HAVANA CLIMA

Cuba participa segmento ministerial de las partes en COP26 (+Video)

Una delegación cubana a la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático 2021 (COP 26), participa, esta jornada, en el segmento ministerial de las partes de la Convención Marco de la ONU sobre este flagelo.

A través de su perfil en Twitter, Elba Rosa Pérez Montoya, titular del ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente (Citma), señaló que la Mayor de las Antillas, en la cita, defiende el cumplimiento de los compromisos de los países desarrollados sobre financiamiento y ambición.

Cuba interviene en el evento donde presentarán iniciativa de «Alianza de investigación para la adaptación al Cambio Climático».

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Compartiendo la ciencia y los científicos cubanos con el mundo

Los científicos cubanos como grupo social significativo se formaron como un producto inalienable del aliento de la Revolución Cubana y su visionario líder. Foto: ACN.Los patrones que han gobernado los movimientos y cambios de localización de asentamientos humanos, tanto social como individualmente, han sido muy variados en la historia. Para muchos la selección natural misma de homo sapiens como especie viva es producto de ese tipo de migraciones. El escenario africano en el que llegamos a identificarnos con respecto a otros homínidos es probable que haya inducido la selección y prevalencia de esta especie al favorecer a aquellos individuos más preparados genéticamente. Esto tuvo que ver, indudablemente, con las capacidades enfrentando como especie las calamidades naturales y necesidades vitales con innovaciones, asociándose para cooperar y para alimentarse, y buscando los lugares más favorables para vivir y reproducirse.
Cuba es un archipiélago que fue poblado por migraciones de los ancestros de los seres vivos que la habitan porque surgió como territorio en el mar mucho después de que la vida apareciera sobre la tierra. Incluso se conformó como es actualmente después de que desaparecieran los dinosaurios. Todo parece indicar que mucho después de formarse la habitaron un par de olas migratorias humanas, aún más recientes que las primigenias que habitaron el continente americano y producto de estas.
Si las oleadas de tribus que poblaron este continente desde el norte asiático solo requerían saber caminar para invadir tan vastos lugares, para llegar a Cuba había que saber navegar. Lo más probable es que los primeros llegaron desde Mesoamérica por el oeste hace solo unos 7000 u 8000 años con oleadas posteriores de suramericanos desde el Orinoco por el este. Mucho más tarde llegaron los europeos hace medio milenio, conjuntamente con una migración forzada de centroafricanos traída por estos como esclavos.
Nuestra población actual se fue conformando también por inmigraciones. Muchos siguieron viniendo desde Europa y África durante los siglos XVI al XIX. Otros que habían venido desde los mismos confines a otras islas del entorno arribaban a nuestras costas como un segundo asentamiento para mejorar o sostener sus condiciones de vida.
Dos grandes estremecimientos sociales del siglo XX, primero la independencia formal de metrópolis europeas y americanas y luego la Revolución de 1959 que selló tal independencia para lograrla sin metrópolis alguna determinaron también migraciones. Los saldos de ingresos y egresos se invirtieron desde la Revolución. Mientras que fue positivo, contribuyendo a un aumento sensible de la población por este concepto en la primera mitad de ese siglo, se tornó negativo después de la transformación revolucionaria y se agudizó desde la última década del siglo pasado. Los importantes aumentos de población de Cuba en las décadas de los 60 a los 80 del pasado siglo fueron autóctonos, probablemente por primera vez en nuestra historia documentada. Se debieron al aumento de oportunidades y nivel de vida de toda la población debido a los cambios introducidos por la Revolución.
Muchos factores que no corresponde tratar aquí con detalle determinaron la emigración postrevolucionaria. Si es preciso mencionar que las condiciones de vida de todos los cubanos que habían mejorado sensiblemente después de la Revolución se comenzaron a deteriorar sensiblemente desde 1 990. Esto ocurrió por la profunda crisis económica interna que comenzó tras la descomposición del sistema de relaciones económicas internacionales al que Cuba se había adherido durante décadas. Esto había permitido la mejoría de la economía en los años 60 a los 80 aun en las condiciones de un cerco económico estricto y una hostilidad constante por parte del país más poderoso del mundo, que es vecino muy cercano.
La composición de la emigración cubana contemporánea debería ser objeto de muchos estudios sociológicos que lamentablemente son muy escasos. Esto nos obliga a hipotetizar a partir de apreciaciones personales.
