HAVANA CLIMA

Amenazan a doctora cubana con quitarle la custodia de sus hijos

MIAMI, Estados Unidos.- La doctora cubana Noemia Lisandra Rodríguez, miembro del Gremio Médico Cubano Libre denunció que ha sido acosada en varias ocasiones por la Seguridad del Estado y amenazada incluso con perder la custodia de sus hijos, por sus publicaciones en redes sociales contra el régimen cubano.

Ante las cámaras de Palenque Visión, Rodríguez, residente en Jiguaní, provincia Granma, asegura que su motivación para exponer en redes con lo que no estaba de acuerdo fueron las desigualdades del pueblo cubano, “esas que el gobierno asegura que no existen, pero sí, sí existen y son bastante evidentes”.

La impulsó “las diferencias de clases del cubano de a pie y las condiciones en las que estaba trabajando, prácticamente sin nada, sin medios de protección, sin medicamentos”.

Cuando Noemia Rodríguez comenzó a criticar la gestión del gobierno a través de sus redes sociales, “estaba consciente de todos los problemas que iban a venir, y me preparé psicológicamente para todo; pero desde que comencé lo hice con la convicción de asumir las...

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Cuba en Datos: Actividad sísmica, cómo transcurrió 2021 y lo que puede pasar (+ Cronología y PDF)

A las 2:40 a.m. del domingo 26 de diciembre, la red de estaciones del Servicio Sismológico Nacional cubano registraba un sismo de magnitud 4.1, con una profundidad de 42 km y localizado a 30 kilómetros al sursuroeste de la localidad de Caimanera, Guantánamo, perceptible en esa provincia y en la vecina Santiago de Cuba. Era el sismo perceptible número 20, y último, de 2021.

Días después, en la madrugada del 5 de enero, se registraba el primer sismo perceptible de 2022, con una magnitud de 3.2 y profundidad de 5 km, localizado a 6.5 kilómetros al sursureste de la localidad de Buey Arriba, Granma, con reportes de perceptibilidad en otras poblaciones de esa provincia.

Que sean perceptibles no significa que sean los únicos.

Cada año son miles los sismos registrados en Cuba, con una cifra de perceptibles que en los últimos tiempos ha ido desde el pico de 61 en 2016 hasta seis en 2019, aunque el promedio anual entre 2014 y 2021 (exceptuando del cálculo 2016 y 2019) es de unos 18 perceptibles.

El doctor en Ciencias de la Tierra Enrique Diego Arango Arias, jefe del Servicio Sismológico Nacional (SSNC) y vicedirector técnico del Centro Nacional de Investigaciones Sismológicas (Cenais), considera que 2021 fue un año promedio en términos de actividad sísmica para Cuba.

“Sin embargo –añade–, se registraron más de 2 700 sismos como réplicas del terremoto de magnitud 7.3 ocurrido el 14 de agosto en la península de Tiburón, situada en el suroeste de Haití, muy cerca de Cuba”.

En el resumen anual 2021 del Cenais se señala que, “debido a la cercanía de esa zona al territorio cubano”, el sismo “se incluyó en el mapa de epicentros, pues indiscutiblemente tiene relación con la sismicidad que se genera en el sector de litosfera que constituye la microplaca de Gonave y en la propia falla Oriente, por la transferencia de tensiones que se produce al liberarse esa energía”.

El catálogo del Cenais sobre terremotos perceptibles en Cuba incluye registros desde 1528. En aquel año (no se cuenta con fecha ni hora), la primera villa cubana, Baracoa, protagonizó el primer sismo de que se tiene información en la Isla.

Según refiere el Dr. Mario Octavio Cotilla Rodríguez en un artículo de finales de los noventa, un informe “milagrosamente” conservado en la localidad permitió conocer que luego de los estremecimientos sísmicos “la población se lanzó a las calles en procesión”.

