HAVANA CLIMA

11-J

La victoria pírrica del 11-J/ 2022

Pirro, rey de Epiro, logró vencer a los romanos en una batalla en la que murieron miles de sus hombres, tantos que, según cuenta la historia, al contemplar el resultado dijera: «Otra victoria como esta y volveré solo a casa». Derrotó a la república romana en dos oportunidades, pero a costa de tal desgaste y de la desmoralización de sus tropas, que finalmente fue vencido en la batalla de Benevento y obligado a retirarse.  
Victoria pírrica ha sido denominado desde entonces un resultado que se consigue con tantas pérdidas para el bando aparentemente vencedor, que puede terminar siendo desfavorable para él. Algunas contiendas famosas clasifican bajo esta denominación: la batalla de Borodino en las guerras napoleónicas (1812), la de Jutlandia en la Primera Guerra Mundial (1916) y la primera batalla del Alamein, en la Segunda Guerra Mundial (1942), entre otras.
A las anteriores debería sumarse ahora la batalla comunicacional del 11-J de 2022, calificada por el gobierno cubano como un nuevo Girón. La psicóloga Karima Oliva resalta como un gran éxito que ese día se posicionaran la etiqueta #Cubavive y las matrices de mensajes favorables al gobierno.

Resulta toda una paradoja que sean el gobierno y su aparato de comunicación, que consideran a Internet y las redes sociales como sitios en los que se manipula la realidad cubana, los que presuman ahora de ganar sus batallas precisamente allí. Porque donde había que disuadir de la posibilidad de un nuevo estallido social era operando sobre la realidad, es decir, sobre los factores que condujeron a las protestas sociales del pasado verano. ¿No afirman que la verdad sobre Cuba no está en las redes? Entonces, ¿de qué victoria estamos hablando?  
La historia no es una obra de teatro, con ensayo general y actos bien definidos. Muchos pensaron que este 11-J se produciría en Cuba un estallido similar al del pasado año, y consideran una derrota que no ocurriera; se equivocan. Otros pueden pensar que el hecho de que no se haya producido es una victoria del Estado; también se equivocan.
Lo sucedido resulta totalmente lógico. Durante estos doce meses el Estado se blindó para desestimular cualquier manifestación en su contra. Lo hizo con normativas legales que regulan la comunicación y con un nuevo y mucho más estricto Código Penal. A nivel represivo dictó altas condenas de prisión a muchos manifestantes del 11-J, pero tampoco habilitó ninguna de las leyes constitucionales para que la ciudadanía pueda interpelarlo: derecho a manifestación y Tribunal de Derechos Constitucionales.
Y —para no dejar nada al azar—, desde días antes de la referida fecha fueron desplegados operativos y agentes de Seguridad del Estado con el fin de asegurar que los disidentes no salieran al espacio público, se les encerró en sus casas, se presionó a sus familiares y amigos; se convocó a los colectivos laborales a custodiar plazas y parques y a actividades infantiles desde horas de la mañana.
A ello hay que sumar que la sociedad cubana no tiene posibilidad legal alguna de articularse en asociaciones cívicas, sindicatos u organizaciones independientes de las admitidas por el Estado, que pudieran ser interlocutoras ante este. Presentar como una victoria el haber sobrepasado el día cero sin un nuevo estallido, es pueril. Fue así sin embargo como se anunció por dirigentes políticos, funcionarios del ministerio de Cultura y periodistas en el programa Mesa Redonda dedicado a la gran victoria… comunicacional.
[embedded content]
Tal actitud pretende ignorar que el 11-J de 2021 acaeció por un conjunto de circunstancias, no solo presentes hoy sino mucho más potenciadas. Los que confíen en que al evitarlo en fecha fija eliminaron las condiciones para la réplica de similares acciones, pecan de ingenuos o soberbios y, en ambos casos, son políticos torpes.
Aquí habría que recordar las categorías de la dialéctica necesidad y casualidad. Un cambio en Cuba ocurrirá necesariamente, pues está ligado a lo esencial del desarrollo en unas condiciones dadas, y se abrirá paso a través de la realidad de manera inevitable: un modelo económico y sociopolítico sin posibilidades de reproducirse bajo exactas condiciones, deberá dar lugar inexorablemente a una transformación (y no solo en el ámbito de la economía). Sin embargo, el modo exacto en que esto ocurra dependerá de situaciones por lo general casuales y difíciles de predecir.
Para una gran mayoría, muchas veces silenciosa, las circunstancias deseables para tal cambio serían pacíficas y mediante un diálogo nacional. Pero el aparato gobernante ha sido refractario a aceptar a la ciudadanía como interlocutora en pie de igualdad y respeto. Su concepción anti-dialéctica de la historia —que aprecia al desarrollo como una línea recta e irreversible, y ha llegado al punto de incluir esa determinación en la Constitución—, le ha hecho creer que es posible continuar gobernando del modo tradicional, aun en medio de una era tecnológica en que ya no le es dable desconocer y acallar a la opinión pública.
Desde el mismo momento en que la gente tuvo la capacidad de erigirse como interlocutora ante el poder, lo ha hecho. Ha ocurrido paulatina pero sostenidamente. Esa es una transformación radical que torna anacrónicas las usuales prácticas políticas discriminatorias características de un modelo de Partido único en cualquier contexto; amén de los enormes y sostenidos errores en política económica y social de ese Partido en Cuba.    
La consecuencia es predecible: en un escenario como el que existe en la Isla, si se cierra la puerta al diálogo, se le está abriendo a la violencia. El Estado no puede desconocer que durante el año transcurrido, en la misma medida en que se ha naturalizado la represión por parte suya, se naturalizan la protesta social y la desobediencia por parte de la ciudadanía. Es un proceso de adaptación recíproco y una actitud que se reforzará en ambos casos mientras más se practique.
Aunque con medidas de control extremo se logró evitar un estallido de grandes proporciones, no puede ignorarse que a lo largo de estos doce meses se han suscitado diversas formas de protesta y desobediencia social difundidas y documentadas: cartas públicas a dirigentes, cacerolazos, carteles contra el gobierno y su presidente, manifestaciones motivadas por los cortes de electricidad en universidades, barrios y poblados de varias provincias; exigencias de madres ante la falta de alimentos y medicamentos para sus hijos y por fallas en el sistema de salud y de atención ciudadana; acciones de apoyo de los familiares y amigos de presos por el 11-J; y constantes argumentaciones de ciudadanas y ciudadanos en las redes sociales, donde son sometidas a crítica, con argumentos profundos y meditados e interesantes propuestas, las políticas del gobierno y la actitud de sus dirigentes.

De julio a julio, la inflación se ha desatado —con la consiguiente devaluación del salario real y la moneda nacional—, y es mayor la escasez de alimentos, medicamentos y productos de primera necesidad. Igual incremento es visible en los cortes de electricidad y las restricciones al transporte. Un punto de ostensible mejoría radica en el control de la pandemia, y aunque deben reconocerse la producción de vacunas y la campaña de vacunación organizada por el gobierno, hay que valorar también que el control de la ola pandémica se ha comportado con características similares a nivel global.
Que el número de fallecimientos por Covid sea casi nulo hoy, no indica que el sistema de salud esté en mejores condiciones para un hipotético resurgir de casos, como ya se aprecia en otros países, y más si se tiene en cuenta que desde hace meses proliferan en varias provincias cubanas los enfermos de dengue, incluso de su peligrosa variante hemorrágica.    
 Tras el estallido social del 11-J, el presidente Miguel Díaz-Canel declaró durante meses que la actual crisis no era el peor momento de un gobierno cubano después de 1959, pues la intervención por Playa Girón y el Período Especial fueron coyunturas más complicadas. Desde hace un tiempo ya no se atreve a afirmarlo. No era cierto. Todos lo sabíamos. Él también.
Veamos entonces algunas pautas que permiten explicar el contexto cubano hoy y entender la magnitud de la crisis.
Cinco pautas para interpretar el escenario actual en Cuba
1) Recordemos aquellos viejos y —dados los resultados posteriores— buenos tiempos, en que la economía insular era descrita eminentemente como exportadora de productos agrícolas, materias primas y minerales de escaso valor agregado: azúcar, cítricos, café, tabaco, ron, níquel, entre otros. La relación con el campo socialista no varió en lo esencial dicho modelo exportador, como sí lo hicieran posteriores decisiones en política económica.
En las más de tres décadas desde el derrumbe del campo socialista, se ha venido diseñando en la Isla un modelo que la ha convertido en mucho más subdesarrollada y dependiente. Aunque data de tiempos de Fidel, fue sobre todo con las reformas raulistas que esta situación se reforzó. El turismo y la venta de servicios profesionales fueron presentados como locomotoras de la economía, sin tener en cuenta que ambas son actividades susceptibles a altibajos geopolíticos y globales (económicos, políticos y sanitarios).
Cuba debe importar hoy muchos de los productos que antes se producían para consumo nacional, o se exportaban; solo le resta esperar a que vuelva el turismo, lo que al parecer demorará; y con la venta de servicios profesionales puede continuar perdiendo parte de su fuerza calificada, pues para que esta regrese al país debe existir un mínimo de prosperidad que haga deseable el retorno.  
En los noventa, la agricultura, a pesar de las grandes afectaciones y la subida de precios de muchos productos, pudo garantizar en los agro-mercados estatales ofertas estables y a precios accesibles de productos como la papa y el maíz, que, además de los huevos, se convirtieron en importantes fuentes de alimentación al alcance de todos.
El pasado año fueron informadas sesenta y tres medidas para revitalizar la agricultura, pero no se vislumbra recuperación alguna en ese sector. Según un artículo publicado en La Joven Cuba, la Isla estaría abierta a la importación de numerosos productos agrícolas provenientes de Estados Unidos si se eliminara el bloqueo —lo que sería sin dudas un aliciente para el consumidor cubano en las condiciones de desabastecimiento que hoy vivimos—; sin embargo, no hay que perder de vista que Cuba tendría muy poco que ofrecer a su poderoso vecino en ese sentido para que sea un comercio bilateral y mutuamente ventajoso. Ni cuota azucarera en su mercado podríamos exigir habido el desmontaje de la industria azucarera nacional desde hace veinte años, cuyo corolario ha sido la zafra del 2021, la peor de los últimos cien.

“Tenemos que aprovechar la demanda interna como un motor impulsor de la economía del país.” @AlejandroGilF en @AsambleaCuba #CubaLegisla #PoderPopular pic.twitter.com/SNf2vC46to
— Ministerio de Economía y Planificación de Cuba (@MEP_CUBA) July 21, 2022

Cierto que tenemos muchos hoteles (una buena parte cerrados hoy) para los turistas que decidan vacacionar, aunque gestionados por cadenas francesas y canadienses. En resumen, sesenta y tres años más tarde del triunfo de enero, nos encontramos en la situación que describí en el artículo «Antimperialismo en Cuba: reflexión en dos tiempos»:

Tantos años después, aquí estamos: abiertos al capital extranjero al que se presenta como tabla de salvación, con una Constitución que los invita, con su majestad el dólar rigiendo de nuevo, endeudados hasta la médula con poderosos círculos financieros internacionales. Y, lo peor, esperanzados en que el Norte retire el bloqueo y decida hacer negocios en Cuba para, posteriormente, avanzar más en las reformas y llegar a disfrutar de derechos políticos.
¿Díganme si eso no significa la victoria de un plattismo inconsciente en el imaginario social de esta nación? Es la derrota de aquella fuerte corriente de pensamiento que emergió hace un siglo. Eso sí, maquillada con un discurso político que continua siendo profundamente antimperialista. Las palabras por un lado y la realidad por otro.

2) Cuando ocurrió la debacle del campo socialista, la crisis fue profunda y abrupta; pero el país conservaba aún ciertas reservas en infraestructura y sistemas sociales que permitieron que, luego de tocar fondo, se avizoraran cambios. A ello hay que añadir que en aquel período no existían las marcadas diferencias sociales que hoy se aprecian entre personas, barrios, poblados y provincias.
El sistema de salud era muy sólido entonces, desde la atención primaria (médicos de familias situados en miles de barriadas), hasta los policlínicos y hospitales. Por eso, a pesar de múltiples problemas de salud vinculados con la crisis —como las neuritis, ocasionadas por déficits de proteínas en la alimentación—, no mostró las condiciones depauperadas que hoy se advierten.
Durante años se fue invirtiendo cada vez menos en equipamiento para la salud respecto a otras épocas. Se restringieron servicios como los de obstetricia y cirugía, presentes en casi todos municipios, que fueron concentrados en las cabeceras provinciales. Hoy faltan, desde ambulancias, hasta insumos médicos básicos en los hospitales, como guantes, jeringuillas, vendas, mercuro-cromo.
Por su parte, la industria de medicamentos resistió mejor la crisis de los noventa, en que la ausencia de medicinas no fue tan agobiante como ahora. A ello se suma la disminución durante estas décadas —a pesar de las graduaciones constantes—, de médicos, personal de enfermería, técnicos y laboratoristas; motivados por el cumplimiento de misiones en el exterior o por emigración definitiva.
El sistema de Seguridad Social en Cuba cubría a muchas más personas hasta el nombramiento/elección oficial de Raúl Castro como presidente del Consejo de Estado, en febrero de 2008. A partir de ahí se enfatizó en la necesidad de recortar gastos y «gratuidades indebidas», pero fue especialmente entre 2016 y 2020 que la inversión en Salud y Asistencia social disminuiría en dos tercios: de 232,6 a 84,5 millones de pesos. Es alarmante que el recorte en la inversión de salud ocurriera precisamente en etapas en que los ingresos por exportación de servicios médico-farmacéuticos fueron la principal fuente de divisas del país, por encima del turismo (2006-2018).
En consecuencia, aumentaron en esos años la pobreza y la desigualdad. Parámetros exitosos hasta los ochenta, como la «tasa de mortalidad», con tendencia a la disminución —aunque con un repunte durante los noventa—, comenzaron a crecer nuevamente.
3) En los últimos años el éxodo de cubanos es enorme. El modelo habitual de migración ha cambiado, especialmente tras el 11J. La actitud del gobierno convenció a muchas personas de que cualquier tipo de cambios sería obstaculizado, y la falta de confianza en el futuro se observa en el actual modelo, en que familias enteras están emigrando.
Permanecen cerradas o se venden casas porque no resta nadie del núcleo familiar que las habite. Familias a las que quedaban apenas sus ancianos —reacios a emigrar pues confiaban en el sistema de salud y en que las remesas de sus hijos y nietos garantizarían la permanencia en el sitio de sus raíces—, los están sacando de Cuba. El censo nos dirá, correspondía este año pero se ha pospuesto.
En los últimos años el éxodo de cubanos es enorme. (Foto: France24)
No obstante, esta mutación del modelo migratorio puede incidir en otro punto de cambio, pues la flexibilización por el gobierno de Biden de las medidas dictadas por Donald Trump en cuanto a los viajes a Cuba y el envío de remesas, pueden no tener los efectos esperados por el gobierno de la Isla. Nadie manda remesas a una casa vacía. La existencia de familias a ambos lados del estrecho de la Florida, es condición esencial para que exista un flujo en tal sentido. Numerosos emigrados están escogiendo gastar de una vez una buena suma de dinero costeando coyotes y viajes ilegales por medio continente, antes de seguir manteniendo a su familia en un lugar en que les resultará más caro a largo plazo.
4) El gobierno de Cuba apuesta con mucha energía por la atracción de capital externo. Incluso para industrias como la azucarera, donde esto jamás se aceptó en los noventa y se optó por desmantelarla antes que abrirla a la inversión privada. A pesar de ello, la pésima infraestructura insular, la desconfianza de los inversionistas en las garantías del gobierno a largo plazo, y la propia crisis en los países emisores de capital, entorpecen esta expectativa.
En resumen: el país no tiene fondos de acumulación, los inversores extranjeros no acuden al llamado y los potenciales inversionistas nativos se están marchando al haber sido postergados por décadas. Solo veo posible una inversión masiva de cubanos emigrados, pero por supuesto que estos exigirán transformaciones en el modelo político, que el gobierno no desea hacer.
5) Ni siquiera el entorno geopolítico regional —en que han triunfado muchos gobiernos de izquierda o progresistas, en todo caso mayoritariamente contrarios a la política hostil de Estados hacia Cuba—, puede interpretarse como punto de inflexión favorable al gobierno cubano.
La Isla ha requerido siempre de un país-pilar para salir de los momentos críticos del proceso desde 1959: la URSS en los sesenta y Venezuela en los noventa. En estos momentos ninguno de los gobiernos de la izquierda emergente en América Latina va a desempeñar ese rol. Primero, porque se trata de una izquierda que no se ha alineado con el modelo antidemocrático insular y ha hecho fuertes críticas a la represión, durante y tras el 11-J. Segundo, porque la crisis de la pandemia ha afectado a todos y Cuba resulta un socio muy costoso.
Venezuela envió durante años a Cuba grandes cantidades de petróleo que intercambiaba por servicios de variada índole: médicos y colaboradores en diversos campos, incluyendo militares. Sin embargo, la invasión de Rusia a Ucrania y el consiguiente encarecimiento de combustibles que ella ocasionó, sacaron a relucir el lado más pragmático de las administraciones norteamericana y Bolivariana.
A pesar de los iniciales pronunciamientos del gobierno de Maduro en respaldo a Putin, y de la crítica ante la violación de derechos humanos en Venezuela por parte del gobierno de Biden (que, ¡oh Maquiavelo! tampoco ha desdeñado a Arabia Saudita); el Norte ve hoy con mejores ojos a sus vecinos del Cono Sur que, casualmente, disponen de las mayores reservas petroleras en la región. Nosotros, les recuerdo, ni azúcar (que está a quinientos dólares la tonelada, dígase de paso). Y ahora, tampoco el petróleo al que estábamos acostumbrados.  
Habría mucho más por decir, sobre todo de los factores subjetivos, pero el espacio no lo permite. Que estas mínimas pautas sirvan a nuestros decisores para que lo piensen tres veces antes de proclamar un triunfo que, parafraseando al anterior primer secretario, es muy indebido. O más bien, para ser coherentes con mi argumento inicial, puede ser considerada la más reciente victoria pírrica en los anales de la historia.

Leer más »

Once

Paso a enumerar a las autoridades partidistas del municipio Diez de Octubre los pormenores de la manifestación pacífica que el pasado lunes 11 de julio, a contrapelo de las campañas de descrédito de los medios de desinformación enemigos, se realizó en el Consejo Popular Tamarindo en apoyo a la construcción socialista y contra el golpe de Estado vandálico.
En el sector de la Policía Nacional Revolucionaria de la calle Enamorados, contiguo a la Esquina de Toyo, donde hace un año nos viraron dos carros patrulleros, emplazamos un camión que, por su tonelaje, necesita para ser volcado no menos de Alí Babá y sus cuarenta ladrones (o lumpen o escoria o apátridas…, según el apelativo ad hoc con que se desee denominarlos). Por la proporción de vigilantes respecto a transeúntes (tres a uno), ello se hacía casi imposible, pero no conviene confiarse.
En el Parque Santos Suárez, sede central de la jornada de evocación, se ofertó al público asistente panes de calabaza, masarreales de levadura torula y panetelas ebrias. En la cola situamos a varios agentes nuestros, quienes marcaron sucesivas veces y compraron tanto pan que tuvimos que abrir otro quiosco para recuperar el dinero invertido.
Espero estén ustedes al tanto del llamado hecho en las redes para salir a las calles con pulóveres comunistas, y del revuelo ocasionado por el que exhibió en Twiter el coordinador nacional de los Comités de Defensa de la Revolución. Me vi compulsado a autorizar, con ánimo de no contradecir el equilibrio de género propugnado por la política de adelanto de la mujer del Gobierno (o mejor: «propugnado por el Gobierno para el adelanto de la mujer», no quiero se interprete que me refiero a la jefa de eventos del Ministerio de Cultura), que las integrantes del bloque 11 de la Federación de Mujeres Cubanas se aparecieran en la actividad con unos pulóveres que aludían a la secretaria general Teresa Amerelle Boué. Por respeto al respeto que a ustedes les prodigo, no reproduzco aquí lo que de ella se expone en dicha prenda de vestir.

Yo sé que a algunos no les va a gustar, pero no quería perderme el reto de #SacaTuPuloverComunista, y ahora mismo este es el que tengo a mano… #Cuba #CDRCuba #SomosDelBarrio #CubaPorLaPaz pic.twitter.com/D96M6MMlOS
— Gerardo Hdez. Nordelo (@GHNordelo5) July 8, 2022

Me tomé la atribución de impedir que un grupo de trabajadores por cuenta propia instalaran un parque de diversiones conformado por aparatos con botes, carabelas y otras naves de disímiles calados que pueden sembrar diabólicas expectativas en niños y jóvenes.
Quizás sea contraproducente que el 11 de julio, Día Mundial de la Población, en un país donde esta decrece de manera acelerada por la instalación de los parques del párrafo anterior, fomentemos el aumento de la población penal, pero nos sentimos obligados a realizar las siguientes detenciones de (como dice Abel Prieto) «gente desmoralizada desde el estado fetal»:
– En la actividad infantil se promovió por los altavoces una canción muy rara que reza: «¡Protesto, protesto y vuelvo a protestar!». Por la segunda parte de esa estrofa presuponemos fue compuesta en días recientes, pues es notorio el llamado a lanzarse otra vez a la calle. Hay varios inculpados, entre ellos una maestra de la primaria de enfrente que compulsó a que sus alumnos bailaran al son de la melodía con los brazos en alto y movimientos pélvicos.
El operador de audio alega que grabó el himno sedicioso desde un disco de la Empresa de Grabaciones y Ediciones Musicales, y que el tema es supuestamente de un grupo de rock nombrado Los Yoyo. Increíble la desfachatez de esta gentuza, como si uno no atinara a darse cuenta de que la susodicha agrupación alude semánticamente a la verticalidad del ir y venir de la oposición en sus anhelos subversivos.
– Un individuo de mediana edad, parado en la esquina de Zapotes y San Indalecio y con mirada insegura hacia los cuatro puntos cardinales, preguntó a una señora que rellena fosforeras (con amplia hoja de servicios como colaboradora de las fuerzas del orden) si esa era la calle San Julio. Fue conducido de inmediato por dos razones: por confundido y por canonizar subliminalmente, con ese «San Julio», la fecha que conmemoramos.
– Un sujeto que dice ser humorista, conversando con otro de similar talante, insistió en el detalle de que nació un 11 del mes 11 a las 11 y 11 horas. Lo expresó casi con orgullo, pues, según el carnet de identidad que no portaba, este año arriba a su tercera edad. Se puso pesao y tuvimos que propinarle un golpe blando.
– Una señora traía encima de su estómago, adherida con alfileres en la blusa, una enseña nacional, pérfida crítica a la soberanía alimentaria que hoy defendemos con esos panes, esos masarreales, esas panetelas… Ella insiste en que llevaba la bandera a media asta en homenaje al fallecido exprimer ministro japonés.
– A un grupo de alrededor de treinta personas les tomamos sus datos y los enviamos a casa, fianza mediante. En el clímax de la actividad política, cuando el orador de turno recordaba la construcción socialista que se hace en el Solar de las Margaritas para convertirlo, con la «operacionalización» a la que alude el presidente, en una ciudadela digna con hacinamiento decoroso («un Tamarindo al que se le incrementa su dulzor»), dichos ciudadanos comenzaron a darle vivas al 11 de julio.
A juzgar por lo escrito en el periódico Juventud Rebelde por el presidente de la Unión de Periodistas de Cuba («Resulta, al menos chocante o contradictorio, cuando algunos hablan del 11 de julio del pasado año en tono de celebración»), el hecho es condenable. Pero si nos atenemos a las palabras del compañero Díaz-Canel («Si algo vamos a celebrar es esa victoria del pueblo cubano, que es una derrota más del imperialismo»), merecen un diploma de reconocimiento. Ustedes dirán.

Leer más »

Sentenciando a una comunidad empobrecida

La justicia es igual a las serpientes: 
Sólo muerden a los que están descalzos.

Monseñor Romero
***
El 12 de julio del 2021 la ciudadanía protestó de forma masiva en La Güinera, barrio del municipio habanero de Arroyo Naranjo. Esta manifestación se debe situar en el contexto del estallido social que sacudió el archipiélago desde la jornada anterior, y que tuvo como resultado más de mil personas detenidas en los días siguientes, la muerte del ciudadano Diubis Laurencio, así como un amplio despliegue de la violencia de Estado.
A estos hechos ha seguido el desarrollo de varias causas judiciales contra un total de 161 ciudadanos residentes en la comunidad en cuestión, según datos aportados por la ONG Justicia 11J. Los delitos más frecuentes en las condenas han sido sedición, propagación de epidemias, desacato, desordenes públicos y atentado.
Un patrón que se repite en las sentencias se basa en que los testigos presentados por fiscalía, en su inmensa mayoría, fueron oficiales del Ministerio del Interior o la Policía Nacional Revolucionaria. Además, si bien se observan en estos documentos referencias a los episodios de violencia por parte de los manifestantes, se omite toda información concerniente al ejercicio de la fuerza policial y de los funcionarios gubernamentales, visibles en los videos grabados por la ciudadanía y en el testimonio de los familiares.
Aun cuando existe un alto cúmulo de información sobre los sucesos del 11 y 12 de julio, en este texto nos concentraremos en analizar la compleja situación social de la comunidad La Güinera, reflejada en los propios dictámenes judiciales y en la información aportada por los familiares de los presos. Con ese fin se seleccionaron como muestra las sentencias de las causas 13/21; 14/21 y 19/21. En esos procesos fueron juzgados sesenta y un ciudadanos, con edades comprendidas entre los diecisiete y los sesenta y cuatro años. Las penas impuestas por los jueces oscilaron entre seis y veintiséis años de prisión.
Durante la visita del presidente Miguel Díaz Canel a La Güinera, el 20 de agosto del 2021, los medios oficiales intentaron presentar al barrio «como un espacio social donde las problemáticas poblacionales estaban resueltas o en vías de solución». En cambio, las sentencias ofrecen información que permite constatar la enorme complejidad de las dificultades existentes en el tejido social y la vida comunitaria, que tienen como denominadores comunes la agudización de la pobreza y la exclusión social.
Migdalia Padrón (Foto: María Lucía Expósito)Migdalia Padrón (Foto: María Lucía Expósito)
Escolarización, empleo y relación con las instituciones gubernamentales
En el texto que publiqué en este espacio el pasado mes de marzo, afirmé que los efectos de las continuas crisis económicas y del deterioro del modelo socio-político cubano, han influido en el débil mercado laboral de los residentes en este barrio. Tal proceso tiene su expresión más apreciable en tres características comunitarias: elevada tasa de abandono del sistema educativo al concluir la enseñanza media, auge del empleo informal y desconfianza en las instituciones públicas o gubernamentales.
Si bien en la sentencia de la causa 13/21 no se ofrece información sobre el nivel educativo de los imputados, los expedientes 19/21 y 14/21 aportan datos que permiten develar la naturaleza social del estallido en cuestión. El alto índice de abandono escolar se encuentra motivado por la precarización del nivel de vida, la disfuncionalidad de los hogares y la falta de acceso a elementos tecnológicos, como computadoras o discos externos, que permitan responder a las necesidades de los procesos docentes en la educación superior. Esta tesis es verificable a simple vista en las sentencias, pues de los acusados analizados ninguno posee titulación universitaria.
En un país en que la escolaridad obligatoria es hasta el noveno grado, los datos presentes en las sentencias ofrecen un panorama educativo desolador: cuatro detenidos poseen 6to grado de escolaridad, veintisiete concluyeron el 9no grado y solo nueve poseen el duodécimo grado. Dicha información muestra la presencia de un alto índice de escolarización elemental, pero también revela una abrupta deserción escolar, que, lejos de favorecer la continuidad de estudios al menos hasta el preuniversitario, potencia la incorporación de adolescentes al mercado laboral, en especial en el sector informal.
El otro elemento que evidencia la situación de vulnerabilidad económica que incentivó a la ciudadanía a tomar el espacio público, es la informalidad del mercado laboral, que se agudizó aún más con la «Tarea Ordenamiento», la crisis de desabastecimientos y el proceso de hiperinflación que se vive en el país. El agravamiento de esta realidad condujo a las protestas, pues empeoraron el acceso a la alimentación, los medicamentos y otros insumos básicos en medio del peor pico de la pandemia de covid-19.
La inestabilidad del mercado laboral se observa en el alto nivel de desocupación declarado en los procesos judiciales. Esta información ha sido empleada por el Gobierno para criminalizar a los manifestantes, sin ofrecer las causas sociológicas y económicas que la originaron. Los datos y la realidad de la comunidad demuestran el difícil panorama laboral de sus habitantes: en el momento de la manifestación, treinta siete personas se encontraban desempleadas, solo quince tenían vinculación laboral reconocida, tres eran estudiantes y uno estaba atendido por la Seguridad Social.
Estos datos deben ser contrapuestos con la información aportada por los familiares de los detenidos. De las ocho familias consultadas, se pudo constatar que sus hijos realizaban distintas actividades en el sector de la economía informal, obligados por la situación de vulnerabilidad de sus núcleos familiares, integrados por madres solas o compuestos por un elevado número de miembros.  
A este panorama debe añadirse el efecto causado entre esas personas por la apertura de tiendas en monedas libremente convertibles (MLC), que complejizó aún más su situación. Estos comercios expiden productos en una moneda a la que no tiene acceso la mayoría de los manifestantes, y habían reforzado el mercado informal de reventa de insumos básicos para una vida digna, los cuales llegaron a precios inconcebibles para familias que, en muchos casos, están en el umbral de la pobreza extrema.
Elizabeth León (Foto: María Lucía Expósito)
Si analizamos la composición de los grupos etarios predominantes en las causas, es patente que el grupo más numeroso de manifestantes oscila entre los dieciocho y los treinta años, con un total de treinta y cuatro enjuiciados; mientras, entre los treinta y uno y cuarenta años fueron sentenciados catorce.  Únicamente trece detenidos exceden las cuatro décadas de vida.
La presencia mayoritaria de una ciudadanía joven, millennials, que ha vivido en carne propia las continuas crisis de la economía y se ha distanciado de los metarrelatos políticos gubernamentales, demuestran un panorama distinto en los posicionamientos cívicos y políticos de los manifestantes, que se alejan del discurso que atrajo a sus abuelos.
El otro aspecto que llevó a la ciudadanía al espacio público el 12 de julio, fue la desconfianza en las instituciones públicas y los poderes del Estado. La situación de fragilidad presente en los escenarios de la vida cotidiana de estas personas, las ha obligado en distintos momentos a acercarse a las dependencias gubernamentales para solicitar ser beneficiarios de políticas sociales, que pueden ir desde requerir círculos infantiles para sus hijos hasta subsidios por concepto de familias numerosas o por el mal estado de sus viviendas. Según refieren estas personas en nuestros intercambios, sus planteamientos han sido desoídos la mayor parte de las veces, lo cual les demostró la ineficacia de «los canales establecidos».
Esta situación ha cobrado mayor intensidad después del 12 de julio, pues los padres y familiares han remitido quejas sobre la instrucción de causas o sobre el propio proceso legal a instancias fiscales y a la presidencia de la República, que solo en algunos casos han tenido contestaciones escuetas; en otros, aún esperan respuesta.
Disenso político y criminalización gubernamental
A raíz del estallido social de julio pasado, importantes figuras políticas han empleado una serie de calificativos peyorativos para referirse a los manifestantes: «mercenarios, vándalos, lacayos o pagados del imperialismo». Tales expresiones han sido usadas indistintamente por Miguel Díaz Canel y otros funcionarios públicos con el fin de criminalizar el disenso, pero lo que hacen en realidad con estas etiquetas es pasar por alto la situación de pobreza y marcada desigualdad social de gran parte de los sectores que se manifestaron esos días. Para caracterizarlos, utilizan el suave término de «población vulnerable».   
María Luisa Fleitas y Migdalia Padrón (Foto: María Lucía Expósito)María Luisa Fleitas (Foto: María Lucía Expósito)
En el firme intento de incluir a los manifestantes de La Güinera en la categoría de vándalos, uno de los aspectos alegados por el discurso político y los medios oficiales, es que la mayoría de los procesados de esa comunidad poseían antecedentes penales. No obstante, al examinar las tres causas seleccionadas, se verifica que, de un total de sesenta y un ciudadanos, cuarenta y cuatro, poco más de las dos terceras partes, no posee antecedentes penales; mientras, diecisiete de ellos sí ha tenido en algún momento de sus vidas una condena judicial.
En el caso de estos últimos, en su inmensa mayoría habían cumplido las sentencias, lo cual motiva dos cuestionamientos: ¿tener antecedentes penales constituye causa de limitación de los derechos políticos?, ¿acaso la justicia no debe tener carácter reeducativo, por qué criminalizar el disenso político, cuando el ciudadano ya ha pagado su pena?
Las condenas a los ciudadanos de esta comunidad reflejan la ausencia de una capacidad de negociación política, que, en lugar de apuntar a la búsqueda de soluciones para revertir la fragilidad social y económica presentes en dicha colectividad, optan por el uso punitivo de la justicia, sentenciando y criminalizando a los habitantes de barrios empobrecidos a penas ejemplarizantes.
Este panorama, lejos de resolver conflictos, agudiza la vida comunitaria y sienta precedentes en la mentalidad de una ciudadanía que hace décadas vive bajo el efecto de la crisis del modelo político y económico imperante en Cuba.

Leer más »

Casos aislados

Al menos por España vivimos los episodios finales de la que parece ser la última temporada de la pandemia. No sé si hay nuevas cepas o acaso la guerra del gas ha desplazado este tema en las agendas mediáticas del mundo. Mi madre, que ha pasado tres meses con nosotros en Coruña, regresa a Cuba y de vuelta no le exigen certificado Covid ni tampoco han de aislarla al llegar a La Habana. A mí sí me tocó. Cuando viajé en septiembre pasado, fui del aeropuerto al centro de aislamiento que me destinaron, uno que queda muy cerca de la Lenin.
En mi cubículo éramos cuatro hasta que llegó ella. Desde el minuto uno preguntó cuándo podía irse de allí. Preguntó también si era posible adelantar el PCR. Ella hubiese ido a un hotel pero no le aceptaron los dólares, porque los hoteles solo era posible pagarlos con euros. Eso le había dicho la funcionaria de migración del aeropuerto.
En la primera cena no comió nada de la cajita. Llamó a su madre para  asegurarse de que le trajeran el almuerzo al día siguiente. Ella pagaría la máquina desde Luyanó y todo lo demás.
Pelo lacio azabache, ojos expresivos, boca de negra, buenas tetas, uñas de princesa del trap y un caminao de reparto a juego con las cadenas de oro que le colgaban del cuello. Sin tener nada extraordinario, era el rostro más hermoso del albergue. La niña del albergue, la niña de Hialeah.
Los hombres del cubículo contiguo la velaban con hambre. Uno de ellos, Nelson —Nelsito al segundo día— fue quien la bautizó como Hialeah. «¿Hialeah, cómo dormiste? ¿Hialeah quieres refresquito con hielo? ¿Quieres pan con pasta?» Le ofrecía sin éxito opciones gastronómicas que en realidad eran formas infantiles de matar el tiempo. Tras varios días de aislamiento, masticar hielo puede resultar entretenido. Eso, o jugar dominó rodeadas de testosterona, humo y torsos tatuados.
Los hombres del cubículo de al lado tenían eso en común: tatuajes. Por lo demás eran diferentes: un mulatico de mirada noble llegado de Venezuela, un sexagenario que llevaba de mula más de veinte años, un evangelista que no se relacionaba con nadie y Nelsito, que se relacionaba demasiado. «¿Cómo es que tú te llamas?», le preguntó. Así Hialeah pasó a ser Dachel.
Por sus melindres, Dachel tenía pinta de ser quizás, la hija consentida de bisneros macetas, la única hembra de una camada de hermanos varones, la más chiquita, la nieta preferida: la niña de Luyanó. Era todo eso. Malcriada y generosa en la misma medida. Piadosa. De mente rápida y por supuesto chusma, mucho.
Una turista, en un control sanitario del Aeropuerto José Martí, de la Habana. (Foto: Alexandre Meneghini / Reuters)
Blanquita cazadora de negros: la abeja reina seducida finalmente por un  macho común, un macho que le puso corona, cadenas de oro, extensiones pero luego se acostumbró a gritarle. Hasta que ella, no hace mucho, se cansó. Porque en Hialeah, Dachel no es abeja reina sino obrera, de la casa al trabajo y del trabajo a la casa. No toma, no fuma, no se droga y odia la peste a cabo. Tiene una niña chiquita que «tiene un pelo bello. Ella quiere cortárselo pero el problema es que todavía no ha cumplido los quince».
Tras doce años de relación, una travesía de cuatro meses con su hija en brazos, Dachel ya no grita ni se altera por gusto, solo cuando hace falta y un día lo bota, bota al padre de la niña, lo bota pa′ allá, pa′ la pinga lo bota. «Y ahora él anda to′ loco».
A la derecha de Dachel, pegada a la ventana dormía Virgen: sesenta y cinco años, residente en Tampa. La madre acababa de morir. Por las conversaciones telefónicas que Virgen sostenía a viva voz, nos enteramos de su luto, sus afectos y la necesidad de colocar la casa familiar ya deshabitada en el mercado inmobiliario: «¿Ahora que la cosa está malísima?». «Sí, ahora».
A diferencia del resto, Virgen no se queja, no critica la comida, ni las sábanas, solo la suciedad del baño. Ella es —se le ve—, una matriarca autoritaria con manos gastadas que no pide prestado. Una matriarca de sarcasmo roñoso, mandona y un poquito bretera.
A la izquierda de Virgen dormía Marai: Criollita de Wilson, bailarina de variedades, hiperactiva, alma de pugilista y jefa de destacamento allí donde vaya. Se había pasado tres meses en Bremen pero vive en el Bahía. Está construyendo. Ya tiró la placa y terminó la cocina. Todo desde Bremen con la ayuda de su padre y uno ahí que está puesto pa′ ella.
Entre la cama de Marai y mi cama, que es la quinta y última del cubículo, está Amanda: violinista, risueña, integrante de una orquesta de cámara, profesora de Saumel y guarachera nata. Mujer sin grandes conflictos aunque de espíritu humanista y pensamiento complejo. Quien es así, en realidad siempre vive en conflicto.
Las horas en un centro de aislamiento cuentan como días. Los primeros minutos son tímidos, lacónicos. Luego se empieza a abusar de la confianza peligrosamente. Entre desconocidos, el camino a la confianza es como abrirse ruta en la selva. Quien sabe transitar la selva con respeto, tiene  posibilidades de encontrar los claros del bosque y hasta posibles riachuelos.
En nuestro cubículo, el respeto y el humor nos llevaron a buen puerto. Al inicio, el rechazo a los tipos tatuados y sin camisa del cubículo de al lado fue una sensación compartida.
Dachel los mantuvo a raya las primeras horas, pero sin ella quererlo era un caballo de Troya. Además de Nelsito, la merodeaban el gastronómico, el mensajero, el enfermero y uno que cambiaba dinero en la planta de arriba.

