HAVANA CLIMA

UN Association Regrets Visa Delay for Cuban Journalists

Havana, May 4 (ACN) The UN Correspondents Association (UNCA) described as inexplicable the delay by the United States in issuing visas to journalists with Prensa Latina Latin American News Agency...

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61 Serie: Villa Clara se pone a dos pasos del play-off

Los anaranjados de la pelota cubana, Villa Clara, continuaron su buen paso camino a la postemporada de la 61 Serie Nacional de Béisbol, al vencer a su similar de Artemisa, otra vez por lechada, seis carreras a cero. Con esta victoria, los dirigidos por el mentor Pedro Jova, se ponen a dos triunfos del ansiado boleto que los ubicarían séptimos en la tabla de posiciones y a los tuneros como rivales directos. No obstante, todavía tienen que esperar a las dos victorias. Este 19 de mayo jugará su último choque ante Artemisa y luego le queda un pendiente ante Mayabeque.

En la jornada de ayer en el Sandino de Santa Clara, los locales consiguieron su quinta sonrisa consecutiva de la mano del zurdo Oscar Hernández. En seis entradas completas retiró a cinco bateadores por la vía de los ponches y apenas regaló dos boletos. La faena la completó otro zurdo, Pedro Manuel Castillo.

Con esta victoria ante Artemisa, Villa Clara ascendió al noveno lugar, con balance de 38-35, desplazando a los Cachorros de Holguín al décimo puesto. Otro que espera por la actuación de Villa Clara es Pinar del Río, pues si estos flaquean en una sola ocasión, serán los Vegueros los clasificados al play-off.

En cuanto a la ofensiva, los “anaranjados” de la pelota cubana facturaron una anotación en el inicio y un paquete de cuatro en la segunda entrada para marcar distancia desde temprano. Los artemiseños no mostraron mucha resistencia ante el potencial ofensivo de los locales.

Los mejores de Villa Clara, con el madero, fueron Juan Carlos López y Cristian Rodríguez, quienes compilaron de 4-2 cada uno. Este 19 de mayo, desde las 10 de la mañana, el astro del pitcheo villaclareño, Freddy Asiel Álvarez, buscará la tercera victoria de los locales en sus predios del Sandino.

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El conflicto Cuba-EEUU desde el umbral del siglo XXI

Foto. APEl presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, lamentó el fallecimiento del destacado intelectual Esteban Morales, ocurrido en la ciudad colombiana de Medellín, a causa de un infarto cardíaco. “Duele la sorpresiva muerte de Esteban Morales. Extrañaremos su inteligente, incisiva y comprometida evaluación de los problemas de nuestra época”, expresó el mandatario en su cuenta de Twitter. Asimismo trasmitió sus condolencias a familiares, amigos y a la intelectualidad cubana, que “Esteban Morales prestigió con su obra”. El mandatario cubano se sumó así a los numerosos pronunciamientos de intelectuales, instituciones y pueblo en general por la pérdida a los 79 años de edad del reconocido politólogo y ensayista.
En homenaje a este destacado intelectual cubano, Cubadebate publica su texto “El conflicto Cuba-Estados Unidos desde el umbral del siglo XXI”, publicado el 30 de noviembre del 2021.
***
Algunos antecedentes históricos
El conflicto entre Cuba y Estados Unidos no comenzó en 1959, como particularmente muchos ideólogos de este último país pretenden hacernos creer. Ese conflicto comenzó desde principios del siglo XIX (1805-1823), cuando las Administraciones norteamericanas pusieron en cautiverio preventivo a la nación que un día emergería de la entonces colonia caribeña de España. [1]
Es de sobra conocido que desde esa época Estados Unidos ya había diseñado la política a seguir con Cuba. Esta última tenía como núcleo esencial apoderarse de la Isla, conjuntamente con la Isla de Pinos y demás cayos e islas adyacentes, haciendo de ellas una extensión del territorio continental de la emergente nación norteamericana.
Cuba, según la concepción de las élites de poder norteamericanas de la época, era el resultado de la sedimentación de las arenas del Mississippi en el Golfo de México. Concepción geopolítica que aún, con sus variantes modernas, se mantiene.
Tales ideas estuvieron siempre presentes y, con muy limitadas excepciones, formaron parte del pensamiento de los Padres Fundadores de la nación norteamericana, por lo cual la lucha que Cuba ha tenido que librar por más de 200 años para llegar a ser una nación independiente no ha sido solo contra una clase política o un conjunto de sus Administraciones, sino contra una cultura política dominante, dentro de la cual el archipiélago cubano, siempre aparece como parte del territorio continental de la nación norteamericana y que hace aparecer como legítimo todo lo que se haga por recuperarla, después de que la Revolución cubana, en guerra desigual, se la arrebató a Estados Unidos.
La llamada Doctrina de la Fruta Madura, como corolario complementario de tal teoría, expresaba que Cuba debía permanecer en las manos de España y que, al liberarse de ella, caería en manos de Estados Unidos, como una fruta madura, desprendida del árbol de España. Ese principio primó en lo adelante en el comportamiento de ese país respecto a la Isla, guiando la actitud de las élites políticas norteamericanas, dentro de los acontecimientos que tuvieron lugar en Cuba durante todo el período colonial y a posteriori, hasta 1959.
A organizar esta política se dedicaron casi todas las Administraciones norteamericanas, desde Thomas Jefferson (1801-1809), hasta William Mc Kinley (1897-1901) y Teodoro Roosevelt (1901-1909), que fueron los que finalmente lograron coronarla con el triunfo al apoderarse de la Isla. [2]
Mientras ello no tuvo lugar, ¿qué hicieron entonces las Administraciones norteamericanas, particularmente durante el periodo colonial?

Trataron de comprar la isla de Cuba a España en no menos de seis ocasiones.
Desarrollaron una política hacia Cuba, dirigida a sustituir a España en las  relaciones económicas con la Isla, de modo que esta pasó a tener una relación neocolonial con Estados Unidos, antes de dejar de ser colonia de España.
Se opusieron denodadamente a que Cuba quedara enrolada en los procesos independentistas de América Latina. Recordemos los frustrados esfuerzos de Simón Bolívar en 1826. [3]
Después de formular la política de la fruta madura, diseñaron la Doctrina Monroe, “América para los americanos”. A modo de afianzar su posición frente a las intenciones de Inglaterra, especialmente, por apoderarse de Cuba.
Colaboraron abiertamente con España para evitar los intentos de los independentistas cubanos, desde el territorio de Estados Unidos, denunciando las actividades de los patriotas y frustrando sus  expediciones, entre otras.
Presionaron sobre España para que esta concediera la autonomía a Cuba, como un modo de crear las condiciones internas en la Isla, para su posterior  anexión.
Una vez iniciada la primera guerra de independencia en Cuba 1868-1878 y la segunda, 1895-1898, desconocieron sistemáticamente a las instituciones independentistas de la Isla, el Ejército Libertador, la Asamblea, etc. A tal punto llegó ese desconocimiento, que prefirieron donar el dinero para el licenciamiento del Ejercito Libertador, antes que reconocer a la Isla concediéndole un empréstito para tales fines.
Inventaron el incidente de la voladura del acorazado Maine para intervenir en la Guerra Cubano-Española. Pues todo parece indicar que se trató de un autogolpe, o al menos, obra de un descuido irresponsable y programado.
Manipularon la llamada Resolución Conjunta, aprobada por el Congreso norteamericano, convirtiéndola en un simple instrumento de intervención. [4]
Se inventaron una guerra que les permitió tratar a sus colaboradores, el Ejército Libertador, como enemigos y a los españoles, autonomistas y burócratas de la administración colonial, como aliados. A las tropas cubanas que colaboraron no les sería permitido entrar en Santiago de Cuba y después se enterarían de esa infamia.
El Tratado de París, por medio del cual España abandonaba Cuba, fue firmado solo por Estados Unidos y España, sin la presencia de los patriotas cubanos.
Engañaron, manipularon, extorsionaron y se aprovecharon de las debilidades, sobre todo filoanexionistas, de personalidades como Tomás Estrada Palma, Gonzalo de Quesada y otros, para finalmente licenciar el Ejército Libertador y disolver el Partido Revolucionario Cubano, fundado por José Martí. Estrada Palma cobró el favor, accediendo a la presidencia de la Isla, a pesar de ser ciudadano norteamericano.
Finalmente, implantarían la funesta Enmienda Platt a la Constitución de 1901, imponiendo el tipo de relaciones que debían existir con Cuba y bajo este contexto negociaron las relaciones con la Isla.