El matriz de incompatibilidad política que caracterizó la primera oleada de emigrantes cubanos postrevolucionaria creó en el territorio americano más cercano y destino natural de la misma el asentamiento de una clase emprendedora y muy conocedora de la trama política que había sido desplazada por la Revolución, pero que prevalecía y prevalece sobre todo en el estado de La Florida. Esta capa de población se asimiló con relativa facilidad en el sistema norteamericano aprovechando las ventajas que se le proporcionó casi inmediatamente al aparecer como “víctimas del comunismo”. Se dictaron allí leyes federales que le dan a los cubanos los mayores privilegios posibles como inmigrantes latinoamericanos y son de hecho una estimulación a la emigración por cualquier vía, legal o ilegal. Si tal legislación se aplicara al otro país latinoamericano más cercano a los EEUU que es México, donde en muchos momentos se ha sufrido de situaciones políticas y económicas que han llevado a la violencia y la pérdida de la vida de civiles, ocurriría sin dudas un cataclismo migratorio.
Los privilegios adicionales de predominar los fenotipos europeos entre los primeros cubanos inmigrantes tras el triunfo de la Revolución que se asentaron en una sociedad sureña profundamente racista favorecieron también su empoderamiento. A esto se sumó que procedían de las capas de población que si habían tenido oportunidad de educarse en una Cuba que al triunfo revolucionario tenía un cuarto de su población analfabeta. Esas ventajas de la emigración cubana postrevolucionaria temprana a los EEUU la harían exitosa con respecto a los pobres emigrantes de otros lugares del sur continental, e incluso desde Puerto Rico.
Sin embargo, de ninguna manera predominó entonces la emigración de una intelectualidad científica o de las humanidades. Los destacados en el arte y las letras que se fueron de Cuba eran más la excepción que la regla, aunque lograran una alta y favorecida visibilidad por la naturaleza de sus profesiones una vez llegados al país del norte y a otros receptores. Los primeros emigrados de la ciencia eran mucho más excepcionales que su ya reducido número en la propia Cuba de entonces.
Los científicos cubanos como grupo social significativo se formaron como un producto inalienable del aliento de la Revolución Cubana y su visionario líder. Nacieron asociados a las tradiciones de variadas escuelas de investigación y desarrollo tecnológico, esencialmente europeas donde toda una generación de jóvenes docentes universitarios e investigadores alcanzó el doctorado durante las décadas de los años 70 y 80 del siglo XX. Esto matizó al menos una generación.
El colapso del experimento socialista europeo al final del siglo obligó a la ciencia cubana a reconfigurarse. La colaboración internacional con Europa, Canadá y América Latina se potenció y observó un importante crecimiento de la producción científica justamente en los momentos de mayor crisis económica cubana al final del siglo. La colaboración con entidades fuera del país que permitían el uso de infraestructuras que no estaban accesibles domésticamente fue determinante en muchos casos. La solidaridad de la ciencia internacional con un pequeño, aislado y asediado país pudo suplir con creces la imposibilidad de tener esa colaboración con el polo científico más importante del mundo, que paradójicamente se encuentra muy cercano geográficamente, pero cuyo gobierno ha mantenido una hostilidad sistémica a todo lo que pueda ser beneficioso a Cuba y los cubanos que la habitan.
Las condiciones económicas internas del país han llegado a ser extremas a la baja en algunos períodos desde 1990. A pesar de ello, el sistema educacional se ha sostenido en su mayor fortaleza, que es el acceso universal y gratuito, para todos y en todo el país. Esto ha permitido que las personas con inclinaciones científicas y tecnológicas pudieran educarse hasta el más alto nivel con una subvención pública total, rescatando para la ciencia un talento que se hubiera quizás empleado menos eficientemente en otras profesiones.
La contradicción que se ha ido incrementando desde los inicios de este siglo ha consistido en que las inversiones en la infraestructura científica, aun siendo relativamente modestas, se han debido concentrar en el sector de la biotecnología donde han logrado una importante utilización demostrada en el enfrentamiento a la reciente pandemia de COVID 19, donde han salvado decenas de miles de vidas.
Pero los científicos cubanos, sobre todo los más jóvenes, han sufrido las precariedades económicas de toda la población sin las alternativas que otro tipo de trabajador tiene para enfrentarlas. La dedicación que requiere el trabajo de investigaciones y desarrollo tecnológico es usualmente total, y no da oportunidades para labores suplementarias que pueden incrementar los ingresos reales y ayudar a sostener una familia.