Los desplantes de Dachel a los merodeadores los convirtió en equipo. A veces los hombres convierten el rechazo en espíritu de liga. Al tercer día todos éramos un equipo bien llevado, tatuajes incluidos e incluidos también los trabajadores del centro.
Al tercer día, mi cubículo era un rectángulo gregario con dos ventanas de aluminio. Apelar a la posibilidad de contagio como pretexto para expulsar al macherío era lo único que nos dejaba intimidad por ratos. Al cuarto día dieron los resultados del PCR y todos éramos negativos, con lo cual nos quedamos sin pretextos. Encima, Dachel cumplía años y la madre había enviado desde Luyanó cake para un regimiento. Ella no lo probó, porque de verlo, solo de verlo, decidió que no le gustaba.
Un poco antes de cantarle felicidades sonó el móvil de Nelsito; la noticia que no deseaba escuchar: su madre. Abrieron para operar y volvieron a cerrar sin estrenar el bisturí. Nelson había regresado para despedirse de ella. Contestó el teléfono y por su reacción, supimos que no fue posible esa despedida. Nelson rompió a llorar, gritaba, golpeaba la pared y para evitar que lo vieran tan descompuesto se metió en el baño. Nadie lo siguió, pero Virgen sí.
Fue una noche de celebración luctuosa. Los trabajadores del centro también pasaron por ahí, brindaron sus condolencias como a cada cual le salió.  Trajeron el café que el día anterior no había, el ventilador que el día anterior no había y un calmante en el bolsillo de uno de los enfermeros. Jugamos dominó toda la madrugada. Dachel y yo contra Nelson y el mulatico. No les dejamos ganar.  
Enterrar a una madre, vender una casa, traer dinero personalmente para comprar una lavadora o tirar una placa son motivos para volver por breve tiempo a Cuba. Tramitar los antecedentes penales, el certificado de notas del pre o legalizar papeles en el Minrex si ya no tienes a nadie de confianza que te haga el favor o le quieras pagar.
Mi motivo era mi madre, viva. Afortunadamente viva. Necesitaba saber cómo estaba tras año y medio de pandemia sin nadie que salga a la calle a buscarle comida, como es el caso de muchas madres de mi generación. Mujeres mayores solas, cuya única compañía es la tele y los vecinos que coinciden en las colas. Lo peor es que cuando llego a su casa con espíritu de salvadora, ella sigue su rutina, no descansa porque su modus vivendi no se detiene con maletas cargadas de comida y medicinas.
Al quinto día nos dieron el alta. Recogimos las maletas del depósito, nos hicimos una foto de grupo, intercambiamos teléfonos y nos buscamos en el Facebook. Tras cinco días compartiendo vida en la Escuela de la Aduana, uno de los centros destinado para el aislamiento de cubanos y residentes permanentes, las relaciones se vuelven en apariencia esenciales. Teníamos la sensación que era el inicio de una amistad, pero nadie se volvió a ver. Nadie envió un mensaje de WhatsApp ni una llamada como habíamos prometido.
(Foto: Pedro Lázaro Rodríguez Gil)
Sin embargo, desde esa ventana a la que nos asomamos a mirar la vida ajena supe que Nelson no regresó a Key West. Decidió prolongar su estancia para acompañar una temporada a su padre que había caído en depresión tras la muerte de su mujer. Un padre diabético, hipertenso y muy poco acostumbrado a llevar una casa no debe quedarse solo, más aún si se deprime.
Para esas cosas, Facebook es como un hilillo que, de un extremo a otro, evita que los recuerdos se desdibujen del todo. Por Facebook supe que Amanda sigue trabajando en el Conservatorio y que la bailarina está embarazada.
Supe también que el hermano de Dachel salió a la calle el 11 de julio a protestar junto a un par de amigos del barrio. Subió a las redes varios videos y ahora espera sentencia. Dachel no sabe qué pasará con su hermano. Tampoco lo sabe su madre, que en abril del año pasado, aprovechando el último año de visa, había viajado a Hialeah para los quince de su nieta. El muchacho está solo, atravesando el vía crucis judicial más improcedente de los últimos tiempos. Es uno de los 1.393 detenidos.
Hay muchas maneras de estar aislados: un albergue es una de las ellas, la emigración puede ser otra, también lo es estar al cuidado de una persona mayor o a la espera de juicio. En Cuba los modos de aislamiento se multiplican en círculos concéntricos porque la pulsión que los genera es la misma.

Leer más »

Discriminación política en Cuba

La discriminación política es posiblemente la más generalizada e institucionalizada en Cuba. Su base está en la fusión Partido/Gobierno/Estado para regir los destinos del país. Existe desde los años sesenta, pero en el lapso 2019-2022 se ha recrudecido. No es iluso pensar que empeorará con las nuevas normas jurídicas aprobadas o por aprobar en estos meses.
En la Isla suele asociarse la discriminación a ciertas identidades; pero en el Derecho Internacional de los Derechos Humanos, ella alude a: 

«(…) toda distinción, exclusión, restricción o preferencia que se basen en determinados motivos como la raza, el color, el sexo, el idioma, la religión, la opinión política o de otra índole, el origen nacional o social, la posición económica, el nacimiento o cualquier otra condición social y que tenga por objeto o por resultado anular o menoscabar el reconocimiento, goce o ejercicio, en condiciones de igualdad de los derechos humanos y libertades fundamentales de las personas».

En todas sus formas y expresiones, es uno de los modos más comunes de violación de derechos humanos. Todo un desafío para la humanidad, de ahí que exista un marco jurídico internacional  correspondiente. La Carta de la ONU y la Declaración Universal de los Derechos Humanos, más diversos pactos regionales y tratados globales refrendan tales derechos, recogen el espíritu de la humanidad y el compromiso de los estados. 
-I-
La discriminación política se expresa en el tratamiento desigual y lesivo hacia personas por las ideas políticas que profesan. Sus orígenes se encuentran en pugnas éticas, culturales, convicciones políticas, religiosas, etc.
Como en otras variantes, existen formas de canalizarla y materializarla. La jurista Alda Facio argumenta la «distinción, exclusión y restricción». Puede ser directa, indirecta y deviene estructural cuando el propio sistema mantiene en desventaja a ciertos grupos de personas. En ese caso —afirma el sociólogo Fred Pincus—  el elemento clave es «el efecto de mantener a los grupos minoritarios en una posición subordinada».
(Imagen: Wimar Verdecia / Tremenda Nota)
En Cuba, tal discriminación —relacionada con la intolerancia y la violencia—, se manifiesta en todas esas fórmulas y vías. Y además, deviene «interseccional» cuando con ella se combinan otras actitudes discriminatorias. Por ejemplo, cuando los disidentes son personas negras o mestizas, LGBTIQ+ y mujeres.
En sentido general, este fue por décadas un tema tabú en Cuba. No obstante, la sociedad civil ha logrado denunciar y visibilizar en la agenda pública variantes como las mencionadas. En consecuencia, el gobierno implementa hace algún tiempo ciertas medidas para paliarlas.  
La relacionada con ideas políticas, sin embargo, ha sido ignorada y se recrudece según crece el disenso entre la ciudadanía. Sin duda, es mucho más conflictiva para el poder y tiene una raíz profunda en el modelo totalitario imperante.
Puede producirse en diferentes momentos de la existencia de un derecho. Su reconocimiento en la ley es el primer paso, pero dentro de ella misma puede subvertirse o hacerse inviable. Luego también puede ocurrir en otras dos etapas: el «goce» (necesidades que se satisfacen) y el «ejercicio» (aspecto activo del derecho) que supone la existencia de algún mecanismo para denunciar su violación y lograr resarcimiento. 
-II-
Entre 2019 y 2022 la discriminación política en Cuba ha escalado en todo sentido. La Constitución reconoce derechos pero es esencialmente discriminatoria y contradictoria en tal sentido. Responde a la dominación del Partido Comunista (Artículo 5) por encima de ella inclusive. Véanse los artículos que privilegian a su organización juvenil (6), los fines del Estado (13, inciso f), las organizaciones permitidas (14) y la exclusión de la discriminación política (42). Las libertades de pensamiento, conciencia, expresión y prensa (54 y 55) quedan atrapadas por la superioridad del PC y su fusión Gobierno/Estado, como se ha verificado en la práctica.
Posiblemente no haya existido antes un calendario legislativo tan lesivo para la ciudadanía como el actual. En particular para quienes disienten, a pesar de que las nuevas leyes contienen aspectos más a tono con exigencias internacionales sobre derechos humanos realizadas al Estado. Menciono cuatro que han sido de difícil o nulo acceso para los ciudadanos: Ley del proceso penal, los proyectos de leyes del nuevo Código Penal,  el de expropiación por razones de utilidad pública e interés social y el de la Ley de amparo de los derechos constitucionales.

Tales normas amplían las facultades del Estado en detrimento de los derechos ciudadanos, prácticamente penalizan el disenso, aseguran mayor impunidad para represores y apoyantes y contravienen varios derechos constitucionales. Todo el espectro crítico de la sociedad resulta más vulnerable a la represión. Como es habitual, solo la prensa independiente asume un enfoque crítico.   
El peso de la discriminación política es tan grave que incluso el proyecto de nuevo Código de las Familias, que tiene aspectos positivos e incluye garantías a personas discriminadas, también activó alarmas en la sociedad civil. No es difícil imaginar que los sectores beneficiados lo serán mientras no se muestren críticos del gobierno. Si cruzan esa línea, caerá sobre ellos la discriminación política combinada con otras supuestamente proscritas, como ha ocurrido en no pocos casos desde el 11-12J.
Son leyes que se han preparado en un contexto de crisis nacional e incremento de las acciones represivas del Estado —muchas al margen de la ley— contra todo disenso o sospecha de este. En redes sociales y medios independientes sobresalen testimonios y denuncias.
Sobran los ejemplos de personas críticas privadas de empleo —mediante expulsión o porque no son admitidas— en el sector estatal y privado; impedidas del trabajo por cuenta propia, de salir de sus casas, de entrar o salir del país, desterrados, vejados durante las detenciones, imposibilitados de rentarse con particulares y violados sus derechos al debido proceso. Mientras, reina la impunidad de las fuerzas represivas y quienes apoyan al gobierno. En breve, con la unanimidad conocida del Parlamento, el Partido/Gobierno/Estado tendrá la mesa servida.
(Foto: Irene Pérez/ Cubadebate)
-III-
Como sostiene Amnistía Internacional, la discriminación perpetúa la desigualdad y ataca el corazón mismo de lo que significa ser humano. Los discriminados sufren la crueldad solo por pertenecer a un grupo «diferente» de quienes están en posiciones de privilegio o poder. Dado el elemental sentido de la justicia —que es un valor cívico fundamental— y la supremacía de los derechos humanos, esta situación debería preocupar y ocupar a la sociedad en su conjunto.
El Partido/Gobierno/Estado es cada vez más discriminatorio. En Cuba, con la discriminación política se violan aspectos medulares de la «Carta» y la «Declaración» mencionadas al inicio. También de los Pactos de derechos civiles y políticos y de derechos económicos, sociales y culturales; convenciones sobre la eliminación de todas las formas de discriminación racial, contra la mujer, sobre los derechos del niño, contra la tortura y otros tratos o penas crueles, inhumanas o degradantes, y el Convenio relativo a la discriminación en materia de empleo y ocupación. 
El drama que viven hoy más de mil familias cubanas a causa de tener a uno o varios de sus miembros injustamente encarcelados como consecuencia de la crisis política, en especial desde julio 2021, es notorio. El que se sufre y narra desde las prisiones es un ultraje y una vergüenza nacional.
Sus consecuencias son enormes. No es un problema más, sino una limitación fundamental y un peligro para el futuro de la nación. Si de ir a la raíz de los problemas se trata, el fenómeno podrá atenuarse con el empoderamiento y presión ciudadanos; eliminarse, únicamente si cambian la naturaleza y condiciones que sustentan al modelo actual de sociedad.  
Para contactar con la autora: ivettegarciagonzalez@gmail.com

Leer más »

¿Socialistas?

Las colas y el transporte público son auténticas piscinas de inmersión sociológica: hay pocos espacios más propicios para saber qué piensa la gente. Hace algunos días recorría una populosa ruta habanera en un pisicorre abarrotado. Como de costumbre, motivados por cualquier escena vista al pasar, se empezó a hablar del tema que siempre está en el tintero de casi toda conversación entre cubanos: «la cosa».
Tras enumerar algunas de las cuentas de su rosario de desdichas cotidianas, una señora afirmó con desconsuelo que «en los tiempos de Fidel esto no sucedía». «Él tenía muchos defectos y aquí siempre se ha pasado trabajo, pero vivíamos con la certeza de que no nos iba a dejar solos», dijo.
Inmediatamente recordé la exposición de la doctora Ana Teresa Badía en la reunión de los periodistas con el presidente hace algunos meses. Según la académica, entre los términos más repetidos en las opiniones obtenidas de la población estaba «huérfanos sin Fidel».
«¿Qué usted dice, señora? Este país solo estuvo bien en el tiempo de los americanos. Este carro y todo lo que se construyó es de esa etapa, después lo único que se ha hecho es destruir», le respondió el muchacho sentado a mi lado. Finalmente, como para cerrar el debate con todo el pesimismo posible, el grupo de cinco personas congregadas allí por el azar, concluyó que la mejor solución era, sencillamente, irse de Cuba.
De lo dicho, dos elementos me parecieron ilustrativos en tanto representan líneas de pensamiento más o menos populares: uno reza que todo tiempo pasado fue mejor; el otro, que quien quiera vivir con algo de comodidad debe emigrar.
Una señora afirmó con desconsuelo que «en los tiempos de Fidel esto no sucedía». (Foto: Cristóbal Herrera / AP)
La romantización del pasado es un fenómeno perfectamente comprensible cuando la vida se desarrolla en medio de crisis permanentes tan profundas y abarcadoras como las nuestras. La memoria selecciona lo positivo y tiende a ignorar lo negativo. Es por ello que las estampas de la República que más calan no son las que constantemente machaca la enseñanza oficial, sino las del desarrollo y el glamour de los cincuenta. Aquella época no fue, ni tan oscura como nos han contado, ni tan luminosa como se ve en las postales.
Por otro lado, también se entiende la nostalgia de lo que podría llamarse «tiempos de Fidel». Según las encuestas anuales del Centro Levada, alrededor del 50% de los rusos lamenta el colapso de la Unión Soviética. De aquellos días, ellos y nosotros extrañamos, entre otras cosas, la extensión de los servicios sociales y la sensación de igualdad —muchas veces en medio de cierta precariedad—, que imperaba en ambas sociedades y que fungían como ejes rectores de lo que se llamó «socialismo».
«¿Por qué habla en pasado al referirse a Cuba?», pensará el lector que ha tenido la paciencia de llegar hasta este punto. Porque afirmar que se es «continuidad» no significa que lo seamos realmente. Basta un análisis somero para descubrir cómo —sin demasiado ruido—, se han desmontado las bases de lo que fuera el proyecto de la Revolución y sobre las cuales se asentara durante décadas el pacto social en torno al que se generó un evidente consenso. Es, parafraseando a Carpentier con Chomsky, la consagración de la estrategia de la gradualidad.
¿Puede llamarse socialista a la implementación de tiendas en monedas extranjeras —solo accesibles en el mercado negro a precios de escándalo, o de manos de aquellos a quienes en los ochenta «no queríamos, no necesitábamos»— a las que debemos recurrir para comprar desde materiales de construcción hasta alimentos y objetos de aseo? No porque sean cotidianos, dejan de ser ofensivos esos establecimientos, que nacieron para supuestamente proveer a un mercado en CUP que nunca ha vuelto a estar abastecido.
[embedded content]
¿Es socialismo que los jefes de cadenas de tiendas y otras entidades comercializadoras tengan la facultad, en medio del proceso inflacionario que sufrimos, de aprobar precios minoristas en pesos cubanos (CUP)?
¿Puede decirse que es socialismo cuando la estructura de las inversiones de enero a septiembre de 2021 —últimas publicadas por la ONEI— muestra cómo se gastó el 42.3% del dinero público en construir hoteles que permanecen vacíos y a los cuales no tenemos acceso la mayoría de los cubanos, mientras que a la agricultura, ganadería, caza y silvicultura solo se destinó el 3.3%; a la construcción, el 2.0%; a educación, el 0.5%; y a salud pública y asistencia social, el 1.0%? Valga aclarar para los distraídos, que en el arbitraje del destino de esas inversiones nada tiene que ver el bloqueo de Estados Unidos.
¿Es socialismo que el conglomerado de empresas militares que desarrolla los servicios empresariales, actividades inmobiliarias y de alquiler a los que se dedica ese 42.3% de nuestras inversiones —13 308,4 millones de pesos que no nos sobran—, no rinda cuenta de su gestión ante órgano estatal alguno? La oscuridad es el sitio donde mora la corrupción. De ahí nacerán los oligarcas que campearán felices en la Cuba futura, cuando el proceso de desmontaje se haya completado.
¿Es socialismo que 127 ciudadanos hayan sido condenados a un total de 1916 años, algunos por actos de vandalismo, pero otros solo por manifestarse en las calles o grabar con su celular lo que sucedía? ¿Es socialismo el que personas sean expulsadas de sus trabajos por formular críticas contra la gestión de un gobierno incapaz de encontrar salida a la crisis?
Socialismo sería si, como hizo Vietnam, se implementaran recursos efectivos para el desarrollo y se dejara de culpar a Estados Unidos por un bloqueo tan nocivo como salvador. Gobierno del pueblo, de los humildes y para los humildes, solo existiría si se pudiera sacar de sus puestos a los servidores públicos ineptos e incapaces de cumplir con el cometido para el cual ocupan cargos. En una República, como expresa la Constitución que es la nuestra, el soberano debiera ser el pueblo, no el gobierno.
¿Es socialismo que 127 ciudadanos hayan sido condenados a un total de 1916 años por los sucesos del 11J?  (Foto: Eliana Aponte / AP)
¿Por qué mucha gente extraña los tiempos lejanos de la República o los de Fidel? ¿Por qué otros ven en la emigración el único camino para cumplir sus legítimas expectativas? Porque de entre las muchas cosas que nos faltan, carecemos de una estrategia que nos saque del lodazal en el que hace años nos ahogamos y de un liderazgo que busque la conciliación y el diálogo, en lugar de la falsa unanimidad y el enfrentamiento.
Un texto publicado en Granma días atrás aseguraba, después de una cacofónica lista de asuntos pendientes ancestrales, que la «hora de los mameyes» había llegado, que era tiempo de hacer más y decir menos.
¿Cuánto hay que esperar para que nuestra economía se desarrolle de un modo sostenible que no implique depender de gobiernos amigos —que pueden desaparecer en la próxima elección— o del humor del ocupante de turno del Despacho Oval? ¿Es real la soberanía de la que tanto se habla, si para lograr cualquier objetivo debemos estar pendientes de lo que otras naciones decidan?
¿Seremos de verdad socialistas? ¿Seremos realmente soberanos? ¿Cuándo le tocará a este pueblo dejar de resistir para empezar a vivir?

Leer más »

«Escucha tu nombre…»

«Escucha tu nombre…». Así nos decía el carcelero que traía la lista de las personas que iban a ser interrogadas, trasladadas de prisión y, con suerte, liberadas.
Era curioso observar cómo los confinados en el Colectivo 6 de Ivanov —prisión denominada «Jóvenes del Cotorro»—, coreábamos esa frase cuando lo veíamos venir con su respectivo papelito entre manos, como quien ansía que su número salga en «la bolita». Es tragicómica la coincidencia que había en ello: podía salir «el fijo» (interrogatorio), «el corrido» (traslado) y el anhelado «parlé» (que anunciaba nuestra liberación).
Podía ocurrir lo mismo en la mañana, al mediodía o bien tarde en la noche. En ese momento todos hacíamos silencio. Noté que algunas personas tenían una especie de superstición y le decían al de al lado: «Shhh…Escucha tu nombre. Dale, que te vas»… porque, según afirmaban, si te lo deseabas a ti mismo no se daba.
En Ivanov existían más de diez colectivos. Algunos de hasta cincuenta personas. La mayoría solo para albergar a cientos de manifestantes del 11-J. La decepción era grande cuando el dichoso carcelero, las más de las veces, nombraba a personas que pertenecían a otro colectivo y debíamos aclarárselo una y otra vez.
Gracias a estas equivocaciones, varias amistades del barrio, o que estudiamos juntos, nos dimos cuenta de que estábamos en la misma prisión. Así me lo cuenta un socio, que dice que mencionaron mi nombre en su galera como diez veces durante esos días, y le dio un poco de calma saber de alguien cercano, pues donde le tocó no conocía a nadie.
Mientras pasaban los días fuimos inventando formas de pasar el tiempo: quitábamos el colchón e improvisábamos un tablero de ajedrez en la litera, sustituyendo las fichas de un juego de damas por papelitos y pedazos de pan viejo.
«Vienen otra vez. Escucha tu nombre»…era un reflejo condicionado. Y casi todo el mundo, religiosamente, paraba lo que estuviera haciendo. Varias personas me preguntaron por qué yo seguía conversando, mirando el techo o haciendo rústicos origamis con cualquier trocito de papel, en lugar de escuchar la lista por si me mencionaban.
Les conté que desde tres meses antes del 11-J tenía una orden de reclusión domiciliaria por haber sacado un cartel en la calle Obispo, y que por cualquier pifia iba directo a prisión preventiva. Entonces ¿qué sentido tenía albergar esperanzas si precisamente esa pifia era la mayor manifestación de los últimos tiempos en Cuba?
 «—Chama, estás embarca′o», me decían.
Por eso me preparé psicológicamente para estar ahí por un buen rato. Mínimo tres años… o cinco, los mismos con que acaban de sentenciar injustamente a Luis Robles. Debido a eso me puse a recopilar décimas, chistes, datos históricos, poesías, los refranes de las personas mayores que estaban allí, o cualquier cosa para rumiar en lo adelante.

Alexander Hall me decía que tal vez por ser estudiantes universitarios — ¡vaya privilegio!— nos liberarían más rápido… aunque bueno…, quizás a mí no. Por eso, cuando lo vi irse en «libertad» nos dimos un abrazo que parecía confirmar mis sospechas, y en la noche dormí como si ya esa fuera mi casa. Posiblemente por ello, aún hoy mi mente sigue en una celda, con los que continúan presos, y cuando la Seguridad del Estado amenaza con volver a encerrarme, irónicamente pienso que harían justicia.
Era sábado en la tarde, estaba bañándome en el patio junto a varias personas y, mientras nos secábamos al sol, me puse a conversar con un colega acerca del fragmento de unas décimas de Jorge García Prieto y Alexis Díaz Pimienta, respectivamente, que mal empatadas dicen así:
Si algún día, a Dios le presto
Mi rostro…para no ser,
No filmen queriendo ver
El rostro que me incrimina.
Tengo un rostro que camina
Sin las piernas de volver
(…)
Ya todo está dicho: Un dedo
Vertical sobre mi boca
Los poetas tienen poca
Casa…para tanto miedo.
En medio de eso, un guardia empezó a gritar mi nombre varias veces. Salí en toalla y le pedí que revisara bien y viera si no se estaba equivocando de colectivo… que con eso no se jugaba. Me quedé perplejo cuando confirmó que me iba en libertad. Quienes estaban a mi lado, entre nostalgia y alegría, me decían: «—Dale, Físico…apúrate. No vaya a ser que se arrepientan». Cuando recogí mis cosas y le di abrazos a mis hermanos escuché que alguien dijo: «Coño, se nos va el poeta».
Entonces, mientras abrían la reja y me ponían las esposas, les aseguré que nos veríamos las caras allá afuera o aquí adentro. Recité como pude la décima para que la recordaran y no perdieran la fe. Luego agregué, a modo de despedida momentánea: «Bongó Itá Ekué Jukaratinde Akanarán Krúcoro» y «Awanañongo Sanga Bekondó», que en lenguaje abakuá quiere decir: «Somos hijos de la misma madre» y «Así vamos hacia el infinito». Como he dicho anteriormente, ahí se forjó una pequeña familia.
No pasaron dos minutos y, camino a recoger mis pertenencias, apareció el Mayor que me impidiera, días antes, terminar la consulta con el médico y hacer la denuncia que él mismo debía tramitar. Preguntó a quien me conducía que para dónde iba ese «CR» y afirmó que no podía salir de ahí. En lenguaje policial cubano, CR significa Contrarrevolucionario. Además, en mi expediente dice también que soy un «PD» (Potencial Delictivo). No digo yo si con semejantes atributos me iban a dejar salir tan fácilmente.
Me asombró ver cómo discutían entre ellos ese «error» en la cadena de mando, y al escuchar que llamaron por teléfono para verificar, pensé incluso que lo hacían para joder. Pensé mal, al final me pusieron en libertad. Luego me enteré de que, en efecto, fui liberado gracias a las denuncias, firmas y apoyo de gente valiosa, a quienes agradezco. Era un costo político que no querían correr.
Le temen a los universitarios (¡Vaya privilegio!)…por eso los acosan tanto…por eso muchos quieren graduarse y no meterse en ningún lío para poder irse del país…una juventud fragmentada.
Cuento todo esto porque las personas no somos números, material gastable o un carnet de identidad en un archivo. Para los Estados somos eso, es inevitable. Pero escoger percibir la vida a través de este prisma, siendo una estadística más es, en mi opinión, la causa de tal desconexión con la realidad.
No obstante, si no nos dejan otra opción que comparar muestras estadísticas para calcular el mal menor, entonces surgen varias preguntas:
¿Por qué este «CR» y «PD» está libre y Luis Robles, por sacar igualmente un cartel, continúa preso? ¿Por qué el privilegio? ¿Por qué la injusticia?
(Imágenes de Leo y Luis Robles con sus carteles, y la imagen de la pipa)
Ya que van a condenar —si se atreven, definitivamente— a Abel Lescay a seis años… ¿qué pasa con todos los oficiales que nos golpearon y nos decían que éramos «una partía de maricones» y otras frases homófobas, ilustradas con sus bastones de goma, que por pudor y cansancio no repetiré aquí pero que quienes estuvimos, al menos en Ivanov, escuchamos en numerosas ocasiones?
No hace falta argumentar que en la prisión ilegal de  Guantánamo los presos la pasan peor, porque se sabe lo que ahí sucede, y es igual de condenable. No expliquen que en algunos países se reprimen violentamente las manifestaciones, porque también eso se conoce… Aunque para que se produzca tal represión, primero debe existir el derecho de manifestación, que en Cuba es discrecional con el fin de proteger los intereses de la cúpula en el poder. Y encima de tal carencia, sí hay represión, pues esta no se restringe únicamente a la violencia física.
Antes del 11-J bromeábamos con que en Cuba existía la represión del gato Schrödinger: (existe/ no existe).
Salvando las distancias sería más o menos así:
Si profilácticamente ponen vigilancia y amenazan a cada uno de los potenciales manifestantes, no «hará falta reprimir» una manifestación que no se producirá, por razones obvias. En consecuencia, «no son represores» (¡¿?!) y las calles, tan tranquilas como siempre. Por eso había que hacer la prueba y abrir la caja, para que fuera inevitable mirar lo que desde hace años viene sucediendo a pequeña escala y, por tanto, había pasado desapercibido.
Eso lo saben mis amistades argentinas que hace poco protestaron contra las petroleras y el FMI, por solo poner un ejemplo. Ellos al menos pueden. Aquí no se permite ni —supongamos— denunciar a los que impusieron un ordenamiento que, por más necesario que lo presenten, no lo sufren en las neveras de Punto Cero ni del reparto Siboney.
No digan que un cartel les hace zozobrar… mejor preguntémonos por qué un simple cartel les hace zozobrar si, como afirman, «su escudo es la Razón».
Y cuando señalen que no todos los que se manifestaron eran inocentes, entonces agreguen que tampoco lo son algunos que ocupan puestos en el Consejo de Estado, los cuales no están presos pues «la continuidad» los perpetúa en sus cargos. La asimetría es evidente.
No digan que desconocen la palabra Amnistía y que los órganos de Justicia ratifican que la soberanía radica en el pueblo, cuando «el pueblo» no ha tenido la oportunidad de decidir sobre el nuevo Código Penal.
De hecho, digan. Estamos ávidos de respuestas. Expliquen, por ejemplo:
¿Por qué Fiscalía Militar tomó testimonio a solo tres personas y no se dignó a entrevistar (aunque se le pidió) a TODOS los que estuvieron, al menos, en el Colectivo 6? Porque de hacerlo hubieran verificado el caso de Freddy Beirut Matos —un anciano condenado a veinte años de cárcel—, que llegó en la noche del 15 de julio con hematomas en las costillas por los golpes que le propinaron al bajar del camión que los traía, haciéndole pasar, a él y a otros, bajo la bochornosa práctica del somatón, la misma que Humberto López, el fiscal José Luis Reyes Blanco y el coronel Víctor Álvarez del Valle pusieron en duda en televisión nacional.
Al día de hoy, hay que tener valor para desmentir eso. Y a los periodistas oficiales que quieran hacer periodismo de investigación… una vez más: «Adelante».
Siendo más específico: ¿Qué tal con quienes me detuvieron abruptamente (a solo días de ser liberado), vestidos de civil y sin identificarse, en la puerta de mi casa, delante de mi abogado y a la vista de todos mis vecinos? ¿Qué hay con quienes al llegar a la estación me amenazaron, por haber publicado mi testimonio, con frases como esta: «Parece que tú no aprendiste la lección en Ivanov y quieres que te llegue “la hora cero”»? Digan. A ver si logran explicar el motivo real de esa detención en los registros de la Estación Policial de Zanja. Simplemente no pueden. Saben que fue un proceder arbitrario, como tantos.
Repito, no somos material gastable. Las imágenes del 11-J muestran quiénes tenían palos y, acompañados por la policía, se sintieron empoderados y no dudaron en utilizarlos sin medida. Esto es para quienes pretenden argumentar que hubo agresiones por parte de los manifestantes. Doy fe de tal desproporción. Hagan el conteo si desean o, como he solicitado en reiteradas ocasiones, presenten íntegramente en televisión las grabaciones de las cámaras del Hotel Saratoga, o las que están en lo alto del edificio de la UJC Nacional, que captaron lo que sucedió frente al Capitolio, en el Parque 13 de Marzo y Máximo Gómez, respectivamente. Adelante.
«Y hay más»… como suele advertir Humberto López. ¿Qué pasa con las personas que han participado en actos de repudio, incurriendo en allanamiento de morada, daño a la propiedad e intimidación en las personas (para no hablar de desorden público)? Un caso muy claro aconteció en Arroyo Naranjo, donde reside una familia cuya cerca fue traspasada y las paredes de su vivienda cubiertas con pintura azul y frases de «Viva Fidel». Las personas que cometieron estas agresiones han sido reconocidas pero continúan impunes.
Parece que ya se olvidó a los que entraron a casa de Luis Manuel Otero, en presencia de policías, y arrancaron sus obras de la pared sin que hayan sido devueltas jamás. ¿Eso fue una orden o fue por iniciativa propia? En cualquier caso, ahí está el video de la arbitrariedad por quienes dicen representar «el orden». Un derecho tan básico como el de hacer una denuncia para reclamar sus obras también le fue negado, aunque luego le hubiesen inventado que los cuadros estaban, ridículamente, bajo investigación. Y por si fuera poco, una patrulla no le permitía, tan siquiera, salir de su domicilio. ¿Eso no son ilegalidades? ¿Hasta cuándo?
Trataré de hacerme entender mejor: ¿Qué hay de los agentes de Seguridad del Estado que acosan y someten a chantaje a familias, periodistas y en general a los que disienten del estatus quo, incluso a estudiantes de la Unión de Jóvenes Comunistas? Y esta es una jugada torpe, pues no podrán encasillar a esos estudiantes en la zona de confort de mercenarios mentirosos, el día que decidan hacer públicas sus historias. En ello han estado implicados los agentes Yordan, Denis y Darío, que podrán negarlo y acusar de difamación, pero será en vano.
¿Cómo es posible que la Seguridad del Estado impida la realización de un conversatorio feminista acerca de violencia obstétrica alegando que a este asistirían «personas y medios contrarrevolucionarios»?
¿Cuán peligroso es para el Estado que las personas aprendan a decidir sobre sus cuerpos, integridad física y psicológica?. Resulta un asunto necesario en un contexto de tanta polémica por acoso sexual y fundamentalismos. Temas vitales, como la gestación, en medio de un debate que concluirá con un plebiscito del Código de las Familias y ante una marcada tendencia a la disminución de la tasa de natalidad…y un país que envejece. No es fortuito que la inmensa mayoría de quienes deciden sobre los cuerpos policiales sean machos: la (in)seguridad del Estado y sus egos masculinos, no atendidos por la FMC.
Ya que amenazan con aplicar, a diestra y siniestra, el decreto ley 35 a periodistas y a toda aquella persona que difame o difunda noticias falsas, ¿mudarán los estudios de grabación del Noticiero de Televisión para la sala de Video-Vigilancia del Combinado del Este?
¿Qué pasa, en fin, con quienes violan reiteradamente la Constitución que dicen defender? Podrían citarse más ejemplos…Cualquiera diría que estamos a mano. Ese es el punto.
Un sistema de justicia cómplice y torcido, NO tiene moral para exigir lo que no cumple para quienes abusan del poder y quedan impunes. Es por ello que se requiere un nuevo marco legal, transparente y auditable por organismos populares y que no esté supeditado (in)formalmente a los designios del Partido. Eso, paradójicamente, estaría más cerca del control del pueblo y por el pueblo que tanto se predica sin sustento real.
Son tantas las violaciones, que quienes detentan el poder en Cuba deberían rogar por una amnistía para sí mismos, por tantos abusos sin consecuencias, y que, de concedérsele a los manifestantes (aunque le lavaría el rostro mínimamente al gobierno), al menos traería algo de tranquilidad en muchas casas.
Porque no somos material gastable. ¿O sí?
Posiblemente yo sea más culpable —según sus arbitrarias leyes—, que muchas de las personas que continúan presas. Pero soy blanco y universitario, a diferencia de los que soportan el peso de las injustas condenas y de la enorme población penal existente en Cuba. Las prisiones son un reflejo de lo que se ha hecho mal como sociedad. Es momento de pensar en ello antes que, de tanto agotamiento, voltear patrullas sea la única vía y no haya vuelta atrás.
En manos del gobierno estaría una parte de la solución. La otra parte (la más importante) está en quienes sepan, de un lado y del otro, deponer orgullos innecesarios y aceptar,  a tiempo, que nuestra ciudadanía necesita sanar.
 «La prisión acaba… la prisión de hierro… pero continúa la prisión del sueño».
«La justicia se ha hecho vieja».
Estamos a tiempo de que no quede tiempo.
Los carceleros pueden redimirse, agitar correctamente las llaves y evitar que la indignación siga teniendo, con razón, su ojo puesto en el poder asfixiante que representa una patrulla. La marginalidad debe ser entendida como consecuencia y no como causa. Un cartel podría ser un prudente llamado de atención para que no se ignoren los reclamos de la ciudadanía y prevalezca la justicia, no el odio y los extremismos… para que se empiece a sanar y subsanar errores…«a veces horrores»…
A este paso, aumentará el número de migrantes, exiliados, gente desencantada y arrepentida con un sentimiento de culpa y doble moral que hará que Cuba se quede vacía y «poblada de consignas».
Se pueden tantas cosas… pero el ruido del orgullo no deja que suceda algo que debería ser una virtud invaluable: el saber escucharnos.
Jueces, fiscales, carceleros… «Shhh… Hagan silencio…
Escuchen sus nombres».

Leer más »

Manipulación política entre «afectos» y «desafectos»

La manipulación política es práctica de gobierno en Cuba y ha generado un ambiente tóxico y opresivo. Este primer cuatrimestre del año sirve como laboratorio. Se han hecho coincidir varias normativas jurídicas de gran impacto para la ciudadanía, entre ellas el Código de las Familias («de los afectos» en la propaganda) y el Penal (que podría apellidarse «de, o para, los desafectos»).
Como «ejercicio velado, sinuoso y abusivo del poder», la manipulación política es antiquísima. Supone falta de transparencia y relación asimétrica de la distribución y manejo del poder. De acuerdo con el sociólogo Vega Carballo, la mayoría de las personas no suele percatarse, así pierden capacidad para racionalizar las cosas, decidir lo que más le conviene, «negociar, evadir, resistir o liberarse de la relación de poder».
El ámbito mediático es vital. Siete de las diez estrategias identificadas por Noam Chomsky, reinan en Cuba: distraer, que mantiene a los ciudadanos ocupados todo el tiempo sin espacio para pensar; dirigirse a ellos como criaturas de poca edad; reforzarles la auto-culpabilidad; mantenerlos en la ignorancia y la mediocridad; estimularlos a ser complacientes con ellas; utilizar la emoción más que la reflexión y conocer a los individuos mejor de lo que ellos se conocen.
De acuerdo con el académico Alfredo Paredes, en política la manipulación presenta regularidades. Todas se manifiestan en Cuba: una sociedad vulnerable; empleo del altruismo, el sacrificio y destino compartido; victimización y uso permanente del «enemigo superior» para «mantener el rechazo del pueblo a otras opciones» y exigir «lealtad sin cuestionamientos», de modo que la gente prefiera «rendirse antes de arriesgarse» a «enemigos más perversos»; la presencia permanente del líder; la verdad incuestionable y la trascendencia abrogándose legados de figuras históricas y populares, al mismo tiempo que usando «verdades a medias» y justificando «medidas extremas».

