HAVANA CLIMA

Llama presidente del Parlamento a incrementar apoyo a los delegados del Poder Popular

La Habana, 11 nov (ACN) Esteban Lazo, presidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular (Parlamento), llamó a incrementar el apoyo a los delegados del Poder Popular, por parte del pueblo y sobre todo de las administraciones.

A propósito del inicio en todo el país del proceso de la rendición de cuenta de los delegados...

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Muere en Miami el arquitecto cubano Hilario Candela, creador del Miami Marine Stadium

MIAMI, Estados Unidos. – El arquitecto cubano Hilario Candela, el diseñador del emblemático Miami Marine Stadium de Florida, murió este martes a los 87 años en Miami debido a complicaciones de salud derivadas de la COVID-19, según reseñó la agencia EFE a partir de un informe familiar.
En 1963, Candela creó el Miami Marine Stadium, que está considerado actualmente como obra maestra arquitectónica por el National Trust for Historic Preservation.
De acuerdo con EFE, Candela murió sin ver cumplida su gran ilusión: recuperar y devolver al Miami Marine Stadium el antiguo esplendor de los años 60, cuando las carreras de fuerabordas y los conciertos y espectáculos hacían furor.
Desde 1992, cuando fue cerrado, el anfiteatro marino de techo voladizo, ubicado en Cayo Virginia, se encuentra en muy mal estado de conservación.
“Estoy extremadamente entristecida al conocer el fallecimiento del gran Hilario Candela. Hilario diseñó una de las estructuras arquitectónicas más icónicas e influyentes de Miami: el Miami Marine Stadium”, aseguró este jueves en sus redes sociales la comisionada de Miami Raquel Regalado.
Para la funcionaria pública, resulta vital restaurar el Miami Marine Stadium, diseñado por Candela cuando solo tenía 28 años. La construcción de hormigón armado tiene 326 pies de largo (casi 100 metros) y fue el voladizo más largo del mundo cuando se levantó, con capacidad para 6 566 personas.
Una vista reciente del Miami Marine Stadium (Foto: Ken Hayden/National Trust for Historic Preservation)
Candela estudió arquitectura en la Universidad Georgia Tech, en Atlanta, y regresó a Cuba para emprender su carrera profesional. Sin embargo, tras la llegada de Fidel Castro al poder, 1959, Candela tuvo que exiliarse en Estados Unidos.
Bajo su dirección, la firma Pancoast diseñó numerosos edificios importantes en el condado de Miami-Dade, especialmente en las décadas de 1970 y 1980.
“Hilario no solo fue un arquitecto y colega increíble, fue una persona de gran calidez y amor que transmitió alegría a sus estudiantes y amigos, y se iluminó cada vez que estuvo en su amado Marine Stadium”, aseguró a EFE Rosa Lowinger, presidenta de la compañía RLA Conservation of Art + Architecture.
“El estadio es sencillamente el edificio más representativo de lo que fue el desarrollo de la ciudad de Miami (…) y se hizo con todo el esplendor de la arquitectura cubana de los años 50”, subrayó Lawinger en otra entrevista concedida a EFE.
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CONVOCATORIA PARA EL INGRESO EN EL CURSO POR ENCUENTROS (CPE) CARRERA INGENIERÍA EN CIENCIAS INFORMÁTICAS (Curso 2022)