Esto ha hecho que una alta proporción de los jóvenes y talentosos ha escogido la vida de la itinerancia académica mundial que, aun siendo muchas veces incierta, casi siempre y a golpe de trabajo y dedicación conduce a posiciones permanentes con niveles de vida decentes en casi todos los países con los que Cuba sostiene intercambio científico. Si a esto sumamos los privilegios migratorios legales o ilegales de los EEUU para los cubanos, el resultado es un importante drenaje de mucho de lo mejor del talento científico al exterior, sobre todo durante las dos décadas más recientes.
Pocos sistemas científicos pueden supervivir en estas condiciones y uno de los méritos indiscutibles de la ciencia cubana actual es justamente estarlo logrando, al menos hasta el momento.
Una consecuencia poco estudiada es la existencia resultante de una comunidad científica cubana dispersa por todo el mundo y con representación en muchos de los principales polos de desarrollo. Los vínculos afectivos y de agradecimiento al país de origen y a la escuela que los formó casi siempre son muy fuertes en la conciencia sentimental de cada uno de los cubanos que hace ciencia fuera de su Patria. Las relaciones que se establecen entre muchos de ellos y sus colegas en Cuba suelen ser muy provechosas al nivel personal para todos, los que están en Cuba y los que han emigrado.
Sin embargo, está por establecer una política oficial que propicie este tipo de intercambios y los potencie. Es incalculable el provecho que puede significar para la ciencia cubana la diversidad de campos de conocimiento, locaciones, instituciones, objetos de estudio y potencial de iniciativas que representa esa comunidad actualmente emigrada. Llama la atención también que tampoco ellos han hecho mucho por personalizarse como colectivo nacional expatriado, contrariamente a lo que ocurre con las diásporas científicas de muchos otros países.
Tampoco disponemos de una política para la recuperación de proporción alguna del potencial emigrado. Muchos han logrado un éxito importante en la aventura de otros escenarios, ya que un científico cubano que haya llevado una vida itinerante entre laboratorios variados en el mundo adiciona a su propio potencial la diversidad de experiencias exitosas y no exitosas que esto implica. El valor agregado que se obtiene durante la ausencia de un científico emigrado puede ahorrar muchos esfuerzos baldíos al reincorporarse a la ciencia de la Patria. Aumentan así las posibilidades de éxitos al desarrollar ideas novedosas que hayan sido elicitadas en ellos durante sus experiencias en otras tierras.
Se reporta que el enfoque de China para desarrollar un sistema científico de clase mundial incluyó un vigoroso conjunto de programas para atraer de regreso a investigadores chinos que habían logrado capacitación y experiencia laboral en el extranjero. Se ha demostrado que los retornados chinos publican trabajos de mayor impacto y continúan publicando más a nivel internacional que sus contrapartes nacionales. También se han convertido en enlaces fundamentales para vincular a China con el mundo científico global. Algo similar se podría lograr con el valioso capital de innovación en nuestro caso, que aplicado al bienestar del pueblo cubano puede tener consecuencias extraordinariamente positivas.

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Tema del II Foro Empresarial: cubanos residentes en el exterior que quieren invertir en Cuba

La participación de empresarios cubanos residentes en el exterior en los procesos de desarrollo socioeconómico de Cuba constituye un reclamo antiguo, que fue centro de debates durante el II Foro Empresarial Cuba 2021 clausurado esta semana en La Habana.Sputnik Noticias subraya que dicho Foro, con más de 25 mil visitas virtuales registradas según sus organizadores, sirvió para discutir oportunidades de negocios e inversiones que abrirían aún más el diapasón dentro de la política de despegue económico.Quedó habilitado desde hoy el correo electrónico [email protected]para aclarar dudas e inquietudes de los cubanos residentes en el exterior interesados en las oportunidades de negocios e inversiones en #Cuba 🇨🇺#CubaVive#CubaViveyAbraza pic.twitter.com/jqtWdk8SHP— AnaTeresita González (@AnaTeresitaGF) December 2, 2021Para ello, en su tercera jornada, tuvo lugar un panel sobre las oportunidades que podrían tener los empresarios cubanos residentes en el exterior en negocios e inversiones en el territorio nacional. A este grupo se les llama “nuevos actores económicos cubanos” y su incorporación en el proceso de inversiones en Cuba forma parte de los cambios fundamentales de la nueva Cartera de Oportunidades de inversión, que se concentra en la vinculación del capital extranjero con las formas de gestión no estatal.La economía cubana y los cefalópodosLas autoridades participantes en el panel recalcaron que el marco regulatorio cubano no limita la participación de los cubanos residentes en el exterior en las