HAVANA CLIMA

Al Qaeda

EE.UU. mata al líder de Al Qaeda, Ayman al-Zawahiri, en un ataque con drones en Afganistán

Ayman al ZawahiriEstados Unidos anunció que mató al líder de Al Qaeda, Ayman al-Zawahiri, en un ataque con drones que se produjo en la zona céntrica de la ciudad de Kabul, la capital de Afganistán. Según se informa, Estados Unidos disparó dos misiles Hellfire contra al-Zawahiri cuando se encontraba en un balcón de la residencia donde se refugiaba; dicha residencia está ubicada en un vecindario donde viven muchos líderes de los talibanes.
Estados Unidos ha acusado durante mucho tiempo a al-Zawahiri de ser un conspirador clave del atentado del 11-S junto con Osama bin Laden, quien murió en 2011 en una operación militar estadounidense en Pakistán. El presidente de Estados Unidos, Joe Biden, anunció la muerte de Ayman al-Zawahiri el lunes por la noche.
Presidente Joe Biden: “Estados Unidos sigue demostrando tener determinación y capacidad para defender al pueblo estadounidense contra aquellos que buscan hacernos daño. Como ustedes saben, esta noche dejamos en claro una vez más que no importa cuánto tiempo requiera ni dónde te escondas, si eres una amenaza para nuestro pueblo, Estados Unidos te encontrará y te eliminará”.
Los talibanes condenaron el ataque y lo calificaron como una “violación de los principios internacionales”. El secretario de Estado de Estados Unidos, Antony Blinken, acusó a los talibanes de violar el acuerdo de Doha al albergar y dar refugio al líder de Al Qaeda.
(Información de Democracy Now)

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EEUU ejecuta al jefe de Al Qaeda, uno de los cerebros detrás del 11S

MIAMI, Estados Unidos.- El presidente de Estados Unidos Joe Biden anunció este lunes la muerte del líder de Al Qaeda, Ayman al Zawahiri, en un ataque con dron el fin de semana en Afganistán, de acuerdo a un reporte de la agencia de noticias AFP.
“El sábado, bajo mis órdenes, Estados Unidos llevó a cabo un ataque aéreo sobre Kabul, en Afganistán, que mató al emir de Al Qaeda, Ayman al Zawahiri”, dijo el mandatario desde la Casa Blanca.
“Se ha hecho justicia y este líder terrorista ya no está”, agregó Biden en un discurso televisado.
Ayman al Zawahiri, uno de los terroristas más buscados en el mundo por Estados Unidos, que prometía 25 millones de dólares por cualquier información que permitiera detenerle, se puso al frente de la nebulosa yihadista en 2011, tras la muerte de Osama Bin Laden a manos de un comando estadounidense en Pakistán.
Zawahiri, en paradero desconocido por más de diez años, era considerado el cerebro de los atentados del 11 de septiembre de 2001 que causaron casi 3 000 muertos en Nueva York, dice la nota.
El número dos de Al Qaeda, Abdulá Ahmed Abdulá, murió en agosto de 2020 en las calles de Teherán a manos de agentes israelíes durante una misión secreta dirigida por Washington, informó en ese momento el diario The New York Times.
Según AFP, en 2011 Ayman al Zawahiri, de 71 años, heredó una organización decrépita, y para sobrevivir, duplicó las “franquicias” y sus juramentos de lealtad circunstanciales, desde la Península Arábiga hasta el Magreb, desde Somalia hasta Afganistán, Siria e Irak.
A finales de 2020 corrió un rumor de había muerto de una enfermedad cardíaca, pero reapareció en un video.
Antes de que Biden identificara la operación, este lunes un funcionario del gobierno estadounidense había adelantado que Estados Unidos llevó a cabo durante el fin de semana una “operación antiterrorista contra un importante blanco de Al Qaeda” en Afganistán. La operación “fue exitosa y no hubo víctimas civiles”, dijo.
El anuncio se produce casi un año después de la retirada de las fuerzas estadounidenses de Afganistán, que permitió a los talibanes recuperar el control del país veinte años después de ser derrocados.
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Operación estadounidense elimina a líder de Al Qaeda en Afganistán

Un ataque aéreo estadounidense eliminó al líder de Al Qaeda, Ayman al-Zawahri en Afganistán.De acuerdo con fuentes anónimas, pero relacionadas con el caso, al-Zawahri habría muerto en un ataque con drones. Funcionarios de la Casa Blanca se han negado a confirmar que el líder terrorista fue ejecutado. Pero señalaron en un comunicado que “Estados Unidos llevó a cabo una operación antiterrorista contra un objetivo importante de Al Qaeda en Afganistán”.Aunque en los últimos años Al-Qaeda se ha visto opacada por la violencia del Estado Islámico, fuentes de inteligencia occidentales siguen considerándola una amenaza real con presencia en el sur de Asia y el Medio Oriente e incluso en el cuerno africano. Varias docenas de sus líderes están basificados en Afganistán.Ayman al-Zawahri. Foto: BBC.La administración Biden cerró la Embajada de los Estados Unidos en Kabul y retiró todos sus activos militares de Afganistán el 31 de agosto de 2021, poniendo fin a la guerra más larga de los Estados Unidos.Está previsto que el presidente  Biden hable sobre la operación hoy el lunes 1 de agosto a las 7.30 p.m. desde Washington DC . Se dirigirá a la nación para dar detalles sobre la operación.La Casa Blanca aseguró que no hubo víctimas civiles.

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The New York Times revela que la exdirectora de la CIA presenció duras torturas a presunto terrorista saudita