La Universidad de las Ciencias Informáticas (UCI) ofertará, para el nuevo curso escolar, plazas en el Curso por Encuentros (CPE) a las personas interesadas en estudiar la carrera de Ingeniería en Ciencias Informáticas en la modalidad semipresencial. Los interesados deben dirigirse personalmente a la Secretaría General de la UCI para realizar la solicitud desde el lunes 7 hasta el viernes 18 de febrero de 2022 (excepto sábado y domingo) en el horario de 8:30 am a 12:00m. 
Si la demanda es superior a las 200 plazas ofertadas, se establecerán criterios de selección de los aspirantes a esta carrera. En ese caso, se realizaría el 5 de abril un ejercicio de oposición de forma escrita que permita valorar si el aspirante posee habilidades básicas cercanas al perfil profesional de la carrera y otros temas de cultura general. Los resultados obtenidos por los aspirantes se ordenarán de modo decreciente en un escalafón. De no sobrepasar las 200 solicitudes, todos serán aceptados y los que hayan presentado la documentación completa, podrán matricular al iniciar el curso escolar (previsto iniciar el 18 de abril).
En el momento de llenar la planilla de solicitud (febrero) deberá presentar los siguientes documentos:
Original del título de la enseñanza media superior culminada y una fotocopia de dicho título.
Original y fotocopia de la certificación de notas de la enseñanza media superior culminada.
Carné de identidad actualizado y en buen estado, con dirección de residencia en las provincias de La Habana, Artemisa o Mayabeque.
Si fue baja de otra universidad, deberá presentar el modelo de baja del CES anterior y una certificación de notas de las asignaturas aprobadas en esa carrera.
Se les entregará, en el mes de abril, una carta solicitando al otro CES el expediente académico y el plan temático de las asignaturas aprobadas. El interesado se encargará de hacer las gestiones en el otro CES y presentará dichos documentos en la UCI en el momento de hacer su matrícula oficial.  

Si fue baja de la propia UCI deberá solicitar en el mes de febrero el reingreso directamente en la facultad donde estudiaba; su caso será analizado por el Decano correspondiente, por lo que no se incluye dentro de estas 200 plazas para ingresar en la UCI. Si el estudiante no había concluido el 1er año y han transcurrido más de 5 años de su ingreso a la ES, sí debe incluirse entre los aspirantes a estas 200 plazas. 
Si fue graduado de Los Camilitos o del preuniversitario del MININT, solo podrá matricular si son avalados por las FAR o MININT y fueron aprobados por la DIUL (presentar documento).
Las personas que hayan sido incluidas en los listados por los organismos priorizados y aprobados por la DIUL, deberán presentar su documentación completa en la Secretaría General del 21 al 24 de febrero.
Para más información puede dirigirse personalmente en la Secretaría General de la UCI o a través del teléfono 7 835 8192. 

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Cuba en Datos: Actividad sísmica, cómo transcurrió 2021 y lo que puede pasar (+ Cronología y PDF)

A las 2:40 a.m. del domingo 26 de diciembre, la red de estaciones del Servicio Sismológico Nacional cubano registraba un sismo de magnitud 4.1, con una profundidad de 42 km y localizado a 30 kilómetros al sursuroeste de la localidad de Caimanera, Guantánamo, perceptible en esa provincia y en la vecina Santiago de Cuba. Era el sismo perceptible número 20, y último, de 2021.

Días después, en la madrugada del 5 de enero, se registraba el primer sismo perceptible de 2022, con una magnitud de 3.2 y profundidad de 5 km, localizado a 6.5 kilómetros al sursureste de la localidad de Buey Arriba, Granma, con reportes de perceptibilidad en otras poblaciones de esa provincia.

Que sean perceptibles no significa que sean los únicos.

Cada año son miles los sismos registrados en Cuba, con una cifra de perceptibles que en los últimos tiempos ha ido desde el pico de 61 en 2016 hasta seis en 2019, aunque el promedio anual entre 2014 y 2021 (exceptuando del cálculo 2016 y 2019) es de unos 18 perceptibles.

El doctor en Ciencias de la Tierra Enrique Diego Arango Arias, jefe del Servicio Sismológico Nacional (SSNC) y vicedirector técnico del Centro Nacional de Investigaciones Sismológicas (Cenais), considera que 2021 fue un año promedio en términos de actividad sísmica para Cuba.

“Sin embargo –añade–, se registraron más de 2 700 sismos como réplicas del terremoto de magnitud 7.3 ocurrido el 14 de agosto en la península de Tiburón, situada en el suroeste de Haití, muy cerca de Cuba”.

En el resumen anual 2021 del Cenais se señala que, “debido a la cercanía de esa zona al territorio cubano”, el sismo “se incluyó en el mapa de epicentros, pues indiscutiblemente tiene relación con la sismicidad que se genera en el sector de litosfera que constituye la microplaca de Gonave y en la propia falla Oriente, por la transferencia de tensiones que se produce al liberarse esa energía”.