Estados Unidos sin embargo, no logró anexarse a Cuba. La tozudez de España de no venderle la Isla todas las veces que se lo propuso, y las consecuencias que dejaron tres guerras de independencia en la conciencia y el cuerpo de la nación, impidieron que Cuba pasara a ocupar un lugar similar al de Puerto Rico. 
Comienza a modificarse el escenario
Resultó algo diferente, cuando Estados Unidos formulaba su política para arrebatarle la Isla a España, a cuando a partir de 1898 tomó el control de Cuba, diseñando una república conveniente a sus intereses; a lo que tuvo lugar a partir de 1959, cuando una revolución nacional liberadora, agraria y antimperialista, tomó el poder en Cuba, comenzando a variar el modelo de república y de relaciones, que Estados Unidos había diseñado y aplicado por casi más de sesenta años.
Se trataba entonces, de que la república comenzaba a remodelarse a sí misma, a partir de una voluntad popular interna, en la que por demás, Estados Unidos no solo perdía su capacidad de influir en los destinos políticos de Cuba, sino que perdía claramente la capacidad, como hasta ese momento, de facturar en Washington los asuntos importantes, e incluso, no tan importantes, de la vida nacional cubana. Eso fue algo mucho más allá de lo que las élites políticas de ese país, estaban en condiciones de entender y sobre todo de aceptar.
Estados Unidos frente a la Revolución cubana triunfante
Comenzaba un período nuevo para Cuba en sus relaciones con Estados Unidos.
La Revolución cubana triunfó en 1959, al final del segundo mandato de la Administración de Dwight E. Eisenhower (1953-1961).
Todos los instrumentos de la Guerra Fría, inaugurada por el famoso memorando NSC-68 de George F Kennan, las reminiscencias de la llamada Doctrina Truman y otros legados recibidos por la Administración Eisenhower, matizaron el panorama político de la época. [5]
Eisenhower había apoyado el régimen del dictador Fulgencio Batista, desde que asumió la jefatura de Estados Unidos en 1953, por lo cual no estaba en condiciones de entenderse con la Cuba que emergía a partir de enero de 1959.
Es por ello, que el advenimiento del triunfo revolucionario no llevó a un nuevo diseño de la política norteamericana hacia Cuba, sino su continuidad, dado que el equipo presidencial que había fracasado tratando de hallar una alternativa para frustrar la toma del poder por las fuerzas revolucionarias, era el mismo que tenía entonces que entendérselas con la Cuba de Fidel Castro.
Eso explica que la política agresiva desplegada ya desde 1958, para sustituir al dictador Fulgencio Batista por un “candidato plausible”, ahora se empleaba con la pretensión de eliminar al máximo líder de la Revolución cubana, y que el núcleo rector de tal política fuera entonces: “… Si no pudimos evitar que tomaran el poder, al menos podemos impedir que lo consoliden”. [6]
Luego, la actividad contrarrevolucionaria de Estados Unidos contra Cuba había comenzado antes del triunfo de la Revolución cubana, y entre 1959-1961 se caracterizó por el diseño y puesta en práctica de un conjunto de concepciones, medidas y acciones, entonces dirigidas a evitar a toda costa la consolidación de la toma del poder político por las fuerzas revolucionarias en Cuba.
Tales pretensiones políticas y acciones agresivas abarcaron un espectro tan amplio, que más de 60 años después prácticamente no hay nada nuevo que diseñar o poner en práctica para agredir a Cuba, que ya no haya sido puesto en práctica por la Administración de Eisenhower en esos años [7].
Es decir, la esencia de la matriz política que las Administraciones norteamericanas han continuado aplicando contra Cuba hasta hoy (excepto en las Administraciones de James Carter y Barak Obama) surgió con la Administración de Dwight E. Eisenhower [8].
La política de Kennedy
Hacia el comienzo de la Administración de J.F. Kennedy, se puso de manifiesto que con Cuba nada cambiaría. Durante la campaña, el nuevo presidente había calificado a los contrarrevolucionarios como “luchadores por la libertad”, pidiendo apoyo para ellos y asumiendo los planes de invasión heredados de Eisenhower.
La CIA, entonces, asumió un astuto juego para liderar los planes de invasión y enrolar a Kennedy lo más posible en ellos, tratando de que el presidente se viese finalmente obligado a lanzar a los marines contra Cuba.
El 3 de enero de 1961, el Gobierno norteamericano ya rompía relaciones con la Isla, lo cual era una aspiración también heredada de la Administración anterior.
Kennedy no solo siguió las acciones diseñadas por su antecesor, sino que también aportó el llamado “libro blanco”, donde se situaba a Cuba como un “satélite de la URSS”, como “revolución traicionada” y “peligro presente en el hemisferio”, continuando junto a ello la política de sabotajes, ataques piratas y planes de asesinatos contra los líderes de la Revolución. [9]
La invasión de Girón, en particular, a pesar del factor sorpresa, fue un rotundo fracaso para la Administración Kennedy, lo que le permitió al presidente comprobar que sus preocupaciones respecto a las instituciones de su Gobierno no eran infundadas y hasta qué punto había sido mal asesorado e incluso engañado por sus colaboradores más cercanos.
Girón (Bahía de Cochinos para los norteamericanos) fue una derrota de Estados Unidos en su confrontación con la Revolución cubana, un descalabro para el aparato institucional, en particular el de la defensa, agravado esto por la visión idílica que Kennedy tenía de la CIA. La estructura de poder vertical no funcionó, como tampoco funcionó la intención del presidente de que el Pentágono fiscalizara la preparación de la invasión, por haber sido esto siempre obstruido por la CIA.
Si el plan de la invasión de Girón había sido asumido por el presidente como una herencia, la derrota se convertía en una fuerte humillación personal, de la cual Kennedy sentía que debía desquitarse. [10]
Por tanto, la dirección cubana, como resultado del descalabro sufrido por Kennedy, estuvo siempre consciente después de que algo muy serio y en gran escala se preparaba contra Cuba; que los preparativos avanzaban y que las fechas de una posible invasión armada, apoyándose en el ejército norteamericano, coincidían con los días finales del mes de octubre de 1962. En esta ocasión, la sorpresa de Girón no funcionó, Cuba se preparaba para lo que sabía se avecinaba. Y la ex-Unión Soviética también. [11]
La llamada entonces Operación Mangosta, el plan subversivo más grande puesto en marcha contra Cuba después de Girón, funcionaba como un instrumento de ablandamiento, que debía preparar las condiciones para la operación en gran escala contra la Isla. [12]
Por tanto, consideramos que de no haber estado precedidos de esos peligros mortales que se cernían sobre Cuba, los cohetes nucleares de alcance medio nunca habrían emergido como una alternativa para la defensa de la Revolución. Ni aun con la aspiración de buscar el equilibrio estratégico, pues el precio a pagar por el peligro de los cohetes en Cuba solo era asimilable sobre la base de que ellos sirvieran para equilibrar el poderío nuclear estratégico del campo socialista con el de Estados Unidos, pero, al mismo tiempo, para desempeñar un fuerte papel disuasivo-defensivo frente a las entonces claras y comprobadas intenciones de Estados Unidos de invadir a Cuba en gran escala. [13]
Lo que comúnmente es conocido como Crisis de los misiles no comenzó ni duró el tiempo que los cohetes permanecieron en Cuba (al decir de Robert Kennedy, 13 días), sino que se prolongó más allá y fue la consecuencia de la acumulación de todos los actos de agresión que Estados Unidos había desplegado contra Cuba.
Constituyó un error moral, ético y político-estratégico de la dirección soviética dejar a Cuba al margen de la negociación con Estados Unidos para la retirada de los cohetes. De no haberlo hecho así, ello habría servido a la URSS para fortalecer su posición frente a Estados Unidos.
Además de lograr quedar bien con su aliado estratégico, aunque fuera un país pequeño, tal y como correspondía a las relaciones entre Cuba y la URSS, y a la confianza que la dirección cubana había depositado en ella.
Como si fuera poco, habría sido posible vencer a Estados Unidos en la confrontación política producida por la crisis, [14] dado que, tanto política como moralmente, Cuba tenía pleno derecho a contar con las armas necesarias para su defensa, aunque se tratara de cohetes nucleares y estuviesen a 90 millas del territorio de Estados Unidos.
De haber prevalecido la concepción cubana, esgrimida desde el principio por Fidel Castro (tanto respecto a la instalación de los cohetes, de no hacerlo en secreto tratando de engañar a Kennedy, como sobre los términos y el momento en que debió negociarse su retirada por la URSS y Estados Unidos), la conclusión de la Crisis de Octubre hubiese servido de base para resultados de fondo en el desenvolvimiento ulterior de la confrontación Cuba-Estados Unidos, [15] evitando así, como ocurrió, que Kennedy sacara el mayor provecho moral político de esa confrontación, cuando, al haber sido históricamente el agresor de Cuba, no lo merecía.
Los indicios de las percepciones que se tenían sobre la conclusión y los acontecimientos políticos que llevaron a la Crisis de Octubre, no podemos definirlos en su totalidad. Sin embargo, todo parece indicar que J.F Kennedy era lo suficientemente inteligente como para darse cuenta de que él no había sido el triunfador en esa crisis, sino que Kruschov era el que la había perdido.
Pensamos que en 1963 J.F. Kennedy fue lo suficientemente agudo como para percatarse, poco tiempo antes de ser asesinado, de que las experiencias de la confrontación con Cuba habían sido lo suficientemente aleccionadoras como para tratar de buscar un nuevo modo de entenderse con la Isla, aunque ello no fuera utilizado para variar su estrategia contra el vecino país.
Habían transcurrido casi cinco años de ardua, agresiva y peligrosa confrontación entre ambos países. Los ingentes esfuerzos de Eisenhower por derrocar a la Revolución desde la cuna, las bandas contrarrevolucionarias operando dentro de Cuba, particularmente en el Escambray, la invasión de Girón, la feroz campaña internacional, radial, televisiva y propagandística para desacreditar a Cuba y excluirla del hemisferio expulsándola  de la OEA, el feroz bloqueo económico, la Operación Mangosta y la Crisis de Octubre no habían sido suficientes. Casi todo había sido probado para destruir a la Revolución Cubana. ¿Qué más se podía hacer, sino tratar de explorar la posibilidad de convivir con un país socialista a 90 millas de las costas de Estados Unidos?
Al parecer, eso pensaba J.F. Kennedy cuando envió al periodista Jean Daniel a conversar con Fidel Castro. Entrevista que se estaba celebrando en Varadero precisamente el fatídico 26 de noviembre de 1963, cuando, como resultado de una conspiración, J.F. Kennedy era asesinado en Dallas.
¿Buscaba entonces Kennedy, realmente, un nuevo modo de entenderse con Cuba, aceptando la existencia de la Revolución cubana, o exploraba el modo de fraguar una nueva estrategia política, sin dejar de lado el objetivo esencial de derrocar la Revolución?
Sobre ese particular no tenemos una reflexión por parte de Fidel Castro, y ya el presidente Kennedy no lo podrá esclarecer. Tal vez la desclasificación de los documentos de su asesinato aporte algo en el futuro. Pero esa acción ya ha sido varias veces pospuesta, incluso recientemente por el actual presidente Joe Biden. La pregunta continua sin respuesta. [16]
No obstante, lo cierto es que el gesto de Kennedy quedó como un antecedente de lo que otra Administración demócrata, la de James Carter (1977-1981), retomaría más tarde.
Sin dudas, los años 1959-1963 dejaron un conjunto de acontecimientos que marcaron pautas insoslayables para el análisis de la confrontación entre Cuba y Estados Unidos. Pareciendo como si la muerte de Kennedy hubiese truncado la posibilidad de comenzar una etapa nueva, que finalmente, por razones obvias, no sabemos lo que pudo haber producido. [17]
Sintetizar lo que ocurrió después no puede entrar en el breve espacio del que disponemos para este ensayo. Sin embargo, cinco parámetros básicos o constantes históricas nos ayudaran a comprender, al menos de modo general, que fue lo que tuvo lugar. Estas constantes, a mi entender, son las siguientes:

La agresividad ha sido siempre la constante fundamental del conflicto entre ambos países.
Cada Administración norteamericana ha querido siempre imprimir su sello en la política hacia Cuba.
El foco de la política (interno o externo) ha sido un factor importante al momento de determinar el tipo de medidas e instrumentos utilizados dentro de la confrontación.
Siempre que Estados Unidos ha tenido algo de su interés en negociar con Cuba, se rompe el bloqueo ideológico y ambos van a la mesa de negociaciones.
Cuando la extrema derecha de la llamada comunidad cubana considera o percibe que se está produciendo algún acercamiento entre ambos países, actúa para eliminar toda posibilidad de mejoramiento en las relaciones.

Nos referiremos sintéticamente a algunas de estas constantes.
La agresividad de la política
En lo que a la agresividad se refiere, esta ha sido una constante, excepto dentro de la Administración de James Carter en general y de Barak Obama, en particular, aunque el resto de las Administraciones no ha logrado superar la agresividad desplegada por las de Eisenhower y J.F.Kennedy. [18]
Incluso, con posterioridad a los años sesenta, el factor militar ha estado como espada de Damocles pendiente sobre Cuba, pero no se ha concretado en una invasión, aunque los más criminales sabotajes contra bienes y personas han sido contenidos permanentes de la agresividad desplegada, para confirmar que el compromiso de Kennedy de no invadir a Cuba no ha significado que esta no haya sido constantemente agredida por Estados Unidos y sus lacayos.
Si cada Administración ha tratado siempre de imprimir su sello en la política hacia Cuba, casi todas han mantenido la agresividad como factor permanente de ese sello.
Dentro de esa constante, la importancia de la Administración Carter es que resultó un precedente importante para cualquier perspectiva de negociación del conflicto entre Cuba y Estados Unidos.
Durante la Administración Reagan también, paradójicamente, a pesar de su agresividad, se negociaron dos de los asuntos más importantes: migración y el conflicto en África austral.
Pero Reagan, en particular, no fue más allá de los aspectos puntuales de su interés según el momento, incluso tomándose entonces el trabajo de aclarar que tales negociaciones no representaban cambios en las relaciones entre ambos países. [19]
Sin embargo, el periodo de Carter, más allá de los aspectos negociados, fue un punto de inflexión en el conflicto. Se negociaron asuntos particulares, pero, a diferencia del periodo de Reagan, también se trabajó por mejorar el contexto político y en particular de confianza dentro del cual se negociaba. [20]
La experiencia de las negociaciones entre los dos países evidenciaba que se puede llegar a ciertos acuerdos en asuntos puntuales, pero si el contexto político que rodea esas negociaciones es negativo y no es superado, los acuerdos finalmente se afectan. Razón por la cual solo sobrevivió hasta hoy, de los acuerdos de 1977, el establecimiento de las Oficinas de Intereses, firmado el 1 de mayo de 1977 y puesto en práctica el 1 de septiembre del mismo año.
Sin dudas, en 1977, durante la Administración Carter, se tenía una comprensión bastante precisa de cómo podrían arreglarse las cosas entre los dos países. [21] Junto a la negociación de asuntos puntuales de la agenda: aguas territoriales, pesca y otros, se daban también pasos moderados y recíprocos, cuya importancia consideramos era la creación de un clima de confianza y distensión mutua.
La Administración Carter representó la excepción, al desplegar una política dirigida a cambiar el curso, aunque no la estrategia, de las relaciones entre ambos países. Las conversaciones celebradas entre ambos Gobiernos durante su mandato, de los años 1977 a 1980, evidenciaron el interés de ambas partes por encontrar puntos de coincidencia, mientras se realizaban negociaciones puntuales sobre todo aquello en lo que se podía avanzar. [22]
Pero, aunque esa Administración fue un punto de inflexión en las relaciones entre ambos países, los condicionamientos que trataba de imponer Estados Unidos, relativos a la actividad internacional de Cuba, finalmente dieron al traste con la posibilidad de continuar avanzando en un mejoramiento de las relaciones. [23]. Estados Unidos insistía en alterar el curso de la política exterior cubana, en especial, la actitud de Cuba ante el movimiento revolucionario en Centroamérica y sus relaciones con la URSS.
Hasta ahora, esa fue la única Administración norteamericana durante la cual hubiese sido posible mejorar las relaciones entre ambos países. Pero esa posibilidad quedó frustrada. Z. Brzezinsky la frustró y el presidente Carter, junto a Cyrus Vance, se dejó llevar. [24]
El foco de la política
Si observamos sintéticamente hacia dónde ha mirado la política norteamericana sobre Cuba a lo largo de estos casi más de 60 años de confrontación entre ambos países, nos podemos percatar de que el foco de esa política ha variado en diferentes periodos históricos.
Durante todo el periodo colonial, la actividad de Estados Unidos se concentró en dos aspectos fundamentales:

Evitar a toda costa que Cuba pudiera pasar a otras manos. Debía mantenerse bajo el control de España, hasta pasar a ser poseída por Estados Unidos.
Acosar a España para que le vendiera la Isla a Estados Unidos o le concediera la autonomía.

De 1953 a 1959, Estados Unidos se concentró en la dinámica interna de la sociedad cubana.
Hasta diciembre de 1958, mientras más avanzaba la lucha de las fuerzas revolucionarias contra la dictadura de Fulgencio Batista, haciendo evidente su triunfo, la Administración Eisenhower incrementaba el apoyo a la dictadura batistiana.
Cuba, entonces, no representaba, desde el punto de vista de su política exterior, ningún interés para la Administración de turno. Podemos percatarnos que tal política se desplegó en dos periodos fundamentales:

Un primer periodo dentro del cual se trató de penetrar el movimiento revolucionario con agentes de la CIA, que mantuvieran al tanto a la Administración norteamericana de lo que estaba sucediendo, mientras apoyaba a la dictadura.
Un segundo periodo en el que, habiéndose percatado de que Batista no podría resistir el empuje de las fuerzas revolucionarias, la Administración se concentró en la búsqueda de una “alternativa plausible”, que le permitiera sustituir a Batista por una junta cívico-militar, dar un golpe de Estado o realizar una invasión militar. [25]

De 1959 a 1965, periodo de las Administraciones de Eisenhower, (1953-1961), John F. Kennedy (1961-1963) y el primer periodo de Lindon B. Johnson (1963-1969), se concentraron en la situación interna de Cuba.
Particularmente, Eisenhower lo hizo bajo el principio básico de que “…Si no les había sido posible frustrar la toma del poder por parte de las fuerzas revolucionaria, al menos impedirían que esas fuerzas se consolidaran en el poder…”, para lo cual esa Administración se concentró en desplegar todas las acciones imaginables para lograr sus objetivos. [26]
Dentro de ese periodo, y ya bajo la Administración de J.F. Kennedy, se continuaron profundizando las acciones internas, la ejecución de la invasión de Girón, el Plan Mangosta, las bandas contrarrevolucionarias, junto a la Crisis de Octubre, que fue el resultado del interés y despliegue de todas las acciones dirigidas a derrotar o invadir a Cuba en gran escala.
Tales acciones contrarrevolucionarias internas se prolongaron con posterioridad al asesinato de Kennedy, hasta la derrota de la contrarrevolución interna, en 1965.
El foco de la política norteamericana hacia la dinámica interna cubana se comportaba como una cuestión de prioridad, lo cual no quiere decir que no se prestara atención por parte de Estados Unidos al impacto externo que la Revolución cubana podía tener, especialmente en América Latina. Razón por la cual, por medio del llamado Libro Blanco, particularmente, fue desplegada una ardua y agresiva campaña, dirigida a proclamar a Cuba como incompatible con el sistema interamericano y expulsarla de la OEA en 1962.
Sin embargo, todo ello actuaba como un complemento de la agresividad, pues lo fundamental, el carácter agresivo de esa política, estaba en la actividad contrarrevolucionaria armada interna, cuyo objetivo fundamental era aplastar sangrientamente el régimen revolucionario de Cuba.
De 1965-1986. Durante estos años, que abarcan desde la parte final de la Administración de Lyndon Johnson (1963-1969) hasta el comienzo de los dos últimos años de la Administración de Ronald Reagan (1981-1988), es decir, hasta 1986, el activismo revolucionario externo de la Revolución cubana determinó que la política norteamericana, sin dejar de prestar atención a los asuntos internos de Cuba, se concentrara fundamentalmente en su presencia internacional.
Las Administraciones de Nixon (1969-1974), Ford (1974-1977) y Carter (1977-1981) fueron particularmente agresivas en cuanto a seguir muy de cerca el activismo internacional de Cuba, prestando mayor atención a este foco externo de la política, aunque Carter combinó esa agresividad con la búsqueda de un entendimiento con Cuba.
La participación del Che en Bolivia y la de Cuba en África, esta última reforzada a partir de 1975; la ayuda cubana a los movimientos revolucionarios en Centroamérica y su activismo en el Movimiento de los Países no Alineados y el Grupo de los 77, determinaron que el foco de la política en esos años se concentrara en la presencia internacional de Cuba. La Isla, a partir del comienzo de los años setenta, avanzaba, incluso económicamente, y su situación interna no tenía atractivos particulares para tratar de desestabilizarla desde adentro.
Comenzaron así los condicionamientos que se le exigían a Cuba para tener buenas relaciones con Estados Unidos, consistentes en:

Romper sus conexiones con la URSS. [27]
Dejar de ayudar a los movimientos revolucionarios en general y en Centroamérica en particular.
Retirar sus tropas de África.

