HAVANA CLIMA

Bola de Nieve

Bola de Nieve, a 111 años de su nacimiento

MADRID, España.- “Yo soy la canción que canto; sea cual fuere su compositor. Por eso, cuando no siento profundamente una canción, prefiero no cantarla”, dijo el gran cantante, compositor y pianista Ignacio Villa, quien pasó a la historia de la música cubana como el gran Bola de Nieve.
Precisamente este sentimiento que ponía en sus interpretaciones, fue uno de los elementos que hicieron trascender a canciones como “Ay amor”, “Drumi, Mobila”, “No quiero que me olvides”, “Pero tú nunca comprenderás” y “Si me pudieras querer”.
Ignacio Jacinto Villa Fernández, uno de los músicos cubanos más carismáticos, nació el 11 de septiembre de 1911 en Guanabacoa, La Habana.
Influenciado por su madre, Ignacio Villa matriculó en el capitalino Conservatorio Mateu a los doce años. Desde entonces no abandonó la música, haciendo su debut en los años treinta en el cabaret “La Verbena”, de Marianao.
En estos primeros años trabajó como pianista acompañante en las proyecciones de películas silentes, en el cine Carral, de su ciudad natal.
Muy pronto lo descubrió la exitosa Rita Montaner y le pidió que la acompañara al piano en sus presentaciones en el hotel Sevilla de La Habana. Este encuentro con “La Única” contribuiría a catapultar su carrera.
Con Rita Montaner realizó una exitosa gira por México que le hizo alcanzar fama mundial. A partir de entonces Bola de Nieve se presentó en escenarios de Argentina, Chile, Perú, España, Francia, Dinamarca, Italia y China, entre otros.
Aunque hay diversas teorías, la mayoría de los musicólogos coinciden en que fue precisamente Rita Montaner quien le puso el apodo “Bola de Nieve”; y que en el mencionado viaje a México la cantante ordenó que escribieran en el cartel de presentación “Rita Montaner y Bola de Nieve”.
Además, compartió escenario con grandes artistas como Teddy Wilson, Lena Horne, Ary Barroso, Libertad Lamarque y Esther Borja.
En los años cincuenta ya había alcanzado relevancia tanto fuera como dentro de Cuba. La cadena radial CMQ transmitía “El show de Bola de Nieve”, un programa donde Ignacio Villa invitaba a reconocidos músicos del momento.
A partir de 1965, su actuación cada noche en el restaurante habanero “Monseñor” se convirtió en un suceso artístico que trascendió en la cultura nacional.
El 2 de octubre de 1971, mientras dormía en una escala en Ciudad de México, de un viaje que lo llevaría hasta Perú, Bola de Nieve murió de un infarto cardíaco.
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Música para Bola de Nieve: El saxofonista Michel Herrera dirige disco homenaje

Imagen: ACN.En el contexto del recién cumplido 110 aniversario del natalicio del gran Ignacio Villa, Bola de Nieve, se produce en Cuba un CD homenaje, dirigido por el joven saxofonista Michel Herrera, bajo el sello de la Empresa de Grabaciones y Ediciones Musicales (EGREM).
Rendirle homenaje a Bola ha sido un gran reto que he disfrutado mucho, es un compositor y músico que exige tener diferentes colores para poder recrear su obra en su máxima expresión, expresó Herrera.
Según nota de prensa, este disco es una idea original de Adriana Pazos, y la producción musical correrá por parte del joven saxofonista, una de las figuras más productivas del panorama musical cubano.
Una gran nómina de instrumentistas y vocalistas le dan vida al fonograma, Herrera ha contado con pianistas cubanos de diferentes generaciones: Frank Fernández, Cucurucho Valdés, Rodrigo García Ameneiros, Emilio Morales, Efrain Chivás Pacho, Aldo López Gavilán y Roberto Fonseca.
Entre los vocalistas, aparecen Polito Ibáñez, El Noro, Luna Manzanares, Beatriz Marquez, Alexander Abreu, Osiris Valdés y Paulo FG.
Asimismo, el resto del equipo reúne talentos como los de Ruly Herrera, Yandy Martínez, Arturo Cruz, Yasek Manzano, Emilio Vega y Estrellas del Areito, y como invitado especial, el ganador de varios premios Grammy, Arturo O´Farrill.
La obra de Bola es bien extensa, trabajando en su mundo sonoro pude escuchar muchos de sus temas que no son muy conocidos y descubrí que es un cronista, un excelente artista en cuanto a espectro sonoro, en cuanto a espectáculo, pero también en cuanto a recrear la música para contar historias, detalla Herrera.
En total, el disco contará con ocho temas, escogidos según el criterio del joven saxofonista, de acuerdo con la manera en que tenía musicalmente concebida esta producción.
Hay muchos temas que son de los más conocidos de la obra de Bola, y es un reto poder decir algo diferente cuando es una música que realmente ha marcado la estética de la música cubana en el mundo, porque Bola yo creo que marca una etapa importante dentro de la música y la cultura cubanas, afirmó.
Este homenaje a Bola de Nieve también rendirá tributo a los 35 años de la Asociación Hermanos Saíz (AHS), cuya primera beca de creación justamente lleva el nombre de Ignacio Villa.

