hermana, / rebelde, / pariendo luz dentro del polvo».
Carilda siempre buscó la libertad, «como una enferma», y ello le ganó el ostracismo; hubo quien quiso ver enajenación en versos como: «No habléis tanto de cohetes atómicos, / que sucede una cosa terrible: / he besado poco».  «Nunca podrán quitarme el ala con que sueño», respondió ella, y no dejó de creer en los partos de la tierra.
«¿A mí qué me dicen los pesimistas, / los mentirosos? /… Yo los exprimiré uno a uno, / dura y libre, / hasta que sea la esperanza». Y fue.
Carilda se hizo mito y no desesperó ante ese hecho; con una sonrisa pícara asumió la estela de mujer fatal, endilgada por una sociedad no habituada a que ellas ansíen «esa salud colérica / con que nos mata el hambre de otro cuerpo»; y menos que escriban que hubo hombres que le sirvieron de verano.
El erotismo, que es solo una parte de su obra, y que es tan frecuente y poco señalado en los poetas hombres, lejos de disminuirla, la agranda. Pequemos con Carilda, releyéndola, y poniendo en boca de mujer, versos tremendos:
«Mañana volverá nuestra emboscada / de besos milenarios y futuros. / Mañana –pienso– y se me vuelven puros / los vicios de esta carne enamorada. (…) Mañana bajo nubes, bajo hierros, / nos amaremos desusadamente / como profundos astros, como perros».
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Para todo un siglo, un Festival de Poesía (+ Video)

A los centenarios de Carilda Oliver Labra, Jesús Orta Ruiz (El Indio Naborí), y de los libros Trilce, de César Vallejo, y Tierra Valdía, de T.S. Eliot, rinde homenaje el Festival Internacional de Poesía de La Habana y su Mitin Poético Virtual, que se celebra desde el 23 y hasta el 28 de este mes, con la combinación de los formatos presencial y virtual.

Foto: Tomada de Prensa Latina

La cita incluye un concierto único del compositor Roberto Valera y la cantante lírica Bárbara Llanes, la entrega de reconocimientos, lecturas, presentaciones de libros, intervenciones, y los espacios habituales Palabras del mundo, CubaPoesía Itinerante, Verso amigo, y el proyecto Ismaelillo para la promoción de la lectura entre los estudiantes.
El espacio Laboratorio de Escrituras dedica una sesión a la trascendencia de Trilce y Tierra baldía. Por otra parte, el Encuentro de Poetas en defensa de la humanidad, realizado hoy martes 24, a las 10:00 a.m. en la Casa del Alba Cultural, estará dedicado a la misión de los intelectuales ante los desafíos del mundo de hoy.
Con la Presidencia de Honor de Nancy Morejón, premio nacional de Literatura, y organizado por el Centro Cultural CubaPoesía, el festival cuenta, además, con el auspicio del Instituto Cubano del Libro, la Asociación de Escritores de la Uneac y el Ministerio de Cultura.
Alimento para el espíritu supone la vigésimo octava edición de este Festival. Aliciente para el alma esa pizca que mueve al corazón humano: «Un grano de poesía sazona todo un siglo», dijo el Apóstol.
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El elogio oportuno para Carilda Oliver Labra

El 26 de mayo, a las tres de la tarde, en la Librería Fayad Jamís, en el Centro Histórico de La Habana, el espacio El elogio oportuno estará dedicado al centenario del natalicio de la poeta Carilda Oliver Labra, Premio Nacional de Literatura.
Con la conducción del periodista y crítico literario Fernando Rodríguez Sosa, en el encuentro participarán los poetas Nancy Morejón, Premio Nacional de Literatura; Virgilio López Lemus, e Israel Domínguez y la intérprete y compositora Yenisey del Castillo, quien interpretará poemas musicalizados de Carilda Oliver Labra, informó la ACN. 
Carilda es autora, entre otros libros, de los poemarios Al sur de mi garganta, Se me ha perdido un hombre, Memoria de la fiebre y Discurso de Eva; así como de los cuadernos de narrativa Con tinta de ayer y A la una de la tarde. Nació en Matanzas, en 1922, y falleció en esa propia ciudad, en el año 2018.
El elogio oportuno –que se propone homenajear a escritores, libros, hechos históricos e instituciones que arriben a aniversario cerrado– toma su nombre del aforismo martiano «el elogio oportuno fomenta el mérito; y la falta del elogio oportuno lo desanima», que apareció en las páginas del periódico Patria, en abril de 1892.