Por supuesto, tales condicionamientos representaban también una aceptación tácita de que la Revolución cubana se comportaba como un proceso que presentaba un alto nivel de consolidación en lo interno, por lo que se consideraba que los esfuerzos fundamentales para derrocarla habría que realizarlos en el plano de su accionar internacional.
Tales condicionamientos de la política han perseguido siempre a Cuba en sus relaciones con Estados Unidos, aunque fueron particularmente agudos a partir de la segunda etapa de la participación de Cuba en África, coincidentemente con el conflicto en Centroamérica y el liderazgo cubano en el Movimiento de Países No Alineados y el fortalecimiento de la colaboración con la Unión Soviética. [28]
De 1986 al 2008. El comienzo de la segunda mitad de los años ochenta marcó un periodo nuevo en la confrontación entre Cuba y Estados Unidos. [29]
Acontecimientos tales como:

El paulatino proceso de derrumbe del campo socialista y la caída de la URSS en 1991 y el resto de los países socialistas.
La crisis económica cubana, que, comenzando oficialmente en 1989, ya había venido avanzando desde 1987, a partir de las dificultades que se manifestaban en el intercambio económico externo de la Isla, especialmente con el campo socialista y la URSS en particular.
Las causas 1 y 2 por corrupción y narcotráfico, que estallaron en medio de la crisis económica de 1989, en lo que se conoció como el Verano Caliente.
Las múltiples dificultades socioeconómicas internas que afectaron seriamente el nivel de vida de la población cubana.

La combinación entre las llamadas causas 1 y 2, y la situación provocada por la crisis económica interna, en particular, producían una valoración en las esferas de la política de Estados Unidos hacia Cuba, bajo una percepción que no daba oportunidad alguna de que la Isla lograría sobrevivir tal situación.
Se consideraba en las esferas políticas de la Administración (concluía su mandato Ronald Reagan y comenzaba George Bush padre) que en Cuba había dos crisis internas que se retroalimentaban mutuamente: una crisis económica considerada como irreversible y otra crisis en la esfera política, que tocaba a los más altos niveles del poder, lo que la Administración de George Bush hijo pretendió exacerbar con su campana de que la más alta dirección del país estaba metida en el narcotráfico.
A partir de entonces, se concebía que el momento por el que Cuba atravesaba era el más idóneo de los últimos 30 años para producir el derrocamiento de la Revolución.
Entonces, la negativa dinámica interna de la sociedad cubana comenzó a ser el pivote sobre el cual comenzaron a girar casi todas las acciones de la política norteamericana, apoyándose esta en las medidas siguientes:

Reducir a su mínima expresión la posibilidad de que Cuba hallara nuevos socios y mercados en el entorno internacional, impidiendo a toda costa su reinserción económica internacional.
Aprobar la llamada Ley Torricelli, en 1992, que, al mismo tiempo que eliminaba el comercio de Cuba con filiales de empresas norteamericanas en terceros países, logrado durante los años ochenta, proveía los pasos, mecanismos e instrumentos para hacer avanzar la llamada “subversión pacífica interna”. [30]
Se desataba una feroz campaña dirigida a demostrar que las más altas autoridades cubanas estaban enroladas en el narcotráfico, tratando de demeritar totalmente las fuertes medidas tomadas por el Gobierno y el liderazgo político de la Revolución. [31]
Ajustar la política norteamericana a la situación de emergencia que significaba el potencial derrumbe de la Revolución cubana, fenómeno que debía producirse bajo el modelo de la Rumania de Ceacescu. [32]
Mientras que la Ley Torricelli llegó en 1992 para frustrar el comercio internacional de Cuba, el paquete legislativo de la llamada Ley Helms Burton tenía como objetivo esencial frenar toda posibilidad de que Cuba articulase e hiciera avanzar las relaciones con el capital extranjero. [33]

Al mismo tiempo, se adoptaban las medidas necesarias para revitalizar la llamada “subversión pacífica interna”. Los temas de derechos humanos, democracia y economía de mercado tomaban un papel central en las exigencias que se hacían y aún se hacen a Cuba. 

Con el advenimiento de la Administración de George Bush hijo y el derribo de las Torres Gemelas del World Trade Center, Cuba pasaba a formar parte del grupo de los 60 “rincones oscuros del mundo”, acusada de participar en el terrorismo y, por tanto, objeto de la más agresiva estrategia desatada por la política norteamericana, que solo recuerda la agresión a Vietnam o la Crisis de Octubre.
En el 2004, la denominada Comisión Powell producía el Informe que orientaba cómo debía producirse la transición de la Isla, viéndose este posteriormente reforzado por la intervención de Condoleezza Rice. Otros intentos ya se habían hecho. Pero estos documentos contaban con un denominado anexo secreto y con la intención de acelerar el llamado proceso de la transición de Cuba hacia el pluripartidismo, la democracia liberal y la economía de mercado, bajo una estrategia de cambio de régimen. [34]

A partir de entonces, se ha adueñado y fortalecido dentro de la política norteamericana una percepción que pone los asuntos de la dinámica interna de la sociedad cubana en el centro de las acciones, mecanismos e instrumentos para derrocar la Revolución. Existe entonces un inventario de asuntos, tal vez cambiantes hacia el futuro, sin los cuales el conflicto entre Cuba y Estados Unidos se nos haría hoy incomprensible.
Tales asuntos son, a nuestro entender, los siguientes:

El papel determinante que la dinámica interna de la sociedad cubana se observa continuará protagonizando en la política de Estados Unidos contra Cuba.
La insistencia de Estados Unidos por perseguir la proyección externa de la política cubana, dondequiera y de cualquier signo con que esta sea desplegada por el liderazgo político de la Isla, junto a la continua actividad de Estados Unidos por desprestigiar a la Revolución cubana. [35] [36]
La actividad encaminada a la eliminación física del máximo líder de la Revolución cubana.
El trabajo de los formuladores de política hacia Cuba, dentro de las Administraciones norteamericanas, por mantener a nivel de instrumentos, de todos los dispositivos e instituciones, una matriz agresiva única, de política para subvertir a Cuba, promovida también a nivel internacional en correspondencia con el proceso de internacionalización del conflicto entre ambos países.
El permanente accionar para endurecer la política de bloqueo contra Cuba por medio de la persecución de los viajes y las sanciones y multas financieras, así como los obstáculos a las inversiones y a las relaciones comerciales. Es cierto que la Helms-Burton quitó al presidente la potestad de manejar la política de bloqueo, trasladándola al Congreso, pero la Administración puede tomar medidas punitivas, como el endurecimiento de las condiciones del comercio, la restricción a las remesas y los viajes en ambas direcciones.
La continua alianza entre las Administraciones norteamericanas y los sectores de la derecha cubanoamericana por hacer del Congreso de Estados Unidos un instrumento de permanente legislación contra Cuba.
El permanente interés por profundizar el carácter transnacional de la agresividad económica contra Cuba.
El accionar de las Administraciones norteamericanas por mantener y fortalecer a los sectores de extrema derecha de la llamada comunidad cubana en Estados Unidos, brindándoles las facilidades que les permitan agredir a la Revolución cubana, tanto dentro de los Estados Unidos como en el extranjero, conectándolos con la llamada disidencia interna en Cuba.
Mantener una permanente actividad de propaganda contra la Revolución cubana, principalmente desde los dispositivos de las mal llamadas Radio y TV Martí.
Estados Unidos se esfuerza continuamente por mantener una coordinación ideológica y política con sus aliados, especialmente los europeos, que, más allá de las discrepancias respecto a la política hacia Cuba existentes en el campo económico, los mantenga articulados a una estrategia política para subvertir la Isla, reforzando este mecanismo con la articulación de una política contra Cuba, dentro de la cual un grupo de expaíses socialistas que, liderados ahora por los checos y otros desde el Parlamento Europeo, mantengan una perenne labor de hostigamiento contra Cuba a nivel internacional. [37]

