HAVANA CLIMA

Ocho proyectos de leyes en la mira de los parlamentarios cubanos

Como parte de los debates previos a la Sesión Extraordinaria, este viernes las 11 comisiones permanentes analizarán importantes temas de agenda pública

Ls sesiones de trabajo de los diputados cubanos se extenderán hasta el 16 de junio. (Foto: Ariel Cecilio Lemus)

Una...

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Entenza, encantador de Alazanes

Matanzas.-Como el mismísimo «coco», el ser mitológico del imaginario popular para asustar a los niños. En eso se ha convertido para los Alazanes el lanzador Noelvis Entenza, en esta gran final de la pelota cubana.
El pitcher, oriundo de Cienfuegos, parece retomar su mejor forma, tras haber participado en las tres victorias de los Cocodrilos en este play off, con un triunfo y dos juegos salvados, en calidad de apagafuegos. Pese a este resultado, el de Granma es un equipo muy difícil de vencer y da pelea durante todo el desafío, expresó.
«Es un elenco que conozco y admiro, con él gané, como refuerzo, el primero de los tres títulos de esa plantilla», precisó, y recordó que en aquella oportunidad venció en dos oportunidades a Matanzas.
«Es el caballo de batalla en la postemporada, el jugador corajudo que se crece en el minuto crucial, cuando tenemos el agua al cuello. Ya va siendo uno de los héroes», dijo su mentor, Armando Ferrer.
«Ahora estoy más concentrado en el juego, con menos preocupaciones. Perdí a mi padre hace muy poco, luego de una larga enfermedad, fue traumático. Eso me impidió entrenar, enfocarme en el trabajo y en la pelota, lo más grande para mí en esta vida. Llegué a lanzar con mi papá en terapia intensiva; llegaba del hospital a las 5:30 a.m., sin descansar, para lanzar solo horas más tarde. Fue un peso demasiado grande».
–¿Qué prefieres, abrir o cerrar?
«Lo importante es jugar. Me gusta la candela, disfruto los choques tensos, el estadio repleto y la emoción de los aficionados. Ya no tiró más de 90 millas, pero aún tengo el brazo entero, con dominio de la zona de strike».
–¿Cuáles son las principales virtudes de estos Cocodrilos?
«Mucha unidad y entrega bajo una dirección que sabe sacarle el máximo a los atletas. Contar con peloteros experimentados y de calidad probada, algunos de ellos de mucho calibre, por encima del nivel de nuestra pelota. Ojalá salgamos airosos en el primero de los dos pleitos del Mártires de Barbados, y sí, claro que desearía que me tocara a mí el honor de decidir.

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Turismo: mucho más que edificios-hoteles