La exdirectora de la CIA, Gina Haspel. Foto: Brendan Smialowski / AFP.La exdirectora de la CIA, Gina Haspel, presenció las torturas implementadas contra el presunto miembro de Al Qaeda, el ciudadano saudita Abd al Rahim al Nashiri, en la prisión secreta que dirigió en Tailandia, creada tras los atentados del 11 de septiembre, según declaró un testigo.
James E. Mitchell, un psicólogo que ayudó a desarrollar el programa de “interrogatorios mejorados” de la agencia, brindó testimonio en una audiencia que se celebró el mes pasado en la Base Naval de la bahía de Guantánamo, Cuba, en relación con en el caso del atentado contra el USS Cole, perpetrado en el año 2000 en Yemen, que incluyó detalles sobre la carrera de Haspel.
Según afirmó, la funcionaria, a quien se refirió como “Z9A”, de acuerdo con las reglas de la corte, observó personalmente “el interrogatorio mejorado” al que fue sometido Al Nashiri, que incluía la infame técnica conocida como “waterboarding”, donde se ahoga de forma temporal al interrogado, informó The New York Times este viernes.
Mitchell describió cómo, a finales del 2002, él y otro psicólogo contratado por la CIA, John Bruce Jessen, practicaron diferentes tipos de tortura contra el detenido, acusado del ataque contra el buque estadounidense. En tres ocasiones separadas, Mitchell colocó un paño sobre la cara de Al Nashiri, mientras Jessen vertía el agua.
El psicólogo recordó que el prisionero era tan poco corpulento que daba la impresión que podría salirse de sus ataduras de velcro, que lo mantenían sujeto a una camilla. Para que el hombre pudiera recuperar la respiración entre vertidos de agua, los interrogadores lo giraban, colocándolo boca arriba a una posición vertical.
Al Nashiri también sufrió otras “técnicas coercitivas”, que incluían el encierro en una pequeña celda de confinamiento. Mitchell manifestó tener un “recuerdo general de lo que se hizo”: probablemente el recluso, que estaba desnudo, y a veces encapuchado, fue abofeteado y golpeado con la cabeza contra una pared cubierta de arpillera.
De acuerdo al testimonio del psicólogo, la jefa de la base observó las sesiones, pero no participó en ellas. Cabe mencionar que Mitchell en ningún momento de sus declaraciones la mencionó por su nombre, debido a que ella estaba desempeñando un papel clandestino en ese momento. Se le pidió que se refiriera a esa persona como Z9A o, como lo pronunció un abogado, “Zulu Nine Alpha”.
El periódico señala que, a pesar de que el hecho de que Haspel se desempeñó como jefa de la prisión secreta en Tailandia desde octubre hasta diciembre del 2002 es ampliamente conocido, todavía se considera un secreto de Estado.
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Según Estados Unidos, Al Nashiri fue el autor intelectual del ataque contra el destructor estadounidense USS Cole el 12 de octubre de 2000 en el puerto de Adén. Los terroristas detonaron un bote lleno de explosivos, que causó la muerte de 17 marinos y heridas a 35 más.
Los cargos por conspiración se refieren, según el gobierno estadounidense, a la colaboración de Al Nashiri con el entonces jefe de Al Qaeda, Osama Bin Laden y su sucesor, Ayman Al Zawahiri, entre los años 1996 y 2002.
Al Nashiri era considerado un alto dirigente de Al Qaeda antes de los ataques del 11-S y fue capturado en Dubái por la Agencia Central de Inteligencia en el 2002 y mantenido en prisiones secretas de la CIA hasta su traslado a Guantánamo en el 2006.
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“Gina Doe”, como solía figurar Haspel en los documentos de la CIA, ordenó en el 2005 la destrucción de un centenar de cintas de video de torturas practicadas por la agencia, y dirigió en Tailandia una de las cárceles secretas creadas tras los atentados del 11-S. En este centro penitenciario clandestino se practicaron torturas durante los interrogatorios de supuestos terroristas de Al Qaeda.
Una investigación del Senado llegó a develar que Haspel estuvo presente en al menos dos interrogatorios en los que se utilizaron métodos de tortura: el de los presuntos miembros de Al Qaeda Abu Zubaydah y Abd al Rahim al Nashiri. Documentos revelados posteriormente destacan que a Zubaydah se le sometió 83 veces a la técnica del “ahogamiento simulado”.
En el 2013, Haspel fue nombrada jefa del Servicio Clandestino Nacional de la CIA, aunque fue reemplazada a las pocas semanas tras conocerse su implicación en los citados interrogatorios. En el 2018 fue nombrada directora de la agencia por Donald Trump.
Sin embargo, en el 2021, sin explicar motivos, Haspel anunció su renuncia, un día antes de la entrada en el poder de Joe Biden. Para aquel entonces, Haspel llevaba en la CIA 36 años. Tras reemplazar en el cargo a Mike Pompeo, Haspel se convirtió en la primera mujer al frente de la agencia.
(Con información de RT Español)

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Muere sospechoso de tomar rehenes en una sinagoga de Texas

Un equipo SWAT se despliegan cerca de la sinagoga en Colleyville, Texas. Foto: AFP.El secuestrador que retuvo hoy sábado a varios rehenes en la sinagoga Congregación Beth Israel de Texas (EE.UU.) ha sido abatido por la Policía durante la operación de liberación de los rehenes, que se encuentran todos en buen estado.
El jefe de policía de la localidad de Colleyville en la que se encuentra la sinagoga, Michael Miller, confirmó en rueda de prensa que “alrededor de las 09.00 pm. (03.00 GMT de hoy domingo), el equipo de rescate HRT irrumpió en la sinagoga, rescataron a los tres rehenes y el sospechoso murió”.
Las autoridades identificaron al presunto secuestrador, pero no pueden hacer pública su identidad de momento mientras no concluya la investigación en curso, informó Matt DeSarno, el agente especial a cargo del FBI en Dallas, durante la conferencia de prensa.
Agregó que aún no hay señales de que esto sea parte de “cualquier amenaza en curso”, y que los investigadores creen que el sospechoso se centró en “un tema que no amenazaba específicamente a la comunidad judía”.
Todos los rehenes retenidos “están fuera y a salvo”, señalaba por su parte el gobernador de Texas, Greg Abbott, en un tuit en el que no ha aclaraba más detalles sobre la operación.

Prayers answered.
All hostages are out alive and safe.
— Greg Abbott (@GregAbbott_TX) January 16, 2022

El canal de noticias CNN señaló por su parte que “se escuchó un fuerte estallido, seguido de una breve ráfaga de disparos desde la dirección de la sinagoga”, según información de sus corresponsales en la zona del suceso.
Un primer rehén había sido liberado este sábado a las 17:00 horas locales (23:00 GMT) en buen estado de salud después de más de seis horas retenido, mientras el FBI continuaba negociando con el sospechoso del crimen, informó la Policía local.
De acuerdo con una fuente policial consultada por la CNN, al comienzo del secuestro había al menos cuatro rehenes dentro de la sinagoga de la congregación Beth Israel, en Colleyville, y uno de ellos era un rabino.
Según funcionarios estadounidenses citados por las cadenas CNN, ABC y NBC, el sospechoso asegura ser el hermano de la científica pakistaní Aafia Siddiqui, encarcelada en una base aérea estadounidense cerca de Colleyville.
El secuestrador pedía que liberan a su hermana, que cumple una condena de 86 años de prisión por haber tratado de matar a soldados estadounidenses y agentes del FBI mientras se encontraba detenida en Afganistán.
La toma de rehenes se produjo durante un servicio religioso en la sinagoga de la congregación Beth Israel, que se estaba emitiendo en vivo por la página web de la institución en Facebook, informó el diario local “Fort Worth Star-Telegram”.
Más de 8.000 personas se conectaron al vídeo de la retransmisión en directo una vez que surgieron las primeras informaciones en redes sociales sobre lo ocurrido, hasta que finalmente la emisión se suspendió sin que la situación en el interior de la sinagoga se hubiera resuelto.
El vídeo no mostró lo que sucedía dentro del edificio, pero en él pudo oírse a un hombre enfadado que hablaba sobre la religión, insistía en que no quería herir a nadie y aseguraba que iba a morir, según el “Star-Telegram”.
Antes de que el vídeo dejara de emitirse, se escucharon lo que parecían negociaciones por teléfono entre el sospechoso y los agentes, señala el rotativo.
El presidente estadounidense, Joe Biden, ha recibido información sobre la situación en Colleyville y se mantendrá atento al desarrollo de los acontecimientos en las próximas horas, dijo su portavoz, Jen Psaki, en su cuenta de Twitter.
El suceso ha provocado que se refuerce la protección policial en varias sinagogas e instituciones judías de grandes ciudades del país, como Dallas, Nueva York o Los Ángeles (California), para detectar cualquier posible amenaza antisemita derivada de lo ocurrido en Colleyville.
(Con información de EFE)

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EEUU: condenan a militante de Al-Qaeda