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Bola de Nieve: soñando en un piano

GUANTÁNAMO, Cuba. ─ Este 2 de octubre de 2021 se cumplen 50 años de la muerte en Ciudad de México Ignacio Villa, el gran Bola de Nieve, uno de los exponentes más carismáticos de la historia musical cubana.
Todo indica que las primeras influencias musicales de Villa llegaron por su madre, Inés Fernández, amante de la rumba y de la música, sin descartar los indudables aportes de su Guanabacoa natal. Pero varios especialistas señalan que su guía principal fue la pianista cubana María Cervantes.
Oculto en bajo relieve
un negro llora en un piano,
un tomeguín en la mano
y la pechera de nieve.
A los ocho años matriculó en el Conservatorio Mateu, en La Habana, y a los doce comenzó a estudiar solfeo y teoría musical.
Su aspiración fue convertirse en doctor en Pedagogía, Filosofía y Letras. En 1927 comenzó sus estudios con ese objetivo, pero tuvo que abandonarlos para dedicarse a la música y ayudar a su familia debido a la convulsa situación política que vivía el país.
Su debut profesional se produjo en la década de los años treinta del pasado siglo con la banda de Gilberto Valdés en el cabaret “La Verbena”, de Marianao.
Rita Montaner lo conoció una de esas noches mágicas habaneras de entonces que tan bien recreara Paquito de Rivera. Entonces, quedó impactada, tanto que lo contrató como pianista acompañante para hacer una gira por México.
La unión con Montaner favoreció el éxito de Bola de Nieve, pues se vio obligado a sustituir a la mismísima diva de la canción ante 4 000 personas que colmaban la Sala Politeama de Ciudad México. Allí improvisó Tú no sabe inglé, Vito Manué, tema con texto de Nicolás Guillén y música de Eliseo Grenet. A partir de ese momento, su éxito no hizo más que crecer.
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Aunque Rita regresó a Cuba él permaneció en México actuando en solitario y llegó a compartir escenario con Ernesto Lecuona, otra gloria de la música cubana, quien lo convenció para que regresara a la Isla y mostrara aquí su gran talento.
Muchos consideran que el apodo con que resultó conocido internacionalmente es de la autoría de Rita Montaner. También aseguran que se lo puso una noche de la década de los treinta durante un espectáculo en el Hotel Sevilla, en La Habana, cuando la acompañaba al piano. Otros afirman que su autor fue el médico del barrio, Carlos Guerrero, y que los muchachos del vecindario lo atormentaban debido a su físico y le llamaban “Bola de fango” y “Bola de trapo”.
Seguramente esas burlas fortalecieron la voluntad de Ignacio Villa para salir adelante, pero lo que me resulta admirable es constatar cómo no lograron convertirlo en una persona amargada o antipática, todo lo contrario, porque Bola de Nieve es todo alegría o ternura cuando interpreta algunas de esas canciones que lo catapultaron a la fama.
Lo cierto es que el apodo se dio a conocer en público durante la  gira que hizo por México junto con “La Única”, quien ordenó que pusieran en el cartel de presentación “Rita Montaner y Bola de Nieve”.
La cercanía con Lecuona potenció la carrera de Villa, que incorporó a su repertorio temas del genial compositor cubano.
Bola de Nieve realizó giras por varios países de América Latina, Estados Unidos, Rusia, China, Corea del Sur y varios países europeos. También compartió escenarios con grandes artistas como Teddy Wilson, Lena Horne, Ary Barroso, Libertad Lamarque y Esther Borja.
En la década de los años cincuenta, Ignacio Villa era ya un artista de relevancia nacional e internacional. La cadena de radio CMQ transmitía “El show de Bola de Nieve”, un programa donde el artista invitaba a músicos nacionales y extranjeros de renombre.
Aunque era muy cauteloso en cuanto a sus opiniones políticas, el escritor cubano Reynaldo Arenas asegura en sus memorias que Bola de Nieve fue simpatizante de la dictadura castrocomunista.
A partir de 1965, y hasta cerca de la fecha de su muerte, su presencia en el restaurante “Monseñor” se convirtió en un suceso artístico de relevancia que dejó huellas en la cultura nacional.
Un negro se ha trastornado
oculto en bajo relieve.
Con pentagrama de nieve
la muerte ronda el teclado.
Murió a los sesenta años en Ciudad México, mientras dormía, en la escala de un viaje que lo llevaría hasta Perú. Allí iba a participar en un homenaje a su amiga Chabuca Granda, la autora de La flor de la canela, otra canción que nadie ha interpretado como Bola.
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En una oportunidad declaró que no era un cantante, sino alguien que se apropiaba de las canciones cuando las sentía. Consideraba tener voz de pregonero y aseguró que si hubiera tenido buena voz habría cantado ópera.
Leyendo tales declaraciones pienso cuánta humildad guardan las almas grandes y nobles, como indudablemente fue la de Bola de Nieve.
Para mí ─que no tuve la suerte de verlo actuar en vivo─ el día cambia si desde los entresijos de la rutina se escapa hasta mis oídos su inigualable voz cantando Drume negrito, Mamá Inés o algunos otros de sus resonantes éxitos. Un aparte para su interpretación de ese tema antológico que es Ay amor, y que sólo él sabe interpretarlo de esa forma mágica, en una mixtura de tristeza, amor y esperanza. Siempre me pregunto cómo alguien pudo transmitir tanto con una voz que no fue hermosa, aunque sí una de las más sensibles y originales que he escuchado.
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Con Bola de Nieve me pasa como con otros cantantes, actores y escritores que no dejan de acompañarme en ese imaginario que todos conformamos con seres escogidos debido a resonancias inexplicables. Por eso también he compartido fragmentos del poema Variaciones, que el poeta cienfueguero Jesús Fuentes Guerra dedicara al ilustre artista cubano y que cierra de esta manera:
Con tomeguín en la mano
oculto en bajo relieve,
un negro, Bola de Nieve,
un negro sueña en un piano.
En este nuevo aniversario de su muerte, como asegura el poeta, Bola de Nieve sigue soñando frente a un piano inevitable que no es otro que el de la nostalgia.
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Bola de Nieve en Nueva York