Cuando usted toma la carretera desde la rotonda, cerca de la Universidad, hasta Guardalavaca, en Holguín, se admira de ver unos quioscos llenos de diferentes variedades de frutas tropicales, en algunos conté más de diez (guayabas, piñas, mameyes, mangos en sus diferentes variedades, plátanos frutas al menos dos variedades, papayas, melones) además de otros vegetales —unos tomates de exposición o de televisión, que es casi lo mismo.Luego se sorprende cuando no ve esa variedad de frutas en las mesas bufets de los hoteles del lugar, varios de ellos cuatro y cinco estrellas. Pero no hay ningún misterio, ocurre que los campesinos ¡no quieren venderles a los hoteles! Y ocurre que los hoteles ¡no pueden comprarles a los campesinos! Y lo que es todavía más sorprendente, al contrario de lo que ocurría hace unos años atrás, unos y otros tienen “permitido” hacerlo.Pero lo que pasa es que a las precios fundamentados en la tasa de 24 cup por un dólar, que es a la que los hoteles pueden pagar, los campesinos no venden, mientras que a los precios que a ellos les “conviene” vender, fundamentados en la tasa informal o de mercado negro, que es alrededor de 100 cup por dólar, los hoteles verían sus fichas de costo irse a bolina. Es un simple problema de distorsión cambiaria que hace que nuestros hoteles, estos y prácticamente todos los otros, tengan el peor surtido de frutas tropicales de todo el Caribe.Echar a andar nuevamente el turismo internacional después de la pandemia, con la desventaja de tener muy limitado el acceso al mercado norteamericano, con las secuelas del “ordenamiento” y con una escasa capacidad para pagar insumos es una odisea que de alguna forma se compara con aquella otra que iniciara el sector desde finales de los años ochenta. Se parece aún más a ;la odisea de los noventa, que llevó al turismo cubano desde prácticamente no aparecer en los mapas de los destinos del Caribe a posicionarse entre los cuatro primeros de la región y lograr estar entre los diez más importantes destinos de las Américas.Se hizo prácticamente desde la nada, con apenas unos edificios que habían sido hoteles antes pero que estaban lejos de los estándares del turismo internacional, con una infraestructura muy alejada de las necesidades de esa industria, con muy poca “cultura” de los estándares de servicio que se exigían a nivel mundial, con una red extrahotelera —si así se le podía llamar— con muy poca variedad y calidad. Se hizo dentro un concepto que aislaba al turista de la población y viceversa, pretendiendo confinarlo a los límites invisibles de los predios hoteleros. Se hizo sin que los cubanos pudieran entrar a aquellos hoteles y todavía hoy no se sabe si era para cuidar a los cubanos de los turistas o viceversa. Se hizo con el tremendo prejuicio de ver primero los malos derrames del turismo —prostitución, proxenetismo, hábitos y costumbres de la “sociedad de consumo”— antes que aquellos otros: empleo efectivo, ingresos por exportaciones en frontera, derrames efectivos hacia empresas del país y sobre todo y por encima de todo, imagen Cuba, estos contribuían a que el país pudiera enrumbar la senda del crecimiento económico.Fueron tantas las prohibiciones que atentaban con la competitividad del sector, que a veces cuesta creer que haya alcanzado un espacio tan importante en la región.Pero sobre todo se hizo compitiendo con aquellos otros destinos que habían llegado al “negocio turístico” mucho antes y por lo general de la mano de compañías internacionales que los habían colocado en el mapa mundial del turismo. Experiencia que nuestro naciente sector turístico repitió, casi como única posibilidad de colocarse en ese mapa o como diría un economista, de ubicarse en la cadena global.Y se hizo, y llegamos a tener 4,7 millones de turistas en un año (2018), con alrededor de 64 000 habitaciones en hoteles “estatales” y otras 20 000 habitaciones en el sector privado.En la actualidad Cuba cuenta con 77 mil 809 habitaciones hoteleras, de las que el 44,5 por ciento tienen categoría de cinco estrellas, 29,6 de cuatro estrellas, 13,6 tres y 12 por ciento otra clasificación.El 48 por ciento de las instalaciones de alojamiento pertenecen al Grupo Gaviota, el 22 por ciento a Cubanacán, 18 por ciento a Gran Caribe y 12 por ciento a Islazul.De esas cifras, 50 mil habitaciones tienen administración de importantes compañías hoteleras extranjeras, principalmente Meliá, Iberostar, BlueDiamond, Roc, Barceló, Blau, Kempinski, Accor, NH, Axel, Be Live y Sirenis.Tenemos más habitaciones que nunca antes, pero no tenemos turistas suficientes. En el primer trimestre del año la ONEI reportaba una tasa de ocupación de 13,9% para todo el país.Más hoteles ¿más turistas?Conseguir turistas en una región tan competitiva, no parece ser tarea fácil. A diferencia de Cuba otros destinos del Caribe han logrado una recuperación más acelerada. Las razones de cómo lo han logrado pueden discutirse, pero es un hecho con el que hay que contar.Pero el turismo es mucho mas que edificios-hoteles. El turismo sigue necesitando de muchas otras cosas “no turísticas”.Supongamos entonces que el ordenamiento funcionó para bien en el turismo, que Biden permitió mas de lo que ha permitido y que los impagos a proveedores no son tales y que los arribos se comportan de otra manera y en vez de estar alrededor de un 25% de los turistas recibidos en el año 2018 estamos al 50%. Entonces nos quedarían viejas deudas por saldar.Pensemos, por ejemplo, en algo tan viejo y de tanto impacto como el Aeropuerto internacional de la Habana. La primera y la última impresión de un turista. ¿Acaso tienen el confort que debe? Tener buenos aeropuertos, con un confort de primera y un servicio de primera es casi un requisito sin el cual resulta difícil competir en nuestra región. Es sin dudas una desventaja con la cual nuestro turismo debe lidiar día tras día.Y los autos de renta, esos que ahora mismo con solo un 13,9% de ocupación, cuesta tanto encontrar y arrendar. Esos autos tienen posiblemente la tarifa más cara de todos los países de la región del Caribe. No son para nada precios competitivos. Quién decide esas tarifas solo puede hacerlo a sabiendas de que tiene un mercado cautivo y por lo tanto puede imponer cualquier precio por un auto. Acaso no hacen falta varias otras empresas que den ese servicio y que compitan con el oligopolio. ¿Qué sería mejor para Cuba como país turístico?A estos viejos, muy viejos problemas, se suman otros nuevos que afectan a los turistas y al turismo, pero que como los anteriores escapan de las manos de las autoridades del sector, de las empresas y de los trabajadores turísticos. Ellos incluyen desde la nueva dualidad cambiaria y la existencia de una moneda “plástica”, la MLC, hasta aquellos otros asociados a servicios sensibles para el turista, como el transporte interno, el urbano o el aéreo.Y si bien una parte del tiempo del turista transcurre en el hotel, en especial de todos aquellos que se hospedan bajo la modalidad de “todo incluido”, ese otro tiempo que pasa fuera del hotel cada vez resulta más decisivo.Que hay que hacer mucho hacia dentro del sector, sin dudas es verdad, que el sector necesita que su entorno inmediato mejore y así poder competir con sus iguales de la región no hay dudas.Lo cierto, como afirma el Profesor Perelló, es que estamos transitando por una nueva época y debemos tener presente que existe un nuevo viajero que no ve televisión, reserva su propio vuelo, selecciona su hotel, organiza sus excursiones y que su teléfono móvil es una extensión de su propio cuerpo. ¿Estamos preparados para ese nuevo viajero o seguimos pensando en el viajero tipo del siglo XX?