Un jurado militar impuso el viernes una sentencia de 26 años a un hombre de Maryland que admitió unirse a Al-Qaeda y ha estado detenido en el centro de detención de la Bahía de Guantánamo. Pero bajo un acuerdo de culpabilidad, podría ser liberado el próximo año debido a su cooperación con las autoridades estadounidenses.La sentencia de Majid Khan constituye la culminación del primer juicio por comisión militar de uno de los 14 presos llamados de alto valor enviados a la base naval estadounidense de Guantánamo en 2006 después de ser retenido en una red clandestina de detención de la CIA en el extranjero y sometido al brutal programa de interrogatorios desarrollado en respuesta a los ataques del 11 de septiembre.Khan, un ciudadano de Paquistán de 41 años que llegó a Estados Unidos en los 90, se declaró culpable de cargos de crímenes de guerra que incuyen conspiración y asesinato por su participación en complots de Al-Qaeda como el bombardeo mortal del JW Hotel Marriott en Yakarta, Indonesia, en agosto de 2003.El acusado se disculpó por sus acciones, que incluyeron la planificación de ataques de Al-Qaeda en Estados Unidos después del 11 de septiembre y un complot fallido para asesinar al ex presidente de Pakistán, Pervez Musharraf.Durante una declaración de dos horas a los miembros del jurado el jueves, dijo: «Lo hice todo, no hay excusa. Y lo siento mucho por todos los que he lastimado». ‘Los miembros del jurado se enteraron de la amplia cooperación de Khan con las autoridades estadounidenses luego de su declaración de culpabilidad y escucharon una declaración de dos horas del prisionero describiendo su brutal interrogatorio de la CIA y su cautiverio en tres años antes de su llegada a Guantánamo.El presidente del jurado dijo que siete de los ocho miembros del jurado habían redactado una carta a las autoridades del Pentágono recomendando clemencia al acusado, que es una opción bajo el sistema legal de la comisión militar.Un acuerdo previo al juicio significa que podría ser liberado a partir de febrero, momento en el que sería reasentado en un tercer país aún por determinar. No puede regresar a Pakistán.Publicidad

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Al Qaeda podría atacar a Estados Unidos en dos años, asegura alto jefe militar

El director de la Agencia de Inteligencia de la Defensa de Estados Unidos, el teniente general, Scott D. Berrier, Foto: Air Force Magazine.El director de la Agencia de Inteligencia de la Defensa de Estados Unidos, el teniente general Scott D. Berrier, ha asegurado hoy que en dos años, la organización terrorista Al Qaeda podría haberse rearmado y estar lista para ser una “amenaza”.
“La evaluación actual, probablemente conservadora, es que en uno o dos años Al Qaeda haya desarrollado algún tipo capacidad para, al menos, amenazar a la patria”, ha dicho Berrier durante un evento de Seguridad Nacional, informa ‘The New Times’.
Si bien los talibán se comprometieron en los acuerdos de paz con Estados Unidos de febrero de 2020 a no permitir que Afganistán fuera utilizado como base de operaciones del terrorismo, a la oficina de la Casa Blanca han llegado ya los primeros informes de que Al Qaeda, tradicional aliado del grupo insurgente, ya habría llevado a cabos sus primeras acciones.
Berrier ha señalado que el reto ahora es desarrollar otras formas de “tener acceso” en Afganistán, a la vez que las agencias de Seguridad e Inteligencia continúan con sus acciones en relación a China y Rusia.
Coincide con el teniente general Berrier, el subdirector de la CIA, David Cohen, quien también ha señalado que en un plazo de dos años Al Qaeda volverá a ser “una amenaza” para Estados Unidos antes incluso de que puedan ser detectados.
Aunque las autoridades estadounidenses todavía no han confirmado la presencia de antiguos líderes de Al Qaeda en Afganistán tras la llegada de los talibán al poder hace ahora un mes, algunas informaciones sostienen que el antiguo jefe de seguridad de Usama bin Laden, Amin al Haq, habría regresado al país.
No obstante, la directora de Inteligencia Nacional, Avril D. Haines, ha descartado por el momento que Afganistán sea el mayor peligro para la seguridad de Estados Unidos y ha apuntado hacia Yemen, Somalia, Siria e Irak, como potenciales amenazas en este sentido.
A pesar de todo, las propias autoridades estadounidenses llevan reconociendo desde hace meses que la principal amenaza a la seguridad nacional de Estados Unidos es el “terrorismo interior” de los grupos de la extremaderecha y el supremacismo blanco.
(Con información de Europa Press)

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Postergado de nuevo juicio en Guantánamo contra acusados por atentados del 9/11

Empantanado hace diez años en un juzgado provisional en la Base Naval de Guantánamo, el juicio contra cinco presuntos terroristas de al Qaeda acusados de planificar los atentados del 11 de septiembre de 2001 no comenzaría hasta dentro de un año al menos. El nuevo juez, coronel Matthew N. McCall, quien se hizo cargo del caso el mes pasado, anunció la nueva postergación este martes luego de dos semanas de audiencias para intercambiar opiniones con los abogados y fiscales militares tras una interrupción de año y medio causada por la pandemia.El nuevo cronograma establecido por el juez significa que el juicio a los cinco hombres, incluido el sindicado como el autor intelectual, Khalid Shaikh Mohammed, comenzaría a más de 21 años después de que los aviones secuestrados fueran estrellados contra el World Trade Center, el Pentágono y un campo en Shanksville, Pensilvania.[embedded content]McCall se pronunció sobre las objeciones de los abogados defensores de dos de los acusados, Walid bin Attash y Ramzi bin al-Shibh. Los abogados cuestionaron la calificación del juez para presidir un caso de pena de muerte porque no había leído las presentaciones y el expediente judicial que se remonta a la lectura de cargos de los acusados ​​en mayo de 2012, incluida la transcripción de 33 660 páginas.Los abogados pidieron suspender el proceso hasta que estuviera debidamente capacitado y familiarizado con las sentencias de los tres jueces anteriores.El coronel McCall respondió que tenía mucho tiempo y un plan para ponerse al día, incluido tomar un curso del National Judicial College sobre cómo manejar casos que impliquen la pena capital. Debido a la pandemia, dijo el juez, lo publicará en línea.«Como mínimo», el juicio está a al menos un año de distancia, dijo el coronel McCall, de la Fuerza Aérea, al tiempo en que insistió en sus calificaciones por las regulaciones de la comisión militar, la prohibición de la Fuerza Aérea y las obligaciones éticas. «No estoy sujeto a una línea de tiempo en particular para llegar a juicio».PublicidadEl coronel McCall es el cuarto juez que preside el tribunal de Guantánamo en el caso de conspiración contra Mohammed y los otros hombres, acusados ​​de ayudar a planear los hechos que causaron la muerte de casi 3 000 personas.Ha sido juez militar durante solo dos años y recientemente fue ascendido a coronel, lo que lo convierte en el más joven y con menos experiencia de los jueces que han supervisado el caso.Cheryl Bormann, la abogada de bin Attash, pidió la semana pasada al juez suspeder los procedimientos hasta que completara el curso y estuviera completamente familiarizado con los fallos de los tres jueces anteriores.En cambio, el coronel McCall volvió a argumentar que había diseñado un plan para aprender a medida que avanzan las audiencias, incluida la celebración de reuniones por separado con cada equipo de defensa, y también con los fiscales, a fin de que pudieran informarle sobre las presentaciones de información clasificada.

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Líder de Al-Qaeda reaparece en un video en el 20 aniversario del 11 de septiembre

El líder de Al-Qaeda, Ayman al-Zawahri, reapareció en un video con motivo del vigésimo aniversario de los ataques del 11 de septiembre, meses después de que se difundieran rumores de su muerte.El Grupo de Inteligencia SITE que monitorea los sitios web yihadistas dijo que el video fue lanzado el sábado. En esa grabacion, al-Zawahri dijo que «Jerusalén nunca será judaizada» y elogió los ataques de Al-Qaeda, incluido uno que tuvo como objetivo a tropas rusas en Siria en enero pasado.Al-Zawahri también aludió la retirada del ejército estadounidense de Afganistán después de veinte años de guerra. SITE dijo que sus comentarios no necesariamente indican una grabación reciente, toda vez que el acuerdo de retirada con los talibanes se firmó en febrero de 2020.Al-Zawahri no mencionó la toma de Afganistán y de su capital, Kabul, por los talibanes el mes pasado, agregó SITE. Pero sí mencionó un ataque del 1 de enero que tuvo como objetivo a las tropas rusas en el borde de la ciudad de Raqqa, en el norte de Siria. Ayman al-Zawahri. Foto: The Long War Journal.Desde fines de 2020 se han difundido rumores de que al-Zawahri había muerto por enfermedad. Desde entonces, no había aparecido ningún video suyo, ni prueba de vida. «Podría estar muerto, pero de ser así, habría sido en algún momento de enero de 2021 o después», tuiteó Rita Katz, directora de SITE.La alocución de al-Zawahri fue grabada en un video de 61 minutos y 37 segundos producido por la Fundación de Medios as-Sahab del grupo. Durante los últimos años, Al-Qaeda se ha enfrentado a la competencia de círculos yihadistas y a la de su rival, el Estado Islámico.Al-Zawahri, un egipcio, se convirtió en líder de Al-Qaeda tras la ejecución en 2011 de Osama bin Laden en Abbottabad, Pakistán, a manos de los Seal de la Marina de Estados Unidos.Associated Press/OnCuba.Publicidad