Café Society era un sitio peculiar en Greenwich Village, tanto como su dueño y fundador, Barney Josephson, conocido por su incondicional preferencia por el jazz y los night-clubes y teatros donde se presentan músicos y cantantes afroamericanos. Mientras atendía su negocio en el comercio de calzado, Barney se vuelve asiduo al Cotton Club fascinado con Duke Ellington y Ethel Waters, a tal punto que termina por seguir el consejo de su hermano: dejar su trabajo en New Jersey mudarse a Nueva York en pos de su sueño de abrir un club nocturno con características radicalmente diferentes. En un edificio de Sheridan Square, donde confluyen la West 4th Street y Washington Place, encontró un espacio lo suficientemente barato como para abrir el primer night-club con total integración racial en Nueva York: Café Society, nombre elegido por un motivado Josephson para ironizar frente a la alta sociedad que en los años 20 había asumido ese nombre como identificación grupal. Corría 1938 y los años sucesivos verían crecer el perfil y el prestigio de Café Society dentro de la comunidad artística e intelectual afroamericana y su orientación ecuménica e inclusiva en tiempos de fuertes escisiones raciales en numerosas zonas de Estados Unidos. Fue tal el éxito que decidió abrir su réplica, tras lo cual serían conocidos, el original como Cafe Society Downtown y el segundo: Cafe Society UptownCuando Bola de Nieve llega a Café Society Downtown, ya el sitio estaba, sin saberlo, haciendo historia: allí Billie Holiday estrenó Strange Fruit, al finalizar una actuación de la que la audiencia solo se recuperó cuando se percató de la enormidad de aquel tema que acababan de escuchar y ante el cual se rindieron inundando la sala de aplausos. Desde el club nocturno de Josephson fueron lanzadas las carreras de Lena Horne y Sarah Vaughan, entre otros, gracias al cazatalentos que habitaba en John Hammond I, una suerte de asesor musical del singular espacio que consiguió crear y mantener un sello propio y  un aire de cierto glamour, sobre todo por las figuras que, una tras otra, lograba presentar:  Art Tatum, Teddy Wilson, Hazel Scott… Grandes músicos como Duke Ellington, Miles Davis, Count Basie, Ella Fitzgerald, Nat King Cole, Mary Lou Williams fueron bienvenidos durante los 10 años que se mantuvo abierto Café Society. Foto: Ernesto FernándezBola venía de una triunfal gira por España integrando la compañía de Conchita Piquer y antes de llegar a La Habana, va a Nueva York invitado por Ernesto Lecuona para presentarse junto a su compañía el 20 de noviembre de 1948 en el prestigioso Carnegie Hall. Canta Drumi mobila y Bito Manué tú no sabe inglé, en medio de la emoción que le provocó la ovación del público antes de comenzar a cantar, el mismo público que le hizo salir nueve veces a escena, según contó él mismo. La repercusión de su presencia en Nueva York debió motivar el interés de Hammond y Josephson, quienes le contratan para presentarse en Café Society inicialmente para siete días de actuaciones, que luego, ante el asombro y el éxito del cubano, se extendió por siete semanas. Con Be Careful, It’s my Heart, de Irving Berlin; Les feuilles mortes, con música de Joseph Kosma y letra de Jacques Prévert; y la samba Faixa de cetim, de Ary Barroso, Bola consigue asombrar al público del Café Society, conocedor donde los haya y acostumbrado a una calidad y una entrega sin concesiones.El gran compositor cubano Harold Gramatges, quien por esas fechas estudiaba en Nueva York con el compositor norteamericano Aaron