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Termoeléctrica Antonio Guiteras sale de servicio por mantenimiento: Las labores se acometerán en 72 horas

Central Termoeléctrica Antonio Guiteras. Foto: Archivo.A las 02:23 horas salió de servicio por mantenimiento la unidad de la CTE Antonio Guiteras que se estima incorpore nuevamente al SEN el jueves en el horario pico.
En ese sentido, esta misma madrugada iniciaron las labores de mantenimiento de la Central Termoeléctrica Antonio Guiteras.
Limpieza de los calentadores de aire regenerativo, solución de área de alta temperatura en caldera y otras 164 tareas de corrección se acometerán en 72 horas para llevar el bloque hasta los 240 megawatts y quizás algo más.
Participan más de 300 efectivos de la empresa de mantenimiento a centrales eléctricas.
A partir de ahora, un reloj humano comienza operaciones complejas, con lógicos sobresaltos pero es así, la energía demanda inteligencia, valor y mucha, energía humana.
Vea, además
Unión Eléctrica prevé afectaciones por déficit de capacidad de generación

(Con información de Radio Rebelde)

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Analizan desempeño de la zafra 2021-2022, la producción más baja en más de cien años

Presidente cubano llamó a diversificar las producciones azucareras. Foto: Estudios Revolución.La agroindustria azucarera cubana dispone de una experiencia tremenda, y eso constituye una fortaleza para el salto tecnológico y organizacional que tenemos que dar en este sector, porque no podemos seguir haciendo lo mismo cuando han cambiado los tiempos y la vida nos está diciendo que tenemos que ir a otros conceptos.
Es esta una de las premisas que defendió el Primer Secretario del Comité Central del Partido Comunista y Presidente de la República, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, durante un encuentro, este sábado, con los participantes en un taller de tres días realizado entre directivos, técnicos industriales y productores cañeros.
El objetivo del seminario, que agrupó a más de un centenar de especialistas, se dedicó a analizar los principales problemas y desafíos del sector. Contó además con la asistencia de académicos, científicos y otros expertos vinculados al ramo, buena parte de ellos mujeres brillantes.
La agroindustria azucarera —enfatizó Díaz-Canel— cuenta con “una masa de obreros y trabajadores comprometidos, con sentido de pertenencia, que tienen confianza en que todavía el sector se puede recuperar, y esto es algo que está en nuestras manos, con todos buscando esa recuperación”.
En la zafra 2021-2022 se fabricaron, en números redondos, 480 000 toneladas de azúcar; 36 centrales molieron algo más de seis millones de toneladas de caña. Fue la producción más baja en más de cien años. El encuentro del Presidente de la República con las trabajadoras y trabajadores del sector para evaluar esos resultados, sin embargo, no fue, como podría haberse pensado, para “dar palos”.
No sin críticas y autocríticas, tanto de directivos como de especialistas, el ambiente de la reunión fue positivo, optimista, esperanzador, como ocurre cuando se está ante un momento de cambio.
La dirección del país, sin dudas, quiso enfocarse en lo verdaderamente trascendente, enaltecedor: la confianza de la Revolución en los hombres y mujeres que trabajan en una agroindustria que es cultura e identidad nacional y que no solo será salvada, sino también desarrollada para ocupar el lugar que tiene en nuestra economía y en nuestra idiosincrasia, ahora en tiempos donde la ciencia y la innovación tienen que ser la guía.
El encuentro en sí no, pero lo que se acordó en él, el consenso que al parecer generó de forma definitiva (y que no ha sido fácil alcanzar, pues se trata de una transformación radical en una tradición centenaria), debe ser un nuevo parteaguas en la historia de la producción azucarera cubana.
La agroindustria se inicia en un nuevo modelo de gestión, donde la producción exclusiva de azúcar no puede continuar siendo —ni lo será— el centro de todos los cálculos, estrategias, esfuerzos e incluso la fuente de los principales ingresos.
El azúcar no puede seguir siendo —ni ya lo será— el fin en sí mismo; una visión emancipadora que el Jefe de Estado defiende cada vez que aborda temas vinculados a la producción cañero-azucarera y que hereda del pensamiento más genuino de la nación, en especial el del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, hijo él mismo de una familia eminente y virtuosamente azucarera.
El sector se dirige hacia un modelo de negocios donde la diversificación y la economía circular (el aprovechamiento de todo lo que dé la caña —y las tierras donde están— y salga de las fábricas) le puedan ofrecer suficiente dinero, para así incrementar su rentabilidad, impulsar su desarrollo y garantizar el crecimiento sostenido del bienestar de las personas y familias que están vinculadas al ramo, tanto estatal como cooperativo y privado.