-I-
El contexto cubano está signado por una profunda crisis, la lucha de las mayorías por la sobrevivencia, la salida en estampida de miles de cubanos hacia cualquier parte, y la represión. Esta incluye centenares de presos, juicios y arbitrarias condenas contra los participantes en las protestas del 11-J, que involucran a cientos de familias. 
En medio de todo eso concurre la fase más intensa de la actual Legislatura, en la que se han hecho coincidir casi todos los temas de interés ciudadano y solo uno de ellos —el de las Familias—, a través de consulta popular y referendo. Así, las alarmas que debieron activar el nuevo Código Penal, la nueva Ley del Proceso penal y otras normas con implicaciones para los derechos humanos, son casi inexistentes.
Algunas evidencias:
1.- Manejo del calendario legislativo aprobado en 2019 en beneficio del gobierno y contra la ciudadanía. Fueron priorizadas las leyes y normativas encaminadas a la represión, criminalización del disenso y blindaje jurídico del Partido/Gobierno/Estado. Desde 2020 ese calendario se ha variado y aderezado; según el jurista Eloy Viera, en alrededor del 65%.
De las 39 leyes y 31 Decretos Leyes (DL) previstos, a fines de 2021 se habían aprobado 19 y 74 respectivamente. De las diez leyes planificadas para 2021 solo se aprobaron cinco y se agregaron otras dos. En lo que faltó por legislar y lo que se fue adicionando, está lo indicado arriba y, como puede verse, el país funciona más en base a DL, que competen al gobierno y le evitan ser discutidos por el Parlamento. 
Durante este año se deben aprobar veintiséis nuevas leyes, entre ellas cinco pendientes y seis nuevas, como la de «expropiación forzosa»; y catorce DL, incluidos tres nuevos y dos pendientes. Varias normas importantes para la ciudadanía confluyen en el primer semestre y una desapareció. Algunas son: reclamación de derechos constitucionales, viviendas, regulación del derecho de manifestación y reunión, nuevo Código Penal, ejecución penal y migración interna, además de identidad, migración, ciudadanía y otras.
Fotografía de archivo divulgada por la Guardia Costera de EEUU que muestra el momento en que varios balseros cubanos son interceptados por los guardias estadounidenses al suroeste de Cayo Hueso, Florida. (Foto: EFE)
Señalo cuatro ejemplos:
– El DL sobre comunicación social que apareció para 2022 no estuvo previsto en el calendario legislativo. Posterior a la Constitución quedó establecida la política de comunicación social, bajo el principio de que el PCC «es rector (…) traza la política general para su desarrollo y ejerce su control». Su primer objetivo: contribuir a garantizar el consenso y la unidad nacional en torno a la Patria, la Revolución Socialista y el Partido.
– El DL sobre el derecho de manifestación y reunión, programado para  septiembre de 2020,  se aplazó y luego se elevó  a rango de Ley, pero no ha aparecido más.
– La Ley de reclamación de derechos constitucionales —renombrada como Ley de amparo de los derechos constitucionales— se viene aplazando desde octubre 2020. Recientemente Cubadebate informó que aunque el Tribunal Supremo ejercerá la iniciativa legislativa, el anteproyecto circulará a los miembros del Consejo de Ministros por su especial trascendencia. La ciudadanía no existe.
– El Código Penal se actualizó (enero 2020) con la Constitución, tres leyes y siete DL. El nuevo se aplazó desde julio del año pasado y ahora se acompaña de la nueva Ley del Proceso Penal aprobada en diciembre, un año después de lo previsto.
2.- Cobertura informativa intencionada: entre la saturación, las medias verdades y el silencio. Véanse el manejo del calendario legislativo y el tratamiento de los temas, sobre todo en Televisión, Granma y Cubadebate. Ejemplo: los nuevos códigos de Familia y Penal, en abril coinciden la consulta popular del primero y la aprobación del segundo —como el resto de las leyes— en el Parlamento.
Existe una enorme propaganda sobre el primero y casi ninguna cobertura al segundo, disponible solo en el sitio web del Tribunal Supremo. El programa Hacemos Cuba le dedicó únicamente una emisión el pasado 1ro de marzo. Sin muchos malabarismos, bastó con elogiarlo, no hablar de lo que preocuparía a los ciudadanos y relacionarlo todo el tiempo con el Código de Familias.
[embedded content]
3.- Empleo de la ambigüedad, torcedura de términos, eufemismos, densidad de los textos, argucias para endurecer, complejizar y disfrazar la opresión. Todo eso deja una amplia brecha para subjetividades y arbitrariedades de las autoridades y la indefensión ciudadana. Están presentes en las leyes y en la comunicación social oficial. Al respecto, sugiero confrontar los códigos penales y sus actualizaciones (1979, 1987, 2020) y el nuevo previsto, así como la evolución de la Ley del Proceso Penal correspondiente.
-III-
Las dilaciones y carencias mencionadas han propiciado conflictos, represión, pérdida de confianza e irrespeto y desprotección para la ciudadanía. El calendario legislativo contempla derivaciones de la Constitución, los Lineamientos y propuestas de los Organismos de la Administración del Estado. La ciudadanía brilla por su ausencia.
No es un peligro futuro, lo están viviendo cientos de familias cubanas. Recientemente Justicia 11-J denunció las irregularidades en los juicios contra manifestantes y la no emisión de sentencias a más de la mitad, incluidos menores de edad. A la sazón, Cubalex advirtió que la nueva Ley de Proceso Penal establece plazos no limitados para la firma de sentencias, lo que viola principios del debido proceso, deja muy vulnerables a los detenidos, violenta la garantía de seguridad jurídica establecida en la Constitución y contraviene las contempladas en el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos.

La falta de voluntad política para encarar las contradicciones y la manipulación en perjuicio de la ciudadanía, están a la orden del día y no son casuales. Le han permitido al gobierno ganar tiempo, procesar la crisis política, legitimar la impunidad y continuar blindándose. Un escenario lamentable que deriva de:
– La existencia de una sociedad cada vez más vulnerable en todos los sentidos, que la hace blanco fácil de la manipulación y el inmovilismo.
– El agotamiento e inoperancia de los tradicionales canales de participación y la inexistencia de mínimos democráticos.
– La falta de independencia de los poderes en Cuba y en particular del aparato judicial, todos con un poder unificado e ilimitado.
Entre «afectos» y «desafectos» y en medio de tanta manipulación política, conviene reflexionar, advertir y debatir con posturas propositivas. Las formas de participación y reclamos ciudadanos  son mínimas y hasta ahora ineficaces. Entre ellas, los recursos de «Queja» (individuales o colectivos) ante el Parlamento parecieran ir al vacío; de inconstitucionalidad de una ley —que requiere de quinientas firmas para ser evaluada por el mismo órgano que la promulgó— y la iniciativa legislativa que exige 10 000 rúbricas de electores.
Sin embargo, sería erróneo creer que este estado de cosas se sostendrá en el tiempo. Todavía permanecen los mencionados recursos legales; desde arriba cada vez son más los desafectos que los afectos, y abajo hay más antídotos contra la manipulación y mayor conciencia cívica.
Para contactar con la autora: ivettegarciagonzalez@gmail.com

Leer más »

12 J: ¿Por qué La Güinera?

El pasado 12 de julio del 2021, La Güinera, localidad ubicada en el habanero municipio de Arroyo Naranjo, fue uno de los epicentros del estallido social que sacudió a Cuba desde el día anterior. Las condicionantes para este proceso de desobediencia civil fueron diversas: las consecuencias de la «Tarea ordenamiento», la incapacidad de democratizar las instituciones públicas, o la dolarización de la economía; combinadas con las disconformidades cívicas de una generación millennials hiper-conectada a redes sociales como Facebook o Twitter. Estos factores desembocaron en un panorama sociopolítico que desafía al autoritarismo del estado cubano, cada vez más expuesto mediante una directa en una red social.
Estas realidades, a su vez, pudieron ser denominadores comunes para otras comunidades donde el estallido social tuvo altos niveles de participación popular. Desde la implementación de la «Tarea ordenamiento», se fueron produciendo una serie de sucesos que apuntaban a la explosión de la desobediencia civil: el alza desmedida de precios y la inflación; la ofensiva contra «los coleros» y el sector privado; el desabastecimiento y el aumento de tiendas en monedas libremente convertibles, en detrimento de la oferta en pesos cubanos; la prohibición de depositar en dólares físicos en las unidades bancarias.
Los efectos de las medidas anteriores coincidieron con la crisis de la pandemia y su insuficiente gestión gubernamental, de modo que estas problemáticas se convertían en combustible en un granero cada vez más repleto de heno. Solo era cuestión de una chispa para que estallara el incendio. Ese momento llegó en San Antonio de los Baños la mañana del domingo 11 de julio.
Problemas acumulados
Nacido en el siglo XIX, a lo largo de su historia La Güinera ha presentado una serie de problemáticas sociales nunca resueltas que se agudizaron con la crisis de los noventa. La dinámica de extensión del estallido social apunta a que surgió en un sector intermedio de la calle Agramonte —caracterizada por su precariedad económica—, y los manifestantes se desplazaron hacia el final de esta vía, donde se ubican los mayores niveles de pobreza, para luego dirigirse hacia la zona del Capri. Este esquema, que se repite en la fisonomía del 11J, nos conduce a uno de los ejes del estallido: la precarización de la vida cotidiana en el país, visualizada en el aumento abrupto de la pobreza.
Lugar donde empezaron las protestas en la comunidad de La Güinera (Foto: María Lucía Expósito)
La pobreza existente en el barrio indica dificultades persistentes a lo largo del siglo XX, que se han venido agudizando en el XXI. El primer elemento confirmatorio se basa en el deterioro del fondo habitacional. Esta situación responde a diversas causas: los bajos ingresos familiares (varios casos de madres solteras), afectaciones parciales por causa de los huracanes, dependencia del mercado laboral informal o derrumbes producto a la temporalidad de los materiales empleados en las edificaciones.
Las viviendas de los detenidos y sus familiares, en un setenta por ciento de los casos observados, presentan una estructura similar: cubiertas de asbesto cemento o zinc con afectaciones parciales, o procesos constructivos inconclusos. El espacio físico de los inmuebles, en el ochenta por ciento de las familias visitadas, no excede las cuatro habitaciones (generalmente sala-comedor, cocina, baño pequeño y un dormitorio colectivo). Además, la generalidad de los hogares estudiados son de numerosos miembros para los estándares cubanos, lo que los ha llevado a compartimentar las viviendas o a que convivan varias generaciones en las mismas.

La estructura familiar tiene particularidades. Uno de los modelos que más se repite se basa en la prevalencia de la autoridad materna como figura coordinadora del hogar (aunque esta aproximación se realiza después de las detenciones de sus hijos en los meses de julio y agosto pasados). Tal situación tiene su origen en el alto índice de divorcios en la comunidad, o en la ausencia paterna por diferentes motivos, lo cual ha obligado a las madres a capitalizar el sostén familiar.
Otra característica de la comunidad es su alto índice de migración interna, proveniente sobre todo de las provincias orientales. Personas procedentes de provincias como Guantánamo y Santiago de Cuba se han establecido en los últimos sesenta años, pero con mayor intensidad desde la crisis de los noventa.
En estas migraciones, los individuos han vivido un complejo proceso de acogida e incorporación a la sociedad. La primera dificultad que enfrentan es el acceso a la vivienda. Este puede lograrse mediante la adquisición o la ocupación ilegal de un terreno para la fabricación de una casa —que en reiteradas ocasiones no posee los estándares mínimos para acoger a sus familias—, o mediante el alquiler de un inmueble.
Antes del estallido social, esta situación de vulnerabilidad era aún más grave, dada la imposibilidad de acceder a la canasta básica normada por no tener legalizado un domicilio reconocido que garantizara la consiguiente Libreta de abastecimiento, lo que complejizó la precariedad luego del advenimiento de la referida «Tarea ordenamiento» y el panorama de hiperinflación.
La primera dificultad que enfrentan quienes migran desde la región oriental del país, es el acceso a la vivienda. (Foto: María Lucía Expósito)
La cuestión de la oferta de empleo y la informalidad del mercado laboral resultan terreno escabroso, pues se han detectado redes económicas informales en todas las esferas de la vida cotidiana de la comunidad. Este es un fenómeno de larga data en el barrio que persiste desde inicios del siglo XXI y provoca que varios de los detenidos del 11J sean declarados como «desocupados» por las autoridades. En cambio, la realidad simbólica y antropológica del barrio es otra, ya que para su entorno cultural, ellos son «luchadores», lo que se traduce en personas que han sobrevivido en medio de las ondulaciones económicas y las sucesivas crisis que ha sufrido el país.
En ciertos casos, los manifestantes se empleaban en el sector estatal de la economía, y su participación en la protesta del 12 de julio responde a la precarización de su vida cotidiana y a motivos personales aún por investigar.
Respecto al acceso a la educación en el barrio, un importante núcleo de jóvenes posee niveles de escolarización que oscilan entre 9no grado, técnico medio o el duodécimo grado; siendo más difícil hallar matriculados en la educación superior. Esta realidad responde a que los ciudadanos tuvieron que lidiar con panoramas familiares difíciles y situaciones de vulnerabilidad económica que los obligaron a iniciar un camino en el sector informal de la economía, para lo cual abandonaron el sistema de enseñanza.
En la comunidad existen profundos problemas socioeconómicos no resueltos o cosmetizados. (Foto: María Lucía Expósito)
Un elemento persistente en la vida cotidiana de la comunidad es la desconfianza en las instituciones públicas y los poderes del estado. Varias familias de las visitadas habían acudido a las autoridades correspondientes para hacer notar la precariedad de su situación económica, sin que recibieran la atención debida o un acompañamiento real. Así, un importante grupo de los manifestantes que aún permanecen detenidos vivía bajo el umbral de pobreza o en situaciones de precariedad económica, por lo cual su participación en el estallido estuvo atravesada por dos elementos: el descontento ante el abandono institucional y la necesidad de cambios urgentes en su realidad.
Entender lo que sucedió en La Güinera el 12 de julio requiere un análisis más profundo. Este texto solo puede esbozar algunas ideas y observaciones del entorno. Falta mucho camino investigativo para comprender la situación de vulnerabilidad y precarización de la vida en este barrio. Sin embargo, sí puede afirmarse que el panorama se agudiza mientras la comunidad tenga más de cien presos políticos y diversas situaciones socioeconómicas no resueltas o cosmetizadas. El próximo estallido puede estar al doblar de la esquina, y bien pudiera ser la ciudadanía de La Güinera la llama que prenda el granero esta vez.

***
Este texto es parte del proyecto «Desigualdad, pobreza y sectores vulnerables en Cuba». Puede participar en él, enviándonos recomendaciones, testimonios, comentarios, al  correo jovencuba@gmail.com, con el asunto «Proyecto – desigualdad».

Leer más »

La memoria de Liborio

Liborio, que siempre ha sido rápido y brillante para condensar en una frase o imagen los hondos pesares, ya inventó una sigla para referirse a la realidad cubana que nos machaca: «DPEPDPE». Intraducible en estas líneas, por ruda, su esencia, sin embargo, nos pasa por la mente o la voz en tantas ocasiones a diario. A veces en forma de tristeza o decepción; otras, como ganas enormes de abandonarlo todo, empezando por la Isla; algunas, incluso, como simple y peligrosa rabia.
«Qué clase de crimen debe cometer un adolescente de 17 años para ser condenado a más años en prisión que los que ha vivido. ¿A cuántas personas debe matar?// Rowland Castillo Castro, de 17 años, está siendo juzgado en La Habana, y la Fiscalía le pide 23 años de privación de libertad por su participación en las protestas del 11 de julio», razonaba en Facebook el periodista Mario Luis Reyes.
«Hasta donde yo sé, en las protestas del 11J solo murió una persona, Diubis Laurencio, y el policía que le disparó por la espalda no ha sido juzgado.// […] ¿A quién mató Rowland? ¿Qué daño hizo para merecer 23 años de cárcel? ¿Existe un Fiscal, un abogado, o sencillamente un ser humano con sentido común que me pueda explicar esto?», cuestionaba el reportero.
Otras voces se alzaban en ágora digital —la plaza más democrática con que cuentan los cubanos— para clamar por las madres que fueron reprimidas mientras exigían libertad para sus familiares envueltos en procesos jurídicos politizados a raíz de la explosión social.
«El lunes 31 de enero, luego de las violentas detenciones frente al Tribunal de 10 de Octubre, donde ocurrían los juicios de los manifestantes de Toyo, la seguridad del Estado me dio 48 horas para salir.// Me hicieron saber que, de no hacerlo, serían instruidos por el delito de desorden público las madres detenidas y los activistas que las acompañaban», narraba la historiadora del arte y activista Carolina Barrero, ya casi en vuelo hacia España.
Carolina Barrero
Un texto reciente sobre los actos de discriminación laboral por motivos políticos, referenciaba varias historias personales truncas por esa iniquidad: «A Edel Carrero le dijeron que no era “confiable” para trabajar como informático por haber ido a una manifestación. A Elvisley González le preguntaron en un interrogatorio: “¿tú eres revolucionario o no eres revolucionario?”, y luego lo despidieron. Al profesor David Alejandro Martínez le dijeron que ya no podría dar clases “por pérdida de la ejemplaridad, prestigio y requisitos para el cargo como profesor universitario”. Él era uno de los moderadores de la plataforma Archipiélago».
Otro reportaje ahondaba en el infortunio de Roberto Pérez Fonseca, un joven que cumple una condena de 10 años de privación de libertad, y cuyo mayor pecado (travestido hábilmente con los nombres legales de «desacato», «atentado», «instigación a delinquir» y «desórdenes públicos»), parece haber sido romper en público una imagen de Fidel Castro.
DPEPDPE, masculla Liborio.
Pero quizá ni siquiera esa frase cruda le alcanzaría para manifestar su descontento al ver que Granma, el órgano oficial del Partido/Estado/Gobierno, se pregunta en voz de un «filoso» articulista: «¿Presos políticos en Cuba?».
¿Qué realidad observa este diario? ¿Qué imagen del presente intenta construirnos? Debe ser la misma que pretenden vendernos la Fiscalía General de la República y sus voceros cuando en las escasas, tardías e incompletas comunicaciones sobre los procesos penales en torno al 11J, para titular los textos siempre usan la palabra «disturbios» (jamás estallido, protesta u explosión social); pero para fundamentar la magnitud de las largas cadenas solicitadas y el empleo de cargos como «sedición», recurren a que los manifestantes «atentaron contra el orden constitucional» y «pusieron en grave riesgo la estabilidad de la nación» y «de nuestro Estado socialista» (signifique lo que signifique esa última frase).
DPEPDPE, escupe Liborio.
Y no será todo.
No lo será, porque cada familia fracturada, cada joven decepcionado, cada grupo de amigos que se unen en su rechazo a la infamia, cada cubano que tiene que asumir para sí o su tribu la crudeza de la diáspora; cada instancia de la auténtica sociedad civil golpeada en su funcionamiento; cada parte de Isla que los autotitulados dueños de la Isla maltratan, humillan, pisotean en su dignidad, es una bomba de memoria que algún día, no muy lejano, estallará irremediablemente.
«Todo está guardado en la memoria/ Sueño de la vida y de la historia/ La memoria despierta para herir/ A los pueblos dormidos/ Que no la dejan vivir/ Libre como el viento», canta la voz inconfundible de León Gieco.
Y Liborio, que sabe tanto el lenguaje durísimo de la calle como el de la alta poesía, tararea la música seguro de que la encarnará.

Leer más »

Análisis de la represión y la tortura en Cuba a propósito del 15N

La prohibición de la tortura es una norma que goza de carácter universal y obligatorio en el campo del derecho internacional. Una norma de ius cogens, especie de roca jurídica. Si bien es cierto que cada estado es libre de aplicar las medidas que considere necesarias, el concepto de tortura, en el derecho internacional es altamente condenable.
Su verdadero carácter vinculante es como observación a la conducta dentro de los crímenes internacionales. En el Estatuto de Roma, firmado en 1998, se establecen una serie de procedimientos, condenas y observaciones para evitar estos crímenes contra la humanidad, haciendo especial énfasis en la tortura. Aun así, Cuba no es signataria, y no hay forma de hacer ejecutiva la sanción en caso de ser condenada.
No obstante, en innumerables ocasiones el gobierno cubano ha firmado tratados y declaraciones que prohíben y condenan cualquier forma de tortura, por ende ningún argumento —dígase de «necesidad histórica o política», de costumbres locales, de guerra o de peligro a la estabilidad de un país— puede  amparar tal práctica.

La violencia de estado y la tortura son temas difíciles de aceptar para buena parte de la población cubana. Cuando se le habla a alguien de tortura, puede que la primera reacción sea de incredulidad.  La imagen repetida de un gobierno sin manchas funciona para normalizar, en nombre de ideales políticos, actos de extrema gravedad por parte de órganos estatales.
Probablemente la representación social más común acerca de la tortura sea concebirla únicamente como un acto contra la integridad física de una persona en un contexto de guerra. Sin embargo, su definición reconoce claramente la tortura psicológica, donde el daño se inflige con carácter generalizado o sistemático, no solo sobre el cuerpo sino también sobre la integridad psíquica, la dignidad de la persona o sobre sectores poblacionales.
(Imagen: Amnistía Internacional)
Cuando alguien desmiente a una víctima de tortura física o psicológica, está simplemente reinscribiendo la indefensión a la que ha sido sometida. El verdugo se multiplica con cada individuo que refuta la terrible experiencia, es decir, se instaura una re-victimización.
La definición legal se cita del artículo 1 de la Convención de las Naciones Unidas contra la Tortura y Otros Tratos o Penas Crueles, Inhumanos o Degradantes (TCID):

«Para efectos de la presente Convención se entenderá por tortura todo acto realizado intencionalmente por el cual se inflijan  a una persona penas o sufrimientos físicos o mentales, con fines de investigación criminal,  como  medio intimidatorio, como castigo personal, como medida preventiva,  como pena o con cualquier otro fin. Se entenderá también como tortura la aplicación sobre una persona de métodos tendientes a anular la personalidad de la víctima o a disminuir su capacidad física o mental, aunque no causen dolor  físico o angustia psíquica».(1)

La distinción contemporánea entre tortura y TCID puede verse a continuación, tomada de una tabla del texto de Pau Pérez Sales: La Tortura Psicológica, Definición, Evaluación y Medidas. (2)
Trato degradante: Trato que humilla manifiestamente a una persona o la impulsa a actuar en contra de su voluntad o su conciencia.
Trato cruel y/o inhumano: Trato que provoca deliberadamente sufrimiento físico o mental.
Tortura: Trato que provoca deliberadamente un sufrimiento (grave) físico o mental con el propósito de obtener información o confesiones o infligir un castigo o cualquier otra razón basada en la discriminación.
Si observamos la situación histórica de los presos políticos después de 1959 a través de esta definición, es evidente el secreto a voces de la sistemática participación, directa o indirecta, de miembros del MININT, el Departamento de Seguridad del Estado, la Contrainteligencia y sus colaboradores en actos de tortura.

Situación alrededor del 15N
En el trabajo de la Comisión de Protección a los Manifestantes del 15N se pudo apreciar el despliegue de una violencia de estado, ella existe hace ya tiempo en Cuba, pero esta vez se visibilizó gracias al Internet y las redes sociales. El artículo de la profesora Ivette González: «El Dilema de Ser y Parecer en Cuba», publicado el 23 de diciembre pasado en LJC, resumió claramente el resultado del monitoreo de la represión en aquel momento.
Debido al uso excesivo de la fuerza, golpizas y vejaciones, amenazas, destierros, arreglos oscuros para sacar del país a personas «indeseadas», aislamiento social, secuestros, actos de repudio, difamación e intimidación con imponer penas severas a los manifestantes del 11J; vale decir que el gobierno cubano ostentó una violencia de estado in crescendo en muy pocas semanas.
Entre octubre y noviembre del año pasado, la dinámica represiva puesta en marcha por el estado resultó similar al tratamiento individual que se da a cualquier preso político desde hace varias décadas en cárceles cubanas.  
Tomando en consideración el informe del Directorio Democrático Cubano en el 2008 y el informe de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos en el periodo 2017-2019, (3)  vemos que el «saber hacer» repetitivo y sistemático por parte de los órganos de la Seguridad del Estado simplemente se amplificó. Es decir, pasó de aplicarse a individuos y pequeños grupos opositores, a la comunidad en general, simpatizante o no con los opositores o activistas de derechos civiles.
La represión alrededor del 15N comenzó con el acoso. Ya esto era visto en las redes sociales en torno al Movimiento San Isidro. Sin embargo, el número de personas acosadas se intensificó. La Policía Nacional Revolucionaria entregaba citaciones sin respetar las convenciones legales. Los activistas y cada firmante de la manifestación del 15 de noviembre fueron interrogados, algunos a repetición y por varias horas.
(Foto: ADN Cuba)
Iniciaron así una serie de actos repetidos, con la función de debilitamiento inducido; tanto para los activistas individualmente como para sus familias. Se tuvo la intención de quebrar la integridad subjetiva de la persona utilizando un ritmo recurrente de intimidación, no dejando tiempo a que los acosados crearan defensas psíquicas, y quedaran emocionalmente débiles.
Las amenazas acompañaron muchos de  los interrogatorios. Ellas fueron de dos tipos: explícitas y de orden personal; casi siempre anónimas. Por ejemplo, llamadas telefónicas de contenido ofensivo o con amenazas de muerte hacia la persona o hacia algún miembro de su familia. Y, por otro lado, amenazas veladas o implícitas esgrimiendo el código penal vigente. Acá hablamos del peligro de ser acusado de un delito grave, que podría ser común o político; como la sedición.
Un dato interesante es que las mujeres fueron más acosadas que amenazadas, mientras los hombres fueron amenazados con más frecuencia.
En estos casos la ley fue instrumentalizada en función del control social. Se demostró que ella no sirve a la justicia sino al aparato represor. Tanto las instituciones penales como los cuerpos de seguridad están diseñados para torturar a las personas que son sus objetivos, ya sea con fines de obtener una confesión, castigar, hostigar o reprimir. A la luz de los últimos eventos, se impone un movimiento de educación de la sociedad civil en asuntos jurídicos. Es necesario mostrar las ambigüedades legales de las que se sirve la Seguridad del Estado.
Se ha corroborado la preocupación que varios informes de derechos humanos han expuesto: se están utilizando figuras penales con fines represivos, sea para proteger el honor de funcionarios del gobierno, por lo que se ataca, difama y silencia la crítica escrita o verbal hacia algún funcionario público; o para satanizar cualquier manifestación artística que represente una amenaza al ideal simbólico del estado cubano.
Hemos sido testigos del despido de varios trabajadores y de la presión sobre dueños de alquileres para que echen de ellos a los activistas. O sea, una persona que se opone o disiente a la política oficial en Cuba, es vulnerable al negársele el acceso a necesidades básicas como techo y trabajo.
Aun siendo difícil encontrar una frontera clara entre tortura y TCID, pudimos constatar la preferencia por ciertas técnicas que mellaron la integridad psíquica de los disidentes en Cuba. Los actos represivos indujeron una combinación de miedo e intimidación, vergüenza y culpa. Provocar estos estados afectivos, facilita el control del individuo y su red social. Neutraliza el acceso a la palabra, a la participación social de un individuo y crea un daño perdurable.
Ya instalado el miedo, un sentimiento social como la vergüenza viene a desempeñar su efectividad represiva. Los testimonios hablan de desnudez impuesta y posteriormente de comentarios sexuales y denigrantes que recibieron por parte de la policía. Otros ejemplos al respecto preferimos no mostrarlos en este artículo, para proteger la dignidad e identidad de algunas fuentes.  
Los fusilamientos mediáticos, la difamación, la manipulación de conversaciones grabadas y la exposición torpe de un agente —galeno no muy ético—, intentaron crear estados de opinión negativos sobre el activismo con el fin de justificar los abusos e ilegalidades después de las protestas del 11J y la aparición de la plataforma Archipiélago, con su convocatoria al 15N.

Difamar también es una manera de aislar a una persona del resto de la comunidad desde el miedo y la vergüenza. Que alguien sea visto como un enemigo lo vulnerabiliza enormemente. Está expuesto a ser víctima de violencia impune, ya que la imagen de maldad construida facilita ser objeto de violencia justiciera.
Es necesario insistir en que los actos de repudio son también una manera de aislar, atemorizar y avergonzar; no solo al individuo sino a la comunidad. Familias de activistas, donde incluso había niños, fueron víctimas de ellos a medida que se acercaba el 15N. Todos conocemos que esos mítines son denigrantes e injustificables. Inducir desde el poder la violencia entre ciudadanos es repulsivo, pero las personas que aceptan formar parte de tales acciones deben ser conscientes del delito nacional e internacional en que incurren.
Diferenciar represión y tortura requiere de una investigación más profunda, dada la línea sutil que las separa. En un estado totalitario estos actos se normalizan. Es por eso que para comenzar a dilucidar este entramado de violaciones debemos comenzar por reconocerlas y denunciarlas.  
Después del MSI, el 27N, el 11J y el 15N, los cubanos hemos comenzado a adquirir  una consciencia más generalizada sobre la necesidad de un cambio en tal sentido. Tanto los residentes en la Isla, como los de la diáspora, han aumentado las denuncias, sea en instancias legales como en redes sociales.
Impacto de la tortura y otros tratos crueles, inhumanos y degradantes
Además de los problemas médicos que pueden ocasionar estos actos, por ejemplo, al estar horas en posiciones incómodas, porque se niegue o demore asistencia médica a un detenido o a un recluso, o por el uso de esposas en brazos y piernas, las llamadas Shakiras; aquí enumeramos algunas de las consecuencias psicológicas resultantes de haber experimentado tortura y otros tratos crueles, inhumanos y degradantes para el individuo, la familia y la comunidad.
Como experiencia límite, la tortura implica una cascada de acontecimientos donde el individuo experimenta una desprotección casi absoluta, sin posibilidad de defenderse o de huir. La tortura psicológica tiene la intención de dejar marcas invalidantes en las personas, mucho más duraderas que las que quedarían físicamente en el cuerpo. Uno de sus objetivos es crear la sensación de imposibilidad de escape, de sumisión absoluta al verdugo.
Este tipo de relación, que encontramos multiplicada en cada denuncia, puede provocar angustia, acompañada, como sucede frecuentemente, de ideas suicidas. En casi todas las «intervenciones» de los agentes de Seguridad del Estado, encontramos primero la intención de mostrarle a la persona que no tiene otra opción que hacer y decir lo que el estado exige. Implantar la idea de omnipotencia y omnisciencia del estado, facilita el camino para la vivencia de desprotección absoluta, miedo generalizado paranoico en la subjetividad social de los cubanos.
Una parte importante de los suicidios se produce para defenderse y deshacerse de la angustia que trae vivir una situación sin salida. Suicidio como límite al exceso de violencia o de sufrimiento, o como vía ilusoria de que se tiene control al menos de la propia vida.

No puedo dejar de mencionar mi preocupación por el aumento de las huelgas de hambre como forma de lucha política. No logro percibirlas tanto como un acto heroico sino como una salida, producto del trato abusivo por parte de las autoridades, y no creo necesario estimularlas, sino encontrar creativamente otras maneras de denuncia y participación política.  
Por supuesto, la tortura es un evento traumático, incluso para algunos de los que la ocasionan. Los efectos en el individuo implican síntomas de despersonalización, depresión, ansiedad, los llamados flashbacks donde a partir de un estimulo conexo a la experiencia de tortura, la persona vuelve a experimentar todas las sensaciones y peligro a que estaba expuesto. Esto trae dificultades para retomar el estatus y las funciones sociales que tenia antes de los sucesos.
Estas personas pueden portar durante años un daño importante en la percepción de sí mismas; como si quedaran fijadas al abuso. Por tanto, o se esconden por vergüenza o hiper-reaccionan a cualquier tensión o frustración con comportamientos agresivos o ataques de pánico. Hablamos de daños perdurables que pueden aparecer a corto, mediano o largo plazo, donde se experimentan con intensidad afectos como:
– Miedo inespecífico. Una sensación de peligro perenne.
– Certeza de culpabilidad. Un ejemplo lo tenemos en los sentimientos de culpa que experimentan algunos activistas cuando saben o se les amenaza con que la SE puede acosar e intimidar sus familiares.
– Vergüenza. Sentimiento que provoca inhibición social.
Los tres embisten agresivamente una relación sana de las personas consigo mismas, dejándolas a ellas y a sus familias presas en relaciones patológicas. Menos aptas para gozar de su condición social y su participación política.
En la familia, el sufrimiento de uno de sus miembros fragiliza al resto de ella y a los amigos cercanos. El estrés, el miedo y la ansiedad circulan incluso en los niños. Como se conoce, los bebés perciben el sufrimiento de la madre o del que cuida.
La tortura puede cambiar la calidad de los roles dentro de la familia, como la dificultad en la capacidad de proteger a los hijos u otros miembros, la capacidad de amar y sentirse amado. Por otro lado, se pueden crear nuevas alianzas que buscan reorganizar la familia, restablecer el orden que existía, reparar sus relaciones. En esta última ola represiva, las familias cubanas han sufrido mucho. Ha sido una institución vulnerable durante años, por la emigración y la prioridad dada a valores ideológicos y políticos respecto a los familiares.
Como lo nombra el Protocolo de Estambul, cuando se deshumaniza y quiebra la voluntad de una persona, el torturador aterroriza también a cualquiera que se ponga en contacto con la víctima. De esta manera, se puede dañar comunidades enteras. Los actos de repudio son un vergonzoso ejemplo. Los juicios de las últimas semanas también son utilizados como escarmiento a quien en el futuro ose desafiar al gobierno.
Se impone insistir en la importancia de la denuncia, en no callar. El silencio es directamente proporcional a la violencia de estado y su duración. Es de suma importancia reconocer y denunciar estos actos, ya que las consecuencias psicosociales para el país son funestas y ya están entre nosotros. Aceptar con familiaridad acrítica la transmisión de la tortura y de otros tratos crueles, inhumanos y degradantes en una sociedad es abrir el camino a su autodestrucción.
***
1. Cursivas por el autor del artículo.
2. Pau Pérez Sales: Tortura psicológica. Definición, evaluación y medidas, Editorial Desclee de Brouwer S.A. 2016.
3. Comisión Interamericana de Derechos Humanos OEA OEA /Ser.L/V/II. Doc. 2.  3 febrero  2020 Original:  español.