Copland, coincidió en esa ciudad con Bola de Nieve y pudo verlo en la escena del Café Society. Así lo contó al investigador y ensayista Ramón Fajardo Estrada: “Bola se presentó en un lugar de suma exclusividad en los aspectos social, económico y artístico: el Café Society, sitio bastante inaccesible para personas como yo, un simple joven estudiante. Pero dada mi ya iniciada amistad con Bola en La Habana, tuve la oportunidad de entrar a través de la llamada “puerta de los artistas” y disfrutar de la actuación de mi paisano, la cual deslumbró al público con su capacidad para rodear cualquier pieza musical de un original ambiente sonoro. Según me contaron, pues no estuve presente esa noche, hay una anécdota interesante en ocasión de las actuaciones suyas en el Society, sobre todo por su otro protagonista: Paul Robeson, quien tras escucharlo se emocionó mucho, le dijo que nunca antes un cantante lo había conmovido tanto y, en honor a Bola de Nieve, cantó una serie de spirituals. Se me ocurre pensar cómo la sensibilidad del famoso bajo norteamericano pudo captar el peculiar arte de su colega cubano, que —sin una voz capaz de emitir música propiamente— transmitía una increíble carga de emociones. Eso confirma lo que en realidad fue la labor escénica de Bola de Nieve: una forma de expresión, de sensibilidad, de calidad espiritual.”1El cubano del piano virtuoso y la voz breve y rasgada fue todo un éxito en Nueva York, al punto de provocar que la exigente revista Variety —dedicada al espectáculo— publicara una crítica sumamente positiva sobre sus noches en el Society:  “Bola de Nieve canta tan bien en español, inglés, francés y portugués, que una vez que se adapte a nosotros, es el artista indicado para cualquier club nocturno.” 2Pero hubo más, en otro importante medio, en la revista Billboard del 5 de febrero de 1949, el columnista Leon More escribía: “Si una actuación en un club nocturno puede calificarse de hermosa, Bola, el pianista y estilista de canciones encaja en ella. Su actuación es satisfactoria sin ser sensacional y si bien su nombre no es suficiente para atraer a los clientes, una vez que lleguen allí se sorprenderán gratamente. Bola canta en español, inglés y francés. Asume sus números con dignidad y llama la atención la divertida manera en que consigue expresarse.  Su interpretación de “Be Careful,  It’s My Heart” realmente hizo que pareciera algo tan fino como un trozo de porcelana al punto de temer que su propio canto fuera a hacerlo añicos. Otra propuesta inusual fue “Give My Love”, cantada en francés. Al piano, Bola es más que adecuado, salvo por esa tendencia de comenzar cada número con extensos floreos y grandilocuencias que dan la falsa percepción de una situación cercana al clímax.”3Si no olvidamos que esto transcurría tan temprano como en 1949, convendremos que estaban aún por venir muchos años gloriosos en la carrera musical del inimitable y asombroso pianoman. La visita de 1949, sin embargo, no era la primera de Bola de Nieve a los Estados Unidos: en la década de los treinta había trabajado como pianista acompañante del Tenor de las Américas, Pedro Vargas, con quien realiza una breve gira por los estados norteamericanos del sur. En 1947, en tránsito hacia España, se presenta en Radio City, en un programa transmitido por la National Broadcasting Company (NBC), y al parecer es en esta ocasión en que se realizan unas raras y poco conocidas grabaciones, algunas de ellas bajo el nombre de Bola de Nieve Sextet —con acompañamiento rítmico—, producidas por el