El azúcar seguirá saliendo de los ingenios, pero la estrategia es producir para satisfacer el consumo nacional (el doméstico y el industrial) y exportar otra parte, más o menos grande o pequeña, según como anden los compromisos y el mercado.
Ahora el objetivo es producir más alcoholes, más rones, más electricidad, más derivados para vender en el mercado interno y el foráneo; más comida, más de todo lo que pueda hacerse, y siempre desde una filosofía y conducta amigables con la naturaleza.
Se trata, además, “de que haya una autonomía real de las empresas, donde los directivos, sus consejos de dirección y sus trabajadores tomen decisiones propias y no tengan que estar consultando “arriba”, defendió el viceprimer ministro Jorge Luis Tapia Fonseca, que participó en el encuentro junto al miembro del Buró Político y vicepresidente de la República, Salvador Valdés Mesa, y el integrante del Secretariado del Comité Central y jefe de su departamento Agroalimentario, Félix Duarte Ortega.
“Los directores de las empresas agroindustriales azucareras tienen que pensar como empresarios y desarrollar ideas que les permitan incrementar los ingresos”, enfatizó Tapia Fonseca, para quien el modelo de gestión de estas entidades tiene que partir de la propia empresa, de sus directivos y trabajadores.
Julio García Pérez, presidente del Grupo Empresarial Azucarero (AZCUBA), se refirió por su parte a todas las potencialidades que ofrecen al sector las diferentes decisiones que ha ido adoptando la dirección del país para favorecer al sector empresarial (con sus 43 medidas), al sector agropecuario (63) y al sector agroindustrial azucarero en sí (con sus 93 medidas).
Salvar, transformar, avanzar
Tácticas y estrategias para la zafra 2022-2023 y las que están por venir.
Cerca de una veintena de directivos, especialista, expertos y científicos explicaron el trabajo que realizan en sus ámbitos. Abundaron en dificultades y limitaciones, pero también en los resultados. Ponderaron a su vez las potencialidades que tiene el sector, las cuales, señaló el Presidente de la República, “si las sabemos aprovechar iremos a un momento diferente en la producción cañera-azucarera y sus derivados”.
Díaz-Canel reiteró la voluntad política, del país, para salvar al sector, encontrar las soluciones que demanda y a partir de ahí salir a transformar y avanzar. “Entre todos hemos ido apropiándonos de un grupo de ideas que ahora tenemos que ser capaces de implementar, y tenemos que hacerlo bien y de manera rápida”, dijo.
En una síntesis sobre la situación actual del sector, el Primer Secretario del Comité Central del Partido explicó que para entender esta, lo primero es comprender que desde el inicio de la Revolución dicho sector ha sido muy afectado por el bloqueo del Gobierno de EE.UU., que lo ha hecho —denunció— con toda intención, “porque ellos saben lo que significa la agroindustria azucarera para nuestro país”.
Al hacer una caracterización del sector, el Jefe de Estado reflexionó, en primer lugar, sobre el estado de las plantaciones cañeras. “Con el período especial —repasó—, la escasez de insumos nos fue llevando a lo que yo considero ha sido un proceso de “involución tecnológica” y en el que empezamos a tener cada vez menos caña, aunque a pesar de ello, por voluntarismo, tratábamos de mantener los mismos niveles de producción de azúcar.
“En estos años nos fuimos “comiendo” más caña de la que se debía, y después no sembrábamos la que se necesitaba, y así hemos llegado a un momento donde las plantaciones están en una situación sumamente compleja.
“No hemos podido lograr los balances de siembra de primavera y frío que se necesitan, ni la adecuada composición de cepas para poder escalonar bien los cortes y que los centrales funcionen los días de zafra necesario para lograr estabilidad y eficiencia. Entonces —resumió— hoy la principal materia prima está totalmente deteriorada”.
Sobre las industrias, señaló que estas también se nos fueron deteriorando durante estos años. Las reparaciones cada vez fueron más incompletas, más malas, y (ahora) estamos en un momento en el que casi no reparamos bien ningún central, casi ninguno tiene balance de recursos, (pero a pesar de ello también) seguimos con un voluntarismo tremendo, tratando de hacer una zafra que desde que la planificamos sabemos que es imposible cumplir, dijo. Desde el año 2012 —expuso— no se cumplen los planes de zafra; y cada zafra en los últimos años da menos producción de azúcar.
Esta es —concluyó— “la situación que tenemos. Hemos llegado a un círculo vicioso. Queremos hacer más; queremos crecer, esa es la voluntad, pero cada vez tenemos menos caña y cada vez los centrales están más deteriorados”.
Estrategia de zafra 2022/2023… Y para las que vienen