operaciones y actividades relativas al comercio exterior, siempre y cuando cumplan con el requisito de contar con personalidad jurídica propia. El hecho está amparado en  la ley 118 de la Inversión Extranjera.Por su parte, Ernesto Soberón, director general de Asuntos Consulares y Cubanos Residentes en el Exterior (DACCRE) de la cancillería cubana, argumentó que la participación de este grupo en el desarrollo socioeconómico de Cuba «marca una nueva etapa en el proceso continuo e irreversible de los vínculos del país con los cubanos residentes en el exterior”.PublicidadCuba: finalizó II Foro Empresarial con “resultados superiores” a edición precedenteLos proyectos de inversión extranjera incluidos en la Cartera de Oportunidades pueden ser realizados en las modalidades de empresas de capital totalmente extranjero, asociación económica internacional o empresa mixta, confirmó en el encuentro la viceministra primera de Comercio Exterior, Ana Teresita González, que moderó el panel.Destaca la fuente que las principales posibilidades para iniciar las inversiones están en la incorporación de 60 proyectos patrocinados por los gobiernos locales, por menores montos, donde el fondo a aportar no supera los 500 000 dólares, lo que puede resultar de interés para pequeñas y medianas empresas.“Hace mucho tiempo debieron hacer eso, hay muchos cubanos que están en condiciones y quieren invertir en su país natal, y nadie entendía por qué no lo podían hacer. A fin de cuentas, esas inversiones redundarán en beneficio de todos, y el Gobierno tiene todos los mecanismos para cobrar impuestos y asegurar se haga con total transparencia”, comentó a Sputnik Froilán Diéguez, un residente en La Habana.Anuncian panel de oportunidades de negocios para cubanos residentes en el exteriorSoberón reiteró que no existen limitaciones para que los cubanos que residen fuera inviertan en la Isla y dijo que ahora se están “conociendo sus intereses, que están centrados en el sector agrícola, el desarrollo de las pequeñas y medianas industrias locales, el impulso de negocios vinculados a los servicios, y, en general, proyectos que contribuyan a dinamizar la economía territorial y nacional”. Como resultado del panel, los cubanos radicados fuera de la Isla interesados en invertir allí podrán enviar propuestas de negocios al Ministerio de Comercio Exterior e Inversión Extranjera donde se atenderán y tramitarán cada una de ellas, según se conoció esta semana.

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Para ver en el Festival (2)

El prófugo cuenta con la actuación especial de Cecilia Roth, una favorita de los espectadores cubanos, y su directora ha destacado que si bien los elementos fantásticos dominan el relato, ella lo concibió como una historia sobre el amor, el deseo y las relaciones humanas

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La infinitud de un hombre

Honras fúnebres dedicadas al Comandante en Jefe Fidel Castro. 30 de noviembre de 2016. Foto: Irene Pérez/ Cubadebate.Un ruido de motores rasgó el mutismo. Lento, sabiendo el peso de la historia que cargaban, iniciaron los autos del cortejo fúnebre la marcha desde el Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias con rumbo a Santiago, en el Oriente, hacia donde nace el Sol. Era exactamente las 7:16 del último día de aquel noviembre, un amanecer que olía a humo de velas, sollozos, fotos empolvadas, recuerdos queridos, tristezas…
La Habana, con silencio respetuoso, despidió las cenizas del Comandante Fidel, quien cinco días antes, la noche del 25, había dejado de ser hombre para volverse bandera eterna de sus luchas. Aquella mañana de adioses las calles más céntricas del Vedado lo esperaban desbordadas de gente. En M y 23, frente a la antigua funeraria Caballero, entre la multitud, estaba Marilú Rego Hernández. Ella lo conoció a sus 18 años, cuando en 1959, junto a familiares y amigos de su barrio en Catalina de Güines, en la antigua Habana, hizo una colecta y compró una cadena de oro, su medalla con la efigie de Santa Catalina ―patrona del poblado― y unos yugos con las iniciales entrelazadas de Fidel para regalárselo cuando pasara triunfante.
Entonces lo esperó frente al cuartel de Catalina y al ver el primer auto, donde venía el líder, la muchacha se puso en medio de la calle y el carro frenó. Fidel desde allí conversó un momento con ella y le dio un papel que, el 15 de enero, le abriría a Marilú las puertas del antiguo hotel Havana Hilton, donde, mirando aquellos ojos guerrilleros que no olvidaría jamás, le entregó al Comandante el regalo.
También desafiando los pesares de la vejez salió aquel 30 de noviembre a la avenida principal de San José de las Lajas, capital de Mayabeque, Erundina Fernández. A sus ochentainueve mayos no durmió la noche anterior por la tristeza. Así trasnochada fui junto a mi cuñada Ramona, de ochentaiséis años, hasta la orilla de la Carretera Central. Dije: “eso no me lo puedo perder yo”; y salimos las dos de madrugada.