Leer más »

Primero la verdad que la paz

Vulnerabilidad en Cuba. ¿Cómo representar lo irrepresentable?
Teresa Díaz Canals

Mi divisa es: primero la verdad que la paz

Miguel de Unamuno
Regresé a Cuba en los primeros días de enero. A pesar de estar un breve tiempo fuera del país, no dejé de pensar jamás en el profundo nivel de vulnerabilidad de mi pueblo. Se trata, en principio, de las personas en condiciones de pobreza extrema, de esos indigentes que se observan en las calles, de los enfermos que necesitan de manera urgente cualquier tipo de medicinas, de los adultos mayores que viven solos y olvidados. A ello se unen el incremento de los índices de la crisis económica estructural que hace décadas sufre la sociedad en general y el deterioro de las relaciones políticas y sociales.
Resulta curioso cómo se ha desarrollado todo un dispositivo de la comunicación con el objetivo de divulgar las medidas que se toman por parte de diferentes organizaciones ante situaciones muy complejas —concebidas por especialistas que establecen determinadas estrategias encaminadas a cumplimentar proyectos que son ideados para determinado período— las cuales reciben financiamiento por vía de cooperación internacional.
Por una parte, entiendo lo positivo de tales iniciativas, donde los destinatarios, siempre limitados, reciben algunos beneficios. No obstante, paralelo a esas acciones, también preocupa el silencio de los expertos sobre el grado de deterioro moral de una sociedad que ha provocado una enajenación impresionante.
(Foto: Diario de Cuba)
El estatismo burocrático entronizado ha generado un estado de excepción. Cuando eso ocurre, el poder comete cualquier tipo de arbitrariedades. Por una parte, se habla de respeto a la diversidad; por otra, y a la vez, hay diferencias que molestan, que son intolerables. Los que no comulgan con el absurdo dominante no son ciudadanos y, por tanto, no son humanos.
Ahí están los condenados a prisión por participar en las manifestaciones del 11 de julio del 2021; los que por las circunstancias anómalas que vivimos se ven obligados a emigrar, cambiar de cultura, comenzar de cero en países extraños, familias desintegradas. Esos dolores no se pueden representar con palabras, esos hechos amplían la vulnerabilidad de cualquier nación.
Para comprender el mal, se debe escuchar al que está imposibilitado de hablar. La enajenación funciona con eficacia cuando las personas no se percatan de que son utilizadas y piensan que está bien lo que hacen con ellas; cuando trabajamos en función de lo que otros quieren. La palabra resiliencia es ahora enarbolada y está bien, pero no funciona siempre en todos los seres humanos. No se comenta acerca del suicidio, el sufrimiento, el encierro, el hambre, la irresponsabilidad.
Escuché a un conocido creador expresar la siguiente atrocidad: yo me paso por el culo a los presos políticos. Esos seres humanos privados de libertad son personas, son ciudadanos, tienen rostros que hablan, llaman, reclaman, interpelan. Ojalá en este año que comienza se abra un tiempo de hospitalidad, de recepción auténtica del otro. Si esa postura ética, humanista, no se practica, el horror está instalado. 
***
Periodismo cubano en 2022: Formar ciudadanía para la libertad
Jesús Arencibia Lorenzo
Reinterpretando una de las más citadas frases de Gabriel García Márquez, el escritor Manuel Rivas comentó: «El periodismo no será el oficio más hermoso del mundo, pero es uno de los más necesarios. Creo que el más necesario. Por esa condición de bien común, de líquido amniótico de la libertad».
Invitado por LJC a compartir mínimas ideas en torno a los horizontes de la prensa cubana en 2022, la primera palabra que me viene a mano es precisamente Libertad. Nada hay más conmovedor en la labor periodística que catalizar, acompañar y narrar con la máxima plenitud posible el ejercicio ciudadano de la libertad.
Ese formidable impulso, que en 2021 fraguó en Cuba hechos que ya son códigos compartidos en su valerosa simplicidad: 11J, 27ENE, 15N, o grabaciones en directas que golpearon, directamente, la sensibilidad popular, o icónicas imágenes como la de dos abuelas, una blanca y una negra —ah, Nicolás Guillén—, una caldera en mano y otra vociferando que ya nos quitamos el ropaje del silencio; ese impulso volcánico, digo, que parecía tan pisoteado, tan sumergido, que nunca más estallaría en la Isla, es, a mi juicio, la mayor vara por la que debe medirse el periodismo que hagamos en el tiempo por venir.
Nada hay más conmovedor en la labor periodística que catalizar, acompañar y narrar con la máxima plenitud posible el ejercicio ciudadano de la libertad. (Foto: Getty Images)
¿Estaremos a la altura de quienes plantaron y plantan, en duras circunstancias, la bandera de la honestidad? ¿Podremos, sabremos relatar sus angustias sin silencios vergonzosos ni hipérboles repugnantes? ¿Tendremos la decencia de al menos callar —y no sumarnos a coros polarizantes— cuando el valor no nos alcance para decir lo que se debe? ¿Encontraremos las palabras precisas, sin exponer los delicados filamentos que pudieran, quizá, perjudicar a quienes nos confíen sus historias de vida?
Cada día se pone a prueba de la integridad de quienes, reinventándose para sobrevivir en un satanizado medio informativo no estatal, bajo terribles presiones, no aceptan que fuerzas externas, o el resentimiento, condicionen su agenda editorial. Cada día —quiero pensarlo— se levantan brazos dignos que, aun trabajando en un medio subordinado al bloque de Poder (PCC/Estado/Gobierno) no se prestan a ignominias e intentan correr los límites y nombrar 100 donde la orientación permanente es callar 50. Unos y otros creen en el periodismo auténtico y en su utilidad social. También están, aquí, allá y acullá, los que han aceptado la cómoda e indigna postura del corista genuflexo.
Como un agua que no se puede parar ni con mil diques, la ciudadanía (tecnología e internet mediante) ha comenzado a interconectarse en pos de nuevos pactos sociales. La prensa —generalmente la alternativa— ha sido uno de sus brazos y voces. No olvidemos que ha habido reporteros pagando con cárcel, reclusión domiciliaria, destierro o sufrimientos familiares indecibles ese acompañamiento.
Participar, como explicaba un agudo teórico, implica tener, formar y tomar parte. Por ahí anda, intuyo, el reto periodístico de ahora y de mañana: tener, formar y tomar parte en el maravilloso despertar ciudadano que aspira, luego de décadas monocordes, a cambiar de una vez, «lo que deba ser cambiado». O, para decirlo con Leo Brower, a transformar «el país del no».

Leer más »

EFE y las autoridades cubanas. Las variables de un diferendo

Por Daniel Rodríguez Suárez y Luis Carlos Battista
El pasado 12 de enero la presidenta de la agencia EFE, Gabriela Cañas, en unas jornadas celebradas en Madrid por el Fórum Nueva Economía, lamentó la situación por la que atraviesa la agencia de noticias en Cuba. En la actualidad, la agencia, radicada hace casi cincuenta años en la Isla, cuenta solamente con una periodista y un camarógrafo para cubrir la información.
La agencia de noticias EFE, propiedad del Estado español, es la cuarta en importancia a nivel internacional. Suministra cerca del cincuenta por ciento de las noticias que sobre Cuba se distribuyen en Hispanoamérica y ha visto cómo sus efectivos in situ se han reducido a la mínima expresión.
Según señaló su presidenta, da la impresión de que el gobierno cubano pretende terminar con casi medio siglo de presencia en la Isla, pues EFE lleva varios meses esperando la acreditación de sus periodistas. Gabriela Cañas aseveró igualmente que existen contactos con la embajada española y con las autoridades cubanas para intentar solucionar lo que se ha convertido ya en un contencioso.
Mientras tanto, las acreditaciones continúan demorando y esta situación de espera permanente ha llevado a que la agencia comience a plantearse su permanencia en la Mayor de las Antillas.
Hasta noviembre de 2021, EFE contaba con siete periodistas en Cuba —cinco cubanos y dos españoles—, a lo que habría que sumar una serie de servicios externos que se proveen desde la Isla. Sin embargo, todo comenzó a torcerse el pasado mes de julio. Los días previos y posteriores al estallido social alumbraron un punto de inflexión en lo tocante a las relaciones entre la agencia de noticias y las autoridades.
Con posterioridad a esta fecha se nombró un nuevo delegado de EFE, Juan Palop, designado en sustitución de Lorena Cantó, que había sido la encargada en La Habana hasta el momento y quien fue enviada a un nuevo destino en la representación de la agencia en Pekín. No obstante, después de una dilatada espera no se le ha facilitado todavía la acreditación al nuevo delegado.
Poco después, en noviembre, le fueron retiradas las acreditaciones al resto de la delegación. Durante unas horas EFE se vio sin personal autorizado, y posteriormente solo ha tenido dos efectivos operativos. Hoy sigue a la espera de lo que dispongan las instituciones cubanas.
Presidenta de la Agencia EFE, Gabriela Cañas. (Foto: EFE)
En tal sentido, su capacidad operativa se halla muy limitada debido a los compromisos que tiene adquiridos con diversos medios de comunicación. Es evidente que en el desencuentro sin precedentes influyeron los acontecimientos acaecidos en los últimos meses, lo cual puede sugerir el motivo de las autoridades cubanas.
 El 2021 ha sido un año duro para Cuba. A la escasez derivada de la crisis pandémica y la caída del turismo, se unieron la inflación y otros efectos devastadores para las clases populares nacidos de la denominada Tarea Ordenamiento, lanzada en enero de ese año. El contexto económico propició que la mayor parte de la población comenzará a tener serias dificultades en los abastos.
Esta situación se agudizó todavía más dado el establecimiento de comercios donde la venta se orquestó a través de tarjetas que operan en divisas extranjeras. De este modo, los ciudadanos se vieron obligados a adquirir productos de primera necesidad en las llamadas Tiendas en Moneda Libremente Convertible.
A lo anterior se añadió una nueva dificultad: el decreto gubernamental que establecía la no aceptación por parte de los bancos de dólares en efectivo. Los socios comerciales de Cuba, debido a la persecución financiera orquestada por los Estados Unidos, han terminado por agravar un poco más la situación en Cuba.
El bloqueo, que tiene derivaciones extraterritoriales y se arma de medidas coercitivas unilaterales que no solo afectan al régimen cubano sino también a terceros países, termina por convertir al pueblo cubano en el mayor damnificado, muy por encima de las autoridades y de los países con los que se establecen relaciones comerciales.
De este modo, la crisis económica, fruto de decisiones erróneas en Cuba, del contexto pandémico y del bloqueo norteamericano, configuraron un contexto altamente propicio para la protesta. El 2021 contempló también la salida definitiva de Raúl Castro en el mes de abril. Sus mensajes en el VIII Congreso del PCC supusieron un jarro de agua fría para los que veían en el ejemplo chino —implantación de una economía de mercado bajo la égida del partido único— la vereda por la que podría discurrir Cuba. Sin embargo, esto no se produjo.
La marcha de Raúl Castro trajo aparejado el adiós de otro histórico: Machado Ventura, pero también la salida del Comité Central de Marino Murillo, uno de los mayores defensores de las posibilidades del modelo chino. El otrora zar de las reformas quedó fuera del núcleo duro del organigrama político cubano. Así pues, el país cabalgó el año recién finalizado sobre una crisis económica que devino social y terminó siendo también política.
Marino Murillo (Foto: Ariel Cecilio Lemus)
Ante semejante cuadro, las condiciones objetivas para el estallido social estaban dadas. Solo faltaba la espoleta del factor subjetivo. Esto se produjo en julio de 2021. Medio año aguantó la sociedad cubana en una situación sumamente espinosa para los sectores más vulnerables.
Las imágenes de las manifestaciones, no vistas desde el denominado maleconazo, fueron distribuidas por medio mundo y llevaban el membrete, entre otras, de la agencia española. EFE estuvo muy centrada en las derivaciones políticas del conflicto y no tanto en el contexto subyacente, económico y social, sobre el que el conflicto había medrado.
A partir de entonces, y hasta la prohibida manifestación de mediados de noviembre, la plataforma Archipiélago recibió la atención de la agencia española y por consiguiente la difusión de los intereses de dicha plataforma en los medios de comunicación de América Latina y España.
Que uno de los líderes de Archipiélago, probablemente el más mediático, Yunior García, terminara exiliado en España y fuera colmado de atenciones por los medios de comunicación tampoco ayudó a mejorar las relaciones de las autoridades cubanas con la agencia. No en vano, la figura de Yunior García comenzó a ser conocida y reconocida en España gracias al acento que EFE puso en él.
La agencia, como no podía ser de otro modo, cubrió el período de agitación que sacudió a Cuba e hizo un seguimiento pormenorizado sobre las derivas subsiguientes de las protestas de julio y acerca de las tensiones que subsistieron hasta final de año, incluida la actividad de los servicios de seguridad del gobierno para desbaratar la ofensiva de la disidencia y reprimir el impulso de los descontentos.
Fiscalizó y denunció también las presiones ejercidas por las autoridades sobre periodistas cubanos no adscritos a los medios gubernamentales. Tales denuncias se mantuvieron igualmente fuera de los canales de la agencia, a través de sus redes sociales.
De esta suerte, no es extraño que el conflicto entre las autoridades insulares y la agencia arrancaran tras el estallido de julio de 2021 y que sus relaciones fueran empeorando con el paso de los meses. La entonces delegada de la agencia fue acusada por las autoridades de extralimitarse en sus funciones, intervenir en los asuntos domésticos, falta de imparcialidad y ejercicio del activismo político.
Así se lo hicieron saber en las redes sociales el director general de Prensa, Comunicación e Imagen del Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba, Juan Antonio Fernández Palacios, y el director del Centro de Prensa Internacional, Alberto González Casals.

La situación no mejoró en los meses subsiguientes, y la fallida y prohibida manifestación programada para el 15 de noviembre terminó por enfrentar de forma definitiva a la agencia con el gobierno cubano. Como hemos apuntado, las acreditaciones de prensa fueron retiradas en las vísperas del referido día con la clara intención de entorpecer la difusión de lo que pudiera suceder.
Horas después, dos de los periodistas recuperaron sus credenciales. Son los únicos con que cuenta la agencia actualmente. Desde entonces, el cruce de declaraciones ha sido una constante, sobre todo por parte de la agencia, que no cesa en el empeño de reclamar sus derechos perdidos.
Han intervenido a favor de la agencia —en defensa de su derecho a informar sobre lo que ocurre en el país caribeño— la Unión Europea, a través de la oficina del vicepresidente de la Comisión y alto representante de la Unión para Asuntos Exteriores Josep Borrell; el gobierno de España y su embajada en La Habana, y otros organismos internacionales y nacionales.
A pesar de ello, la situación permanece varada y no se avizora un desenlace que satisfaga las demandas de EFE. Una agencia que, a pesar del agravio y la coacción a la que es sometida, ha estado centrada en ofrecer una panorámica de la actual crisis bastante enfocada en las demandas políticas por parte del pueblo cubano, en detrimento de otros flancos relevantes de la situación, y que ha hecho del contencioso particular de la agencia con las autoridades uno de los ejes sobre los que pivota la información de noticias que provienen de Cuba.
Por otro lado, como es habitual en las relaciones entre España y Cuba, el gobierno hispano y sus instituciones en la Isla se han visto en medio del fuego cruzado entre la oposición y las autoridades. Esta tendencia, que arranca desde el mismo triunfo de la revolución en 1959, continúa siendo uno de los principales problemas de la diplomacia española en Cuba.
La agencia de noticias, además de recibir presiones por parte de las autoridades cubanas, también tiene que hacer frente a las demandas de la oposición, que ha solicitado a EFE una mayor implicación informativa en los juicios desatados a raíz del estallido social del pasado verano. Sectores de la oposición cubana han lanzado una campaña exigiendo a EFE, y a otras agencias extranjeras acreditadas, que cubran los juicios contra los manifestantes del 11 de julio.
Debe recalcarse que tal cosa es difícil, pues el acceso a los juicios es restringido, provocando denuncias en las redes sociales por irregularidades y fallas en el estricto cumplimiento del principio de legalidad. Por ejemplo, existen reclamos por condenas supuestamente injustas en unos casos y excesivas en otros. Igualmente se alega que varios menores de edad no han sido tratados con el debido proceso, ante lo cual se ha pronunciado la oficina regional de la UNICEF.

UNICEF is concerned over the alleged cases of child detention reported in Cuba. We are calling on the Cuban authorities to provide additional verified information about children allegedly in this situation.
(1/2) pic.twitter.com/dIuJeiLVcw
— UNICEF Latin America (@uniceflac) November 19, 2021

Otra variable del análisis radica en la posición del Gobierno cubano, al que una crisis con España no debería interesarle. El PSOE y Unidas Podemos son sus únicos y posibles aliados en el Estado español. Cuentan también con simpatías evidentes dentro de otras formaciones, como ERC, CUP, EH Bildu o el BNG; sin embargo, a nivel de gobierno, más allá de los desencuentros puntuales y habituales, no hay mejores socios para las autoridades cubanas que los que lideran en este momento el Consejo de Ministros en la Península.
Así pues, una crisis diplomática con España a raíz del tratamiento a la agencia española no parece prudente. En los últimos años bajo el PSOE, se han producido dos visitas del más alto nivel a la Isla. La del propio presidente del gobierno español, Pedro Sánchez, y la de Sus Majestades como cabeza del Estado. Ambas visitas ofrecieron sonados espaldarazos al gobierno de Díaz-Canel.
La situación política en España, de fuerte polarización entre gobierno y oposición, tendría en el contencioso con Cuba material suficiente para que la oposición acusara al gobierno de Pedro Sánchez de timorato y condescendiente frente a las autoridades de La Habana. Algo que sucedió a raíz del estallido social de julio pasado, cuando el triunvirato formado por PP, Vox y Ciudadanos imputó al gobierno falta de contundencia en la descalificación de las autoridades comunistas debido a la represión ejercida contra las protestas.
Este panorama, la situación política actual en España, y sus precedentes, deberían ser tenidos en cuenta por el MINREX a la hora de desencadenar una crisis bilateral.
Otro factor que hace desaconsejable la crisis bilateral es la ausencia de Fidel Castro. El desaparecido líder tenía especial sensibilidad para abordar los temas de España y salir airoso en la resolución de los frecuentes desencuentros entre Madrid y La Habana. Su capacidad para maniobrar a izquierda y derecha dentro del espectro político ibérico están fuera de duda.
Su ascendencia gallega le permitió tejer complicidades con Manuel Fraga Iribarne, líder histórico de la derecha española, en tanto su comprensión del panorama internacional le facilitó establecer una relación de confianza con Adolfo Suárez, político procedente de la dictadura franquista, factótum de la transición y garante del asentamiento de la monarquía.
Esta habilidad en el trato de los asuntos españoles le permitió igualmente hacer compatible su amistad con el socialista Felipe González, no exenta de altibajos, y su relación preferente con los secretarios generales del PCE, desde Dolores Ibárruri y Santiago Carrillo hasta José Luis Centella.
La mística revolucionaria de la Cuba de los sesenta tampoco forma parte del imaginario político de las nuevas generaciones de dirigentes españoles, o al menos no en la misma medida. La opinión pública española se encuentra también distante de lo que supuso la revolución cubana, y su visión de la realidad insular atiende únicamente al análisis del momento. Estos factores han propiciado que en los últimos años se haya producido un cambio en su perspectiva respecto a la situación política en Cuba.
Lo demuestra la encuesta del canal La Sexta, en julio del 2021. En ella, el 89% de los encuestados afirmaba que Cuba es una dictadura, en tanto el 40% apoyaba el embargo/bloqueo ejercido por el gobierno de los Estados Unidos. Es este un elemento de considerable impacto para el gobierno de La Habana, teniendo en cuenta que, según cifras del 2020, España era su principal socio comercial europeo y el tercero después de China y Venezuela.
Respecto a la encuesta, es pertinente ofrecer dos elementos: La Sexta es mayoritariamente consumida por votantes de la izquierda, de acuerdo con el diario El Mundo, y la misma se realizó apenas dos semanas después de las mayores protestas vividas en Cuba desde 1959.
Estos cambios acaecidos en España y Cuba en los últimos años reconfiguran el tablero de sus relaciones bilaterales, menos dotadas que antaño para salvar sin quebrantos duraderos los frecuentes y sonados desencuentros. A excepción del período de José María Aznar, ambos países han sabido mantener al margen de la relación permanente las confrontaciones puntuales.
Sin embargo, en la España actual las relaciones económicas con Cuba tienen derivaciones políticas, y la separación de ambos aspectos se antoja cada vez más complicada. Esta noción, desde ya, está siendo explotada por la derecha española. Una serie de escándalos por parte del exministro de transportes Ábalos con las autoridades venezolanas pusieron a la defensiva al PSOE en varias ocasiones.
La política española hacia Cuba y Venezuela comienza a ser considerada un tema de política electoral a la Miami. Detrás de este fenómeno está el crecimiento de la emigración cubana y venezolana en Estados Unidos y España, pero también las redes de entendimiento y colaboración entre la derecha española, el Partido Republicano, y el ala más dura de la oposición cubana afincada en los Estados Unidos.
El campo de ensayo de esta nueva tendencia de la derecha española se encuentra en la comunidad de Madrid, donde el tándem Isabel Díaz Ayuso (PP)-Rocío Monasterio (VOX) ha hecho de la posición frente a Cuba y Venezuela un asunto de política electoral.

Condenamos la dictadura criminal de Cuba y exigimos al Gobierno de España que abandone la ambigüedad y se ponga del lado de la Libertad.
Esta noche la Real Casa de Correos se iluminará con los colores de la bandera de Cuba como homenaje a los luchadores por la Libertad. pic.twitter.com/kuBP89TrLW
— Isabel Díaz Ayuso (@IdiazAyuso) July 14, 2021

En este mismo sentido, hace apenas unos días Pablo Casado, líder de los populares, afirmó que de llegar a La Moncloa adoptaría un «bloqueo total de las relaciones, y sobre todo a nivel financiero» hacia Cuba, Nicaragua y Venezuela. Si bien del dicho al hecho hay un buen trecho, no se debe menospreciar el endurecimiento del discurso del PP respecto a los años de Mariano Rajoy y sus ministros de exteriores, José Manuel García-Margallo y Alfonso Dastis, en el contexto del acercamiento entre los expresidentes Barack Obama y Raúl Castro.
Las próximas elecciones generales en España están programadas para mayo del 2023. A pesar de ello, un año en política es demasiado tiempo y la crispación en la Península se encuentra en máxima tensión, con un virtual empate entre ambas alas ideológicas en las Cortes.
Hasta tal punto es así, que de acuerdo a una reciente encuesta, una coalición entre el Partido Popular y el ultraderechista VOX podría llegar a gobernar con mayoría absoluta de celebrarse las elecciones este mes. Si bien la promesa de Casado sería difícil de adoptar sin enajenar el apoyo de los fuertes operadores turísticos mallorquines con intereses en la Isla, es de prever que un gobierno popular enfriaría las relaciones transatlánticas.
De ocurrir, esto adicionaría un impacto considerable en la política europea hacia Cuba. Tradicionalmente, los miembros de la Unión han seguido el liderazgo español en ese tema. Prueba de ello fue la adopción de la «Posición Común Europea» propuesta por el gobierno de José María Aznar (PP) en 1996.
No es de extrañar entonces que una retirada de EFE de la Isla sería un tema para la agenda del próximo intercambio en el marco del Acuerdo de Diálogo Político y Cooperación con la Unión Europea, donde los socios del Viejo Mundo exigirían explicaciones a los antillanos, creándose para estos una crisis auto infligida.
Asimismo, habría que sopesar otro factor. Si bien la permanencia del catalán Josep Borrell frente al servicio exterior europeo no depende de la aquiescencia del premier ibérico, una fricción entre un ejecutivo de derechas con la oficina de Borrell agrietaría el liderazgo de este a nivel europeo.
Las diferencias entre el alto representante de la Unión para Asuntos Exteriores y las formaciones de derechas del arco parlamentario español, en lo tocante a la política a seguir frente Venezuela, Nicaragua y Cuba; han sido una constante desde la llegada de Borrell al cargo, y todo parece indicar que podrían ir a más si el gobierno español terminara en manos del PP o de alguna coalición o apoyo que facilitara su arribo a la presidencia.
Los argumentos ofrecidos revelan que La Habana y Madrid deberían estar interesados en que el contencioso entre la agencia EFE y las autoridades cubanas no derive en una crisis bilateral de mayor calado, pues, como se ha examinado, esto podría traer consecuencias que actuarían en detrimento de los intereses de España en Cuba y de Cuba en la UE y España.
Comprendemos no obstante que la resolución del problema no es sencilla, pues son muchos los intereses que demandan pronta satisfacción: los de la agencia EFE, los de la oposición cubana y los de los gobiernos de Madrid y La Habana. Por último, ha de tenerse también en cuenta que la resolución, cualquiera que fuere, contará también con la fiscalización que pueda ejercer la derecha española, atenta a cubrir sus intereses posibles y futuros en política exterior y los más explícitos y consabidos de la política interna.

Leer más »

Ciudadanía pide claridad sobre procesos por el 11J en Cuba

Un grupo de manifestantes a favor del gobierno, en primer plano, bloquea el paso a otro de opositores que intentaron tomar una calle de La Habana, durante las protestas en Cuba del 11 de julio del 2021. Según la Fiscalía General de la República, las personas acusadas por participar en esos sucesos enfrentan cargos por los delitos de desórdenes públicos, instigación a delinquir, daños, robos con fuerza y violencia, atentado, sabotaje y sedición.
Foto: Jorge Luis Baños/ IPS

La Habana, 26 ene.- Ideas en torno a la necesidad de ofrecer mayor información sobre casos individuales y de esclarecer las condenas por grupos y por edades matizan las reacciones de la ciudadanía en Cuba, expuestas en las plataformas digitales, acerca de los procesos legales contra participantes en los sucesos del 11 de julio del pasado año.En su informe divulgado este martes, la Fiscalía General de la República apuntó que 790 personas se encuentran “instruidas de cargo por actos vandálicos, que atentaron contra autoridades, personas y bienes, así como graves alteraciones del orden. El 21 por ciento de estas personas tenían antecedentes penales”.
También aclaró que contra 115 jóvenes, con edades entre 16 y 20 años, “se determinó ejercer la acción penal ante los tribunales, por la gravedad de los hechos cometidos y su demostrada participación”.
Especificó la nota que 55 tienen entre 16 y 18 años de edad y, de ellos, 28 fueron “asegurados con la medida cautelar de prisión provisional”.
“A partir de las posibilidades que brinda la ley y como resultado de la práctica de las pruebas en los actos de juicio oral, el reconocimiento de los hechos, el arrepentimiento mostrado y la condición de estudiantes, a 18 de estos acusados la Fiscalía les modificó la solicitud de sanción por otras de menor severidad”, detalló el texto.
Asimismo, trascendió que de los 60 jóvenes con edades comprendidas entre los 19 y 20 años, a 41 se les aplicó prisión provisional.
Puntualizó la Fiscalía que la decisión de sostener la acusación ante los tribunales, “en todos los casos estuvo basada en los medios de prueba aportados”, que permitieron “la identificación de los imputados en hechos que tipifican delitos de desórdenes públicos, instigación a delinquir, daños, robos con fuerza y violencia, atentado, sabotaje y sedición”.
Acerca del procedimiento legal establecido a los menores de 16 años de edad –no sujetos del Derecho Penal en Cuba–, se informó que 10 fueron internados en escuelas de formación integral y de conducta, por intervenir junto a adultos en la comisión de estos hechos; y a 17 se les aplicó la medida de atención individualizada en la propia escuela donde cursan estudios.
Cuestión de datos y más
Los datos ofrecidos por la Fiscalía General de la República suscitaron de inmediato diversas opiniones que, aunque atribuyen diferentes niveles de claridad a la información, sí coinciden en señalar la importancia de divulgar cómo marchan los procedimientos legales que hasta ahora incluyen juicios a 710 personas acusadas.
En tal sentido, Juan Alberto Cepero comentó en el Portal Cubadebate: “Muy buena la información general, para mi opinión, muy general, no especifica las medidas, por lo que no contribuye a la percepción de peligro que representan semejantes hechos contra el estado y el pueblo. A mí no me queda claro cuáles son las sanciones para semejantes hechos”.
Por su parte, la usuaria identificada como Dayamí escribió: “Está bien que publiquen datos generales, pero creo que esto no aclara algunas de las preocupaciones. ¿Dónde se puede encontrar información sobre casos individuales? Sé que técnicamente a los 16 años no se es un niño, pero cuando vemos casos de muchachos de esa edad que se le piden 11, 15, 18 años de prisión y no mataron a nadie da pie para que se hable de penas excesivas. Es mi opinión y espero que se me respete”.
El forista Jorge Castro pidió que se publicaran “más datos de las condenas, no veo un solo número sobre esto. Cuántos años se les está pidiendo por grupos y por edades de los que están en proceso y de los que ya han sido procesados… Sería bueno mostrar algunos ejemplos”, recomendó.
En contraste, la usuaria Martha expuso: “Muy bien la necesaria información, para que la población conozca y no esté desinformada, pero nada de estar dando explicaciones a los odiadores y aberrados políticos que una y otra vez intentan desacreditar a nuestro sistema”.
A su vez, Roque consideró “justo que se informe la marcha de estos procesos, ahora bien, no creo necesario sean divulgadas las particularidades de cada caso. Los detalles, corresponde a los interesados solicitarlos a la fiscalía y a las autoridades correspondientes”.
Bajo el seudónimo Opinión, otra persona estimó que “la información llegó bastante tarde” y “fue tan general que solo es caldo de cultivo para especulaciones y más descrédito hacia nuestro país”.
Esa publicación sumó varias interrogantes: ¿cuántos de estos procesos se han hecho con un abogado que representa a la persona?, ¿cuáles fueron los principales delitos cometidos por los niños?, ¿por qué hay 790 personas presas y solo 117 expedientes presentados?A su vez, Rudy Castillo comentó que “las sanciones están en dependencia del delito cometido” y “nadie ha sido juzgado por sus ideas y sí por la violencia demostrada”.
Pronunciamiento del canciller cubano
Como respuesta a las posturas de Washington respecto a los actuales procesos judiciales en Cuba, Bruno Rodríguez, ministro de Relaciones Exteriores de la nación caribeña, señaló la víspera en su cuenta de Twitter que Estados Unidos “conoce bien” que esas acciones “se desarrollan con pleno apego a la ley y dentro de estándares internacionalmente aceptados”.
De acuerdo con el diplomático, la Casa Blanca “miente para empañar la labor ejemplar de Cuba en la protección a su niñez y justificar medidas coercitivas criminales”.
En un tweet posterior, el canciller también reprochó que la nación estadounidense es “la única que no ha ratificado la Convención de los Derechos del Niño” y “carece de autoridad moral para señalar a Cuba, cuyo desempeño en favor del bienestar de su infancia es extraordinario”. (2022)

Leer más »

El espíritu de la Revolución

La tristeza y la desesperanza que inundaron muchos hogares cubanos en este tránsito de año, me hizo meditar sobre el espíritu de la Revolución, aquellas ideas claves que inspiraron y movilizaron a amplios sectores de la sociedad contra una dictadura y por un nuevo proyecto de país.
Han pasado sesenta y tres años desde aquel triunfo de enero. El país ha vivido restructuraciones, rectificaciones, reformas, procesos constitucionales y ordenamientos. El pueblo ha resistido por la Revolución que el gobierno dice representar, aunque hace más de treinta años no ve progreso ni esperanzas; simplemente sobrevive y resiste.   
Todo indica que estamos en un callejón sin salida. Volver al origen puede ofrecer algunas luces para verificar cuánto nos apartamos de aquellos ideales.
-I-
Entre 1953 y 1958 se esbozaron y articularon ideas clave que configuraron el espíritu de la Revolución y permitieron articular la unidad. Estas se encuentran en cinco documentos: La historia me absolverá, la Carta de México, el Manifiesto de la Sierra, el Manifiesto del Movimiento 26 de julio al Pueblo y el Pacto de Caracas, que permitió conformar el Frente Cívico Revolucionario con las principales y diversas fuerzas políticas opositoras.[1]
El primero de ellos —título con el que trascendió el alegato de autodefensa de Fidel en el juicio por los asaltos armados en Santiago de Cuba y Bayamo—, sentó las bases, por la denuncia, el diagnóstico y la integralidad de su visión del cambio.
Fidel Castro cuando fue arrestado en julio de 1953, luego del ataque al cuartel Moncada.
Tales denuncia y diagnóstico contemplaron: la ilegitimidad del gobierno y el pisoteo sistemático de la Constitución; la existencia de «un poder único que ha usurpado y reunido en uno solo los (….) de la nación», en lugar de la separación del legislativo, ejecutivo y judicial,  de modo «que se equilibren y contrapesen unos a otros».
También la represión, falta de libertades públicas, primacía de los militares sobre el derecho, violaciones del debido proceso —aislamiento, obstáculos para asistencia letrada y violaciones de la privacidad abogado-cliente—; juicios cerrados, con poca prensa y fuertemente custodiados por fuerzas militares; lo absurdo de mantener en prisión a intelectuales y las torturas para obtener declaraciones falsas. Igualmente, la desigualdad y pobreza existentes frente a inversiones para favorecer intereses de sectores acomodados y conservadores.  
-II-
La visión del cambio se puede resumir en cuatro pilares expuestos en el primero y ratificados en los otros documentos:
1.- Democracia y preservación de la tradición republicana y civilista de Cuba con apego a la Constitución y las leyes. Garantía absoluta de todos los derechos y libertades públicas consagradas en la Constitución; derecho de rebelión o resistencia al orden existente amparado en la soberanía popular, sin el cual «no puede concebirse la existencia de una colectividad democrática», apego de las instituciones armadas a la Constitución y al pueblo y «el propósito de apartar al Ejército de la política».
2.- Primacía de la soberanía popular, la integridad nacional y el rechazo a toda injerencia de otras naciones en los asuntos internos. Devolver a Cuba el «honor y la integridad nacional», «la paz ansiada y el encauzamiento democrático que conduzcan a nuestro pueblo al desarrollo de su libertad, (…) riqueza y (…) progreso».
3.- El sujeto y destinatario de la Revolución es el pueblo: «la gran masa irredenta (…) que anhela una patria mejor y más digna y más justa», los desempleados, obreros del campo e industriales, agricultores pequeños, maestros y profesores, pequeños comerciantes, profesionales jóvenes «que salen de las aulas con sus títulos deseosos de lucha y llenos de esperanza para encontrarse en un callejón sin salida».
4.- Resolver los problemas socioeconómicos fundamentales —tierra, industrialización, vivienda, desempleo, educación y salud—, lograr una «política financiera sana que resguarde nuestra moneda» y eliminar la injusticia, la pobreza y las desigualdades en pos del mejoramiento humano y el progreso.
-III-
¿Cuál es la realidad actual en Cuba? Señalo algunos elementos que evidencian su disonancia con el espíritu de la Revolución.
1.- Tenemos un poder único constitucionalmente, carecemos de mínimos democráticos y contamos con un partido político que está, incluso, por encima de la Constitución. Las instituciones armadas están imbricadas en la política y los poderes públicos, tienen impunidad, invaden la vida ciudadana y concentran el poder económico ensamblado en el poder político.
La Constitución está más en función de defender al Estado y la autoridad del Partido, que a ponerle límites a este y proteger los derechos ciudadanos. En texto reciente, el jurista Eloy Viera Cañive concluyó que el cubano es ante todo un modelo «autocrático en el que la falta de libertades, de toda índole, constituye (…) la base de todo».
Las denuncias de Fidel relativas a violaciones del debido proceso judicial en aquella época, son tímidas comparadas con las de hoy. En redes sociales y medios alternativos pululan denuncias sobre violaciones en tal sentido, celdas de castigo, persecución y hostigamiento a familiares, encarcelamiento de cientos de personas, incluidos menores de edad.
[embedded content]
2.- La soberanía popular fue usurpada por una nueva clase, que no rinde cuentas al pueblo y usa la defensa nacional frente a los EE.UU. para asegurarse consenso y justificar vacíos democráticos. El gobierno ha sido eficiente en el control social mediante instituciones armadas y organizaciones sociales y de masas. En consecuencia, no se tolera ningún tipo de disenso o resistencia.
3.- Las medidas implementadas con el triunfo lograron resultados beneficiosos para las mayorías durante las primeras décadas. Invito a repasar los problemas fundamentales de la nación hoy, sus puntos de contacto con los de entonces y a reflexionar cómo resolverlos sin un nuevo proyecto de país. A mediados del 2019, por ejemplo, el economista Omar Everleny examinó el crecimiento de la pobreza y la desigualdad en Cuba. En esa fecha el Coeficiente Gini había ascendido a más del 0.40, lo que evidencia una sociedad muy desigual.
4.- El pueblo de hoy no es el mismo de hace sesenta y ocho años, pero siguiendo la lógica de su definición entonces, al presente tampoco serían los «sectores acomodados y conservadores», sino «la gran masa irredenta», los desempleados, profesionales frustrados, estudiantes, obreros, que vienen protagonizando protestas hace tiempo. Desde octubre de 2020 estas han crecido exponencialmente. Más del 68% por temas de carácter cívico y político, con tendencia a ser individuales o de pocos implicados por la ola de terror impuesta en el país. En diciembre pasado fueron el doble respecto a ese mes del año anterior, sobre todo a causa de la injusticia que se comete contra los manifestantes del 11-J.
Los listados de la Comisión Justicia 11-J, Prissioner Defenders muestran datos alarmantes. El Informe más reciente de esta última —que contiene testimonios de encarcelados—, reconoce 842 prisioneros políticos en diferentes categorías. Además, otros 11.000 jóvenes civiles no pertenecientes a organizaciones opositoras, la mayoría convictos, y más de 2.000 con penas de dos años y  diez meses de cárcel por «conductas pre-delictivas».
Cuando menos, sobresaltan las condenas de 1953 [2] por asaltos armados comparadas con las de hoy. Las numerosas y arbitrarias sanciones por las protestas de julio del año pasado y el incremento de la represión, caen como cubos de hielo sobre el espíritu de la Revolución. ¿Se le puede invocar cuando el país se hunde económicamente, miles emigran a cualquier parte, otros van presos y los que mejor salen pierden el trabajo y reciben por respuesta la muerte civil en su país?

La represión y el incremento de destierros y exilios no frenarán indefinidamente la protesta, expandirán el disenso y radicalizarán posiciones. Porque, como ocurrió en los cincuenta del pasado siglo y bien expresó el mexicano Ricardo Flores Magón: «No son los rebeldes los que crean los problemas del mundo, son los problemas del mundo los que crean a los rebeldes».
El espíritu de la Revolución puede ayudar a refundar la esperanza. Necesitamos un nuevo proyecto de país donde la soberanía popular y nacional, la democracia, la justicia social, el progreso, la tradición republicana y civilista con apego al Estado de derecho sean una realidad. Vuelvo a aquel alegato cívico de 1953: «Cuba debería ser baluarte de libertad y no eslabón vergonzoso de despotismo».
Para contactar a la autora: ivettegarciagonzalez@gmail.com
***
[1] Excepto el Partido Socialista Popular (comunista) que apoyó luego la lucha sumándose a la unidad.
[2] Los 32 juzgados recibieron condenas de entre 7 meses y 15 años que fue la máxima impuesta a Fidel. Los de 3 años y más solo cumplieron 22 meses. En mayo de 1955 todos los asaltantes fueron amnistiados por el dictador Fulgencio Batista  en virtud de la presión popular encabezada por amigos, familiares y sobre todo, las madres. 