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Convocan a 30ª Feria Internacional del Libro de La Habana, 2022

Vuelve la Feria Internacional del Libro de La Habana.
La Cámara Cubana del Libro de Cuba convoca a todos los amantes del libro y la literatura a la 30ª Feria Internacional del Libro de La Habana, a celebrarse del 10 al 20 de febrero de 2022, nuevamente bajo el lema “Leer es crecer”, en su habitual sede del Parque Histórico Militar San Carlos de La Cabaña y en el Centro Histórico de la ciudad de La Habana.
El evento literario rendirá homenaje al centenario del natalicio de Carilda Oliver Labra y Jesús Orta Ruiz (el Indio Naborí) y estará dedicada a los ciento cuarenta años de la publicación del poemario Ismaelillo, de José Martí y de la novela Cecilia Valdés o La Loma del Ángel, de Cirilo Villaverde.
En esta ocasión, la fiesta del libro recibirá a los Estados Unidos Mexicanos como invitado de honor, oportunidad de acercarnos a la cultura de la hermana nación a través de su literatura.
Como cada año, el acontecimiento más trascendente del sector editorial cubano, escenario para el contacto con la literatura y sus autores se convierte, además, en un espacio para el disfrute inigualable de la familia cubana durante el segundo mes de cada año.
Tanto autores, editores, traductores, diseñadores, ilustradores, distribuidores y público en general podrán disfrutar de una plaza diseñado para la exhibición, negociación, comercialización y promoción de la literatura cubana y extranjera.
(Con información de Claustrofobias) 

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Hacer el amor con las palabras, antes que con el cuerpo ( + Podcast)

Ilustración: Linette Mileidy Cuza Bernal / Cubadebate.
Te mando ahora a que lo olvides todo:aquel seno de nata y de ternura,aquel seno empinándose de un modo…Carilda Oliver

Este texto no es para nada intenso, ni mucho menos cursi. ¿Acaso leer poesía lo es? Pero yo no tengo tanta autoridad para responder eso. No he escrito un poema en mi vida. Mario Benedetti sí, escribió cientos, de todo un poco: “No creo que sea inevitable caer en la cursilería para el que escribe un poema. Es posible que muchos tengan ese defecto. Pero no se podrían dejar de escribir poemas de amor nada más por el temor de que algo salga cursi”, dijo alguna vez.
Aunque él también se censuró y los escribió: “En ese caso no los he publicado. La poesía no tiene por qué serlo. Si alguna vez me sale algo que me parece cursi, lo elimino”. Aquí no estamos en contra de la cursilería. Seguro en algún momento de sus vidas ustedes lo han sido. No me mientan, no se hagan los dur@s. Pero, un poco de límite, todo en exceso es malo.
Pero si le hablo de erotismo, de locura poética, de desnudez en los versos, de descubrir cuerpos y sensaciones, las alarmas se prenden. Si volvemos al desorden de Carilda Oliver, o viajamos al siglo XIX y descubrimos a Delmira Agustini, Alfonsina Storni y Juana de Ibarbourou sabrá el poder que adquieren los versos.
“A mí nadie me ha enseñado a vivir, mucha gente me ha enseñado a morir, pero no lo han logrado”, cuenta Carilda en una de sus entrevistas. Tal vez por eso hizo lo que le dio la gana, se casó con quien quiso, “tuvo los amores que quiso y escribió los poemas eróticos más osados”, apuntó su amigo Miguel Barnet.