En la lista aparece el del 11 de junio de 1766, en Santiago de Cuba, considerado el de mayor intensidad (IX en la escala MSK) que ha afectado al país en toda su historia, con una magnitud estimada de 7.6. La memoria recoge el testimonio de Emilio Bacardí y Moreau en Crónicas de Santiago de Cuba:

“A las once y cincuenta minutos de la noche (…) un horroroso terremoto llenó de desolación a la Muy Noble y Muy Leal población de Santiago de Cuba, destruyendo la mayoría de los edificios y ocasionando numerosas víctimas.

“Fueron destruidos la capilla mayor de la Catedral (…); la auxiliar, el convento de San Francisco, el hospital y las iglesias de Dolores, Santa Lucía y el Carmen, acabadas de edificar pocos días antes; vinieron abajo los muros construidos para el Palacio Real, Audiencia y Sala de Justicia. Entre las ruinas quedó el gobernador Cagigal, sacado casi asfixiado por su mayordomo Soriano. Hubo más de ciento veinte muertos, entre ellos el alcalde provincial D. Juan Antonio Saviñón, y se contaron más de seiscientos heridos”.

A mediados del XIX, Esteban Pichardo escribió que el “memorable temblor de tierra de 1766” había sido “el más espantoso del siglo pasado”.

Fue sentido, con distintos valores de intensidad, en sitios de toda la Isla, desde Manzanillo (intensidad estimada de VII-VIII), Holguín (VI), Baracoa (V-VI) y Camagüey (V) hasta Trinidad y Sancti Spíritus (III), Remedios (III), Santa Clara (III) y La Habana (III).

Otro terremoto, el del 20 de agosto de 1852 (intensidad, IX; magnitud, 7.3), causó gran destrucción y dejó dos muertos y unos 200 heridos en Santiago de Cuba y pueblos aledaños. La ciudad, gran parte de ella en ruinas, tardó años en recuperarse.

Hay que recordar que tanto el de 1766 como el de 1852 fueron evaluados con intensidad IX, “pero no registrados por estaciones sismológicas”, precisa el jefe del Servicio Sismológico Nacional.

El 3 de febrero de 1932, Santiago fue otra vez golpeada por un fuerte sismo (de intensidad VIII y magnitud 6.7). El 80% de las edificaciones fueron afectadas, muchas de ellas destruidas, y se reportaron 14 muertos y 300 heridos. Probablemente no hubo más muertes porque –cuentan algunos expertos– los movimientos premonitores, sismos más pequeños antes de que ocurriera el principal, provocaron que la gente ya estuviese en las calles cuando se desencadenó lo peor.

La portada de la revista Bohemia reseñaba el desastre en Santiago de Cuba días después, el 7 de febrero de 1932, bajo el título “Una tragedia de acero y concreto”. Foto: Bohemia.

Hospital en la calle luego del terremoto de febrero de 1932 en Santiago de Cuba. Foto: Bohemia.

El Dr. Arango Arias explica que las fallas de mayor peligro para el país –por la actividad sísmica que en ellas se produce– son la de Oriente, situada al sur de Cuba oriental, y la Norte de La Española, cuya continuación se extiende al norte del extremo oriental cubano.

En el periodo 2014-2021, la zona Santiago-Baconao fue la de más sismos en 2014 (2 477 sismos), 2015 (2 710), 2016 (3 913), 2018 (1 173), 2019 (1 366), 2020 (1 446) y 2021 (1 590). En 2017 fue la zona Pilón-Chivirico (1 824).

“Existen otras regiones donde pueden ocurrir sismos importantes, como es toda la zona septentrional del centro del país, relacionada con las fallas Norte Cubana y Las Villas, y el occidente, debido a la falla Pinar”, dice.

Pero, como es apreciable al revisar la cronología de eventos sísmicos en el país y la zona que cada años registra el mayor número de ellos, “la principal zona sísmica es la región suroriental, porque está muy cerca de la falla Oriente, que es un límite de placas tectónicas” (la de Norteamérica y la del Caribe).