Leer más »

Tercer trimestre de 2021: colapso sanitario, estallido social y olimpiadas exitosas

El tercer trimestre inició en julio con las que posiblemente sean las imágenes más tristes de los últimos sesenta años en Cuba: pacientes durmiendo en los pasillos de hospitales, médicos y enfermeras al límite, crisis de medicamentos, colapso de los sistemas fúnebres por el aumento en el número de muertes…
La crisis sanitaria en Matanzas, agudizada desde finales de junio, sembró la alarma y movió sensibilidades entre los cubanos dentro y fuera de la Isla. En tan solo diez días, se reportaron 16 447 casos. El gobierno, que hasta entonces negaba la situación, debió tomar cartas en el asunto y movilizar personal médico y recursos hasta la provincia.
En Twitter, bajo las etiquetas #SOSMatanzas, #MatanzasNoEstásSola y #SOSCuba, la sociedad civil se articuló con el fin de reunir donaciones de insumos para los matanceros. Esta sería la puerta a futuras iniciativas semejantes en otros territorios del país. En medio de esta situación, que se extendía a otras provincias y ciudades, llegó el 11 de julio.
Los lugares donde se han registrado protestas según el sitio de investigación @inventario.
Las protestas de ese día fueron el colofón de una serie de conflictos políticos-económicos y sociales latentes en Cuba durante años y agravados por la pandemia. Desde más de sesenta puntos de la geografía nacional, los cubanos salieron a exigir tanto sus necesidades básicas como la libertad.
El gobierno, en todo momento, negó la espontaneidad del estallido social y trató de dar la impresión de protestas orquestadas desde Estados Unidos y ejecutadas por mercenarios y «revolucionarios confundidos». Pero la legitimidad de los sucesos y los reclamos del pueblo que salió a la calle ese día no pueden anularse ni con diez órdenes de combate.
Según datos de la organización Cubalex, luego de los sucesos se registraron 1332 arrestos. De este este total, 710 personas aún se encuentran detenidas, entre ellas catorce menores de edad.
La represión gubernamental durante esa jornada y las posteriores se cobijó bajo la consigna del presidente: «la calle es de los revolucionarios». La impunidad de los órganos represivos estuvo garantizada, en cierta medida, por los medios oficiales del estado que contaban su versión de los hechos en detrimento de las imágenes y testimonios de los manifestantes.
Con el objetivo de calmar los ánimos, el primer ministro Manuel Marrero anunció tres días después una serie de medidas para aliviar la situación. La más destacada fue la de suspender, «con carácter excepcional», el límite de entrada de alimentos, aseo y medicamentos como equipaje acompañado, a partir del 19 de julio y hasta el 31 de diciembre.
Los Juegos Olímpicos Tokyo 2020 se atrasaron un año debido a la pandemia. En esta ocasión, con la delegación más pequeña desde 1964, Cuba quedó en el lugar catorce del tablero de posiciones. Los 69 atletas cubanos se alzaron con 15 preseas, de ellas 7 doradas. El luchador Mijaín López obtuvo su cuarto título olímpico, primer cubano en lograrlo en eventos consecutivos de la misma modalidad.
Mijaín López (Foto: Reuters/Piroschka Van De Wouw)
La carencia de oxígeno en Cuba se hizo evidente en agosto. En medio del pico pandémico, la rotura de una pieza sacó de circulación a la principal planta productora de oxígeno. Las denuncias de pacientes y familiares desbordaron las redes sociales mientras el gobierno —nuevamente— negaba la situación.
También desde el gobierno se negó el colapso de los cementerios. Ante el incremento de fallecidos, que en julio y agosto sumaron casi 4000, los camposantos rebasaron su capacidad. Entonces fueron autorizados enterramientos en fosas comunes durante algún tiempo, mientras se trabajaba en la expansión de ciertas necrópolis.
Como una especie de Ley Mordaza se aprobó el Decreto Ley 35 «De las Telecomunicaciones, las Tecnologías de la Información y la Comunicación y el uso del Espectro Radioeléctrico». Aunque la normativa se había anunciado desde abril de 2021, el oportunismo de la fecha hizo pensar a más de uno en una especie de escarmiento social por el estallido social de julio, visibilizado principalmente desde las redes sociales.
Entre sus objetivos, la legislación está encaminada a que los servicios de telecomunicaciones: sean un instrumento para la defensa de la Revolución; logren satisfacer las necesidades generales del Estado y el Gobierno y las relacionadas con la Seguridad y la Defensa Nacional, el Orden Interior y la Defensa Civil y eleven la ciberseguridad para salvaguardar que el uso de los servicios de telecomunicaciones no atente contra la seguridad y la defensa nacional, el orden interior u ocasionen afectaciones o perjuicios a terceros.
Mientras por un lado se negaba y se satanizaba el derecho al disenso y la crítica, el decreto satisfacía una de las demandas sociales respecto al empleo de las TIC y las redes sociales: que no se puedan utilizar estos servicios «para realizar acciones o transmitir información ofensiva o lesiva a la dignidad humana; de contenidos sexuales, discriminatorios; que genere acoso; que afecte la intimidad personal y familiar o la propia imagen y voz; la identidad, integridad y el honor de la persona; la seguridad colectiva, el bienestar general, la moralidad pública y el respeto al orden público».
El 22 de septiembre, desde la plataforma Archipiélago, fundada por el dramaturgo Yunior García Aguilera para articular diferentes sectores de la sociedad civil luego del 11 de julio, se lanzó la convocatoria para la Marcha Cívica por el Cambio el día 20 de noviembre.
Septiembre cerró con otro suceso que desmentía el supuesto estado de derecho en Cuba. El artista Hamlet Lavastida, arbitrariamente detenido desde junio bajo la acusación de «instigación a delinquir», fue expulsado del país junto a su pareja, la poeta y activista Katherine Bisquet. 

Leer más »

El dilema de ser y parecer en Cuba

La relación entre ser y parecer, en política, es un dilema que puede devenir conflicto de alto costo. En Cuba invade todos los ámbitos porque el gobierno, desde hace años, opta por «parecer». Eso explica ciertas reacciones a mi texto anterior sobre el terrorismo de Estado en la Isla y me impulsa a socializar una experiencia reciente.
Es que, como expresé luego del 11-J, los cubanos tenemos que hablar más claro, denunciar y demostrar lo que ocurre. Desde esa fecha, la represión ha aumentado hasta llegar a convertirse en una política de terror.
A pesar de los cientos de detenidos, maltratados y encarcelados a raíz del estallido social, pronto surgió una nueva iniciativa cívica —Archipiélago— y un intento de marcha pacífica para noviembre. Era un desafío para el Partido/Gobierno/Estado, para el pueblo y los jóvenes promotores.
Estos enfrentamientos también han confirmado que la clase política impulsó la Constitución de 2019 para blindarse a sí misma, no para establecer un marco capaz de proteger derechos ciudadanos. De ahí la escalada de violencia en total impunidad.
-I-
La imposibilidad de funcionar normalmente dentro del país, obligó a Archipiélago a constituir en octubre una Comisión de Apoyo a los Manifestantes 15N (aunque finalmente debió cambiarse para el día 20), que fue a la vez su representación en el exterior. Su primer objetivo fue sensibilizar a la comunidad internacional con lo que ocurría en Cuba, para que esta conminara al gobierno a cesar la represión y evitar que se reprodujera en mayor grado lo ocurrido en julio.
La misma funcionó hasta el 20 de noviembre y estuvo integrada por profesionales cubanos residentes y/o de tránsito en varios países, además de una red de apoyo de igual origen. Realizó un monitoreo de la represión en la Isla contrastando fuentes y en base a denuncias de los ciudadanos con evidencias, rastreo en las redes sociales y medios independientes.  
Entre el 24 de octubre y el cierre se elaboraron seis informes, que fueron enviados a medios cubanos independientes e internacionales, fuerzas políticas en diversas naciones, organizaciones de la sociedad civil internacional y organismos multilaterales.
Cada denuncia incluía evidencias de violaciones a los derechos fundamentales contra personas de todas las edades, especialmente jóvenes. Y solo era parte de lo que ocurría; muchos temían denunciar y otros lo hacían pidiendo discreción.
-II-
Los informes incluyeron valoración del contexto e implicaciones nacionales e internacionales. En el primero, del 25 de octubre al 6 de noviembre, se registraron dieciséis prácticas represivas y disímiles violaciones en las denuncias, provenientes de casi todas las provincias del país.
Ellas fueron:

Despidos laborales.
Amedrentamiento de personas para que no se sumaran a Archipiélago o la marcha.
Exigencia de firmas bajo compromisos de no involucramiento en la marcha, so pena de represión.
Amenazas con: despido laboral, publicar detalles de la vida íntima de las personas, encauzarlas por delitos comunes, la muerte (velada o abierta) si participaba en la marcha, largas condenas de prisión, a familiares y vigilancia laboral e investigación.
Persecución por posicionamientos críticos o por dar un «me gusta» en las redes.
Vigilancia policial o de la Seguridad del Estado frente a las viviendas.
Imposición de reclusión domiciliaria sin causa formada.
Detenciones arbitrarias.
Vigilancia e investigación sobre familias y amistades de personas involucradas en la marcha pacífica, o que se sospechaba lo estaban.
Mítines de repudio.
Compulsión en los interrogatorios para servir de informantes a la Seguridad del Estado.
Interrupción de los servicios de internet.
Secuestros, a veces con encapuchamiento y combinados con detenciones arbitrarias y conducción a locales no policiales.
Campañas de difamación y criminalización de líderes de la marcha pacífica a través de los medios oficiales.
Acoso a las familias de quienes se vincularon con la organización de la marcha pacífica o se conocía que pensaban participar.
Imposición de multas reiteradas e injustificadas como forma de hostigamiento.

Dichos métodos se implementaron contra ciudadanos firmantes de cartas de apoyo a la marcha, figuras principales de Archipiélago, e incluso contra disidentes y miembros de la oposición tradicional no vinculados con los promotores de la iniciativa cívica. También hacia jóvenes universitarios, periodistas independientes, figuras eclesiásticas, miembros de organizaciones de la sociedad civil independiente, etc.
Como se expresó entonces, tales prácticas «tienen consecuencias nocivas para la condición humana. Implican daño físico y moral, psíquico, (…) para el proyecto de vida personal y familiar». Hubo jóvenes expulsados de sus hogares, familias impedidas de continuar viviendo juntas y padres acosados que decidieron dejar protegidos a sus hijos con otros para huir de la represión.
Según la Convención contra la Tortura y Otros Tratos o Penas Crueles, Inhumanos o Degradantes, actuaciones como las descritas constituyen violaciones de los derechos humanos y califican en no pocos casos como formas de tortura y/o creación de condiciones favorables a ella. También vulneran la Declaración Universal de los Derechos Humanos, de la cual, como de la anterior, Cuba es firmante.
A cargo de esas actuaciones estuvieron el Ministerio del Interior (MININT) —Policía Nacional Revolucionaria (PNR) y Órganos de la Seguridad del Estado (OSE)— y las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), en particular con jóvenes del Servicio Militar Obligatorio (SMO); así como las direcciones de Contrainteligencia de ambos organismos.
Fueron sumados igualmente a la estrategia represiva grupos paraestatales, integrados por miembros de organizaciones políticas, sociales y de masas al servicio del poder: Partido Comunista (PCC), Unión de Jóvenes Comunistas (UJC), Comités de Defensa de la Revolución (CDR), Central de Trabajadores de Cuba (CTC) y Federación de Mujeres Cubanas (FMC), entre otras.
La Comisión denunció que el gobierno preparaba respuestas violentas desde instituciones estatales. Un documento oficial del día 26 constató la preparación de dirigentes y trabajadores de una empresa de comercio en Holguín para ello.
Su área de «Seguridad y protección», bajo la dirección del Consejo de Defensa municipal, se encargó de diseñar el «Plan de contingencias». Este contempló —en lenguaje típico de la Seguridad del Estado— planes de aviso, descripción de la entidad, colindancias, grupos con misiones específicas y otros aspectos. El más numeroso era el de la Brigada de Respuesta Rápida (BRR), que hace años protege la imagen de las fuerzas represivas al aparentar que se trata de «acciones espontáneas» del pueblo contrapuestas a los «desestabilizadores» y «contrarrevolucionarios».
En el mismo documento, se indica emplear para el enfrentamiento «medios rústicos de madera, tubos u otros materiales preparados y ubicados convenientemente al alcance del personal». Se orienta procurar «cooperación» —mediante compromisos en actas oficiales— de los Comités de Defensa de la Revolución (CDR) más cercanos y también del MININT.  
En la evaluación psicológica correspondiente al contexto, el informe fundamentó que el «incremento de la represión masiva y el silencio consecuente, tiene efectos físicos y también psicológicos en una población que desde hace tiempo padece daños psicosociales por diversas causas. El clímax de todo ese proceso es muy preocupante porque facilita, entre otros comportamientos, actos extremos como el suicidio y la hetero-agresividad en las personas».
Todo eso y mucho más ocurrió en apenas una semana. En virtud de «la indefensión que padecen los ciudadanos en Cuba, debido al sistema de gobierno centralizado, sin separación de poderes ni aceptación de instancias independientes que puedan servir de contrapesos (…) y protección ciudadana», solo quedaba recabar apoyo de la comunidad internacional.
Lo terrible es que esta respuesta desmesurada se haya desplegado por el anuncio de una marcha pacífica. Como se demostró entonces, al gobierno cubano no le interesa ser, sino parecer. En el ser, sus métodos y prácticas llegan a extremos de crueldad con efectos duraderos, sin que necesite para ello derramamiento de sangre a la luz pública.
El gobierno cree que con el terror desatado, las exorbitantes condenas a manifestantes pacíficos, y las alternativas migratoria y carcelaria está cerrando un ciclo. Se equivoca, con la represión crece la indignación de la ciudadanía.
Hablar más claro hoy implica responsabilidad con la denuncia y colocarse al lado de las víctimas. Lo revolucionario hoy no está en el gobierno y sus bases, sino en la sociedad civil y especialmente en los jóvenes que luchan por un mejor país. El gobierno es anacrónico e irreformable. Tiene un serio dilema entre el ser y el parecer, y el costo político de esta dicotomía continúa incrementándose. Sigue intentando parecer, pero cada vez se conoce más lo que es, aun cuando a algunos le resulten todavía demasiado fuertes las palabras dictadura, totalitarismo, autoritarismo y terrorismo de Estado.

Leer más »

El examen inevitable del Gobierno cubano

El ser humano está permanentemente en situaciones en las que debe tomar decisiones, actuar, y los resultados de esas acciones suelen tener alguna implicación. De ahí que vivir sea como someterse a un gran y continuo examen: problema-respuesta-consecuencia.
La intensidad y alcance de las implicaciones de lo que hacemos provoca que, en dependencia de la racionalidad y sensibilidad individuales, seamos capaces de percibir cuáles son los exámenes que enfrentamos; sea en períodos de tiempo prolongados o en momentos específicos (información que nos permite atribuir a dichos procesos el grado de formalidad de la evaluación).
Esa lógica de la medición, del examen, ha sido una clave implícita en el diseño de la institucionalidad desde la antigüedad. Encontrar a la persona correcta para desempeñar cada función en el ámbito social supone cierta idoneidad. Estos procesos tienen en cuenta la caducidad de la evaluación; es decir, la evaluación efectuada en un momento dado no significa una validación eterna.
Por su parte, la dimensión política de la sociedad —entendida como aquella que se relaciona con las tecnologías para gestionar(nos) desde los poderes del Estado—, no escapa de ser un proceso de examen. La naturaleza de la política dota a la evaluación de eficientes mecanismos específicos.
En los espacios democráticos de la política se formaliza la evaluación: la ciudadanía es la evaluadora del examen político; el Gobierno (electo o a elegir), el evaluado. El primer tipo de examen (1) es equivalente a una competencia por el acceso a un puesto, posee carácter más formal, breve (bien podría ser el proceso electoral). Vencerlo implica ser aprobado por un tiempo, por lo general de cuatro a seis años.
El segundo tipo (2), equivale a una evaluación sistemática, permanente, cualitativa; y se extiende lo que el propio período de mandato. Si se obtiene un buen resultado en el examen sistemático, el ciudadano quizá otorgue al que ocupa el Gobierno el derecho a evaluarse otra vez en el esquema más breve y, con suerte, repetirá lo que pretende: gobernar, ser funcionario público nuevamente.
En algunos contextos, ante el riesgo de que siempre resulte ganador el mismo sujeto, el evaluador ha limitado el acceso a cierta cantidad de intentos victoriosos. Otra situación común es que, dado que en ocasiones el examen tipo 2 es tan malo, el evaluador decide suspenderlo en pleno desarrollo, entonces se habla de impeachment, golpe de Estado o revolución, según se trate.
La evaluación política en Cuba
El sistema evaluativo cubano tiene particularidades. El último examen tipo 1 acaeció hace setenta y tres años (elecciones de 1948, en que fue electo Carlos Prío), por lo que ninguno de los dos participantes hoy recuerda bien qué es evaluar o ser evaluado de manera formal.
Ese examen de acceso le fue convalidado al evaluado en un momento inicial del proceso revolucionario, según criterio de mucho esfuerzo, sin competencia, incluso. Nunca más ha sido sometido a examen formal alguno, por tanto, las prerrogativas que surgen cuando se está aprobado se han mantenido indefinidamente, basadas en la suposición de que lo sigue estando.
El Gobierno cubano parte del supuesto de que la auto-convalidación realizada al examen 1 mantiene validez. Sin embargo, se puede escapar de ese examen en cuestión, pero nunca del 2. A los ojos del evaluador —que en este caso ha tenido décadas para valorar—, se presenta una serie de resultados negativos:
– Incapacidad para sostener una producción de alimentos básicos, ni en niveles mínimamente requeridos para condiciones de bienestar. Más bien, este aspecto ha empeorado continuamente.
– Incapacidad de desarrollar la industria nacional; con excepción de la biotecnológica, que produce un impacto favorable a nivel sectorial, pero no suficiente entendida la economía como un todo.
– Incapacidad de gestionar con resultados positivos la propiedad de todos, al decidir una política inversionista asimétrica que arruinó sectores enteros de la economía e incrementó la desigualdad y la pobreza.
– Incapacidad para gestionar la pluralidad, haciendo llamados a profundizar en los dogmas como respuesta a reclamos cívicos legítimos y necesarios, como los recogidos en el Proyecto Varela.
– Incapacidad para mantener un crecimiento demográfico sostenible. Las crisis políticas han sido solucionadas por décadas favoreciendo el éxodo masivo, pero ya desde hace tres años mueren en Cuba más personas de las que nacen, tendencia que, de mantenerse, conduciría a la extinción.
– Incapacidad para generar salidas a tiempo en los momentos de mayor agudeza de la crisis crónica de la economía insular, dejando las esperanzas en salvaciones externas (URSS, Venezuela, China, Obama-Biden).
Por si fuera poco, estos efectos dañinos se han reforzado en el último año:
– El evaluado no logró realizar un ordenamiento monetario cuyos resultados fueran beneficiosos para el evaluador.
– Dedicó un congreso del Partido Comunista a discutir sobre la autoestima del cuadro como sujeto organizativo, en lugar de responder a la crisis.
– Deslegitimó un estallido social espontáneo al argüir sin pruebas que fue organizado desde el exterior, y respondió con violencia simbólica y tradicional (multas, arrestos y severidad judicial). En consecuencia, fue incapaz de lidiar con la inconformidad social y generar vías para canalizarla.
– Ha violado derechos humanos sistemáticamente.
– Continúa la apuesta por la construcción de más hoteles, sin una clara justificación.
La actitud del evaluado
El Gobierno sigue sin ofrecer un horizonte. No hay utopía, solo el llamado a resistir y la promesa de que la obediencia se premia. El Gobierno no ha creado las bases ni ha dado pasos significativos para ofrecer una vida digna a los trabajadores y sus familias.
El evaluado no quiere ser evaluado. Aspira a que su auto-convalidación sea eterna; pero el evaluador sigue pagando el precio de ese examen perpetuo. El evaluador está cansado de esperar, como un profesor que sabe que su alumno no podrá hacer nada más, borrar, escribir una y otra vez sin aportar una respuesta correcta.
El Gobierno ha tomado demasiado tiempo y no quiere aceptar que su turno venció, ni siquiera quiere aceptar la evaluación; por eso reacciona agresivamente cuando alguien lo evalúa; por eso compara, chantajea; por eso eliminó las evaluaciones formales; por eso usa argumentos carentes de sustancia. Se siente agredido al ser evaluado.
No queda entonces otra salida: es hora de que el examen termine, sin más oportunidades. El evaluado ha tenido demasiadas fallas, y muy costosas.

Leer más »

¿Terrorismo de Estado en Cuba?

El término «terrorismo de Estado» pareciera inaplicable o exagerado para el caso cubano, sobre todo para quienes apoyan acríticamente al gobierno, ignoran lo que ocurre en el país, o se basan en la «proporcionalidad» comparando nuestra realidad con otras experiencias. Sin embargo, conviene examinar el tema con rigor y tomar nota de un contexto que puede afectar mucho más a la ciudadanía.
Todavía respiramos el aire del Día Internacional de los Derechos Humanos. Cuba parecía tranquila y la víspera únicamente Juventud Rebelde publicó una noticia. El viernes, el tema se trató con la habitual referencia a los éxitos del gobierno a pesar del bloqueo. La mayoría de las personas en la Isla y quienes en el mundo acceden a Cubavisión Internacional quizás solo vieron eso.
No obstante, fue una reedición del contraste entre la Cuba real y la virtual. La dirigencia cubana parece confiar en que si no habla de algo, ese algo no existe, o, en que si lo presenta con falsedades a la ciudadanía, toda ella, o al menos la mayoría, le creerá.
La aparente tranquilidad resulta de la ola represiva del gobierno desde julio, cuando ocurrieron las protestas sociales. Así se logró también impedir la proyectada manifestación del 15-N. No es simple represión del disenso, es un verdadero estado de terror que permanece.
La aparente tranquilidad resulta de la ola represiva del gobierno desde julio, cuando ocurrieron las protestas sociales. (Foto: AFP)
-I-
El terrorismo de Estado no ha sido definido por ningún instrumento internacional. No obstante, de acuerdo con el jurista y profesor Raúl Carnevali Rodríguez, expresa un «contexto especial» donde «el uso de la violencia en contra de su población la realiza el propio Estado, ya sea a través de organismos propios o de grupos paraestatales, es decir, los que —sin formar parte del aparato institucional— cooperan en este propósito».
Desconocer cómo se gesta e instala en tanto práctica política —pues ante los ojos de la ciudadanía no se muestra en toda su crudeza— es algo que debe evitarse.
Un excelente análisis sobre el fenómeno lo ofrece la historiadora chilena Ximena Vanessa Goecke en un texto del 2014, basado en la experiencia de dictaduras que existieron en el Cono Sur de América Latina.
En la génesis, «la defensa de la nación» necesitaba hacerse a partir de una lógica de guerra. Detrás de ella estaba en definitiva la confrontación entre las tendencias proclives al cambio y las orientadas supuestamente «a promover el orden y la paz social», que realmente significaba el continuismo de la razón despótica.
En consecuencia, el conflicto se asumía como «una lucha por la sobrevivencia, lo que suponía necesariamente la búsqueda del exterminio del opositor, como única forma válida de asegurar la supresión de toda amenaza». Esa lógica, en un Estado militarizado y dogmático, justificaba la aplicación de violencia política dirigida desde el aparato estatal contra la población civil «reduciendo el número de bajas posibles».
De tales experiencias se derivan algunas «regularidades del terrorismo de Estado»: 
1. El miedo como un «recurso ordenador»[1] válido. La violencia estatal, organizada y sistemática, se despliega con acciones preventivas y otras represivas focalizadas.
2. La prácticas represivas y disciplinadoras se ejecutan por aparatos estatales (policiales, militares, judiciales y administrativos), y paraestatales, con respaldo o encubrimiento estatal. Sus ejecutores actúan muchas veces en plena ilegalidad, sin seguir protocolos de detención ni reconocer los hechos, a veces sin identidad, clandestinamente y siempre con garantizada impunidad.
3. Los detenidos eran llevados a prisiones clandestinas y tratados con toda suerte de vejámenes, agresiones físicas y psíquicas, ya fuera durante horas, días, semanas, meses o años.
4. Dado el control estatal de las fuentes de información, tales prácticas luego se acompañan de «un juego continuo de negación de la verdad, de ocultamiento». Al mismo tiempo, difusión de hechos para generar rumores que infundan miedo en las personas y así conseguir «la paralización de toda movilización ajena a los intereses del Estado».
El saldo de tal política[2] es «una población de víctimas a la que se ha despojado (cuando no de la vida) de la libertad, de la integridad corporal, de la identidad, del honor, de la seguridad, de los vínculos familiares, de la camaradería y del proyecto vital».
[embedded content]
-II-
En diciembre del 2020 Cuba festejó el Día de los Derechos Humanos, y la Subcomisión de Derechos Humanos del Parlamento Europeo, Amnistía Internacional (AI) y Human Rights Watch (HRW) expresaban preocupaciones y críticas al gobierno por lo que ocurría en esa materia en la Isla.
En la actualidad el gobierno sigue ufanándose de sus «conquistas», mientras, las voces críticas se han multiplicado dentro y fuera de Cuba. Recientemente, más de cuarenta organizaciones internacionales de distintas ideologías y perfiles, además de organismos internacionales, manifestaron preocupación y condenaron las violaciones en tal sentido. 
La Comisión Justicia 11-J —iniciativa cívica ante la falta de información y transparencia de las autoridades— ha realizado un trabajo significativo desde el estallido. Una labor minuciosa de investigación pública, identificación de menores de edad, adultos mayores, detalles de las detenciones, maltratos físicos y psicológicos recibidos durante las detenciones y encarcelamientos; todo eso gracias a la ayuda de la ciudadanía y los familiares de las víctimas. Cuba, como ha demostrado el Grupo de Trabajo, se ha convertido en el país de la región con más presos políticos.
Por su parte, el Informe Mundial 2021, treinta y una edición de la revisión anual de Human Rights Watch acerca de las prácticas y tendencias de derechos humanos durante el año anterior en más de cien países, contiene un registro altamente negativo sobre Cuba. Se ratifica también lo manifestado en un informe del Comité para la Protección de los Periodistas (CPJ): la Isla tiene el «clima más restringido para el ejercicio del periodismo de América».
Las personas que quieran acercarse al país real, deben procurar los medios independientes y las redes sociales. Comprobarían que este 10 de diciembre correspondía denunciar y reclamar al gobierno por las violaciones cometidas. Incluso las del mismo día, cuando activistas y periodistas independientes fueron impedidos de salir de sus casas, hubo detenciones arbitrarias, cortes de internet selectivos y otras acciones represivas.
Varias iniciativas cívicas se difundieron en esa fecha por organizaciones y plataformas, en forma de comunicados, reclamos por los presos políticos, el boicot a la Bienal de La Habana y otras.
EL TOQUE dedicó un programa al tema, que fue moderado por el abogado Eloy Viera Cañive. Intervinieron periodistas independientes, se informó acerca de investigaciones sobre violencia de género y otras arbitrariedades atinentes a los derechos humanos.
Bajo el título «Hablan las familias de los Presos Políticos en Cuba»,  se realizó un evento en línea que contó con los testimonios de diecisiete familias que han decidido denunciar a pesar de las amenazas oficiales. Fue organizado con el apoyo de CubaSpaces y varios canales de Youtube.
[embedded content]
También hubo exposiciones del Movimiento San Isidro, que tiene a varios jóvenes presos, la Comisión Justicia 11J, abogados sobre diversos temas relacionados y promotores de proyectos internacionales para apoyar a presos y activistas con sus familias. Particularmente conmovedores e indignantes resultaron los testimonios sobre los menores de edad. El gobierno los mantiene presos violando los estándares de la Convención internacional de los derechos del niño, de la cual Cuba es signataria.
Los nombres no lo dicen todo, pero permiten identificar procesos y extraer lecciones. El Terrorismo de Estado aplica al caso cubano, aunque se hagan las adecuaciones al contexto, como las tuvo el modelo estalinista copiado hace décadas. Pueden ser diferentes las magnitudes y algunos rasgos, pero el fenómeno es evidente. Conviene identificarlo y tomar las debidas precauciones antes de que sea tarde.
Estos procesos represivos, organizados con toda intencionalidad desde el Estado, pueden agudizarse ante otras protestas sociales, que —visto el deterioro de la situación económica y la poca eficacia de las medidas gubernamentales— no se pueden descartar como posibles.  
Para contactar con la autora: ivettegarciagonzalez@gmail.com
***
[1] El concepto lo formuló hace años el sociólogo guatemalteco Edelberto Torres Rivas en “Tras la violencia y el miedo, la democracia: notas sobre el terror político en América Latina”, Sistema, n° 132/133, 1996, tal como menciona en su artículo Ximena Vanessa Goecke. 
[2] La profesora Ximena Vanessa suscribe la valoración de E. Lira y E. Weinstein en: Psicoterapia y Represión Política, Siglo XXI, México, 1984, pág. 5.

Leer más »

Palabras que devoran las palabras

Alguien, a modo de broma, dijo cierto día que en Cuba solo había tres problemas: desayuno, almuerzo y comida. Mientras que en ciertas instancias, toda la conversación se establece sobre los grandes desafíos de la nación, la vida cotidiana de los ciudadanos transcurre en otra dimensión.
Parecería una banalidad, pero ningún análisis serio sobre Cuba puede obviar ese drama que representa, para la mayoría de la población, todo el sentido actual de su existencia. Por eso, no son los llamados disidentes, ni los mercenarios, ni los enemigos externos los que están generando una ruptura con la Revolución, sino que es ella misma la que viene implosionando, destruyéndose desde adentro. Aferrados a una narrativa que solo apela al flash back, nuestros dirigentes y funcionarios pierden de vista el presente e ignoran las señales que les envía el mundo real. 
La Historia, los héroes, las razones de Cuba, están muy bien; pero el pollo que sacaron en la esquina es mejor. Se ha ido imponiendo una pragmática de la cotidianidad, una peligrosa tendencia al ¡sálvese quien pueda!, que suele desconocerse en los estudios sobre la Isla, reduciendo ese gran relato a la dicotomía entre el bien y el mal, pasado y presente, Cuba versus Estados Unidos, Revolución-Contrarrevolución.
Para la gente de a pie —y cada día hay muchos más en esa lista—, el tiempo de las promesas se acabó. Eso es, como diría La Lupe: «puro teatro, falsedad bien ensayada, estudiado simulacro»…. En los años sesenta y setenta, se trabajaba incansable y voluntariamente para un futuro que, se decía, pertenecía por entero al socialismo. Un concepto de sacrificio que cobró sentido para nuestros padres. El hombre nuevo, la sociedad nueva, la trova nueva y el pueblo nuevo.
Todo se veía desde un prisma positivista, transformador, sostenido desde las palabras y los libros escolares por un discurso que estigmatizaba el pasado, visto como retrógrado y burgués. La Historia, los paradigmas, los valores, empezaron a reescribirse en aras de legitimar el camino trazado por el Partido que, aunque no era nuevo, ¡empezó a ser… inmortal!
La Revolución cambió muchas cosas, entre ellas el lenguaje. Hay toda una gramática generada por los ideólogos del Partido y la Cultura que impregnó cada esfera del pensamiento. La alfabetización fue buena, pero el adoctrinamiento de la sociedad resultó más eficaz. Es grandioso pensar, pero lo ideal sería citar al líder, aplaudir y nunca cuestionar.
[embedded content]
Como toda cultura se levanta sobre leyendas y símbolos, el gobierno cubano puso especial empeño en inventar los suyos. La primera apropiación vendría con la palabra Revolución, reconfigurada ahora para definir, no una acción legítima y universal practicada durante siglos, sino un sistema político concreto, el nuestro, que es único e indestructible. Cualquier otra lectura de sus significados quedaba anulada o sancionada.
La Patria no es el lugar donde nacemos, donde encontramos nuestras raíces y cultura, sino que es, sobre todo, la Revolución, y solo se es un buen cubano defendiendo la Patria que es, al mismo tiempo, la Revolución. En la película Fresa y Chocolate (Tomas G. Alea – 1993) encontramos un ejemplo de hasta dónde puede estigmatizarse la existencia de los ciudadanos bajo esa perversa y excluyente analogía.
La independencia solo será leída como acción liberadora de un dominio externo, cualquier otra acepción es sospechosa puesto que, en un país institucionalizado y controlado por un solo partido e ideología, cualquier gesto de independencia resulta equívoco. Al mismo tiempo puede verse como se exacerba el concepto de unidad, palabra que atraviesa cada párrafo del discurso, las leyes o el mensaje público. La independencia es una fisura, un agravio a ese pueblo unido que jamás será vencido.
Hace apenas tres años, el parlamento cubano, como si no tuviera otro asunto importante que tratar, destinó ¡toda una mañana! a debatir el término propiedad privada, porque en el país lo que tenemos son… trabajadores por cuenta propia. Así, los eufemismos o el gerundio conformaron toda la estructura discursiva de nuestros políticos. Las cartas se están elevando, los problemas resolviendo, las leyes estudiando. Los emigrados pasaron de ser gusanos, escorias vilipendiadas, ratas que abandonaron el barco, a una comunidad residente en el exterior, gracias a la cual, por cierto, vive buena parte de la nación.
La verdadera democracia solo puede ser, si es socialista. El parlamento no es tal, sino una Asamblea del Poder Popular que es el verdadero poder, puesto que representa el poder del pueblo. La Constitución es la ley de leyes, pero por encima de ella está, según vimos en televisión, el poder del Partido que representa la fuerza rectora de la sociedad, aunque lo integren poco más de medio millón de ciudadanos.
No existe país más culto que el nuestro, ni ejército más noble, ni democracia más plena, ni bloqueo más genocida, ni elecciones más transparentes. Los héroes son sagrados, el líder es eterno, la calle y las universidades son de los revolucionarios, los que disienten son mercenarios y los que critican están confundidos. El arte es un arma de la Revolución, los CDR son la sociedad civil, las crisis no existen puesto que, solo son coyunturas y los problemas serán resueltos… cuando llegue el momento indicado.
No existe país más culto que el nuestro, ni ejército más noble, ni democracia más plena, ni bloqueo más genocida, ni elecciones más transparentes.
Los dirigentes rara vez ofrecen un discurso propio y, sin excepción, para legitimarse citan a Fidel o Martí, y mientras más lo hagan, mejor. Los debates sobre los derechos de la ciudadanía, las libertades, la justicia o la ética, siempre están condicionados a una interpretación de carácter ideológico.
En las leyes y disposiciones emitidas por la dirección del país existen muchas cuestiones favorables para la ciudadanía o el orden constitucional, salvo que atenten contra los principios de la Revolución y por tal motivo, toda huelga, manifestación pública o protesta ciudadana, quedarán prohibidas. 
Se ha dicho que el medio es el mensaje. En Cuba, el mensaje es el medio, en tanto la televisión, la radio y la prensa han estado totalmente controladas y supervisadas por el Departamento Ideológico del Comité Central del Partido. Ese matrimonio tuvo una existencia feliz y armónica, ofreciendo por décadas una imagen Cuba que tenía dos aristas: el paraíso tropical y la isla indomable. Los turistas, los amigos de la Revolución, los empresarios, viajaban al parque temático que guardaba, para cada segmento, sus rutas, sus baratijas —la comercialización exacerbada de la imagen del Che es un ejemplo— y sus narrativas.
No hay mayor relato que el diseñado alrededor del bloqueo de Estados Unidos. La historia del David enfrentado a Goliat siempre tendrá millones de seguidores. Esa dramaturgia ha sido escrita obtusamente por todos los gobiernos norteamericanos y algunos cubanos, en una ópera trágica que tiene mil voces. Mientras cada parte se ataca y niega, encuentra sus razones y sin razones, las familias cubanas sufren las mayores consecuencias. Enfrentamiento, divisiones, odios que se exacerban, rencores que no se superan.
Todo sirve para alimentar esa diabólica dramaturgia. Como si de un videojuego macabro se tratase, cada parte espera por las acciones del contrincante. Acción y reacción. A veces imagino a los políticos de turno junto al teléfono, haciéndose cada semana una llamada para trazar las estrategias y los obstáculos que colocarán en el camino de los ciudadanos, antes de pasar al próximo nivel.  
Uno pudiera preguntarse cómo es posible que luego de sesenta años, aún Cuba dependa tanto de las decisiones que tome un presidente de Estados Unidos. Recuerdo que entre las razones que propiciaron las acciones revolucionarias a fines de los cincuenta, estaba la necesidad de romper esa subordinación económica que teníamos con el vecino.
Mientras existió el campo socialista —devenida nueva subordinación—, el bloqueo estaba en el número diez de la agenda cubana, realmente poco importaba. Desde hace años, nuestros políticos, como pesadilla recurrente, no dejan de hablar del mismo y todos los problemas que tenemos son achacados a su existencia. No hay una mirada objetiva hacia dentro, hacia esa incapacidad de generar una economía propia que se sostenga. ¡Cuántas limitaciones, leyes, decretos y medidas se han firmado que obstaculizan la vida de los cubanos y que nada, o muy poco, tienen que ver con el bloqueo!

Cuando el pasado 11 de julio, miles de ciudadanos se lanzaron a las calles de toda la Isla, estaban mostrando su ira y frustración ante el estado de ciertas cosas. En ellos está también la angustia por la falta de diálogo real, las voces de aquellos que ya no quieren seguir en silencio, y el gesto inconforme, ¿por qué no?, ante la errática gestión de un gobierno.
Son los mismos ciudadanos que quizás marcharon ayer un 1ro de mayo, que en algún momento aplaudieron a Fidel y que, sin dudas, trabajan o estudian día a día intentando generar riquezas y progreso; pero que son, ante todo, seres con necesidades, carencias, angustias y expectativas no satisfechas. Para ellos, los discursos han dejado de funcionar, las reuniones son inoperantes, las quejas no tienen sentido y las promesas nunca se cumplen. El drama de la nación cubana encontró, desde ese día, su nuevo punto de giro. 
Si el gobierno tiene el control de todo, no puede únicamente esperar aplausos por su gestión benefactora, sino que también es responsable de todas las miserias y problemas que nos rodean. El ejercicio del poder implica una responsabilidad, para el bien y para el mal.
Los jóvenes de hoy nacieron en pleno período especial. Los que estudian ahora mismo en las universidades son una generación del siglo XXI, que se mueve a la velocidad de la luz y pegados a una pantalla, en una dinámica virtual que la aleja del mensaje unívoco y aburrido que muestran nuestros medios.
Las recientes medidas para unificar la moneda fueron una bomba de tiempo, lanzada al ya maltratado rostro de las familias cubanas, pero algunos prefieren hablar y dedicar largas horas a encontrar culpables en otras partes, obviando que no existe tal golpe blando, como gustan decir, sino uno verdadero, duro y terrible, originado desde las mismas instancias del gobierno.
Mientras algunos se entretienen siguiendo las rutas del dinero, buscando analogías en viejos manuales o encarcelando a supuestos líderes; miles de cubanos emigran cada año, en una sangría incontrolable que pone en suspenso cualquier idea que tengamos del futuro. Jóvenes formados por la Revolución que poco o nada quieren saber de ella.
El relato oficial gusta de repetir que la cultura es el alma de la nación. Debería entonces prestar mayor atención a lo que esa cultura popular le está diciendo, porque los dos fenómenos culturales y sociales más relevantes en los últimos quince años han sido generados, precisamente, a contrapelo de las instituciones. El reguetón y el paquete semanal representan dos formas de resistencia y articulación social enfrentadas a un modelo de cosificación cultural que ya fue instaurado en el país alrededor de 1971 y que hoy —decreto 349 entre otros recientes—, vuelve con nuevos bríos.    
Actualmente, un bloguero, un streamer, un cantante de reguetón, un grupo de personas que comparten aficiones o deseos a través de WhatsApp, pueden ejercer más influencia en una comunidad que todos los cursos y clases recibidas en una escuela. Los valores son diferentes, la sociedad es diferente, las prácticas sexuales son diferentes. Hay otros mitos, otras lecturas, otras canciones, otros sueños, nuevas imágenes, villanos y héroes. Hay, en definitiva, otra conversación social que tiene que ser escuchada y respetada. Es ahí donde se está produciendo la nueva y verdadera Revolución.