La Revolución cubana lucha y tendrá que continuar luchando contra todos los escenarios anteriormente esbozados, tomando en consideración, además, que Estados Unidos se ha propuesto restaurar su ya afectada hegemonía y, sobre todo, recuperar los espacios perdidos en su histórico traspatio, y que Cuba ocupa un lugar destacado dentro de esa estrategia agresiva.
Algo han cambiado las cosas desde que comenzó este conflicto, pero la agresividad continúa, aunque la maquinaria no haya logrado funcionar como Estados Unidos la diseñó. Cuba se ha defendido.
Estados Unidos diseñó una política contra Cuba para un mundo en que, si cambiaba, a Cuba no le daría tiempo a sobrevivir para verlo. Pero resulta que hoy es Estados Unidos el que está bastante aislado con su política hacia la Isla, lo que se manifiesta en las resoluciones contra el bloqueo en Naciones Unidas. Cuba, por su parte, avanza, incrementando su capacidad de defenderse de manera integral. [38]
No obstante, hoy la permanente tozudez de Estados Unidos por armarse, mantener la llamada guerra contra el terrorismo y haber activado recientemente la Cuarta Flota para que se pasee por los mares del hemisferio, son el síntoma más evidente de las intenciones de la extrema derecha norteamericana hacia el futuro inmediato.
Esperamos que los desafíos que Estados Unidos tiene ante sí, que son muchos y disímiles, le hagan reflexionar acerca de la necesidad de rectificar o al menos moderar el rumbo.
Al ganar la presidencia en el 2008 el candidato demócrata Barak Obama, se abrió una nueva incógnita acerca de cómo este podría manejar la política hacia Cuba. [39]
Pero Obama no fue el peor momento para Cuba, como ya hemos explicado. Cuando esa Administración dejó la presidencia, entró Donald Trump, con una agresividad particular que aún sufrimos y que la llevó a planos estelares, produciendo la aceleración de la aplicación de la política de bloqueo, con 243 medidas contra Cuba, tomadas en tiempo récord dentro de su Administración. De tal modo, que las remesas, que casi nunca había sido tocadas, fueron eliminadas, y la aplicación del Título III de la Ley Helms-Burton, que nunca había sido aplicado, comenzó a funcionar, por lo que la herencia dejada a Biden parecía increíble de mantenerse.
Biden, que había compartido la política de Obama hacia Cuba, engañó a todos con su promesa de campaña de que mantendría la política hacia Cuba de la Administración de la cual había sido vicepresidente.
Haciendo caso omiso de una política que entonces ya consideraba como fracasada, Biden no solo retorna a la agresividad de los peores años de las relaciones entre ambos países, sino que de modo casi inmediato se comporta peor que Trump, habiendo escogido para ello el peor momento de Estados Unidos, tanto desde el punto de vista interno como externo.
La situación de Cuba es actualmente en extremo difícil, dado que la Isla, además, transita por una coyuntura  económica muy compleja, en la que el bloqueo la atenaza más que nunca y que Biden aprovecha para trata de darle nuevos aires a la contrarrevolución interna.
Sin embargo, no tiene Biden la mejor situación para tirarse de nuevo contra Cuba, que lucha denodadamente para levantar su economía, paulatinamente supera la pandemia y disfruta de un nivel de solidaridad internacional, incluso interna en los propios Estados Unidos, como nunca antes.
Por lo que Biden sufre las críticas por su política hacia Cuba, especialmente entro de su propio país, y Cuba se defiende, avanzando en la superación de sus dificultades. Mientras que el Estados Unidos de Biden cada día se hunde más en las incapacidades para solucionar su crítica situación interna y sufre los descalabros de su fallida política exterior, en la que su reciente retirada de Afganistán le ha dado un dolor de cabeza espectacular.
Aquejado además de incapacidades físicas y mentales, Biden no logra estabilizar al país económica, política ni socialmente. Arrastra las contradicciones con los aliados heredadas de Trump, al mismo tiempo que se le achica el espacio en su histórico traspatio.
No se trata de jugarle a las esperanzas, sino de que realmente Biden parece estar repitiendo la misma historia con Cuba.
Notas: 
[1] Se conoce que desde los años del comienzo de Estados Unidos como nación, cuando aún eran solo 13 colonias en la costa este, ya se producían incursiones que trataban de ocupar territorio en la Isla.[2] Tal vez con la excepción de Abraham Lincoln, sobre el cual, se desconoce que personalmente haya sostenido tal actitud respecto a Cuba.[3] Se conoce de los esfuerzos del Libertador Simón Bolívar, al calor del Congreso de 1826 por enrolar a Cuba en los procesos de la Independencia Latinoamericana.[4] El 19 de abril de 1898; pero en ella, mientras se consignaba la entrada de las tropas norteamericanas, sin embargo, no decían cuando se irían. Lo cual la convirtió en un instrumento de manipulación casi perfecto.[5] Para ampliar sobre este aspecto, ver: Carlos Alzugaray, “Crónica de un Fracaso Imperial “, Editorial Ciencias Sociales, 2000, pp.47-69.[6] Eisenhower se caracterizó siempre por el aquello de “Gatica María Ramos”, la que tira la piedra y esconde la mano”. Siempre interesado en tener la posibilidad de desmentir si se le acusaba de algo.  De él se conoce el término de las llamadas “razones plausibles”.[7] Para ampliar ver: Esteban Morales, Revista Cuba Socialista No. 25, 2002, pp.4-6.La invasión por Playa Girón, fue diseñada por la Administración de Eisenhower; Kennedy la recibió como herencia.[8] En el breve espacio de que disponemos, solo podremos caracterizar a muy grandes rasgos tal continuidad de política, según las Administraciones, sintetizando los aspectos más relevantes.[9] Para ampliar, ver Esteban Morales, Cuba Socialista No. 25, pp. 9-10.[10] Para ampliar, ver Esteban Morales, Cuba Socialista No. 25, pp. 12-13-[11] Para ampliar sobre esto ver: Esteban Morales “Crisis de los Misiles o Crisis de Octubre”. Revista Contracorriente No. 20, 2004.