Aunque la zona suroriental de Cuba es la de mayor actividad sísmica, históricamente en casi todo el país se han reportado sismos de considerable intensidad.

La actividad sísmica en la región occidental no es frecuente, pero sí normal, por la presencia de zonas sismogeneradoras, con estructuras o fallas tectónicas que pueden generar sismos.

En una ocasión, el Dr. Tomás Jacinto Chuy Rodríguez, sismólogo y fundador del Cenais, recordaba que “si bien la mayor peligrosidad se localiza en la zona suroriental, vinculada con el sistema de la falla Oriente-Caimán, donde suelen presentarse los sismos de mayor magnitud e intensidad, la cronología registra temblores de tierra en otras partes de la geografía cubana, algunos de ellos bien notables, como el reportado en el poblado de San Cristóbal el 23 de enero de 1880”.

El terremoto de 1880 (intensidad de VIII en la escala MSK y magnitud de 6.0 en la de Richter), relacionado con la falla Pinar (frontera entre la cordillera de Guaniguanico y la llanura sur de Pinar del Río y Artemisa), fue seguido por 65 réplicas y sentido en los cayos de la Florida y en la Isla de la Juventud (entonces Isla de Pinos), Matanzas y Cienfuegos.

Dañó y destruyó edificaciones de mampostería, y algunos ingenios azucareros quedaron destrozados.

En agosto de 1939, casi a la medianoche, un sismo de magnitud 5.6 e intensidad VII fue sentido en toda la región central cubana.

Según un catálogo de terremotos perceptibles para la parte occidental de la región central de Cuba en el periodo 1766-1976 (T. Chuy, B. González y S. Escalona), el área sacudida fue de unos 730 km de largo y 100 km de ancho (hasta Camagüey, por el este, y Cienfuegos-Trinidad, por el sur). Muchas edificaciones sufrieron daños en Caibarién. En el cercano Remedios, el 90% de las casas fueron afectadas y “se produjo pánico en el vecindario”.

Sobre tiempos más recientes y sismos de consideración, el Dr. Arango Arias señala que “tanto el terremoto del 28 de enero de 2020, de magnitud 7.7, como el del 14 de agosto de 2021, de 7.3, son importantes, aunque el primero de estos fue sentido prácticamente en todo el país. Aclaro que, para nuestro servicio sismológico, la magnitud del terremoto de Cabo Cruz (2020) fue de 7.7 y no de 7.1, como divulgaron otros servicios sismológicos”.

El sismo del 28 de enero de 2020, ocurrido en el mar en un segmento de la falla Oriente, unos 130 km al oeste-suroeste de Cabo Cruz, fue sentido en todo el territorio nacional (con mayor fuerza en las provincias de Guantánamo, Santiago de Cuba, Granma, Holguín, Las Tunas y Camagüey) y en países vecinos. Es el mayor registrado instrumentalmente en Cuba con epicentro dentro del área de cobertura del SSNC.

El de agosto de 2021 en Haití, de 7.3, no tuvo su epicentro en el territorio nacional, pero fue sentido en todas las provincias orientales con una intensidad máxima de V en la escala EMS-98.

Cuando se habla de sismos en Cuba, o en cualquier otro país, inevitablemente nos preguntamos sobre el futuro, lo que puedan indicar tendencias o probabilidades, los ciclos sísmicos (el proceso de repetición en que se acumula energía en las fallas, liberada súbitamente por un terremoto), el riesgo sísmico y la recurrencia sísmica (frecuencia con que se repite un sismo y su nivel de magnitud).

Antes de preguntar al jefe del Servicio Sismológico Nacional, revisamos la secuencia de informes anuales del Cenais sobre sismicidad entre 2017 y 2021.