Julio García Pérez, presidente del Grupo Empresarial Azucarero (AZCUBA), se refirió por su parte a todas las potencialidades que ofrecen al sector las diferentes decisiones que ha ido adoptando
Al rechazar que se siga trabajando de la misma manera, el Presidente Díaz-Canel explicó que las zafras tendrán ahora un nuevo enfoque, y este empezará con la contienda 2022/2023. Esta zafra —dijo— será tal vez pequeña, pero se hará solo con los centrales que estén en mejores condiciones, de forma tal que tengan el mayor balance de recursos posibles.
Molerán los que tengan más posibilidades, los que tienen más caña, y con ellos vamos a producir el azúcar que necesita el país para su consumo. Al mismo tiempo —agregó—, en todos los centrales vamos a ir sembrando caña, recuperando plantaciones, estableciendo estrategias de diversificación y reparando de forma paulatina.
La zafra 2022/2023 tenemos que cumplirla; será decorosa, la haremos con dignidad y nos tiene que dejar un ambiente de victoria en el sector, reflexionó Díaz-Canel. Y los centrales que no muelan —reiteró— seguirán teniendo vida, se seguirán desarrollando, apostando al futuro, y así en cada zafra venidera iremos incorporando más y más centrales, porque habrá más caña, habrá más posibilidades de producir y estaremos entonces creciendo y desarrollándonos.
“Si no lo hacemos así —acotó—, seguiremos con el actual voluntarismo y en dos zafras no habrá caña para hacer azúcar en Cuba. Esa es la realidad, es una realidad dura, pero ese lujo no podemos dárnoslo, porque este país se distingue, entre otras cosas, por producir azúcar”.
El sector azucarero —agregó el Primer Secretario— tiene una importancia enorme para nosotros; primero es parte de la cultura de este país, de la historia; está en la tradición de lucha de nuestro pueblo, con líderes como Jesús Menéndez; forma parte de nuestras luchas contra la colonia, contra la neocolonia y de la lucha revolucionaria. Y los centrales han sido y son la vida de los bateyes azucareros, que son poseedores de una identidad, de un sentido de cubanía, de una pertenencia.
Azúcar: energía y potencia
En el intercambio con representantes del sector cañero-azucarero, el Primer Secretario del Comité Central del Partido enumeró algunas de las enormes potencialidades del ramo, que empiezan por sus más que demostradas capacidades para producir un sinnúmero de productos para la alimentación humana y animal, y la capacidad de generar decenas de derivados (más de cien están creados en Cuba), aunque —señaló Díaz-Canel sobre esto último— no hemos terminado de desarrollar la industria de derivados.
Esta agroindustria, además, continuó enumerado:
—Genera energía eléctrica a partir de fuentes renovables, con una capacidad instalada en turbogeneradores de 449 MW. Si ahora esos equipos estuvieran produciendo electricidad, no tuviéramos apagones; al contrario, nos estuvieran sobrando unos 200 MW, acotó Díaz-Canel. Y todavía no hemos llegado a aprovechar todo lo que nos pueden dar la biomasa, el bagazo, la paja, o los biodigestores…
—Genera fondos exportables. El azúcar no puede seguir siendo el único rubro que dé la producción cañero-azucarero; hay otros muchos que se pueden exportar o que pueden sustituir importaciones, aclaró.
—Genera empleo. El sector ocupa a más de 180 000 personas de forma directa; o sea, contando a sus familias, más de 700 000 cubanas y cubanos viven de la producción cañero-azucarero, subrayó el Presidente. Tenemos una potencialidad de recursos humanos tremendo, independientemente del éxodo que ha habido en los últimos años. En el sector hay técnicos e ingenieros, altamente calificados, innovadores, que están dando soluciones, casi sin recursos, a pie de industria.
—Genera insumos para encadenamientos con procesos productivos de otros sectores.
Luego de enumerar otras potencialidades, concretas, tangibles, que tiene el sector, el Presidente de la República señaló que todo esto lo podemos y lo tenemos que hacer aplicando los conceptos de desarrollo sostenible a todo lo que hacemos.
La agroindustria azucarera —reflexionó— posee unas posibilidades tremendas para desarrollar un sistema productivo que favorezca el medioambiente, que sea compatible con él; que sea totalmente sustentable en lo económico y también que aporte a lo social, a lo cultural de nuestra nación.
Por otra parte —continuó analizando—, tenemos una enorme potencialidad en las tierras. Hoy disponemos de menos tierra dedicada a la caña que en otros momentos, pero hay una parte que ni tiene caña ni la destinamos para otras producciones. Hoy hay más tierras improductivas que en otros momentos; y en esas tierras hay potencialidades para producir caña y para producir comida.