“No tengo las piernas muy buenas, pero caminé con el bastón. Me senté por ratos, y así esperé a Fidel. Lo vi delante de mí y no pude decir nada, sentí tanta emoción y pena. Fue como si mi familia hubiera muerto. Ahora, cada vez que lo veo en la televisión, lloro y me parece mentira que se haya ido”, contaría después la anciana.
Otro de esos agradecidos era Luis Monteagudo, un madruguero que nació un año después que Fidel y desde 1978 le celebraba el cumpleaños. En las paredes de la sala de su casa tenía noventa imágenes del líder tomadas de periódicos, revistas, o fotos recibidas como obsequio valioso. Apenas unos días antes del paso del cortejo estuvo enfermo de gravedad, por eso lo esperó cerca de la casa de su hija en Catalina y no allá, en su tierra, la que en 1959 lo vio recibirlo.
“Aquel día vi a muchos llorar y abrazarse conmigo. Fue muy grande. Mira, al amanecer mi hija me escondió la ropa para que no saliera. Pero me le escapé así, en pijama y con una bandera cubana en la mano”, contaba. Caminando despacito y con dificultad, llegó Luis hasta el borde de la carretera y, una vez más, vio pasar y honró a su Comandante.
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Honras fúnebres dedicadas al Comandante en Jefe Fidel Castro en Cuba. 30 de noviembre de 2016. Foto: Irene Pérez/ Cubadebate.
Y las muestras de cariño, por aquellos días no solo salieron de los cubanos, sino también de muchos hijos de otras tierras del mundo tocados de una forma u otra por la obra inmensa de Fidel. En una de las carreteras de Matanzas estuvieron la ucraniana Lilia Lenina y su hija. En octubre de 1988 habían llegado a Cuba, la pequeña Cristina necesitaba ayuda, pues era uno de los miles de niños afectados por el accidente nuclear de Chernóbil. Luego de tres años de cuidados en la Isla, conocieron a Fidel en una sala del hospital Frank País.
“Apareció de pronto. Sabían que podía llegar a cualquier hora. Lo vi tan grande, tan fuerte. Las enfermeras lo veían y lloraban de emoción. Se interesó por todo, cómo me sentía, cómo era la atención, y me trasmitió seguridad, tranquilidad y esperanza”, contaba Lilia.
A Cristina, afectada de ambas caderas por malformaciones congénitas debido a la radioactividad, y enyesada desde los hombros hasta las piernas, la levantaron para que saludara al hombre que le parecía un gigante verde. Subió hasta él, le dio un beso y le tocó la barba. “¡Qué barba!”, le dijo, y él sonrió.
En 1993, después de más de diez operaciones, la niña aprendió a sostenerse. “Todo es gracias a Fidel. Él es padre. Empezó el proyecto de Chernóbil cuando Cuba estaba en pleno período especial, y él buscó recursos para atender a los niños. Eso no se olvida nunca”, decía Lilia.
Y mientras el cofre de cedro que atesora las cenizas del líder recorre Matanzas, Nemesia, la niña que en los días grises de la invasión de abril de 1961 —según narran los versos de Jesús Orta Ruiz, El Indio Naborí—, viera caer muerta a su madre, sangrar a sus hermanitos y un huracán de disparos agujereando los lirios de sus zapaticos blancos, desde su casa en la Ciénaga de Zapata, muy lejos de por dónde pasara el cortejo, como mismo hace con su madre, le encendió una vela ante una de sus fotos.
“Porque Fidel fue muy grande para mí. Después de que lo perdí, aunque nos deja su legado y su historia, es que me di cuenta de cuánto lo necesito vivo. Tal vez un poco lejos, pero yo lo tenía ahí; y cuando entendí que de verdad se había ido, sentí que me habían lanzado al vacío”. Y en el batey de Soplillar, donde el Comandante en Jefe cenó la primera Nochebuena de la Revolución, el 24 de diciembre de 1959, los hijos del pantano prendieron más velas por él.
Con ese mismo sentimiento de lealtades y afectos, lo miró pasar la ciudad de Cienfuegos aquel día y allí, vestido con su uniforme militar, como a la espera de una orden, estaba el general de brigada de las FAR Marcelo Verdecia, el muchacho que en 1959 entró en el mismo yipi Wily que Fidel y dos años antes había subido a la Sierra para convertirse en parte de quienes protegían la vida del Jefe barbudo.