Entre mis piernas el asediotu lenguabusca la profundidad del campocuando inicias el movimiento.Sahilí Cristiá Lara /SCL

De la transgresora que fue Carilda no hablaremos aquí. No en este momento. Pero la usé porque esta poetisa es una de las referencias de nuestra protagonista de hoy en Cuba Joven, que además de escribir poesías con mucho esmero, es socióloga, demógrafa y tiene diversos reconocimientos en concursos y festivales, tanto nacionales como internacionales.
Sahilí Cristiá Lara es camagüeyana, feminista y la promotora de “Errática e impúdica”. Dicen sus biografías que en sus versos aborda temas de corte social, íntimos, eróticos, psicológicos y expone cuestiones vinculadas a la mujer. Una tipa romántica, con sus amores, desamores y soledad en compañía: “Siento que a través de mis escritos reflejo la vida de las mujeres, y ¿por qué no?, de esas tantas mujeres que nos habitan”, ha expresado sobre su obra. Puedo confirmar que es todo eso y mucho más.

Tu lengua es un artificio maravillosoque logra hacerme olvidarel encanto de imaginarme erráticae impúdicaSCL

¿Por qué el erotismo?
“Entiendo el erotismo como una parte permanente y presente día a día en mi vida. Creo que el erotismo va desde el simple acto de beber una taza de café después del sexo o hacer el amor, cada cual lo dirá a su manera. Lo considero la búsqueda de uno mismo con los demás, esa búsqueda interna en la que te vas cuestionando quién eres, qué quieres, qué te gusta, qué te deleita, ¿un vino? ¿un café?”.
“Ese erotismo que va en la palabra, en la forma de decir ¡buenos días!, en la forma de dar ese beso antes de dormir, ya sea en la boca o en la frente. Erotismo que no tiene que ser vulgar, porque vulgar en la poesía depende de quién lo lea. Tal vez para un lector el que se diga pene es vulgar, pero no creo en palabras vulgares en la poesía, siempre que se haga un adecuado uso de ella en el escrito.
“Suele suceder que una palabra que se considera vulgar es la que hace a un lector seguidor de tu obra, e incluso facilita que el mensaje llegue adecuadamente. En mi obra siempre hay un mensaje detrás, dependerá de quién la lea y la conexión que haga. Debo admitir que me considero atraída por quién me haga el amor con las palabras, antes que con el cuerpo. Vivo el erotismo cada día. A veces, por la rutina dejamos de lado este erotismo tan precioso y hermoso que nos da ese plus fantástico al vivir día a día”.
“Prefiero la luz con que comienza el día” es el verso que más le ha marcado en toda su obra poética. “Es una frase que ubico en ese encuentro con una misma que es permanente, porque los cambios no se detienen y nuestra esencia es la que da luz a través de lo que hacemos, cuando despertamos. Por eso prefiero la luz con que comienza el día”.
Sahilí Cristiá habla como si estuviera constantemente leyendo versos. Hay una cadencia en sus palabras. Me escribe desde Haití, donde colabora con la Organización No Gubernamental (ONG) Société d’Information en Communication Sociale et Économique (SIKSE) y se desempeña como especializa en temas sociales.
Aparte de escritora, es socióloga y máster en Estudios de Población. “Considero que ambas especialidades me permiten tener una visión más amplia del entorno. Hacer uso de las herramientas metodológicas de ambas materias  influye en la forma en la cual interpreto la realidad y luego la vuelco en el papel, en la poesía o en los microrrelatos”.
Este tiempo ha sido trascendental en su vida. “Haití es un país que debe ser sentido, más que vivir/ sobrevivir en él. Sé, con toda certeza, que dará lugar a poesías que marcan un antes y un después en la mujer que soy”.
Para esta poetisa escribir es crear nuevas formas de decir e incentivar nuevas formas de hacer y actuar. “Que la poesía que escribo tiene matiz social, sí claro, es cierto. Es la vida de la mujer en su cotidianidad, en sus diferentes roles, en sus desdoblamientos, en esas tantas versiones que somos, pero con la ilusión de no perder nuestra sensualidad y vivir plenamente la sexualidad”.

Soy débil a quien abra mis puertaseyacule en mi oídolea la IlíadaSCL

“Usted lo que es una diabla”, así le dijo, jocosamente, un señor que se encontraba en el público, después de terminar una lectura de poemas en el evento Juego Florales de Santiago de Cuba en 2011. “En aquella ocasión lo único a lo que atiné fue a sonreír. No sabía en aquel entonces hasta qué punto podía ser aceptada una poesía erótica y más viniendo de una mujer con tan temprana edad. Recuerdo que el señor dijo después: Me ha encantado la forma en que escribe y lee poesía”.