El catálogo del Cenais sobre terremotos perceptibles en Cuba incluye registros desde 1528. En aquel año (no se cuenta con fecha ni hora), la primera villa cubana, Baracoa, protagonizó el primer sismo de que se tiene información en la Isla.

Según refiere el Dr. Mario Octavio Cotilla Rodríguez en un artículo de finales de los noventa, un informe “milagrosamente” conservado en la localidad permitió conocer que luego de los estremecimientos sísmicos “la población se lanzó a las calles en procesión”.

En la lista aparece el del 11 de junio de 1766, en Santiago de Cuba, considerado el de mayor intensidad (IX en la escala MSK) que ha afectado al país en toda su historia, con una magnitud estimada de 7.6. La memoria recoge el testimonio de Emilio Bacardí y Moreau en Crónicas de Santiago de Cuba:

“A las once y cincuenta minutos de la noche (…) un horroroso terremoto llenó de desolación a la Muy Noble y Muy Leal población de Santiago de Cuba, destruyendo la mayoría de los edificios y ocasionando numerosas víctimas.

“Fueron destruidos la capilla mayor de la Catedral (…); la auxiliar, el convento de San Francisco, el hospital y las iglesias de Dolores, Santa Lucía y el Carmen, acabadas de edificar pocos días antes; vinieron abajo los muros construidos para el Palacio Real, Audiencia y Sala de Justicia. Entre las ruinas quedó el gobernador Cagigal, sacado casi asfixiado por su mayordomo Soriano. Hubo más de ciento veinte muertos, entre ellos el alcalde provincial D. Juan Antonio Saviñón, y se contaron más de seiscientos heridos”.

A mediados del XIX, Esteban Pichardo escribió que el “memorable temblor de tierra de 1766” había sido “el más espantoso del siglo pasado”.

Fue sentido, con distintos valores de intensidad, en sitios de toda la Isla, desde Manzanillo (intensidad estimada de VII-VIII), Holguín (VI), Baracoa (V-VI) y Camagüey (V) hasta Trinidad y Sancti Spíritus (III), Remedios (III), Santa Clara (III) y La Habana (III).

Otro terremoto, el del 20 de agosto de 1852 (intensidad, IX; magnitud, 7.3), causó gran destrucción y dejó dos muertos y unos 200 heridos en Santiago de Cuba y pueblos aledaños. La ciudad, gran parte de ella en ruinas, tardó años en recuperarse.

Hay que recordar que tanto el de 1766 como el de 1852 fueron evaluados con intensidad IX, “pero no registrados por estaciones sismológicas”, precisa el jefe del Servicio Sismológico Nacional.

El 3 de febrero de 1932, Santiago fue otra vez golpeada por un fuerte sismo (de intensidad VIII y magnitud 6.7). El 80% de las edificaciones fueron afectadas, muchas de ellas destruidas, y se reportaron 14 muertos y 300 heridos. Probablemente no hubo más muertes porque –cuentan algunos expertos– los movimientos premonitores, sismos más pequeños antes de que ocurriera el principal, provocaron que la gente ya estuviese en las calles cuando se desencadenó lo peor.

La portada de la revista Bohemia reseñaba el desastre en Santiago de Cuba días después, el 7 de febrero de 1932, bajo el título “Una tragedia de acero y concreto”. Foto: Bohemia.

Hospital en la calle luego del terremoto de febrero de 1932 en Santiago de Cuba. Foto: Bohemia.

El Dr. Arango Arias explica que las fallas de mayor peligro para el país –por la actividad sísmica que en ellas se produce– son la de Oriente, situada al sur de Cuba oriental, y la Norte de La Española, cuya continuación se extiende al norte del extremo oriental cubano.

En el periodo 2014-2021, la zona Santiago-Baconao fue la de más sismos en 2014 (2 477 sismos), 2015 (2 710), 2016 (3 913), 2018 (1 173), 2019 (1 366), 2020 (1 446) y 2021 (1 590). En 2017 fue la zona Pilón-Chivirico (1 824).

“Existen otras regiones donde pueden ocurrir sismos importantes, como es toda la zona septentrional del centro del país, relacionada con las fallas Norte Cubana y Las Villas, y el occidente, debido a la falla Pinar”, dice.