En el resumen anual de 2017, el Cenais señala que el bajo nivel de sismicidad en el segundo semestre, con solo dos sismos perceptibles en la región suroriental, “pudiera provocar la ocurrencia de una serie de terremotos en los primeros meses del año 2018”.

En el resumen de 2018 se recuerda que, para analizar la sismicidad en un año, es necesario abarcar un espacio de tiempo mayor “porque la sismicidad no tiene un comportamiento cíclico anual” (la energía que se acumula y luego se libera en forma de terremotos demora un tiempo, llamado ciclo sísmico, cuya duración es proporcional al tamaño del terremoto o la energía liberada posteriormente).

A continuación, el Cenais destaca que “el nivel bajo de sismicidad que se ha registrado en 2018 se manifiesta desde mediados de 2017, cuando el número de terremotos ha estado muy por debajo del promedio registrado desde 2015”.

Un año después, el resumen de 2019 apunta que, según el comportamiento de las zonas de seguimiento de la sismicidad, “se observa que, en relación con la magnitud media histórica registrada instrumentalmente, la sismicidad se ha comportado alta”.

Añade que “desde inicios de 2017 y hasta el cierre de 2019, el número de terremotos ha estado por debajo del promedio registrado desde 2014, debido fundamentalmente a que no ha ocurrido ningún sismo moderado o fuerte ni ninguna serie de terremotos.

“Este comportamiento de la sismicidad, caracterizado por la ausencia de terremotos moderados o fuertes con sus correspondientes réplicas, o una serie de terremotos sin un sismo principal, como ocurrió al sur de Imías en octubre de 2014, se puede interpretar como un proceso de acumulación de energía que en algún momento pudiera generar una anomalía sísmica importante, fundamentalmente en la zona límite de placas, al sur de la región oriental del país”.

En 2020, el resumen anual del Cenais analiza el comportamiento de la sismicidad en los últimos cinco años y señala que “los años 2016 y 2017 estuvieron marcados por importantes series de terremotos iniciadas el día 17 de enero de ambos años. Con posterioridad a la serie de enero de 2017 y hasta el cierre del 2019, el número de terremotos había estado por debajo del promedio registrado con anterioridad.

Pero “en enero de 2020 se incrementó la sismicidad en todo el territorio nacional después del terremoto del 28 de enero, destacándose un número importante de sismos con epicentro en la falla Oriente –principal zona sismogenética que afecta al territorio cubano–, relacionados con series o enjambres de terremotos ocurridos al sur de la localidad de Chivirico. Durante 2020 se registró un número significativo de réplicas del terremoto del 28 de enero al oeste de Cabo Cruz.

“Otro rasgo significativo de la sismicidad registrada durante 2020 en Cuba es el gran número de terremotos ocurridos en el interior del territorio, relacionados con la acumulación y liberación de tensiones en diferentes fallas existentes o formadas en el momento de la ruptura que originó el sismo, como consecuencia de la dinámica de la litosfera en el contexto geodinámico en que está el archipiélago cubano y sus alrededores”.

Rangos de magnitud de eventos sísmicos en Cuba entre 2014 y 2021:

2014: de 0.1 a 5.2

2015: de 0.4 a 4.4

2016: de 0.1 a 5.0

2017: de 0.3 a 5.8

2018: de 0.5 a 5.8

2019: de 0.2 a 4.0

2020: de 0.3 a 7.7

2021: de 0.3 a 5.1

En 2021, el mayor número de terremotos estuvo relacionado, “como es natural”, con la falla Oriente, principal zona de actividad sísmicas y límite de placas (Norteamérica y Caribe) al sur de la región oriental, pero el sismo de mayor magnitud se registró el 29 de junio cerca de la localidad de San Cristóbal, provincia de Artemisa, con una magnitud de 5.1 y más de 700 réplicas.

Además, el SSNC registró un enjambre en Moa, con un sismo de 3.6 el 3 de julio; un número importante de terremotos en el sector de la falla Oriente cercano a Islas Caimán donde ocurrió el terremoto de 7.7 el 28 de enero de 2020, y casi 3 000 réplicas del sismo de 7.3 en Haití.