“Siempre estuve con él en la comandancia de La Plata. Yo le cargaba su fusil de mira telescópica. Él era muy intranquilo, impaciente. Algunas veces salimos a caminar los dos solos donde no había peligro, y él caminaba muy rápido, hacía muy breves pausas y continuaba. Siempre estaba con un palito en la boca, era muy activo y ágil, hacía una pregunta y ya estaba pensando en otra.
“Por eso verlo así me ha afectado mucho. Para mí, huérfano de madre a los cinco años y con muy pocos estudios, mi más grande educador fue él. Cuando llegamos a la capital me puso una maestra de la universidad para que me enseñara a leer y escribir. Para mí está vivo”.
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En su tercer día de peregrinaje, los restos mortales de Fidel viajaron desde Camagüey hasta Bayamo. 2 de diciembre de 2016. Foto: Irene Pérez/ Cubadebate.
Al anochecer del primero de diciembre, ya en Camagüey, luego de haber recibido durante todo el día el abrazo de cientos de miles de hijos del pueblo villaclareño, espirituano y avileño, a unos kilómetros del caserío La Vallita, comenzó el aguacero con el que habían amenazado las nubes desde el amanecer. Igual que Fidel, quien tantas veces nos habló bajo la lluvia, allí había personas a las que no les importó el frío, ni la llovizna, ni la noche. “¡Fidel, amigo, el pueblo está contigo!”, le gritaban quienes bajo el agua lo esperaron.
La cámara desde el camión, donde viajaba también mojado el equipo de prensa, grabó un camino oscuro en el que lo único que se distinguían eran las luces de los autos. Para iluminar la urna, el carro que iba detrás desplegó la luz larga; pero ni aun así las personas veían con precisión dónde realmente estaba Fidel. “Yo escuchaba que decían: “¡Va ahí! ¡Va ahí!”. Lo mismo indicaban el camión de la prensa que otros vehículos”, rememora el teniente coronel José Luis Peraza, jefe de la pequeña unidad de ceremonia que en ese viaje acompañó al Comandante.
Entre La Vallita y la entrada a Camagüey, había niños con su uniforme escolar mojado gritando a viva voz ¡Yo soy Fidel! mientras veían solo las luces de los vehículos. Ante esa situación, Peraza le dijo a sus ayudantes: “Ya no podemos esperar más. La gente tiene que ver esto”. Primero los cuatro saludaron sentados, pero seguían sin distinguirlo en las proximidades de la ciudad. Entonces los militares se pusieron de pie y ya todos pudieron diferenciar al yipi que conducía el armón de los demás autos.
Al otro día, 2 de diciembre, sobre el mediodía arribó la caravana inversa a Las Tunas, y se adentraba así en las tierras del este cubano. La histórica Radio Rebelde transmitía: “El Comandante está llegando de nuevo a Holguín como aquel día que bajo la lluvia nos habló a los orientales que nos reunimos para condenar el bloqueo en esta plaza…, como aquel día que inauguró el hospital Lenin…
“Ahí viene Fidel. Y por él aquí están los agradecidos que encontraron trabajo en la Fábrica de Combinadas Cañeras que inauguró, y los del Combinado Héroes del 26 de Julio que también inauguró, los que se graduaron hace cuarenta años en la Vocacional José Martí, los que trabajan en Moa, los deportistas con los que él se reunió.
“Eso fue lo que dije, no me salía otra cosa”, contaría luego el periodista Aroldo García, a quien, por aquellos días de inicios de siglo en que tuvo ingresada a su pequeña hija a causa del cáncer, Fidel llamó por teléfono. “Te estoy llamando para decirte que tenemos todo lo que hace falta para salvar a tu hijita, y si no lo tuviéramos, lo íbamos a buscar; pero tu hijita se va a salvar”.
Y esa historia la supo Lauren, quien está bien de salud, el día después de la muerte de Fidel, cuando su padre la sentó en sus piernas y le contó todo lo que hizo por ellos el hombre que recorre Cuba dentro de una cajita.
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En su cuarto día de peregrinaje, los restos mortales de Fidel viajaron desde Bayamo hasta Santiago de Cuba. 3 de diciembre de 2016. Foto: Irene Pérez/ Cubadebate.
Como aquel enero del 59, Fidel amaneció el tres de diciembre en Bayamo. La noche anterior transcurrió con una guardia de honor permanente hasta el alba. Uno de los más de cien jóvenes que la hicieron durante alrededor de quince minutos a la entrada del Museo Ñico López, antiguo cuartel Carlos Manuel de Céspedes, fue Alejandro Hidalgo Yero, un bayamés de veintiséis años, en esos momentos presidente de la FEU de la Universidad de Ciencias Médicas en Manzanillo, Granma.