Pero, como es apreciable al revisar la cronología de eventos sísmicos en el país y la zona que cada años registra el mayor número de ellos, “la principal zona sísmica es la región suroriental, porque está muy cerca de la falla Oriente, que es un límite de placas tectónicas” (la de Norteamérica y la del Caribe).

Aunque la zona suroriental de Cuba es la de mayor actividad sísmica, históricamente en casi todo el país se han reportado sismos de considerable intensidad.

La actividad sísmica en la región occidental no es frecuente, pero sí normal, por la presencia de zonas sismogeneradoras, con estructuras o fallas tectónicas que pueden generar sismos.

En una ocasión, el Dr. Tomás Jacinto Chuy Rodríguez, sismólogo y fundador del Cenais, recordaba que “si bien la mayor peligrosidad se localiza en la zona suroriental, vinculada con el sistema de la falla Oriente-Caimán, donde suelen presentarse los sismos de mayor magnitud e intensidad, la cronología registra temblores de tierra en otras partes de la geografía cubana, algunos de ellos bien notables, como el reportado en el poblado de San Cristóbal el 23 de enero de 1880”.

El terremoto de 1880 (intensidad de VIII en la escala MSK y magnitud de 6.0 en la de Richter), relacionado con la falla Pinar (frontera entre la cordillera de Guaniguanico y la llanura sur de Pinar del Río y Artemisa), fue seguido por 65 réplicas y sentido en los cayos de la Florida y en la Isla de la Juventud (entonces Isla de Pinos), Matanzas y Cienfuegos.

Dañó y destruyó edificaciones de mampostería, y algunos ingenios azucareros quedaron destrozados.

En agosto de 1939, casi a la medianoche, un sismo de magnitud 5.6 e intensidad VII fue sentido en toda la región central cubana.

Según un catálogo de terremotos perceptibles para la parte occidental de la región central de Cuba en el periodo 1766-1976 (T. Chuy, B. González y S. Escalona), el área sacudida fue de unos 730 km de largo y 100 km de ancho (hasta Camagüey, por el este, y Cienfuegos-Trinidad, por el sur). Muchas edificaciones sufrieron daños en Caibarién. En el cercano Remedios, el 90% de las casas fueron afectadas y “se produjo pánico en el vecindario”.

Sobre tiempos más recientes y sismos de consideración, el Dr. Arango Arias señala que “tanto el terremoto del 28 de enero de 2020, de magnitud 7.7, como el del 14 de agosto de 2021, de 7.3, son importantes, aunque el primero de estos fue sentido prácticamente en todo el país. Aclaro que, para nuestro servicio sismológico, la magnitud del terremoto de Cabo Cruz (2020) fue de 7.7 y no de 7.1, como divulgaron otros servicios sismológicos”.

El sismo del 28 de enero de 2020, ocurrido en el mar en un segmento de la falla Oriente, unos 130 km al oeste-suroeste de Cabo Cruz, fue sentido en todo el territorio nacional (con mayor fuerza en las provincias de Guantánamo, Santiago de Cuba, Granma, Holguín, Las Tunas y Camagüey) y en países vecinos. Es el mayor registrado instrumentalmente en Cuba con epicentro dentro del área de cobertura del SSNC.

El de agosto de 2021 en Haití, de 7.3, no tuvo su epicentro en el territorio nacional, pero fue sentido en todas las provincias orientales con una intensidad máxima de V en la escala EMS-98.

Cuando se habla de sismos en Cuba, o en cualquier otro país, inevitablemente nos preguntamos sobre el futuro, lo que puedan indicar tendencias o probabilidades, los ciclos sísmicos (el proceso de repetición en que se acumula energía en las fallas, liberada súbitamente por un terremoto), el riesgo sísmico y la recurrencia sísmica (frecuencia con que se repite un sismo y su nivel de magnitud).

Antes de preguntar al jefe del Servicio Sismológico Nacional, revisamos la secuencia de informes anuales del Cenais sobre sismicidad entre 2017 y 2021.

En el resumen anual de 2017, el Cenais señala que el bajo nivel de sismicidad en el segundo semestre, con solo dos sismos perceptibles en la región suroriental, “pudiera provocar la ocurrencia de una serie de terremotos en los primeros meses del año 2018”.