El resumen anual 2021 refiere que hubo “un incremento del número de terremotos registrados después del sismo de San Cristóbal y otro después del de Haití”. Al mostrar el comportamiento de las zonas de seguimiento de la sismicidad, destaca que, “en relación con la magnitud media histórica registrada instrumentalmente, la sismicidad se ha comportado alta en la mayoría de las zonas de actividad sísmica en las que se ha dividido el área de cobertura del SSNC”.

Sobre el tema, el Dr. Arango Arias recalca que “la zona situada al sur de la región oriental, entre las ciudades de Guantánamo y Santiago de Cuba, denominada Santiago-Baconao, es el sector mas peligroso para la ocurrencia de un terremoto fuerte.

“En esa zona ocurrió el terremoto del 3 de febrero de 1932, que destruyó mas del 80% de la ciudad de Santiago, evaluado con una intensidad de VIII grados en la escala MSK. Ahí hay una energía acumulada capaz de generar un sismo con estas características. Se puede decir que estamos en un periodo de recurrencia de un terremoto fuerte en ese sector”.

Y otra pregunta que no puede faltar: ¿es posible que haya terremotos de gran magnitud en Cuba?

Arango Arias responde que “no es muy probable que ocurran en Cuba terremotos de gran magnitud, de 8 grados Richter o más, pues tanto las características de las fallas como las de los procesos geodinámicos que ocurren en estas, relacionados con la geodinámica del Caribe, no lo permiten, debido a que los movimientos relativos en los límites de placas no alcanzan las velocidades que en otras partes del mundo como, por ejemplo, Indonesia, Chile o Japón”.

Algunos primeros:

El terremoto de San Cristóbal en 1880 fue el primero estudiado en Cuba sobre el terreno (por el sacerdote Benito Viñes, director del Observatorio del Real Colegio de Belén, y el ingeniero Pedro Salterain, geólogo inspector de minas).

La primera estación sismológica fue instalada en febrero de 1907 por la Orden de la Compañía de Jesús, en la barriada habanera de Luyanó. Pertenecía al Colegio de Belén y era una estación de dos componentes (N-S y E-O), con sismómetros de tipo Bosch-Omori. Se estima que estuvo operando hasta 1920. El 2021 cerró con 19 estaciones sismológicas y 36 estaciones acelerográficas.

El primer terremoto de Cuba registrado por una estación del país (la del Colegio de Belén, en La Habana) fue el del 28 de febrero de 1914. Su epicentro fue ubicado en la zona de fallas Norte Cubana.

En 1855, Andrés Poey y Aguirre publicó el primer catálogo de eventos sísmicos en Cuba (Tabla cronológica de temblores de tierra sentidos en la isla de Cuba desde 1551 hasta 1855). Le siguieron otros catálogos, como los de Salterain (1884, hasta 1884), Montessus de Ballore (1924, periodo 1851-1923); Chuy y González (1980); Chuy (1982); Chuy y Pino (1982); Orbera et al (1990); (Cotilla, 1993) y Chuy (1999, periodo 1528-1990).

Terremotos significativos registrados en Cuba desde 1528, según intensidad y magnitud

 

Fecha

Long. / Lat.

Intensidad

Magnitud

Localidad

 

1528

 

VI

 

Baracoa

 

18/10/1551

-77.8,19.6

VIII

6.6

Bayamo

 

08/1578

-76.0,19.9

VIII

6.8

Santiago de Cuba

 

10/1624

-77.8,19.6

VII

6.5

Bayamo

 

11/02/1675

-76.0,19.9

VII

5.8

Santiago de Cuba

 

11/02/1679

-76.0,19.9

VIII

6.8

Santiago de Cuba

 

14/12/1757

-76.0,19.9

VII

5.8

Santiago de Cuba

 