“Éramos cuatro muchachos con una bandera cubana cada uno, custodiando su foto vestido de guerrillero y rodeada de flores. Varios cestos dispusieron alrededor de esa fotografía, y el pueblo fue hasta allí y le dejó más rosas y cartas”, contaba.
Mientras, en dos pantallas, todos podían ver en tiempo real la urna, y el joven veinteañero que resguardaba al Comandante pensaba en cuánto su generación lo quiere.
“Ese día por la mañana, en el teatro de la universidad convocamos a los muchachos para ver quienes querían cubrir un tramo de la carretera entre Bayamo y Jiguaní. Teníamos posibilidades para llevar a doscientos en tren. La salida sería a la 1:00 de la madrugada, pero el teatro se llenó con más de ochocientos estudiantes. Todos querían ir.
“Tuve que pedir más capacidades y conseguí doscientas más. No obstante, ya en la terminal exigieron que pusieran otro vagón, los ayudaron y, a pesar de eso, un gran número se fue de pie. Cuando Fidel convoca todos vamos a donde haga falta, y como sea”.
Volvió el cielo a pintarse de gris. La lluvia se anunciaba pero no caía. La caravana subía y bajaba las lomas orientales. Alguien sobre el camión de la prensa anunció que faltaba poco para llegar a Santiago.
Hacia las alturas se podía ver las casas de guano y techos de zinc en las laderas de las montañas. Sus moradores, guardianes de una historia reciente, rendían honor a Fidel en las carreteras.
Los carros se detuvieron, y otra vez las manos del mayor Gilberto Luis O’Farrill, uno de los más de cien integrantes del cortejo, limpiaron la cúpula de cristal humedecida. “Nunca estamos preparados para estas cosas. Pensábamos que el Comandante iba a ser eterno, que nosotros falleceríamos primero. Siempre lo veíamos tan fuerte, creímos que podía seguir acompañándonos muchos años más.
“Aún hablo y la voz se me quiebra. Lo que vimos desde que salimos de La Habana hasta Santiago fue un pueblo unido dando amor a su líder. Durante el viaje no voy a decir que lloré como lo hice después, pero las lágrimas se me salieron varias veces. Hubo momentos muy duros. Nos tocó acompañarlo, pero estoy seguro de que cualquier cubano hubiese querido estar en el lugar de nosotros”, comentaba.
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Ceremonia de inhumación de las cenizas del líder histórico de la Revolución, en el Cementerio de Santa Ifigenia, de Santiago de Cuba, el 4 de diciembre de 2016. Foto: Marcelino Vázquez/ACN.
Los primeros vientos del amanecer movían una bandera a media asta.  Era las 6:30 de aquel 4 de diciembre y ya estaba todo dispuesto. Los yipis del cortejo fúnebre del Comandante en Jefe, con las luces encendidas como en todo momento del recorrido y el paso lento de quienes no quieren llegar, salieron del túnel de la Plaza de la Revolución Antonio Maceo y avanzaron por la Avenida Patria en el último tramo del viaje que se inició hace cinco días en La Habana.
Esa mañana fría olía a flores y tristeza. Los oficiales de la caravana no usaron el uniforme de campaña, todos vistieron trajes blancos, de ceremonia; y en las calles que el día antes aclamaban eufóricas al Comandante tras su llegada a Santiago, también estaba la gente, pero sus gritos se había vuelto murmullos esparciendo el dolor y el respeto de quienes lo miraban pasar rumbo al campo santo.
Allí, donde descansan tantos héroes y piden silencio los ángeles, soplaba un poco el viento y se humedecían los ojos. Antonio Castro, uno de los hijos de Fidel con Dalia Soto del Valle, le dijo al teniente coronel José Luis Peraza que ya era hora de iniciar la ceremonia de inhumación.
Cercanos a ellos, el resto de los hijos y Dalia miraron cómo, con toda la marcialidad que exigían esos minutos, los dos alzaron la cúpula de cristal. Peraza retiró la bandera, dio media vuelta, la dobló y colocó sobre otro pedestal dispuesto para ello desde la noche anterior.
Tomaron la tapa del cofre, la levantaron. Toni hizo un gesto como para quedarse con ella, pero Peraza le expresó: «Tómalo tú». Tembloroso, el hijo llevó sus manos al cofre y sacó la urna con las cenizas de su padre, que es también el de millones de cubanos.