En el resumen de 2018 se recuerda que, para analizar la sismicidad en un año, es necesario abarcar un espacio de tiempo mayor “porque la sismicidad no tiene un comportamiento cíclico anual” (la energía que se acumula y luego se libera en forma de terremotos demora un tiempo, llamado ciclo sísmico, cuya duración es proporcional al tamaño del terremoto o la energía liberada posteriormente).

A continuación, el Cenais destaca que “el nivel bajo de sismicidad que se ha registrado en 2018 se manifiesta desde mediados de 2017, cuando el número de terremotos ha estado muy por debajo del promedio registrado desde 2015”.

Un año después, el resumen de 2019 apunta que, según el comportamiento de las zonas de seguimiento de la sismicidad, “se observa que, en relación con la magnitud media histórica registrada instrumentalmente, la sismicidad se ha comportado alta”.

Añade que “desde inicios de 2017 y hasta el cierre de 2019, el número de terremotos ha estado por debajo del promedio registrado desde 2014, debido fundamentalmente a que no ha ocurrido ningún sismo moderado o fuerte ni ninguna serie de terremotos.

“Este comportamiento de la sismicidad, caracterizado por la ausencia de terremotos moderados o fuertes con sus correspondientes réplicas, o una serie de terremotos sin un sismo principal, como ocurrió al sur de Imías en octubre de 2014, se puede interpretar como un proceso de acumulación de energía que en algún momento pudiera generar una anomalía sísmica importante, fundamentalmente en la zona límite de placas, al sur de la región oriental del país”.

En 2020, el resumen anual del Cenais analiza el comportamiento de la sismicidad en los últimos cinco años y señala que “los años 2016 y 2017 estuvieron marcados por importantes series de terremotos iniciadas el día 17 de enero de ambos años. Con posterioridad a la serie de enero de 2017 y hasta el cierre del 2019, el número de terremotos había estado por debajo del promedio registrado con anterioridad.

Pero “en enero de 2020 se incrementó la sismicidad en todo el territorio nacional después del terremoto del 28 de enero, destacándose un número importante de sismos con epicentro en la falla Oriente –principal zona sismogenética que afecta al territorio cubano–, relacionados con series o enjambres de terremotos ocurridos al sur de la localidad de Chivirico. Durante 2020 se registró un número significativo de réplicas del terremoto del 28 de enero al oeste de Cabo Cruz.

“Otro rasgo significativo de la sismicidad registrada durante 2020 en Cuba es el gran número de terremotos ocurridos en el interior del territorio, relacionados con la acumulación y liberación de tensiones en diferentes fallas existentes o formadas en el momento de la ruptura que originó el sismo, como consecuencia de la dinámica de la litosfera en el contexto geodinámico en que está el archipiélago cubano y sus alrededores”.

Rangos de magnitud de eventos sísmicos en Cuba entre 2014 y 2021:

2014: de 0.1 a 5.2

2015: de 0.4 a 4.4

2016: de 0.1 a 5.0

2017: de 0.3 a 5.8

2018: de 0.5 a 5.8

2019: de 0.2 a 4.0

2020: de 0.3 a 7.7

2021: de 0.3 a 5.1

En 2021, el mayor número de terremotos estuvo relacionado, “como es natural”, con la falla Oriente, principal zona de actividad sísmicas y límite de placas (Norteamérica y Caribe) al sur de la región oriental, pero el sismo de mayor magnitud se registró el 29 de junio cerca de la localidad de San Cristóbal, provincia de Artemisa, con una magnitud de 5.1 y más de 700 réplicas.

Además, el SSNC registró un enjambre en Moa, con un sismo de 3.6 el 3 de julio; un número importante de terremotos en el sector de la falla Oriente cercano a Islas Caimán donde ocurrió el terremoto de 7.7 el 28 de enero de 2020, y casi 3 000 réplicas del sismo de 7.3 en Haití.

El resumen anual 2021 refiere que hubo “un incremento del número de terremotos registrados después del sismo de San Cristóbal y otro después del de Haití”. Al mostrar el comportamiento de las zonas de seguimiento de la sismicidad, destaca que, “en relación con la magnitud media histórica registrada instrumentalmente, la sismicidad se ha comportado alta en la mayoría de las zonas de actividad sísmica en las que se ha dividido el área de cobertura del SSNC”.