11/06/1766

-76.1,19.9

IX

7.6

Santiago de Cuba

 

14/10/1800

-75.9,19.9

VIII

6.4

Santiago de Cuba

 

18/09/1826

-75.35,19.75

VIII

6.4

Santiago de Cuba

 

07/05/1842

-72.5,19.9

VIII

7.6

Baracoa

 

07/07/1842

-75.35,19.75

VIII

6.4

Santiago de Cuba

 

20/08/1852

-75.32,19.75

IX

7.3

Santiago de Cuba

 

26/11/1852

-75.32,19.75

VIII

6.8

Santiago de Cuba

 

28/01/1858

-76.0,19.9

VII

6.5

Santiago de Cuba

 

23/01/1880

-83.0,22.7

VIII

6.0

San Cristóbal

 

23/09/1887

-76.0,19.9

VII

5.8

Santiago de Cuba

 

22/06/1906

-76.25,19.65

VII

6.2

Santiago de Cuba

 

27/02/1914

-76.17,21.22

VII

6.2

Gibara

 

25/12/1914

-76.30,19.45

VII

6.7

Santiago de Cuba

 

03/08/1926

-77.8,19.6

VII

6.5

Manzanillo

 

17/01/1930

-75.6,19.7

VII

5.8

Santiago de Cuba

 

03/02/1932

-7561319,69

VIII

6.7

Santiago de Cuba

 

14/08/1939

-7925022,5

VII

5.6

Caibarién

 

06/08/1947

-7520719,83

VII

6.6

Santiago de Cuba

 

19/02/1976

-7687019,85

VII

5.7

Pilón

 

25/05/1992

-7787019,61

VII

6.9

Cabo Cruz

 

20/03/2010

-7538819,72

V

5.7

Stgo. de Cuba y Guantánamo

 

17/01/2016

-7603719,69

V

4.8

Santiago de Cuba

 

17/01/2017

-7665519,69

VI

5.8

B. Masó-Granma

 

28/01/2020

-7876019,42

V

7.7

Cabo Cruz

Catálogo de terremotos perceptibles de Cuba 1528-1990 (Por Tomás Jacinto Chuy, 1999) (PDF, 499 kB) Fuente: Cenais

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Asesinan a tres colombianos del municipio de Ocaña, en la décima masacre del 2022

Los nombres de las víctimas son Danuil Manzano Martínez, Jannel Said Martínez Bayona y Deimer Martínez, todos hombres de una misma familia. Foto: EFE.El Instituto de Estudios para el Desarrollo y la Paz (Indepaz) registró este jueves la masacre número diez en Colombia en la cual murieron tres personas en el municipio de Ocaña en el departamento Norte de Santander.
De acuerdo con el reporte de Indepaz, tres hombres de la misma familia fueron asesinados en la vía de las Chircas, zona rural del municipio de Ocaña que comunica con el municipio de San Calixto.
Los nombres de las víctimas son Danuil Manzano Martínez, Jannel Said Martínez Bayona y Deimer Martínez. Los detalles del cómo sucedieron los hechos no se han precisado todavía. Danuil y Jannel fueron encontrados primero y tiempo después hallaron el cuerpo de Deimer Martínez.
Mientras tanto, la Defensoría del Pueblo emitió la alerta temprana AT 034/20 para el municipio de Ocaña, donde se apunta la centralidad económica, política y social que representa para la región ser la segunda ciudad más importante del Norte de Santander y servir de enlace con el sur del Cesar y con la ciudad de Cúcuta.