También hay muchas potencialidades —agregó— en el aprovechamiento óptimo de las semillas de caña y sus variedades, porque disponemos de valiosos estudios en esta materia; en el uso de las biofábricas, en la aplicación de los resultados biotecnológicos en la caña de azúcar. En Cuba —agregó— tenemos potencial científico suficiente para dar respuestas a los problemas de la producción cañero-azucarera, pero no lo hemos sabido aprovechar. Entonces, también hay que apoyar a los centros de investigación y a sus científicos.
Por otra parte —agregó— en momentos como los actuales, cuando tenemos poco dinero para comprar, para invertir, para importar, no podemos sentarnos a esperar fertilizantes, ni herbicidas. En el sector cañero tenemos que ir a la agroecología, y la vida está demostrando, con investigaciones que se han ido aplicando en otros cultivos, que se pueden lograr buenos rendimientos cañeros con prácticas agroecológicas y el uso de bioproductos.
Al mismo tiempo —sumó a la lista de potencialidades que tiene el sector— tenemos un sistema de gestión de gobierno basado en ciencia e innovación que puede potenciar muchísimo al sector azucarero y que puede lograr, con la participación de todos, fortalecer una verdadera interconexión entre las universidades, los centros de investigación, las empresas cañero-azucarera, los productores de todo tipo de gestión y propiedad, y el desarrollo local.
Por otro lado —explicitó—, tenemos que buscar una cultura del detalle en nuestras fábricas de azúcar; en ellas lo que se producen son alimentos; entonces, no pueden ser lugares sucios, feos. La azucarera tiene que ser una industria más ordenada y bella, tiene que tener un buen ambiente, tiene que mostrar cultura.
Las prioridades primero
Productores y especialistas participaron en el debate.
Al enumerar un grupo de prioridades que tiene que defender el sector y que son consenso, Díaz-Canel enunció:
—Sembrar y resembrar mucha caña.
—Demoler en este año las plantaciones de cañas viejas, de muy bajos rendimientos en azúcar, y utilizarlas para la producción de energía, alcohol, guarapo u otros fines.
—Fortalecer la capacitación del personal, en especial a los nuevos trabajadores. En este año, cuando no van a moler determinados centrales, tenemos —orientó Díaz-Canel— que capacitar a los que van a hacer las próximas zafras y hacerlo con programas bien diseñados, teórico-prácticos, con las mejores experiencias, y que la impartan los mejores especialistas.
—Diversificar las producciones. En las unidades cañeras —señaló— también hay que sembrar cultivos varios, frutales, producir madera, establecer módulos pecuarios y producir alimento animal. Y en los centrales, dar servicios a la población. También tenemos —añadió—  que desarrollar la acuicultura, la industria de materiales de la construcción, la construcción de viviendas para los trabajadores; las minindustrias para producir todo lo que se pueda, desde helados a guarapo y raspaduras.
—Mejorar el entorno de los bateyes y las comunidades agrícolas, porque —enfatizó— no puede hablarse solo de lo productivo y dejar que lo social se nos quede detrás; los bateyes tienen que ser lugares bonitos, donde haya todo tipo de servicios, que tengan una buena arquitectura.
—Continuar desarrollando la mecanización, pero también retomar e impulsar la tracción animal.
Al fijar otras prioridades, el Presidente se refirió al necesario fortalecimiento de la empresa estatal cañera-azucarera y su adecuada relación con las formas productivas cooperativas y privadas, que no pueden ser —aclaró— de ordeno y mando. También debe ser prioridad la atención a las trabadoras y trabajadores, en especial a los jóvenes.
Finalmente, el Primer Secretario del Comité Central del Partido retomó ideas y pensamientos del líder histórico de la Revolución cubana, Fidel Castro Ruz, incluyendo lo que calificó —a pesar de que el Comandante en Jefe la dijo en los años 60 del pasado siglo— como una sentencia que abarca todo lo que se necesita y hay que hacer en la agroindustria azucarera en los momentos actuales:
“Lo que sí le importa al pueblo —señaló Díaz-Canel citando a Fidel— es que haya alimentos, eso sí le importa al pueblo; que haya carne, que haya grasas, que haya huevos, que haya granos, que haya ropa, que haya zapatos; es decir, que haya medios para vestirse, calzar, educarse (…) para eso lo que hay es que producirlos (…) es decir que tenemos que garantizarlo nosotros, trabajando, produciendo, prestando el máximo empeño en explotar los recursos que están en nuestras manos”.
A esto, agregó el Presidente de la República, “es a lo que yo le digo resistencia creativa. Y está dicho desde los años 60 por Fidel”. Y “creo que si trabajamos así —agregó— vamos a tener más caña, una zafra más larga y más eficiente, más derivados, más producciones, más comida, más exportaciones, más satisfacción, más bienestar para los trabajadores, más desarrollo del país; y, en fin, más socialismo, y para eso contamos con ustedes”, señaló el Primer Secretario del Comité Central del Partido y Presidente de la República a los trabajadores azucareros.