puertorriqueño Gabriel Oller, para su recién creado sello Coda. Dos standards norteamericanos —As Time Goes By y Stardust;  Andalucía— el clásico de Ernesto Lecuona que en Estados Unidos se conoce como The Breeze and I, Si me pudieras querer (If You Could Love Me) y Tú me has de querer, ambas del propio Bola, Malagueña, Danza lucumí y La comparsa, también de Lecuona, y la canción francesa J’attendrai, son los temas que el gran Bola registra durante su breve, pero fructífera estancia en Nueva York en 1947. Por alguna razón desconocida, el productor decidió grabar estos nueve temas en versiones instrumentales, prescindiendo de la singular voz que complementa el arte del genial cubano.4 Estas grabaciones nunca han sido reeditadas, pero constituyen uno de los momentos singulares en la discografía del gran músico cubano. Bola de Nieve y Ernesto Lecuona. Foto: Radio Gladys Palmera.Vendrían después nuevas actuaciones de Bola de Nieve en los Estados Unidos, pero las que tuvieron lugar en los años cuarenta marcan el vínculo del gran pianista y diseur cubano con nombres míticos en la historia del jazz y su incidencia en escenarios que, como el Café Society, están indisolublemente ligados al desarrollo de este género. En todo caso, y sin ser un jazzista, los artistas afroamericanos reconocieron en Bola las similitudes entre su arte expresivo y el jazz: autenticidad, el virtuosismo ante el instrumento o a través de la voz, extroversión, el reto de la creatividad originada a partir de lo autóctono y ancestral, en perfecta armonía con el manejo de una vasta cultura e información, una vocación  cosmopolita y citadina —eso que Pablo Armando Fernández definiera como “su sensibilidad urbana”— y una camaleónica capacidad para asumir cualquier género, estilo o modo de expresión que le fuera lo suficientemente auténtico como para poder ser él, sin cortapisas ni afeites, dominándolos, haciéndolos suyos.PublicidadEl paso triunfal por los escenarios de Nueva York y de Madrid, Barcelona, México, Buenos Aires, Río de Janeiro, y otras ciudades que ya había visitado antes de terminar el decenio de los cuarenta, aportó, sin dudas a Ignacio Villa, el gran Bola de Nieve, la seguridad suficiente para no sólo perfilar la entrega sino también ahondar en el disfrute de un arte que era suyo, pero con vocación de compartir sentimientos y expresiones que van desde lo autóctono a lo universal. Ante tanta contundencia evidente, cualquier intento de minimizar su grandeza y de culpar a su voz de las carencias en las que nunca vio obstáculos, encontró en Bola de Nieve el sarcasmo certero por respuesta: “Mi voz es muy mala. Por eso odio los micrófonos: porque la amplían.”  En España, cuando actuaba con la Piquer, y a punto de salir al escenario del teatro Lara, fue aún más rotundo cuando el conocido y exigente crítico teatral Felipe Sassone le preguntó: “¿De qué tiene usted voz? ¿De tenor, de barítono, o de bajo?” Bola, sin inmutarse, le espetó: “Yo tengo voz de persona”5.[embedded content]***Notas:1 Fajardo Estrada, Ramón:  Bola de Nieve. Si me pudieras querer.  Editorial Unos & Otros, Miami, USA, 2019.  Pp. 142-1432 Anónimo: “Yo tengo voz de persona”. En revista Bohemia, 7 de agosto de 1949. Pag. 453 More, Leon:  Café Society Downtown New York. En revista Billboard, 5 de febrero de 1949.4 Marquetti, Rosa y Meini, Tommy:  Bola de Nieve en 78 rpm. En https://gladyspalmera.com/coleccion/el-diario-de-gladys/bola-de-nieve-en-78-rpm/5 Anónimo: “Yo tengo voz de persona”. En revista Bohemia, 7 de agosto de 1949. Pag. 45