Masacre #10 ocurrida en 2022
📆 Fecha: 20/01/22📍 Lugar: Ocaña, Norte de Santander👥 Nº de Víctimas: 3 personas pic.twitter.com/x4axiMRF2N
— INDEPAZ (@Indepaz) January 21, 2022

La defensora del pueblo de Oaña, Deysi Díaz, rechazó los hechos y anunció que las alertas tempranas estaban activadas en la subregión del Catatumbo.
Esta región es utilizada por los grupos armados como el Ejército de Liberación Nacional (ELN), el Ejército Popular de Liberación (EPL), los frentes 33 y 41 además de los exinsurgentes de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia- Ejército del Pueblo (FARC-EP) para sus operaciones trayendo consigo la disputa del territorio que hoy se libra en los municipios circunvecinos.
Ocaña vivió otro hecho violento este jueves, pues en el sector Los Arrayanes, en el límite con el barrio Landia, varios hombres que se movilizaban en una motocicleta, legaron a un billar y dijeron que quienes estaban allí debían morir y abrieron fuego indiscriminado dejando al menos una persona muerta y dos heridos sin identificar, según reseñan medios locales.
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(Con información teleSUR)

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Cuba, una base militar rusa (I)

LAS TUNAS, Cuba.  — Triste, vejada, como un pedazo de suelo militar ocupado y no como una nación independiente, el nombre de Cuba otra vez resuena en el mundo. Esta es una historia que tiene su origen en el ya lejano octubre de 1962, cuando, siendo una base de misiles soviéticos, en tierra cubana pudo estallar una guerra atómica de consecuencias nefastas para el mundo.
La dependencia del régimen castrocomunista de la extinta Unión de República Socialistas Soviética (URSS) llegó a ser tan absoluta que en el preámbulo de la Constitución de 1976 se lee: apoyados en “la ayuda y la cooperación de la Unión Soviética”. Ahora la historia parece repetirse sin ayuda notable rusa, pero sí con manifiesta mendicidad en Cuba.
El almirante Rob Bauer, presidente del Comité Militar de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), dijo en rueda de prensa el pasado jueves que es “preocupante” que Rusia pueda trasladar misiles a países como Venezuela y Cuba por sus implicaciones para la seguridad aliada.
“No es territorio de la OTAN, Venezuela y Cuba, pero puedo imaginar que hay países aliados que están preocupados por tal posibilidad”, dijo.
Las declaraciones del presidente del Comité Militar de la OTAN se produjeron luego de que el viceministro de Asuntos Exteriores de Rusia, Serguéi Riabkov, dijera al canal de televisión ruso RTVi que su país no descarta un despliegue militar en Cuba y Venezuela si continúan creciendo las tensiones entre Rusia, Estados Unidos y los países que integran la OTAN.
“No confirmaría ni descartaría la posibilidad de que Rusia pueda enviar activos militares a estos países”, señaló Riabkov, arguyendo que “Rusia podría tomar medidas técnico-militares si Estados Unidos actúa para provocar la presión militar”.
Respondiendo a esas afirmaciones la administración Biden dijo a través de Jake Sullivan que no iba a responder a las “fanfarronadas”, pero que “si Rusia realmente comenzara a moverse en esa dirección, lo abordaríamos de manera decisiva”.
El pasado lunes el portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, indicó en rueda de prensa que “en el contexto de la actual situación, Rusia piensa en cómo garantizar su propia seguridad”, reportó la Agencia EFE.
En una situación parecida a la de “cómo garantizar su propia seguridad”, a decir del portavoz del Kremlin, recién se cumplieron 60 años de que el entonces gobernante de la URSS, Nikita Jrushchov, procurando reducir la desventaja de la línea defensiva coheteril de la URSS —que, teóricamente, demoraba 25 minutos en hacer un impacto nuclear en suelo estadounidense, mientras los cohetes intercontinentales Júpiter de Estados Unidos situados en Turquía e Italia sólo demorarían 10 minutos en impactar en territorio soviético—, exclamara “… también les podemos crear a los norteamericanos una situación similar, cerca de la frontera de Estados Unidos si ubicamos cohetes en Cuba”, tal y como asegura el relato de Fedor M. Burlatsky, que era uno de los ayudantes personales del líder soviético.