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Estados Unidos y el 11 de septiembre: Una mirada a la historia y la cultura veinte años después

Impactantes imágenes inéditas que muestran el drástico momento del desplome de las torres gemelas de Nueva York. AP / (AP Fhoto/DPNY, via ABC News, Det. Greg Semendinger)Los actos terroristas perpetrados el 11 de septiembre de 2001, introducen jalones en la historia contemporánea de Estados Unidos, propiciando brotes de intolerancia que conducen a períodos oscuros, en los que se entroniza la cultura política de la violencia como recurso de “salvación” ante problemas cuya envergadura, supuestamente, pone en peligro la estabilidad, la gobernabilidad o la seguridad de la nación. Es oportuno reflexionar sobre ello a partir de su vigencia o legado, atendiendo a las experiencias acumuladas durante el período transcurrido, de veinte años, prestando atención entre la diversidad de dimensiones a examinar y de posibles ángulos analíticos en su abordaje, a aspectos de la historia norteamericana, de ayer y de hoy, que explican la naturaleza de dicha cultura y permiten comprender el proceso político-ideológico  con que Estados Unidos inicia el año en curso, con el escenario que sigue a la contienda presidencial de 2020 y se extiende hasta el presente.
A la luz de lo acontecido, sin desconocer la violencia implicada en los estremecedores atentados de ese día y sin perder de vista las connotaciones del terrorismo, que le hacen repudiable e injustificable, es oportuno retener, dada su recurrencia como pauta, la no menos reacción violenta del gobierno de George W. Bush,  que desata la paranoica atmósfera doméstica y la operación bélica intervencionista en Afganistán, cínicamente denominada ¨Justicia Infinita¨, orientada a encontrar a los autores del siniestro, y  la ulterior intervención en Irak, con el pretexto de hallar armas de destrucción masiva. Con ello se puso de manifiesto la visceral naturaleza intransigente de la ideología dominante en Estados Unidos, compartida desde el punto de vista partidista por demócratas y republicanos, en términos ideológicos por conservadores y liberales, dado el fondo clasista común, patrimonio de la burguesía norteamericana, que impregna el universo cultural y en buena medida, contamina el imaginario popular. Los componentes aludidos –la intolerancia y la violencia– se entrelazan históricamente en una especie de amalgama que contribuye a dar cuerpo a la cultura política nacional, troquelada por las circunstancias e imperativos que de manera peculiar condicionaron la evolución del colonialismo, el capitalismo y muy especialmente,  del imperialismo en Estados Unidos.
Los atentados que destruyeron las célebres torres gemelas del World Trade Center, en Nueva York, y una parte de las instalaciones del Pentágono, en Washington, removieron a la sociedad norteamericana,  conmovieron a la opinión pública mundial  y marcaron las relaciones internacionales con un acontecimiento, en su escala, sin precedentes.
Como expresaría con razón Noam Chomsky, no se trataba de que fuesen hechos criminales inéditos, en tanto existían antecedentes similares en el pasado, basados en el ejercicio de violencia desbordada, o aún de mayor alcance. Acciones genocidas promovidas por la política hegemonista, de doble moral, de Estados Unidos, como los bombardeos de la administración Clinton en Sudán, o  con anterioridad la prolongada guerra contra Vietnam y la del Golfo Pérsico,  confirmaban el criterio del intelectual norteamericano.
El impacto brutal, inesperado y trágico de los atentados se hizo presente, como lo conoció el mundo mediante las imágenes trasmitidas de inmediato, reproducidas múltiples veces, que reflejaron el aciago acontecimiento en pleno desarrollo, en tiempo real, al mostrar el momento en que los vuelos 11 y 175 de American Airlines se incrustaran respectivamente, a las 8:47 am, a la altura del piso 94 de la torre norte del World Trade Center, que colapsó a las 10:28 am, y entre los pisos 78 y 87 de la torre sur, a las 9:03 am, que se desplomó a las 9:50 am. A una velocidad de más de 600 kilómetros por hora y con los depósitos de combustible con más de 25 mil litros, es decir, casi llenos. Como se reflejaría en la prensa mundial y en los análisis políticos, se trató, literalmente, de dos bombas únicas en su tipo y uso, compuestas de aviones comerciales  con personal civil a bordo, dirigidas en contra de población inocente, como sus  víctimas y blancos directos, y concebidas cuidadosamente como cargas mortales cuyo propósito era derrumbar ambas edificaciones. Paralelamente a esos ataques, el vuelo 77 de la misma aerolínea caía a las 9:39 am sobre uno de los costados del Pentágono, destruyendo por completo uno de sus cinco muros, y a las 10:10 am, el vuelo 93, también de American Airlines, presumiblemente dirigido contra la Casa Blanca o el Capitolio, se estrelló en un campo en el sureste de Pittsburgh, en el estado de Pennsylvania, al parecer durante el intento de los pasajeros por arrebatar el control a los secuestradores.
Más allá de que, ciertamente, Estados Unidos fue herido, como país, en dos de los  símbolos más sensibles y representativos de su vida nacional, el hecho fue un duro golpe al sistema vigente y a las políticas que con impunidad y barbarie se habían promovido a lo largo del proceso de desarrollo histórico del capitalismo premonopolista y del arribo a la fase imperialista, desde el siglo XIX y el XX, mediante acciones invasivas, de despojo y sometimiento, neocolonial e imperial: el centro financiero por excelencia del capitalismo norteamericano y mundial, y la sede de su aparato militar. Las consecuencias del ataque, de una descomunal fuerza destructiva, contra las principales insignias del poderío norteamericano, desestabilizó en varias formas la vida cotidiana y la confianza en los valores fundacionales y mitos de la nación. Perturbó la sensación histórica de seguridad y estabilidad que rodeaba la dinámica consuetudinaria del american way of life.
Los edificios del World Trade Center, en el corazón de Wall Street, y el peculiar edificio de cinco lados, representativo del complejo militar-industrial, reflejaban con singularidad la idea de excepcionalismo generalizada en Estados Unidos. El líder de Al Qaeda, Osama Bin Laden, posteriormente ejecutado bajo la Administración Obama con una acción de fuerzas especiales norteamericanas, se atribuyó la responsabilidad de los ataques terroristas, dejando claro el pase de cuentas y abonado el terreno para la siembra y la cosecha  del odio contra el mundo musulmán, para el recelo contra inmigrantes y extranjeros, en sentido más amplio, alimentando antecedentes y tradiciones
En resumen, se trató de ataques a símbolos del poderío mundialde Estados Unidos y, hasta cierto punto, de la cultura norteamericana. Se cometieron contra centros simbólicos y reales de un imperiopoderoso, ante la mirada atónita y espantada de millones de seres humanos y en un momento en que Estados Unidos, país de origen y residencia de la mayoría de las víctimas, parecía constituir una fortaleza inexpugnable y cuando su gobierno, de dudosa legitimidad, proyectaba su política internacional con singular arrogancia y unilateralismo.
En esa medida han tenido un profundo y perdurable impacto para la vida cotidiana, la psicología nacional y la cultura política en la sociedad estadounidense. A tales acontecimientos se enlazan, de forma inseparable, las ulteriores diseminaciones y ataques de ántrax,  dirigidos principalmente a los círculos gubernamentales y  a ciertos miembros del Congreso.
Todo ello contribuyó  a mantener viva la sensación de ansiedad, temor, desconfianza, a nivel de la población y de las estructuras políticas, y a alimentar los imperativos de la supuesta “defensa” de la seguridad nacional, sobre la base del argumento de la llamada guerra contra el terrorismo, con expresiones dentro y fuera del territorio norteamericano. Ello suponía constantes apelaciones a un expediente de violencia ilimitada, que   lejos de ser ajeno a la cultura nacional, se encuentra incrustado en el propio tejido socioclasista e ideológico de Estados Unidos.
En este sentido, son sugerentes algunas referencias a la historia relativamente reciente. Una mirada retrospectiva  conduce a un incidente, que pareciera olvidado, a pesar del traumatismo que conllevó. El 19 de abril de 1995, un camión-bomba, cargado con aproximadamente media tonelada de explosivos destruyó una instalación estatal en Oklahoma.  El edificio Alfred Murrah contenía numerosas oficinas federales, además de una guardería infantil, y en condiciones normales, se concentraban en él, diariamente, unos 500 empleados, sin contar los visitantes. El atentado ocasionó la muerte a 168 personas, entre ellas, niños. Ese mismo día, otros 17 edificios del gobierno norteamericano, en diferentes ciudades y  estados, recibieron amenazas dinamiteras. Varios años antes, el 29 de febrero de 1993, otra acción terrorista deterioraba, con explosivos, cinco pisos de las torres del World Trade Center, instalación que, desde luego, desde esa fecha y aún mucho antes ya poseía el mismo simbolismo que ocho años después, cuando serían destruidas: representaban el corazón del capital financiero en Wall Street. Aquél atentado, además de provocar numerosos heridos, le costó la vida a cinco personas.
Está claro que, por su magnitud,  esos acontecimientos no eran comparables a los del 11 de septiembre de 2001, si bien encajaban como acciones, según se les denominaría, antinorteamericanas. Lo sucedido ponía el dedo sobre una vieja llaga de la sociedad norteamericana. Al menos en el caso de Oklahoma, los autores eran ciudadanos estadounidenses y estaban ligados a tendencias de extrema derecha, cuya presencia tiene antecedentes en la historia nacional.