[12] Para ampliar, ver Esteban Morales, Cuba Socialista No. 25, pp. 15-20[13] Para ampliar, ver Esteban Morales, Cuba Socialista No. 25, pp. 24-26[14] Para ampliar Ver: Esteban Morales: ¿Crisis de los Misiles o crisis de octubre? Revista Contracorriente No. 20, La Habana, Cuba, 2004, pp.20-24[15] Para ampliar Ver: Esteban Morales, “Crisis de los Misiles o Crisis de Octubre “, Revista Contracorriente No. 20, 2004, La Habana, Cuba, pp.20-22.[16] Fidel Castro ha hablado sobre este asunto .Incluso tuve la oportunidad de participar junto a Senador George MacGover, y los profesores Fred Holbord y Richard Wallace en una conversación en 1985, en la que el jefe de la revolución se refirió a la Crisis de octubre, a insistencias de sus interlocutores, pero no dijo nada al respecto. Fidel Castro siempre ha tratado con mucho respecto a J.F.Kennedy. Para ampliar ver: Ignacio Ramonet. “Cien Horas con Fidel “. Tercera Edición. Publicaciones del Consejo de Estado, La Habana, 2006, pp.307-329.[17] Cualquier análisis del Conflicto Cuba- Estados Unidos se hace incomprensible sino se va a eso tumultuoso e iniciales años.[18] Tal parece que George Bush –hijo quisiera superar los límites, pero el contexto actual los impone y resulta más ruido que nueces.[19] Se trata solo de asuntos puntuales, que no representaron nada para el mejoramiento de las relaciones entre ambos países, las que eran particularmente tensas entonces. Ese fue un momento en que se percibió como cercana la posibilidad de una invasión a Cuba.[20] No obstante desde 1977 Fidel Castro tenía la preocupación de que las realidades políticas de Estados Unidos, a pesar de la actitud de Carter, impedirían normalizar las relaciones entre ambos países.[21] Ver: Memorando, Robert Pastor, a Zbigniew Brezesisnky, Consejo de Seguridad Nacional, 8 de marzo de 1977, Washington DC.[22] Cuba y Estados Unidos negociaron hasta el mismo año de 1980.Ver: Conversaciones, entre Petter Tarnoff  y Fidel Castro, 16 y 17 de enero de 1980.Dpto. de Estado Washington DC.[23] Ver: Memo, Brezezinsky al Presidente Carter, Titulado: La URSS y Etiopia…31 de marzo de 1978, Anexo Clave, Washington D.[24] Ver: Memo, 19 de marzo de 1977.Washington DC.[25] Desde siempre Estados Unidos le “sacó las castañas del fuego “a las élites políticas en Cuba, de aquí la confianza que siempre tuvieron de que en Cuba no podría ocurrir nada, que cuestionara el poder de Estados Unidos de mediar siempre de una manera exitosa.[26] Ver. Cuba Socialista, No. 25, pp. 3-6[27] Esta exigencia era una falacia basaba en la apreciación de que Cuba era un satélite de la URSS, usándola para desacreditar a Cuba. Sin embargo, ellos sabían que Cuba tenía una política exterior propia. Ver: Nota Confidencial. Memorando de Análisis Presidencial, NSC-6, 23 de mayo de 1978, firmado por Zbiniew Brezesinsky, punto 5.[28] A Estados Unidos le preocupaba especialmente la colaboración militar entre Cuba y la URSS en África.[29] Para ampliar ver: Revista Economía y Desarrollo 34, La Habana, Cuba 1996, pp. 91-111.[30] El comercio de Cuba con las filiales no representaba más de un 15 %, pero se trataba de productos que llegaban tarde, o no era posible obtenerlos en el mercado socialista. Se dice que la llamada Ley Torricelli encerraba el eclecticismo, de que al mismo tiempo que eliminaba el comercio, inducía medidas de acercamiento que permitieran desplegar el llamado Carril II.[31] Las fuertes medidas adoptadas por Cuba contra ante el fenómeno del narcotráfico, con el fusilamiento de altos oficiales de las FAR y del MININT eran demeritadas; Se acusaba a los líderes de la revolución de estar enrolados en el delito y se desataba una fuerte campaña dirigida a desacreditar a Cuba.[32] El derrumbe debía sobrevenir y se llenaron los hoteles de periodistas que lo esperaban. Rumania era el modelo que se avizoraba; el periodista norteamericano-argentino, Andrés Openhaimer, publicaba entonces, “La Hora final de Castro “.[33] Pero la llamada Helms-Burton llegaba más bajo el síndrome del temor de que en 1996 ya la economía cubana había salido de la crisis económica, comenzaban a llegar las inversiones extranjeras y había que frenar a toda costa el proceso de reinserción económica de Cuba .De aquí que las amenazas contenidas en el capítulo del Trafico, para sancionar a los potenciales inversionistas y la amenaza de negar las visas a los empresarios extranjeros que negociaran con Cuba, formaban el contenido esencial de esta ley, especialmente promovida por la derecha cubano-americana y alentada su firma, dentro de la Administración Clinton, a partir de la provocación que trajo como consecuencia el derribo de las avionetas de Hermanos al Rescate el 24 de febrero de 1996.[34] Con tales medidas, la agresividad de la política norteamericana hacia Cuba ha retornaba a los peores momentos que es posible recordar y la Isla volvía a estar amenazada de sufrir una agresión militar por parte de Estados Unidos.[35] A diferencia de lo que ocurrió en otras Administraciones, la actual de George Bush hijo, no permite la más mínima disidencia respecto a la política hacia Cuba, habiendo logrando crear un dispositivo dentro del cual todos actúan en la misma dirección contra la Isla.[36] La política norteamericana no ve con buenos ojos la labor humanitaria de Cuba en el mundo, comportándose ante ella, prácticamente, como algo amenazante para la hegemonía de Estados Unidos. De aquí los múltiples obstáculos que pone para que Cuba pueda desplegar esa labor.[37] Los aliados de Estados Unidos, no lo siguen en la política de no tener relaciones economizas con Cuba. Esos son los casos particulares de Canadá, Inglaterra y otros, pero si comparten la estrategia norteamericana de hostigar a Cuba para hacerla cumplir los condicionamientos en terminas de derechos humanos, pluripartidismo y las llamadas elecciones libres.[38] Los procesos que tiene lugar en América Latina han venido en auxilio de Cuba, que ya no está sola. Estados Unidos tiene que emplear sus fuerzas en muchas direcciones, ya no las puede concentrar todas en Cuba.[39] Ver del Autor, Dossier La Jiribilla, diciembre del 2008.
(Tomado del Blog del autor)