Leer más »

Itinerario mínimo para comprender las tensiones actuales entre la Iglesia Católica y el Estado Cubano

En 1961, hace seis décadas, fueron expulsados de Cuba 131 sacerdotes en el barco Covadonga. A decir del doctor en Historia por la Universidad de Georgestown, P. Manuel Maza Miquel S.J.: « (…) ese año la Iglesia católica fue despojada de su más importante instrumento de influencia social en la sociedad cubana: el sistema de colegios católicos. También perdió a las cuatro quintas partes de su personal eclesiástico y la posibilidad de dirigirse a la generalidad de la ciudadanía cubana de manera libre y directa usando los medios de comunicación».[1]
Sin dudas, ese fue uno de los momentos más álgidos en las relaciones Iglesia-Estado posterior a 1959. Sesenta años después, estamos en presencia de otra etapa donde el catolicismo cubano y el gobierno se ubican en medio de una visible tensión, reflejada en sucesos concretos dentro de la sociedad.
Desde hace un tiempo, los obispos cubanos evidencian la necesidad de una vía pacífica para integrar el disenso como parte de una sociedad más justa. Si nos remontamos a 1993, otro año de ostensible tirantez, podemos leer en el mensaje pastoral El Amor todo lo Espera: «rechazar el diálogo es perder el derecho a expresar la propia opinión y aceptar el diálogo es una posibilidad de contribuir a la comprensión entre todos los cubanos para construir un futuro digno y pacífico».[2]
Las instituciones católicas del país han sido también afectadas por la pandemia de Covid-19, que obligó a cerrar los templos como medida sanitaria durante gran parte del 2021. Sin embargo, el accionar caritativo de la Iglesia no ha dejado de esforzarse por ayudar a los sectores más vulnerables de la población.
Pese a que instituciones como Cáritas Cuba tienen un reconocimiento demostrable en sus miles de beneficiarios a lo largo del país, su empeño es invisible para los medios de comunicación oficial. ¿Quién gana con que se promueva con denuedo lo mínimo que haga alguna ONG reconocida como aliada del gobierno y, por el contrario, se anule del discurso mediático la contribución de otros actores que no reproducen la ideología estatal?

Para abordar las tensiones es necesario reconocer que el mundo católico es heterogéneo, y eso es una riqueza espiritual en pos de permitir un empoderamiento de la iglesia como uno de los mediadores válidos en la necesaria reconciliación nacional.
Es increíble que el fin de semana previo al lunes 15 de noviembre, hubiera católicos como organizadores de la sentada de los Pañuelos Rojos en el parque de la Fraternidad, y también muchos que abogaban por el derecho constitucional a una manifestación pacífica. En lo personal, soy amigo de uno de esos jóvenes católicos que es cuadro de la Unión de Jóvenes Comunistas en La Habana, y de otro que era moderador de Archipiélago. Sé que ambos suelen compartir espacios eclesiales y el criterio de «no exclusión».
Los católicos y las protestas sociales
Varios católicos ―laicos, sacerdotes, religiosas― salieron a las calles el 11 de julio como parte de su aprobación a los reclamos de los manifestantes. Algunos laicos están presos aún. Entre los recuerdos más tristes de ese día está el del joven historiador católico Leonardo Manuel Fernández Otaño, rezando arrodillado frente al ICRT mientras un grupo de personas, de más de sesenta años, lo insultaba verbalmente en un «espontáneo» acto de repudio.
La Conferencia Cubana de Religiosas y Religiosos (CONCUR), ha creado una comisión para acompañar a los detenidos y sus familiares tras las protestas del 11-J. De ese equipo han emanado llamadas de atención ante irregularidades que se están cometiendo con los presos, y propuestas y peticiones al gobierno para contribuir a la sanación del tejido social de la nación. Hasta la fecha, sus reclamos han sido totalmente ignorados.
El pasado 15 de noviembre, una turba de personas que evidentemente cumplía orientaciones, se dio cita frente al Arzobispado de Camagüey para realizar un acto de repudio contra algunos sacerdotes que habían mostrado el deseo de participar en la marcha cívica convocada para ese día.
[embedded content]
Una de las imágenes que quedará en la memoria virtual de los cubanos es la del Padre Alberto Reyes rezando en la azotea de la edificación por el alma de aquellos eufóricos manifestantes que le gritaban toda clase de improperios. Si algo nos remite a 1961, son estos sucesos macabros, de masas enajenadas que intentan descalificar la labor social de la iglesia.
Fui víctima de las acciones de intimidación de la Seguridad del Estado sobre laicos para que no participáramos en la marcha. Estos ejercicios de violencia sicológica aún deben ser evaluados, pues conozco por testimonios recogidos, que han llegado a romper, incluso de forma irreparable, lazos del ámbito afectivo de las personas afectadas.
El propio día 15, algunos de los católicos que pretendieron manifestarse ―incluyo aquí a sacerdotes, religiosas y laicos― estuvieron impedidos de abandonar sus casas por fuerzas policiales.
No obstante, de los sucesos del 15 de noviembre en que estuvieron involucrados religiosos católicos, quizás uno de los más lamentables sea el relatado por la hermana Nadieska Almeida, superiora de las Hijas de la Caridad en Cuba. Ella fue abordada ese día por un grupo de «civiles» y una representación del Partido Comunista para amenazarla por su intención de caminar fuera del convento.
Esta acción denota, de manera trasparente el débil componente que sustenta las relaciones Iglesia-Estado en Cuba, pues solo alguien con un desconocimiento enorme de la vocación y labor de servicios que las Hijas de la Caridad han prestado a los sectores más desprotegidos de la sociedad civil desde su llegada a la Isla, puede ser capaz de semejante infamia.
Sor Nadieska Almeida
Lo paradójico del asunto es que, pasados unos días de estas acciones de odio, uno de los participantes en las mismas recurrió apenado, a través de un familiar, a pedir medicinas para su madre enferma a uno de los sacerdotes repudiados, pues no las podía conseguir en la farmacia y las solicitaba ahí de forma regular.
La respuesta del sacerdote del pueblo fue esta: «Dile a tu hermano que él puede seguir viniendo a recoger las medicinas para su mamá en la parroquia, pues lo más hermoso de la iglesia es que incluso los que la atacan y denigran saben que siempre podrán acudir a ella como a una madre, y serán tratados como hijos. Y yo no lo repudio».
El Papa Francisco y Cuba
El Papa Francisco ha estado desde su nombramiento muy al pendiente de la situación del país. Lo denota el que hayamos sido visitados por él en dos ocasiones y sus referencias a Cuba en varios mensajes. En este último año, la imagen del sucesor de Pedro ha sido centro de innumerables debates en los ámbitos que articulan el pensamiento político de los cubanos, dentro y fuera de la Isla.
Hay instalada, incluso en algunos sectores del catolicismo cubano, una matriz de opinión que impele al Sumo Pontífice como un actor internacional favorable al régimen gobernante en el país. Tal criterio cobró mayor peso cuando el influencer cubano-americano Alexander Otaola planeó una especie de protesta mediática durante una oración vespertina en la plaza de San Pedro, pocos días antes del 15 de noviembre. Esa acción fue impedida, en algunos casos de forma desmedida, por la guardia suiza del recinto y avivó aún más en las redes la discusión acerca del supuesto apoyo del Papa a los sistemas comunistas.
[embedded content]
Es oportuno señalar que también se ha construido ese relato desde la oficialidad, pues los medios nacionales lo posicionan como un sujeto político alineado de forma inseparable con la izquierda mundial. Un joven laico de Cienfuegos, que figuraba entre los convencidos a marchar el 15N, relató en su perfil de Facebook que la Seguridad del Estado, en uno de los interrogatorios, le cuestionó que él se dijera católico cuando deseaba derrocar a un sistema comunista que tenía el visto bueno del Papa Francisco.
Este tipo de pulseo ideológico dista mucho del espíritu de amistad social que Francisco solicitó a los jóvenes cubanos para hacer carne dentro del tejido social de la nación. Creo que nadie en su sano juicio se atrevería a etiquetar como comunista al pontífice argentino, así como también es impensable que el Santo Padre viole el principio de subsidiariedad de la Iglesia emitiendo una declaración frontal contra el gobierno, y pasando así por encima de la Conferencia Episcopal cubana.
El sucesor de Pedro ha estado y estará siempre de parte de la justicia social, es evidente su opción preferencial por las causas que defienden los pobres como sujetos políticos. Los que hemos leído su pensamiento sabemos que para él la unidad verdadera no es uniformidad, sino unidad en la diferencia. Por eso recomendó a los católicos cuidarnos de no convertirnos en «custodios de la verdad», gente que escoge la parte, no el todo; el pertenecer a aquello o esto antes que a la iglesia.
Una clave para el catolicismo cubano de hoy es intentar no trocarnos en seguidores partidistas en vez de en hermanos y hermanas, en el mismo espíritu; no ser cristianos de derecha o de izquierda peleados entre sí, antes que discípulos de Jesús y su encarnación junto a los reprimidos por defender la justicia.
La Conferencia Episcopal cubana y la Oficina de Asuntos Religiosos del Partido
El presidente Miguel Díaz-Canel Bermúdez se ha reunido con diferentes sectores de la sociedad civil, sin embargo, hasta el día de hoy no ha tenido este intercambio con la Conferencia de Obispos Católicos de Cuba. Ello de alguna forma evidencia la tensión en las relaciones Iglesia-Estado en la actualidad. Y de darse, pudiera ser visto como un paso positivo en pos de un futuro de mayor diálogo.
Con quien sí conversó el presidente el pasado mes de septiembre, fue con el cardenal estadounidense Sean Patrick O’Malley que, según relató en su crónica del viaje, pidió al mandatario que se reuniera con los obispos cubanos y por la libertad para los presos políticos tras las protestas del 11-J.

El Presidente de #Cuba Miguel Díaz-Canel Bermúdez, recibió a su Eminencia el Cardenal Sean Patrick O’Malley, Arzobispo de la Arquidiócesis de #Boston , #EstadosUnidos lea más aquí en nota publicada en @Granma_Digital https://t.co/RbPnf394vD pic.twitter.com/3X4y4yBCEM
— Johana Tablada de la Torre (@JohanaTablada) September 9, 2021

El interlocutor inmediato entre la Iglesia y el Gobierno es la Oficina de Asuntos Religiosos, que ha sostenido intercambios con actores del ámbito católico nacional, pero con resultados insuficientes para la recuperación del necesario diálogo. Pues, por ejemplo, desde el sitio para-oficial Razones de Cuba se ha atacado con artículos hirientes la labor de actores de la iglesia, incluso a la Conferencia Episcopal, por su denuncia pública de la realidad nacional. Además, perfiles en redes sociales adscritos a la ideología del Partido han calumniado a sacerdotes y laicos.
La Conferencia Episcopal Cubana en su último mensaje, anterior al 15 de noviembre, exhortaba a las autoridades de la nación a buscar caminos que sirvieran para el entendimiento, la reconciliación y la paz. Y abogaban por la consecución de espacios donde se pudiera establecer un diálogo armónico y civilizado entre los diversos actores de la sociedad civil para encontrar mejores soluciones a los problemas que nos agobian.
Este mensaje cobró amplia repercusión mediática a través de las redes sociales y medios de comunicación independientes. Sin embargo, no parece haber tomado la misma fuerza dentro de los decisores de la nación, que incluso no han cedido ante la siguiente reflexión de los obispos cubanos: «¡Cuánto agradecerían tantas familias cubanas y la misma Iglesia, y cuánto disminuiría la tensión social, si hubiese un gesto de indulgencia para los que aún permanecen detenidos por los acontecimientos del pasado verano!».
Aunque, como se ha visto, son notables las tensiones entre la Iglesia y el Estado cubano durante el año 2021, considero que la decisión gubernamental de cambiar la sede de la Oficina de Asuntos Religiosos fuera del ámbito del Partido Comunista, podría abrir un nuevo escenario de cara a la mejoría de relaciones.
Pese a los lamentables sucesos descritos, existe actualmente un contexto distinto al del año 1961, por lo que considero que no estamos aún en presencia de una nueva etapa de confrontación radical entre Iglesia Católica y Estado, que es definida por algunos autores como el escenario para una Iglesia del Silencio.
Sería oportuno que se establecieran las condiciones para un intercambio entre la dirigencia de la nación y un sector representativo del catolicismo, al cual se debería invitar, además de a los obispos, a representantes de la Conferencia Cubana de Religiosas y Religiosos y a sacerdotes y laicos, que son, por su prestigio social, considerados interlocutores válidos por la población. Me sumo al pedido de la Iglesia de encomendar a la Patrona de Cuba, la Virgen de la Caridad del Cobre, la resolución mediante el diálogo y la reconciliación de un futuro esperanzador para nuestra patria.
***
[1] Esclavos, patriotas y poetas a la sombra de la cruz. Manuel P. Maza Miquel S.J.; Centro de Estudios Sociales Montalvo, Dominicana, p. 12.
[2] Ibídem. 1

Leer más »

Cuba y la paz de los sepulcros

La paz y tranquilidad ciudadanas de que se habla en Cuba, es la paz de los sepulcros. Tomo prestado ese título del escritor mexicano Jorge Volpi (1968) para resignificarlo. Aquello que en su novela constituye el hilo central —la corrupción—, en la Isla es apenas un rasgo. Nuestro problema es más serio.
La sociedad cubana está corroída en todas sus esferas. El modelo social no solo quebró sino que, en su agonía, muestra a un gobierno que miente con desfachatez, se aferra a lo que queda de sus bases cautivas y reprime con impunidad cualquier disenso. Tanto los cautivos —cada vez menos— y los que disienten —que se incrementan—, como los que optan por el silencio y voltean la mirada para sobrevivir, estamos en los sepulcros.  
«Paz y tranquilidad ciudadanas» ha sido una expresión recurrente durante las últimas semanas como recurso para criminalizar la protesta en Cuba. Lo repiten el gobierno y sus bases: medios de comunicación tradicionales y alternativos, dirigentes en diversos niveles vestidos de pueblo para la ocasión, ciudadanos organizados a su favor, y otros reproductores acríticos del continuismo.
Parte de los ciudadanos que forman las supuestas bases de apoyo al poder están siendo usados, incluso en prácticas con ribetes fascistas. Se hacen notar y crean alarma no solo por los simbolismos que asumen —pañuelos rojos mediante—, sino porque sirven directa e indirectamente al ejercicio de la violencia política y son ensalzados oficialmente.
Se saltan a diario los límites de la honestidad y la decencia. Ejemplos hay de sobra, como una carta pública del 15 de noviembre difundida el 17 por el grupo Mayabeque team vs Fake New bajo el título «Respuesta popular ante las acciones del sacerdote Kenny Fernández Delgado».
Padre Kenny Fernández Delgado
Es del poblado de Aguacate, municipio Madruga, provincia Mayabeque. Está dirigida al cardenal de la Iglesia Católica en Cuba y rechaza la postura del Padre Kenny, cuyo delito fue caminar por las calles obsequiando flores blancas. Ha tenido escaso eco y, salvo un comentario que la avala, en el resto se aprecia el rechazo a la misiva, la solidaridad con el sacerdote y la certeza de que no es el pueblo sino la fórmula habitual del Partido/Gobierno/Estado para hacer pasar por «iniciativas populares» sus decisiones.     
-I-
Cuando Cuba reabrió sus puertas al turismo e inició el curso escolar el lunes 15 de noviembre, un espectáculo esperaba a los turistas y al pueblo. Actividades culturales en espacios públicos; fiestas; un presidente rozagante, junto a su esposa, dándose un baño de pueblo joven (con pañuelos rojos) en el Parque Central, al pie de la estatua del Apóstol; música en calles y plazas; actividades infantiles subvertidas por histéricos mítines de «reafirmación revolucionaria», venta de comestibles en parques y otras coloridas festividades.
No pude menos que recordar algunos filmes y series —Queridos camaradas, Good Bye Lenin y Chernóbil, por ejemplo—, que guardan para la historia ese mal congénito de la hipocresía y el ocultamiento de la realidad del llamado «socialismo real», en variante tropicalizada.
Aunque ya es difícil vivir en la Isla y no enterarse de las cosas que pasan en el país real, todavía es posible cierto camuflaje dadas las enormes capacidades de un gobierno que controla la vida privada de las personas.
Influyen en ello varios factores, no solo el limitado acceso a internet y su control por el Estado. También se evidencian efectos psicológicos adicionales en los reprimidos. El aislamiento social y el cariz fascista de la violencia política inducen a los ciudadanos —a veces de modo inconsciente— a retraerse y perjudicarse más: para evitar nuevos rechazos, no parecer que influyen en las ideas de otros, o no complicar a los demás y evitar sentimientos de culpa.
Pañuelos rojos en el Parque Central (Foto: http://www.marxist.com)
   -II-
Si Cuba sigue mostrando —sobre todo para quienes añoran verla— la imagen de un pueblo feliz y heroico en los medios nacionales e internacionales, a los turistas y brigadas de solidaridad que vienen una vez al año por dos o tres semanas; es por la combinación de la naturaleza represiva y manipuladora del poder, largamente entrenado.
Todos los visitantes hubieran visto a cientos de cubanos manifestarse pacíficamente contra la violencia, reclamando derechos para todos, libertad para los presos políticos y solución de las diferencias por vías pacíficas y democráticas. El gobierno no podía permitirse semejante espectáculo. Había que mantener la fachada a como diera lugar. Ahí estaban el enemigo imperialista, la CIA y el bloqueo, que también —según Silvio Rodríguez en reciente entrevista— justifica que los cubanos tengamos que aceptar vivir bajos tales condiciones.
Haciendo gala del carácter despótico y abusivo mostrado sin disimulo desde el estallido del 11-J, la represión en Cuba mostró métodos tradicionales, pero inéditos para la mayoría de la población. Dejó de ser selectiva para ser masiva y comenzó a perfilar mecanismos perversos que se incrementan cada día.
Todavía de esas jornadas guardan prisión cientos de jóvenes y no tan jóvenes en las cárceles, hemos visto desde fabricación insólita de delitos hasta violaciones de derechos humanos multiplicadas.
Solo como muestra refiero —de la ingente labor del equipo multidisciplinario femenino Justicia 11-J—, la develación de muchos casos que han podido rastrearse a pesar de la habitual falta de transparencia del gobierno. Uno que se hace viral en las redes y debería ser una vergüenza y una preocupación para todos los cubanos, es el de los niños presos del 11-J. Al parecer, de poco ha servido el reclamo a las autoridades cubanas por parte de UNICEF.

UNICEF está preocupado por los presuntos casos de detenciones de niños y niñas reportados en Cuba. Hacemos un llamado a las autoridades cubanas para que proporcionen información adicional verificada sobre niños y niñas presuntamente en esta situación.
(1/2) pic.twitter.com/mqAekNkV6H
— UNICEF Latin America (@uniceflac) November 19, 2021

La escalada represiva se incrementó sobremanera desde que los promotores de la marcha pacífica convocada para el 15-N la comunicaran al gobierno. En virtud de la situación, Archipiélago decidió constituir, el 24 de octubre, una Comisión de Apoyo y Protección a los Manifestantes 15N, que funcionó como representación suya en el exterior.
Una de sus principales labores fue monitorear la represión y emitir informes periódicos dirigidos a organismos internacionales, medios de comunicación, fuerzas políticas y organizaciones de la sociedad civil internacional. Sobre esto escribiré con mayor detalle próximamente, pero adelanto que el estado de terror impuesto por el Partido/Gobierno/Estado resulta hoy más evidente para una parte significativa de la ciudadanía y la comunidad internacional.
Esa fórmula es finita, solo prolonga la agonía de ciudadanas y ciudadanos, no por convicciones o ideologías, sino por la naturaleza opresiva del modelo y los intereses de la clase en el poder.
El mensaje político de la novela de Volpi tiene dos partes y ambas se pueden leer desde Cuba, una para confirmar y otra para subvertir. La primera: «la inevitable sospecha (certeza) de que todos nos mienten», arraiga cada vez más en la ciudadanía. La segunda: «en política siempre ganan los malos», que es el consejo del padre al periodista (personaje principal de la trama); está por ver. Nos hallamos en un punto de no retorno. La paz de los sepulcros nunca ha sido aceptable para nadie.
Para contactar con la autora: ivettegarciagonzalez@gmail.com

Leer más »

Llamamiento a la solidaridad por la causa de los presos políticos del 11 de julio en Cuba. El caso del joven artista Abel Lescay

Las manifestaciones del 11 de julio significaron para Cuba un gran cambio. Por primera vez, desde 1959, los cubanos salieron a manifestarse a las calles en diferentes provincias del país por muchas razones, pero sobre todo por el descontento popular que han generado la crisis económica y la gestión de la burocracia.
Si bien es cierto que las sanciones estadounidenses afectan la economía, al analizar Cuba no se puede pasar por alto el fenómeno burocracia y la falta de participación popular en la política. El disenso es castigado fuertemente y de eso dio muestras el gobierno el 11 de julio. Su reacción a todo tipo de disenso, incluso al de izquierda, es tildar a los ciudadanos de «contrarrevolucionarios», «políticamente confundidos» o «mercenarios pagados por el gobierno norteamericano».
El fenómeno Archipiélago fue ejemplo de ello. Se trata de una plataforma que tras los sucesos del 11-J buscaba establecer un diálogo nacional, más allá de condicionamientos ideológicos, y que convocó a una marcha pacífica para el 15 de noviembre. Este proyecto político fue dando muestras de un apoyo a la derecha mediante las proyecciones públicas y el posicionamiento de algunos de sus miembros.
Lo notable en sí, en el caso de este análisis, no es Archipiélago, sino el tratamiento que le dio el gobierno a este tipo de disenso. Nuevamente se usaron los medios de comunicación, sin derecho a réplica, para demeritar de todas las formas posibles a los principales organizadores e intentar probar sus vínculos con el gobierno norteamericano. La marcha fue desautorizada bajo la alegación de que el socialismo es irrevocable constitucionalmente y que las intenciones de esa protesta eran derrocarlo.
No obstante, una de las cuestiones más preocupantes es que en el fin de semana en que se realizaría la marcha, se repitió en Cuba de manera masiva uno de los capítulos más negros de su historia: volvieron los «actos de repudio», eventos organizados por el poder político para con gritos, improperios y todo tipo de violencia verbal, atacar el espacio más privado de los que disienten: la familia, el hogar.
Imagínese despertar con una turba de gente frente a su casa que le grita «contrarrevolucionario» y más, con un acto político organizado en su puerta, en su barrio, frente a sus hijos y padres. Eso fue algo habitual y bochornoso en la Cuba de los años 80, de lo que muchas veces se ha dialogado, algo de lo que muchos cubanos viven avergonzados, y que se repite hoy, con la estridencia de las redes sociales por medio. 

En este contexto el gobierno pretende evitar que sea denunciada una cuestión crucial: Cuba se abre a la liberalización de una economía estadocéntrica. El «ordenamiento monetario», medida anunciada para afrontar la crisis, que desde antes de la Covid-19 era notable, llegó en un momento de escasez y con matices nada ventajosos para el pueblo. Se trata, de hecho, de una segregación económica que ha llevado a los cubanos a la desesperación por la falta de productos básicos y la inflación.
El ordenamiento eliminó el CUC, la moneda fuerte que circulaba en Cuba desde 1994, pleno Período Especial, para dar paso a la Moneda Libremente Convertible (MLC), así como a cualquier divisa internacional altamente cotizada en el mercado negro.
Al anunciar la «Tarea ordenamiento», el ministro de Economía Alejandro Gil aseguró que a la par de los comercios en MLC, el resto de las tiendas continuaría comercializando todo tipo de productos necesarios en pesos cubanos, pues precisamente las nuevas tiendas tenían como finalidad recaudar divisas extranjeras para abastecer las ventas en pesos cubanos. En la práctica eso no ha ocurrido. Las tiendas a las que tienen acceso los cubanos que no poseen MLC están desabastecidas y cada día son menos. Conseguir productos básicos es una odisea y a pesar de la subida de salarios, el dinero no alcanza porque el proceso inflacionario es descomunal.
No sorprende entonces que ante semejante situación, agravada por la Covid-19, la imposibilidad de disenso y participación popular y el repetitivo discurso político que de manera burda manejan los dirigentes cubanos en los medios de comunicación para legitimar el proceso; la gente saliera a las calles.
La palabra izquierda es tabú en Cuba. Gran parte de la población asume como socialismo o izquierda al discurso y las prácticas que el gobierno sostiene. Se trata de una ciudadanía descontenta, con muy poca preparación política, pues los planes de estudio desde edades tempranas están centrados en el adoctrinamiento político a conveniencia del poder, y no en el desarrollo del conocimiento y el raciocinio en condiciones de libertad.
No es un accidente entonces que el 11 de julio la gente saliera a las calles. No eran mercenarios, no eran seres confundidos. Eran personas exhaustas respondiendo a contradicciones objetivas.
No eran mercenarios, no eran seres confundidos. Eran personas exhaustas respondiendo a contradicciones objetivas. (Foto: Ramon Espinosa/AP)
Ese día salió a la calle gente contraria a las ideas de izquierda, sí, pero salió también el pueblo trabajador y marginado, la gente a la que la izquierda debe representar, las bases sociales a las que la izquierda debería llegar. Ese día salieron igualmente defensores del gobierno, jóvenes de la llamada «izquierda oficial», personas privilegiadas por el sistema en su mayoría.
En medio del caos, la violencia de ambas partes afloró. Eran manifestantes desarmados contra todos los cuerpos represivos del Estado y esos otros privilegiados o viejos defensores acríticos, armados con palos y respaldados por la policía.
El gobierno cubano afrontó una gran crisis de gobernabilidad, y sería injusto no tener en cuenta en este análisis la exhaustiva propaganda anticomunista norteamericana, que desde las redes sociales ha calado hondo en el imaginario del cubano. Pero las causas internas del estallido social están ahí, latentes en el devenir diario de las ciudadanas y ciudadanos de esta isla. Esas causas continúan sin resolverse y cada día se agravan más, debido a lo que significó para los manifestantes y sus familiares el 11 de julio.
Hasta el día de hoy, el grupo de trabajo sobre detenciones por motivos políticos de la plataforma de la sociedad civil cubana Justicia 11J, ha documentado 1271 detenciones en relación con el referido estallido social. De estas personas, al menos 659 siguen en detención. Se ha verificado que cuarenta y dos han sido condenadas a privación de libertad en juicios sumarios y ocho en juicios ordinarios. Ya se conoce la petición fiscal de 269 personas que esperan entre uno y treinta años de sanción.
La figura de «sedición» ha sido utilizada para imponer sanciones al menos a 122 personas, según informa dicha plataforma que se ha encargado de contabilizar y sacar a la luz la situación de los involucrados, debido a que no existen cifras oficiales disponibles.
El 11 de julio fue el punto más álgido de la represión al disenso en Cuba. Históricamente existía el acoso sistemático de los órganos de la Seguridad del Estado a quienes disentían a lo largo y ancho del espectro político; también se documentaban casos de expulsiones de centros de estudio o trabajo por cuestiones ideológicas y muchas otras evidencias por el estilo. No obstante, el 11 de julio la represión fue ejercida en el cuerpo de los manifestantes.
Tal es el caso del joven músico y poeta Abel Lescay, quien tras manifestarse en la ciudad de Bejucal fue arrestado esa noche en su casa. Este proceso es particular, porque fue conducido a la estación de policía desnudo y sufrió Covid-19 durante el arresto. Él actuó pacíficamente, no atentó contra ningún tipo de propiedad, a pesar de lo cual la Fiscalía le acusa de los siguientes cargos: desacato a la figura básica, desacato a la figura agravada y desorden público. Por todos ellos solicitan una condena de siete años de prisión.
Al joven músico y poeta Abel Lescay le solicitan una condena de siete años de prisión.
Lescay es estudiante del Instituto Superior de Arte (ISA) y podría perder su carrera en caso de ser declarado culpable. Será juzgado el 5 y 6 de diciembre en el Tribunal Provincial de Mayabeque.
Casos como este acontecen en Cuba en estos días, situaciones absurdas e inconcebibles. Cuando hablo de estos temas con integrantes de la izquierda de otros países, resulta inaudito que a alguien le exijan semejantes condenas por salir a ejercer el derecho a manifestación. «Si es así estaríamos todos eternamente en la cárcel», me comentó un amigo argentino.
Escribo estas líneas llena de temor, aun sabiendo lo que significan en cuanto a repercusiones para una militante de la izquierda alternativa que vive y trabaja en Cuba. Escribo estas líneas porque la dicotomía principal de una militante de izquierda en Cuba es tener claro a quiénes se enfrenta y en qué contexto. Si bien tenemos como socialistas la misión de luchar contra el imperialismo en el mundo, si bien estas palabras podrían ser instrumentalizadas por otras causas, en Cuba ya no podemos callar, porque se trata de las vidas de muchas y muchos. Se trata del derecho a disentir y existir con dignidad.
Llamo a la militancia de izquierda internacional y a quienes lean este texto a no dudar en indagar y apoyar la causa de los presos políticos en Cuba. Convoco a la solidaridad internacional con Abel Lescay, porque solo así seremos escuchados. La izquierda, a pesar de sus matices y diferencias, debe pensarse como una en el mundo ante este tipo de atropellos. No podemos pensar al opresor solamente como un burgués, la burocracia también oprime. No me canso de decirlo: «Socialismo sí, Represión no».

Leer más »

Entre Escila y Caribdis, el accidentado viaje de la ciudadanía cubana

Cuenta el poema de Homero que uno de los muchos obstáculos que debieron sortear Odiseo y sus compañeros para retornar a Ítaca, fue atravesar el estrecho paso marítimo de Mesina, que separa Calabria de Sicilia. Allí vivían dos monstruos marinos: Escila y Caribdis. Los lados del canal estaban al alcance de una flecha, de modo que los barcos que intentasen evitar a uno debían acercarse peligrosamente al otro. De esta historia surge la expresión: «Estar entre Escila y Caribdis»; es decir, entre la espada y la pared. 
Muy lejos del Mediterráneo en espacio y tiempo, se vive un trance similar. Desgraciadamente no se trata de una leyenda, sino de una historia de tensiones geopolíticas que se ubica en el estrecho de la Florida, donde dos fuerzas reclaman para sí la voz de un pueblo.
La fuerza interna, personificada por una burocracia corrupta que controla, férrea y totalitariamente, el poder político; se niega a dar cuenta de sus errores y llama Revolución a lo que en verdad es ya un gobierno de espaldas a la realidad social. La fuerza externa, representada por los Estados Unidos, poderoso país vecino al que nunca ha molestado dictadura alguna si sus intereses económicos y estratégicos están a salvo.
El gobierno de Cuba estableció siempre una relación directamente proporcional entre disidencia e injerencismo. Según el ministro de Relaciones Exteriores, Bruno Rodríguez Parrilla en reciente conferencia de prensa: «No hay acciones autóctonas de desestabilización en Cuba, de oposición a nuestro gobierno».
Y es real que durante mucho tiempo gran parte del disenso en Cuba se subordinó a los Estados Unidos. Primero, porque por lo general rechazaban de plano el socialismo en momentos en que el gobierno disfrutaba un significativo consenso social, y eso los acercaba ideológicamente a las agendas de subversión y cambio de régimen.
Segundo, porque el control de la información y la prensa por parte del gobierno cubano impedía otro modo de visibilizar insatisfacción o críticas ciudadanas que no fuera a través de medios de difusión con centro en el Norte. Ello influyó entonces en la falta de base social que tuvo ese disenso al interior de la Isla, pues si bien muchas personas estaban descontentas ante decisiones gubernamentales, no se avenían a que tuvieran que ser ventiladas con el apoyo logístico de un país hostil al nuestro.
Porque lo que nadie puede negar es que la relación geopolítica de EE.UU. hacia Cuba ha sido imperialista desde antes de 1959; que jamás rompieron relaciones durante las dictaduras de Machado y Batista, a pesar de la violación flagrante de los derechos de cubanas y cubanos; y que su hostilidad fue potenciada por el triunfo de una revolución profundamente antimperialista que nacionalizó propiedades en manos de compañías norteñas.
También es irrefutable que el bloqueo a Cuba, sobre todo por su carácter extraterritorial, perjudica nuestras relaciones comerciales y financieras. Además de que como estrategia geopolítica ha demostrado ser ineficaz; desde el punto de vista humano afecta al pueblo y no directamente a la clase burocrática que dirige el país, a lo que se suma que ha servido como justificación a errores en políticas y decisiones internas.
El bloqueo a Cuba, sobre todo por su carácter extraterritorial, perjudica nuestras relaciones comerciales y financieras.
La dirigencia cubana, apoyada en este escenario, exacerbó la tesis de la plaza sitiada y fundó el dogma oficial que certifica que quienes critican al gobierno devienen automáticamente partidarios del injerencismo norteamericano. La voz de la ciudadanía fue silenciada. Para mantener la soberanía de la patria entregamos la soberanía popular. La obediencia y la unanimidad se convirtieron en norma. Parafraseando al director de fotografía Raúl Prado: dejamos de ser ciudadanos para ser habitantes.
El acceso de cubanas y cubanos a Internet cambió las reglas del juego, al permitir a importantes sectores disponer de información, debatir abiertamente, objetar políticas y decisiones gubernamentales y establecer una constante discusión virtual sobre el presente y futuro de Cuba.
El gobierno cubano ha perdido el monopolio en la creación de mensajes hegemónicos y los medios no desempeñan ya el rol de mediadores, puesto que nuevos agentes políticos pueden comunicarse directamente con los ciudadanos. Ello resulta una realidad, pero lo es, tanto para la relación de la ciudadanía con el gobierno; como para su trato con un tipo de oposición vinculada a intereses norteamericanos. Actualmente el antimperialismo y la lucha por una transformación que democratice a la sociedad cubana no necesitan estar, como dos fuerzas rivales, a ambos lados del cuadrilátero político.
Es cierto que la oposición tradicional y los representantes de un extremismo anticomunista e injerencista tratan de acercarse a esta nueva hornada de disenso, mucho más diversa en sus posturas políticas y, por ello, mucho más representativa de la sociedad civil cubana. Nótese algo en la famosa llamada de Ramón Saúl Sánchez a Yunior García Aguilera: es el viejo opositor quien llama al joven para presentarse y ofrecer su colaboración, cuando lo habitual hasta hace poco era escuchar a los disidentes de acá llamando a Radio Martí, y antes a otras emisoras; por otro lado, y aunque la tergiversación mediática no lo resalte, Yunior rechazó el ofrecimiento.
Aun así, la reacción del gobierno cubano es convertir automáticamente a sus críticos en plattistas o injerencistas, pues su necesidad de un enemigo único es parte del discurso excluyente, discriminatorio y arbitrario que lo caracteriza. Y para ello se ha mostrado capaz de extremos degradantes en su afán por criminalizar a las personas que disienten: vigilancia constante, amenazas, detenciones arbitrarias, arrestos domiciliarios ilegales, calumnias sin fundamento, cortes de Internet y todo tipo de comunicaciones, actos de repudio y largas condenas de prisión, como se ha visto en el caso de los manifestantes del 11-J, etc.   
A pesar de ello el disenso crece, alimentado por condicionamientos muy anteriores a la pandemia y al gobierno de Donald Trump. Por una parte, ha madurado el factor subjetivo para una transformación, emerge una actitud cívica que había sido aplastada por condicionamientos políticos, educativos y mediáticos, sobre todo entre los jóvenes; por la otra, la democratización de la información y las comunicaciones, aun con sus altísimos precios, también ha independizado al disenso del área de influencia inmediata de los Estados Unidos. Solo se subordinan a esa vieja práctica quienes por razones ideológicas, muchas veces oportunistas, así lo deciden.