Ambos sucesos dejaban clarola existencia de grupos e individuos identificados con el terrorismo interno, así como su capacidad de ejecución de acciones violentas de destrucción masiva. Con tales historiales, está de más preguntarse si le hacían falta mayores evidencias a la sociedad norteamericana, incluido en primer lugar el Gobierno,  para preocuparse al respecto. No obstante, no sería hasta el 11 de septiembre que sería planteado el asunto desde el punto de vista de la defensa de la seguridad  nacional,  sobre todo en su dimensión interna. Y aunque no se descartaban a ciudadanos estadounidenses como posibles autores (pero sobre todo, se buscarían cómplices, bajo la certeza de que los responsables serían extranjeros), lo cierto es que ni siquiera bajo circunstancias tan críticas y conmocionantes, se colocaría encima de la mesa el fértil terreno  proporcionado por la propia historia nacional. Pareciera como si el medio propicio dentro del cual se masacró a los indios nativos, se les despojó de sus tierras y se les limitó a humillantes reservaciones,  donde se explotó a los negros esclavos de origen africano y se les sometió posteriormente a un régimen de discriminación, en el que se persiguió a sindicalistas, intelectuales, políticos e inmigrantes, por sus ideas radicales, fuese un territorio y un marco social  externo o  extraño a la sociedad norteamericana.
Una vez más, en la historia de Estados Unidos se apelaba a circunstancias favorables para responsabilizar a minorías étnicas, ciudadanos extranjeros, países subdesarrollados,  movimientos sociales progresistas, ideologías radicales, Estados nacionalistas y gobiernos antiimperialistas, de los peligros y males que aquejaban al país. Como en anteriores períodos –quizás el más cercano es el de la llamada revolución conservadora, encarnada durante tres mandatos presidenciales republicanos por Reagan y Bush, padre,   cuando se lanzó aquella cruzada anticomunista contra el denominado imperio del mal. Como lo había diagnosticado tempranamente Lenin, la superestructura del imperialismo se caracteriza por el viraje de la democracia a la reacción, en toda línea. En esta oportunidad, la política imperialista norteamericana, después del 11 de septiembre de 2001, se escudaba en la tragedia para emprender una nueva y simbólica ola de intolerancia y violencia, con bases reales, que más que ripostar procuraba superar de manera simbólica a la agresión, bajo el eufemismo de la lucha contra el terrorismo.Se aprovechó la ocasión para redefinir un “nuevo” enemigo interno y público, una “nueva” percepción de la amenaza, una vez desaparecidos los presuntos “peligros” domésticos y externos de la época de Guerra Fría.
Por encima de los lugares comunes que constituyen las realidades de que en ninguna de las dos guerras mundiales fue invadido el territorio de Estados Unidos, y de que, en rigor,  el país nunca fue escenario, durante el siglo XX, del dramatismo de la destrucción y la guerra, hay que recordar que  la única situación así conocida en la historia norteamericana sería aquella, en 1814, cuando el ejército británico ocupó la ciudad de Washington y prendió fuego al Capitolio y la Casa Blanca, en el marco de confrontación con las potencias coloniales europeas, en el siglo XIX. El enemigo actuaba ¨dentro¨ del país, pero era un enemigo “externo”.
Desde luego, tales codificaciones todavía no operaban en el pensamiento político norteamericano de modo explícito. Eran aún los tiempos en que la joven nación estadounidense pugnaba por consolidarse, cuando el signo revolucionario denotaba al naciente Estado burgués que enfrentaba la dominación colonial del Viejo Mundo. En aquél entonces, si bien la vocación expansionista estaba prácticamente esbozada desde el fragor de la Revolución de Independencia,  aún no se habían decretado el monroísmo ni el destino manifiesto como soportes doctrinales del hegemonismo hemisférico ni había comenzado el avance hacia el Oeste. Sin embargo, las consideraciones que colocaban, por ejemplo, a los indios nativos (los reales pobladores autóctonos, que ya estaban allí) y a los negros procedentes de África (esclavizados y llevados allí a la fuerza), en niveles infrahumanos que justificaban el desprecio, la sumisión y el exterminio mediante la violencia masiva, estaban prefiguradas en la cultura política estadounidense con anterioridad al advenimiento de la fase imperialista. Sus causas estaban en las peculiaridades históricas relacionadas con la colonización inglesa en América del Norte, se vinculaban a las características de su territorio y población y a la manera sui generisen que se implantaron las relaciones de producción capitalistas, el liberalismo, las tradiciones morales y religiosas europeas, en ausencia de estructuras feudales o absolutistas contra las cuales reaccionar.
Como es bien conocido, la colonización inglesa se inicia en el siglo XVII por los territorios norteamericanos en los que se establecen las trece colonias, teniendo como protagonistas a individuos que actuaban cual portadores materiales y espirituales del modo de producción capitalista, del mercantilismo, las relaciones clasistas en que estaban inmersos, la ideología política liberal y el puritanismo protestante, prevalecientes en su país de origen. Los rasgos de la Norteamérica de entonces, sin instituciones feudales, con una población india nativa cuyo nivel de desarrollo civilizatorio era inferior al de las culturas indígenas, pongamos por caso, de Mesoamérica, se traducían prácticamente en una falta de contrapeso a la carga ideológica y cultural de los colonizadores ingleses.
La  heterogeneidad socioclasista de estos últimos, junto a las difíciles condiciones de la temprana vida colonial, que exigían  gran fuerza de voluntad a los pobladores y la creciente conciencia de autonomía frente a la metrópoli británica,  propiciaron la gestación de valores que, de manera ecléctica, se irían fundiendo en el crisol norteamericano, a tono con las circunstancias encontradas y con las que se iban creando y transformando a lo largo del proceso de desarrollo de las colonias, primero, y de formación de la nación, después. En ese sentido,  tanto por acción como por reacción, se van instalando los componentes centrales del mosaico ideológico y cultural de lo que sería posteriormente la sociedad estadounidense: liberalismo, individualismo, idealismo, exaltación de la propiedad privada, sentido mesiánico, sentimiento antiestatal, apego a la tradición. De esa síntesis emergería lo que algunos autores han denominado como “el credo norteamericano”, es decir,  una suerte de consenso básico, o alto nivel de acuerdo, en relación con las formas de organizar política y económicamente la vida de la nación. Ese “credo” ha servido a lo largo de la historia como fuente de identidad de los estadounidenses, toda vez que en él se mezclan y complementan, pongamos por caso, elementos de liberalismo y conservadurismo, que en las experiencias europeas eran tendencias contrapuestas.
Con independencia de las manipulaciones recurrentes, casi constantes, de que han sido objeto, esos componentes retroalimentan, desde el punto de vista ideológico y cultural, al  modo de producción fundamental que ha conocido, durante toda su historia, la sociedad norteamericana: el capitalista, que no se ha manifestado de forma pura, sino que ha llevado consigo relaciones de servidumbre y vasallaje feudal, así como de esclavitud, estimulando autopercepciones de superioridad,  posiciones individualistas, nacionalismo chauvinista, visiones intolerantes, atravesado todo ello por una determinada predisposición al uso de la violencia, bajo condiciones supuestamente “legítimas”, avalada por la apelación necesaria que de ella hicieron los colonos, enfrentando tribus hostiles, en sus primeros tiempos,  y a los soldados de la Corona, después, en el marco de la Revolución de Independencia.
Es  ese el contexto en el que en  la sociedad norteamericana florecería el conservadurismo dentro de una matriz liberal, que afirma una concepción puritana, tradicionalista, intransigente, elitista, que nutre desde bien temprano la cultura del país y se proyecta, entre otras maneras, con una orientación reaccionaria,  contra toda tendencia que promueva cambios. Así, dentro del limitado abanico ideológico, las corrientes de derecha o conservadoras encuentran un espacio favorable para su despliegue y reproducción. Entre ellas, las conocidas como derecha radical o extrema derecha, son precisamente las de mayor beligerancia, favorecedoras de toda suerte de segregacionismo.
Podría  afirmarse que en buena medida, orientaciones ideológicas como las descritas son las que han definido prácticas como las que han dado vida a grupos de extrema derecha, como el Ku Klux Klan, la Sociedad John Birch, la Asociación Nacional del Rifle, la Fundación Nacional Cubano-Americana,  a movimientos fanáticos como los denominados “nuevo nativismo” y “derecha religiosa”, o a gobiernos como los de Ronald Reagan, George W. Bush y Donald Trump, registrándose en este último caso un destacado accionar de grupos de odio y proclividad fascista.  En esos casos, el común denominador radica en su intolerancia y en la manifestación de la cultura política de la violencia, expresadas a través de manifestaciones aberradas de racismo, nativismo, antirradicalismo, xenofobia y belicismo.
Han transcurrido veinte años de los actos terroristas contra las torres gemelas en Nueva York y una de las instalaciones del Departamento de Defensa, en Washington, y las implicaciones del hecho mantienen su presencia y trascendencia en la sociedad norteamericana, así como en el sistema internacional.
Se evidencia que aún persiste el clima de inseguridad e incertidumbre que se generalizó a partir de aquel día, en 2001, en el que perdieron la vida unas tres mil personas, y que mantienen vigencia las concepciones que impregnaron entonces la política exterior de Estados Unidos, basadas en la percepción del terrorismo como eje de las amenazas al mundo occidental.
Renacería así en ese país una atmósfera ideológica que marca, como en los tiempos de la Guerra Fría, la política interna y externa de modo muy similar a la entronizada en la década de 1950, definida por la histeria y la paranoia. Entonces, estas reacciones giraban alrededor, a nivel interno, del macartismo –con la llamada cacería de brujas, desatada contra supuestas conductas antinorteamericanas–, y a nivel externo, de la estrategia de contención al comunismo– considerado como la amenaza internacional a la democracia liberal–, que sería el soporte de la proyección mundial norteamericana durante casi cuatro decenios.
Los sucesos del 11 de septiembre constituyeron significativo un punto de inflexión en la historia reciente de Estados Unidos, con implicaciones planetarias. Desde el punto de vista ideológico y doctrinal,  se sustituirían a partir de ese momento los ejes en torno a los cuales se había articulado la política doméstica y exterior norteamericana, al reformularse la representación del enemigo que había sostenido la mencionada Guerra Fría.