Pero el convencimiento de Nikita Jruschov de poder instalar cohetes nucleares en Cuba, como si la isla caribeña fuera una “república” soviética bajo su mando, no partía de cero. El 4 de agosto de 1961 la URSS concedió al régimen de Fidel Castro un crédito, firmado en La Habana, para la compra de armas por 48 millones 500 mil dólares, de los cuales 30 millones 500 mil fueron entregados de forma gratuita, mientras que de los restantes 18 millones el régimen castrista solo pagaría seis millones a un dos porciento de interés. Un segundo convenio rubricado en Moscú el 30 de septiembre de 1961, también para la compra de armas, ascendía a la cifra de 149 millones 550 mil dólares.
Esos convenios Moscú-La Habana, entiéndase Jruschov-Castro, incluían armamento para las tropas terrestres (armas ligeras de infantería, artillería de diferentes tipos y calibres, tanques, carros blindados, medios de transporte, de comunicación y equipos de radiolocalización, etc.). La fuerza aérea fue dotada con aviones MIG 15 y 19, helicópteros MI-4, bombarderos ligeros IL-28 y todo lo requerido para los aeródromos. La marina de guerra recibió lanchas torpederas y buques caza submarinos, mientras que las armas de todas las fuerzas (aire, mar y tierra) fueron abastecidas con las municiones necesarias en la cadencia de caducidad y dotadas con talleres de reparación y mantenimiento.
Justo es aclarar que el 13 de julio de 1962, en ocasión de encontrarse el entonces comandante Raúl Castro en Moscú para ultimar los detalles del despliegue de los cohetes nucleares en Cuba, fue firmado un tercer convenio mediante el cual se cancelaban las deudas antes citadas, estableciéndose que por un período de dos años, y de forma gratuita, la URSS abastecería de armas y municiones a Cuba. Era un mecenazgo espléndido.
En Sociología de la literatura, Robert Escarpit cita al escritor egipcio Taha Hussein cuando dijo: “Si el mecenazgo es producto halagador de una civilización bien organizada, es también, no lo olvidemos, fruto a veces un poco ácido de una rivalidad entre las potencias de este mundo”.
Dada la rivalidad Este-Oeste (entiéndase el sistema democrático representado por Estados Unidos frente al totalitarismo de los países comunistas administrados por Moscú), no resulta extraño que el 16 de octubre de 1959, en el hotel Riviera —y no valiéndose de comunistas conocidos como Raúl Castro o el Che Guevara, sino del carismático comandante Camilo Cienfuegos—, haciéndose pasar por periodista de la agencia TASS, el coronel del KGB Alexander Alexeev —más tarde embajador de la URSS en Cuba— iniciaría su acercamiento a Fidel Castro para hacer de la Isla una base estratégica político-militar a sólo 90 millas de Estados Unidos.
Luego, con esa labor preliminar de influencia operativa, que concluyó con la total dependencia económica, política y militar del régimen castrista, se entiende cómo si fue en abril de 1962 que Nikita Jruschov expuso su idea al ministro de Defensa, mariscal Rodión Y. Malinovsky, acerca de ubicar cohetes en Cuba, ya sólo cuatro meses después, en los primeros días de agosto, comenzó a desembarcar en suelo cubano, y en secreto, un profuso contingente militar denominado Agrupación de Tropas Soviéticas (TAS), que se situaría en todo el territorio nacional bajo jurisdicción del Estado soviético y el mando del general de ejército Issá Aleksándrovich Plíyev, con órdenes secretas que ni Fidel Castro conocía.
En el próximo artículo concluiremos este tema relatando especificidades del despliegue militar soviético en Cuba en 1962, que hoy resulta inviable, pero como Díaz-Canel es heredero de Fidel y Raúl Castro, y la Federación Rusa es heredera de la URSS, sí podrían “tomar medidas técnico-militares”, a decir de Riabkov, y hacer de Cuba la base militar rusa que un día fue.
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