Sobre el tema, el Dr. Arango Arias recalca que “la zona situada al sur de la región oriental, entre las ciudades de Guantánamo y Santiago de Cuba, denominada Santiago-Baconao, es el sector mas peligroso para la ocurrencia de un terremoto fuerte.

“En esa zona ocurrió el terremoto del 3 de febrero de 1932, que destruyó mas del 80% de la ciudad de Santiago, evaluado con una intensidad de VIII grados en la escala MSK. Ahí hay una energía acumulada capaz de generar un sismo con estas características. Se puede decir que estamos en un periodo de recurrencia de un terremoto fuerte en ese sector”.

Y otra pregunta que no puede faltar: ¿es posible que haya terremotos de gran magnitud en Cuba?

Arango Arias responde que “no es muy probable que ocurran en Cuba terremotos de gran magnitud, de 8 grados Richter o más, pues tanto las características de las fallas como las de los procesos geodinámicos que ocurren en estas, relacionados con la geodinámica del Caribe, no lo permiten, debido a que los movimientos relativos en los límites de placas no alcanzan las velocidades que en otras partes del mundo como, por ejemplo, Indonesia, Chile o Japón”.

Algunos primeros:

El terremoto de San Cristóbal en 1880 fue el primero estudiado en Cuba sobre el terreno (por el sacerdote Benito Viñes, director del Observatorio del Real Colegio de Belén, y el ingeniero Pedro Salterain, geólogo inspector de minas).

La primera estación sismológica fue instalada en febrero de 1907 por la Orden de la Compañía de Jesús, en la barriada habanera de Luyanó. Pertenecía al Colegio de Belén y era una estación de dos componentes (N-S y E-O), con sismómetros de tipo Bosch-Omori. Se estima que estuvo operando hasta 1920. El 2021 cerró con 19 estaciones sismológicas y 36 estaciones acelerográficas.

El primer terremoto de Cuba registrado por una estación del país (la del Colegio de Belén, en La Habana) fue el del 28 de febrero de 1914. Su epicentro fue ubicado en la zona de fallas Norte Cubana.

En 1855, Andrés Poey y Aguirre publicó el primer catálogo de eventos sísmicos en Cuba (Tabla cronológica de temblores de tierra sentidos en la isla de Cuba desde 1551 hasta 1855). Le siguieron otros catálogos, como los de Salterain (1884, hasta 1884), Montessus de Ballore (1924, periodo 1851-1923); Chuy y González (1980); Chuy (1982); Chuy y Pino (1982); Orbera et al (1990); (Cotilla, 1993) y Chuy (1999, periodo 1528-1990).

Terremotos significativos registrados en Cuba desde 1528, según intensidad y magnitud

 

Fecha

Long. / Lat.

Intensidad

Magnitud

Localidad

 

1528

 

VI

 

Baracoa

 

18/10/1551

-77.8,19.6

VIII

6.6

Bayamo

 

08/1578

-76.0,19.9

VIII

6.8

Santiago de Cuba

 

10/1624

-77.8,19.6

VII

6.5

Bayamo

 

11/02/1675

-76.0,19.9

VII

5.8

Santiago de Cuba

 

11/02/1679

-76.0,19.9

VIII

6.8

Santiago de Cuba

 

14/12/1757

-76.0,19.9

VII

5.8

Santiago de Cuba

 

11/06/1766

-76.1,19.9

IX

7.6

Santiago de Cuba

 

14/10/1800

-75.9,19.9

VIII

6.4

Santiago de Cuba

 

18/09/1826

-75.35,19.75

VIII

6.4

Santiago de Cuba

 

07/05/1842

-72.5,19.9

VIII

7.6

Baracoa

 

07/07/1842

-75.35,19.75

VIII

6.4

Santiago de Cuba

 

20/08/1852

-75.32,19.75

IX

7.3

Santiago de Cuba

 

26/11/1852

-75.32,19.75

VIII

6.8

Santiago de Cuba

 

28/01/1858

-76.0,19.9

VII

6.5

Santiago de Cuba

 