Los resultados electorales de 2020 dejaron ver, en medio de no poca ni efímera incertidumbre, que junto al predominio de la votación popular y del Colegio Electoral a favor de Joseph Biden, persiste la tendencia conservadora, de extrema derecha, a la que se ha hecho referencia, nada despreciable. Ello se palpa en el respaldo recibido por Trump –con más de 70 millones de votos, seguido por la adhesión a su figura mediante movilizaciones públicas, proclives a la violencia, que se sumaron a su empeño en aferrarse a presidencia–, que aunque no consiguió impedir su impugnación con el juicio político iniciado luego de haber concluido su mandato presidencial, es expresión de una corriente en la sociedad norteamericana, apoyada en las organizaciones de la llamada derecha alternativa o desafecta, que contribuye a estimular las divisiones internas en el Partido Republicano, o a mantener vivas, al menos, las posibilidades de conformación de un nuevo partido, con pretensiones de insertarse en el proceso electoral de 2024.
Expresiones ideológicas de disgusto, apartamiento y búsqueda de opciones ante la política tradicional, sus figuras y maneras de actuar, aunque ciertamente, no tan intensas ni de virtual ruptura con las reglas del sistema político, como las que se manifestaron en el violento asalto al Capitolio, han tenido presencia anterior en la historia norteamericana, según lo muestran la década de 2000 y de 2010, en los tres resultados electorales implicados.
En los casos comprendidos entre 2008-2012, a causa del triunfo y reelección, respectivamente, de Barack Obama, un presidente de piel negra, que despertó fuertes sentimientos de racismo y nativismo, se produjo el reavivamiento de viejas conductas colectivas, a través de los existentes grupos de odio. Así ganarían espacios los neonazis, los “cabezas rapadas” (skinheads), el Movimiento Vigilante, las Milicias, las Naciones Arias, el Movimiento de Identidad Cristiana, entre otros, que hasta entonces tenían un bajo perfil, a los que se añadió entonces el naciente Tea Party, haciendo gala de no menos extremismo derechista. En 2016, resurgirían algunos de ellos, alentados por la victoria de Trump, al sentir el amparo de un presidente que les cobijaba cuatro años atrás, y la necesidad de defenderle luego, en 2020, ante la derrota electoral.
Para concluir, vale la pena reiterar que las tendencias de mayor beligerancia florecen en Estados Unidos desde comienzos del siglo en el escenario de crisis provocado por los atentados terroristas veinte años atrás, que como se ha señalado, recrearon un clima parecido al del macartismo, al definirse nuevas percepciones de amenaza que estimularon prejuicios, temores y odios, como las que surgieron contra los musulmanes e inmigrantes latinoamericanos, bajo la bandera de la lucha contra todo lo que significase antinorteamericanismo. Desde entonces, la crisis no parece abandonar el escenario norteamericano.
Los efectos han sido perdurables en términos político-jurídicos, ideológicos y estratégico-militares a partir de los cambios institucionales que tuvieron lugar, al surgir casi de inmediato, por ejemplo, la llamada Ley Patriótica, el Homeland Security Department y el Comando Norte, que antes de que concluyera 2001 y en los primeros meses de 2002, reflejaron la construcción simbólica de los “nuevos” enemigos a la identidad y la seguridad de la nación, junto a la redefinición de la política exterior en torno a la declarada lucha sin cuartel contra el Terrorismo.
El gobierno actual conmemora la tragedia de 2001 en circunstancias en las que, al mirar retrospectivamente los veinte años transcurridos, los problemas con los talibanes no se han resuelto, no se encontraron armas de destrucción masiva en Irak, y la guerra con Afganistán, aunque no se presente así por la Administración Biden, se parece a una derrota general, y ya lo es desde un punto de vista ético y político. Con Trump, la última  conmemoración anual de los atentados se produjo a la sombra de las conversaciones de paz con los talibanes, cuyo reconocimiento como interlocutores no acaba de materializarse.
La política imperialista de Trump se caracterizó por una evidente carga regresiva en lo interno y hacia el exterior, afincada en la cultura política nacional, visible en una desbordada retórica de índole populista, nativista, racista, xenófoba, misógina, con ribetes fascistas, cuya proyección internacional se resumió en las consignas America First y Make Great America Again; y su manifestación hacia América Latina, se concretó en la profunda reacción antinmigrante contra México, la obsesión con la construcción del muro fronterizo, y la beligerancia contra Venezuela, Nicaragua y Cuba –ubicados dentro de la “troika” de las tiranías–, a lo que se suma su posición explícita contra toda alternativa socialista. En su visión estratégica global le concedió tratamientos específicos a cada proceso y país, pero guiado por la simbología de avanzar, en cada acción, hacia el derrocamiento de la Revolución Cubana.
La novedad atribuida a la narrativa geopolítica que servía de soporte a dicha proyección, sin embargo, es bien relativa. Trump retomaba el enfoque geopolítico bipolar, o sea, la relación binaria “amigo-enemigo”, que aplica a nuevas percepciones de amenaza. Ya no se trataba del comunismo, ni tampoco del terrorismo internacional, sino de “nuevas” potencias revisionistas, identificadas con supuestos enemigos vigentes, como Rusia, China, Corea del Norte e Irán. Así, si bien el lenguaje fijado desde el 11 de septiembre ha variado, se advierte una línea de continuidad estratégica al definir las supuestas amenazas.
Para un país imperialista no podía ser de otra manera. Ese era el enfoque más funcional a la hora de enfrentar lo que se consideraba como retos estratégicos en el mapa internacional (en su mayor parte provenientes de Estados, como los mencionados, pero también de procesos de cambio, movimientos sociales, organizaciones políticas u otros actores, considerados preocupantes) con el propósito de neutralizarlos, en función de ajustar su poderío a las nuevas condiciones. Todo se ello se organizaba en torno a los temas de significación geopolítica, como la seguridad nacional,  que ha ocupado un sitio central, abordados en estrecha ligazón con los valores del ideario fundacional norteamericano, situando la defensa de la identidad, la patria y los intereses nacionales como foco de una narrativa permanente, que con frecuencia se maquilla o disfraza, y que en ciertas etapas, gobiernos, mandatarios y estrategas de turno, se empeñan en calificar como “nuevas”, con la intención de presentarse con imágenes innovadoras, como liderazgos intelectuales o políticos trascendentes.
Con Trump se prolongaría, si bien con matices y expresiones diferentes, en un contexto distinto, el enfoque que hicieron suyo en este siglo los anteriores presidentes en su política exterior, confrontando lo que consideraban como conductas antinorteamericanas y este es un hilo conductor, más allá de los giros retóricos, que muestra la vigencia de las codificaciones norteamericanas a partir del 11 de septiembre, proyectándose contra los enemigos o peligros que en el sistema internacional rodean a Estados Unidos desde los atentados terroristas, ubicándolos en un presumible mundo hostil. Las ilustraciones más diáfanas de ello aparecen en la Estrategia de Seguridad Nacional de 2017, en las que le anteceden –como las de 2002 y 2006, el caso de W. Bush  y en el de Obama, las de 2010 y 2015–, y en el documento que le sigue, con Biden, la Guía estratégica interina de seguridad nacional, de 2021, dada a conocer en el mes de marzo.
En este último documento se expresan elementos de continuidad con la política norteamericana en los últimos veinte años, aunque también algunas cuestiones que la diferencian de la del gobierno de Trump. Como línea general, se señala que se mantiene la intención de preservar el papel de Estados Unidos como potencia hegemónica a nivel mundial, ejerciendo un “liderazgo” más coordinado con sus aliados, y recuperando el protagonismo en el sistema de organizaciones internacionales. Se afirma que se utilizarán todas las herramientas del poderío nacional, dando prioridad a la diplomacia y la economía, preservando la condición de principal potencia militar y la opción de emplear la fuerza cuando consideren afectados sus intereses. Se mantiene la visión de que China es el principal rival a nivel global, se califica a Rusia como un contrincante estratégico, y se sigue considerando a Irán y a Corea del Norte como Estados que “desestabilizan” regiones de interés para Estados Unidos.
Al apreciar en su interrelación las proyecciones de las cuatro figuras que han ocupado la presidencia norteamericana durante los veinte años transcurridos en el siglo XXI, es posible concluir que en el caso de Biden, aún no se ha distanciado realmente, de modo significativo, de las líneas de acción de su predecesor ante determinados temas y regiones, como por ejemplo, hacia América Latina, manteniendo hacia Cuba la política heredada, aunque en el plano internacional global ha dado importantes pasos en función de restablecer las relaciones con los aliados europeos, de retornar a tratados e impulsar un enfoque multilateral, procurando desmontar la herencia de Trump.
Biden ha recibido exigencias reiteradas para que se revelen informaciones aún clasificadas sobre los atentados de 2001, en el marco del vigésimo aniversario del siniestro, usualmente realizado en la llamada Zona Cero, donde otrora se erigían las torres gemelas, convertida en monumento como lugar de homenaje a las víctimas, sin que se haya previsto esta vez un discurso.
Los atentados han sido objeto, según es bien conocido de numerosas interpretaciones, plasmadas en textos, investigaciones y materiales audiovisuales, en los que aún se duda y discute sobre la autoría, la versión conspirativa incluida, que hablaba de la autoagresión, si bien lo trascendente son las repercusiones o consecuencias  objetivas de  dichos  acontecimientos, unido a su contextualización, y como parte de ésta, el trasfondo histórico, político y cultural, que son elementos que no deben opacarse, entre  interpretaciones  mediáticas  y hegemónicas que abruman con verdades a medias y  escamotean la realidad.