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Cuba, la Cumbre de los Pueblos y antidemocracia de EE.UU.

Negar la visa a la delegación cubana invitada a la Cumbre de los Pueblos en Los Ángeles reafirma el carácter poco democrático de cómo Estados Unidos maneja su política exterior, advirtió el activista Manolo de los Santos.

Los que estamos coordinando el evento, que sesionará de forma paralela a la IX Cumbre de las Américas, del 8 al 10 de junio, teníamos mucha esperanza de poder compartir con los cubanos, expresó el director de la organización The People’s Forum.

Para De los Santos, «se cortó una gran oportunidad de generar el diálogo que la cita oficial estaba excluyendo».

Muchos jóvenes, a pesar de la negativa del presidente Joe Biden, habían hecho esta invitación —dijo—, pero no es el fin de nuestra lucha por mantener siempre abiertas las líneas de comunicación con el pueblo cubano.

Para nosotros, este hecho es preocupante porque, pese a que la administración Biden anunció medidas, aunque limitadas, son positivas en relación con Cuba, apuntó.

Sin embargo, esta decisión de negativa de los visados «nos demuestra que no hay un interés mayor por realmente normalizar las relaciones entre ambos países y pueblos», enfatizó.

De los Santos opinó que, si bien la administración Biden retomará remesas, reautorizará viajes pueblo a pueblo y el programa de reunificación familiar y ampliará los servicios consulares en su embajada en La Habana, entre otras disposiciones, «las normativas del bloqueo en general siguen funcionando igual».

En entrevista exclusiva días antes, comentó que, como la IX Cumbre está marcada por la exclusión y la imposición de una agenda política, la «nuestra reunirá diversas voces de todas las Américas».

Varios movimientos políticos y sociales de América Latina y una amplia participación de diferentes sectores en Estados Unidos se darán cita en esa urbe de California.

«Tenemos una coalición de más de 150 organizaciones en Estados Unidos y en Los Ángeles que apoyarán y movilizarán para esta Cumbre de los Pueblos», añadió.

Entre las 23 personas de la sociedad civil de la isla a quienes se les impedirá viajar al encuentro están la reconocida científica y médica cubana Tania Crombet, el ganador de medalla olímpica Reineris Salas, el líder estudiantil cristiano Jorge González y otros, incluidos periodistas, artistas, sindicalistas y líderes comunitarios.

«Hacemos un llamado a la administración de Joe Biden y a su embajada en La Habana para que reviertan su decisión», señaló The People’s Forum tras la noticia.