Negar la diversidad de ideas de un país es negar el país mismo. Sigo haciendo el mismo llamado: “Que el Amor sea la prédica” 🕊️💛
— Jota (@jotabarrioz) November 14, 2021

Claro que Estados Unidos aprovechará cualquier disidencia interna para presionar más al gobierno de Cuba. Pero, ¿que se nos pide a cambio? ¿Mantener un silencio cómplice? ¿Permitir que se continúe dirigiendo el país al margen de la ciudadanía? ¿Admitir que sean violentadas las leyes y la propia Constitución? Eso no es posible.
No obstante, la vieja estrategia silenciadora de no darle armas al imperialismo continua siendo parte de los análisis. Un anciano profesor se quejaba en su muro de Facebook de que: «Por culpa de Yunior y sus colegas, USA encontrará un nuevo pretexto para seguir castigando al pueblo cubano e impedir alcanzar la prosperidad (…)». El profesor se hace eco, quizás sin intención, de la antigua tesis del antinjerencismo propia de las primeras décadas de la República: «Contra la injerencia extraña la virtud doméstica».
Con ella se evitó por mucho tiempo la transformación y democratización de la sociedad cubana, hasta que la generación juvenil del 25 tomó conciencia de sí y decidió romper con el monopolio político del mambisado y con la ascendencia mágica que los revolucionarios del 95 ejercían sobre la política. Aquellos viejos líderes independentistas habían llevado el país a una encrucijada. Los jóvenes, con su participación inconforme, contribuirían al nacimiento de una nueva Constitución, mucho más avanzada.
La encrucijada actual
El modelo de socialismo burocratizado que existe en Cuba no necesitó en otras latitudes de un enemigo histórico cercano para implosionar. Si ha demorado tanto en afrontar aquí una crisis de esta magnitud —económica, política, social y simbólica—, ha sido precisamente por ese enemigo, que contribuyó, con su política prepotente, a mantener un sentido de cohesión por la defensa de la soberanía. Pero ello fue posible mientras el gobierno logró mantener un relativo consenso a través de un pacto social inexistente hoy.
El momento de reformarse fue demorado excesiva, innecesaria e imprudentemente; y los tiempos históricos, aunque a veces se crean infinitos, no lo son. Desde las tres décadas que nos separan del derrumbe socialista en Europa Oriental, se ha dado una enorme vuelta, y a pesar de que Ricardo Ronquillo, presidente de la UPEC, comparó la marcha de la Revolución con la de un ómnibus del que algunos se bajan, debe convenir que en ese recorrido no todos los pasajeros iban sentados cómodamente, en sección VIP y con climatización; muchos viajaban de pie en el pasillo e incluso, algunos colgaban de las puertas sin puntos de apoyo.
(…) en ese recorrido no todos los pasajeros iban sentados cómodamente, en sección VIP y con climatización. (Foto: Connectas)
En el artículo «El gran círculo», escrito durante el proceso de consulta popular previo a la aprobación de la Constitución de 2019, temiendo este desenlace, alerté:

(…) cuando me represento la imagen de un círculo tengo muy claro que nunca se llega igual al punto de partida. A nivel de la sociedad cubana han ocurrido sustanciales modificaciones en estas tres décadas. Primero, porque todas las personas no han sufrido del mismo modo los años duros y la pobreza, tampoco son las mismas generaciones, ni la confianza, ni la paciencia o capacidad de resistencia, ni el nivel de compromiso político, ni existe ya el monopolio de la información y de las campañas ciudadanas, y sería una imagen terrible para este planeta interconectado percibir el sufrimiento y las privaciones que desgraciadamente conocimos en los noventa. Si la posibilidad susurrada por muchos de un nuevo período especial se hiciera realidad, nunca volvería a repetirse exactamente ni con análogas reacciones internas.

Muchos militantes de izquierda en el mundo pueden pensar que al criticar al gobierno de Cuba le hacen el juego al gobierno norteamericano pues se cuestiona a un país socialista. No es así. El modelo burocrático también aquí ha debilitado el socialismo al negarse a reformarlo y cerrarse a la participación ciudadana. No somos tan excepcionales como se afirma. Los pilares de un sistema socialista son dos: la propiedad socializada de los medios de producción fundamentales y el poder popular. En Cuba ninguno de ellos es verificable en la práctica.
Los medios de producción están controlados por un grupo de poder que ha conducido a la pérdida del sentido de propiedad, en un modelo en el que la burocracia se convierte, de hecho, en la administradora de los medios de producción que deberían ser sociales.
Una parte sustancial del patrimonio económico nacional está sustraído al control popular y se encuentra bajo la égida del Grupo de Administración Empresarial SA (GAESA), empresa adscrita al Ministerio de las FAR. La falta de democracia política consustancial al modelo es consecuencia directa de la falta de democracia en la gestión y administración de la economía.
Respecto al poder popular, parafraseando al presidente Miguel Díaz Canel, es un «concepto patrimonial», en lugar de una práctica política constatable de la que no existen pruebas. No podemos nominar ni elegir a nuestros dirigentes, ni siquiera al nivel de una empresa, una universidad, un centro de investigación… El delegado del poder popular no es mayoritariamente quien nos representa en una Asamblea Nacional blindada al pueblo, donde no es posible asistir libremente a las sesiones ni observar su transmisión íntegra en vivo; y en la que se vota siempre por unanimidad.
En Cuba, la falta de libertad al que piensa diferente respecto al gobierno y se atreve a decirlo, no tiene que ver con la ideología, sino con el poder y con la falta de democracia para ejercerlo. Recordemos que desde el inicio del proceso han sido silenciados muchos militantes comunistas y socialistas.
En los setenta, cuando Yunior García no había nacido para ser el enemigo público número uno, la revista Pensamiento Crítico y el grupo del Departamento de Filosofía de la Universidad de La Habana fueron clausurados. En los noventa fueron diasporizados y dispersos los investigadores del prestigioso Centro de Estudios de América.
A lo largo de los últimos años, alumnos y profesores, algunos de ideas socialistas, han sido expulsados de las universidades por razones ideológicas. Ahí están René Fidel González García y Julio Fernández Estrada, profesores y juristas de izquierda. Recordemos también el viacrucis de Leonardo Romero Negrín, joven estudiante universitario golpeado, detenido y multado por su cartel de «Socialismo sí, represión no». Solo son contados ejemplos, hay más.
Leonardo Romero Negrín, joven estudiante universitario golpeado, detenido y multado por su cartel de «Socialismo sí, represión no».
Llegados al punto en que se encuentra Cuba hoy, los caminos para un cambio social pueden ser dos: pacífico o violento. El primero significaría aprovechar los espacios legales —muchos de ellos que habría que crear primero—, para presionar por cambios económicos, políticos y jurídicos dentro de un diálogo nacional en que no haya discriminación por motivo de credos políticos.
El gobierno, evidentemente, ha elegido el camino de la violencia y la represión. Lo ocurrido este domingo lo demuestra. No sé qué pasará mañana. Democrático no era, pero por mucho tiempo lo creímos revolucionario, en la medida en que gobernó con altos niveles de consenso, garantizando una relativa distribución social y beneficios. Sin embargo, disímiles hechos de los últimos tiempos simbolizan, entre otros que pudieran relacionarse, el incremento de una deriva reaccionaria:
– La molestia con que el anterior primer secretario del Partido Comunista criticara durante su discurso de despedida en el 8vo. Congreso del PCC la alerta de dirigentes intermedios respecto a que los mercados en MLC generarían, lo que Raúl Castro señaló como una «supuesta desigualdad».
– Los gritos enardecidos de una multitud que el 11 de julio, en Palma Soriano emplazaron a un desconcertado comandante, ya anciano, —el único de los históricos que se atrevió a salir ese día—, mientras repetían a coro: «dieron golpes, dieron golpes, dieron golpes», entre otras cosas.
– El silencio de la ANPP ante los hechos del 11-J y, luego, tras el informe del diputado Marino Murillo sobre el fracaso de la tarea de eufemístico nombre; que no solo no fue cuestionado sino que recibió un gran aplauso, mismo con que fue despedido de su cargo como jefe de la Comisión de los Lineamientos, también fenecida.
– El mutismo de la Central de Trabajadores de Cuba ante el hecho constatable de que actualmente la inflación se ha engullido la enorme parte de los nuevos salarios, nominales pero no reales.
– La oda a la alegría como nueva campaña ideológica —con la patética consigna: «no nos van a aguar la fiesta»—, resulta, en un país lleno de personas desesperadas, sin medios de vida, sin confianza en el presente y mucho menos en el futuro; francamente insultante.
Dicha campaña es la demostración más elocuente de que se ha perdido por completo el sentido de la realidad. Aunque no el olfato comercial, según indican los anuncios para la venta de pulóveres y pegatinas con las novedosas consignas.

El socialismo no es un decretazo constitucional, es un proyecto que requiere de participación colectiva. Muchas personas en Cuba son socialistas o profesan ideas de izquierda, otras no; sin embargo, todas necesitan ser respetadas en tanto actores sociales, y no manejadas a capricho por un grupo, más que de políticos, de tecnócratas que controlan los destinos de la nación. Lo ocurrido este domingo es indignante y demuestra más debilidad y miedo que fortaleza.  
Oponerse a las apetencias imperialistas de Estados Unidos hacia nuestra Patria es un imperativo ético, patriótico y de derecho; que no debiera debilitarse ante los hechos del 11-J, ni de lo que pueda ocurrir el 14 y el 15 de noviembre, o cualquier otro día. Pero confrontar como ciudadanía, con firmeza y por vías pacíficas, la actitud del gobierno —pues la violencia como respuesta a las arbitrariedades conduciría a una guerra civil que debe evitarse—, es un acto revolucionario en las actuales condiciones.
Odiseo necesita llegar a Ítaca de una vez.

Leer más »

«Nunca vamos a renunciar al derecho a conquistar nuestros derechos»

Yunior García Aguilera es hoy, probablemente, el hombre más vigilado de Cuba. La Seguridad del Estado sabe a qué hora se levanta, qué desayuna, de qué habla con las personas de su casa, con quién se encuentra de casualidad en la calle, con cuánta gente conversa por teléfono y qué mensajes intercambia.
Si algo de eso puede servir para señalarlo como «mercenario», «apátrida», «marioneta del Imperio» o estudiante de cualquier curso de brujería o magia negra, pues será usado sin el más mínimo reparo —de ser preciso, con algunos toques de edición no siempre bien logrados—, y ampliado por el sistema de medios que financia el erario público y que están bajo control riguroso del Partido Comunista de Cuba y su Departamento ideológico.
Sin embargo, a la Seguridad del Estado y demás organismos creados para «defender nuestra democracia», les ha resultado difícil adelantarse a lo que Yunior piensa. Por ello no entendieron en un inicio la magnitud que podía —y aún puede— tomar una organización como Archipiélago y la convocatoria a la marcha cívica que ya está a la distancia de una cuenta regresiva. Alimentada con el descontento que explotó el 11 de julio, la iniciativa ha ganado miles de adeptos dentro y fuera de Cuba.
El holguinero es la isla mayor de una plataforma plural —demasiado para el gusto de algunos—, y se ha convertido en uno de los líderes de la oposición más formidables de cuantos han plantado cara al gobierno en los últimos sesenta años. Se puede estar en comunión o no con sus ideas, pensar bien o mal de sus métodos y vínculos, pero lo cierto es que el dramaturgo tiene a su favor, además de mucha osadía, tres elementos escasos en el árido panorama de los políticos cubanos: juventud, carisma e inteligencia.
Como todo el que se opone a un poder absoluto, sobre él se han vertido acusaciones diversas, ridículas algunas y otras fundamentadas y complejas. No obstante, en torno suyo siguen aglutinándose personas que lo ven como alternativa a la desesperanza de un sistema cuyos recursos parecen cada vez menos efectivos para generar consensos. ¿Quién es realmente Yunior García? ¿Qué tiene para ofrecer a Cuba y su gente? Es probable que para saberlo aún debamos esperar un tiempo. Por ahora, solo tendremos las respuestas a algunas preguntas.  
Quisiera comenzar hablando sobre el material que hace unos días publicara el sitio Las razones de Cuba, en el que hay dos puntos que son probablemente los más debatidos: el curso al que asististe sobre el papel de las fuerzas armadas en las sociedades en transición y el fragmento del video en el que te ves entrando a una residencia diplomática estadounidense en La Habana.
Conocí a Laura Tedesco y a Rut Diamint, las profesoras de las que tanto se ha hablado, en una función de Jacuzzi, que se hizo en un Festival de Teatro aquí. Cuando acabó la puesta fueron a saludarme e intercambiamos contactos. Un tiempo después me invitaron a este evento en Buenos Aires, era algo académico en una universidad de allá y acepté porque me interesaba el título, que era Diálogo sobre Cuba; me atraía ese tipo de intercambios de la sociedad civil, y también por el hecho de que no existía ninguna razón real de peso para no asistir a un evento como ese.
[embedded content]
No obstante, la Seguridad del Estado me vio antes y después de ese viaje a Buenos Aires. En las entrevistas/interrogatorios no les preocupaba demasiado mi asistencia al evento, de hecho, les aclaré que no tenía intenciones de ser colaborador y me dijeron que no iban a proponérmelo, pues allí les sobraban colaboradores. Lo que les preocupaba era lo que yo como artista pudiera decir a medios de prensa. Les dejé claro que lo que declararía en cualquier lugar era lo mismo que había dicho aquí dentro —ya había pasado lo de las quince preguntas en la reunión de la UNEAC de Holguín—. Entonces, decidí ir al evento.
Una vez allí, sugerí que para la próxima edición intentaran incluir a un grupo más heterogéneo de la sociedad civil para que en sus estudios sobre la Isla tuvieran una idea más certera del pensamiento plural de los cubanos con respecto a la realidad. Aceptaron la idea y en la segunda edición participó un grupo muy variado que incluía a un médico, como ya se sabe, a artistas de la plástica, influencers de las redes sociales, cuentapropistas, estudiantes. Yo fui como artista.
Debo destacar que en ambos casos realicé mis trámites de viaje de manera abierta a través de las instituciones a las que pertenezco. Hice el trámite con mi pasaporte institucional por la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, previa presentación de toda la documentación que lleva un viaje de ese tipo.
O sea, ¿fuiste a esos cursos de los que ahora se te acusa con pasaporte institucional?
Exacto, como te digo, realicé todos los trámites mediante la UNEAC. Obviamente, para la Seguridad del Estado nada de esto era un secreto, más allá de que el médico resultara ser informante, pues fue un evento público, abierto, no era un secreto. A mi regreso a Cuba no tuve contacto con nadie de las FAR, ni me dediqué a nada de lo que ahora sugiere la Seguridad del Estado. Yo ni siquiera pasé el Servicio Militar, nunca he disparado un arma de fuego, por tanto, mi conocimiento sobre fuerzas armadas es bastante limitado.
Estas actividades consistían en conversaciones plurales de un grupo heterogéneo de cubanos sobre nuestra realidad y el papel del ejército en sociedades democráticas. Por ningún lugar existió un plan para penetrar las FAR ni mucho menos, eso es ridículo.
Es llamativo que hayas ido con pasaporte institucional y que la Seguridad del Estado supiera todo de aquellos eventos, y que, sin embargo, ahora los presenten como una especie de aquelarre.
Sí, es curioso. La Seguridad del Estado sabía perfectamente todo porque incluso, como ya te comenté, fui interrogado por ellos antes y después del primer viaje. Yo vivía en Holguín entonces, el primer interrogatorio se hizo en el café de la AHS, y el segundo en una de las oficinas de la UNEAC. Por tanto, no había secreto ni sorpresa en nada de esto.
El día 3 de diciembre del año pasado, que fue la primera vez que me contactó la Seguridad después del 27 de noviembre, el oficial que a partir de ese momento me atendería me dejó claro que esos viajes no les interesaban, que estaban conscientes de que yo no era un mercenario, pero les preocupaba que un artista se involucrara con algunas personas de las que estuvieron el 27-N.
Fíjate cuánto ha cambiado la historia desde entonces hasta acá: en aquel momento esos viajes no eran importantes y el ministro de Cultura me invitaba, ese mismo día, al supuesto diálogo que iba a tener lugar el 4 de diciembre en el Ministerio de Cultura —actividad a la que me negué a participar por razones que ya he explicado.
Siendo así, imagino que te haya sorprendido ver todo esto.
No me sorprendió porque ya habían comenzado a usarlo en las redes sociales. El perfil anónimo Karlito Marx, que ha venido atacándome desde el 27-N, se ha referido a estos viajes continuamente. Incluso, las profesoras Laura y Rut escribieron a La Jiribilla después de que salieran artículos sobre el asunto, dicho medio se negó a publicarlas y El Toque sacó el texto de ellas.
El otro elemento del material de Las razones de Cuba del que quería que habláramos es el fragmento de video en el que se te observa entrando a una residencia diplomática estadounidense en La Habana.
Fabiola López, la periodista de Telesur, me preguntó sobre eso cuando salí del Gobierno Municipal de La Habana Vieja y le comenté que, efectivamente, había tenido un encuentro con el embajador de Estados Unidos. Le dije que el tema de nuestra conversación había sido el embargo, porque todos los que asistimos a la cita estamos en contra y le expusimos al señor Timothy Zúñiga-Brown lo que creemos de las sanciones, que afectan a la familia cubana, a los emprendedores y al pueblo en general.
Timothy Zúñiga-Brown
Ese encuentro, cuyo objeto era hablar sobre los temas relacionados con el podcast y el acceso a internet en Cuba, fue mucho antes de que naciera Archipiélago, no recuerdo la fecha exacta. Quien nos recibió en la residencia del embajador fue Alexander Augustine Marceil, el funcionario que aparece en el material de Las razones de Cuba. Para mí era un funcionario más, yo no lo conocía, obviamente no sabía nada de su historial.
La conversación giró en torno a los problemas que causa el embargo. Cuando me preguntaron si tenía alguna solicitud en particular, dije que sería interesante poder llegar al Congreso de Estados Unidos para hablar de esas sanciones que afectan directamente a la familia cubana. No se habló nada ni de Archipiélago, ni de la marcha, esos proyectos no existían. La primera persona a la que le comenté sobre Archipiélago fue a Silvio Rodríguez en el encuentro que sostuvimos.
Después de que se formó Archipiélago y se anunció la marcha —que es lo que nos ha traído toda la avalancha de ataques—, tomamos la decisión de no establecer contacto con ningún gobierno extranjero a través de sedes diplomáticas. El embajador de Estados Unidos incluso me llamó para invitarme a un encuentro y cortésmente lo rechacé, para evitar manipulaciones y porque nuestro deseo es hacerlo todo de manera absolutamente soberana.
¿Después de aquel encuentro que tuviste en la residencia diplomática fuiste citado por la Seguridad del Estado o no se dieron por enterados?
No, no fui citado. De hecho, el agente que atiende mi caso lo mencionó en uno de los interrogatorios que me hicieron, y le dije que ese encuentro no había sido para nada un secreto, no es algo que tuvieran contra mí. Incluso lo reté a que indagaran con el señor Zúñiga-Brown por el motivo del encuentro y lo que allí yo había planteado.
¿A esa reunión asistieron más personas o fuiste invitado solo tú?
Sí, fueron más personas invitadas, pero no me parece correcto revelar sus identidades sin autorización de ellas.
Me comentabas hace un rato de la invitación que te hizo el ministro de Cultura al «diálogo» posterior al 27-N. ¿Después del nacimiento de Archipiélago y del inicio de tu activismo político de un modo más marcado, has tenido contacto con alguien del gobierno o de las instituciones, más allá de los ocurridos con la Seguridad del Estado?
Realmente, la Seguridad hace bastante tiempo, desde antes de comenzar todos los ataques, no me interroga ni me cita. En esta última fase han cerrado cualquier contacto, algo de lo que me alegro porque no es una experiencia agradable ni que pueda beneficiarme como persona, sino todo lo contrario.
Yunior García frente al Ministerio de Cultura el 27 de noviembre de 2020 (Foto: elTOQUE)
Quienes han contactado conmigo han sido las personas del lugar donde trabajo, el Consejo Nacional de las Artes Escénicas, cuya vicepresidenta, junto al presidente del Centro de Teatro de La Habana, me llamaron para decirme dos cosas: uno, que no apoyan lo que hacemos desde Archipiélago —me queda claro porque en lo personal he recibido ataques desde la página en Facebook de la institución—; y dos, que mi grupo de teatro no se cerraría, que me concentrara en seguir presentando proyectos para continuar trabajando.
Qué surrealista eso
Sí, es muy contradictorio.
Sé que anteriormente han existido malas experiencias con los intentos de entablar diálogo con el gobierno —esta que acabas de mencionar posterior al 27-N es una de ellas. No obstante esos fracasos, ¿estarías dispuesto a dialogar con el gobierno si te invitaran a ti, a Archipiélago y a otros actores de la sociedad civil cubana?
A diferencia de quienes repiten esa frase que muchas veces vemos en las redes sociales y que no tiene demasiada base histórica: «con las dictaduras no se dialoga»; yo sí creo que el diálogo muchas veces ha ayudado a países en el tránsito a la democracia de manera cívica y pacífica. Por tanto, considero que es un elemento clave en el futuro inmediato de Cuba para la solución del conflicto que estamos viviendo.
En ese sentido, te respondo que sí aceptaría un diálogo que fuera realmente transformador, o sea, un proceso con observadores neutrales, con garantes, y en el que se lleguen realmente a acuerdos que solucionen el conflicto que estamos viviendo, que arribe a una solución verdaderamente democrática.
¿Qué acuerdos podrían ser esos?
Un diálogo para un plebiscito, para lograr la libertad de los presos políticos, para una transformación concreta de nuestra realidad. Con un proceso así estaría de acuerdo, incluso si no me invitaran, aun cuando me consideraran un interlocutor no válido —y los ataques demuestran que pasé a encabezar su lista negra—, aunque fuera sin mí estaría de acuerdo. Creo que son necesarios muchos diálogos para resolver los conflictos en Cuba.
Has hablado mucho de la necesidad de construir la fraternidad entre cubanos y de trascender estereotipos y encasillamientos que antes nos han separado. No obstante, existe una parte de los cubanos del exilio y también algunos desde dentro de la Isla que hablan no necesariamente de la anexión, pero sí de una relación de tutelaje o subordinación de Cuba a los Estados Unidos. Es un dilema antiguo entre nosotros. ¿Qué postura asumes como activista político ante esos cubanos?
Primeramente, la opinión de que Cuba funcionaría mejor si fuera más cercana a Estados Unidos no es solo de los exiliados o de determinados grupos, sino que es la opinión del gobierno cubano. Por eso hace todo lo posible por establecer nuevamente relaciones y comenzar a hacer negocios de todas las formas imaginables. Por supuesto, a Cuba le iría mejor si tuviera relaciones normales con Estados Unidos.
En cuanto a la subordinación, la respuesta, por supuesto, es que no debe existir ninguna. Cuba debe tener las mejores relaciones posibles con todos los países, dentro de los cuales está Estados Unidos, que es nuestro vecino. La premisa en esas relaciones debe ser el respeto a la soberanía nacional, pero esa es una soberanía que debe residir en los ciudadanos y no en un partido político, sea del signo que sea.
El 11 de julio, Yunior García y otros ciudadanos se manifestaron frente al edificio del Instituto Cubano de Radio y Televisión, en el Vedado, La Habana. (Foto: Ernesto Mastrascusa/EFE)
No obstante, puedo entender las posturas de una parte de la comunidad cubana asentada en Estados Unidos y que ha sufrido demasiado. Muchos de ellos tienen doble ciudadanía y doble sentido de pertenencia, por la tierra en que nacieron y por la que los acogió. Ese es uno de los temas que se deberían abordar con énfasis en el diálogo nacional que nos falta, la relación con el exilio y la manera de conciliar algunas posturas con nuestros deseos de soberanía.
Sin embargo, considero que nunca antes Cuba había sido tan dependiente de Estados Unidos como ahora, sobre todo desde lo discursivo. En todos los discursos de los dirigentes cubanos, de cualquier nivel, está presente Estados Unidos como un elemento clave. Ese país es la causa de todos nuestros males; por tanto, es también la solución a todos nuestros problemas, si seguimos la misma lógica del gobierno.
El embargo ha sido excesivamente utilizado como herramienta de política internacional para obtener victorias diplomáticas. A veces a uno le parece que el embargo es una cosa a la que no quieren renunciar, porque constituye una herramienta política importante para el régimen.
Por todo ello, el tema de las relaciones con Estados Unidos es de las cosas más complejas de nuestro escenario político exterior. Con ellos debemos tener relaciones normales, basadas en el respeto mutuo y en principios de no injerencia, pero también de no beligerancia. Hay que sepultar esa herencia de Guerra Fría que algunos, a ambos lados, insisten en mantener viva. Por supuesto, cuando construyamos una nación verdaderamente independiente y democrática, habrá que trabajar mucho en pos de la mejor relación posible con nuestro exilio y con toda la comunidad internacional.
Eso que todavía insisten en llamar Revolución, no es más que un dogma excluyente. Usan la ideología socialista solo para perpetuarse en el poder a través del partido único, pero en la práctica, poco les importa el progreso o la justicia social. Son una casta que secuestró la soberanía de un país y que no está dispuesta a compartir el poder con nadie, simplemente eso.
Al menos Díaz-Canel y hace muy poco José Luis Toledo Santander, presidente de la Comisión de Asuntos Constitucionales y Jurídicos de la Asamblea Nacional, se atrevieron a decirlo: «en Cuba no existe la separación de poderes». No sé cómo ciertos analistas que se dicen demócratas interpreten esa declaración, pero para muchos dentro de Cuba ya estaba clarísimo desde hace mucho tiempo: no hay democracia, no hay Estado de Derecho y ni siquiera hay República. Es una tiranía de libro, sin lugar a ninguna duda razonable.
[embedded content]
Para construir un nuevo pacto social es preciso apartarse totalmente de esos esquemas excluyentes. Cada ciudadano, sin importar su ideología, es parte de esta compleja ecuación que es Cuba, más allá de la propaganda. Si persistimos en ignorar o eliminar elementos de esa ecuación, nunca tendremos Nación, sino feudos ideológicos enfrentados hasta el cansancio. Desde ambos extremos nos inoculan un pensamiento de trinchera. En las esquinas del ring se grita NO a los diálogos y se estimula el combate. Cada vértice se arroga la facultad divina de imponernos con quién hablar y con quién no. Yo no acepto esas reglas del juego.
Archipiélago no es un partido político encasillado en un color político, es una plataforma pluralista. Nosotros queremos impulsar, desde el civismo, un debate amplio que no excluya a nadie. No buscamos alianzas, sino encuentros. Tampoco establecemos pactos, porque el pacto social que pretendemos habrá que construirlo entre todos. Cualquier programa que persista en la exclusión, sería más de lo mismo. Y no valdría la pena tanto esfuerzo para, una vez más, sustituir una dictadura por otra. Llevamos ya setenta años en esta historia.
La campaña contra la marcha, pero especialmente en tu contra, se recrudece en la medida que pasan los días, ¿cuál consideras que es su influencia en la gente, tanto en partidarios como en opositores?
A sus partidarios no necesitan persuadirlos demasiado. El fundamentalismo es inmune a la lógica, a los argumentos y a la realidad. Sus estrategias se concentran en esa parte de la población que escapa a su control total. Para ello, recurren al asesinato de reputación, y en esa campaña no existen límites morales. Sé que vendrán ataques peores a medida que aumente su ansiedad y desesperación. Por otra parte, dividir ha sido su táctica predilecta.
Ya andan dando charlas en los barrios, con fotos mías incluso, diciendo todo tipo de barbaridades. También harán esto con los jóvenes cuando comiencen las clases. Se han acercado a otros miembros de Archipiélago para sembrar recelos entre unos y otros. Fue lo mismo que hicieron con el 27-N. Insisten en llamarnos mercenarios, aunque no puedan probarnos un solo centavo. Insisten en relacionarnos con el gobierno de los Estados Unidos, aunque tengan la certeza de que esa relación no existe. Ellos son fervientes defensores de la premisa de Goebbels: una mentira mil veces repetida se convierte en verdad.
Su estrategia, en cambio, con sectores más radicales de la oposición, es generar sospechas. Para eso divulgan teorías conspirativas inverosímiles que, a pesar de eso, siempre encuentran quien las acoja.
¿Qué crees que va a suceder el próximo 15 de noviembre?
Puedo asegurarte que nunca vamos a renunciar al derecho a conquistar nuestros derechos. Haremos cívicamente todo cuanto podamos porque nos sea respetado el derecho a manifestarnos. Sin embargo, y en esto quiero ser muy enfático, repudiamos cualquier tipo de violencia, por lo que evitaremos la confrontación.
La marcha que hemos convocado es precisamente contra la violencia política, por eso queremos generar una manifestación cívica y pacífica, sin enfrentamientos entre cubanos. No queremos que vecinos se lancen contra sus vecinos. Para ello, hemos pensado una liturgia de marcha que busca propiciar ese civismo.

No obstante, nosotros no somos responsables de lo que ocurra ese día. El Estado cubano es el responsable del orden público y es quien debe velar porque ese día no haya violencia de ninguna parte. La policía tiene que velar por la seguridad de todos los cubanos, sin excepción alguna, tanto de los manifestantes como de los que simpatizan con el régimen. Esa es su responsabilidad.
Somos conscientes de los riesgos que corremos: el Estado puede infiltrar personas violentas para culparnos de los hechos que cometan, puede liberar presos comunes en días cercanos a la marcha —ya lo está haciendo—, puede emplear múltiples recursos para desvirtuar nuestra marcha.
Archipiélago es responsable por la convocatoria que ha hecho y nosotros, en lo personal, nos responsabilizamos por nuestra conducta individual durante la manifestación. Lo demás es responsabilidad absoluta de las autoridades.
Yo puedo ir preso, pero afortunadamente Archipiélago no depende de una sola persona-isla. Y Cuba aprenderá a no depender de caudillos o mesías para hacer realidad los sueños postergados.
¿Cuáles serían para ti los cambios más perentorios?
Hay muchos cubanos con propuestas y soluciones concretas. Ese debate nacional resulta urgente. Y luego tendremos que ser capaces de llevar nuestros conflictos a las urnas. La solución para Cuba no debería volver a depender de la propuesta que presente un solo grupo. Se necesita debate profundo y consenso, se necesita una construcción colectiva de una República democrática con un sólido Estado de Derecho y con verdadera justicia social.
El cambio más perentorio es de lenguaje y de pensamiento. Nos sembraron durante mucho tiempo una falsa sensación: esto ni lo arregla ni lo tumba nadie. Ese pensamiento, tristemente popular, es una mordaza impuesta por el poder. Es un nudo gordiano que debemos cortar, como hiciera Alejandro.
Sé que toda su atención debe estar en la marcha del 15-N, pero imagino que hayan pensado en lo que viene después. ¿Cómo piensa Archipiélago encauzar sus propuestas? ¿Crees que esta presión funcione?
No hay cambios sin presión social. Sacudir un país es nuestro activismo, no solo al régimen para que reaccione, sino también a la sociedad en su conjunto para que se quite la pereza, los temores, el miedo, el inmovilismo que muchas veces ha marcado a los cubanos. Debemos entender que tenemos que luchar por nuestros derechos y participar en la vida del país, sin hipocresías ni simulaciones. Y creo que en buena medida se han logrado cosas importantes, esto ha sido una gran sacudida para la nación.
Sabemos que va a ser muy difícil nuestra vida a partir de ahora, todo esto marca un antes y un después y nada volverá a ser normal. Pero estamos dispuestos a seguir asumiendo un camino cívico y pacífico por motivar cambios. Después de la marcha seguirán surgiendo iniciativas que busquen que la soberanía popular tome partido en los asuntos políticos y que termine en el hecho de que la voluntad del pueblo se exprese a través de las urnas. Habrá que llegar a un referéndum, a un plebiscito, a algún mecanismo transparente y fiable que permita que los cubanos manifiesten su voluntad, y no un grupo que imponga sus visiones sobre otros.
No nos puede ocurrir lo que otras veces en la historia de Cuba, que una facción sustituya en el poder a la otra y al final lo que sucede es un cambio de dictaduras, pero no se construye una sociedad democrática y martiana. Todos los caminos cívicos que no incluyan la violencia son válidos para llegar a ese punto.
El poder no ha dado señales de madurez. Ha reaccionado con pánico ante su propio pueblo, con amenazas violentas y represión. Lo único que le importa al poder es conservarse absolutamente. No basta con «reformar» lo que sufre graves problemas de estructura. Los cambios que Cuba necesita no pueden significar tampoco un retorno al pasado. Hay que acabar de traer a Cuba hacia el presente y hacerla avanzar hacia el futuro.
¿Sobre qué bases se sustentarían tus propuestas políticas, como líder de un grupo, más allá de las inmediatas que ya han formulado? ¿Qué elementos del actual sistema mantendrías?
He criticado muchas veces lo que llamo el Síndrome del Krim 218, y que hace que percibamos la realidad de Cuba en blanco y negro. Siempre hay matices. Y hay, por supuesto, muchas cosas que deberían mantenerse y mejorarse. Pero sin dictadura ni pensamiento único, sin exclusión ni discriminación de ningún tipo. Asuntos como la salud y la educación deberán ser de acceso universal garantizado. Hay que combatir la injusticia social y evitar que la brecha entre unos y otros se vuelva insalvable. Hay que eliminar la pobreza y asistir a los más necesitados.
Pero para eso se necesita generar riqueza, eliminar todo obstáculo absurdo al emprendimiento, liberar de verdad las fuerzas productivas, dejar de obstinarse en que el Estado maneje lo que, de manera evidente, no sabe gestionar. Habrá que construir las condiciones para que la gente participe de manera efectiva en las soluciones y no solo se limite a arrojar sus quejas en sacos vacíos.
Es falso que la independencia nacional se haya logrado. Habrá que arrebatarle la soberanía a la casta que la ha secuestrado, y entregársela de forma definitiva a los ciudadanos.
En tu obra como dramaturgo Martí es una presencia habitual. ¿Quiénes son tus referentes como activista político?
Tengo muchos referentes, desde Mandela hasta Martin Luther King. Pero Martí sigue y seguirá siendo mi principal guía. Y no es un Martí de citas sacadas de contexto ni bustos de piedra. He estudiado profundamente su obra. Tengo escrito un guión de una película sobre un Martí vivo, aquí y ahora. Para escribirlo necesité sumergirme en su vida y en todos sus textos y fue ahí donde llegué a comprenderlo por vez primera. Si Martí estuviera vivo, los que conocen seriamente su obra saben perfectamente de qué lado estaría.
Martin Luther King Jr.
¿En qué momento despertó tu chispa política? ¿Hubo algún hecho puntual que sirviera de detonante?
Como muchos jóvenes cubanos, fui militante de la UJC en mis años de la Escuela Nacional de Arte. También fui delegado al X Congreso de la FEEM en el 2002. En aquel momento ya era alguien rebelde con ideas de cambio. Pero fue 2003 el año que significó para mí un golpe. La primavera negra y el injusto fusilamiento de tres jóvenes fue tal vez el detonante. Dejé de militar en la UJC y comencé desde entonces un proceso de adentrarme en una historia de Cuba que desconocía. Las revistas Vitral y Encuentro comenzaron a formar parte de mi biblioteca. Reinaldo Arenas, Lezama, Cabrera Infante y otros empezaron a influir en mi modo de ver la realidad.
Nadie cambia porque alguien venga a decirle que está equivocado. Es un proceso interno en el que cada persona va formándose una verdad propia. A mí me cambió descubrir que lo que llamaban «errores del pasado», continuaban siendo realidades del presente. No se puede cambiar para que todo siga igual. La palabra cambio es, inequívocamente, una revolución que comienza dentro de tu cabeza y luego ya no puedes impedir que se exprese y te impulse a hacer lo que consideras que es urgente, necesario y útil.
¿Políticamente, cómo te definirías?
El mundo de hoy, aunque las polarizaciones parezcan multiplicarse, es patológicamente ambidiestro. La izquierda y la derecha suelen confundirse con frecuencia. La China «comunista» es hoy el país que más contamina el planeta y planea convertirse en el próximo imperio. La tiranía cubana tal vez explote a sus proletarios más que nadie en el mundo. Nada es irrevocable en un universo donde la dialéctica se impone. Yo soy un pluralista, un inconforme, un creador. Me resisto a colocarme falsas etiquetas.
Has hablado de los riesgos del activismo político en Cuba y de cuánto cambiarán sus vidas a partir de ahora. Algunos especulan que muchos de ustedes después del 15-N irán a prisión y después serán desterrados, como ha sucedido en tiempos recientes. ¿Estás preparado para ir preso?
Si te soy sincero, no. No estaba completamente preparado para todo lo que nos ha ocurrido. Intento todos los días luchar contra mi rabia, esa rabia que se genera por la impotencia; intento encontrar lucidez, sensatez. Para estas cosas creo que uno nunca está preparado, pero este es el camino que escogimos y la dignidad es lo más importante. La dignidad es a veces lo único que queda, el último asidero al que te puedes agarrar como si fuera un tronco en un río revuelto, no sabes a donde va a llevarte pero es lo que te mantiene a flote.
Por eso lo que venga lo voy a asumir con la mayor dignidad posible, sin renunciar a mis principios, a mis ideas, sin caer en la rabia y, sobre todo, sin volverme igual que lo que crítico. Intentaré siempre no convertirme en lo que ahora crítico.
Algo que me impulsa son las muestras de apoyo cuando voy a cualquier lugar y me encuentro con personas reales, no con personas fabricadas y que responden a intereses muy específicos, sino con gente que no tiene nada que perder. Eso me devuelve la fe.
Cada día me pregunto si vale la pena todo esto. Hay personas que creen que no. En Jacuzzi, una de mis obras, un personaje tiene un monólogo en el que se le pregunta: «¿Por quién vas a morir?». Comienza a hacer una descripción de lo que entiende que es la sociedad cubana y, según ese personaje, no valdría la pena arriesgarse por esa parte de la sociedad. Pero cuando uno sale a la calle y la gente te da un abrazo en señal de solidaridad, aunque no comulguen del todo con tus ideas, eso me devuelve la fe.
No estamos haciendo esto por heroísmo, ni por pasar a la historia, ni por estar en los libros, ni para que le pongan a una calle tu nombre, ni porque en medio de un parque te hagan una estatua de bronce; estamos haciendo esto porque no podemos evitarlo, sabemos que es lo que tenemos que hacer. Es como una voz que te dice: «No lo hagas para que te lo agradezcan, hazlo porque sabes que tienes que hacerlo».
En el camino te has convertido en un líder para muchos y creo que del mismo modo que no estamos preparados para sufrir represalias como las que han padecido ustedes, tampoco es común estar preparado para ser un líder al que la gente tome como referente, al que la gente busca escuchar o leer para respirar calmada después de un ataque.
No sé si sea el líder que la gente espera o necesita, porque tengo muchas carencias dado que estoy formado como artista, no como político. Pero todas esas carencias, esas lagunas —que alguna vez tendré que rellenar con lecturas y con experiencias—, hacen que me mantenga humano. Es como una cruz que hay que cargar, pero no estás cargando una cruz ajena. Cargas a cuesta tu propia cruz y la responsabilidad es contigo mismo, no solo por lo que la gente espera de ti, sino también por lo que tú esperas de ti.
***
En algunos de nuestros espacios se compartió ayer el texto El Muro de Berlín y sus símbolos con un error en su autor. El análisis corresponde al economista y profesor Mauricio de Miranda Parrondo, uno de nuestros articulistas habituales. Ofrecemos disculpas por la equivocación.