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Victoria talibán puede alentar a terroristas, advierte alto cargo de la inteligencia británica

El 7 de julio de 2005, cuatro suicidas mataron a 52 pasajeros en el metro y un autobús en Londres. Foto: Getty Images.El regreso del Talibán al poder en Afganistán “alienta e inspira” a los extremistas y podría impulsar el retorno de ataques “al estilo Al Qaeda” en países occidentales, afirmó este viernes en Londres el director del MI5, el organismo británico de inteligencia interior, Ken McCallum.
En una entrevista con la BBC, McCallum dijo que Reino Unido podría enfrentar un “riesgo mayor” debido al retiro de las fuerzas de la OTAN y el derrocamiento del Gobierno afgano reconocido internacionalmente.
“Las amenazas terroristas no tienden a cambiar de la noche a la mañana en materia de conspiraciones directas o campos de entrenamiento o infraestructura, la clase de cosas que tenía Al Qaeda en Afganistán en la época del 11-S”, consideró el jefe del aparato de inteligencia.
“La reconstrucción de esas conspiraciones y actos terroristas centralizados toma un poco más de tiempo… Lo que sí sucede de la noche a la mañana es que hay un estímulo psicológico, un estímulo a la moral de los extremistas que ya están aquí o en otros países”, añadió.
“De manera que debemos permanecer atentos al aumento del terrorismo inspirado que se ha convertido en una verdadera tendencia en los últimos cinco a 10 años, junto con el aumento potencial de conspiraciones del estilo de Al Qaeda”, advirtió.
Gran Bretaña ha sufrido varios ataques violentos de extremistas inspirados por los islamistas en las últimas dos décadas. El más mortífero fue perpetrado el 7 de julio de 2005, cuando cuatro suicidas mataron a 52 pasajeros en el metro de Londres y un autobús.
Ataques más recientes con cuchillos y vehículos han sido obra de individuos inspirados por milicianos del Estado Islámico y otros grupos, pero no dirigidos por ellos.
McCallum precisó que las autoridades británicas desbarataron 31 planes de ataques en los últimos cuatro años, de extremistas tanto islámicos como de la ultraderecha. Agregó que es difícil determinar si Gran Bretaña es más o menos segura 20 años después de los ataques del 11 de septiembre en Estados Unidos.
“El número de conspiraciones que desbaratamos en la actualidad es mayor que el número de conspiraciones que enfrentábamos después del 11-S, pero en general son más reducidas y de menor complejidad”, dijo.
(Con información de AP)