Sahilí Cristiá aprovechó la pandemia para compartir videos leyendo sus textos desde su perfil de Facebook y la experiencia fue muy enriquecedora. “Recuerdo a una amiga que me dijo que le había fascinado la frase ´para pasar el tiempo fingiré que te amo´ y eso era lo que iba a hacer a partir de ahora. La relacionó con la vivencia que estaba teniendo en ese momento o se sintió muy identificada”.
Ella coincide en que la poesía erótica no tiene edad. “Siempre es una literatura que invita a leer y a saber más”. Y también a descubrirse.
Cristiá escribe su poemario “Errática e impúdica”. Errática e impúdica es también el título de uno de los poemas que se encuentran a lo interno de dicho texto, y probablemente el sintagma por la que muchos la conocen. “El poemario consta de dos partes. La primera contempla poesías de un corte más erótico, mientras que la segunda ya tiene elementos más sociales, pero sin perder esos toques de sensualidad y de erotismo que caracterizan mi obra y por supuesto mi vida”, dice.
Algunos de sus versos han sido publicados en revistas internacionales, como es el caso de Nocturnario, Periódico poético, Miseria 63, la revista independiente Unión José Revueltas y Pájaros y Nomenclaturas. Otros, aparecen en varias antologías.
La poetisa no quiere tampoco desligar sus mundos. “La poesía está también vinculada mucho a mi perfil docente y de investigadora. Algunos de mis escritos científicos, en este caso artículos, inician los epígrafes con versos míos. La poesía y la academia son mis dos grandes pasiones. En ellas soy yo, sin barreras, sin suprimir mi esencia”. Entonces, me pregunta: “¿Prefieres la luz con que comienza el día?” Yo no respondo. Pero espero que ustedes lo hagan.

Las piernas dan todono existen términos mediosel tiro a la diana se perfecciona…SCL

Escuche aquí, la voz y los versos de Sahilí

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Frida y Carilda, el poder de sus latidos

Frida Kahlo. Foto: Tomada de InternetImperfectas, resilientes, rebeldes, diferentes como decidieron ser en épocas de machismo desbordante, Frida Kahlo (1907-1954) y Carilda Oliver Labra (1922-2018) perpetuaron el 6 de julio como el día en que nacieron dos mujeres cuya fuerza interior y ganas de vivir bastaron para arrancarles latidos a Latinoamérica y al mundo. 
Ambas artistas, a través de su obra, desnudaron su espíritu y desarrollaron un quehacer intimista, pues la creación propia estuvo atada en todo momento a sus respectivas vidas. Cada una exaltó sus raíces: la una de México; la otra, de Cuba. 
Ellas, a quienes los amores rotos no pudieron deshojar, transmutaron su dolor en arte, sus pasiones en arte, sus miedos en arte. En los autorretratos de la mexicana apasionada por la cerveza y negada a depilarse el entrecejo y el bigote, y en la lírica de la cubana de porte altivo y ojos que se bastan para ser poema, pueden sentirse aún las vibras de existencias marcadas por angustias y ausencias, aventuras y naufragios.

Carilda Oliver Labra. Foto: Tony PiñeraCompartieron, sin sospecharlo también, el haber redimensionado las maneras de entender y vivir la realidad femenina: Frida rompiendo con las concepciones y tabúes que en ese entonces existían respecto a la sexualidad y al canon de belleza de la mujer; mientras que Carilda fue la evocación misma del erotismo, de ese misterio, del instante en que «la carne se vuelve alma», de esa salud colérica / con que nos mata el hambre de otro cuerpo.
Fueron sus propias musas. Ellas, que de amores y amantes vivieron plenas, irreverentes, polémicas y auténticas invitan a las mujeres a rebelarse contra la hipocresía que ronda al amor.  
Nadie se les semeja porque nunca fueron lo que otros esperaron, por eso pareciera que quebraron su dimensión
temporal para vivir en épocas que están por venir. Incomprendidas y atacadas por algunos, admiradas y veneradas por la mayoría, son vistas como mitos, sin embargo, Frida Kahlo y Carilda Oliver Labra tan solo fueron mujeres seguras de que la felicidad es decidir ser feliz.

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