El oficial cerró el cofre vacío y dio la vuelta. “¿Quieres que yo lo sostenga?”, preguntó a Toni. “Sí”. Y se lo entregó al hombre de las dos estrellas.
Entonces Dalia, que tiene de flor y escudo, le dijo: “Déjame cargarlo”. Y sostuvo entonces el peso más amoroso. Le pidió a Toni que la sujetase con la mano derecha y a otro de sus hijos por el brazo izquierdo. “Quiero ver si puedo caminar con él”, dijo. La ayudaron, avanzó unos pasos y lo tuvo cerca de su pecho por última vez.
De esas manos cómplices el teniente coronel Peraza tomó la urna. Giró y comenzó a marchar hacia Raúl, frente a la piedra. El militar afirmó más el paso de revista, el general de ejército giró, ya lo esperaba. Cuando estuvieron de frente, le entregó la urna con las cenizas de su hermano.
Frente al corazón abierto de la roca, Raúl colocó el tesoro con aroma de cedro. Bajó los brazos, pero otra vez los subió y volvió a tocar a su compañero de las travesuras, de la lucha y de la vida.
Acomodaron entonces la lápida de mármol verde que cerró el nicho y tiene grabado con letras de bronce: FIDEL, así, sin apellidos, grados ni cargos; solo como lo llama el pueblo. Raúl, igual que aquellos días de la Sierra, levantó su brazo y con un saludo militar se despidió. Con ese gesto dijo tantas cosas que en pocos segundos el dolor volvió a estremecer hasta a quienes duermen en Santa Ifigenia.
Mientras, afuera del cementerio, una joven intentaba secarse las lágrimas, lo mismo hacía una señora, y un niño, y un hombre negro… Sobre el pecho de su madre, como quien trata de encontrar refugio, se acomodó un pionero de pañoleta roja. La tristeza se repartió por Santiago y a todos pareció tocarle mucha. Un señor de unos sesenta años no levantaba la mirada del suelo, estuvo minutos así, pensando quizás en todo lo que perdía Cuba mientras dentro de una piedra se colocaba a Fidel. Y ya no aguantó más, desde su impotencia humana, embravecido con la muerte, se quitó los espejuelos y con un pañuelo secó su llanto.
Entre la multitud que esperaba, una mujer no se contuvo, dejó que le corrieran las lágrimas para que con ellas se fuera un poco de dolor. Otra se puso la mano en el pecho, susurró alguna oración y sin encontrar consuelo miró hacia allá, donde han guardado para siempre al Comandante.
Había allí niñas de apenas tres años junto a sus padres, casi inmóviles, siendo testigos de uno de los días más tristes que ha vivido la Isla. Por momentos algún que otro sollozo rajó el aire. Abrazada a su foto de guerrillero con mochila y fusil, una santiaguera de ojos mojados miraba al horizonte.
En medio de tanta angustia y quietud, una señora de frente a todos levantó su brazo y gritó: “¡Yo soy Fidel!”, y enseguida todos estos que sufrían en las afueras del cementerio la siguieron en un coro que rompió el silencio, quebró a la muerte y dio paso a la infinitud de un hombre.
Honras fúnebres dedicadas al Comandante en Jefe Fidel Castro en Cuba. 30 de noviembre de 2016. Foto: Irene Pérez/ Cubadebate.
Las cenizas del líder histórico de la Revolución Cubana reposaron en el museo Nico López, antes Cuartel Carlos Manuel de Céspedes, fortaleza que fue asaltada por el Movimiento 26 de Julio, en 1953, en acción simultanea con el Asalto al Cuartel Moncada. Foto: Irene Pérez/ Cubadebate.
En su tercer día de peregrinaje, los restos mortales de Fidel viajaron desde Camagüey hasta Bayamo. 2 de diciembre de 2016. Foto: Irene Pérez/ Cubadebate.
En su cuarto día de peregrinaje, los restos mortales de Fidel viajaron desde Bayamo hasta Santiago de Cuba. 3 de diciembre de 2016. Foto: Irene Pérez/ Cubadebate.
En su cuarto día de peregrinaje, los restos mortales de Fidel viajaron desde Bayamo hasta Santiago de Cuba. 3 de diciembre de 2016. Foto: Irene Pérez/ Cubadebate.
El mausoleo es una piedra pulida, igual que las que abundan en los márgenes del Río Cauto, solo que esta es de granito y proviene del yacimiento de Las Guásimas, al este de Santiago de Cuba. Foto: Irene Pérez/ Cubadebate.

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