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¿Cómo la CIA localizó a Osama Bin Laden? Un libro apunta a las tendederas de su casa en Abbottabad (Video)

Osama Bin Lden. Foto: AFP.La ropa que la familia de Osama bin Laden colgó a secar ayudó a Estados Unidos a localizar y posteriormente eliminar al fundador de la organización terrorista Al Qaeda, responsable de los atentados del 11 de septiembre de 2001, según un nuevo libro del analista de seguridad nacional y exproductor de CNN, Peter Bergen, que salió este martes.
Tras los ataques terroristas del 11-S, que mataron a 2.977 personas, Bin Laden pasó años escondido, pero el terrorista quería reunirse con sus tres esposas y varios hijos y nietos, por lo que ordenó a su guardaespaldas Ibrahim Saeed Ahmed abd al-Hamid que comprara un terreno, contratara a un arquitecto y construyera una residencia en Abbottabad, en Pakistán, se desprende del libro titulado ‘The Rise and Fall of Osama bin Laden’ (‘El ascenso y la caída de Osama bin Laden’, en inglés), recoge el periódico New York Post.
En 2010, los agentes de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) se estaban acercando al terrorista más buscado del mundo gracias a un informante pakistaní que vio en la ciudad de Peshawar a un hombre que se creía que era Ibrahim, el guardaespaldas de Bin Laden desde hacía mucho tiempo.
Casa en la localidad paquistaní de Abbottabad, donde supuestamente se encontraba Osama Bin Laden. Foto: AFP/Getty Images)
En agosto de 2010, el todoterreno blanco de Ibrahim, que estaba siendo vigilado por la CIA, condujo hacia una propiedad, cuyos muros eran más de 5 metros de altura y estaban cubiertos de alambre de púas. La propiedad no tenía líneas telefónicas ni servicio de Internet, mientras que la gran casa principal contaba con pocas ventanas y el balcón al aire libre del piso superior estaba rodeado por todos lados por un muro alto.
Los agentes comenzaron a vigilar el complejo, realizando un estudio de ‘patrón de vida’ de quienquiera que viviera allí. En particular, se averiguó que, a diferencia de sus vecinos, los residentes de la propiedad nunca sacaron la basura para que la recogieran, sino que siempre la quemaban. Además, dentro del complejo había una pequeña granja que producía manzanas, verduras, uvas y miel, y albergaba pollos e incluso vacas.
Sin embargo, lo que convenció a la CIA de que dentro de la propiedad estaban Bin Laden y su familia eran los tendederos, en los cuales todos los días se podían ver prendas de mujer, los ‘shalwar kameez’ que usan los hombres pakistaníes, ropa y pañales para niños. Según los cálculos de los agentes, dentro de la propiedad debían vivir un hombre adulto, varias mujeres adultas y al menos nueve niños, lo que más o menos coincidía con la composición de la familia de Bin Laden.
El expresidente Barack Obama y su equipo, incluido el actual mandatario Joe Biden, durante la operación que atacó la supuesta residencia de Bin Laden. Foto: Casa Blanca.
En diciembre de 2010, la CIA presentó las pruebas al entonces presidente de EE.UU., Barack Obama. Aunque los agentes nunca lograron capturar una imagen claramente identificable de Bin Laden, “tampoco encontraron pruebas que socavaran la idea de que él vivía allí”, escribió Bergen en su libro.
Las pruebas resultaron ser suficientes para Obama quien ordenó a los militares de su país planificar la operación, que el 1 de mayo de 2011 acabaría con la vida de Osama bin Laden a los 54 años de edad.
(Tomado de RT en Español)
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EE.UU. realiza primer bombardeo en Somalia bajo gobierno de Biden

El grupo de insurgentes ha lanzado ataques contra las fuerzas gubernamentales y contra objetivos civiles. (Foto: Tomada de RHC).

Fuerzas estadounidenses efectuaron este martes el primer ataque aéreo en Somalia desde que el demócrata Joe Biden asumió la presidencia de Estados Unidos, informa Reuters.

El objetivo del bombardeo fueron los milicianos de Al Shabaab, un grupo de insurgentes vinculados con Al Qaeda que busca alzarse con el poder en el país africano para establecer un régimen teocrático basado en su propia y estricta interpretación de la ley islámica.

El grupo ha lanzado múltiples ataques con bomba y armas de fuego, tanto contra las fuerzas gubernamentales como contra objetivos civiles, incluidos hoteles, bares y escuelas en el territorio y otros países vecinos.

Desde el Pentágono precisaron que el operativo militar se llevó a cabo cerca de la localidad de Galcaio, a casi 700 kilómetros al noreste de Mogadiscio, la capital.

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La administración Biden ejecuta el primer bombardeo en Somalia

Milicianos de Al Shabaab entrenan al norte de Mogadiscio, Somalia, el 21 de octubre de 2010. Foto: APFuerzas estadounidenses efectuaron este martes el primer ataque aéreo en territorio de Somalia desde que el demócrata Joe Biden asumió la presidencia de Estados Unidos, informa Reuters.
El objetivo del bombardeo fueron los milicianos de Al Shabaab, un grupo de insurgentes vinculados con Al Qaeda que busca alzarse con el poder en el país africano para establecer un régimen teocrático basado en su propia y estricta interpretación de la ley islámica.
El grupo ha lanzado múltiples ataques con bomba y armas de fuego, tanto contra las fuerzas gubernamentales como contra objetivos civiles, incluidos hoteles bares y escuelas en Somalia y otros países vecinos.
Desde el Pentágono precisaron que el operativo militar se llevó a cabo cerca de la localidad de Galcaio, a casi 700 kilómetros al noreste de Mogadiscio, la capital.
En el pasado Washington ha realizado con frecuencia este tipo de ataques en territorio somalí, aunque se trata del primer bombardeo desde la toma de posesión de Biden el pasado 20 de enero.
(Con información de RT Español)

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