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La historia intelectual que necesitamos

Hay que felicitar a La Tizza por su iniciativa de abrir espacio a análisis sobre algunos proyectos intelectuales que existieron en la postrevolución cubana, y que terminaron, en todos los casos, sacrificados en el altar de la intolerancia y la pasión totalitaria. A modo de inventario recordaré, aparte de los emblemáticos Pensamiento Crítico y CEA, a Paideia, al Proyecto Castillo, Magín, Habitat Cuba, entre otros.
Creo, sin embargo, que hacerlo con artículos como el de Luis Suárez (LS) sobre el CEA, es contraproducente. Sucede que estos temas son cuartos llenos de humo, y el referido artículo lejos de abrir una ventana, insufla más humo. Aunque no sería honesto si me declarara un fan del pensamiento y la actuación de LS —ni hace un cuarto de siglo, ni ahora— debo reconocer sinceramente sus méritos.
Fue en los años del CEA un hombre valiente, un funcionario letrado que consiguió poses intelectuales meritorias, aun cuando nunca fue —ni es— un intelectual, a menos que echemos mano a la socorrida metáfora gramsciana de «intelectual orgánico» y le agreguemos una aclaración: frustrado por las rigurosidades partidistas.
Asimismo, lo que es en cierta medida meritorio, ha sido también un hombre fiel al sistema político cubano, al que acostumbra a denominar unas veces «revolución», otras «socialismo», o, estirando más: «marxismo cubano». Conmueve su permanencia al lado del «partido» al que concibe cual una entelequia, que para él resume una utopía pero que en la vida real le reprimió y reprimió a su familia, le desposeyó de medios de vida, lo calumnió y humilló de manera pública. Realmente, LS se conduce como lo haría un monje con fe en una doctrina.
Probablemente por eso, la historia que LS nos propone es la antihistoria del CEA. Se trata de un relato de incidentes y hechos como sacado de un informe a una asamblea de balance, con la semi-carta de Raúl Castro subiendo y bajando. Su objetivo fundamental es jurar lealtad y querer demostrar que el CEA —es decir, él— siempre fue leal y orgánico a «la Revolución». Solo por eso el artículo es farragoso. Pero hay algo peor que el aburrimiento: la retinosis ideológica y la falsedad.
Luis Suárez Salazar
Las fotografías de Stalin
LS manipula la historia del CEA, y hace lo que Stalin —y todos sus herederos— hacían con las fotos y las memorias: retoques discriminatorios y eliminación de lo inconveniente. Nunca menciona a figuras importantes como Camilo Domenech, subdirector por varios años e impulsor de algunos pasos progresistas como la revista y la computarización. Tampoco a Gerardo González, quien fue investigador del CEA por diez años y dejó toda una obra dedicada al Caribe.
Cita la participación de Aurelio Alonso en una investigación sobre municipios que dirigí —y es cierto, y agradezco a Aurelio su excelente disposición— pero Gerardo lo hizo por tres años: ¿su contribución no fue válida? Omite a Alberto Álvarez, quien llegó a ser jefe de departamento, y escribió, junto a Gerardo, un libro en 2001 sobre el proceso CEA —Intelectuales vs Revolución— que, gústele o no, es una referencia obligada. ¿Por qué esas omisiones?
A Maurizio Giuliano lo denosta vulgarmente, a pesar de que su libro —El caso CEA: Intelectuales e inquisidores en Cuba— se basó en documentos que alguien del CEA le dio, y que todos celebramos al saberlo. A mí me cita mucho, ¿qué remedio?, pero obvia una parte de mi obra, por ejemplo, un libro sobre la participación en Cuba, un artículo que hizo coyuntura acerca de la reestructuración del consenso, y mis proyectos enfocados en movimientos comunitarios que habían logrado una interesante sinergia con activistas sociales de lo que entonces veíamos como una naciente sociedad civil.
Luego me dedica dos párrafos propios de un apparatchik decepcionado, pero que imagino necesarios para su rito de pasaje hacia la «familia revolucionaria». Me describe saliendo del país por decisión propia, como un traidor a la comunidad nacional, y un falsario reiterado y agresivo contra quienes fueron los colegas del CEA. Obviamente no voy a descender al lodazal de LS, excepto para aclarar dos cuestiones, diría que metodológicas.
Solo recuerdo haber publicado un artículo sobre la historia del CEA, que los lectores pueden leer y contrastar con los juicios de LS. En él, y en otros asuntos colindantes en los que he opinado, siempre abordo el tema con absoluto respeto a todos los participantes, porque francamente creo que, matices aparte, todos se comportaron a la altura del momento. Lo cual, y esto debe quedar claro, no me exime de la responsabilidad intelectual de criticarles cuando se alinean con posturas lamentables referidas a la política interna y exterior del gobierno cubano.
Deseo igualmente reafirmar el único punto que LS no adultera: respecto a los inquisidores que nos violentaron, ocasionaron la muerte de un querido colega y nunca se han disculpado, siempre mantendré una posición pública de profundo desprecio y hostilidad sin cuartel. Si LS ha decidido mantener con ellos una relación de conformidad y armonía para ser reingresado a la «familia revolucionaria», que lo haga.
Yo lo entiendo cuando ofrece una tierna reflexión sobre el pensamiento del presidente cubano Díaz Canel,  que, según afirma, nos convocó a todos «con la mirada puesta en el futuro», a seguir pensando para «dotar a la nación de un cuerpo teórico indispensable a este momento preñado de urgencias»; pero le ruego que no me evalúe desde mi incompatibilidad con ese ejercicio de genuflexión masoquista.
El Centro de Estudios sobre América, en La Habana. (Foto: Cubaencuentro)
¿Era el CEA orgánico políticamente a algo en Cuba?
 El informe burocrático de LS pretende demostrar que éramos orgánicos a la «revolución» y al «socialismo» cubanos, solo que no fuimos comprendidos y los compañeros de la dirección política cometieron un error que más adelante subsanaron con darnos buenas opciones de empleos y algunas medallas. En el mejor de los  casos, ese es un desvarío de LS. Primero, porque en los noventa ya no había Revolución cubana. Ella terminó en la primera mitad de los sesenta y fue sucedida por una etapa postrevolucionaria basada en los subsidios soviéticos. Lo que vivíamos en los noventa era la desintegración de ese «pacto» postrevolucionario.