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Fallece intelectual cubano Esteban Morales en Colombia

El intelectual y académico cubano Esteban Morales, uno de los impulsadores del intercambio castrista con Latin American Studies Association (LASA) de EE.UU, falleció este 18 de mayo en Colombia, a los 79 años, víctima de un paro cardíaco. Según su hijo, Ernesto Morales, radicado en Estados Unidos, el académico estaba de visita en el ciudad de Medellín en el momento del deceso. Morales detalló que la muerte ocurrió en horas de la mañana de ese día.

“Amigos y conocidos, en efecto, esta mañana falleció mi padre Esteban Morales Domínguez, en la ciudad de Medellín. En los últimos meses, tuvo la oportunidad de estar con sus tres nietos y sus hijos. Tanto mi madre Katia como mi hermana Gisela (en Cuba), mi hermano Esteban y yo agradecemos las preocupaciones de todos”, precisó a través de su perfil de Facebook.

“Mi padre tuvo una vida para celebrar y estamos tranquilos de haber estado mi madre y dos de sus hijos juntos a su lado, en el momento que sucedió. Agradecemos en nombre de toda la familia las palabras y muestras de apoyo que hemos recibido en el transcurso del día. Gracias a todos”, añadió.

Esteban era graduado de Economía, pero incursionó en varias disciplinas a favor del Castrismo, como la politología y la sociología. Se especializó en los estudios de las relaciones Cuba-Estados Unidos y en los problemas del racismo y su permanencia en la sociedad cubana.

Además, fue profesor y director del Centro de Estudios sobre Estados Unidos de la Universidad de La Habana, formando a los diplomáticos del régimen para misiones en el exterior. Fue uno de los fundadores del intercambio académico con Latin American Studies Association (LASA) durante los días de la administración norteamericana de Carter.

El diario vocero del Partido Comunista, Granma, lo calificó como “reconocido intelectual” y añadió que era miembro de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba y de la Comisión José Antonio Aponte.

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Libro da pistas sobre 15 emprendimientos cubanos

Este libro permite detectar oportunidades, enfocar la gestión de las personas y la resiliencia, que asegura la reinvención y sostenibilidad de los emprendimientos.
Foto: Tomada de Facebook

La Habana, 19 may.- Pistas para emprender, los obstáculos que vencer en un camino lleno de espinas que todavía no caen del todo y algunos aprendizajes concretos, a base de persistencia, recoge el libro Emprendimientos privados en Cuba, Estudios de caso.
El volumen, de la Red de Emprendimiento e Innovación de la Universidad de La Habana, y publicado hasta ahora solo en formato electrónico eBook y ePub por Ruth Casa Editorial, reúne las historias, aciertos, tropiezos y retos de 15 negocios diversos radicados en La Habana.
Líderes de los emprendimientos Addimensional, Auge, Beyond Roots, Brujas, Ciclo, Dofleini, Entimbalao, Escuela de Fotografía Creativa de La Habana, Hecho en Casa, Juanky’s Pan, Mandao, Oddara, Procle, TostoneT y Vélo Cuba cuentan sus historias, raíces, aciertos, transformaciones y retos, para que sean usados como material didáctico.
Ileana Díaz, Luis Alberto Barreiro, Humberto Blanco, Dayma Echevarría y Daybel Pañellas, economistas y autores del texto, se adentran en un amplio universo, desde lo unipersonal hasta micro, pequeñas y medianas empresas (mipymes).
En el libro pueden encontrarse iniciativas de reparación de autos y equipos de cómputo, asesoría para negocios, reciclaje de papel, confecciones textiles, informática, mensajería, cocina, reparación de bicicletas hasta fotografía y cosmética artesanal.
La publicación, que contó con el apoyo del Departamento de Economía de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de la República Oriental del Uruguay, forma parte del trabajo de investigación desarrollado por la red en sus cinco años de vida.
Durante ese tiempo, la red acumuló “conocimientos sobre los emprendimientos privados en La Habana que le permiten hoy exhibir, bajo la forma de casos, las experiencias en la gestión de estos negocios y visibilizarla, no solo con el fin de su divulgación, sino para socializar las prácticas positivas de este sector no estatal”, indica el prólogo.
Las experiencias incluidas en el material tienen en común la motivación por ser parte de la economía del país, defender la cultura nacional, hacer sostenible el emprendimiento mediante una gestión eficiente y eficaz.
Todo ello se basa en la visión estratégica de detectar oportunidades, la atención a la gestión de las personas y la resiliencia, que asegura su reinvención y sostenibilidad.
Abrir un camino
“La idea surge porque es importante visualizar, ante todo, las buenas prácticas y esas historias de cómo para llegar a tener algo, hay que pasar por un camino que no es recto, con altas y bajas, y que requiere de mucha perseverancia, deseos de hacer y de no rendirte”, declaró Díaz.
A su juicio, esto es importante para las y los jóvenes y para la sociedad, llena de obstáculos que en ocasiones hacen que las personas se rindan.
Según Díaz, el libro es didáctico porque los casos que trata “se van a usar en la formación, no solo en el curso de la carrera de Economía y Contabilidad, sino también en cualquier otra de pregrado, posgrado, maestría y capacitación”.
Puntualizó la profesora que existían textos sobre emprendedores cubanos, pero de autores extranjeros “entonces, eso era como una deuda para nosotros como profesores y también para las emprendedoras y emprendedores, y todos han apoyado muchísimo a la red” para lograr el libro, enfatizó.
Según explicó la investigadora Dayma Echevarría, del Centro de Estudios de la Economía Cubana (CEEC), fue concebido por Díaz como un libro de estudios de caso de negocios atípicos.
En un inicio, se pensó incluir experiencias de otras provincias, pero la pandemia obligó a pasar de lo presencial a la virtualidad y centrarse solo en La Habana.
“Queríamos mostrar prácticas de emprendimientos diversos, que aportaran valor añadido de inclusión y responsabilidad social. Entre más de 30, analizamos quiénes eran sus dueños y seleccionamos con paridad entre mujeres y hombres, diferentes edades, perfiles, instrucción, profesión, color de piel e historias de vida distintas”, dijo.
También, dijo Echevarría, queríamos que sirvieran de inspiración para personas que quieren emprender y necesitan conocer cómo se hacen determinadas cosas.
Indicó, además, que “existe un segundo libro, dirigido al profesorado, donde se hacen recomendaciones sobre cómo debe trabajarse el caso en el aula”. Las iniciativas de otras provincias y bajo el nuevo marco regulatorio cubano generarían otros libros, según comentó.
Hacer camino al andar
Durante la presentación del libro, uno de los protagonistas, Oniel Díaz, cofundador de la consultora Auge, consideró que prácticamente, desde el punto de vista legal, no hay ningún obstáculo para que un actor privado le preste servicios o le venda productos a cualquier actor de la economía nacional.
Sin embargo, reconoció que quedan obstáculos en el ámbito cultural y de las costumbres y de actores que no entienden o no están preparados.
A su juicio, “como emprendedores, hay que aprovechar las oportunidades del momento, trabajar con ellas y avanzar lo más que podamos”.
Para Díaz, quedan contradicciones en las regulaciones que habrá que solucionar u otras que nadie se imagina que existen, que aflorarán cuando se empiece a chocar con ellas.
Ante eso, llamó a trabajar “porque trabajando es que se ven esas incongruencias” y opinó que ahora es uno de los momentos de los últimos años en que “ha habido un contexto saludable para dialogar con las autoridades y la Red Emprendimiento ha sido parte de eso, para tratar de construir soluciones a muchos de esos problemas”. (2022)

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