23/01/1880

-83.0,22.7

VIII

6.0

San Cristóbal

 

23/09/1887

-76.0,19.9

VII

5.8

Santiago de Cuba

 

22/06/1906

-76.25,19.65

VII

6.2

Santiago de Cuba

 

27/02/1914

-76.17,21.22

VII

6.2

Gibara

 

25/12/1914

-76.30,19.45

VII

6.7

Santiago de Cuba

 

03/08/1926

-77.8,19.6

VII

6.5

Manzanillo

 

17/01/1930

-75.6,19.7

VII

5.8

Santiago de Cuba

 

03/02/1932

-7561319,69

VIII

6.7

Santiago de Cuba

 

14/08/1939

-7925022,5

VII

5.6

Caibarién

 

06/08/1947

-7520719,83

VII

6.6

Santiago de Cuba

 

19/02/1976

-7687019,85

VII

5.7

Pilón

 

25/05/1992

-7787019,61

VII

6.9

Cabo Cruz

 

20/03/2010

-7538819,72

V

5.7

Stgo. de Cuba y Guantánamo

 

17/01/2016

-7603719,69

V

4.8

Santiago de Cuba

 

17/01/2017

-7665519,69

VI

5.8

B. Masó-Granma

 

28/01/2020

-7876019,42

V

7.7

Cabo Cruz

Catálogo de terremotos perceptibles de Cuba 1528-1990 (Por Tomás Jacinto Chuy, 1999) (PDF, 499 kB) Fuente: Cenais

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La Salud Pública en Cuba no escapa al descontento social