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En los 110 años de Bola de Nieve (+ Video)

Una de las pruebas más concretas de la existencia del ser humano sobre la tierra es la música, y si ella se conjuga con la poesía habrá alcanzado su definición mayor. Ambas virtudes las poseía Ignacio Jacinto Villa y Fernández, bautizado por Rita Montaner como Bola de Nieve. El 11 de septiembre de 1911, este inmenso artista cubano nació en la villa de Guanabacoa, donde también habían nacido Lecuona y Rita, entre otras figuras señeras del arte musical.

El cine Carral lo acunó desde muy joven como pianista, para amenizar las tandas de películas silentes. Guanabacoa fue, sin dudas, el sitio privilegiado que le alimentó al oído con los toques de palo monte, los cantos de santería, los pregones callejeros y las rumbas de cajón que se tocaban, incluso, en su propia casa. El conservatorio Mateu le propició la formación musical más acabada con estudios de teoría, solfeo y piano. Su instinto musical innato y prodigioso le permitió, desde muy joven, acompañar a su paisana Rita y a la gran soprano Zoila Gálvez. Con Rita viajó a México en 1933 y ya en los escenarios yucatecos dejó de llamarse Ignacio para ser Bola de Nieve. Desde entonces, ambos artistas formaron un binomio estelar de perfecto acoplamiento; uno era el espejo del otro. Ella me miraba, me contaba Bola, y yo sabía dónde poner el acento o callar el pedal del piano.  

Había sido Guanabacoa el puente donde ambos asimilaron el pianismo de rítmica percusiva de María Cervantes y la música de los tambores de origen africano. Pero Bola creó un estilo personal tan único que ha sido irrepetible. Él nunca se consideró cantante sino un intérprete original que decía la canción al modo de Fats Waller o Maurice Chevalier. Eso sí, fue continuador de una tradición cubana de ser y decir.

Como escribió el poeta Nicolás Guillén: «Desde 1930 su nombre fue una enseña victoriosa y en la riquísima década nacional que culmina en aquel año, lo cual nos ofrece nombres de resplandor alto y fijo, anunciadores del despertar o del nacimiento de una nueva conciencia cubana, Bola de Nieve junto a Rita (no porque le acompañaba al piano, sino porque estaba acompañándola en la historia) es ya una figura popular, tomando esta palabra en su sentido más decoroso, más sobrio y digno». Y fue popular porque su música era cubana y expresaba diáfanamente el sentir del abuelo negro y el abuelo blanco en una fusión feliz y germinativa. Eso le otorgó, para siempre, el sello de universalidad, que está presente en todo su repertorio, tanto en el de su cosecha personal, como en el de otros compositores. Nadie lo ha podido imitar, nadie ha cantado como él sus propias «cancioncitas» –como él las calificaba con irónica humildad–, nadie ha cantado La Flor de la Canela o La Vida en Rosa como él; nadie se ha atrevido a interpretar Messié Julián como él. Así recorrió el mundo como nuestro más alegre y fecundo embajador. Y digo alegre porque él siempre dijo: «Soy un hombre triste que siempre está alegre». Y así, con esa alegría, «Bola de Nieve se casó con la música y vive en ella con esa intimidad de pianos y cascabeles, tirándose por la cabeza los teclados del cielo. Viva su alegría terrestre. Salud a su corazón sonoro», exclamó con admiración Pablo Neruda.

Bola de Nieve frecuentó los escenarios más codiciados de su época: el Carnegie Hall, el Café Society de Filadelfia con Paul Robeson, el Teatro Lara, el de la Zarzuela y otros, con la compañía de Conchita Piquer.