Leer más »

La serpiente que muerde su cola: estrategias y soberanías políticas frente al 15-N

El grupo Archipiélago, creado por el actor y dramaturgo de 39 años Yunior García Aguilera —uno de los protagonistas del 27-N— convocó desde hace varias semanas a una «marcha cívica por el cambio» para el próximo 15 de noviembre. Los permisos solicitados para realizarla fueron denegados por el gobierno cubano, que la calificó como una convocatoria «ilegal».
Los actores en conflicto ponen en juego dos argumentos fundamentales: 1) para el gobierno, una potencia extranjera financia la subversión de un sistema sociopolítico constitucionalmente refrendado por amplias mayorías y 2) para los convocantes, la no discriminación ideológica y las libertades de expresión, manifestación, petición y queja son derechos humanos universales y reconocidos en la Carta Magna de 2019 (art. 42, 54, 56, 61).
Esos argumentos llaman la atención sobre dos cosas: contradicciones o vacíos legales en torno al derecho a la protesta en Cuba, y disputas sobre la ligadura democrática entre el derecho y la ley.
El contexto inmediato
La trama de este conflicto hace parte de la «tormenta perfecta» que sacude a la Isla y en la cual intervienen distintos factores. Uno de ellos es que el redoble de las políticas de asfixia iniciadas por Trump y no removidas por Joe Biden, han aumentado los obstáculos a los flujos financieros, exportaciones e importaciones cubanas, así también a las remesas familiares. Al mismo tiempo, persiste el financiamiento federal a proyectos político-mediáticos con una agenda de cambio de régimen.
el otro lado, la renovación del modelo económico mantiene anclajes burocráticos e incumplida su intención de aumentar la eficiencia, pero ha contraído los subsidios universales y focalizados. A ello se sumó una «tarea de ordenamiento» cuya secuela inmediata ha sido la inflación galopante. De remate, la pandemia Covid-19 fue controlada en un primer momento, pero finalmente desató su mortalidad.
El gobierno de Díaz Canel enfrenta una tormenta de adversidades y sus consecuencias más delicadas afectan a los hogares más humildes. El padecimiento social es una de las causas fundamentales de los episodios de protesta. Lo que se exteriorizó el domingo 11 de julio (11-J) cuando miles de ciudadanos salieron a las calles clamando sobre la escasez de alimentos y medicinas.
Foto: REUTERS/Alexandre Meneghini
Así mismo, se corearon consignas de «Libertad» y «Patria y Vida». Esta última es un aporte del género urbano que ha calado en parte de la juventud y la ciudadanía, pero, a la vez, recibido los parabienes de conocidos políticos de la extrema derecha internacional.  El episodio de protesta del 11-J reveló los costes sociales de la crisis y las fisuras entre la dirigencia del país y sectores empobrecidos de la población.
La respuesta inicial del gobierno fue un llamado del presidente Díaz Canel a un combate en las calles de revolucionarios contra «mercenarios», «confundidos», «vándalos» e «irresponsables». Enseguida hubo cuestionamientos sobre la estrategia discursiva del gobierno, y se planteó la pregunta sobre si una respuesta más comprensiva y focalizada hacia las causas del descontento y la crisis social, habría tenido un mejor efecto político.
Hay un imperativo ético, pero también estratégico, en hacer política colocándose en el lugar de los demandantes.
La hegemonía del liderazgo carismático de Fidel Castro, en parte heredada por Raúl, excusaba a los políticos del partido y de la Asamblea Nacional de responder por problemas de peso en materia política. Esa condición ya no existe y se hará más distante con la desaparición generacional de los protagonistas de las epopeyas revolucionarias.
La legitimidad del gobierno entonces debe buscarse en otras zonas. Una de ellas, a la cual se ha recurrido desde 2019, es la nueva Constitución de la República, aprobada en referéndum con el 86,9 % de los votos. El primer artículo de esa norma instituye: «Cuba es un Estado socialista de derecho y justicia social, democrático, independiente y soberano, organizado con todos y para el bien de todos».
En cualquier caso, la validez de ese principio pertenece a la observancia de la ley y su facticidad al efectivo alcance de las políticas públicas. Ley y políticas públicas, legitimidad y buenas estrategias, son las encargadas de satisfacer las dimensiones formales y materiales de lo prometido en la Carta Magna.
El 15-N
En lo inmediato, la convocatoria a la marcha del 15-N impone al gobierno/partido múltiples desafíos. La agenda explícita de la marcha es demandar «el fin de la violencia política, el respeto a los derechos de todos, la liberación de los presos políticos y el reconocimiento de la disidencia y oposición política».
Ante la proscripción expresa del gobierno ―a través de funcionarios administrativos― sus organizadores reiteran que intentarán evadir los probables obstáculos para asistir. Una disposición similar puede leerse en la red social Facebook donde, con más de 30 000 afiliados, la plataforma Archipiélago funciona como foro de debate político y convocante de esta acción colectiva.
En este escenario cabe preguntarse si lo que podría haber sido una manifestación de protesta contenida puede transformarse en un episodio de desobediencia civil. Ahora sus organizadores utilizan la posible represalia como bandera y publicidad de sus reclamos. Es por esto que, en su encadenamiento de demandas, la pancarta principal corresponda a exigir el derecho al pluralismo.
La estrategia gubernamental, en cambio, consiste en negar la legitimidad de los adversarios, presentándolos como mercenarios a sueldo enemigo y vinculados con grupos terroristas del exilio.
Considerando que esas matrices discursivas pertenecen a su discurso rutinario ―contra todo tipo de oposición, casi sin distinciones― su efecto persuasivo debería ser bajo. Con todo, el discurso oficial se ratifica cuando el gobierno estadunidense no solo apoya la protesta 15-N, sino que anuncia sanciones a lo que considere violación de los derechos de los manifestantes. A todo esto, se suman influencers y sectores de la oposición reclamando una intervention now.
(Foto: El País)
Aquí persiste un punto nodal del conflicto y es que Cuba tiene un problema de doble vía con las soberanías. Esto es: entre el eje Miami-Washington y el Estado cubano, y entre este y la soberanía popular.
La negación de la convocatoria para el 15-N podría ser un ejemplo de cómo la injerencia estadunidense vale para justificar la restricción de los derechos políticos a los ciudadanos y esas mismas restricciones sirven a Miami-Washington para justificar sanciones con el designio de incentivar al pueblo cubano a tomar una acción de protesta contra su gobierno. Se expresa aquí la clásica imagen de una serpiente que se muerde la cola: ciudadanos cubanos amenazados de perder la soberanía de su nación a la vez que restringidos en el ejercicio de su propia soberanía.
En lo que sigue, me detengo en el análisis del 15-N desde esa dimensión.
Democracia, derechos y soberanías
El Estado cubano nació como una República en armas y en esa condición debió luchar por su territorio y fraguar su identidad nacional. El término «república» se asocia a un período específico de la historia, pero Cuba es una república y ello se fundamenta en que la soberanía radica en el pueblo (art. 3).
El soberano de una república es el cuerpo ciudadano con poder de decisión. La voluntad política de los ciudadanos se materializa en las leyes y éstas deben garantizar a todos las mismas libertades e iguales derechos (art. 42).
El ejercicio de la soberanía popular garantiza así, al mismo tiempo, los derechos humanos, políticos y de reconocimiento de la diversidad. En estos principios no cabe hablar de mayorías y minorías. Los derechos ciudadanos son inalienables y el fundamental ―precisamente el más caro al socialismo― es el ejercicio compartido de la propiedad de lo público.
Manifestarse públicamente es un derecho de cada persona y para ello se necesita un espacio material. Las reivindicaciones de los movimientos anticolonialistas, socialistas, comunistas, obreros, antirracistas y feministas se han ejercido en las calles y plazas. La calle ―como una escuela, una universidad, un hospital― es propiedad pública y no exclusiva ni excluyente por razones ideológicas.
Huelga decir que son las movilizaciones colectivas en los espacios públicos las que han arrancado a los poderosos los derechos a expresarse, reunirse y asociarse para hacer política. Ningún derecho ciudadano ha sido un regalo de imperialismos o del gran capital.
Los derechos políticos emanan de la soberanía popular y definen el carácter democrático de los Estados. Nadie, en su sano juicio, se atrevería a sostener que los derechos a manifestarse solo pueden reconocerse para expresar complacencia. Del conjunto de derechos políticos se desprende ―de manera explícita o implícita― que frente a acciones u omisiones de las autoridades la manifestación, petición, queja y la protesta social son derechos.
Ahora bien, en tanto se es libre en la ley y no por la ausencia de ella, el carácter de lo republicano y de lo democrático es regular las formas en que las reivindicaciones colectivas se hacen públicas y visibles sobre otros actores, incluyendo un gobierno. El ordenamiento de una sociedad incluye las formas en que se deben procesar políticamente y regular jurídicamente los conflictos entre los actores, siendo la protesta social una de sus expresiones.
Esta regulación puede determinar que sea sin armas, preserve la infraestructura pública y privada y requiera el respeto a las autoridades, personas e instituciones. Esta ley incluso puede establecer los procedimientos para que las autoridades ―aportando argumentos razonables― puedan modificar, sugerir, negociar cuestiones de fecha, lugar o tiempo de duración. Así el derecho a la protesta social quedaría regulado, no anulado ni criminalizado. La protesta social es un desafío para las autoridades, pero también la oportunidad para demostrar su obediencia a la soberanía popular.
En efecto, el conflicto en torno a Cuba y su sistema político es multicausal y de profusas aristas. De hecho, uno de los escollos más tenaces entre los operadores políticos ―de uno y otro polo del espectro― es la pretensión de dar soluciones simples a problemas complejos.
Protesta social vs violencia legítima
Frente al 15-N, el discurso gubernamental ha relacionado y, a la vez, opuesto el derecho a la protesta y el derecho de resistencia. Se trata, sin embargo, de derechos distintos. El artículo constitucional que otorga a los ciudadanos el derecho de resistencia, incluso por la vía de las armas, presupone que el oponente detenta una fuerza capaz de anular la Constitución (art.4). De manera que remitirse a la «irrevocabilidad del socialismo» para desautorizar una marcha de protesta es un argumento frágil, una estrategia que solo convence a los propios simpatizantes.
Ningún régimen socioeconómico en la historia ha sido revocado por una manifestación en los términos proyectados por el 15-N.
Luego, valdría ponderar, para bien, el espíritu republicano de un artículo que habilita la organización de milicias populares para resistir una intervención extranjera. Asimismo, considerando la experiencia de la URSS, el citado artículo (4) habilita que la ciudadanía se resista a poderes domésticos con el potencial de privatizar lo público y traicionar el carácter socialista proclamado en la Constitución.
Se resiste, hasta con las armas, a quienes tienen capacidad de poder para disputarle a la república su derecho a definir el bien público. Si el adversario no cumple con esa condición no se trata de resistencia, es abuso de poder.
El Estado es la entidad que, en un determinado territorio, ejerce el monopolio de la violencia legítima. El Estado nación se funda por exclusión de actores externos desafiantes y sus fuerzas armadas son la expresión de esa voluntad. Aquí el concepto «legítima» se refiere, por ejemplo, a la atención que debe prestarle al conjunto de normas y acuerdos internacionales pactados en el marco de la comunidad de naciones.
Igualmente, en el orden interior, el uso de la violencia resulta legítima cuando los órganos represivos ejercen una fuerza proporcional a la amenaza al orden que protegen. Si un ciudadano, o grupo de ellos, traiciona y/o atenta contra la soberanía de la república debe ser juzgado por los tribunales, pero, antes que ello ocurra, la inocencia se presupone y nadie puede ser arbitrariamente descalificado para participar en la esfera política.
Si un medio de comunicación ―adjudicándose el poder que la república entrega exclusivamente a sus tribunales― acusa deliberadamente a un ciudadano de un delito por el cual no ha sido juzgado no está informando, está incurriendo en linchamiento mediático.
Los desafíos, ahora mismo
El gobierno cubano enfrenta situaciones de conflicto de causas múltiples y con disímiles actores. Hoy la patrióticamente sano sería promover un diálogo más allá de su espacio de confort ideológico, y que ello aporte a la recomposición del pacto social. En lo inmediato el gobierno debe mostrar capacidad para la resolución política de los conflictos. Lo deseable es que sus acciones se alejen del autoritarismo habitual y avance por itinerarios democratizadores de contenidos socialistas.
Queda esperar que el PCC elija la mejor y justa alternativa entre citar al Tiananmén o la comunista Rosa Luxemburgo.
A la sazón, queda esperar que el PCC ―fuerza política dirigente superior de la sociedad y del Estado (art. 5)― elija la mejor y justa alternativa entre citar al Tiananmén o la comunista Rosa Luxemburgo: «la libertad es siempre y exclusivamente libertad para aquel que piensa de manera diferente».
El desafío político es recíproco para quienes ―desde su legítimo derecho a pensar diferente y manifestarse― deberían cuestionarse cómo la articulación de discursos sesgados y selectivos, en función de publicitar una «excepcionalidad dictatorial», sirve para justificar la inclemencia de un bloqueo/embargo reiteradamente condenado por la comunidad internacional.
El mismo gobierno de Estados Unidos que mantiene sanciones que precarizan la vida de los cubanos en la Isla y que, a su vez, desde sus instancias más altas apoya a los que deciden manifestarse, silencia cómo un gobierno neoliberal, el de Ecuador, presuntamente democrático, ante la convocatoria a movilizaciones de protesta declara Estado de excepción y militariza las calles.
A este tenor, Colombia, principal aliado de los Estados Unidos en la región, se constituye en el líder mundial del sicariato de activistas sociales. Ecuador y Colombia acaban de ser visitados por Antony Blinken ―secretario de Estado de Joe Biden― que ha tenido el cuidado de no pronunciarse sobre los crímenes de lesa humanidad durante las protestas, la persecución política, la politización de la justicia, la liquidación de las políticas públicas y la regresión medieval de los derechos laborales.
Los analistas internacionales observan que el gobierno de Joe Biden parece no tener definida una agenda hacia América Latina. Una excepción de esa regla sería Cuba, donde el político demócrata incumple sus promesas de campaña con respecto al bloqueo /embargo, al tiempo que se muestra ávido de desmentir las imputaciones de «socialista» que le espetó su antecesor en la Oficina Oval.
En cualquier caso, la hoja de ruta de un pensamiento crítico y patriótico debe tomarse en serio aquella premisa de José Martí: «los pueblos de América son más libres y prósperos a medida que más se apartan de los Estados Unidos».[1] Ningún reclamo democrático en Cuba debería desconocer ese principio.
Al Estado cubano le corresponde ser garante de la soberanía, pero a condición de que su autoridad sea determinada por la soberanía popular. En otras palabras, parafraseando a Karl Marx, la soberanía de cada ciudadano es la condición de posibilidad de la soberanía de todos. Vale retener que esa ecuación no es necesariamente socialista a la inversa.
[1] José Martí. Las guerras civiles en Sudamérica. Patria, Nueva York, 22 de septiembre de 1894.

Leer más »

El costo político de prohibir un derecho

El escenario político cubano es cada vez más conflictivo y tóxico. La prohibición gubernamental de la marcha pacífica convocada para el 15 de noviembre por ciudadanos de varias provincias y la capital, empeoró la situación. Los promotores reivindican con energía el ejercicio de ese derecho. Las actuaciones posteriores del gobierno son preocupantes y sus consecuencias pueden ser lamentables.
Durante décadas, las contradicciones y disensos no han podido gestionarse con mínimos democráticos. Hoy eclosionan en nuevas fórmulas de aglutinamiento y activismo cívico encabezado por jóvenes. El gobierno no sabe lidiar con eso.
Aun quienes disienten desde posiciones socialistas son un reto al poder. Se trata de un modelo centralizado, burocrático y opresivo que no tolera el disenso. Nunca se ha visto obligado a rendir cuentas, pudo reprimir selectivamente hasta hace poco y ha manipulado a la ciudadanía de múltiples maneras.  
Las demandas de la marcha estuvieron claras desde el inicio: «contra la violencia, para exigir que se respeten todos los derechos de todos los cubanos, por la liberación de los presos políticos y la solución de nuestras diferencias a través de vías democráticas y pacíficas».  
El gobierno conoce que existen muchas otras demandas por las que se podría marchar en Cuba, pero admitirlas implicaría una postura autocrítica que no le es propia. Sabe que está violando derechos inalienables reconocidos en la Declaración Universal de los Derechos Humanos y en su Constitución.
En «Activando alarmas contra una marcha cívica», resalté la importancia de naturalizar «el ejercicio de los derechos cívicos y políticos», así como «disminuir las tensiones y eliminar el discurso amenazante y excluyente». Expresé que: «Lo más inteligente y acertado políticamente sería autorizar y garantizar la seguridad y protección a los manifestantes».
Nada de eso ha ocurrido. Al contrario, el gobierno opta por atrincherarse, violentar la soberanía popular y el ordenamiento constitucional. Reboza demagogia al sustentar su discurso en nombre de la Revolución y el Socialismo, pero la realidad evidencia que ni una cosa ni la otra existen en Cuba hace tiempo. En consecuencia, el conflicto sigue escalando.
-II-
La violencia política no es nueva entre nosotros. Sin embargo, ha crecido exponencialmente durante los últimos años, en la medida que se complejiza el conflicto y se amplía el espectro contestatario. Hoy la represión es masiva. Las fórmulas son diversas y cada vez menos razonadas, sin medir su impacto sociopolítico. Todas sirven para amedrentar y justificar mayor violencia. Para el 15-N se repitió la orden de combate del 11-J, actualizada y preparada con tiempo.
Con el fin de manipular a la ciudadanía se emplean diversos recursos en los medios masivos de comunicación. Se intenta criminalizar a los principales activistas, a la protesta y profundizar el miedo en las familias para evitar que se sumen. También para que se comprometan a apoyar al gobierno, que otra vez se victimiza.
Numerosas y reiteradas citaciones exprés a «entrevistas», son aprovechadas para acusar y calumniar a promotores de la marcha, compulsar a los ciudadanos a ser delatores y amenazarlos en caso de que decidan asistir. Se intimida con vigilancia, llamadas —anónimas o no— a los ciudadanos y sus familias, e incluso a sus parientes emigrados. Han retomado las expulsiones laborales y la vigilancia a los ciudadanos que firmaron alguna carta, o que se presume podrían manifestarse. 
La ética es cardinal para la vida, incluso en la guerra. El fin no debe justificar los medios. En política, mentir para lograr sometimiento a como dé lugar, complica el conflicto, indigna más a los opuestos y erosiona las bases sociales propias. Los discursos recientes del presidente/primer secretario del PCC y del Jefe del Departamento ideológico en el Comité Central son evidencias.
También es infame el papel de los medios oficiales —como el programa de TV del pasado lunes—,en simultáneo con otras acciones represivas. Son parte de la ofensiva gubernamental que involucra a instituciones y organizaciones de apoyo, contra algunos de los líderes y activistas principales, víctimas de mítines de repudio y otros deleznables actos.
[embedded content]
Al parecer, se olvida a conveniencia que Revolución es «sentido del momento histórico; (…) es igualdad y libertad plenas; es ser tratado y tratar a los demás como seres humanos; (…) es no mentir jamás ni violar principios éticos (…)». Tanto eso, como el amor, la tolerancia y la justicia que enarbolan los medios oficiales, son contrarios a la realidad de muchos cubanos.
-III-
Se precisa identificar algunos factores que, directa o indirectamente, influyen en el conflicto cubano.
En el ámbito interno:
1.- El diferendo es de carácter nacional, por el fracaso de un modelo ajeno a mínimos democráticos que realicen la soberanía popular. Únicamente se acepta tocar de modo limitado el ámbito económico, donde también es conservador a pesar de los intentos de reforma, y se usa el factor externo como justificación de reiterados fracasos de sus políticas.
2.- Politólogos, economistas y la ciudadanía en redes sociales, reclaman hace años por reformas reales. Expertos han alertado hasta el cansancio sobre el agotamiento del tiempo para implementarlas con el menor costo social y político. Se demuestra en esos análisis que la crisis del modelo económico es muy anterior a las sanciones trumpistas y que la mayoría de las reformas no dependen del bloqueo.
3.- Los paquetes de medidas de los últimos años con el nuevo gobierno han sido impopulares, con errores desde el diseño y las consabidas consecuencias sociales. En todos faltó participación popular y han servido para blindar más al Estado. Hoy las afectaciones a los derechos humanos —económicos, sociales, cívicos y políticos— son constatables.
4.- No obstante, llegada la agudización del conflicto, se mantiene una zona de silencio en muchos actores que podrían influir en el curso de los acontecimientos. El reformismo cubano —alineado o no con el gobierno—, hace malabares teóricos y prácticos para desviar la atención, respaldar en última instancia la postura oficial y deslegitimar y contrarrestar la iniciativa ciudadana. Como si fuera una marcha la que ahora impidiera o limitara las reformas y los buenos oficios e intenciones del gobierno y el Parlamento. Es la dicotomía que en otras épocas de nuestra historia se ha vivido: reforma vs revolución.
5.- Decía José Martí, que «en política lo real es lo que no se ve». Detrás de la desproporcionada respuesta gubernamental contra la marcha cívica, están los anteriores elementos de fondo, y otros. El gobierno intenta desviar la atención de la raíz de los problemas y la persistencia en políticas erráticas. Prepara a la opinión pública —con sus habituales recursos— para que acepte y participe en la represión, vistiendo de pueblo la violencia institucional bajo el entendido de que es en defensa de la Revolución, «contra el enemigo externo» y sus «operadores internos».
6.- Lo real es que por primera vez ha surgido en Cuba un movimiento cívico contestatario de la joven generación, sin compromisos previos, con liderazgo horizontal y reivindicaciones propias. Con una línea que trae hasta nuestro tiempo lo mejor de la tradición cívica y patriótica cubana en diversas expresiones. Es lógico que atraiga a miles de ciudadanos.
Foto: Reuters
En el ámbito externo:
1.- Muchas de las demandas del movimiento cívico cubano son comunes a sus similares de otros países. Sin embargo, el acallamiento permanente del disenso, la construcción oficial durante años de una imagen de excepcionalidad ante el mundo y el activismo de la política exterior gubernamental con iguales fines, dificultan la comprensión de lo que realmente está ocurriendo en la Isla. 
2.- El pueblo de Cuba siempre ha sido rehén del conflicto bilateral entre su gobierno y el de los EE.UU. Hoy, a pesar de las diferencias, ambos poderes gravitan negativamente sobre el movimiento cívico cubano.
El primero, con su afán de perpetuar a la nueva clase en el poder, se afana en destruirlo de cualquier modo y lo viste con el ropaje del «mercenarismo» que tanto rechaza gran parte del pueblo. El segundo, tiene sus propios intereses geopolíticos, una tradición de injerencismo en Cuba muy anterior a 1959 y de franca hostilidad desde esa fecha.
Ahora se muestra solidario con el nuevo disenso y amenazante con el gobierno de la Isla. Por más que el contenido pueda parecer justo, es una solidaridad hipócrita al tratarse de un gobierno hostil, que persiste en dictar pautas para la transición democrática y cuyo bloqueo extraterritorial ha perjudicado por décadas a la ciudadanía cubana sobre todo.
Su identificación y acercamiento a quienes articulan un nuevo movimiento cívico en Cuba, a la larga los perjudica, y beneficia al gobierno porque le facilita arremeter contra este movimiento y criminalizarlo.   
3.- La emigración. La mayor parte se identifica con las reivindicaciones de sus compatriotas en la Isla y, sea para regresar o no, también sueña con una Cuba democrática, de ahí su activismo creciente. La complicación está en que una parte de la asentada en EE.UU ha estimulado el endurecimiento de las posturas gubernamentales de ese país. No todo su espectro es el llamado exilio histórico y no todo está asociado directamente con la oposición tradicional cubana.
Como resultado de las erróneas políticas migratorias del gobierno hasta hoy —a pesar de algunas reformas— y de usar la emigración como válvula de escape para librarse del disenso, tenemos actualmente una diáspora nostálgica y resentida, que en EE.UU. ha sido muy bien acogida, ganando espacios en el entramado político de ese país. A ello se agrega la transnacionalización del extremismo político en que nos formamos durante años, cuya expresión más notoria se manifiesta en el sector radical de esa comunidad.
4.- El complejo escenario para la solidaridad del mundo con la causa cívica de la Isla. Aunque pudiera parecer simple y legítimo, también es complicado. Recientemente se han hecho llamados de ciudadanos cubanos y del mundo al Consejo de Derechos Humanos de la ONU y otros organismos internacionales, así como de la sociedad civil internacional, incluidos líderes de opinión.
Sin embargo, las ideas y derechos que defiende el movimiento cívico liderado por la nueva generación cubana, deberían ser principalmente apoyados por la izquierda mundial. Y aunque desde los sucesos del 11-J se registran algunas reacciones positivas a nivel global y regional, todavía  predomina el silencio dañino, que confirma lo dicho hace más de diez años por el intelectual luso Boaventura de Sousa: «Cuba se ha vuelto un problema difícil para la izquierda».
Lo cierto es que la izquierda tradicional comparte ciertos rasgos de la cubana oficial, en parte por la común raíz estalinista. En consecuencia, dan a Cuba un tratamiento selectivo, identificando pueblo con gobierno y priorizando su lucha contra el capitalismo y los EE.UU. Así, prefieren una Cuba inmolada a perder el referente de la Isla irredenta ante el imperialismo, útil para la lucha política en sus países.
Algunos prefieren preservar sus intereses económicos y compromisos con el gobierno cubano, o ver el conflicto como lo presenta la narrativa oficial: Cuba vs EE.UU. Por tanto, se alinean con el poder, reproducen sus discursos y a veces sus prácticas, e ignoran reclamos cívicos que, en sus países, son o fueron banderas de sus propias luchas.   
-III-
[embedded content]
Aun con un contexto adverso, muchos cubanos, esencialmente jóvenes, persisten en tener su 15-N, convocado por Archipiélago, plataforma ciudadana que derivó del 11-J. Con su lema «Por una Cuba plural, con todos y para el bien de todos», atrajo rápidamente a miles de residentes en la Isla y la diáspora.
En este complejo escenario tendrá que abrirse paso el nuevo movimiento cívico insular. Cada vez gana más receptividad en diversos sectores sociales y cuenta con acompañamiento de actores de la sociedad civil y la diáspora. Hoy se están preparando manifestaciones de cubanos en más de sesenta ciudades del mundo.
El gobierno está en un momento político muy complejo. No comprende, o no acepta, que la protesta obedezca a exigencias que excedan las carencias materiales o influencia externa. Hay una toma de conciencia, una emergente vanguardia política, que perdió la confianza en el gobierno y está dispuesta a luchar por sus derechos.
Una buena parte de estos problemas se hubiera evitado el Estado de aceptar la iniciativa ciudadana y protegerla como corresponde. Pero sigue contando con recursos de antaño en un contexto totalmente diferente, con lo cual confirma su anacronismo. Es preciso gestionar políticamente el conflicto, respetar la soberanía popular, aceptar el disenso y el ejercicio de derechos constitucionales por los ciudadanos. 
Las prohibiciones y prácticas contra derechos en la sociedad cubana actual son muy dañinas al país y, como afirmó el escritor ruso Isaac Asimov: «la violencia es el último recurso del incompetente».
La represión es el límite de tolerancia de muchas personas. Solo consigue resultados efímeros; los principales y duraderos son la indignación y ampliación del disenso y del conflicto. Llegados a este punto, y de cara al 15N, no se trata de posturas, compromisos y militancias políticas. Se trata de las nuevas generaciones de cubanos; de derechos, civismo y humanidad. Las reacciones son todavía avances del costo político de violentar derechos, pero las consecuencias pueden ser lamentables.

Leer más »

Equívocos sobre el 15-N

Sergio no sabe qué hacer desde su ventana y sus memorias del subdesarrollo
Hay al menos dos discursos generados desde lo interno y difundidos en medios digitales sobre la organización de la manifestación del 15-N. Primero se anunció en defensa de los presos políticos; luego, el propio Yunior García la catalogó como antigubernamental. Y los dos mensajes coexisten.
Si bien las demandas de liberar a los presos políticos y poner fin a la represión son consignas que tocan la sensibilidad de cualquier persona; protestar en contra del gobierno no es igual. Es una aclaración que sería superflua en sociedades más democráticas, pero en el caso cubano ese doble carácter es algo muy complicado y hasta contradictorio para Sergio (que no vive en el Focsa precisamente, ni envejece).
¿Qué debe hacer el que está en contra de la represión, quiere libertad para los presos del 11 de julio, pero no está en contra del gobierno? ¿Si va a la marcha del 15-N, queda como que está contra el gobierno; y si no va, a favor de la represión?
Permiso para tumbarte
El doble discurso —el de una demanda que compete a toda la sociedad civil cubana y el del carácter antigubernamental— se ha usado como principal herramienta de la propaganda oficial (cuando se logra entender lo que quieren decir): «no es por los presos, nah, es contra la Revolución» (sí, desde adentro le llaman Revolución, todavía).
Es cierto que estar en contra de un gobierno no es grave. Pero aquí sí, y estamos aquí. Y si se le dice al gobierno que se va a hacer una marcha contra él, este no la va a facilitar. Nadie normal daría permiso para que le dispararan una bala, es «contra natura» que un gobierno normal «autorice», apoye o cuide una marcha que, según una de sus líneas de mensaje, lo quiere derrocar (el marketing a veces exagera, porque es increíble que con una marcha de unas horas se derroque a un gobierno, a no ser que este sea muy débil, y el nuestro asegura tener apoyo mayoritario).
Por tanto, el doble discurso tiene implicaciones en cuanto a posibles resultados.

Con una parte me basta
A diferencia de las actividades políticas «normales» en Cuba, los organizadores del 15-N no son los dueños de la marcha. De hecho, la palabra organizadores me sigue pareciendo inapropiada. En realidad, esos organizadores son ciudadanos que enviaron una carta notificando al gobierno local de la realización de la marcha, y solicitando el apoyo logístico correspondiente.
Esos firmantes no estarán el 15-N pasando lista a los que asisten, mucho menos tendrán puntos de recogida y salida, no entregarán pulóveres, banderitas ni consignas (asignadas y definidas en una reunión días antes), y mucho menos garrotes marca 11-J.
Tampoco estarán pendientes de quién se quedó atrás, quién se desvió para su casa, quién se portó mal para, al día siguiente, transmitirle un regaño y anotarle una sardina (menos) para las jabas, viajes, vacaciones o lo que sea bueno que se pierda próximamente en el centro laboral.
Dichos organizadores no pueden controlar que el 15-N aparezcan diez personas con actitudes violentas para manifestarse. Si eso pasara, ellos no tienen cómo responder. En todo caso, son solo los que prestaron su nombre para dar la cara ante la autoridad local.
El 15-N no es la Tángana, ni el 18 de julio. Ahí no habrá orientaciones del mando de arriba, no hay una jerarquía real. De hecho, es normal que en una marcha los que la organizan no manden a los participantes, porque se trata de un ejercicio democrático en su interior, pero esas cosas, en el contexto cubano, hay que recordarlas.
Lo relevante aquí es que bastará un solo caso de violencia para que el oficialismo condene la marcha que ya satanizó, es decir, estarán esperando un pelo sucio del lobo, porque el fundamentalista es fanático a la metonimia. Si ven una parte, ellos (su)pondrán cuál es el todo.
Ejercicios de preparación por el día de la defensa en Matanzas.
Una balsa al mismo lugar
La ciudadanía cubana lleva décadas lidiando, sufriendo —la única forma de sufrir no es cuando se recibe una bala en el cuerpo— el precio del fundamentalismo político al servicio de los intereses de una élite que se cuida mucho (normalmente le llaman vanguardia, de apellido revolucionaria). Así, la ideología política ha sido una excusa con la cual seres de dudosa humanidad expulsaron a personas honestas de sus trabajos y de sus escuelas. Por homosexual. «Por problemas ideológicos». Por ser diferentes, básicamente. Suena cruel pero todavía ocurre, al menos por razones políticas.
Al mismo tiempo, esa ciudadanía —que incluye a algunos de los de dudosa humanidad—, sufrió durante décadas el resultado de decisiones arbitrarias, irresponsables y hasta irrespetuosas de quienes dirigían la economía y la vida del país a capricho. No fueron pocas las limitaciones a los derechos de propiedad, derechos económicos, de movilidad, de expresión.
Todo esto sin disponer de un mecanismo ciudadano real para expresar y canalizar la inconformidad ante el orden existente. No me detendré en el CDR, la CTC, el PCC, que ellos están ahí para «defender la Revolución» (lo dicen explícitamente).
Y la inconformidad, cuando llena el vaso social, se va en balsa; por Camarioca, por Mariel, o por el malecón; se va yendo poquito a poco. Y cuando pisa tierra, esa inconformidad por lo general se convierte en odio. Humano, caliente y húmedo.
Pero la inconformidad, cuando no escapa al mar, va a las calles, con Fuenteovejuna de cerebro. Es muy probable que el 11-J haya sido el equivalente a tomar una balsa, solo que esos siguen estando aquí.
El odio es humano, y malo, como puede llegar a ser el propio ser humano. Es la respuesta más primitiva, pero la racionalidad termina donde empieza la herida en el cuerpo propio.
El 11-J haya sido el equivalente a tomar una balsa, solo que esos siguen estando aquí.
Epílogo
También el odio es la respuesta primitiva de los que, desde ya, tienen bien limpio su garrote del 11-J para el 15-N. Y el odio del que cree que tiene algo que perder, llega a ser mayor que el de aquel al que no le queda nada detrás.
El que lo perdió todo puede convencerse de perdonar, pero el que está aferrado a no perder, ese sí no puede desprenderse de odiar. Se trata de la peor violencia posible para el 15-N, la de los que van a usar la metonimia para soltar su temor a perder los miserables privilegios que se tienen en una sociedad de escasez.
Por eso se proclamaron tres días para la defensa, se declaró ilegal la marcha, se hacen actos de repudio, se ponen multas, se restringe el acceso a internet, se prepara la brigada de respuesta rápida. Más lo que falta. Lo que vemos es al secuestrador declarándole la guerra a su secuestrado.
Mientras tanto Sergio, que no tomó una balsa en el viaje al odio, ve como su vida empeora, y no sabe qué hacer… aún.

Leer más »
 

Contáctenos

 

Si desea contactar NoticiasCubanas.com, el portal de todas

las noticias cubanas, por favor contáctanos.

¡Estaremos felices de escucharlo!

 

Con gusto le informáremos acerca de nuestra oferta de publicidad

o algún otro requerimiento.

 

contacto@noticiascubanas.com

 

Oferta


Si deseas saber como tu sitio de noticias puede formar parte de nuestro sitio NoticiasCubanas.com, o si deseas publicidad con nosotros.

 

Por favor, póngase en contacto para mas detalles.

Estaremos felices de responder a todas tus dudas y preguntas sobre NoticiasCubanas.com. ¡La casa de todas las noticias cubanas!

contacto@noticiascubanas.com


Sobre nosotros

NoticiasCubanas.com es la casa de todas las noticias cubanas, somos un sitio conglomerado de noticias en Cuba. Nuestro objetivo es darle importantes, interesante, actuales noticias sobre Cuba, organizadas en categorías.

Nosotros no escribimos noticias, solo recolectamos noticias de varios sitios cubanos. Nosotros no somos parte, solo proveemos noticias de todas las fuentes de Cuba, y de otras partes del mundo.

Nosotros tenemos un objetivo simple, deseamos brindarle al usuario el mayor monto de noticias con calidad sobre Cuba, y la visión que tiene el mundo sobre Cuba. Nosotros no evaluamos las noticias que aparecen en nuestro sitio, tampoco no es nuestra tarea juzgar las noticias, o los sitios de las noticias.

Deseamos servir a los usuarios de internet en Cuba con un servicio de calidad. Este servicio es gratuito para todos los cubanos y todos aquellos que estén interesados en las noticias cubanas y noticias internacionales sobre Cuba.

 

Términos de uso

NoticiasCubanas.com es gratis para todas las personas, nosotros no cobramos ningún cargo por el uso del sitio de ninguna manera. Leer los artículos es completamente gratis, no existe ningún costo oculto en nuestro sitio.


Proveemos una colección de noticias cubanas, noticias internacionales sobre Cuba para cualquier persona interesada. Nuestros usuarios utilizan NoticiasCubanas.com bajo el acto de libre elección y bajo su propia Responsabilidad.

Nosotros no recolectamos ningún tipo de información de nuestros usuarios, no solicitamos ninguna dirección electrónica, número telefónico, o ningún otro tipo de dato personal.

 

Medimos el monto de tráfico que noticiasCubanas.com recibe, pero no esperamos compartir esta información con alguien, excepto nuestros socios de publicidad. Nos regimos bajo las normas Cubanas en cada cuestión legal, cualquier aspecto no clarificado aquí debe ser considerado sujeto bajo el sistema Legal de Cuba.