LA HABANA, Cuba. — Un fenómeno creciente en la sociedad cubana es la noción de exigir derechos humanos, tanto civiles y políticos como económicos, sociales y culturales, entre los que se incluye el derecho a una asistencia médica de calidad. Precisamente una de las causas desencadenantes del estallido popular del pasado mes de julio fue la falta de medicamentos y el colapso del sistema hospitalario, tan contrastante con la abundancia de medicinas y suministros médicos reservados a los turistas extranjeros.
La exportación a gran escala de servicios médicos, además de constituir una considerable fuente de ingresos para el régimen (si no la mayor), representa la posibilidad de consumar sus aspiraciones de propagar el castrismo y expandir el alcance de la dictadura a nivel mundial, pues los médicos y personal de salud cubanos no solamente son usados como generadores de ganancias sino también como voceros del régimen e instrumentos de propaganda e influencia política a nivel mundial.
Para el personal sanitario participante, en cambio, el tráfico masivo de sus servicios ha significado convertirse en víctimas de la esclavitud moderna. Estos profesionales, además de sufrir violaciones a sus libertades y derechos fundamentales, son obligados a encomiar el régimen totalitario cubano y en muchos casos a contribuir al sostenimiento del régimen anfitrión mediante prácticas que van desde el burdo proselitismo hasta incluso una activa participación política y electoral.
No obstante, muchos prefieren enrolarse en estas misiones antes que permanecer en Cuba, pues a pesar de ser despojados de más del 80 % del salario este sigue siendo casi el único modo de progresar económicamente. Por otra parte, el que se niegue puede quedar estigmatizado como “contrarrevolucionario” y ser destinado como castigo a una localidad apartada de alguna zona rural sin transporte automotor ni infraestructura de salud. Para colmo, al que escape de una misión le queda prohibido volver a Cuba en ocho años.
La pandemia de coronavirus se convirtió en un escenario idóneo para reactivar el rentable tráfico de servicios médicos cubanos, de manera que el gobierno retomó la propaganda alrededor de las misiones médicas. Al interior del país, por otra parte, casi la totalidad del personal sanitario fue reubicada forzosamente (incluso bajo amenaza de despido) en actividades relacionadas con la pandemia de coronavirus, donde han permanecido trabajando durante jornadas interminables sin la adecuada protección. En este sentido, una doctora de una posta médica cercana confiesa (bajo condición de anonimato) haberse contagiado con el nuevo coronavirus tras ser obligada a movilizarse en funciones relativas a la COVID-19 al inicio de la pandemia, sin el equipamiento adecuado, a pesar de vivir con familiares enfermos y presentar ella misma comorbilidades de alto riesgo.
En adición, a comienzos de agosto de 2021, el primer ministro cubano, Manuel Marrero Cruz, dio a entender que el colapso del sistema de salud y el consiguiente descontento popular serían culpa del mal trabajo de nuestros médicos más que de la crisis económica y sanitaria que asola al país como resultado de la mala administración gubernamental. Sus palabras provocaron la indignación de numerosos médicos y estudiantes de medicina de toda la isla, quienes denunciaron en redes sociales el colapso sanitario agravado por la pandemia y exigieron más recursos para hacer su trabajo.
No es menos cierto que para ser bien atendidos en una consulta médica es mejor no presentarse con las manos vacías, y que más vale estar dispuestos a pagar “por debajo de la mesa” camilleros, inyecciones, guantes, jeringuillas, agujas, anestesia, sutura, rayos x, exámenes de laboratorio y cualquier otro servicio de salud que se necesite, incluyendo la admisión en un centro hospitalario si la situación requiere ingreso. Pero algo muy diferente es que el mismo gobierno que no ha sido capaz de manejar adecuadamente la crisis epidemiológica detonada por la llegada del nuevo coronavirus intentase culpar a la mala praxis y la negligencia médicas del colapso de salud durante la pandemia. Al fin y al cabo, la desidia que desprestigia al sector no es sino un efecto más de la degradación social provocada por el totalitarismo castrista.
Por otra parte, se ha podido estimar, si bien en base a datos imprecisos y extraoficiales, que al menos 76 profesionales han fallecido a causa de la pandemia, y particularmente debido a la falta de indumentaria y medios de protección, material estéril, oxígeno, medicamentos, kits de PCR para diagnosticar y tratar la COVID-19 y demás suministros médicos necesarios para impedir el contagio.
Claro que la cifra exacta de sanitarios fallecidos por COVID-19 en Cuba es una de las tantas incógnitas que encubren tanto los medios oficialistas como el gobierno castrista y su Ministerio de Salud Pública (MINSAP). Los certificados de defunción no siempre registran el COVID-19 como la verdadera causa de muerte, ni los reportes oficiales revelan la identidad y la cifra de decesos del personal de salud. Algunos médicos incluso han sido despedidos y han sufrido el acoso de los agentes de los órganos represivos castristas como represalia por advertir a las autoridades y a la población y por visibilizar la gravedad de la crisis sanitaria.
Por cierto, un fenómeno inusual, aunque creciente, en la sociedad cubana posterior a 1959 es el hecho de que en una población tan sistemáticamente adoctrinada, desinformada y excluida del concepto de derechos humanos, tanto civiles y políticos como económicos, sociales y culturales (entre los que se incluye el derecho a una asistencia médica de calidad) emerja la noción de exigir ese derecho. Precisamente una de las causas desencadenantes del estallido popular del pasado mes de julio fue la angustiante indefensión de los ciudadanos a causa de la falta de medicamentos y el colapso del sistema hospitalario, tan contrastante con la abundancia de medicinas y suministros médicos reservados a los turistas extranjeros.
Para el pueblo, por el contrario, solo queda esperar y aguantar, y sufrir. En el marco de lo que el discurso oficial ha dado en llamar “campaña de vacunación masiva” (que no es en realidad sino un estudio de intervención dentro de un ensayo clínico en fase III), desde hace varias semanas los consultorios médicos están abiertos solo durante unas pocas horas en las mañanas y exclusivamente para inyectar a las personas con los preparados de creación nacional.
Recientemente un amigo, ciego por más señas, tuvo la desgracia de sufrir un quiste inflamado en una axila. La doctora de la posta médica se negó a atenderlo alegando la mencionada campaña. Sin compadecerse siquiera por la discapacidad del hombre, se limitó a recomendarle (no a recetarle) Gentamicina. Sin embargo, ella, como médico, sabe, como lo sabemos todos los habitantes de la isla, que ese antibiótico en crema es uno de tantas decenas de fármacos que no existen en el país desde hace más de dos años. Esta profesional debería saber también que un tratamiento tópico por sí solo no resuelve una condición que requiere cirugía. Claro que la cirugía menor es otro servicio que tampoco está disponible a causa de la pandemia.
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