A partir del triunfo de la Revolución Cubana, con la que se identificó plenamente, llegó a ser uno de los artistas más cotizados. Un día me dijo con picardía: «No necesito representantes, me sobran los contratos en el bolsillo». Y así fue, conquistó los públicos de la Europa del Este, de la Unión Soviética, de la República Popular China y de casi todo el planeta. Pero fueron México, Chile y Argentina sus escenarios más acariciados de América Latina.

Su carrera artística empezó como un juego y como un juego la desarrolló hasta el final. «Todo es bueno en la vida cuando uno cree o se engaña creyendo que está haciendo arte», confesó una vez. Él no se engañó, ni nos engañó. Su vida fue una obra de arte acabada. Por eso no olvidaremos nunca su ronquera ancestral, su canto antiguo. Él está en la leyenda donde nadie, ni nosotros mismos, lo podemos explicar. ¡Quién me iba a decir a mí que yo haría este canto de alabanza a su memoria, ahora, cuando recordamos el aniversario 110 de su nacimiento! Gracias, Bola, por haberme encontrado contigo en el camino. Disfruta plenamente tu eternidad. ¡Y zumba, la curiganga, mi negro, zumba!

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La foto que le hice al Bola, y la que no

Bola de Nieve (La Habana, 1911-ciudad de México, 1971) fue único; no se consideraba compositor y creó canciones muy bellas: Si me pudieras querer y muchas más. Decía que no era cantante y nadie las expresaba como él: “Yo no canto. Soy alguien que dice las canciones”.Viajó por casi todo el mundo, actuó en el Carnegie Hall, en la Sala Panamericana de Washington. Paul Robeson lo oyó y fue al camerino, le cantó y le dijo: “Esto es en pago al placer que usted me dio al oírlo”.Trabajó con Lena Horne, Paul Robeson, Chabuca Granda , Pedro Vargas , Silvia Pinar, Conchita Piquer, Libertad Lamarque. Canto en películas, sobre todo en el país que lo quiso como un hijo: México. Actuó en los principales teatros de París, NY, España, Perú, Argentina, Dinamarca, y otros. Fue pianista acompañante de Rita Montaner, acompañó a Ernesto Lecuona a varias giras: Estados Unidos, España, Francia, Argentina…  Andrés Segovia dijo de él: «…Escuchar a Bola es asistir al nacimiento conjunto de la palabra y la música. A Bola de Nieve, más que impresionar, le interesó expresar, tocar la sensibilidad del que escucha, y en eso, quizás, se encierra el misterio de su arte, su magisterio artístico.»[embedded content]Una de las veces que maldije no tener una cámara conmigo, fue una mañana que me dirigía a la Revista Cuba en Reina y Lealtad. En Miramar tomaba la ruta 132 y ella doblaba por Galiano y después Trocadero hasta Prado y seguía hasta la terminal de trenes donde rendía viaje. Al doblar de Galiano a Trocadero me quedaba, para caminar hasta la cuadra donde estaba el periódico El Mundo y frente a este tomaba la ruta 4 que me dejaba en la puerta de la revista. El ómnibus tomaba Galiano arriba para doblar en reina y tres parados después me quedaba yo.No recuerdo, si fue en la primera o segunda parada después de subir yo. Lo único que sé es que no le cabía ni una persona más, y que algo estaba ocurriendo  dentro del ómnibus. Yo estaba en la última de las tres puertas que tenía el bus, pegado a la escalera para poder bajar sin trabajo y veo que toda esa gente que estaba en el pasillo se apartaba y casi se aplastaban contra el borde de los asientos y de pronto sale caminando del medio de la turba un hombre gordo, negro, bajito e impecablemente vestido con un traje negro, un bombín en la cabeza y un paragua en la mano, y llega hasta la escalera de la puerta intermedia y se abraza al tubo que la sujeta, como para protegerse pues todas las personas que le habían brindado ese respeto fueron ocupando de nuevo sus lugares y ya ni una sardina tendría espacio.Cuando bajé, lo observé y continuaba abrazado al tubo y como asustado, como si no entendiera nada. Así fue la última vez que vi a Bola de Nieve, poco tiempo después llegó la noticia, desde México, que lo encontraron muerto, producto de un infarto, en el cuarto del Hotel.Publicidad Bola de Nieve. Foto: Ernesto Fernández

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