En consecuencia, ni la Revolución, ni la postrevolución fueron nunca socialistas, pues esta cualidad se define por la socialización del poder, y lo que vivimos en esos años fue una brutal concentración totalitaria del poder y el aniquilamiento de todo espacio social autónomo, incluso de las familias. Hoy no es fundamentalmente diferente, solo que el Estado no puede hacerlo como antes, la sociedad no quiere ser como antes y la movilidad social que la postrevolución garantizó se realiza principalmente fuera del país.
Entonces, lo confieso, todos creímos que éramos orgánicos a algo en el sistema, pero en realidad no lo éramos. Los dirigentes que nos visitaban —Hart, Prieto, Alarcón, Robaina, Ross, etc—, lo hacían por pura curiosidad y como una suerte de ducha herética entonces de moda. Las pocas puertas que se nos abrían —yo entré por algunas de ellas— eran iniciativas que nada decidían.
Nos toleraron hasta 1996 por la crisis y por dos razones. La primera, que estaban anonadados ante el estropicio que habían creado. La segunda era más prosaica: el CEA fue una fuente de ingresos, en particular desde mis proyectos. Por ejemplo, todos los meses yo firmaba un recibo por 1,2 mil dólares que eran teóricamente mi salario, los cuáles pasaban a las arcas del PCC. Y cada trabajo de campo, que hacíamos con viáticos escuálidos en pesos, y alojados en lugares muy poco saludables; aparecían en los informes de proyectos con fuertes viáticos en moneda dura y hospedados en hoteles respetables. De esta forma, yo compraba mi derecho, y el de mi equipo, a investigar y eventualmente a opinar.  
Por otro lado, el CEA no era homogéneo intelectualmente. Había un grupo de economistas, cuya figura más brillante era Pedro Monreal, que abogaba por un socialismo de mercado (Nove, Kornai, Elson), y que publicó un libro que hizo coyuntura sobre la reforma de la economía cubana. No eran tecnócratas, sí diría que socialdemócratas, y estoy seguro de que si hubieran prestado atención a Carranza, Pedro y Luis, hoy Cuba fuera mejor. Pero ese grupo convivía con otro, donde me incluyo, más inclinado a la izquierda, que centraba su atención en las cuestiones de la democracia, la participación y los poderes comunitarios, y que también publicó varios libros de fuerte influencia, a pesar de que muchos ejemplares fueron destruidos en 1996.
No obstante, en esta convivencia contradictoria no existían brechas insalvables, pues en última instancia estábamos dispuestos a reconocer que la solución cubana pasaba por un uso más intenso del mercado, solo que con espacios autónomos de gestión y contestación social para contrarrestar sus efectos. Rememoro al respecto una frase de Pedro, ellos abogaban por «tanta participación como fuera posible». Aunque marchábamos por sendas diferentes, sostuvimos algunos debates que siempre recordaré con aprecio por la altura de los argumentos y que fueron vitales para mi formación profesional.
En este sentido, el CEA se encaminaba a madurar como una «comunidad epistémica», influyente en el ámbito público en que nos movíamos y con una atención creciente de la sociedad. Recuerdo que el mismo día, a principios de marzo, en que nos comunicaron la decisión del Buró Político de prohibir los estudios de Cuba en el CEA, habíamos concluido un taller sobre economía comunitaria al que asistieron unas sesenta personas, incluyendo alcaldes, activistas comunitarios, etc. Curiosamente, fue esa la actividad que primero impugnaron en una reunión previa al ataque del V Pleno del Comité Central.
No obstante, nuestro radio de acción era limitado y, sobre todo, retráctil, de manera que cuando sonó la alarma del V Pleno, todos los «amigos» desaparecieron. Algunos festejaron la oportunidad de beneficiarse con algunos rastrojos institucionales (por ejemplo, el control de LASA), la mayor parte se escondieron, y los pocos que nos visitaron lo hicieron furtivamente, como para dar el pésame. En resumen, no teníamos partisanos sino transeúntes curiosos.
 Esto plantea un drama que han encarado los proyectos intelectuales críticos en Cuba: la inexistencia de una «opinión pública» y de espacios sociales autónomos; en consecuencia, ellos solo duran mientras el sistema consienta la crítica. Es la historia de Pensamiento Crítico y del CEA, aun cuando entre ambos existe una diferencia crucial en cuanto a sus propósitos. Pensamiento Crítico sí fue orgánico a tendencias políticas que aún operaban en la postrevolución temprana (1965-1971); el CEA nunca lo fue. Todo un tema a discutir.
(Imagen: Cedinci)
¿Qué análisis se necesita?
Lejos de los recuentos burocráticos, sugeriría un debate basado en el aborto de las comunidades epistémicas y el costo que ello ha tenido para el pensamiento social cubano. Nuestro principal lastre siempre ha sido la dificultad para establecer vínculos con la sociedad, siquiera académica. La Universidad de La Habana, conservadora como sus casi tres siglos, nunca nos abrió las puertas, y cuando entrabamos por alguna rendija era para hacerlo según reglas acordadas. Siempre hablamos a medias para garantizar la sobrevivencia, por esa razón éramos más conocidos y mejor evaluados fuera de Cuba, pues era allá donde teníamos los mejores podios y nos expresábamos con mayor libertad.
Hoy la situación ha variado en un sentido: existen mayores espacios autónomos, unos consentidos por el sistema —como fue Cuba Posible y continúan siendo los Jueves de Temas—, y otros arrancados a la fuerza, oposicionistas, que comienzan a usar el espacio público, esencialmente virtual, como lugar de acción. Reconozco el mérito de los primeros y admiro profundamente a los segundos. Cabría preguntarse dónde estaría aquel CEA, si aún existiera, y no encuentro una respuesta. Posiblemente porque treinta años después habría tenido que desaparecer, fuera por implosión interna o por el desgaste de la propia vida.  
Y aquí termina mi nota. Deseo éxitos a La Tizza por su iniciativa, y no menos a Luis Suárez, a quien, de paso, recomiendo que deponga eso que Nietzche llamaba «la pasión del resentimiento» y que evidentemente está dañando su juicio e imagen, y, como un favor personal, que no me siga usando para sus ejercicios de paleo de lodo. Si no tiene más remedio que hacerlo, que lo haga en otra dirección.
***
Comentario al artículo de Luis Suárez Salazar, «El Centro de Estudios sobre América (CEA): Apuntes para su historia».

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